¡HOOOOOLAAAAAA! O/ ¿Cómo están? Yo la verdad estoy algo cansada, pero no me quería esperar más para subir este capítulo, la verdad es que me ha costado un poco, y Fer me ayudo en una que otra parte, voy a poner un asterisco para que sepan en cual, merece que sepan en que me ayudo (:
Por otra parte tengo varios anuncios que hacer:
1° Note un error en la historia. Se supone que se situa meses despues de lo acontecido en RE5 pero yo puse, el la lapida de Chris 1973-2011 (vease Capítulo II) Obviamente no puede decir 2011 porque RE5 esta ambientado en 2008, lo sé error mio, creo que ese día estaba algo distraída.
2° A penas en este capitulo veremos en donde se ambienta la historia, se me ocurrio de un momento a otro, y lamento si las decepcione Cx
3° Siento que la historia va algo rapida, quisiera saber que opinan ustedes.
4° ¿Me dan Follow en Twitter? JAJAJAJÁ Doy Followback (chantaje)
Bueno, creo que eso fue todo, este capitulo es un poco más largo que los anteriores, solo por una o dos paginas de Word... A lo que me recuerda, que Word es un impostor, por qué los capitulos ahí se ven largos y aqui parece que no hubiera hecho nada JAJAJÁ
Sus reviews creo que los conteste por PM así que espero verlos de nuevo, GRACIAS. Y ahora si, LET´S READ.
Capítulo IV
El heredero Redfield
¿Embarazada? ¿Cómo podía ser? Era claro cómo había sido, pero aún no lo creía. Embarazada de Chris Redfield, el hombre al que enterró hacía no menos de veinticuatro horas, y justo se enteraba en frente de Claire.
Tarde o temprano ella se iba a enterar, no se podía ocultar algo de esa magnitud. Y tampoco pudo evadir esa pregunta, claro, porque ella fue la que salió como loca a la primera farmacia que vio, debió haberlo deducido antes, tenía más o menos tres semanas y media de retraso. Estúpida.
-Vamos a sentarnos, ¿quieres?- propuso la pelirroja, aún en estado de shock.
-Sí, sí, creo que es mejor.
Regresaron al parque por el que pasaron al principio, y se quedaron en silencio por un buen rato. Jill estaba contemplando a los pequeños niños que corrían y reían alrededor de ellas, asimilando un poco más la idea de que iba a ser madre. Su hijo no iba a tener una figura paterna, tendría que hacer todo el trabajo, educarlo, cuidarlo y quererlo por los dos, por ella y por Chris. No es que le pesara, solo que no le parecía justo. Claire, por su parte, sonreía. Sonreía porque, aunque su hermano ya no estaba, ella iba a ser tía, y tendría algo de él para recordarlo. Querría a ese niño como a nadie, lo cuidaría y ayudaría a Jill. Porque antes de ser la mamá del hijo de su hermano, ya que oficialmente no era su cuñada, era su amiga.
-¿No es grandioso?- dijo la pelirroja rompiendo el hielo, y su voz sonó más emocionada de lo que pretendía.
-¿Eh?
-Vas a ser mamá, Jill… ¡MAMÁ!
-Pero… Claire, yo… es mucha responsabilidad y…
-Nada, nada, tú eres una mujer madura, y con el dinero de mi hermano no tendrás que trabajar para mantener a mi sobrino.
-Pero también es tu dinero Claire, yo no puedo aceptarlo, no sin que tú tomes tu parte.
-Puedo renegar de ella Jill, yo no la necesito como la vas a necesitar tú.- sentenció, mirándola de reojo.
-Yo… no sé qué decirte, Claire, eres… la mejor amiga que alguien puede tener.
-Solo quiero que ese bebe me diga tía, con eso estaré satisfecha.
Con esas últimas palabras empezaron a reír, sin ninguna razón aparente, pero las dos sabían, que ese niño… o niña, cambiaría su vida, y al mismo tiempo, las haría mejores personas. Pero sobretodo, las alegraba la idea de tener algo de Chris con ellas, y algo le decía a Jill que ese bebe se parecería mucho a su padre, y así lo deseaba. Lo deseaban las dos.
-Leon, ¿Qué te pasa?
El aludido tenía la vista perdida en la ventana. Pensando en lo que le había dicho a Claire en la mañana, tal vez fue demasiado pronto para ella. Tenía algún tiempo pensando en cómo decírselo, pero la muerte de su hermano descoloco los planes de Leon.
Ni siquiera sabía cuando exactamente se empezó a interesar por la pelirroja más allá de una amistad, pero ahora, se daba cuenta que fuera por la razón que fuera, no era tan mala idea, y lo hacía sentirse bien.
-Nada, Carlos, solo… estaba pensando.
-¿En Claire?
-¿Qué? Tu… ¿Cómo lo sabes?- pregunto con un tono demasiado sorprendido.
-Oh, vamos, hasta un ciego se daría cuenta de que te sientes atraído por ella.- aseguró el latino.-Además no te despegaste de ella en el funeral, y cuando se acerco ese hombre te pusiste rojo de ira.- Carlos rió por la reacción de Leon, que se volvió a poner tenso.- Y te lo digo en serio, si Jill no me interesara y si no la quisiera como lo hago… Iría por esa pelirroja.
Esa pequeña declaración tomo desprevenido a Leon, y primero quiso golpear a Carlos, pero después agradeció su sinceridad.
Se encontraba en ese pequeño restaurante desde que había dejado a Claire con Jill. Barry lo contacto para saber que iba a hacer, y proponerle tomar un café y desayunar con Carlos, para después hacer algo con las chicas, si es que Jill se encontraba en condiciones. El viejo Barry llevaba afuera diez minutos, por una llamada de sus hijas.
-Aguarda, ¿Jill?
-Parece que sigues dormido.
-No, solo me pareció escuchar mal.- dijo Leon, pero la realidad era que si estaba un poco dormido, sobre todo por la incómoda posición en la que durmió la noche pasada.
-Sí, hombre, siempre me sentí cautivado por ella. Pero Redfield se me adelanto.- respondió con un deje de tristeza.- No me mal interpretes, yo apreciaba a Chris, y me afecta su partida.
-Entonces, me imagino que respetaras a Jill, no intentando nada… al menos hasta que se recupere, ¿verdad?
-Claro que sí, pero créeme, ya tengo con la amenaza de Barry.
-Al menos ahora la tomaras más en serio, chico. Porque si no, ya te las veras con nosotros dos.- dijo Barry entrando y sorprendiendo a los dos.
Carlos rió con dificultad, mientras los otros dos soltaban una risotada, más por la cara del latino, que por sus amenazas banales.
Claire llevó a Jill al hospital, en el coche de esta, y muy a pesar de la rubia, ya que no creía que con tan poco tiempo de gestación fuera necesario. Pero su amiga era testaruda, y la llevó con el doctor Johnson, quien inmediatamente las hizo pasar a su oficina, aquella donde encontró a Wesker la primera vez.
-Señorita Redfield, es un placer tenerla aquí.-dijo el doctor, besándole la mano galantemente.- Señorita Valentine, ¿Cómo se encuentra? Por favor, siéntense.
-Bien, doctor, ya… estoy mejor.- respondió la rubia sentándose.
-Sí, sí, pero no venimos a eso ¿verdad, Jill?
-¿A qué debo su visita entonces, señoritas?
-Bueno, veras, Tom… yo, estoy…
-Está embarazada.- dijo Claire tomando la iniciativa.
La cara del doctor era de total asombro, y no pudo evitar pensar en Albert, eso definitivamente lo tenía que saber, pero estaba seguro que un bebe no lo iba a detener. Cuando se le metía algo a la cabeza, difícilmente salía. Y Jill Valentine llevaba mucho tiempo rondando los pensamientos de su amigo.
-¿En serio? Felicidades, señorita Valentine.- dijo saliendo de su asombro.
-Sí, bueno, en realidad no se desde cuándo, y Claire es muy testaruda, así que me trajo hasta aquí.
-Ya veo. Quieres un ultrasonido.
Sin esperar a que Jill contestara, el doctor salió del consultorio y la pelirroja salió detrás de el, con la ojigris pegada a sus talones.
-Bien, pasen, por favor.- el doctor les indico una pequeña habitación donde le practicarían el ultrasonido a Jill.- Recuéstese, señorita Valentine.
-Dejemos los formalismos, Tom.
-Está bien, lo siento.- dijo con una sonrisa en la cara.- Claire, hay una silla a tu lado, puedes tomarla si quieres, o quedarte de pie, como gustes.
-Gracias, así estoy bien.
Le indico a Jill que se subiera la blusa, lo necesario para dejar al descubierto su abdomen. Hecho esto, tomo el gel y se lo puso. Empezó la ecografía.
-Parece que va para un mes, apenas y se ve. Estamos casi en noviembre… entonces podemos suponer que tu hijo nacerá por junio o julio.
Jill se sentía feliz. Después de todo lo que había pasado, eso era un regalo. Un regalo que cuidaría, amaría y moriría o mataría por él, trataría de darle lo mejor, y ya que fuera tiempo, decirle la verdad sobre su padre. Eso sin duda sería una de las cosas más difíciles que haría, pero ese bebe se lo merecía, merecía saber que su papá fue un héroe, que sacrifico mucho por la paz de la que ahora gozaban y que seguramente estaría orgulloso de él, o ella.
Terminando la ecografía se dirigieron a la oficina de Thomas, para saber qué era lo que debía hacer. Algunas dietas que debía de seguir, el cambio de sus hábitos, y por supuesto, el consumo de ácido fólico.
-Confío en que Claire te cuidara, y hará que siguas estas instrucciones al pie de la letra.
-Cuenta con eso, Tom.
-Muchas gracias, en serio. Nos veremos el próximo mes.
-Claro que si Jill, aquí estaremos.
Jill se despidió y salió para esperar a Claire. Tuvo una corazonada y decidió seguirla, porque algo le decía que la pelirroja necesitaba un momento a solas con el doctor.
-Bueno Claire, espero que podamos tomar ese café que tenemos pendiente.
-Si, por supuesto, ¿a qué hora es tu almuerzo?
-En diez minutos.- dijo volteando a ver el reloj.
-Entonces, llevaré a Jill a su casa, y nos vemos en Central Park. ¿Ok?
-Hecho, señorita.- dijo el doctor en tono divertido.
Salió con una sonrisa en el rostro, y eso le indico a Jill que su corazonada había tenido razón, pero no pregunto nada, por respeto a la privacidad de su amiga.
-Te llevare a casa Jill.
-Vamos Claire, estoy embarazada, no invalida. Puedo irme sola.
-¿Segura?
-Claire… vete ya.- dijo la rubia impaciente.- Y gracias por todo.
Se despidieron con un gran abrazo y cada una se dirigió a su respectivo destino.
Al salir Claire de su oficina, Thomas corrió a llamarle a Wesker, eso no se podía decir por teléfono, pero haría lo posible por captar su atención, pues si no tenía una buena razón, o su curiosidad no era lo suficiente, estaba seguro que se negaría a hablar con él.
-¿Si?
-Albert, gracias a Dios que contestaste.
-¿Qué pasa? Te escuchas agitado.
-Tengo que contarte algo, algo increíblemente grande.- dijo midiendo sus palabras, no quería soltar todo por teléfono.
-Si tiene que ver con mi recuperación estoy dispuesto a oírlo, si no, olvídalo.- dicho esto, al doctor se le ocurrió una gran idea.
-Sí, tiene que ver con eso y… con tu Jill.- soltó enfatizando en el "tu"
-¿Qué? ¿Qué tiene que ver Jill en esto? – Tom sonrió, pues sabía que ya tenía toda la atención del rubio.
-Tenemos que vernos, no es algo que se pueda decir por teléfono.
-Dime la hora y el lugar.
-Saldré con Claire en cinco minutos y…
-Así que ya la convenciste…
-No, no me interrumpas, si quieres te cuento eso después, nos vemos en una hora y media.- al otro lado de la línea, Wesker se pudo dar cuenta que se apresuro a terminar la conversación, y que seguramente se había sonrojado.
-Rayos, espero que no haya trafico.- se dijo a si mismo Johnson, recriminándose por no hacer la llamada de camino al estacionamiento.
Wesker no salía a menudo de su casa, la cual apenas hacía unos meses había conseguido en la Gran Manzana. Había dos simples razones porque había escogido esa ciudad: Thomas residía ahí, y a Sherry le encanto la zona, el ambiente y todo con respecto a su nueva morada. Pero había conseguido un extra, pues encontró a quien menos se imaginaba. Y en parte, se lo debía a esa rubia impertinente y necia, pero que lo hacía sentirse bien, y no dejaba que sus errores lo consumieran.
Flashback
Llevaban dos días buscando alguna casa en New York, y hacía más o menos un mes que Sherry vivía con él, extrañamente, se sentía mejor que cuando la cito. Y ya había conseguido los datos de su viejo conocido Thomas Johnson. A veces tenía recaídas, pero había aprendido a controlarse, lo hacía por él y por no lastimar a Sherry.
Habían visto, hasta la fecha, no menos de diez casas, hasta que llegaron a una especialmente bonita. Era grande, cuatro habitaciones, un estudio, un cuarto de tele y de juegos, la cocina era grande, tenía una terraza, que daba vista a un patio trasero grande. En frente, el garaje tenía espacio para dos autos y un bonito jardín.
-Albert, esta casa es preciosa.- dijo Sherry emocionada.
-¿Te parece?
-Absolutamente. Promete que de aquí no nos moveremos.- dijo poniendo cara de borrego a medio morir.
-Muy bien, nos quedaremos aquí. Es lo menos que puedo hacer por ti.- respondió, recibiendo un abrazo por parte de la rubia.
-Oye, estas muy sentimental últimamente ¿no?- inquirió separándose de él.
-He cambiado, Sherry, ¿Qué esperabas? Creo que todo es por tu culpa.
-No me eches toda la culpa, date algo de crédito… 95% yo y 5% tu.
-Ah, sí, que graciosa.-Sherry empezó a reír.- ¿quieres reírte en serio?- sin esperar respuesta empezó a hacerle cosquillas a Sherry
Y así empezaron una guerra de cosquillas, aunque Sherry no pudo hacerle muchas a Albert, y tuvieron que terminar cuando el agente de bienes raíces llego de nuevo a preguntar si querían la casa, o si querían ver algunas otras. Wesker rápidamente expreso su deseo de adquirir la casa lo más pronto posible, y así se firmaron los contratos correspondientes.
Compraron todo lo necesario para iniciar una nueva vida. Muebles, todo la línea blanca que se necesitaba, pintaron la fachada de la casa de un color azul cielo, y decidieron dejar el resto para después, cuando él estuviera mejor.
Flashback End
-Albert… Albert… Wesker.
-¿Que?
-¿En que piensas?- pregunto Sherry.
-Oh, en nada especial, Sherry.
La rubia tomo asiento a lado de Albert y se quedo ahí, viéndolo por un rato, queriendo preguntar un montón de cosas. Pero aún no era el momento, porque sabía que él se lo diría cuando lo fuera.
-Por cierto, saldré en un rato.- dijo Wesker rompiendo el hielo.- Iré a ver a Thomas, ¿quieres venir?
-SI, claro, pero los dejaré hablar a solas. Solo quiero despejarme un poco.
-¿Es por el trabajo?
Sherry tenía trabajo en el hospital Presbyterian, cerca de Manhattan. Después de su entrevista no tardaron en llamarla para hacerle saber que había sido contratada, y fue una total coincidencia, pues aunque Wesker no comprara una casa ahí ella se tendría que mudar, pues desde un principio supo que allí era donde trabajaría en caso de ser aceptada.
-Sí, parece que necesitaremos, al menos, un doctor más.- a la rubia se le vino una grandiosa idea a la cabeza.- Oye, ¡le podrías comentar a Thomas! El es un gran doctor, lo aceptaran de inmediato.- dijo emocionada.
-Es una buena idea, se lo hare saber en cuanto lo vea.
-Cuando vayamos a irnos me despiertas. Iré a tomar una siesta, que bien merecida me la tengo.
-Que modesta, señorita Birkin.
-Aprendí del mejor.- dijo guiñándole un ojo y dirigiéndose a su habitación.
Wesker sonrío. Sherry, Sherry, no dejas de sorprenderme. Y decidió hacer lo mismo que ella, le quedaba no menos de una hora para su encuentro en Central Park con Thomas y no tenía nada mejor que hacer.
Tom llegó a su encuentro con Claire con diez minutos de retraso. Ella estaba sentada en una banca observando los arboles, los animales y sobre todo a los niños que corrían y jugaban cerca de ella. No creía que pudiera esperar otros ocho meses para conocer a su sobrino, simplemente desde que asimilo la noticia había empezado a quererlo y a imaginarse a si misma jugando en ese mismo parque con el… o con ella, si ¿Por qué no? También podría ser una niña.
-Me pregunto si yo sería una buena madre.- dijo en voz alta.
-Seguramente sí.
Claire dio un saltito en su asiento por el comentario del doctor, quien llevaba ahí algunos minutos, viendo como la pelirroja meditaba, y cuando se le escapo esa pregunta no pudo evitar responderle.
-Thomas, que susto me has dado.
-Siento la tardanza.
-Oh, no, está bien. Seguro fue alguna emergencia en el hospital.
-Si ahora así le dicen a parecer una señora chismosa, pues sí. Si, y bueno, había trafico también.
-Parece que ha sido un día de locos. Y a penas son la 1:30 de la tarde.
-Bueno, ¿quieres caminar?
-Por supuesto.
Caminaron un buen rato platicando acerca de cualquier banalidad. Claire le contó sobre su paso por TerraSave y lo acontecido en Hardvarville, también lo que pasó en Raccoon City y la desaparición de Sherry Birkin después de dejarla con Leon y en Rockfort Island, con la muerte de Steve. Para Thomas no pasó desapercibido el que en sus historias, siempre figuraba un nombre: Leon S. Kennedy. Y sintió más curiosidad hacía ese hombre, pero ya se lo preguntaría después.
-Y tú, ¿dime que has hecho?- pregunto después de relatar su gran historia, con todo y efectos especiales.
-Oh, créeme Claire, mi historia ni siquiera se acerca a la tuya, no es tan emocionante.
-Bueno, en ese momento no lo era, pero con el tiempo aprendí a ver las cosas buenas de eso, y me enseño mucho, en verdad.
-A lo que me refiero es que se trata de heroísmo, Claire, y la mía no es exactamente así.
-Vamos, cuéntame, confía en mí, no puede ser tan horrible.
Al contrario de lo que muchos se pudieran imaginar, la vida del doctor no siempre había sido fácil. Sus padres lo trajeron al mundo siendo muy jóvenes, y al principio tenían pensado darlo en adopción. Su padre, Adam, fue obligado a dejar a su mamá por órdenes de su abuelo, quien no quería que arruinara su vida. Su mamá, de nombre Grace, trabajaba en una cafetería y tenía pensado dejar la ciudad para probar suerte en otra, pero el auto en el que iba se accidento y tuvo que regresar al hospital, pues tenía ya ocho meses y medio, y Tom estaba a punto de nacer. Al enterarse de esto, su papá se dirigió al hospital, pasando por alto las amenazas de su abuelo, y cuando lo tuvieron en sus brazos decidieron quedárselo.
Con el paso de los meses sus padres trabajaban cada vez más duro, pues su abuelo paterno le había quitado todo el apoyo a Adam y sus abuelos maternos ya habían muerto. Afortunadamente, años después, cuando su abuelo murió, recapacito y le dejo todo a su único hijo, con eso pudieron salir de la situación difícil en la que vivían y con el paso de los años aprendieron a invertir bien ese dinero.
A los 16 Thomas perdió a sus padres, quienes fueron asesinados por razones que nunca supo, aunque tenía la herencia que le habían dejado, descuido la escuela y se dedico solamente a andar de fiesta en fiesta, lo que lo llevó a una adicción a las drogas. Aún así, termino sus estudios y decidió darse un año sabático, en el que su adicción se hizo cada vez más fuerte, hasta que, tras una sobredosis, una señora lo llevo a rehabilitación, y quien sabe cómo, logro salir de ese hoyo.
Tras arduos estudios, entro a la facultad de medicina ya que se propuso ser doctor para reformarse con la sociedad, por así decirlo, y quería ayudar a personas que tuvieran los problemas que él, pero nunca se concentro de lleno en eso. Con el paso del tiempo se dio cuenta de que esa era en verdad su vocación, y que era muy bueno en eso. Se podría decir, que tenía un talento natural. Y tiempo después empezó a trabajar.
-Eso es todo.
Claire escucho todo sin siquiera atreverse a interrumpir, pues veía que si lo hacía, tal vez a él le costara un poco volver a empezar. No podía creer que aquel hombre que era tan amable y dulce con ella, hubiera sufrido como le acababa de relatar.
-Nunca creí que tuvieras una historia así.
-Las apariencias engañan, Claire. Yo podría decir lo mismo de ti.
-Lamento si te hice sentir mal cuando recordaste todo eso, yo insistí en saber tu historia.- dijo la pelirroja visiblemente apenada.
-No, no te preocupes, está superado.
Los dos se dedicaron una gran sonrisa sin romper el contacto visual, pero ese momento no duro mucho, pues el celular de Claire empezó a sonar.
-Es un mensaje de Jill.- dijo después de leerlo.- Tengo que irme, espero volver a salir contigo.
-Claro que si, cuando tú quieras.
-Adiós, Tom.- dijo dándole un rápido beso en la mejilla y alejándose.
-Adiós, Claire.- susurro al viento.
(N/A: Está es la parte en donde Fer me saco de apuros, GRACIAS :D)
Después de haber desayunado con Barry y Carlos, Leon decidió pasear un rato, tenía muchas cosas en que pensar, principalmente, en cierta pelirroja.
La pregunta que rondaba por su cabeza, otra vez, era: ¿Cuándo empezó a sentirse así por ella? Eran amigos desde lo acontecido en Raccoon City. Se mantenían en contacto, salían a tomar un café, una copa, al cine, por alguna razón se dejaron de ver cuando Chris derroto a Wesker, y retomaron el contacto a penas, cuando Claire le informo que su hermano había muerto.
Posiblemente, verla así, tan triste y frágil, hizo que algo en Leon hiciera click, que su lado protector saliera a verdad que siempre pensaba en ella, pero no quiso darle un nombre a sus sentimientos. Sí, la quería, tal vez siempre lo había hecho.
Llevaba caminando un buen rato, y se sentó en una banca cercana.
Paseaba su mirada por todos lados, hasta que le pareció ver a alguien conocido, poseedora de una cabellera rubia. Lo primero que pensó fue que se trataba de Ashley Graham, pero lo descartó de inmediato, primeramente, porque Ashley estaba en Washington, y aquella niña era, al menos, cinco años más joven que la hija del presidente. Y de pronto, pensó en otra persona, en alguien en la que no había pensado en mucho tiempo, en Sherry Birkin. No podía asegurar que era ella, después de todo, no sabía ni siquiera que le había pasado después de entregarla al gobierno.
Cuando se había decidido a seguir a esa muchacha, un par de manos taparon sus ojos, y al voltearse vio a una sonriente Claire.
-¿Te asuste?- dijo ella sonriente.
Leon trató de encontrar con la mirada a esa rubia antes de contestarle a Claire, pero no pudo encontrarla. Tal vez, solo me lo imagine.
-No, solo estaba… pensando.
-¿Y a quien buscas?
-Yo...- Leon decidió contestarle a Claire, pero tapando un poco la respuesta.- ¿Has sabido algo de Sherry?
Notablemente, la pregunta tomo desprevenida a la pelirroja.- ¿Sherry Birkin? No, para nada, ¿Por qué? ¿Tu sí?- Leon noto un brillo de esperanza en los ojos de Claire, él sabía que la ojiazul había sufrido mucho cuando tuvo que dejarlos, y que se culpaba constantemente de la desaparición de la niña.
-No, solo me acorde de ella, es todo.- dijo el lamentando destruir ese brillo en los ojos de Claire.- Y tú, ¿Dónde estabas?
Claire agradeció el cambio de tema, ya que hablar de Sherry no la ponía muy feliz.- Oh, bueno, salí con Tom.
Ella y Leon habían comenzado a caminar por Central Park, pero al mencionar al doctor, el castaño se paró en seco y Claire volteó a verlo, en su mirada había algo que no podía asegurar qué era tal vez ¿enojo, celos, ira? No estaba muy segura.
-¿Con ese imbécil? – dijo Leon casi escupiendo la última palabra.
-¿Imbécil? Discúlpame, Leon, pero él no es ningún imbécil.- reprocho ella.- Ni siquiera te has dignado a conocerlo, y ya lo estas insultando.
-No necesito conocerlo, tengo buen ojo para juzgar en a las personas.
-Pues si mal no lo recuerdo, dijiste que esa Ada Wong era buena persona y mira, resultó ser una impostora que sólo nos utilizó a ambos.
-Dios Claire ¿Qué demonios tiene que ver Ada en todo esto? – el ojiazul estaba perdiendo cada vez más la calma.
-Tú te estás metiendo con Thomas cuando ni siquiera sabes nada acerca de él, ni quién es ¡ni nada! – grito Claire recordando la historia del doctor.
A Leon no le gustaba ni un poquito que Claire defendiera al tal Tom de esa manera.-Tal vez, pero si hay algo que si sé, es que quiere algo más contigo.
-¿Y si así fuera qué? – dijo no importándole en lo más mínimo.
Esa fue la gota que derramo el vaso para Leon. ¿A caso ella no se daba cuenta de lo que él sentía? Se lo había dejado muy claro, ¿no?
-¿Eres una hipócrita?- dijo en un susurro, para esto, mucha gente había volteado a verlos.
-¿Qué? Repítelo – la pelirroja le mandó una mirada penetrante pero Leon no se inmutó.
-Olvídalo, sabes que mejor nos vemos cuando te tranquilices un poco.
-No, el que debería tranquilizarse eres tú.
-Te gusta, ¿no? ¿Por qué no me lo dijiste desde antes? – Leon se acercó escasos centímetros - ¿Porqué no me dijiste antes de que siguiera ilusionándome como un idiota?
-No, Leon…yo…
-Solo me hiciste creer que podíamos llegar a algo más, sólo quieres jugar conmigo, solo eso.
-No es lo que piensas, en primera no soy esa clase de mujer y basta, ahora no tengo cabeza para eso… no saques conclusiones precipitadas, a ninguno de los dos nos conviene.- dijo la pelirroja menos calmada de lo que aparentaba.- Ahora, por favor, llévame con Jill. No tengo como irme, y no traigo mi cartera.
-¿Acabas de ver a Thomas no? Debiste pedirle que te llevara.
Claire rodó los ojos – Pues sí tienes razón, entonces adiós.
-No espera Claire, está bien te llevaré – dijo refunfuñando – Aunque me debes una explicación.- dijo él mientras se dirigían a su camioneta.
-Sí, hablaremos luego.- susurro Claire siguiéndolo, sintiéndose pésimo por cómo había reaccionado.
Sherry se había distraído un momento viendo el lindo paisaje que estaba frente a ella, pero el lindo de Wesker ni siquiera le dijo nada y solo se siguió, dejando a la rubia algo desorientada, pues no sabía en qué punto se encontrarían Albert y Tom, no era que ella se fuera a quedar, solo deseaba decirle personalmente al doctor la propuesta de trabajar en el Presbyterian y después ir a caminar o solo sentarse. Pero como el rubio se había quedado dormido, iban algo tarde, y si había algo que a el no le gustaba, era la impuntualidad.
Cuando por fin había visto Wesker, también pudo ver a dos personas discutiendo, algo le decía que los conocía, pero lo ignoro y siguió de frente, hacía los dos hombres.
-Gracias por esperarme, Wesker.- dijo evidentemente molesta.
-No sé porque te enojas, no es un lugar en el que te puedas perder fácilmente.
-Pero no sabía dónde encontrarte, y eres tu el que se pone como loco cuando no sabes dónde estoy, así que no te quejes.- respondió ignorando a Tom.
-Dejemos esto, ¿sí? Te quiero presentar a mi amigo, Thomas Johnson.
-Un gusto.- dijo el besando caballerosamente la mano de la rubia. Era extraño estar hablando con aquella muchacha, que hacía no menos de treinta minutos, era parte de la historia de Claire.
-Un placer, Tom, Albert me ha hablado mucho de ti.
-Espero que bien.- dijo bromeando.- Si no supiera tu historia, Sherry, diría que eres hija de Albert.
-Solo nos parecemos un poco, no es para tanto, y yo soy más guapa que el.
Tom rio-Si, definitivamente, creo que también eres más educada.
-Solo un poco.- y Sherry pronto recordó el porqué estaba ahí.- Te puedo llamar Tom ¿verdad?- el solo asintió.- Pues veras, en el hospital en donde trabajo, estamos algo cortos de personal, y Albert me había platicado lo buen doctor que eres, así que hice algunas llamadas y bueno, pensé que tal vez aceptarías trabajar con nosotros.
-En el Presbyterian, ¿cierto?- ella asintió, y espero, lo que le parecieron minutos, a que el contestara.- Si, ¿Por qué no? Arreglare todo en el hospital. Gracias, Sherry.
-¡Genial!- dijo la rubia con mucho entusiasmo.- Supongo que yo aquí he terminado, los dejo solos.
Se despidió e inmediatamente cuando se perdió de vista Wesker y Johnson caminaron del lado contrario, y al encontrar una banca vacía, se sentaron tratando de guardar distancia, pues ninguno de los dos quería que los confundieran con gays, era demasiado para su orgullo y hombría.
-Para que me querías, entonces.
-Primero que nada, para darte esto.- le tendió un maletín que había ido a sacar de su auto justo cuando Claire se había ido.- Es la primera dosis del PG67A/W.
-Perfecto. Gracias.- después de un rato, Wesker se animo a preguntar.- Y… había algo acerca de Jill ¿no?
El castaño estaba esperando a que su acompañante iniciara la plática, para ver cuánto nivel de interés tenía. Ni siquiera sabía cómo le iba a decir la principal razón por la que lo cito, pero tenía que intentarlo.
-Principalmente, no es por ella.
-Entonces ¿Por qué me hiciste venir?- reprendió visiblemente molesto.
-Si es algo que tiene que ver con ella.
-Mierda, Tom, no le des tantas vueltas al asunto, sabes que me jode que lo hagan.
-Tienes que calmarte, no es algo que te pueda decir de golpe.
-Hazlo.- demando Wesker.
-Te cite para decirte que Jill…- comenzó Tom.
-¿Está enferma?- interrumpió, algo preocupado.
-Joder, déjame terminar.
-Lo siento, ¿podemos caminar? Nunca me ha gustado quedarme tanto tiempo quieto.
El doctor solo hizo una mueca y se levanto, reprendiendo a Wesker por casi dejar el maletín ahí. Y después de mucho meditar, empezó de nuevo.
-Mira, Albert, tal vez lo que te vaya a decir te va a descolocar, porque créeme, así me pasó a mí.
-Si, tal vez, pero primero quiero saber de qué mierda estás hablando.
-Jillestaembarazada.
-¿Qué Jill que?- pregunto.
-Que Jill está embarazada.
-¿De qué estás hablando?
-Pues mira, cuando una abejita ama a otra abejita, le entrega su semillita y después…
-Sé cómo se hacen los bebes, idiota.- interrumpió malhumorado. – Es de quien creo que es, ¿cierto?
-Así es, Jill es la madre del heredero Redfield.
Ni siquiera ahora que estaba muerto, Chris Redfield dejaba de joderle la existencia. Maldito suertudo de mierda, que buena puntería.
Gracias por llegar hasta aqui. Espero que les haya gustado este capitulo y hay otra cosa que les quería preguntar:
*¿Qué quieren que sea el bebe?
a) Niño
b) Niña
Tengo dos nombres para los dos generos y tambien quisiera saber cuales les gustan más:
Niño: a) James b) Henry
Niña: a) Regina b) Emma
Y si no les gusta ninguno, pueden dejar sus opciones (:
Espero sus Reviews, que son los que me hacen seguir con esta historia n.n
