CAPÍTULO 6
POR qué algunos días estaban destinados a ser más significativos que otros?, se preguntaba Herms silenciosamente mientras entraba a la casa y se dirigía a la cocina.
La tarde había terminado con una carpeta que no estaba en su sitio y un problema con el ordenador. Y para rematarla en el camino había tenido un problema con un motorista descuidado que no había frenado a tiempo. Su coche había sufrido unos arañazos y la rotura de uno de los faros de atrás. Lo que era una molestia, porque significaba que su Mercedes estaría fuera de circulación el tiempo que el seguro tardase en comprobar los daños sufridos y mientras estuviera en el taller.
Pensó que le apetecía hacer unos cuantos largos en la piscina, y luego cenar en la terraza. La idea le resultaba bastante más atractiva que la de vestirse y arreglarse para asistir a un elegante baile para recaudar fondos para una obra de caridad.
De todos modos el baile era un evento anual para el cual Draco tenía entradas y su falta de ganas no sería razón suficiente para no asistir y para iniciar una pelea.
Aunque la idea de cruzar espadas verbales con Tifanny durante un paté, un entrecot y un mousse de chocolate no le hacía ninguna gracia.
En cualquier momento Draco aparecería en el garaje, vería un faro roto y pediría una explicación.
-Dime, ¿qué ha pasado?
Ella alzó la mirada al oír la voz de Draco y dijo:
-Mucho tráfico, un conductor más atento a su teléfono móvil que a la carretera, el semáforo cambió, yo frené y él no. Nos dimos los nombres y los datos del seguro.
Él se acercó a ella y le tocó el cuello.
-¿Tienes dolor de cabeza?
-No -contestó ella.
Le resultaba gratificante su preocupación, pero el tenerlo tan cerca no la tranquilizaba en absoluto.
-El tráfico estaba imposible.
-¿Quieres que cancelemos el compromiso de esta noche?
Ella lo miró cuidadosamente.
-¿Y si digo que sí?
-Haría una llamada por teléfono y nos quedaríamos en casa.
-¿Así de simple? -alzó una ceja-. No sabía que tuviera tanto poder. ¿No te preocupa que haga un uso equivocado de él?
Draco le tomó la barbilla y examinó la expresión de Herms.
-No es tu estilo.
En ese momento, ella no quiso ahondar más en el tema y dijo:
-¿A qué hora quieres que nos marchemos?
Él la soltó y fue al frigorífico.
-A las siete.
Tenía una hora, parte de la cual pensaba usar en ducharse con calma.
En el dormitorio, se desnudó, fue hasta el cuarto de baño y abrió el agua.
Fue una bendición, pensó ella cuando se metió en la ducha. El jabón la refrescó con su delicada fragancia, y ella alzó las manos para echarse el pelo hacia atrás.
La puerta de cristal se abrió y apareció Draco. Su cuerpo desnudo reactivaba un fuego en su interior. Ella intentó ignorarlo.
-Casi he terminado.
¿Se atrevería él...? No, no era momento. A no ser que estuviera decidido a llegar tarde.
Herms contuvo el aliento al sentirlo moverse detrás de ella. Luego, respiró cuando sintió sus manos en sus hombros. Los dedos firmes de Draco le hicieron masajes. Era relajante, le sentó bien. Tan bien que lo dijo en voz alta.
Echó la cabeza hacia adelante mientras él le seguía haciendo masajes en sus tensos músculos, y ella se relajó. No quería moverse.
Los dedos de Draco no se quedaron quietos.
-Mi padre era un hombre muy poderoso. Yo decidí no competir con él en su territorio.
-Sin embargo estás donde él quiso que estuvieras.
-Jamás hubo dudas de que yo ocuparía su lugar eventualmente.
No, simplemente era una cuestión de cuándo, pensó Herms, y se preguntó si el destino habría jugado algún papel. Porque si Lucius no hubiera muerto Draco habría estado viviendo aún en América. Y su matrimonio no habría tenido lugar.
Ella alzó la cabeza y se apartó de él.
-Debo prepararme -Herms salió del compartimiento de la ducha.
Draco no hizo ningún amago de detenerla.
Le llevó quince minutos secarse y arreglarse el pelo, otros diez minutos maquillarse. Eligió un vestido negro con tirantes en los hombros, y unos guantes negros que agregaban glamour a su aspecto, al igual que las joyas, medias negras y zapatos de tacón de aguja. Unas gotas de su perfume favorito completaban la imagen.
Draco estaba increíblemente atractivo. Llevaba un esmoquin negro y una camisa blanca.
Herms lo miró y sintió que su pulso se aceleraba.
Sintió un calor en el estómago que se extendió a todo su interior.
Hacía una hora había estado desnuda al lado de su marido en la ducha, sin embargo se sentía más vulnerable en ese momento, en el que ambos estaban totalmente vestidos.
Sonrió intentando ahuyentar aquella sensación.
-¿Qué opinas? -le preguntó ella con una sonrisa malévola.
Él la miró sus ojos grises.
Tal vez tendría que haberse dejado el pelo suelto, pensó Herms, en lugar de habérselo recogido en un moño.
-Increíble. Deslumbrante -le dijo Draco en un cumplido.
-El halago es una buena forma de empezar la noche -dijo Herms mientras se daba la vuelta para recoger su bolso de fiesta.
Media hora más tarde, un aparcacoches se llevó el Bentley mientras ellos entraban al hotel.
Era hora de sonreír. Hora de la representación. Sabía que no debía ser tan cínica con veinticinco años. Pero los años vividos tomando parte activa en los acontecimientos sociales le habían enseñado a representar su papel. Y lo había aprendido bien. Sabía dedicar una radiante sonrisa a los que saludaba, conversar de cosas sin importancia.
El salón de baile estaba resplandeciente. Sonaba la música y los camareros y camareras estaban impecablemente uniformados, esperaban cumplir las órdenes, tomando y sirviendo las copas.
Un miembro del comité le indicó a Draco su mesa.
Herms abrigaba la esperanza de que Tifanny llevase pareja, pero cuando vio al hombre que llevaba al lado sus ilusiones se vinieron abajo.
Su hermanastra iba del brazo de James Potter. No había pareja que hiciera menos pareja que ellos. Y además, ¿qué habría pasado con Francesca?
-Una migraña -dijo James en voz baja como para que sólo lo oyera ella mientras hacía sentar a Tifanny a su derecha y él se sentaba a su lado-. El acompañante de Tifanny llegará tarde.
Herms se sonrió y preguntó:
-¿Lees el pensamiento?
-Me he anticipado a tu reacción.
-¿Soy tan transparente?
James sonrió y la miró con picardía.
-No soy muy sutil en estas cuestiones -dijo.
Pero tenía decisión y firmeza. Pensó en Lily y sonrió. Si James había decidido emprender una conquista, Lily no tenía mucho que hacer en aquella contienda.
-Me intriga.
Herms sonrió.
-Me he dado cuenta.
-¿Me vas a desear suerte?
-Toda la que necesites.
John llegó con Monique y tomaron los asientos en el lado opuesto a ellos. Saludaron y pidieron bebidas a los camareros.
Monique estaba muy elegante. Llevaba un vestido azul con una chaqueta a juego, con joyas de diamantes y zafiros en el cuello y en la muñeca, a juego con un anillo de diamantes y zafiros en la mano derecha.
Tifanny había preferido un vestido de seda color esmeralda que se ajustaba a sus curvas como una segunda piel. A un lado, llevaba una abertura casi indecente.
Las dos parejas que quedaban se sentaron y el disk-jockey cambió la música y puso una pieza de bienvenida que presidió el discurso de apertura del director.
Sirvieron un cóctel de gambas con una música de fondo suave que hacía del lugar un ambiente agradable.
Siguió el segundo plato, que consistía en pechugas de pollo asadas con una salsa de mango y verduras frescas.
Delicioso, pensó Herms, mientras comía. A mediodía sólo había comido un sándwich, que al lado de aquella cena le parecía muy poca cosa.
Tomó unos sorbos de Chardonnay. Era relajante su efecto. Escuchó con atención contar las excelencias y virtudes de las obras de caridad al anfitrión, comentando lo que se había recaudado en aquella velada y dando las gracias a varios patrocinadores por aquella generosa donación.
Un hombre alto se sentó al lado de Tifanny, y, cuando terminó el discurso, Tifanny hizo las presentaciones pertinentes.
Aunque no hacía falta. Se trataba de Jacob Black, un famoso modelo que protagonizaba una serie de televisión desde hacía tiempo.
Un rompecorazones y un hombre muy atractivo, pensó Herms, observando aquella perfección masculina. ¡Lástima que tuviera un ego un poco inflado y fama de cambiar de chica como de calcetines!
De lo que no había duda era de que al día siguiente la prensa sacaría una foto de Tifanny y Jacob juntos. Tal vez aquél fuera el motivo de aquel encuentro, pensó Herms, mientras seguía sorbiendo el vino.
El disk-jockey iba a subir el volumen de la música en cualquier momento e invitar a los asistentes a ir a la pista de baile. Sería una oportunidad de que todos se vieran e intercambiaran palabras mientras bailasen. Una buena oportunidad de que las mujeres de la alta sociedad lucieran su último modelo de diseño.
-¿Más vino?
Herms se giró y se encontró con los ojos de Draco.
-No, gracias. Prefiero agua.
Draco alzó una ceja. Ella sonrió.
-Pensé que te gustaría que yo condujera de vuelta a casa -dijo Herms.
-Muy considerada por tu parte -dijo él cínicamente, puesto que no solía beber más de una copa durante la cena, y por lo tanto el ofrecimiento era innecesario.
-Sí, ¿no crees?
-Draco -la voz de Monique distrajo a Draco-. He conseguido entradas para El Fantasma de la Ópera para el miércoles por la noche. Hermione y tú vendréis, ¿verdad?
¿Sería una coincidencia que Monique tuviera entradas para la misma noche en que habían invitado a Lily y James al teatro?, se preguntó Herms.
-Gracias, Monique. Ya tenemos entradas –dijo DRaco.
-Tal vez podríamos reunimos para cenar después.
Las relaciones familiares estrechas y cálidas eran algo estupendo, pero Herms se dio cuenta de que detrás de aquello se escondían las maniobras de Monique.
-Lamentablemente tenemos otros planes —insistió Draco.
- Tifanny y Hermione tienen una relación tan estrecha, y se ven tan poco -comentó Monique lamentándolo, y luego siguió-. Es una pena no aprovechar todas las oportunidades que tengan mientras Tifanny esté aquí.
Herms se quedó estupefacta, pero lo disimuló.
-Otra vez será, Monique.
-Debéis venir a cenar. Sólo la familia. El lunes, ¿O el martes? Cualquiera de esos días los tenemos libres.
-¿Herms? -preguntó Draco.
Era una buena estrategia la de pasarle la pelota. Evitar la cena era imposible, así que no tuvo más remedio que decir:
-El lunes es un buen día. Nos encantará ir -mintió.
¿Las mentiras de cortesía se considerarían mentiras también? Si así era, ella estaría condenada al infierno. Pero sentía que estaba justificado por su padre.
-¿Bailamos? -Draco la invitó a bailar.
Bailar con Draco era un peligroso placer.
-Gracias, querido -se puso en pie y dejó que la llevara a la pista de baile.
La pieza de Celine Dion era perfecta, con una letra que despertaba los sueños y esperanzas de cualquier mujer.
Herms amoldó sus formas al cuerpo de Draco. Sintió ganas de abandonar la forma convencional de agarrarse a él para alzar los brazos y rodearle el cuello.
¿Se daría cuenta Draco de cómo se sentía? Él era lo que más deseaba ella. Todo lo que quería, todo lo que necesitaba. En cierto modo, era un pensamiento perturbador. ¿Qué pasaría si alguna vez lo perdía?
-¿Tienes frío?
Ella alzó la cabeza y lo miró durante unos segundos sin comprender su gesto.
-Estás temblando.
Ella sonrió y dijo sin darle importancia:
-Son viejos fantasmas.
-¿Quieres que volvamos a la mesa?
-¿Crees que debo ahorrar mi energía? -le preguntó solemnemente ella mientras él la sacaba de la pista de baile.
-Mañana es sábado.
Ella lo miró sonriendo picaramente.
-¿Quieres decir que nos podemos permitir el lujo de una hora de pereza antes de desayunar muy tarde en la terraza? -preguntó ella.
-Una hora de pereza, un desayuno en la terraza y un viaje al aeropuerto.
-¿Vamos a escapar? ¿Solos? ¿Adonde? No, no me lo digas. Alguien podría oírnos.
-Eres una bruja -murmuró él en su oreja.
El postre fue servido cuando se volvieron a sentar. Luego, llegó el café y los bombones.
Tifanny se fue a la pista de baile con su pareja y se detuvieron en el camino para que les hicieran una foto.
-¿Puedo?
Herms miró a James y se puso en pie. Draco dejó de conversar con John y le sonrió.
-Draco es selectivo a la hora de aceptar la compañía masculina de su esposa.
Herms miró a James y dejó que él la llevase a la pista de baile.
-¿No me crees?
¿Cómo podía responder a eso?
Se rió.
Bailaron en círculo una y otra vez hasta que se acercaron a Tifanny y Jacob, y éstos sugirieron un cambio de parejas.
Herms sonrió y se acercó a Jacob, que la estrechó fuertemente.
-¿Ves la serie en la que trabajo?
-No -contestó Herms fingiendo lamentarse.
-¿No ves televisión?
Era difícil reprimir la tentación de bajarle los humos.
-Suelo ver muchos documentales e informativos.
-Eres un cerebro.
Herms no supo si era un cumplido o un insulto.
-Todos tenemos cerebro.
-En mi profesión tienes que cuidar el cuerpo. Es lo que se ve, ¿sabes? Nutrición, gimnasia, terapias de belleza, manicuras, peluqueros... Lo peor es la depilación.
-Muy dolorosa...
-¡OH, sí! -hizo una pausa, y luego siguió hablando de sí mismo—: Me voy a Los Ángeles la semana que viene. Me han ofrecido un papel en una película. Puede ser la oportunidad de mi vida.
Ella fingió entusiasmo y dijo:
-Que tengas mucha suerte.
-Gracias.
-¿Os importa que interrumpa?
Herms oyó el tono de voz de su marido.
-No, en absoluto -contestó Jacob y se apartó de ella.
-Interrumpes una conversación muy interesante -dijo ella.
Draco la atrajo más cerca de él.
-¿A qué te refieres con interesante?
-A la depilación del vello. Del suyo.
-Algo muy personal. Mmm...
Ella reprimió una carcajada.
-¡OH, sí! -dijo ella, imitando a Jacob.
Mientras daban vueltas en la pista de baile Herms se preguntó cómo reaccionaría Draco si le decía que sentía deseos de sentir su piel, su boca en la lenta danza hacia la satisfacción sexual.
-Querida Hermione, ¿no crees que es hora de que baile ya con mi cuñado? -preguntó Tifanny.
Ella hubiera dicho que no. Y no era realmente su cuñado, al menos técnicamente.
Pero no dijo nada. Se movió hacia los brazos de James mientras Tifanny iba hacia Draco.
-Yo no he tenido nada que ver -murmuró James.
Herms sonrió filosóficamente.
-¿Quieres que demos una vuelta a la pista y que intervenga y cambiemos de pareja? -le ofreció James.
-No, pero gracias de todos modos.
Unos minutos más tarde, hubo una pausa en la música y volvieron a la mesa.
Herms recogió su bolso de fiesta y con una excusa fue hacia el servicio para refrescarse y arreglarse el maquillaje.
Había cola, y tardó cierto tiempo hasta poder encontrarse frente al espejo.
Había mucha gente que había salido del salón de baile para fumar en el vestíbulo adjunto a él, y Herms saludó a unos invitados antes de volver a entrar.
-¡Ah, aquí estás, querida! -sonrió Tifanny -. Me han enviado en una operación de rescate.
-¿Quién?
-¡Draco! ¿Quién si no?
-Una ausencia de diez minutos no creo que sea motivo para pensar en una operación de rescate –dijo Herms.
Tifanny miró la perfección de su manicura.
-A Draco le gusta custodiar sus posesiones.
El ataque era la mejor forma de defensa, pero Herms prefirió una táctica menos frontal.
-Sí.
-¿No te molesta?
-¿El qué exactamente?
-Ser considerada como un adorno caro de la colección de un hombre rico.
-¿Quieres decir una mujer objeto? -Herms arqueó una ceja y sonrió forzadamente-. ¿No se te ha ocurrido nunca ver la situación desde el punto de vista inverso? En Draco encuentro a un esposo atento que me da todos los caprichos. Es atractivo, destaca desde el punto vista social, y es bueno en. la cama -sonrió-. Considero que he hecho una elección perfecta.
Tifanny pareció molesta. Cuando pudo controlar su furia dijo:
-Estás un poco pálida, querida. ¿Estás con el síndrome premenstrual?
-Se trata de un mal causado por un repentino afecto fraternal -la corrigió Herms. Luego decidió no agregar más leña al fuego y sugirió-: ¿Volvemos al salón de baile?
-Quería ir al aseo.
-En ese caso... -alzó el hombro y agregó-: Nos veremos en la mesa luego.
La victoria fue dulce, pero sabía que no había terminado la guerra. De todos modos, un fin de semana fuera le serviría como descanso de la batalla. La idea la alegró y relajó su expresión hasta dibujarle una sonrisa.
Draco estaba conversando amenamente con James y Monique mantenían una conversación trivial y Jonh parecía estar a gusto con su papel de observador. Herms se sentó en el asiento libre al lado de su padre.
-¿Quieres más café?
Ella negó con la cabeza.
-Podrías sacarme a bailar.
John sonrió.
-Querida y dulce Herms, es un honor para mí –se puso de pie y le extendió la mano-. ¿Vamos?
Se marcharon a la pista de baile.
-¿Te estás divirtiendo? -le preguntó John.
Herms se quedó pensando mientras bailaban.
-¿Y tú? -le preguntó en lugar de contestar.
-Monique dice que estas ocasiones son ventajosas desde el punto vista social.
-Sospecho que ella cree que necesitas un descanso de tus tareas -bromeó ella.
John se rió suavemente.
-Es más probable que sea una forma de poder justificar el gastar una pequeña fortuna en un vestido nuevo y el día entero en salones de belleza y en la peluquería.
-Los hombres lo aceptan porque saben que en esos eventos sociales también se hacen buenos negocios.
John la miró
-¿Me parece a mí o has puesto una nota de cinismo en tu comentario?- le preguntó John.
-Tal vez.
-Draco te adora.
Ella podía aceptar que le dijeran que la respetaba y que sentía afecto por ella, pero la palabra «adorar» no le parecía la apropiada para describir los sentimientos de Draco. Pero con John no necesitaba perpetuar el mito.
-Es muy bueno conmigo.
-Yo no habría aceptado el matrimonio si no hubiera sabido que se ocuparía de ti y te cuidaría.
La música fue acabando y ellos se fueron a la mesa nuevamente.
Tifanny se había sentado en un lugar vacío al lado de Draco: Monique conversaba con James y Jacob no estaba en ese momento.
Herms se sentó en una silla vacía.
Los invitados empezaban a irse. En media hora cerrarían el bar y el disk-jockey se marcharía. En cualquier momento, Draco y ella se marcharían, tomarían al ascensor que los llevaría a la entrada principal del edificio y le pedirían el coche al portero.
Draco alzó la cabeza en aquel momento y la miró con curiosidad, alzó una ceja un instante y luego se liberó de las zarpas de Tifanny. Literalmente, porque aquellas uñas pintadas de rojo se habían posado en el brazo de Draco y habían empezado a acariciar persuasivamente la tela de su traje con una sonrisa y una caída de ojos que no disimulaban sus deliberadas ganas de seducir.
Herms intentó convencerse de que no importaba. Pero no era verdad.
Sonrió amablemente todo el tiempo mientras se dirigía a la entrada, siguió con la rutina del beso en el aire a Monique y Tifanny, dio un suave beso en la mejilla a su padre, deseó buenas noches a James y a Jacob, y luego se sentó en el asiento del Bentley.
Draco llevó el coche hasta la concurrida calle principal, se detuvo hasta que pudo pasar con fluidez entre el tráfico, y luego aumentó la velocidad rápidamente.
Herms echó la cabeza hacia atrás y centró su atención en las vistas que ofrecía la ciudad. Los carteles luminosos y los escaparates dieron paso a las calles de los barrios del centro de la ciudad y a las ventanas cerradas, algunas sin luz, otras iluminadas.
-Estás muy callada.
Ella giró la cabeza para mirar a Draco.
-Estaba disfrutando de la placidez del silencio después de varias horas de música y ruidosa charla -era cierto, pero dudaba que lo hubiera engañado con aquella explicación-. Si quieres que hablemos de algo... —agregó y se encogió de hombros.
-Hablemos de Tifanny, por ejemplo -dijo él.
Sin duda iba directamente al blanco.
El Bentley giró en su calle, fue frenando cuando llegó a las puertas controladas electrónicamente para vigilar la casa, dio la vuelta a la entrada y se detuvo dentro del garaje.
Herms se quitó el cinturón de seguridad, salió del coche y entró en la casa, sabiendo que Draco estaba atento a sus movimientos. Él se ocupó de la alarma y luego entró al vestíbulo cuando ella ya estaba dentro. Cerró con llave y la acompañó a la sala.
-¿Quieres una copa?
Ella lo miró cuidadosamente.
-Champán.
Draco atravesó la habitación hasta el bar, sacó una botella del frigorífico, la abrió, sirvió dos copas y luego fue hacia Herms.
Ella tomó una copa y la levantó en un brindis silencioso. Luego, bebió el contenido.
-¿De qué aspecto del carácter de mi hermanastra quieres hablar en particular?
Draco no demostraba nada en su expresión y ella no tenía idea si quería maldecir a Tifanny, elogiarla recatadamente o si quería felicitar a su esposa por su notable autocontrol en aquella situación.
-De la firme determinación de Tifanny de traernos problemas.
Herms lo miró asombrada y se puso una mano en el corazón.
-¡OH, Dios santo! ¡No me había dado cuenta!
-No seas bromista.
-¿Es obvio?
-¡Basta, Hermione! -le advirtió Draco.
-Veamos las diferentes posibilidades: Tifanny quiere tenerte, tú quieres tenerla. Tifanny quiere tenerte, tú no la deseas...
-La última.
Herms no se había dado cuenta de que había estado conteniendo la respiración, y empezó a dejarla escapar.
-Bueno, es un alivio. Entonces puedo despedirme de escenas en que nos tiramos las toallas con iniciales a la cabeza, te estropeo los zapatos terminados a mano y te corto una a una las camisas en pedacitos -sonrió ella fríamente, de un modo que no era acorde con la vulnerabilidad que expresaban sus ojos-. Pienso ser bastante violenta si decides divorciarte.
Él la miró con un brillo de humor en sus ojos negros y se rió suavemente.
-No es gracioso.
-No.
-Entonces no te rías. Hablo en serio -dijo ella.
Draco tomó un largo trago de champán y dejó su copa en una mesa.
-¿Y por qué iba a pensar en divorciarme de una mujer joven y guapa que se deleita en desafiarme en distintas áreas por una mujer como Tifanny? –le quitó la copa de champán y la dejó al lado de la de ella. Luego, la estrechó en sus brazos.
Herms no tuvo tiempo de contestar antes de que él la besara. Ella bebió del sabor de su boca mezclado con el dulzor del champán francés, ofreciéndole todo lo que él pedía y más, hasta que la espiral de deseo los envolvió a los dos y los puso al borde de su control.
-Podría hacerte mía ahora, aquí -gimió Draco seductoramente mientras le besaba el cuello.
Ella movió la cabeza para permitirle que bajara hasta sus pechos.
Herms se rió de gozo cuando él tomó uno de sus pechos, lo liberó y jugó con el pezón. Luego, gimió cuando él la alzó y la puso sobre un hombro y la llevó a la habitación.
-Son tácticas del hombre de las cavernas, ¿no es cierto? -lo acusó ella mientras él subía las escaleras.
Draco llegó al piso de arriba y se dirigió a la habitación principal. Cuando llegó, la bajó y la rodeó con sus brazos.
-¿Quieres desvestirme? -le preguntó él.
Ella lo miró con picardía y le contestó:
-Sería más rápido si lo haces tú mismo.
-¿Tanta prisa tienes?
-Sí -dijo ella, ocupada en quitarse la ropa.
Hicieron el amor ardientemente, con hambre. A ello siguió un juego dulce y tierno que los llevó a un lento ritual que terminó en el deseo mutuo y la necesidad de apagar su ardor.
Luego, Herms se quedó con la cabeza apoyada en el pecho de él, oyendo el latido de su corazón debajo de su mejilla.
-Creo que no podría soportar perderte -dijo Herms, al borde del sueño. Y no estuvo segura de si realmente había oído su respuesta o la había soñado.
-¿Y qué te hace pensar que vas a perderme? –dijo él.
