Disclaimer: No poseo los personajes ni las situaciones conocidas, ni obtengo lucro alguno de su uso, es mas pierdo mí café y mí tiempo escribiéndolo.

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CAPÍTULO 11:

LAS LUCES DEL ALBA

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Son Gohan dormía plácidamente bajo la atenta mirada de su madre, ella permanecía exhausta al pie de la cuna, la mujer se esforzaba en mantenerlos abiertos pero sus parpados ajenos a la orden caían inexorables. Desde el nacimiento de Gohan todo había sido agotador, la morena descansaba mirando a su angelito, el pequeño demandaba su comida a pleno pulmón cada 10 minutos para expulsarla con la misma rapidez que la engullía.

Se sentía literalmente drenada.

En sus fantasías infantiles siempre había existido un hombre, alto fuerte y guerrero con el que formaría una familia adorable (no lo concebía de otra manera) tendría bebés, principitos y princesitas hermosos y dormilones a los que acunar. Los pasearía con su familia por su castillo y con el pecho abarrotado de orgullo y alegría se los enseñaría a su gente.

A los doce años el término guerrero, noble, alto y fuerte se materializó en Goku, y los bebés pasaron a tener los rasgos de su amado, a ser `bebés de Son Goku´, sus bebés...

Tanto como había esperado a su primogénita que finalmente se materializo en primogénito: su precioso y dulce Gohan la criatura más encantadora que había visto la tierra.

Pero el ser madre, una buena madre, estaba lejos de sus ensoñaciones infantiles. Era duro, mucho más que cualquier combate, más que cualquier entrenamiento. Le reportaba tantísimo trabajo… gustosa lo desempeñaba mejor que sabía, descansando cuando él se lo permitía se dedicaba a mirarlo dormir plácidamente. "Vale cualquier esfuerzo" se dijo a si misma, aquella personita sonrosada era su mundo. La duda la asaltó.

"Bebés de su Goku"

"¿Y si hubieran sido dos en vez de uno?" pensó

Negó violentamente sacudiendo los mechones de su flequillo prefería no pensar lo que le reportaría el plural, al decidir tener un hijo no podía siquiera imaginarse la cantidad de trabajo que se le vendría encima...

Todas la advertencias de la anciana del octágono, que le parecieron exageradas en su momento le parecían pocas ahora.

¡Cuánto se alegraba de haber recibido aquel entrenamiento!

Sin él se sentiría perdida.

Kami sabe que desde ese momento ella fue una mujer `sobradamente preparada´ para realizar esas funciones.

Las pruebas a las que la sometió la anciana, fueron intensas suficientes para su esposo y para los hijos que pudieran darse... el problema era… el problema no era su maravilloso y tierno retoño ni su inocente esposo, el problema era aquella panda de orgullosos, ruidosos, maleducados, molestos, tragones alienígenas que se habían afincado en la Corporación Capsula.

Ellos eran el verdadero problema.

Desde su llegada su Goku se pasaba los días absorbido en un entrenamiento constante con ellos, apenas le prestaba atención... añoraba al Goku tan pendiente durante su embarazo.

Toda la culpa era de aquellos prepotentes y desconsiderados, ¡diablos! todavía no terminaba de hacerse a la idea de que él fuera alienígena…

Pero si, algún parecido si que existía.

Uno de sus deberes como esposa era tratar con el debido respeto a la familia de su marido, deber del que se creía exenta ya que cuando se casó con él no tenía familia salvando el difunto (y sospechaba que felizmente emparejado) Son Gohan.

Ella sería su familia y juntos formarían una propia. ¡Sus sueños de niña se cumplirían al detalle!

En dos minutos el apocalipsis vampírico había llegado, habían sufrido una invasión alienígena entre los que figuraban la maleducada familia de su marido. Era de locos.

Además de tener un suegro malcarado y extraterrestre para colmo de males, Bardock era a sus ojos un ejemplo de desconsideración y de abuelo desnaturalizado…

Desde el incidente de la llegada ni su hermano, ni siguiera el tío con pinta de macarra tan interesado en un principio, les habían vuelto a prestar la más mínima atención. Pero ella no iba a ser tan grosera como ellos, no señor, ella se había esforzado en ser amable, en atenderlos con la corrección y amabilidad que su deber de nuera le exigía.

Ellos lo único que hacían era ignorarla a ella y a su bebé en todo momento, para todo salvo para dirigirle una mirada de perdonavidas y exigirle comida con urgencia.

Eso más que nada le hacía hervir la sangre. Ella era la esposa de su hijo pero no era de su sangre su grosería era un insulto pero su forma de tratar o de no tratar a su nieto.

¡Su propia sangre!

Era menos que nada, su nieto no existía o no lo haría hasta que estuviera en edad de pelear.

"¡Bárbaros!" pensó apretando el puño.

Su dulce bebé no se parecería en nada a aquella panda de salvajes con los que su esposo pasaba demasiado tiempo, él sería un gran sabio como Einstein, de haber sabido que esperaba un niño le habría llamado Einstein.

No tendría nada, absolutamente nada que ver con ellos.

Goku podía ser su hijo, sobrino e incluso el hermano del melenudo pero era su Goku, y su Goku se había criado en la Tierra era tan terrestre como el que más.

Si, su marido cada mañana le daba un beso fugaz antes de irse a entrenar pero no lo volvía a ver hasta la comida, momento en el que cogía a Gohan entre sus brazos magullados, lo agitaba, le revolvía los cabellos…. y se lo devolvía para atiborrar su estómago sin fondo y prestarle cinco minutos más de atención para reposar la comida antes de volver al entrenamiento.

Dejándola sola rodeada de cacharros sucios, con el retoño en brazos y sin beso alguno.

¡Aquellos alienígenas descarados le estaban pegando sus costumbres a su Goku!

SU Goku, cuando vivían en Paoz, se quedaba con ella un rato charlando de lo rica que estaba la pieza de caza que había guisado, de las técnicas que había practicado, de lo poco que faltaba para que nacieran las crías de pterodáctilo, de todo y de nada.

NO se iba con esa prisa y desde luego de no estar allí los intrusos no trataría a Gohan de esa manera. A un bebé no se le agita se le arrulla, se le besa, se le canta… ¡NO se le agita como a una coctelera!

Demasiado bueno y listo era su niño para reírse con los juegos tan brutos de su padre, sin duda su pequeño ya a tan temprana edad era todo un genio y sabía como congraciarse con su padre, aunque sin duda prefería los suaves mimos que le propinaba su mamá al calor del hogar.

Hogar…

Los ojos se volvieron brillantes por la humedad parpadeó hasta aclararlos, ni casa tenía, de no haber pasado todo aquello seguramente estarían viviendo con su padre en Frypan... su padre… él adoraba la idea de tener nietecitos correteando por los pasillos de palacio. Muy previsor en la reconstrucción del castillo, más pequeño y más moderno, menos lóbrego y ostentoso, había destinado un ala para la nueva pareja dotada con todas las comodidades que una princesa pudiera desear.

Tras la boda Son Goku se la llevó a Monte Paoz de luna de miel, aquellas excursiones en las que recorrieron las tierras donde se crio su esposo. Todavía podía sentir la brisa en el pelo con la cara pegada a la espalda de Goku agarrándose bien mientras surcaban los cielos a velocidad de vértigo sobre aquella nube dorada mirando los campos uniéndose formando mosaicos de verdes y marrones, los bosques frondosos de arboles altísimos y copados cruzados por ríos que corrían relucientes como espejos a la luz de la mañana que terminaban por perderse en sinuosas gargantas de piedra dónde se escondían en la penumbra de las angostas paredes... como ellos se escondían cada noche cuando volvían a aquella casita diminuta perdida en la montaña.

No tuvo la consciencia de lo que le ocurría hasta que cierto día en el estaba comiendo a dos carrillos su marido la miró alegre y con ese aire desenfadado tan suyo le dijo "¡Caray Chichi nunca pensé que me ganarías comiendo!"

A punto estuvo de costarle al joven una reprimenda cuando cayó en la cuenta de que habían pasado demasiados días desde la última vez que sangró. Todo el enfado mutó a alegría ante la atónita mirada del joven que no tenía ni idea del por qué de la brusquedad del cambio de su esposa.

Con el embarazo todo fue felicidad, con él se terminó la luna de miel y llegaron las náuseas, los malestares típicos… ya no podía andar recorriendo mundo y teniendo aventuras en ese estado, ahora era una mujer de su casa y pronto tendrían un bebé.

Su difunta madre había pasado un embarazo infernal con un parto durísimo que denostó su salud de modo irreparable... pero ella era más fuerte, eso se decía y le repetía su padre sin saber a ciencia cierta a cual de los dos trataba de convencer pero Ox-Satán no quería correr riesgo alguno. Cuanto menos se moviera y menos esfuerzos realizara su pequeña mejor.

Ya habría tiempo cuando el embarazo estuviera más avanzado para volver a su tierra y allí dar a luz a su pequeño príncipe.

No contaba con el fin del mundo, de su vida tal como la conocía y casi de su embarazo, tampoco con verse obligada a pasarse toda la gestación guardando cama por la sólida amenaza de un aborto.

Tan distintas que podrían haber sido las cosas…

Le invadió de golpe toda la nostalgia pensando en lo que pudo ser y no fue las lágrimas acumuladas en sus ojos cansados se escurrieron silenciosas por sus pómulos, las secó mientras le tarareaba una canción y por enésima vez le tapaba las manitas con la fina sábana.

Chichi había pasado en Monte Paoz desde la noche de su boda hasta la mañana del día de la boda de Bulma Briefs. Acudió debatiéndose entre la pereza de ir y la excitación de presenciar un evento tan publicitado y renombrado como la boda de la heredera de la Corporación Capsula. En su fuero interno no entendía el por qué tanto revuelo pero Son Goku parecía tan ilusionado por acudir a la boda de su `amiga de toda la vida´… la joven princesa mucho se temía que su marido estaba deseando devorar el banquete nupcial y ver a sus compañeros de combate, charlar rememorando entre risas viejas aventuras.

La boda se le antojaba más un pretexto.

Para ella era simplemente un acontecimiento social al que asistir, habladurías nuevas de las que enterarse y charlar un rato con las novias de los amigos de marido y sobretodo mostrar su incipiente embarazo... Ese sería el primer evento al que acudiría como esposa y futura madre del hijo del hombre más fuerte del mundo, el flamante campeón del torneo mundial de las artes marciales su Goku, quien por supuesto iría enfundado en un elegante traje de chaqueta que ella cuidadosamente había elegido en la ciudad más cercana.

Y... ¿Por qué no? Comprobaría con sus propios ojos que ella como novia estaba mucho más guapa que aquella señorita de ciudad.

Su bebé bufó suavemente y se removió dejando totalmente expuestos los bracitos rechonchos extendidos a ambos lados de cabeza, lo arropó guardándolos bajo la sabana llena de flores y pájaros que primorosamente había bordado para su primera hija.

−Mira que eres dulce −Se le escapó a la primeriza al contemplarlo dormir plácidamente ya perfectamente tapado− mi pequeño. −El bebé movió su cola y la sacó de entre las sabanas apartándolas del todo, sonrió, una de las costumbres de su hijo era destaparse cuando por fin estaba bien arropado se removió hasta apartarlas otra vez, con paciencia volvió a cubrirlo, decididamente tendría que coserle o conseguirle un ajuar nuevo− . Vamos Gohan tienes que mantenerte tapadito −La cola inquieta del semi-saiyajin volvió a escabullirse destapándose del todo. Los bebés siempre tienen frio o eso había leído en una revista y por nada quería que su pequeño cogiera frio... o aún peor ¡se resfriara!− A las mamás hay que hacerles caso siempre Gohan –Aconsejó la mujer volviéndolo a arropar, pero el pequeño parecía empeñado en lo contrario y se destapó un par de veces más− quieto… ¡Son Gohan estate quieto! −Elevó la voz un poco más de la cuenta y sin darse cuenta se apoyó en la cunita tratando de pararlo él no paraba de moverse en cuanto lograba tapar uno de sus miembros con una velocidad pasmosa sacaba otro y se destapaba. La cuna oscilo balanceándose y la morena profirió un quejido cayendo de bruces, Son Gohan, quién sabe cómo, lanzó con su colita la sabana fuera de la cuna y le cayó sobre el tirante moño, se levantó molesta con la tela todavía cubriéndole la cabeza dispuesta a regañar al rebelde retoño− ¡Son Gohan ya está bien! −El pequeño abrió los ojos, la miró, su boquita trémula se abrió formando un puchero. Comenzó a llorar con los pulmones a plena potencia. La madre frunció el ceño desconcertada− ¡Oh Gohan! ¡Gohan! Cariño no llores, no llores shhhhh −Cambió el tono mientras le arrullaba cansada− ¡Mi pobre pequeño te has asustado! ¡Has debido de pensar que mamá era un fantasma!

El pequeño pasaba de parecer un angelito dormido a un diablillo inquieto se erguía, sujetaba la cabeza sin ayuda mirándolo todo con enormes ojos curiosos… su hijo era precoz y fuerte, parecía empeñado en correr antes de caminar. Demandaba constantemente su atención, alimento, higiene... ¡y a su cortísima edad era un travieso consumado!

Para evitar cualquier percance estaba siempre alerta en una ocasión lo cazó arrastrándose fuera de la cuna para alcanzar un plato cercano repleto de panecillos dulces de ciruela la mesa dónde reposaba estaba cerca de la cuna, el bebé la había mirado con insistencia, ella se había ausentado tan solo un minuto de la habitación cuando volvió él estaba apoyado en la barandilla totalmente estirado forzando su bracito al máximo para agarrar un panecillo mientras la cuna chirriaba anunciando una caída que de no ser por su propicia llegada se habría producido y su pequeño se habría dado un golpe fatal.

En ocasiones casi le superaba pero eso no ocurriría, ella era una mujer debidamente entrenada para el matrimonio y la maternidad.

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Bardock entró en la habitación andaba buscando al menor de sus hijos, profirió un soplido de desagrado, allí solo se encontraba la alienígena con la que el estúpido mocoso se había apareado andaba como siempre cargando el híbrido y malcriándolo.

Lo iba a echar a perder más de lo que ya estaba.

−¿Kakarotto? −inquirió como todo saludo. La mujer se volteó a verlo mientras le tarareaba algo al llorón.

─¿No estabas tú con Goku? ─contestó con otra pregunta volviendo a posar la vista en el mocoso. El mocoso recibía demasiadas atenciones.

¡Era mitad saiyajin demonios no un débil y enclenque terrestre!

Tantas tonterías lo estropearían más de lo de por si lo había hecho la mezcla de sangres.

El niño estiró los brazos en dirección a su abuelo y gorjeó contento revolviéndose entre los brazos de su madre como un cachorrillo, Bardock lo ignoró de plano dando media vuelta.

─¡Espera aquí un momento! ─exclamó dejando traslucir su enfado depositando de nuevo a Gohan dejándolo bien tapado con la sabana─ Voy a buscarlo.

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Bardock se quedó compartiendo la estancia con la cría mestiza algo inusitado, el saiyajin evitaba perder el tiempo de esa manera por lo que a él respectaba el mocoso de Kakarotto ya debería de comenzar a entrenarse o eso sería lo natural si fuera un verdadero saiyajin…

El mocoso se destapó y volvió a gritar reclamando su atención lo examinó detenidamente mientras esperaba. Su aspecto era saiyajin, pelo negro, ojos negros y cola. Le recordaba vagamente a Raditz, claro que el parecido del mocoso era algo muy subjetivo, él de su sangre solo veía la cola el resto era de la humana.

El pelo le delataba había crecido sensiblemente desde su llegada cambiando su patrón si fuera un pura sangre no cambiaría. Su mirada tampoco era la de un saiyajin, no era fría, no poseía el aire fiero de uno auténtico. Todo él era blando, débil, mullido como un humano.

El baboso le propinó una sonrisa desdentada y estiró de nuevo los bracitos hacia él profiriendo grititos irritantes.

Bardock exhaló un bufido, un auténtico saiyajin comenzaba a luchar tan pronto como pudiera sostenerse por si mismo, pero el mestizo era incapaz si siquiera de soportar su peso sobre las rechonchas piernas. Si fuera de los suyos haría algo más que moquear, comer y dormir todo el tiempo.

Si fuera de los suyos ya estaría destruyendo ciudades a la luz de la luna.

Lo miró con molestia los gritos le taladraban la cabeza, le costaba apartar la mirada de él, este feliz de captar la atención de su abuelo reanudó los grititos y sonrisas con renovadas fuerzas.

"Alguien tan débil solo traerá deshonor"

Estiró la mano en un actor reflejo para formar una esfera.

"Te guste o no lleva nuestra sangre en sus venas".

Miró a al llorón con los ojos cargados de enfado era y siempre sería un débil, una deshonra para su sangre.

"Nuestra sangre…"

─¡Cállate! ─Escupió a presión expulsando otros momentos─ Ni siquiera puedes tenerte en pie. ─siseó, Bardock desvió la vista a un costado. El guerrero sacudió la cabeza, Gohan se quedó perplejo tan mudo que parecía entender la molestia de sus gritos, ya callado trató de erguirse trepando por los barrotes de la cuna pero el pijama de lana rosa, con el que su madre le protegía del frio le impedía agarrarse, resbalaba una y otra vez.

Dio la espalda si seguía mirándolo… no eran momentos para echarlo todo a rodar, no habrían más oportunidades. Patético o no, órdenes eran órdenes y el un soldado que debía cumplirlas. La hembra tardaba demasiado dio un paso, iría a buscar al inútil él mismo no soportaba presenciar un espectáculo tan penoso.

"Nuestra sangre" recordó con ironía dónde había terminado su sangre.

Gohan cayó por enésima vez sobre su trasero, la cuna osciló de nuevo, otro balanceo más, hasta que giró por completo y cayó de cabeza al suelo.

Rompió a llorar con toda la potencia que unos pulmones humanos podían dar.

─¡¿Qué demonios?! ─inquirió alertado más por el pitido que por el ruido del golpe. El mocoso estaba en el suelo rojo de rabia llorando como un condenado a muerte, como Kakarotto antes de enviarlo a Chickyuu. El rastreador marcaba 100 unidades.

Lo agarró del pescuezo colocándolo a la altura de sus ojos sujeto a escasos centímetros de su rostro, el mocoso berreaba tanto que parecía a punto de reventar, no le importaba si lo hacía pero preferiría no soportar tanto escándalo. Lo sacudió, el mestizo incrementó sus berridos. Las cifras del rastreador danzaban crispadas con ellos.

─Deja de llorar ─Exigió mirándolo fijamente el pequeño continuaba chillando sin bajar un ápice, sus berridos se le clavaban en los tímpanos tan agudos como alfileres─ Un saiyajin no llora, pelea ─Fue todo lo que le dijo agitándolo otra vez.

Lejos de silenciar el berrinche comenzó a patalear agitando sus brazos y piernas rechonchas con furia, uno de tantos le golpeó la nariz.

Un hilillo rojo bajaba por la nariz del saiyajin.

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"Nuestra sangre"

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La pila de cacharros era monumental Lunch la miró de abajo a arriba con resignación, aunque no le gustaba usar el lavaplatos no había tenido más remedio que recurrir a él, las frecuentes y copiosas comidas marcaban el ritmo. A pesar de cargarlo hasta el límite siempre había una torre de cacharros que limpiar en el fregadero.

─Bueno… no va a limpiarse sola ─Se ató el delantal, tomó el estropajo y comenzó a enjabonar con movimientos automatizados los platos.

Enjabonar, aclarar, apilar, llevaba un ritmo aceptable eso la animó y comenzó a tararear. A menudo entonaba alguna cancioncilla mientras hacía sus quehaceres, sentía que las cosas hechas con alegría salían mejor.

Esa era su pequeña aportación al grupo, no podría cazar demonios, ni crear escudos de contención pero le gustaba cuidar de sus amigos.

Le gustaría cuidar también de él si se lo permitiera... si al menos pudiera hablar con él.

Buffy le comentaba cosas sus impresiones personales, decía que era poco hablador y que cuando hablaba era sobre "el deber", según la cazadora era prácticamente monotemático. Tanto que la muchacha, harta ya, la nombraba a ella para ver si era capaz de hablar de algo distinto.

Launch sospechaba que en parte lo hacía por amistad, en parte para ver su reacción, cuando Buffy la nombraba a ella o algo relacionado con ella lo hacía de pasada, imaginaba que con un tonó ligeramente irónico, entonces el tríclope guardaba silencio. Uno que la enfermera intuía denso y casi palpable, uno que desearía poder escuchar para leerlo.

Él no era hombre de palabras nunca había sido extrovertido como Krilin o Roshi, pero ella se había acostumbrado a esos silencios, casi podía interpretarlos y en cierto modo desearía escucharlo. Lo intuía denso y casi palpable o tal vez atronador.

Tien solía transmitir más con su silencio que con sus palabras.

Envidiaba la fuerza de su vínculo telepático con Chaoz, la confianza entre ambos era absoluta. No pudo evitar preguntarse si ese lazo habría sobrevivido a la entrada en la no-vida del pequeño... si la vocecilla aguda e infantil todavía resonaría dentro de su mente o la unión entre ambos se había cortado tal como lo había hecho la vida del pequeño.

Chaoz tampoco era el niño más hablador que había conocido peso a ello habían compartido hermosas charlas sobre cocina... y alguna sobre él, su vocecilla infantil sonaba con más frecuencia en sus recuerdos.

Le costaba trabajo comprender hasta que punto el pequeño emperador podía haber cambiado, ella era consciente de que también cambiaba radicalmente de que en cierto modo `desaparecía´ cuando estornudaba absorbida en ese lapso en blanco ajeno al mundo. Aparecía la otra, la rubia de bucles salvajes que la miraba desafiante desde los carteles de `se busca´, la ladrona profesional estrella de los informativos. Pero de repente volvía a estar allí de vuelta, despierta y confundida. Un parpadeo separaba la consciencia de la inconsciencia, de lo que ella hubiera hecho solo quedaba un vacío inquietante en la memoria.

Si ella podía volver de esas ausencias… ¿No debía de haber alguna manera de recuperar a sus amigos?

Esa duda le carcomía la cabeza, cierto día le preguntó inocente a Bulma si habría alguna forma de hacerlos volver le explicó sus ideas sobre los cambios de estado y la posibilidad de recuperarlos de algún modo. La peli azul cambio la mirada, denegó con la cabeza y le contestó "No era él" "que ya nunca podrá ser él", Buffy añadía que "No es tu amigo, solo un demonio con su cara".

A la esposa de Son Goku prefirió no preguntarle nada había recuerdos que era mejor no remover.

"Pobrecillo Chaoz… y pobre de Ten Shin".

Iintuía que la `conversión´ de su amigo le había afectado en lo más hondo, ella desearía tanto estar junto a él y ofrecerle siquiera una mirada de consuelo, tan solo intentar confortarlo de algún modo.

Se conformaría con poder verlo aunque fuera desde lejos, aunque permaneciera envuelto en su hermetismo.

Lo necesitaba.

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─¡Ah! ─exclamó, estaba fregando un cuchillo de tamaño considerable y filo impecable. Le gustaban así, perfectos tanto para cortar la carne como para trocear los vegetales, las prisas no admitían cambios ni ceremonias, de modo que los usaba continuamente. Las prisas traían eso.

El corte sangraba con profusión soltó el cuchillo y puso el dedo bajo el chorro de agua. No le prestó atención en ese momento pero…

─¿No hay nada que comer? ─inquirió a sabiendas de que Nappa y su sobrino habían salido a aprovisionar la mermada despensa de la base.

─En la nevera puede que haya algo ─contestó sin girarse ocupada enjuagando la herida, no se dio cuenta del mechón traicionero.

Turles comentó algo que la dulce no alcanzó a escuchar, la mujer sacudía la cabeza con movimientos exagerados tratando de contener algo sin prestarle la habitual atención.

Le molestó y repitió la orden.

─¡AAAAATTTCHISSSSSS! ─Un estornudo cortó la conversación al mismo tiempo que la cabellera índigo se cubría de oro. Turles se tensó. El ceño siempre fruncido del saiyan se desarrugó por la sorpresa, estático descruzó los brazos analizándola con detalle como la nube de bucles antes oscuros relucía rubia con rebeldía, incluso los músculos débiles parecían más definidos casi daba la impresión de mayor fuerza.

─¡Te lo van a preparar en el infierno! ─Una mujer vestida como la otra se volteó con la ferocidad de un tigre, el cuchillo que tenía en la mano segundos atrás paso zumbando cerca de su oído para enterrarse hasta el mango en la pared de detrás de él.

Una delgada línea roja se dibujó donde el metal le había besado.

Aquella mujer tenía una sorprendente puntería.

Paró un golpe de su puño dirigido a su tráquea y la agarró de las muñecas para inmovilizarla, la furia de unos ojos rasgados y verdes acribilló los suyos, ella se lanzó atestarle un cabezazo en la barbilla. Entonces lo salvaje de su mirada se tiño de sorpresa.

─¡Goku! ─exclamó todavía sujeta─ ¡Joder! ¿Qué demonios haces aquí? ─Examinó su rostro y la sorpresa mutó a algo más serio─ Suéltame antes de que te parta la cara. ─Le ordenó sacudiendo los antebrazos todavía unido, el tono familiar como si fueran viejos compañeros de escuadrón─ . Suéltame de una vez idiota. ─Reiteró con violencia, la soltó solo por la curiosidad de saber a donde iría a para aquello. Se llevó la mano al rastreador había aumentado su fuerza hasta duplicarla; seguía siendo igual de débil en comparación. La transformación de aquella raza era una minucia en relación a la saiyajin. Pero estaba sumamente cambiada, no mostraba ni un atisbo de su estado anterior, ceño fruncido, mirada agresiva, directa… y desprecio por el dolor, no se frotó las muñecas magulladas al contrario hizo crujir sus nudillos y cuello manteniendo aquel aire amenazador sin apartar aquella mirada salvaje de la suya.

No parecían para nada la misma persona.

─¿Quién eres? ─le inquirió el saiyajin en tono frio.

─El jodido conejo de pascua ─respondió con sorna mientras amartillaba con la práctica de un mercenario espacial un arma salida de la nada. Los ojos felinos clamaban─ vamos Son Goku… ¿Te has vuelto más tonto aún? ─inquirió jocosa pasándole las pupilas, lo examinó detalle a detalle con un descaro que la servicial Lunch jamás habría osado mostrar.

El frio del cañón le rozó el mentón.

`Goku´ la miraba con una actitud fría inédita en él incluso parecía unos años mayor, en el ceño fruncido de su viejo amigo no quedaba rastro alguno del crio atolondrado ni del joven simplón. Parecía más… ¿Curtido? ¿Peligroso? Definitivamente había pasado demasiado tiempo fuera, se puso a cavilar buscando la última vez que se juntó con la panda del viejo Roshi.

─¿De dónde has sacado eso? ─inquirió tocando con la punta del cañón el centro de su armadura─ ¿De un circo? ¿O es que al viejo verde se le han acabado los `uniformes de conejitas´? ¿Prefiere ahora a los jovencitos? ─bajó la mirada a las estrafalarias protecciones que cubrían la cadera del guerrero dejando al descubierto las musculosas piernas.

`Goku´ se tensó, su ceño fruncido se ensombrecido mostraba una actitud amenazadora, algo le había pasado tremendamente inquietante, algo más que unos días fuera había provocado ese cambio─ Pareces más viejo… ¿Cuánto tiempo he estado fuera? ─preguntó con brusquedad. Su compañero de aventuras permaneció en silencio le clavó una mirada dura, carente de inocencia.

La mujer maldijo entre dientes debía de haber pasado demasiado tiempo fuera y algún enemigo... ¿Habría vuelto a molestar la Patrulla Roja?. Volvió a maldecir por no recordar nada de su ausencia, tenía que averiguar que demonios le había pasado y dónde se había metido Ten Shin Han.

─¿Dónde está Ten Shin? ─demandó dando un paso al frente acariciando el gatillo─ Déjate de tonterías y contéstame.

─Yo no soy Kakarotto ─La comisura de su boca se curvó hacía arriba con un gesto chulesco. Agarró el cañón y tiró de él, ella se en lugar de soltarlo dobló sus fuerzas resistiéndose a entregar el arma, de un segundo tirón tan fuerte que la acercó unos centímetros se la arrancó de las manos, los ojos ahora entrecerrados por el enfado lo acribillaron, los mechones mal atados se desmadejaron cayendo sobre su rostro, cubriéndolo de oro por completo. Muecas grotescas y exageradas se entreveían entre la maraña de bucles, se llevó las manos a la nariz tratando de alejar los mechones, entre ellos la mirada salvaje dejó de prestarle atención para centrarla en contener un estornudo, los ojos volvieron a enfocarlo y se cerraron en un parpadeo forzado tratando de contener un estornudo que sonó rabioso.

Ella desapareció reemplazada por la otra.

Todavía con los párpados bajados estornudó de nuevo la ondulada melena azul se tornó rubia, un nuevo estornudo y se oscureció hasta la media noche, de entre los mechones asomaron los ojos confusos, amplios y dóciles de la cocinera.

De la mujer agresiva y suicida que se le encaró no quedaba nada.

─¿Qué ha pasado? ─preguntó algo aturdida con la dulzura acostumbrada sin deje alguno de la agresividad que con tanta naturalidad fluía por sus venas instantes atrás. Clavó los orbes junto al cuchillo y reparó en el rasguño de su pómulo─ Yo lo siento… ¿Le he hecho daño? ─preguntó totalmente preocupada. ─ Venga hay que desinfectar eso ─argumentó acercándose un algodón que hedía a algún tipo de cura terrestre.

Preguntarle habría sido mostrar demasiado interés pero la curiosidad de aquel fenómeno le podía, se limitó a escrutarla mientras ella sin pedir permiso le atendía, se dejó hacer solo por ver si la loca de dos segundos atrás volvía a asomarse a la mansa mirada de la enfermera.

Finalmente la curiosidad le pudo.

─¿Dónde está? ─Las dos palabras la pararon en seco.

─¿Quién? ─peguntó sin pensar con los ojos fijos en el rasguño, rezando para que "ella" no hubiera hablado de más.

─La otra ─La mujer fijó los amplios orbes en él.

─No, yo… no sé… a veces, a veces no recuerdo bien las cosas─ comentó volviendo la vista al arañazo concentrándose en presionar el rasguño con movimientos casi mecánicos─ Esto ya está. Es solo superficial. ─apostilló con una sonrisa nerviosa sin indicio alguno de la mujer que unos minutos antes le había lanzado un cuchillo.

Trataba de disimular una retirada.

─¿Quién es Ten Shin?─interrogó. Era lo único que a aquella mujer le reclamó con fuerza, algo en apariencia de suma importancia para ella. Probó por allí.

Lunch palideció su gesto se contrajo levemente, se llevó la mano a la boca en un acto reflejo.

"¿Kami pero qué ha hecho? ¿Qué habrá dicho?"

─Él es, bueno, e-era ─ vaciló de forma perceptible─ era un amigo, un amigo de Son Goku… y mío.

─¿Y tú antes? ─Insistió clavándole los pozos negros. Los nervios de la enfermera se translucían con la claridad de una Luna llena mientras ella trataba de ubicarse─ La rubia de la ametralladora.

─Yo, no lo sé ─Se sentía acorralada no sabía que información podría haber revelado su contraparte, si había mencionado a Tien o a los otros… retorció el paño entre las manos. Odiaba no recordar nada no saber que había dicho o hecho ella, desde que tomara la decisión había vivido más o menos con calma en ese sentido, una línea continua de consciencia sin vacíos ni lagunas.

Quitando el hecho de haber sobrevivido al apocalipsis y del acoso vampírico, curiosamente se sentía más segura que nunca, sabía dónde estaba en cada momento, colaboraba tanto como humanamente podía con sus amigos. Se sentía útil, parte de algo. Añoraba a Tien con toda su alma, pero se repetía a sí misma una y otra vez que antes de todo tampoco pasaba tanto tiempo a su lado, su rutina de entrenamiento y meditación consumían la mayor parte de su tiempo. Combatía a la añoranza diciéndose a sí misma lo mismo que en esas ocasiones que él estaba de viaje entrenando con Chaoz y pronto volvería a ella de nuevo.

Cabeceó, solo eran parches, pero eran sus parches, las cuerdas que evitaban que se perdiera la esperanza.

Pero sí por una de esas `la otra´ había dicho algo que les hiciera saber de Tien, algo que le pusiera en peligro... No quería pensarlo, no quería pero ante esa negra mirada inquisitiva se sentía minúscula.

No podía fallarle, no.

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─Lunch, ¿has visto a Goku?─preguntó la joven morena irrumpiendo en la cocina.

La de la cabellera índigo se volteó hacía la puerta aliviada por la interrupción.

─Creo que estaba con Roshi te acompaño a buscarlo ─La alcanzó y ambas desaparecieron por el umbral presurosas.

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Roshi y el joven Son estaban encarados se disputaban entre forcejeos un bulto de aspecto sospechoso, el anciano tenía una mano apoyada en la cara de su alumno empujándolo en un intento de separarlo del cuenco al que se aferraba con la otra, Goku tan rojo como su gi se aferraba con ambas manos negándose a soltarlo.

─Maesgo… dfeme un foco… ─pidió con la cara roja por el esfuerzo y la presión del empuje deformando sus mejillas.

─Ni lo sueñes, es mío ─gruñía el anciano en el intento de quitárselo de encima ya casi se había hecho con el botín cuando…

─¡Goku! ─bramó molesta por lo ridículo del espectáculo─ Te he buscado por toda la casa ¿dónde estabas?─exclamó la morena con las manos en las caderas─ Ese hombre, tu padre te busca.

Pararon súbitamente ante la intervención de la joven, Goku se giró con una expresión infantil en el rostro y la boca llena de palomitas de maíz. Ante el tono severo de su esposa aflojó el agarre sobre el cuenco con la actitud de un niño pillado en medio de una travesura y Roshi aprovechó para apropiárselo de un tirón sujetándolo entre sus manos callosas y cuando vio a su discípulo distraído lo escondió con disimulo tras el caparazón.

─¿De dónde ha sacado eso? ─interrogó la hija de Ox-Satan con el ceño fruncido, "Tanto misterio no puede ser bueno".

─¿El qué? ─preguntó Roshi con inocencia y las manos cruzadas.

─Eso. ─Señaló las palomitas desparramadas por el suelo en el forcejeo─. Se supone que no quedaba nada más para comer─ indagó la esposa─ ¿No habrá estado sisando comida de la despensa, verdad?

Roshi aguantó estoico a la inquisitiva morena, por mucho aire amenazador que despidiera la joven cientos de años robando lencería y espiando a chicas guapas le facilitaban mantener impertérrito su cara de Póker.

─¿Señor Roshi qué es esta cinta? ─preguntó recogiendo la carcasa─ "Instinto Básico" ─Leyó en voz alta─ ¿Otra vez la misma película? ─inquirió totalmente ajena al contenido.

El joven Son engulló el bocado de una sentada, discípulo y maestro se miraron de refilón sin acertar que decir. Muten cogió la carcasa de video, la dejó en el suelo y la medio tapó con un almohadón.

─Ya no hacen películas como las de antes, es todo un clásico ─Roshi cabeceó.

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De que Roshi era un cinéfilo no había ninguna duda, de hecho poseía una filmoteca magnífica con todo tipo de joyas del género, solo con echarle un vistazo a las caratulas se podía apreciar la evolución en el mundo del cine erótico, los avances en cirugía plástica y demás cambios en los peinados y estilismos de las `chicas´ desde las melenas salvajes al minimalismo en estado puro.

Hacía unos días había empezado a volver a ver un ciclo de clásicos, apenas una semana atrás se había deleitado con "Show Girls" y aquella noche pensaba disfrutar de "Instinto Básico" en la privacidad de su habitación.

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─Debe de ser muy buena, cuando vivía en Kame-House la vio varias veces ─Le comentó a Chi chi, esta tomó la carcasa escondida y la leyó de viva voz, al ver la portada se puso azulada y miró a Son Goku con una expresión que hizo que la espalda se le pusiera tan rígida como si se hubiera tragado el bastón mágico.

─Gokuu… ─Tanto que le había costado en su día que su inocente marido perdiera la inocencia para eso. Las sombras de su cara habrían espantado a un nosferatu. Sabía que se había enfadado mucho por algo, no solía ocurrir y de hecho ignoraba la causa en esa ocasión, pero por algún motivo cuando la veía así, se le revolvía el estómago, hasta el hambre desaparecía y solo pensaba en que hacer para que tan aterradora expresión desapareciera y volviera la Chichi de siempre, trató de explicarle lo que había ocurrido.

─I…iba por el pasillo y entonces empecé a oler algo rico… ¿¡No sabes Chichi, eran… ─continuó emocionado explicando.

─Palomitas de maíz─ completó la mujer destilando enfado.

─¡Si! ¿Cómo lo sabes? ─contestó el saiyajin con aquella sonrisa ingenua de no haber roto un plato en su vida.

─….─Chi chi exhaló el aire comprimido, su expresión se relajó, el joven respiró aliviado el nudo del estómago se deshacía a medida que las facciones de su esposa recuperaban la compostura.

Obviamente su Goku después del entrenamiento tan hambriento como un lobo, para variar, olisqueó las palomitas recién hechas y siguió el rastro hasta el viejo verde. "Ese viejo pervertido es una mala influencia para mi Goku" pensó endureciendo la expresión de nuevo y mirándolo con enfado. Roshi se envaró y apretó los dientes.

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Chichi sin mediar palabra se llevó al saiyajin de vuelta prácticamente arrastras fuera de la habitación.

─Viejo pervertido del demonio… ─murmuraba entre dientes.

─Pero… Chichi… ¿Y las palomitas? ─preguntó mirando atrás.

─Deja estar ya las palomitas yo te prepararé algo después. Ese, ─contuvo la palabra antes de dejar escapar algo inconveniente─, te está buscando…

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El anciano sensei respiró aliviado, se meso la barba blanca y se dispuso a ser cortés con su chica favorita.

─Te apetece quedarte y la vemos juntos ─le insinuó con aire pícaro ya sentado en el suelo palmeando el espacio a su lado.

─Maestro es muy amable pero todavía tengo mucho trabajo por hacer ─Se excusó dejándolo plantado y obviamente desilusionado.

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Turles seguía rumiando, aquello era raro. Muy raro.

"¿Podía ser que aquella raza tuviera una transformación similar a la de los saiyajin?"

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La pregunta no paraba de rondar por su cabeza, la otra era más fuerte que la enfermera infinítamente débil respecto a un saiyajin e incluso respecto a la otra hembra de pelo amarillo, aquella mujer tan bajita y pedante como Vegeta que a cada momento se refería a sí misma como "la Cazadora".

La "otra", la mercenaria tenía más agallas, más arrojo. Pero quizás ese arrojo venía de la ignorancia.

¡Lo había confundido con el mocoso de Kakarotto!

Lo había tratado como a un viejo camarada, eso, o "conocía" al tonto de su sobrino más de lo que admitió en ese momento.

Era una desvergonzada eso seguro.

Era o eran, eso aún no le había quedado claro, lo que si le había quedado tan claro como el plenilunio era que conocía al hijo de su hermano, tanto o más que la anterior.

¿Pero de qué manera?

Se preguntó pensando que igual su sobrino no era tan tonto como parecía si de veras `conocía´ a aquella mujer con aires de mercenario. ¿El mocoso y ella, o ellas, habían ido arrasando pueblos por todo el planeta? Tenía que haber sido con la mercenaria, la otra, la servicial se encargaría de las heridas o de la comida. Igual que ahora.

Bajo esa cara inocente y ese aspecto indefenso algo se escondía. No era trigo limpio.

Tenía que hablar con Kakarotto.

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Habían tenido serios problemas de aprovisionamiento, viéndose obligados a una `parada de emergencia´ los tercera clase y Nappa estaban sentados rodeando la hoguera terminando de comer los generosos muslos estúpido animal que al verlos creyó lista la cena. Lo estaba, pero no para él. El príncipe tan pronto habían tocado tierra se había largado por su parte privándoles del `honor´ de su regia presencia´.

Tanto mejor con él Nappa no habría soltado ningún detalle de la gran batalla, el resultado era por todos conocido y el calvo había desgranado accidentalmente hecho estallar su interés. Pero los supervivientes a la extinción tenían dudas a raudales agolpándose en sus lenguas. La lengua del saiyajin de clase alta se desataría con el estómago lleno de seguro tendría por una vez algo interesante que contar.

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El maldito lagarto se reía burlándose de nuestra extinción. Cobarde. Nunca se habría atrevido a atacarnos de frente, no habría tenido posibilidades… ─ se detuvo para escupir sobre el nombre del lagarto un tropezón de carne de reptil salió despedida junto con el insulto─ Dioses… dolían más esas carcajadas de loco que el viento helado sobre las heridas ─Nappa se acercó al grupo y bajó la voz─ el muy estúpido creía que el Rey y el príncipe se postrarían pidiendo clemencia a cambio de la esclavitud… ─El resto de los saiyajines dejaron de comer para centrarse por completo en el relato. Después de todo aquello era `la ascensión del legendario´. La profecía se hizo carne en el rey de su raza, era una leyenda o lo habría sido de tener un pueblo que la perpetuara… "¿De que servía una leyenda sin nadie para recordarla?"─ Se reía como un loco mientras aplastaba al Rey contra el hielo, lo tiró a una grieta. ─El gigante se acercó y dejó la pata de reptil junto a las demás en las brasas─ Todo se había ido a la mierda y aquella bola de hielo iba camino de convertirse en la tumba del Rey. Me habría dejado matar por una hora de luna llena… allí estaba sin poder moverme, tirado en aquel congelador rabiando con las jodidas risas del tarado tan escandalosas que partían el hielo. Eran todo lo que podía oír.

Déjate de lloriqueos y escupe que demonios paso ─exigió Bardock cansado de tanta verborrea y sentimentalismo. La familiaridad con la que se trataban era impensable antes de la plaga, aquello cambió en parte las estructuras. En parte. Un élite era un élite, eso se lo recordaba el gigantón, en combate le debían obediencia. Pero lo que realmente respetaba Bardock era la valía de Nappa, el calvo no era un estratega brillante, más bien su inteligencia era limitada, pero moriría por su pueblo y por su rey. Era un guerrero honorable.

¡¿Quién te dijo que lloraba, quién?! ─Nappa le gritó enarcó una ceja con la cara distorsionada las venas de la calva a punto de saltar.

El príncipe de Vegeta-sei en persona ─contestó Turles mientras apuraba el hueso descarnado.

Era sudor ─gruñó con el ceño fruncido hasta el bigote.

¿En medio de ese jodido congelador? ─Raditz rompió la tensión con una carcajada, Broly permanecía expectante bebiéndose las palabras del élite, se sabía que las esperanzas de Paragus sobre su hijo eran desmedidas, tanto como su ambición.

Nappa retomó la pieza de carne y desgarró un mordisco de una sentada lo engulló.

Continúa o pensaran que ya se te ha olvidado ─exigió el hijo de Paragus.

Comenzó a caminar hasta el príncipe y entonces… ─después de la interrupción el gigante disfrutaba con la atención generada, los ocho ojos de los tercera clase lo taladraban con insistencia, dio un bocado más paladeando la situación─. Estaba a punto de estrangularlo con la cola y a lo lejos, la grieta comenzó a brillar, salió él envuelto en una llamarada. Era… El lagarto soltó al príncipe y todos los rastreadores estallaron, y…

¿Entonces qué Nappa? ─Demandó ansioso Broly casi a punto de saltar.

Sus ojos se volvieron verdes.

¿Verdes? ─Saltó Turles─ ¿Te estás burlando o qué? ─Bardock le golpeó con el puño en un costado.

Venga, no todos los días se ve al legendario ─pidió Raditz entre fanfarrón y curioso.

Nappa no era un saiyajin que tuviera dobleces era uno de los mejores guerreros de la élite pero carecía por completo de cualquier atisbo de astucia. Su expresión no admitía duda, no los miraba a ellos sino al cielo de hielo de aquel planeta muerto, miraba a aquel día.

Entonces se cubrió de oro.

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Le había costado escurrirse del tío de Goku, ¿En qué maldito momento se había escapado "la otra"? Todavía le temblaban las manos no sabía que decir, ni que hacer.

¡Oh Kami!

¡Había estado a punto de tirarlo todo por la borda!

Estaba acorralada todavía le temblaban las manos, no había sabido que decir ni que hacer.

¡Kamisama! ¡Había estado a punto de tirarlo todo por la borda!

De no ser por Chi chi… no quería imaginarse en que habría acabado todo.

Necesitaba sentirse segura el impulso de tocarlas, de contarlas otra vez la movió, abrió el cajón de la mesita de noche y buscó entre libros el frasco de pastillas, su tacto frio y plástico la relajó, se dejó caer sentada en el borde de la cama lo sopesó.

Sintió el impulso casi infantil de agitarlo, pronto las escuchó entrechocar contra las paredes, lo volvió a agitar con fuerza, el sonido enervante la tranquilizaba, le traía la calma, le recordaba que de alguna manera era ella y no la otra. Solía sopesarlo y sacudirlo, pero de día en día el frasco se aligeraba más y más al mismo paso que su seguridad se minaba.

Pensó en el de reserva que guardaba en la enfermería y las manos rígidas se aflojaron. Se repitió que los días en que andaba desorientada y confundida por el mundo ya eran historia. Vació el contenido en la palma de su mano diez comprimidos redondeados y blancos tan pequeños como guisantes y más valiosos que las perlas la mantenían a salvo.

Las semillas senzu salvaban vidas, curaban cualquier herida e incluso revivían a moribundos pero las 10 pastillas que cabían en la palma de su mano la salvaban a ella, la salvaban del estornudo manteniendo a la otra bajo control.

Suspiró y los guardó en tubo.

¿Qué clase de persona era para hacer algo así?

Eso no era propio de ella, ella era Lunch, la mujer dulce incapaz de hacer algo impropio, cuya inocencia había rallado en lo cómico en más de una y de dos veces. Ella era la hogareña, la enfermera, la amante de su Tien.

No era como la otra... pero quizás los límites entre ambas no estaban claros como suponía.

─Tien… ─Se le escapó un sollozo, sorbió y se secó la humedad con el dorso de la mano, se encontraba cansada los lacrimales le picaban y a medida que avanzara la primavera llegarían a arder y eso y todo lo demás empeoraría. La otra era fuerte y sus intentos por mantenerla "allí" comenzaban a flaquear.

La otra siempre la había dominado poderosa como el viento, arrastrándola como a una hoja a su antojo de un lugar a otro permaneciendo solo cuando lo deseaba.

La otra, la dura, la guerrera también fue de él.

Cabeceó con violencia sacudiendo los bucles "la otra" lo amaba, ambas lo habían hecho, pero él no ya nunca más o eso quería pensar. La tenía allí oculta, encerrada algún lugar dentro de ella, le gustaba pensar que estaba "dormida" y que la "otra" sentía lo mismo que ella cuando cada noche cerraba los ojos y descansaba. Que simplemente descansaba de tantas correrías en el lugar en que ella había permanecido tantas veces y que ahora le tocaba vivir a ella, a Lunch.

¡Pero se había escapado!

De alguna manera todo su cuidado daba igual en algún momento conseguía escurrirse y aparecer, filtrándose gota a gota por las rendijas de su alma.

No, se repitió, eso no era posible, la ciencia, las pruebas médicas, los análisis. Eran dos personas completamente distintas, atadas compartiendo un mismo cuerpo y a un mismo hombre.

Pero los vampiros no eran ciencia, el dragón no era ciencia, el apocalipsis tampoco, el fin del mundo no lo había provocado la ciencia sino la magia.

¿Si la fuerte estaba buscando otros caminos para volver qué quedaría de ella entonces? ¿Qué quedaría de Lunch?

Cubrió los ojos con sus manos y tomó aire, ella tenía que mantener las cosas tal y como estaban. Pasaría lo que tuviera que pasar y ella tomaría el camino más seguro, había sopesado cientos de veces las posibilidades todas y cada una de ellas, desde la auto-justificación cuando la culpa la carcomía pasando por los remordimientos por hacer algo así. Siempre se repetía lo mismo. Después de desesperarse y derramar lágrimas ya en frio, las cosas habían sucedido así y no tenían vuelta de hoja.

Dejar suelta a Launch en aquel mundo lleno de demonios y vampiros era condenarlas a ambas a muerte, si la rubia hablaba de más sería también el final de él. Sorbió de nuevo y cerró los ojos a todo, empujaría las culpas hasta encerrarlas.

Ya no importaba el motivo por el que había empezado todo, tener a Launch controlada era mantenerlas vivas a ambas y oculto a él.

No podía hacer nada más.

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La lata cayó al suelo produciendo un sonido metálico vacío, otra compañera siguió el mismo camino, una a una fueron cayendo en un goteo dispar, entre gruñidos los dos saiyajines daban buena cuenta del expositor del supermercado.

Con el dorso de la mano Nappa removió los restos de su bigote, Raditz se limpiaba los restos de carne picada atascados entre los dientes con un hueso.

Nappa lo miró de soslayo, los límites entre la élite y la tercera clase se habían difuminado… el jodido lagarto casi había terminado con ellos. Apenas quedaban varios puñados de saiyajines y el tránsito entre clases era más fluido de lo que jamás hubiera podido imaginar, la prueba andante era el hijo de Bardock pasaría a la historia como el descubridor que evitó la extinción de la raza saiyajin, siempre que aquellas alienígenas demostraran su valía…

Rio para si, si la suerte fuera una presa tal parecía que toda la había devorado Bardock… no era raro que dada la escasez de mujeres saiyajines, cuando todavía las había, que un élite tomara como compañera ocasional a una hembra de clase baja con el único objetivo de procrear uno o varios herederos… para fornicar ya habían burdeles llenos de hembras exóticas y esterilizadas que capaces de cubrir cualquier capricho o necesidad sexual.

La naturaleza de la propia raza así lo imponía, la escasez de hembras afectaba a todas las clases por igual y solo los más fuertes tenían descendencia... Maldijo para sí lanzó la lata estrujada contra al suelo, él en su condición de élite habría matado por una y la habría tenido, si no hubiera tardado tanto en elegir compañera... entonces le llegó el honor de servir a la corona y cumplió con el honor de instruir al joven príncipe sin engendrar hijos o tomar compañera de tal modo que nada interfiriera con la educación real, nada debía de restarle su atención al heredero.

Lo instruyó tal y como lo habría hecho con su propio vástago esperando por largos años cumplir con la palabra del Rey. Ser libre para elegir a la saiyajin que deseara exceptuando a la reina y a la que estaba destinada para ser la compañera del príncipe.

Los años al servicio de la corona se habían cumplido y pero el privilegio de elegir no.

Mientras su raza seguía intacta él veía como élites menos fuertes tenían que resignarse a aparearse con hembras de clase baja, era eso o cumplir su cometido esas uniones dispares solían diluirse, ellas obtenían hijos más fuertes de lo que jamás pudieran haber imaginado y el honor de haber servido a la élite de la manera más productiva posible; después de que el mocoso entrara en el programa de entrenamiento, la hembra solía marcharse a seguir su vida.

Ese era uno de los motivos por los que eran raros, muy raros los núcleos familiares estables entre las clases bajas, las hembras iban y venían. ¡Suerte hasta para eso! Bardock a sus ojos fue afortunado procreó dos mocosos y mantuvo a su pareja hasta el final de un modo casi anormal. Dos cosas que el honor de servir a la corona le habían negado posponiéndolas hasta la extinción, irónicamente ahora que él podría tener descendencia ya no quedaban hembras saiyajin.

Ahora estaba igual de jodido que él salvo por tener dos hijos, dos mocosos inexpertos y con la misma suerte que su padre, uno ascendería a la élite en calidad de héroe, el otro solo había servido para engendrar a un mestizo.

Bardock para colmo tenía un nieto. Híbrido, media sangre, pero de su sangre.

Definitivamente el castigo al pueblo de Teluria-sei había caído sobre el pueblo saiyajin como una lápida… ¿Los habrían castigado los dioses por ser demasiado débiles demasiado orgullosos?

¿Tan malo habría sido matar a los traidores y dejar a las hembras?

La raza saiyajin se habría duplicado y habrían terminado antes con el lagarto.

Si tan solo hubiera podido ver el futuro… su actuación habría sido… no, no hubiera servido de nada. Hubiera acabado `ajusticiado´ a manos del Rey con el nombre de su casa manchado por el deshonor y el rumbo de los acontecimientos no hubiera cambiado lo más mínimo.

Aquello había puesto al pueblo saiyajín contra la pared, evolucionar o morir.

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El sonoro eructo de su compañero rompió el hilo de su pensamiento.

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─Los tercera clase no tenéis educación ─apostilló rebuscando restos de carne picada en la lata, Raditz estaba demasiado ocupado comiendo a dos carrillos para contestar algo audible, solo una pila de gruñidos mezclados con improperios, cuanto había cambiado todo antes él era un élite… quizás el príncipe tenía razón y se sentía demasiado próximo a ellos. Todo lo ocurrido les había cambiado de algún modo, ahora donde antes veía a saiyajines de tercera clase, simplemente veía saiyanes de pura sangre.

Bufó molesto y tiró la lata al suelo para agarrar otra esta con la fotografía de un perro en el frontal, tomó la tapa y la arrancó de cuajo, abrió la boca y vació el contenido. Lo tragó de un bocado, decepcionado metió la mano dentro y repeló los restos.

Raditz lo miró con sorna─ Quédate con tus modales de élite y tus latas de comida para perros ─Nappa gruñó y tiró la lata al suelo─ déjame a mí las demás ─ironizó sosteniendo la última lata de comida para humanos y vaciándola en su boca mirándolo de reojo.

Nappa profirió una maldición y masculló algo sobre la pérdida del respeto y de como se la haría recuperar a golpes.

El joven melenudo saltó ágil esquivando un gancho de su rival que todavía padecía aquellos calambres en el abdomen y no se movía con su agilidad habitual.

─Te estas volviendo lento, tan lento como esas hembras humanas.

─¿Lento? ─Nappa enfurecido alcanzó a golpearle en el plexo solar, Raditz escupió el bocado que aún conservaba en la boca─ Te faltan décadas mocoso antes de ser rival para mí.

Y era cierto, Nappa era un élite, un guerrero experimentado, si era veloz, rápido y potente, pero falto del ingenio, una mole de músculos dispuesta a matar y a morir por su rey pero incapaz de pillar al vuelo una fina ironía.

Raditz se vio contra la pared Nappa aun indispuesto era un rival poderos para su antiguo nivel de combate, pero el más joven ya se sentía recuperado de sus heridas y totalmente ansioso por comprobar hasta qué punto había aumentado su poder.

El golpe aun así le había doblado.

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No estaba hecha para trabajar en equipo.

Solo hay una cazadora por cada generación, solo una elegida y era ella, no estaba hecha para trabajar en equipo.

No era lo suyo.

Arrojó al contenedor la última lata con más rabia que las anteriores.

─Ve con cuidado ─señaló la estridente voz de la ex-demonio─ Si rompes este no tendremos suficiente espacio.

─Al demonio el espacio─ resopló apartándose una greña molesta de los ojos.

Estaba furiosa realmente furiosa, no le gustaba salir acompañada cazar era algo que la elegida debía de hacer sola como todo lo demás. Giles la instruyó a una animadora adolescente y la convirtió en la Cazadora… que en ocasiones "alguien", su vigilante, la acompañara para evaluar sus progresos era asumible si bien molesto. Aunque para ser sinceros Giles ya no solía acompañarla en sus correrías nocturnas y en ocasiones la soledad llegaba a asfixiarla. Echaba en falta comentarios tontos o charlar sobre algo intrascendental, la soledad era algo que debía asumir la Cazadora, quizás fue en parte por esa sensación sofocante que le hacía sentir ganas de hablar de más con aquellos que debía pasar por la estaca, pero la noche en que se descubrió a si misma charlando con un vampiro que decía haber sido el entrenador de Dorothy Hamill había estado al borde de cruzar la línea que la separaba de ser la elegida a ser una presa, un descuido más y habría terminado de cena.

Entonces cayó en la cuenta de mucho que necesitaba hablar con alguien.

Algunos días después se encontró con Anyanka, y su círculo se amplió a tres, era alguien con quien hablar y no era mala chica del todo tan irritantemente franca como una niña de tres años pese a tener 1000 y haber sido una demonio vengador.

Por aquel entonces tener novio por primera vez no estaba en sus planes.

Giles murió.

Y apareció él, Riley, no dudó en incorporarlo ni a su vida ni a su equipo. Tras la muerte de Giles volvían a ser un trío y aprovechaban para escabullirse dejándola a ella como "vigilante en funciones", era de locos una demonio vigilando a la cazadora en medio del apocalipsis. Reprimió una risa loca.

Sus salidas nocturnas casi se parecían a aquellas citas… paseando a la luz de la luna por el parque o entre tumbas vacías… Sacudió levemente la cabeza intentando sacudir también a la nostalgia.

Todo aquello era pasado su presente era muy distinto y esa noche su paciencia curtida por la convivencia con Anyanka y con su `grupo´ estaba al borde de estallar. Contempló el filo de su guadaña y se imaginó pasándolo por el cuello del insufrible `osito´ era jodidamente prepotente y estúpido. Lo suficiente para llegar a aquel planeta y terminar de cena de las sanguijuelas.

Jodidamente insufrible, prepotente y estúpido.

"Jodidas tortugas" y demás comentarios autoritarios y órdenes molestas seguidos de una ristra de insultos machistas le hacían acariciar la idea de empalarlo pero él volaría ante sus ojos y se reiría de ella desde las alturas. Gruño de nuevo definitivamente debió de haberlo dejado allí en vez de salvar su peludo trasero. Ahora no tendría que soportarlo esa noche.

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En la sala contigua estaban el par de desgraciados, tragando como cerdos, rompiendo estantes y quién sabe que más, los ruidos de bidones al caer, chirridos y golpes secos. Si el nosferatu tenía ganas de sangre fresca no tenía más que seguir la escandalera. Los obvio para seguir maldiciendo a aquel par de monos voladores.

Anya se levantó como movida por un resorte.

─Voy a ver qué hacen ese par, espero por su bien que no estén haciendo lo que creo ─se marchó haciendo sonar los tacones con cada paso.

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─¡Parad de una vez! ─la vocecilla chillona procedía de la hembra del pelo raro, ¿dos colores de pelo en que cabeza cabía esa aberración?─. ¡Voy a tener que empezar otra vez! ─Anyanka al toparse con la mirada de Nappa se dio la vuelta refunfuñando.

─Si tú y tu amiguita dejarais de parlotear y os dierais más prisa ya estaríamos de vuelta ─voceó Raditz.

La demonio se giró con el averno en la mirada, los saiyajines se tensaron, el de la melena apretó los dientes mientras Nappa estrujó la lata vacía.

La ex demonio vengadora sonrió satisfecha de medio lado al ver la reacción de los hombres, "Si" pensó satisfecha "sigo siendo un demonio vengador" profirió una risa torcida y se marchó contoneándose con la gracia de una diablesa milenaria.

Ambos se quedaron quietos por una fracción aquella mujer era patéticamente débil pero había algo en su mirada… "¡Bah idioteces solo es una patética humana!" caviló Nappa.

─Esas hembras tienen los humos muy altos ─Se quejó Raditz escupiendo su sangre al suelo.

─Casi tan altos como tú. ─le reprendió el mayor de los dos─. Espera ¿No te los habían bajado al llegar? ─Continuó con haciendo gestos obscenos─ Casi le sirves de cena a esos insectos tubo que salvarte la cola la escuálida esa…

─Solo fue un golpe de suerte ─masculló─ tenía la situación dominada, era una estrategia para llegar hasta el híbrido.

─Demasiadas tonterías tienes en esa hueca cabeza peluda ─siguió jocoso sabiendo que había pinchado hueso─ y demasiada suerte.

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─El `osito´ se ha comido todas las latas ─gruñó Anya frunciendo el ceño.

─Ya… ─contestó con sorna─. ¿Y el calvo no le ha ayudado en nada? ¿No tendría el estómago revuelto todavía?

─Voy afuera me ha parecido ver cajas de latas sin abrir antes ─siguió como si nada haciendo caso omiso al comentario de la cazadora. Nappa no parecía malicioso, de hecho de los alienígenas era el que más `sensibilidad´, si es que se lo podía decir así mostraba por sus compañeros, mil años de experiencia analizando conductas tanto humanas desde el otro lado la habían convertido en una experta (o eso le gustaba pensar) en el comportamiento de los no-demonios, era pura deformación profesional no podía evitar hacerlo incluso bajo aquellas circunstancias. Consideraba al enorme hombre el más sensible tras el bastardo real, Nappa era fiel respecto al enano déspota, respetuoso con su hermano bastardo y casi, casi, podría decir que apreciaba a sus compañeros de escuadrón incluso no miraba al bebe llorón con asco más bien con indiferencia y quizás algo de esperanza.

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Un zumbido rasgó el silencio casi simultáneo a un grito ahogado.

─¡Buffy tenemos visita! ─gritó

─Gracias a Dios─ susurró mirando al techo salió corriendo directa al parking del hipermercado. Las latas rodaron por el suelo chocando unas con otras, el contenedor quedó a medio llenar en medio del almacén.

Salió corriendo.

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Raditz y Nappa ya estaban volviéndose a gruñir él más joven bajó el puño alzado.

─¿Oyes eso? ─inquirió el calvo.

Los ruidos de una refriega y latas cayendo al suelo hicieron saltar las alarmas.

─Problemas ─confirmó el otro. En dos zancadas llegó a tiempo para ver a la rubia huyendo del allí posiblemente asustada por su escaramuza. Sonrió con arrogancia.

─¿Qué te decía Nappa? Son una raza cobarde ─gritó el más joven antes de seguirla volando. Nappa se quedó flotando desde arriba observando el panorama. Desde allí vieron el panorama.

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La cazadora resoplo no podía verla a simple vista, la rodeaba un grupo heterogéneo de sanguijuelas hambrientas restos de una sociedad a la que ella perteneció.

Anyanka los mantenía alejados con una ballesta cargada, en el suelo había dos montones de cenizas con sendos dardos clavados. Dos virotazos certeros. Ni un error.

Se acercó algunos se voltearon olisqueando la sangre caliente.

─Tu ─ordenó al más cercano─ Corre.

─¿Quién te crees que eres? ─Le espetó arrogante un quinceañero vestido con una camisa negra entrado en carnes y espinillas─ Soy el Gran Lestat. ─Acentúo con tono grandilocuente el `Gran´ mientras ella lo miraba con una expresión divertida el estiró el cuello adoptando una pose que pretendía ser intimidante.

─Y yo soy Buffy, ─Resopló con soberbia encarándole la mirada─, para ti la Cazadora.

El chaval se tensó con un rictus nervioso trazado en la boca, el hombre de negocios lo miró con sorna, Lestat empezó a reírse tratando de disimular el lapsus. Un coro siniestro de risotadas siniestras le acompañó. El `gran´ se relajó al sentirse acompañado por la manada.

─Todo el mundo sabe que la cazadora es una bestia de pelo y ojos negros ─Fanfarroneó un hombre de negocios vestido con un impecable traje de corte indudablemente italiano─. Deliciosa rubita. ─susurró mientras olisqueaba un mechón de su cabellera acercando demasiado sus colmillos─. Cada noche ceno a varías como tu… ─En un parpadeo tenía el filo rascándole la nuez.

─Que casualidad cada mañana yo hago lo mismo ─contestó con voz suave para después separar la cabeza de su tronco. Un montón de cenizas se deshicieron al caer. Cambió la posición de agarre y la sujetó por el hueco cercano al filo, pegando el mango de la guadaña a su antebrazo como una extensión de su codo sobresalía la agudísima estaca en la que terminaba el mango del hacha.

Dio un codazo hacia atrás y empaló con el extremo puntiagudo el pecho de una vampira anciana de cabello estrambótico rizado. Se giró, con un movimiento tan natural como acostumbrado soltó el agarre y el palo se deslizó hasta afianzarse en el punto medio de su longitud. Otro giro y la cabeza de la siguiente sanguijuela rodó antes de deshacerse en cenizas.

Anyanka descerrajó otro virotazo en el pecho del vampiro albino y aspecto desaliñado que más cerca tenía. Apuntó al siguiente y sonrió.

─¡Joder es la asesina! ─chilló con voz temblona el adolescente, el trio de supervivientes huyó por los callejones.

Anyanka hizo el amago, pero Buffy la frenó con un gesto─ Son míos, tú quédate el gorila y el osito si no ven a ninguna podrían extrañarse y no tengo ganas de hacer de niñera otra vez.

─Yo te cubro ─La demonio asintió, mientras la Cazadora arrancó a correr tras ellos.

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Desde lo alto los dos saiyajines miraban la escena, la sombra más baja la siguió sobrevolando los callejones, corrían como ratas y ella corría tras ellos podía oler el pánico que aquella mujer despertaba en sus presas, apestaban a miedo y a muerte. Se preguntó si ella podría detectarlo también, sonrió de medio lado de lejos podía verse que ella disfrutaba de aquello.

La sombra menuda se perfiló en la entrada de aquel callejón sin salida, tomó airé y entró con paso lento, sabía que los muy idiotas estaban allí los podía sentir temblando, sonrió y rotó los hombros calentándolos para lo que venía.

─Vamos Lestat… sal a jugar con tus amiguitos, ─canturreó─, te prometo que os daré ventaja, no usaré mi guadaña. ─enfundó el arma en su espalda y levantó las manos desnudas al aire─ . Lo prometo.

Se quedó quieta en medio del callejón rodeada de sombras acechantes, una mujer con el pelo a lo afro vestida con un mono de tejido plateado y subida sobre unas descomunales plataformas engalanada con unos pendientes de aro tan grandes que un loro podría haberse posado en ellos, atestó el primer golpe. Buffy simplemente se ladeó esquivando el ataque con expresión divertida.

─¿En qué año moriste? ─frunció el ceño mirando el mono reflectante que llevaba la vampira─ Es horrible, deberías de cambiar un poco… ¿No crees?

─¿Horrible? ¡No tienes ni idea de estilo niñata! ─Le gritó mostrando los colmillos húmedos.

Tras ella un joven de pelo verde con una gran cresta plantada en medio de la cabeza enfundado en cuero y envuelto en una camiseta rasgada y atada con imperdibles, trató de inmovilizarla, ella saltó y le atestó una patada en la quijada, el cuello del vampiro rotó hasta producir un sordo crujido. Cayó. La mujer aprovechó la distracción para saltar sobre ella tratando de hincarle los colmillos.

─¡Vaya! Veo que os lo habéis tomado en serio ─comentó mientras esquivaba sus golpes sin separar los pies del suelo. El punk se levantó de entre la basura, enderezó su cuello torcido con un crujido y se lanzó con un rugido. La cazadora se giró dándole la espalda a la mujer rara esta se acercó y recibió un codazo en la boca del estómago.

La dobló.

Acto seguido giró sobre si misma saltando pateándole el pecho al insecto de pelo verde enviándolo a varios metros, la valla metálica que cortaba la salida del callejón zozobró con un chirrido hiriente al recibirlo.

La vampira se irguió temblando tal vez de rabia, ira o miedo. No lo sabía ni le importaba.

"Los no-muertos lo único que sienten es hambre"

Se acercó a un viejo poste eléctrico y partió la madera por la mitad, los cables quedaron sueltos retorciéndose como serpientes mordiendo el negro asfalto entre chispas.

─¡Ahora vas a bailar! ─La encaró con la madera astillada usándola a modo de estaca, pese al considerable tamaño y la pesadez de la misma la usaba con bastante agilidad. A cada finta, la luz de la farola arrancaba destellos plateados del tejido reflectante del mono con cada movimiento destellaba como una bola de las discotecas pasadas de moda.

─¿Fue en los 70 no? ─La chica disco parpadeó confundida, parpadeo que le costó una buena patada─ ¡Moriste en la época de "Fiebre del Sábado noche"! ─zozobró al esquivar una estocada.

─¡Dos cosas te voy a decir yo a ti de los 70 pija! ─Sumamente ofendida le golpeó el hombro con la madera. La cazadora contraatacó con una serie de patadas apartándola del combate.

─Si, la moda es un horror y tu una hurraca ─gritó en la dirección donde había caído la vampiresa, el punk de la cresta verde aprovechó su bajada de guardia rozando su costado con una barra de hierro.

─¡Oh vamos!... ¿Dos contra uno? ─alzó los hombros brevemente fingiéndose ofendida, en aquel momento el adolecente regordete salió de un rincón oscuro con una gruesa cadena─ ¿Tú también Lestat? ─inquirió con pena fingida─ Dos y medio, ─frunció el ceño─, y armados… más o menos.

El cerco de ojos ávidos de sangre se estrechaba en el último momento saltó y se encaramó a una escalera de incendios, les miró desde arriba con un deje burlón mientras la chica disco lanzaba de nuevo una estocada fallida, el `Gran Lestat´ golpeaba el aire con la cadena y el punk gritaba como un perro rabioso.

─¡Gallina baja! ─le gritó el punk─ ¡Baja si tienes huevos!

─La gran Cazadora no es nada sin su guadaña ─canturreó la disco-girl trepando por la escalera. Se acercó a ella siseando, enseñando los colmillos con un hambre que subía hasta sus ojos. Ella la miró de hito en hito estiró la mano y arrancó una tubería de cuajo.

Con una voltereta saltó al suelo y se cuadró en posición de defensa con la vara metálica en la mano.

─Cock ─graznó. Se acercó al punk en un giro de muñeca le golpeó en el cuello tirándolo al suelo, clavó el extremo de la tubería en el lado derecho de su pecho arrancándole un grito de dolor. Lo empujó al suelo y movió la tubería, en eso la vamp-disco la atacó por la retaguardia, Buffy la esquivó con un giro calculado y clavó más profundamente la vara usándolo como apoyo para patear a la vampiresa. Soltó la tubería y dejó al punk reptando por el asfalto, la chica disco se encontró con una serie de patadas bloqueando todos y cada uno de sus golpes, la última de ellas la empaló contra el poste roto, la cara de fastidio quedó envuelta en cenizas.

Pronto le faltó el aire las manos regordetas de Lestat la estrangulaban con la cadena.

─Mierda… ─casi escupió mientras abría la boca tratando de llenar los pulmones de aire.

─¡No debiste burlarte del gran Lestat! ─gritó en su oído. Apretó la cadena con saña y ella forcejeó mientras su visión se nublaba. "Tanta fanfarronería te va llevar a la tumba" las palabras de Roshi tomaban sustancia─ Todos van a alucinar cuando les lleve la guadaña. Seré el Gran Lestat, el mata-cazadoras… No, mata-cazadoras no, el ` El Gran Lestat el Matador´ ese sí que es un nombre con clase… ¿No crees?

La verborrea del adolescente se fundió con las palabras del anciano sensei en un ruido ensordecedor, el aire entraba con gran dificultad, dolía, quemaba dentro de su pecho agitado, las sombras del callejón se tornaron más oscuras, apretó los dientes agarró la cadena y tiró de ella con todas su fuerzas y saltó, saltó hacia arriba y hacia atrás, en el giro la distancia entre la cadena y el cuello creció hasta separarse de su piel marcada.

Lo siguiente que vio `el Matador de cazadoras´ fue una punta de madera asomar traspasando el lado izquierdo de su pecho.

─Mentirosa…─murmuró viendo que era la punta de la guadaña lo que le traspasaba el pecho─ Iba…iba a ser `el Mata…dor…´ ─musitó mientras los bordes del boquete abierto brillaban como brasas crecían hasta engullirlo en una nube de cenizas.

─Hoy no ─carraspeó con la voz rasposa, ronca distinta a la estridente que esgrimía.

El punk había dejado un rastro de sangre oscura y espesa que serpenteaba unos pasos, se daba por salvado hasta que topó con algo unas botas, alzó la cabeza y vio a un gigante, parecía un oso-demonio de los bosques. Agachó la cabeza e hizo un patético amago de huir. El gigante de la melena revuelta le miró con una mueca a medio camino entre el asco y la indiferencia.

─¿Qué disfrutando del espectáculo? ─inquirió la cazadora al gigante frotándose el cuello─. Lo sabía en el fondo no eres más que un mirón. ¿Qué te pasa? ¿Echas de menos a tus amiguitas chupasangre?

─Deja de perder el tiempo ─exigió mirándola una cara distinta en su repertorio de siempre. Y tenía varias de caras todas muy expresivas, cara de póker, cara de bastardo arrogante...¡Ah y la cara de cínico!

Y por último la no menos utilizada mueca de desprecio.

─Salúdalas de su parte ─Le dijo al punk antes de descargar un último golpe con los ojos claros clavados en el rostro del saiyajin. Retiró el hacha y paso la mano por la estaca en la que terminaba y sacudió las cenizas.

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Nappa miró los dardos clavados en el suelo posó la vista después sobre la mujer de pelo raro, parecía muy satisfecha. La había visto apuntar y disparar a matar sin ningún remilgo. No había errado un tiro, no pudo evitar elevar el ceño con cierta sorpresa, viéndose descubierto volvió a bajarlo y rotó con brusquedad la cabeza hacia la oscuridad justo donde su indicador le señalaba que estaba su compañero.

─Lo echaba de menos ─afirmó ella mirándolo con una expresión sádica.

─¿Matar? ─Nappa volvió a mirarla.

─¿Qué si no? Es una emoción primaria, bastante básica para mi gusto… ─él parpadeó mirándola fijamente, claramente la demonio podía ver bajo sus rasgos pétreos una creciente confusión. Las tenían por débiles, era consciente de eso y de su conveniencia pero ella no era débil ella era una veterana de la venganza con un milenio de experiencia en sus manos pensó con añoranza y prosiguió─. Vosotros matáis… está bien ─añadió con aire condescendiente─ algo simple, rápido y con fin. No digo que sea insuficiente, solo que es corto y a mí me gusta alargarlo ¿Sabes? ─Por un momento juró que la cara del saiyajin en creciente confusión se teñía de rojo─ Yo también trabajaba en algo parecido, relacionado con el dolor pero con más arte, algo… más refinado. ¿Me entiendes?

─¿Tu? ─Inquirió con el cejo desfruncido y los ojos abiertos por la incredulidad.

─Durante más de un milenio he sido la inspiración, la matrona de las despechadas, el azote de los infieles. ─Nappa seguía mirándola perplejo, de repente aquella mujercilla diminuta se hinchaba como un pez globo pavoneándose ante él de su carrera asesina y alardeando de una longevidad imposible en su raza. No pudo evitar que una sonrisa cruel se torciera bajo su bigote, ella lo acompaño con una sardónica─ Mentirosa ─dijo él, sin darse cuenta inclinó ligeramente la cabeza, ella irguió un poco más el fino cuello alzando el mentón con suficiencia tan estirada como una cobra a punto de morder.

Él estalló en una carcajada grave secundada por la risilla aguda de la mujer.

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Cuando llegaron Buffy por suelo y Raditz volando se encontraron con el saiyajin apoyado contra la pared, ligeramente doblado mirando a Anyanka, la ex demonio vengadora parloteaba gesticulando sin parar y el saiyajin no le quitaba ojo de encima.

─...Y entonces hice su deseo realidad, pero lo mejoré claro… ya sabes deformación profesional, ─hablaba jovial con confianza cruda, esa que solo alguien tan terriblemente franca como ella podía emplear sin pestañear─, D´Hoffryn decía que en la humanidad solo hay dos cosas ilimitadas la estupidez de los hombres y crueldad de una mujer despechada. Nunca subestimes a una mujer dolida. ─Su tono se tornó tan oscuro como su mirada─ ¿Por dónde iba? ─Volvió su tono jovial─ ¡Ah sí! A su ex novia siempre le había repateado que el muy cerdo se mordiera las uñas… Así que le condené a devorarse a sí mismo ─rompió a reírse recordando los buenos momentos─ ¿A que no sabes por dónde empezó? ─su voz se volvió ronca y la mirada densa, el saiyajin la miraba absorto sin entender el doble sentido─. Gritó y lloró hasta perder el aliento, lo vomitó todo y volvió a empezar…

─Una charla muy instructiva Anya ─interrumpió la otra mujer con un claro gesto de asco. Nappa al oírla se irguió, aumentando la distancia entre ambos, Raditz vio la expresión del élite y torció la sonrisa, este lo encaró con el ceño más fruncido y las marcadas facciones ligeramente rojas.

─Volvamos ─ordenó el gigante.

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Sentada frente al televisor apagado sabía, porque lo sabía, que el petulante mono alienígena estaba taladrándola con su fea y fruncida mirada. Le daba exactamente igual, pasó con enfado una hoja más haciendo un ruidillo que "su alteza" debió de entender molesto. "Peor para él".

Sin prensa, sin programas, sin moda… sin vida social. Era todo de un aburrimiento mortal. De alguna manera retorcida la llegada de los saiyajines, a parte de ponerla de los nervios ya que si en algún momento de su vida le hubieran dicho que acabaría harta y bien harta de un grupo de hombres físicamente tan atractivos y objetivamente lo eran tanto como exasperantes probablemente le habría soltado una impertinencia y una carcajada a quien fuera. Pero debía de admitir que de alguna manera muy retorcida las provocaciones y pequeñas rebeldías contra la figura de su "Príncipe" se habían convertido en una especie de extraño juego. Sabía, porque estaba convencida de ello, que el ególatra y pequeño guerrero era consciente de él tira y afloja que ella particularmente había entablado y en ocasiones juraría que casi partícipe. Esa curiosa partida de provocar al menudo dirigente era lo único entretenido que hacer dentro de la Corporación Capsula, claro que debía mantener la compostura por el bien común y no pasarse de los límites, invisibles pero reales que marcaban su zona de seguridad. Siempre le quedaba leer prensa antigua, en algún momento se había convertido en "algo para matar el rato" (y reírse de las ropas de los figurantes), se había convertido en algo parecido a un programa de moda, en versión parodia.

─Las cosas que hago por aburrimiento ─soltó en voz alta. Estaba ojeando una revista de sociedad, era un número especial en él se hacía un desglose del panorama mundial tan vasto que abarcaba desde pases del entonces último diseñador de moda, un tal Ise-Misa-Ke extravagante y demasiado colorista para su gusto, que le provocó risas y añoranza, paso página y se concentró en una entrevista a doble página con el rey del mundo hablando de sus proyectos, por supuesto vestido por el afamado Ise-Misa-Ke y era más de lo mismo, volvió a pasar las páginas descuidadamente buscando el apartado de los deportistas más destacados del panorama mundial.

El príncipe de los saiyajines levantó el mentón y la miró con desdén, satisfecha por molestarlo se puso a taconear con brío y a pasar las hojas con rabia.

La revista desapareció arrancada de entre sus manos, solo quedo presa en sus dedos una fotografía de Yamcha promocionando un perfume.

─¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡¿Es que no te han enseñado modales?! ─bufó encarándolo, la acción era acción y la Briefs estaba tan sumamente aburrida que se aferraba a cualquier estímulo. Aunque fuera uno provocado por el estúpido pretencioso y maleducado alienígena─. Si lo quieres comida ya sabes que no hay nada que comer así que vas a tener que… ─escupió la lengua de la peli azul y habría seguido desgañitándose pero con una frase bastó para que su lengua se paralizará.

─¿Qué hace aquí un namek? ─inquirió cortante con el ceño ligeramente desfruncido por la sorpresa y la voz áspera.

La mujer se levantó y se puso a su lado, ignorando todo respeto se situó a su lado tan cerca que podía tocarla estirando los dedos.

─¿Qué es un "namek"? ─inquirió todavía enfadada, estiró el blanco cuello por encima de su hombro de puntillas tratando de tener una vista de la rareza que le había llamado la atención, la sintió estremecerse a su espalda. Sonrió con cinismo.

Se había quedado justo por la página de deportes allí aparecían las fichas de los participantes en el Torneo Mundial de las artes marciales.

─¿Le conoces? ─Se maldijo por un descuido tan sumamente tonto y volvió a preguntar.

─Su planeta cuando aún valía algo estaba en la lista de planetas a purgar, ─contestó con desdén, recordarle que se dedicaban a sembrar destrucción siempre era placentero─ el cambio climático se nos adelantó.

─¿Él era…? ─La mente de Bulma iba a mil por hora enmudeció, por un momento sus ojos azules mostraron un cierto temor. Sonrió de medio lado.

─¿Por qué crees que el namek ganó ese patético torneo de débiles? ─apostilló con sorna, sin rehuir la proximidad del espacio que aquella mujer había ocupado con total atrevimiento.

─¡No! ─replicó irrespetuosa para continuar movida por la necesidad─. … ¿Era él último...? ─preguntó decidida con un deje nervioso mordiéndose el labio inferior.

─El planeta no fue purgado, quedaron supervivientes… Cuando terminemos aquí quizás vayamos a matar a unos cuantos. ─Se vanaglorió enumerando una lista con algunos de los planetas purgados y pudo notar como la hembra se estremecía por un momento a pesar de ello permanecía allí plantada casi rozándolo desafiando a toda razón. Sin duda la extravagante mujer comenzaba a entender con quién estaba tratando…

"Piccolo… ¡No era humano!" se estremeció y su boca carnosa se entreabrió "No era el último" "¡Pueden haber más bolas de dragón!" se corrigió "¡Deben haber!".

La mano que tapaba su boca entreabierta se cerró en un puño, a la mujer se le iluminó la cara, recobró de golpe la seguridad que la caracterizaba y dejó de estar a su lado para adoptar su particular posición de defensa, la que adoptaba siempre que pretendía dejar claro que era un elemento a ser tenido en cuenta, se plantó frente a él erguida con las manos apoyadas en las caderas y la mirada desafiante.

─¡Goku le pateó su verde trasero! ¡Él siempre gana! ─dicho esto se fue con el mentón levantado, dejándolo solo en la sala.

─Kakarotto, es una vergüenza para mi raza de saiyajin no tienen ni la cola, no se merece ni que me digne a matarlo en persona… ─contraatacó con su maldita sonrisa torcida, el muy bastardo disfrutaba de cada palabra. Bulma tomó aire, lo necesitaba para enfriar sus ideas y no gritarle todo lo que pensaba, mandarlo todo al carajo y poner en peligro a lo que quedaba de humanidad.

Su alteza… ─siseó su mirada destilaba tanta arrogancia como frío sus palabras─. he sobrevivido al Apocalipsis, visto como nos han rastreado, cazado, destripado y masacrado. Vas a necesitar ` algo más´ que una lista de planetas pasados a sangre y fuego para impresionarme. ─Acto seguido le miró con superioridad y sin dejarle hablar se volteó y abandonó la habitación estirando tanto el cuello que por un momento se vio a si mismo aplastándola contra la pared y apretándolo hasta partírselo.

Su paso en un principio calmado tras cruzar el umbral fue convirtiéndose en zancadas furiosas, recorrió el largo pasillo sin llegar a correr, "Una dama no debe correr", lo que una señorita o una dama no debía hacer formaba parte de esos anticuados y a su modo de ver tontos consejos que su madre se empeñó en inculcarle, y los añoraba seguro que ella habría hecho explotar al saiyajin con una sonrisa cortes de oreja a oreja y una bandeja de pastelillos. Toda la vida había hecho lo que se le antojaba pero en ese momento era consciente de que había hecho una salida digna del enfrentamiento con el enano megalómano, y que salir corriendo como una histérica sería una muestra de debilidad y por tanto un gusto, que aunque se le fuera la vida en ello no iba a darle.

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Tan ofuscada iba que se cruzó y chocó con la Gatxan, la número uno o la dos que más daba para ella eran clónes, detrás andaba Tarble con Arare pegada a los talones. La niña robot se paró a saludarla.

─¡Oio hola Bulma! ─la peli azul siguió a los angelitos come metales revoloteando justo en frente de su campo visual, saludó con un breve hola e hizo ademán de continuar con el gesto hosco cuando captó algo que la hizo volver la cabeza.

─¿Y habéis venido volando desde Vegeta-sei? ─inquirió curiosa por enésima vez pegada a sus talones como una cría inquieta, de no haberla visto desnuda, desmembrada, con las entrañas electrónicas con los cables conectados y a la científica reparando circuitos dañados juraría por el Dios Saiyajin y por el Legendario que era una niña de carne y hueso.

─Los saiyajines no podemos respirar en el espacio vinimos en una nave espacial. ─respondió frotándose las sienes pensando en lo cansina que resultaba con sus preguntas cuando se ponía pesada con un tema.

─¿Está Vegeta-sei muy lejos? ¿Os cansabais? ─Se plantó delante de él con el pelo púrpura revuelto y enmarañado en las orejas de gato que adornaban su cabeza.

─No ─contestó con el tono cansado.

─¿Por qué? ─pregunto desde los lentes parpadeando perpleja.

─Por qué los saiyajines no podemos respirar en el espacio. ─respondió cansado del bombardeo.

─Claro Arare, ellos en su nave espacial tienen un mapa de todo el universo. ─Paró de golpe y fingió prestarle ayuda al único saiyajin educado que conocía, deslió un mechón artificial de la oreja de gato y enderezó la diadema─. Así saben exactamente donde tienen que ir. ¿Verdad Tarble? ─añadió con la voz más melosa que pudo articular.

─¿Me llevaras a la nave? ¡Quiero ir! ─insistió pedigüeña apretando los puños de acero y rogando─. Porfa, porfa, porfa…

La peli azul profirió una risa y la secundó.

Tarble miró al techó y se cruzó de brazos─ Esta bien te llevaré… ─concedió─ pero solo si te portas bien ─terminó con voz severa y un gesto que divagaba entre la seriedad que en su cargo debía mostrar y el cansancio que la pequeña robot le provocaba.

─¡Si! ─gritó correteando con las Gatxans revoloteando a su alrededor, imitando sus gestos y gritos.

─He dicho "bien". ─remarcó con más confianza endureció el ceño e hizo un gesto con la mano enguantada ordenándolas que pararan de corretear.

La niña y los angelitos pararon y lo imitaron perplejas, al hijo menor del Rey se le escurrió una gota de sudor por la frente. ¿Tan poca autoridad inspiraba?

─Arare todavía llevas las gafas puestas ¿es que no ves bien todavía?

─Me gusta más así ─exclamó la niña robot encogiéndose de hombros, se echó a reír con una mano detrás de la nuca. En algunos gestos no se podía negar que le recordaba a Goku de niño. Por un momento a la científica le dio pena, un robot eternamente niña atrapada en los 10 años por siempre.

Tarble siguió avanzando y su comitiva real tras él, Bulma les guiño un ojo y siguió hasta su habitación. Cerró la puerta y respiró hondo.

Ahora por fin sabía lo que tenía que hacer.

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Cosa curiosa desde la llegada de los saiyajines de forma paulatina el jardín de la corporación había pasado de ser una balsa de silencio a un hervidero de graznidos, gruñidos y trinos, una algarabía animal que había ido acrecentándose día a día desde la noche en que los monos espaciales marcaron su territorio masacrando a aquel grupo de vampiros. Los chupa-sangre desde ese día se lo pensaban y mucho antes de "cruzar la línea". De alguna manera los animales se sentían seguros allí, sabían que allí era menos probable que terminaran entre las fauces de los vampiros otro predador más peligroso lo había marcado como su territorio y eso ellos instintivamente lo sabían, la científica se rio para sus adentros más de una de esas criaturas había terminado como "aperitivo" de los saiyajines, pero los animales debían de considerar, si es que eran capaces de tal cosa, que el riesgo allí era menor.

Bulma sonrió, le recordaba de alguna manera a como era su jardín antes, rebosante de vida, por supuesto no era como antes pero aquella sensación antinatural de vacío había sido paliada con los pequeños animales y mientras no se comieran la cosecha no había nada que temer, habían probado con espantapájaros e incluso con servo-bots, pero los animalillos no tenían ningún problema con ellos, entraban comían y picoteaban todo, a lo único que temían era a la oscuridad en cuanto cambiaba la luz buscaban refugio en los altos árboles y entre los arbustos y tan solo se escuchaban los grillos. A lo único que habían demostrado miedo, era a los saiyajines y a los humanos, por ello siempre había alguien en el jardín, no tenía por qué estar trabajando pero convenía que hubiera alguien, aunque fuera tomando el sol permaneciera allí de esa forma los animales se mantenían a raya.

─Anya, es tu turno ─ordenó la peli azul y dio un sorbo de café, la ex vengadora se hizo la remolona y dio un bocado más a su tostada─. Deja de pensar en lo que quiera que estés pensando y ve a hacer tu guardia.

─¿Es que no puede ir otra? ─se quejó.

─Buffy está a punto de acostarse, Chichi está ayudando a Lunch con los almuerzos y yo tengo que dirigir todo esto y tratar con los saiyajines…

─Puedo hacer otras cosas más útiles. ─La mirada de Anyanka se agrandó.

─Y lo más útil que puedes hacer ahora es evitar que los animalillos se coman la huerta. ─El ceño de la peli azul se frunció y su tono de voz se elevó paulatinamente─. Así que sal ahí fuera y asústalos.

Anyanka se dio media vuelta murmurando palabras en un idioma desconocido que la científica no conocía.

─¡Deja de hablar en lenguaje demoníaco! ─gritó en jarras─ ¡No te va a funcionar!

La mujer caminó hasta el jardín y se sentó a la sombra, había nacido y pasado sus primeros años como mortal en el gran norte, donde el invierno era hielo y el verano un rayo de sol.

Cuando todavía era humana le gustaba el sol cuando el verano, fresco y breve, se asomaba como un respiro entre las nevadas de la primavera, el otoño, y el gélido invierno. Cuando el hielo cubría todo cuanto se extendía ante sus ojos salvo el pequeño grupo de casas y establos donde vivía con él. Su casa estaba algo más apartada del resto, nunca se llevó bien con la gente del pueblo.

Ni les gustaba su aspecto pelo y ojos oscuros heredados de algún antepasado que viajo demasiado al sur, ni su manera de ser. Toda la irritante franqueza de Anyanka era dinamita en una comunidad tan pequeña y aislada. Vivían juntos y eran felices, más o menos. Ella cuidaba de los animales y él viajando y saqueando por el mundo.

"Olaf"

Un gigante de pecho amplio y brazos musculosos, manejando su enorme martillo era temible, su poblada cabellera y barba rojas se sacudían con sus carcajadas y con sus accesos de ira. Ella no había sufrido jamás alguno de ellos pero él sí que había sufrido la suya.

Todavía lo hacía.

Era una hija del norte o lo fue la mujer que era antes, una humana sin apenas poder alguno, salvo conocimientos sobre magia negra y pociones, una principiante que para conseguir agua tenía que calentar la nieve hasta fundirla y cuando helaba guardaba a los animales a resguardo. Aquello sí era un trabajo duro, una vida dura, pensó para sí, el cambio de trabajo y de vida fue brutal la vida como demonio vengador, unos 1200 años ejerciendo el poder del deseo y aplastando a los novios-maridos infieles de millares de formas distintas… ¿podrían haberla acomodado?

Después de barajar tantos siglos de recuerdos le dolía la cabeza, se tumbó a descansar a la sombra, la brisa a aquella hora del día era tibia y cálida decidió que no sería mala idea relajarse un rato, dejó las zanahorias en el suelo no iban a moverse de allí.

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Oyó un desagradable sonido, desagradable y familiar, abrió un ojo y parpadeó, solo era una pesadilla. Algo peludo rozó su muslo y sintió un peso sobre su regazo, su respiración se aceleró y abrió los ojos, lo vio, estaba allí enorme sobre ella, mirándola con esa expresión oscura.

Gritó, gritó tan alto como sus pulmones podían dar de sí, gritó una y otra vez, saltó de la tumbona y se cayó, Anya se sacudía entre espasmos e hipos no quería tener ningún contacto con semejante ser.

¡La había mordido mientras estaba con la guardia baja!

Se levantó la ropa buscando mordeduras mientas se frotaba los brazos bruscamente, dejando la piel enrojecida a su paso. El animal estaba a sus pies mirándola con ojos rojizos y siniestros, meneaba el hocico royendo algo entre sus patas delanteras. El ruido de sus dientes royendo le daba grima, le arañaba los tímpanos.

Rac-rac

Rac-rac

El sonido se convirtió en coro, espantada miró alrededor con el rostro desencajado. Se llevó la mano a la boca y comprimió un chillido, si notaban su terror estaba perdida.

─¡Demonios! ─susurró tan bajo que parecía faltarle el aire.

Estaba rodeada, allá donde mirara habían más de ellos, mirándola royendo las zanahorias del huerto, decenas, de ellos enormes peludos con esas… esas orejas alargadas que parecían escucharlo moviendo sus narices rosadas tras ellas se escondían filosos incisivos. Sin saber que hacer se subió sobre la tumbona en la que se había dormido

─Estoy perdida…─Bien sabía ella que escondían dientes filosos tras sus naricillas sonrosadas.

¡Eran ellos, estaba rodeada de conejos!

Criaturas malignas salidas de la peor de sus pesadillas, se acercaban dando brincos y se sentaban sobre sus patas traseras mirándola con ojos perversos algunos se agrupaban por parejas casi los podía oír cuchicheando.

─Mírala ─Le decía uno manchado con motas negras y pardas a otro blanco de ojos rojizos y mirada aterradora─ seguro que está más jugosa que estas carlotas naranjas y secas. ¡Estoy harto de ellas! ¡Harto!

El albino parecía asentir y la miraba con aquella mirada perversa, sangrienta.

─Afila bien los dientes, nos daremos un banquete ─Parecía contestarle.

Maldijo en voz alta nadie iba a salvarla de ellos, maldijo nuevamente por no tener el poder de antes, maldijo por haberse dormido. Pero ella era una demonio de más de 1200 años de experiencia no iba a darse por vencida tarde o temprano se le ocurriría algo, Se subió a la tumbona, allí en alto era más difícil que la alcanzaran, porque en cuanto se le ocurriera uno solo ya podían correr esos malditos lagomorfos…

Solo que por mucho que pensara no se le ocurría ni un solo hechizo.

─¿Y ahora que? ¿Eh? ─Preguntó alzando la cabeza.

Entonces empezaron a avanzar hacia su refugio, a cada saltó se crispaba más y más. El sudor la empapaba, uno gordo, el atrevido que la había mordido antes saltó invadiendo su refugio y avanzó, hacia ella, Anya dio un paso hacia atrás y perdió el equilibrio, cayendo hacía atrás sobre las zanahorias que antes había recolectado y sobre ellos que las estaban royendo.

Gritó con todas sus fuerzas hasta que el aire abandonó sus pulmones, mientras su corazón bombeaba tan rápido que estaba a punto de explotar, los conejos se subían sobre ella, trepaban, trató de arañarse y sacárselos de encima.

No tenía escapatoria.

De repente solo sintió calor y olor a carne y pelo quemado, los monstruos peludos salieron huyendo como alma que lleva el diablo, se levantó aturdida y temblorosa.

─¿Nappa? ─murmuró aturdida levantándose del suelo. El saiyajin calvo fulminó a todos los conejos con una ráfaga de ki. ¡La estaba protegiendo de ellos!

Ella no podía apartar la vista del heroico saiyajin, era tan alto, tan grande, tan… imponente…─ ¡Mátalos! ¡Mátalos a todos! ─gritó con la voz ronca de tanto chillar. El coloso seguía disparando a los blanco móviles, no importaba donde se metieran, él no iba a dejar a uno solo con vida. No sabría decir cuánto duró si uno o dos minutos, embobada como estaba se cayó sentada sobre su trasero cuando el guerrero le arrojó los cadáveres de los conejos sobre ella.

─Cocínalos mujer tengo hambre ─dijo con voz grave, ella lo miró entre espantada y admirada por el gesto.

¡Él la había protegido, la había salvado de sus enemigos y le ofrecía sus cadáveres!

─Es lo más… ─sollozó─. Que nadie haya hecho… ─sollozó de nuevo y en un impulso, no le importó mucho el deplorable estado en el que se encontraba, ni lo desajustada que llevara la ropa.

La demonio vengadora soltó los cadáveres y saltó sobre él.

Nappa se quedó rojo, colorado hasta la coronilla. No era normal que las mujeres saltaran sobre él, más bien al contrario.

Esa mañana cuando el hambre hizo mella en su estómago decidió que buscaría a la hembra del pelo raro, lo tenía bien planeado comería por su lado, la comida de aquel planeta era dañina y la única que no le destrozaba el estómago y los intestinos era la de esa mujer de pelo raro.

Se desvincularía del turno de almuerzos. ¡Al fin y al cabo era un élite!

Al sentir la punzada del hambre paró y fue a por lo suyo, cuando la oyó gritar hasta desgañitarse se desvió del camino, ya iba a buscarla de todos modos un ligero cambio no importaba. En tanto la vio retorciéndose en el suelo dando manotazos al aire cubierta por bolas peludas de rica carne.

No pudo evitar sentir una punzada de hambre y de algo más, cazó a su comida mientras ella saltaba vitoreándolo y ese impulso caliente le quemaba la entrepierna.

Matar algo siempre era placentero pero ese calor tan concentrado… eso dolía con violencia y chocaba contra el protector de su armadura, dioses dolía de verdad por todos los años de retraso obligado y crecía bajo su armadura cada vez que la hembra de pelo raro se le abrazaba con efusión llenándolo de su olor.

La enorme mano se apoyó en su cabeza tocando el pelo bicolor, dudando entre apretarla hasta desmenuzarla contra él o soltarla.

La mujer era tan corta en estatura como larga en atrevimiento, su cabeza estaba pegada a su estómago como una lapa y la mano del guerrero tiró del cabello separándola, los ojos oscuros y brillantes se le clavaron mientras un `gracias´ inédito se escapó de su boca.

Anyanka lo miró, el miraba hacia abajo directo a su desacomodado escote comprimido contra su coraza. Con un gesto brusco terminó de separarla. Ella se quedó turbada, conocía todos y cada uno de los matices de los hombres, gajes del oficio, se había pasado más de mil años estudiándolos podía predecir cuándo una relación estaba rota, cuando carecía de futuro y cuando un macho sobrecalentado iba a ser infiel.

Cuando le tocaba acudir a los llantos de despecho, satisfacer y retorcer hasta lo impensable los deseos de venganza.

A su modo de ver el impenetrable saiyajin estaba mirándole los pechos con deseo, parecía querer devorarla.

¿O serían los conejos y sus ojos solo tenían gula?

Anya se acercó de nuevo y el saiyajin pasó del rubor al rojo opaco, estaba sudando.

─Raro. ─ella abrió los ojos con extrañeza aquello la pillaba totalmente con la guardia baja─ Tu pelo amarillo es raro ─dijo al separarla por completo.

Anya se quedó confusa, molesta, sola y rodeada de conejos muertos.

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Los días siguientes la ex vengadora lo seguía por doquier, acosándolo con preguntas estúpidas que él nunca contestaba. Anya comenzaba a preocuparse y su campaña de asalto al saiyajin había comenzado a hacerse evidente incluso para él.

El gigante calvo negaba para sí. ¡No había manera de sacársela de encima! Turles lo miraba con sorna y bromeaba al respecto y Raditz le reía las gracias a su tío. Incluso Bardock había comenzado a sospechar algo. Pero la chispa final saltó en la ocasión en un entrenamiento tres bandas, los mocosos de Bardock contra él.

Tras mucho insistir, dudaba que el hijo menor de Bardock pudiera resultar interesante en un combate pero le habían insistido y la mujer rara andaba por allí, tenía que quitársela de encima como fuera.

Se fue con los dos jóvenes a demostrarles que los viejos guerreros nunca pierden.

Y así fue, durante un par de rondas comprobó dos cosas, que el poder de Raditz se había duplicado desde que llegó a ese planeta y que Kakarotto pese a ser más débil e inexperto y tonto, a la hora de combatir se dejaba buena parte de la tontería fuera del campo de batalla y disfrutaba golpeando y recibiendo como todo un saiyajin.

Ambos hermanos parecían compenetrarse bien y lo cierto era que estaba disfrutando de poner a los dos jóvenes en su sitio.

En la pausa para comer vio al de la melena cuchichearle algo al menor este asentía algo confuso y lo miraba con extrañeza. Raditz gesticulaba algo tratando seguramente de meterle en esa cabeza dura una nueva estrategia, la mirada del saiyajin terrestre se agrandó y Raditz se secó el sudor que le caía por la frente mirándolo de reojo.

El joven sacudió la cabeza dándole a entender a su hermano mayor que ya había comprendido la estrategia. En el fondo le daba igual lo que tramaran el par de mocosos contra todos sus años de experiencia no tenían nada que hacer, pero sería entretenido.

Minutos después estaba intercambiando golpes con los saiyajines menores, acababa de tirar al mocoso mayor de Bardock contra el suelo de una patada cuando el imbécil de Kakarotto con el que intercambiaba una serie de puñetazos se le acercó demasiado y le preguntó.

─¿Has visto? ─dijo esquivando un gancho directo a su mandíbula─. Allí está tu novia Anyanka.

La mirada de Nappa, después de atestarle un gancho en el plexo solar, se desvió hasta el punto que él le señalaba. Allí abajo a lo lejos estaba la mujer rara con el pelo corto y oscuro. Casi parecía una saiyajin.

La distracción le duró la fracción de segundo necesaria para que el otro se posicionara unos metros sobre él con la mano levantada.

─¡Destrozo del sábado! ─gritó lanzándole una bola de energía, onda de energía que se unió a un Kame-hame disparado desde cerca por el menor.

Nappa quedó atrapado por los dos ataques y su fuerza fue tal que su coraza desapareció, el viejo guerrero se giró furioso, con la musculatura inflada y las venas marcadas sobre su torso desnudo, rugió, abrió la boca y la utilizó como cañón para atacarles con un gran rayo de energía. Los más jóvenes quedaron heridos, boqueando tirados sobre el suelo.

─Probad cuando salgáis de la cámara regeneración ─les dijo con sorna.

Al aterrizar a su lado el calvo les miró, la coraza de Raditz estaba seriamente dañada y el aspecto de Kakarotto era lamentable. Siguió con su camino a zancadas, la mujer se le pegó tratando de alcanzarlo trotando a su lado. Nappa se giró y le gritó.

─¡¿Es que nunca te rindes?!

─¡Nunca! ─gritó a su espalda.

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─Ra- Raditz ─ murmuró Kakarotto─ c-casi le ganamos.

─La pro-xima vez lo machacaremos ─escupió un coagulo de sangre y se levantó dolorido─ arriba Kakarotto.─ "Al final va a resultar útil tener un hermano"

Goku se levantó con el brazo partido, la pierna de Raditz trastabilló y cayó Kakarotto le sujetó con el brazo sano.

─¡No necesito tu ayuda! ─se quejó soltándose con un movimiento exagerado, tanto que estuvo a punto de caer, Kakarotto con su cara de tonto le sujetó.

─Al final vas a ser útil ─se mofó el mayor─. Esta vez casi le ganamos ─añadió serio.

─Lo haremos ─aseguró el joven con el ceño fruncido─, sé que lo haremos.

Los dos renqueando se encaminaron a la cámara de regeneración.

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Se había duchado y comido algo del conejo que la mujer le había dejado en la cocina, no hacía más que llevarle platos y platos de esa carne escasa, blanca y sabrosa, estaba tumbado sobre su cama. En un cuarto para él solo, un hombre de su tamaño necesitaba su espacio, lo había reclamado y la mujer de pelo azul había sido más razonable de lo que imaginaba, no era un cuarto pequeño pero la cama ocupaba casi la mitad de la superficie. Era un placer tener ese espacio para estirarse sobre la cama y destensar los músculos, pero lo mejor sin duda era tener una ducha propia, en la travesía había compartido demasiado su territorio todo eran turnos y nada de privacidad. Ahora que tenía unas habitaciones para él solo era cuando recordaba la importancia de tener su propio territorio.

Su espacio.

Las heridas no eran graves solo magulladuras, pero por un momento, por un simple momento los mocosos habían tenido la oportunidad de ganarlo.

Por culpa de esa mujer.

El celo que sentía era una distracción, era una debilidad, cerró los ojos y puso la mente en blanco.

Un saiyajin no podía permitirse tener sensaciones, ni debilidades.

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─Bendito sol… ─Dejó escapar en voz alta visualizando el triunfo de la luz. Era su momento favorito del día, dio un trago más al cacao, miró de soslayo esperando a que su helado con trocitos se ablandara un poco más antes de clavarle la cuchara y devorarlo.

Las cámaras frigoríficas y la despensa de la Corporación estaban temporalmente llenas. Los gorilas espaciales ya habían engullido y ella seguía sin poder dormir. Se había duchado, cambiado por ropa cómoda e intentado relajarse durante un rato demasiado largo, contado ovejitas sin poder llegar a descansar realmente, "Cosas del trabajo" ─Pensó─ "¿Tan difícil es cazar, llenarte de adrenalina, correr, sentirte viva y después caer como un tronco? ¿Sería mucho pedir?" ─recordó como los saiyajines no parecían tener ese problema. Ellos no se despertaban llenos de adrenalina en mitad de la noche con los músculos tensos y las piernas inquietas, necesitando salir a patrullar como ella. Salían mataban, purgaban, comían como cerdos y cuando necesitaban dormir dormían sin problemas ─ "Jodidos monos". No es que se hincharan a dormir, bueno Goku sí que tenía un sueño pesado, pero Goku era un punto a parte. Conseguía desquiciar al más pintado con tanta inocencia, no entendía en que podía parecerse a ellos más allá de lo evidente, eran, su padre, tío y hermano, estúpido osito, pero estos a diferencia de pelo pincho matarían por un caramelo y por menos lo habrían incinerado a él en otras circunstancias. Matar, pelear… lo disfrutaban lo vio en sus caras la primera noche cuando sin la protección del escudo los vampiros atacaron la corporación.

Una parte de su cabeza no procesaba como pese a compartir tanto entrenamiento no se le pegaba un poco del pragmatismo de estos, o como ellos mismos no se lo metían en la cabeza a golpes. Esa era una de las cosas que lo enervaban de él pese a todo lo ocurrido no parecía dentro de la realidad.

Incapaz de matar. Tan distinto a ellos. A ella misma.

Pero allí estaba mirando al sol naciente, bien despierta, pensando en estúpidos monos alienígenas y ante el jodido insomnio permanecía sentada frente a la ventana intentando disfrutar del amanecer. Cerró los ojos bajo la calidez del sol y se imaginó como las luces del alba limpiaban la superficie de la tierra, visualizó a la luz penetrando por cada grieta, cada recoveco y llegando hasta las entrañas oscuras, irradiándolas de claridad. Esa luz eliminaba a todos y cada uno de los chupasangres que se encontraba. Frunció el ceño levemente ese era un estúpido sueño, tan ingenuo como Goku. Las luces del alba alcanzaban a los vampiros más rezagados y limpiaba todo lo que tocaba una pequeña parte del mundo.

Para la segunda eterna "limpieza" la de la noche estaba ella, "la elegida".

La tibieza del ambiente comenzaba a adormilarla, los párpados pesados le nublaban la visión, hizo un esfuerzo para abrirlos, comerse su helado y dormir unas horas hasta la tarde.

Se acomodó sobre sus codos, la cabeza sostenida entre las palmas, solo un par de minutos más relajada y…

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Pom

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Se golpeó la barbilla contra la encimera de granito.

─¡Au! ─Se quejó frotándose la barbilla dolorida─ ¡Vaya manera de despertar!

Entonces escuchó ese soplido seco seguido de una risa maliciosa, jodida, seca y maliciosa, levantó los ojos y allí estaba, apoyado contra la pared comiéndose su helado con las manos.

─¡¿Qué demonios te crees que estás haciendo?! ─bramó, se dirigió furiosa hasta él. El saiyajin melenudo la bloqueó con un brazo mientras con el otro levantaba el cuenco de helado poniéndolo por encima de su cabeza fuera del alcance de la mujer. Continuaba mirándola con aquella expresión cínica y oscura.

─Venga, salta y quítamelo si puedes ─La retó con sarcasmo.

─Eres un cerdo ─siseó, los ojos claros de la cazadora se llenaron de ira, de un manotazo desbloqueó el acceso y comenzó a lanzar puñetazos alternándolos con intentos de recuperar su cuenco. El alienígena, no sabía si por pereza o por soberbia usaba un solo brazo para bloquearla mantenía su cuerpo pegado a la pared, parecía divertido viendo como la cazadora le atacaba infructuosamente.

─Tú eres patética y enana ─La inmovilizó sujetándola del brazo.

─Y tú te crees muy duro pero el día menos pensado…

─El día menos pensado ¿qué? ─inquirió desafiante.

Ella se apoyó en el para tomar impulso y saltar para atestarle una patada al cuenco, el helado semi derretido cayó sobre la oscura cabeza.

Y echó a correr por los pasillos.

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De ese día no iba a pasar, Anyanka se lo había repetido cientos de veces esa noche, si quería guerra la tendría. Ella era una vengadora de primera clase.

─¡Demonios era el jodido Shen Long de las despechadas! ─dijo en voz alta, se arregló el pelo, se estiró el vestido y puso la mano en el pomo─ Si quieres guerra la tendrás.

─¿¡Que haces aquí!? ─inquirió sin poder creerse tan atrevimiento─ ¡Estas en mi territorio!

Ella lo miró sin afectación con un aire de desafío en la mirada, como si él no tuviera ninguna autoridad sobre su territorio cerró la puerta tras de sí, se paró en el centro de la habitación y empezó a hablar tan rápido que él se preguntó cuanto más podría seguir sin pararse a respirar.

─Así la cuestión se resuelve de modo satisfactorio para ambas partes de modo que desarrollaran sus propios intereses y vidas independientes. En resumen creo que es un plan factible. Lo básico del plan es sexo entre adultos te lo he dicho doce veces. Es la clave para borrarte de mi mente, y que tú me borres de la tuya. Ponerte detrás de mí metafóricamente claro, cara a cara es lo mejor para el acto en sí. Me gustas eres gracioso, enorme, tienes un cuerpazo y será gratificante entrelazar nuestros cuerpos sin comprometernos. ¿Entiendes?─Paró para respirar, y aguardó una reacción Nappa estaba vestido solo con los pequeños pantalones de combate y no observaba ninguna reacción en ellos. Eso la inquietaba sobre manera, el saiyajin estaba hierático ante ella, toda esa, esa mole de músculos y ese poder de destrucción que había demostrado ayer estaban bajo ello. Y no se agitaba ni lo más mínimo, ni una fibra. ─ ¡Demonios! ─ bufó recolocándose el pelo, no podía ser más clara, hablaba como una ametralladora, se explicaba con la claridad de un libro y él no reaccionaba ni lo más mínimo. Tal vez su lenguaje era demasiado técnico él era un guerrero y no tenía por qué saber de esas cosas, cambiaría de técnica. Respiró hondo y empezó vacilante─ Estoy atrapada en este cuerpo humano y tengo, tengo sensaciones y…. Sueños y tu estas en ellos desnudo. Sé que me encuentras atractiva ─ continuó alzándose y aproximándose más a Nappa ─ Te he visto mirarme los pechos ─Enarcó una ceja y dio un paso más hacia él, el gigante calvo se quedó petrificado.

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¡Aquella mujer estaba rematadamente loca! Y el totalmente desconcertado, el rey, el Príncipe de Vegeta-sei, su representante, las leyes, la promesa de la libre elección que nunca llegó a cumplirse y quedó aplazada. El ceño se alzó y se frunció con violencia, la sangre huyó de su cerebro y ya no pudo razonar, estaba allí abajo golpeando, clamando por lo suyo, por cumplir su promesa, la palabra del Rey era ley y aquella ley nunca se cumplido.

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─No me rindo nunca ─Desafió dando un paso más con el mentón levantado y los ojos negros, bajó los tirantes del vestido que llevaba, cayó a sus pies como un remolino de seda gris y flores─ Míralos ─ordenó la figura menuda pateando el vestido lejos de ellos─ ¿Es que solo vas a mirar?─ inquirió contrariada─ ¿Eres un cobarde?─ le instigó. Paró por primera vez temerosa y pensó que quizás tanto tiempo vagando por el espacio sin mujer alguna cerca, quizás a él le pasaba como algunos de los vikingos de su tribu, que solo en casos muy desesperados y cuando el instinto apretaba, tomaban al más débil y lo usaban como a una mujer hasta saciarse. Por supuesto Nappa era de los más fuertes y no sería usado jamás así pero… ¿y si sus preferencias habían cambiado?─ ¿No te gustan las…?

Nappa miraba los pechos firmes sin poder apartar los ojos oscuros y opacos de aquel cuerpo débil y menudo. Insolente y estridente como la voz que le ordenaba que la mirara, lo peor de todo es que no podía evitarlo. La boca de la mujer se abría y cerraba desgranando sonidos sin sentido ni concierto que sus oídos captaban pero palabras que su cabeza ya no procesaba.

─¿No te gustan las mujeres…?

Las palabras golpearon su hombría con la fuerza de miles de unidades.

─¡¿Insinúas que soy marica?! ─bramó, la demonio ahogó un gritó mientras él la agarró con la cintura y la arrastró sujetándola por las crestas ilíacas arrastrándola hacía a él, bajo él, delante de 2.15 m 135 kg de músculo y furia que la envistieron contra el suelo de la habitación hasta agrietarlo.

Gritos obscenos, gemidos que vagaban entre el placer y el dolor retumbaron por las paredes, Nappa le tapó la boca y ella le mordió la mano.

Danzaron horas antes de que la puerta se abrió y se encontraron con sus ojos.

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Nota de autor:

Os preguntáis ¿Nappa y Anyanka?

¿Pero que ha pasado? y ¿Cómo puede ser posible?

Jamás he leído un fic en el que Nappa mantenga una relación consentida con nadie, pobrecillo, no se le suele dar esa oportunidad. Se le tilda de sádico, que lo es como todo saiyajin, y de tontorrón, no es el más listo del escuadrón desde luego... Pero ese personaje es el único que mostro pensamientos positivos ante la muerte del saibaman y solo él pensó en resucitar a Raditz al llegar a la tierra.

No es un atractivo como como los demás, ni excesivamente listo, pero valía como guerrero si que debía de tener y por ende algo de inteligencia también (cuando el Rey le encargó el cuidado de su hijo por algo sería), y algo parecido a un código moral o de honor aunque fuera únicamente aplicable a los de su raza si ha demostrado tener.

Por todo ello se merece esa pizca de protagonismo y a Anyanka.

¿Pero y ella como se fijaría en él?

Anyanka, no es una blanca paloma, es una mujer vengativa, y durante más de 1000 años ha sido demonio vengador castigando con crueldad, eficiencia y creatividad a los novios, amantes y esposos infieles. Solo hay que echar un vistazo a Buffy vampireslayer para ver que era tan o más sádica que en saiyajin en su trabajo.

Por otro lado Nappa, si él, es perfecto para ella sobre todo si indagamos en sus relaciones pasadas, el vikingo Olaf (Anyanka es vikinga criada en una tribu guerrera y sin muchas delicadezas) era enorme, no muy listo y fue su amante. Xander, simple y el más grandote del grupo, no es que fuera muy alto pero de los amigos de Buffy era el más grandote.

Bajo mi punto de vista son un crack-pairing totalmente plausible en este universo de locos y debo confesar que me hacía mucha ilusión escribir sobre ellos aunque fuera un poquito.

Si tuviera que nombrar a un actor para interpretar a Nappa sin dudarlo sería Conan Stevens (interpretó entre otros personajes a Gregor Clegane "La montaña que cabalga" en Game of Thrones), encaja casi a la perfección con las características físicas del Saiyan y haría una bonita pareja con Emma Caulfield (la actriz que interpretó a Anyanka).

¿La mercenaria? Launch para los amigos, hoy por fin la rubia más guerrera de Dragon Ball, con permiso de Juuhachigou, se ha asomado a esa historia.

La echaba de menos.

Dorothy Hamill: Buffy Summers es fan de esta patinadora, es canon de hecho era fan suya.

Ha pasado mucho tiempo, muchísimo, desde la última actualización de esta historia. No se si quedara alguien que todavía se acuerde de esta locura.

Gracias de todo corazón a los que la habéis leído, gracias a Kumikoson4, a ChicaDBZ, a Nonaloka y sobretodo a Iluvendure y a Dororo. Especialmente a ambas por apoyarme y regalarme sus maravillosos comentarios.

Es impagable leeros todo un honor.

Gracias también a todos los que han gastado su tiempo leyendo este lio de historia.