¡HOLA! Me tardé más de lo que debería, lo sé. Y en verdad les pido una enorme disculpa, esto no estába planeado. Verán, a penas el viernes pasado regresé a la Ciudad de México, mi amado y lluvioso D.F... bueno, el caso es, que me llevaron en contra de mi voluntad a Cancún, y una semana antes de irme, el capítulo iba como por la mitad, mi inspiración estaba al tope, mi dispocición también, y como no tenía nada que hacer, solo me dedicaba a escribir.

De pronto me dicen que nos ibamos a ir y dije: Bueno, total, me llevo la computadora, termino el capítulo y lo subo la próxima semana. Qué en ese entonces era como para el 14 de julio. Yo me fuí el 7. Entonces, llega mi mami bien linda y me dice: No vamos a llevar computadoras, no te quiero ahí todo el día. Total, hize tooooooodo un drama pero no me dejo llevarme mi computadora. Escribía en una libretita dos o tres cosas y después ya no podía más, así que estuve más de 20 días sin escribir ni un solo párrafo.

Y el 27 que llegué, me dije: Tengo que subirlo YA pero mi maldita nube inoportuna seguía ahí, y como siempre, Fer me sacó de varios apuros. Así que hasta el día de hoy pude terminarlo por fin. Y como no quiero que esto vuelva a pasar, quiero hacer un compromiso con ustedes y conmigo. Voy a subir el próximo capitulo a más tardar en 3 semanas, si no, es porqué en serio me dió una enfermedad letal jaja Okay, ya me excusé, ya puedo decirles un poco sobre éste capítulo y contestar sus reviews, que curiosamente, la mayoría que dejó, no tiene una cuenta en Fanfiction y son nuevas lectoras, o que es el primer review que dejan jaja Así que por eso contesto por aquí... ¡GRACIAS A TODAS! Son mi oxígeno para seguir.

Jaiva: Hola, lectora... no tan nueva Cx ¡Bienvenida y te agradezco mucho que te hayas animado a dejar un review! Y bueno, si no se te ocurre nada, para mi con un: "Me gustó" y una carita feliz, me doy por bien servida, así que la próxima vez no lo dudes, que como ya dije, sus reviews son mi oxígeno :3
Y con lo del nombre del bebe... Gracias también por dejar tu opinión. Creo que sí buscaré algunos nombres griegos y si no me convence ninguno... Pues me echaré un volado jajaja Espero leerte en éste capítulo y en los que vienen. BESOS.

Alex-Kuran: ¿Lectora nueva? ¡BIENVENIDA! jaja A mi tampoco me convencía mucho el "Jillbert" pero un día me entró un gusanito curioso y ahora es mi pareja alternativa favorita, y perfecta para ésta historia. Gracias por dejar review, espero verte en este capítulo también. (:

CaaroNightmare: ¡Bienvenida! Gracias por leer y dejar tu review y... ¡Te gusta el Cleon! jaja Es super extraño encontrar fangirls que les guste... o bueno, tal vez no tan extraño, pero a veces prefieren más a Ada con Leon /: Y justamente en éste capítulo Claire y Leon tienen muchísimo más protagonísmo, verás que casí Jill no sale jaja Ni Wesker... Nos leemos pronto, besos.

Kokorocj: Me temo que el nombre lo estoy escogiendo con forme a los reviews y también tomando en cuenta las opciónes que dejan, si me gusta el nombre, claro. Y nunca consideré ponerle como su papá, así que no podrá ser, lo siento. Espero compensarlo haciendo una buena historia al final. Gracias por el review.

ZairaLeeWay: Gracias por dejar tu opinión, ten por seguro que será tomada en cuenta. Espero leerte en este capítulo también n.n

Val: ¡Hola, Val! Gracias por dejar Review de nuevo... Uy, una canción que me gusta mucho se llama así, Jane Doe jaja así que lo consideraré Cx ¡Qué bueno que te haya gustado! Te leo en éste, eso espero ;)

Y a Fer pues no le contestó por aquí porqué hablo con ella todos los días y me da flojera jajaja nocierto Cx Bueno, total ahora que lo veo no tengo mucho que explicar de este capitulo, el titulo lo dice todo jaja Así que: LET'S READ.


Capítulo V
Reencuentros.

Sin importarle lo que la gente pensara de ella, Sherry decidió recostarse en una de las muchas bancas que tenía ese hermoso parque. Prácticamente, eso era lo que necesitaba, aire freso. No se podía decir que era el más fresco que podía conseguir, pero algo era algo.

Ahora que había convencido a Tom a trabajar en el Presbyterian, las cosas serían mucho más fáciles. El trabajo últimamente estaba de locos. Cada día entraban, si tenía suerte, quince personas a su área de urgencias, en donde tenía que trabajar por qué aún no la ascendían.

Teniendo solo 22 la gente tendía a subestimarla demasiado. No era el caso del decano del hospital, pero sí de sus demás compañeros, por eso tenía que estar en urgencias, donde tenía que cubrir turnos dobles, para que vieran de lo que ella era capaz, pues así lo solicitó, en parte porque era un área que le gustaba, pero no atendía casos extremos, nada que ella no pudiera controlar.

Lo único interesante que había sucedido, fue un accidente automovilístico, y solo atendió lo que era sumamente grave, de vida o muerte. Después los llevaron a otro departamento.

En menos de un mes, la ascenderían a algún equipo de diagnostico medico, y ahí era donde las cosas interesantes pasaban. Era lo que le daba consuelo.

Por fin podría demostrar de lo que era capaz, de toda su inteligencia y astucia. Pero ayudando a la gente, que eso era lo importante.

Minutos después, Wesker estaba a su lado, y con una leve sonrisa y un movimiento de cabeza, le indico que era tiempo de irse.


El camino, tanto para Claire como para Leon, se estaba volviendo muy pesado. Normalmente, de Central Park a la casa de Jill, se hacían menos de veinticinco minutos, pero para ellos parecía que llevaban más de una hora en la camioneta.

De pronto, el celular de Leon comenzó a sonar, y se sorprendió que fuera Jill la que mandaba el mensaje, diciendo que iba a haber una pequeña reunión en su casa, y que le encantaría verlo ahí.

Coincidencia.- pensó el castaño.

La pelirroja ni siquiera se atrevió a preguntar de quien era o que decía el mensaje, pues aun se sentía molesta con él, aunque, en parte, también se sentía molesta con ella.

No le gustó para nada como Leon la trató, en frente de tantas personas y reclamando algo que no venía al caso. Por qué ella no estaba haciendo nada malo ¿verdad? Solo se vio con un conocido, ya que no se podría decir que era su amigo, apenas y sabía su historia, y para ser sinceros, le agradaba.

Era un hombre apuesto, educado, con un pasado del que no se sentía orgulloso pero que logro superar, honesto, bueno con las personas, y según su buen juicio, confiable.

Y las palabras de Leon cruzaron en su mente por primera vez: Te gusta, ¿no? ¿Por qué no me lo dijiste desde antes? ¿Por qué no me dijiste antes de que siguiera ilusionándome como un idiota? Solo me hiciste creer que podíamos llegar a algo más, sólo quieres jugar conmigo, solo eso.

La cuestión era: ¿Cómo hacerle ver a Leon que no quería nada con Thomas y que a él era el único al que en verdad quería? Esa era la verdad. Desde que dejaron de tener contacto, ella no dejaba de pensar en el castaño, no se animaba a buscarlo por qué no quería ser inoportuna, pero después de lo que pasó con su hermano, no tuvo otra opción, necesitaba su apoyo.

Lo que le daba ánimo para intentarlo, era saber que él sentía lo mismo, lamentó en lo más profundo de su ser haber reaccionado como lo hizo en el parque, solo tenía que decirle que estaba equivocado, que Tom era solo un "amigo" , y tal vez habría evitado todo ese drama.

Tenía que hablar con Jill sobre eso. Definitivamente, después de la pequeña reunión, que ya sospechaba de qué se trataba, lo haría.

La rubia y ella se conocieron después de que su hermano la rescatara de las garras de Wesker, Claire había escuchado hablar muchas veces de Jill, y viceversa, pero no se conocían en persona.

Cuestiones del destino, pues bien se pudieron cruzar en Raccoon City, así como le pasó con Leon. Pero no fue así. Y después, Claire se mantenía ocupada encontrando alguna manera de ayudar a derrocar a Umbrella y prevenir más catástrofes, pero de una manera en la que no corriera riesgo, por orden de Chris, y tenía todo su tiempo ocupado, solo escuchaba a Chris decir: "Iré a una misión con Jill." "Jill y yo tenemos una pista sobre el paradero de Wesker." "Claire, Jill desapareció." "¡Encontré a Jill, Claire! El bastardo de Wesker la tenía secuestrada." E infinidad de cosas más. Hasta que por fin la conoció. Dos días después de África, como la novia oficial de su hermano.

Comenzaron a tratarse e inmediatamente se dieron cuenta de que eran compatibles, y que podían llegar a ser las mejores amigas sobre la faz de la tierra. Y así, poco a poco, fueron ganando la confianza mutua.

Como lo dedujeron, en menos de cinco meses se habían convertido en casi hermanas. Desahogarse de sus penas, y contar las pesadillas que vivieron, fue un determinante en su amistad.

Leon, al igual que la pelirroja, también pensaba en muchas cosas, pero a la vez, no pensaba en nada.

No era de las personas que juzgaban un libro por su portada, siempre se empeñaba en conocer a las personas para tener un juicio objetivo sobre ellas, lo hacía porque una vez había confiado en alguien a quien no conocía, y salió muy mal parado.

Pero ese no era el caso.

Lo que de verdad importaba era alejar a ese tal Thomas Johnson de su Claire. No permitiría que se aprovechara de ella por lo que acababa de sufrir, aunque, pensándolo bien, la pelirroja no menciono nada sobre algún cortejo de parte de él… claro que tampoco la había dejado explayarse sobre lo que en realidad pasó.

Malditos celos que lo controlaban. Simplemente no pudo soportar la idea de que su pelirroja estuviera interesada en otro hombre, al menos no cuando él le pidió una oportunidad para ser parte de su vida. Ya no había día o noche en la que no pensara en ella, o en la que no imaginara su vida juntos. Oficialmente se había vuelto un cursi de lo peor. O simplemente cada vez se enamoraba más de Claire. Y si ella no lo hacía, pondría todo su esfuerzo para que así fuera.

Ya tendría tiempo de platicar bien con ella. Tal vez tuvo que hacerlo desde que llegó a New York, pero no fue así.

Desde hacía más o menos un año, se le había concedido la transferencia a New York. La pidió por que no le gustaba en lo absoluto ser la niñera de Ashley Graham, y con una recomendación del presidente, podía conseguir trabajo en cualquier lugar. En su nuevo trabajo, se podría decir que era el equivalente a los S.T.A.R.S. de Raccoon City. Se ganaba bien y a veces se ponía interesante, nada como escapar de una B.O.W gigante o miles de zombies, pero algo era algo.

Raccoon City…

Aunque habían pasado 10 años de esos horribles sucesos, nunca los podría olvidar. Había veces, en las noches, que recordaba todos esos monstros, todas esas muertes de gente inocente, a Claire luchando por su vida, a Sherry… a Ada.

Ahí salía de nuevo el tema, pero no lo ignoro una segunda vez. Nunca se había sentido tan traicionado como cuando esa mujer fingió su muerte y logro conseguir el virus G. Él arriesgó su vida por ella, confió en ella, y hasta se sintió mal por su supuesta muerte, para que años más tarde se enterara que seguía viva, y volviera a hacer lo mismo.

Es una orgullosa altanera que sólo piensa en sí misma, y que no tiene corazón.- recalcó.

Volteo a ver a Claire, y se dio cuenta de que, comparada con Ada, era muy diferente. Por su parte, Claire estaría dispuesta a dar la vida por aquellos a quienes ama sin siquiera pensarlo dos veces, una persona que lucha por lo que es justo y que aunque ha pasado infinidad de desgracias, siempre brinda una sonrisa y lo mejor de ella.

Y Ada… bueno, como lo hizo una vez, ganaría la confianza de alguien y la usaría a su favor, importándole poco lo que llegara a pasar, al final del día, todo era para beneficio propio. No había mucho que decir con respecto a eso.

Llegaron a casa de Jill, e inmediatamente se dieron cuenta de que no serían los únicos invitados.

El coche que Barry había rentado para utilizar durante su estancia estaba ahí, y dedujeron que Carlos también. El tema que tratarían sería importante, indudablemente.


Inmediatamente después de llegar a casa, Sherry se dio cuenta de que Wesker traía algo entre manos, o que la razón por la que había ido a ver a Thomas era algo grave y no le había agradado del todo.

Primero que nada, traía ese extraño maletín con el, y en el transcurso del camino murmuraba cosas inentendibles, pero de las que logró traducir, casi todas, eran: maldito, jodida suerte, hijo de perra, y algo de una puntería que no logró entender del todo.

Y lo segundo, era que sin decir ninguna palabra, subió a su habitación y se encerró por horas. Cada cierto periodo de tiempo, la rubia alcanzaba a escuchar más maldiciones y algunas cosas que se rompían. Espero que no sea algo valioso, si no después se enojará más.

Sin tener nada que hacer, ya que después de sabía-Dios-quien-sabe-cuantos días, por fin tenía un descanso, decidió ver cualquier película que se encontrara. Apareció una que no creía haber visto nunca, En busca de la felicidad, y la puso.

Toda la bendita película, Sherry se la pasó llorando. No solo por qué se sintió algo identificada, no es que su mamá la hubiera abandonado… habían sido los dos. Y justo cuando creía que iba a morir… apareció esa chica pelirroja algunos años más grande que ella a rescatarla. En aquel tiempo no podía entender todo lo que paso. Pero ahora que era mayor, se daba cuenta un par de cosas.

Por parte de Claire, fue muy imprudente llevar consigo a una niña como ella. Solo era un estorbo, y ahora lo asumía como era, pero no le importo y decidió rescatarla, poniendo en riesgo su propia vida un par de veces.

Y cuando se fue en busca de su hermano, y a ella la quitaron de las manos de Leon, la despreció por mucho tiempo, a los dos, pero después, cuando maduro, les dio la razón. Aunque la ojiazul le había dicho que estaría con ella, en esos momentos el saber por su hermano era más importante que cuidar de una niña que sabía estorbaría en todo el proceso. Y Leon no tuvo otra opción que entregarla, después de todo, llevaba consigo la muestra del virus G y se le consideraba como un riesgo.

Aunque pareciera imposible, aún conservaba el chaleco que la pelirroja le regaló cuando su querido padre la había infectado. Como ella le dijo alguna vez era de la suerte. Su posesión más preciada, era esa. Muy por encima del dije que sus padres le obsequiaron, que se encontraba guardado en lo más profundo de su cajón, pues aún tenía esas horribles pesadillas.

Era extraño, pues hacía unas noches, la peor pesadilla de su vida había regresado y no tuvo otra opción que despertar a Wesker para que la dejara quedarse con él, ya que la leche tibia con miel no había funcionado para nada.

Lejos del morbo que muchos podrían tener, a Wesker no le incomodaba en lo absoluto. La veía como su hija, como la que nunca tuvo, y por esa razón Sherry tenía ese tipo de confianzas con él, además de que Albert dormía volteado hacía la ventana y Sherry del lado contrarió. Cuando él acepto, la rubia tomo un viejo oso de peluche y se metió a la cama, tapándose hasta las orejas, pues esa noche tenía demasiados truenos y relámpagos. Se volteo para que no alcanzara a ver los destellos y se quedó dormida a los pocos minutos.

Regresando al presente, Sherry decidió preguntarle a Wesker si sabía algo más sobre Claire o sobre Leon, pero ya sería después, cuando se calmara un poco. Aunque su intuición le decía que él sabía algo, más allá de si seguían con vida, que era lo más seguro… El sabía donde estaban.


Antes de que sus invitados llegaran, Jill decidió enseñarle la carta que Chris había dejado a Barry, como ya se sabía, aunque no le llevara tantos años a Jill, era como un padre para la ella, y también para el ojiazul, siempre había estado ahí para ella, para apoyarla y no dejarla caer. Sin él no estaría viva.

-Barry.- lo llamó, pues este se encontraba en la sala, con Carlos, y ella estaba en la cocina.

-¿Qué pasa, Jilly? ¿Estás bien?- preguntó, preocupado.

-Sí, es solo que… hay algo que debo mostrarte.

-¿Qué es?

-Es sobre Chris… dejo una carta.

La cara del pelirrojo era de total asombro.- Presiento que quieres que la lea.- dijo.

-Te menciona, creo que es lo más apropiado.- explico la rubia, extendiendo el papel hacia él.

Inmediatamente después de tomar la carta, empezó a leer. Nunca pudo imaginar que Chris supiera que iba a morir, ni mucho menos que no haría nada para evitarlo, siempre se caracterizó por ser valiente y afrontar los retos, pero ese, en especial ese, simplemente lo ignoró, lo dejo pasar como si nada. Y luego se puso en su lugar, el haría lo mismo por evitarles un dolor de esa magnitud a sus hijas y a su esposa. Cuando llegó a la parte en donde se le mencionaba… una lagrima rodo por su mejilla. No era del tipo emocional, pero el deceso de Chris lo había descolocado mucho, y ahora la carta, mucho más. Sí se mantenía firme y no se dejaba romper era únicamente por Jill. Ella lo necesitaba, y no le fallaría.

Al terminar de leer, se aclaró la garganta y con un rápido movimiento, se seco las pocas lágrimas que había dejado salir. Como no decía nada, la ojigris fue la que rompió el hielo.

-¿Puedes creerlo?

-No, en realidad no.- se sinceró.- Pero lo entiendo.

-Yo también.- Barry la miró con duda.- Tuve tiempo de pensarlo, y Claire me ayudó. Me costó, pero al final entendí, que solo quería que fuéramos felices.

Barry sonrió ligeramente y se acercó para abrazar a Jill. Después de unos instantes así, el timbre sonó.

-Debe ser Claire.- dijo Jill.

Con una última sonrisa dirigida a Barry, salió de la cocina para atender el llamado de la pelirroja. Y no pudo evitar sorprenderse y sonreír hacía las dos personas que tenía en frente.

-Leon, que bueno que pudiste venir, te lo agradezco mucho.- menciono después de darle un abrazo de bienvenida al castaño.

-No te preocupes Jill, de hecho, tu mensaje me llegó cuando traía a Claire para acá.- la pelirroja aclaro la "gran" duda que tenía desde que el mensaje había llegado al celular de Leon, y se sintió, de alguna manera, más ligera.

-Que coincidencia.- la rubia tuvo el mismo pensamiento que el.- En la sala están Carlos y Barry, ya los alcanzamos.

Leon se fue hacía la sala para encontrarse con los dos hombres, y Claire se quedó en la puerta con Jill, esperando a que le dijera algo, no por nada la conocía, y además tenía un letrero en la frente que decía: Ayúdame, no sé qué hacer.

-Tienes algo que contarme ¿no es cierto?

-Ni te imaginas, Jill, ni te imaginas.- dijo la pelirroja después de un suspiro.- Pero primero lo primero, es para anunciar lo que yo creo, ¿verdad?

La ojigris solo asintió y se fue con su amiga al encuentro con los chicos.

-Bueno, preciosa, ¿por qué no nos cuentas de una vez?- la incitó Carlos, tomando un sorbo de su cerveza. No pasaban de las 2:30 de la tarde, pero para el latino, a toda hora era bienvenida una cerveza.

-Sí, bueno, es algo… impresionante.- comenzó.- cuando me entere casi me desmayo, entonces les recomiendo que se pongan cómodos, y que se preparen para lo que viene.

-Pero Jill, déjate de misterios, pareces como los presentadores de esos programas de talento.

-¿Cuáles programas de talento, Barry?- preguntó Carlos.

-Oh, tú sabes, esos en el que el conductor dice: Y el ganador es… Esta persona puso todo su esfuerzo en este programa, y se tiene merecido en premio… Es… Vamos a comerciales, señoras y señores.- dijo el pelirrojo imitando las voces, e inmediatamente todos soltaron una carcajada.- Así que por favor, Jilly, dinos.

Jill suspiró.- Está bien. Pero empezaré explicándoles todo, ¿sí?- todos asintieron, y así Jill relató su mañana con Claire, aprovechando para pedirle a Leon disculpas por despertarlo, a lo cual, el solo movió su mano restándole importancia, se saltó la parte del hospital, pero no la de su pequeño incidente en el parque, y ese bote de basura que tuvo la mala suerte de estar en su camino. - El caso de todo esto es… que voy a ser madre.

La cara de los tres hombres era un verdadero poema. Ninguno de ellos se esperaba algo así. Barry y Carlos habían discutido, cuando Jill les avisó de la reunión, que seguramente vendería la casa o algo así, pero nunca que fuera a tener un bebe. Y Leon... bueno, él ni siquiera tuvo tiempo de sacar conclusiones.

-¿No van a decir nada, mal educados?- reprendió Claire.

Los aludidos salieron de su asombro para levantarse y felicitar a la rubia, haciendo una fila como si fueran a comprar algo.

-Felicidades, linda.- dijo Carlos con algo de pesar, si antes sentía que la tenía difícil para conquistar a Jill, ahora lo veía casi imposible, pero igual se sentía feliz por ella, y fijándose bien en sus hermosos orbes grises, se daba cuenta del brillo especial que ahora los cubrían.- Serás una buena madre.- termino, abrazándola, y Jill solo asintió contra su pecho.

-Es una maravillosa noticia Jill, muchísimas felicidades.- dijo por su parte Leon.

-Lo sé, Leon. Es… Increíble.- agradeció ella.

-Oh, Jilly, ¿Qué puedo decirte? Es una noticia que a todos nos tomo por sorpresa, pero que te aseguro es muy bien recibida, y será la mejor cosa que puedas llegar a tener, y a sentir.- dijo Barry, abrazándola y revolviendo un poco su cabello, que ahora llevaba suelto.- Estoy seguro que Chris estaría muy feliz.

La rubia, al escuchar el nombre de su compañero, no atino más que a llorar. Y Barry, sabía que la acababa de joder completita.

-¿Me disculpan, chicos?- dijo mientras corría escaleras arriba, aún llorando.

Ese sería el inicio de un mes muy difícil, tanto para Jill, como para los demás.


Una bella mujer caminaba por todo el hospital St. Francis, buscando a un doctor en particular. Había descubierto que ese hombre tenía el paradero del bastardo a quien estaba buscando desde hacía más de cinco meses, y no se iría de ahí hasta saber dónde encontrarlo, así tuviera que torturarlo para que le contara la verdad... recordó que no podía hacer eso. Habrá otra manera.- se dijo mentalmente.

Después de preguntar a varias enfermeras, por fin dio con él. Con toda la información que recopiló, se había enterado de que ese era el último día del doctor en aquel hospital, y que seguramente estaría alistando sus cosas para la mudanza, o algo por el estilo. A fin de cuentas, ¿ella que iba a saber? Toco la puerta, y escuchó un leve "Adelante".

-¿Doctor Johnson?- preguntó con tono sensual. Esa nunca fallaba.

-Sí, soy yo ¿en qué la puedo ayudar señorita? – respondió el, levantando la cabeza hacía ella. Sí estaba sorprendido, no lo demostró.

-Estoy buscando a una persona.

-Pues creo que no la podré ayudar, soy doctor, no policía.- dijo él con tono de mofa en su voz.

-Yo creo que sí, es un paciente suyo y amigo también.

-¿De quién está hablando?- a Tom no le daba buena espina esa mujer.

-Wesker, Albert Wesker.

Mierda, y yo que pensé que era el único que sabía que estaba vivo, al parecer, aún tiene muchos enemigos.- Tom se puso automáticamente a la defensiva, y demasiado nervioso para su gusto.-No lo conozco, lo siento. No puedo recordar el nombre de todos mis pacientes, y tampoco olvidaría el nombre de un amigo.

-Entonces creo que lo confundí, por cierto, qué bueno que no lo conoce, era un maldito, un completo imbécil, un autentico hijo de perra, quisiera verlo una vez más para patearlo.- la mujer estaba ocupando todo su armamento para sacarle la verdad.

Y fue entonces que Thomas Johnson perdió el control.- No lo conoce, no sabe de que está hablando.

Caíste en mi red.-Ada Wong sonrió con malicia.- Veo que, a final de cuentas, si lo conoce.

-No, no... Para nada, solo... me parece que no debería de hablar así de las personas si estas no están presentes.- trato de arreglarlo.

-No se preocupe, doctor, yo lo encontraré... Con, o sin su ayuda.- sentenció la asiática.- Y mi nombre es Ada, Ada Wong, y quiero que se lo diga a Wesker.- termino, dirigiéndose a la puerta.- Regresaré, no se olvide de eso. Lo que Ada no sabía, era que cierta pelirroja, que entraba al hospital, pudo reconocerla perfectamente. Algo increíble pues llevaba alrededor de 10 años sin saber nada de la pelinegra.

Tom dejo escapar un bufido y se dejo caer en su silla. ¿Acaso su amigo nunca podría sepultar su pasado? Tal vez no... No con personas como esa rondándolo. Tomo su celular y estaba a punto de marcar el número del rubio... Pero se detuvo. Primero tenía que calmarse el, para al menos dar el apoyo que Albert necesitaría, y detenerlo si quería matar a alguien. Que seguramente eso querría.

Decidió salir por un café... ¿Un café? No, mejor saldría por un cigarro. Hacía muchos meses que no fumaba, pero esa ocasión lo ameritaba. Y todo por su amigo. Quién diría que con su reencuentro fuera a retomar ese horrible habito que tenía.

Caminó muy deprisa hacia el área de fumadores... pero recordó que no llevaba cigarros. Muy bien, Tom, muy inteligente de tu parte, ahora tendrás que regresar, y caminar el doble. Se reprochó. Tan distraído estaba que no se le ocurrió, hasta después de llevar la mitad del camino recorrido, que como era la hora del almuerzo para la mayoría, seguramente habría alguien fumando, volvió a reprocharse y deshizo su camino para dirigirse de nuevo a los jardines. Para su suerte, ahí estaban más de tres doctores, y no dudó ni un segundo en acercarse al que se encontraba a su derecha.

-Hola, Fredericksen, ¿Cómo va tu mañana?- dijo cortésmente.

-Todo normal ¿Qué tal tu, Johnson?- respondió el otro doctor.

-Algo estresado.- y se apresuró a agregar.- He olvidado mis cigarros, y me preguntaba si podrías regalarme uno.

-Por supuesto, Thomas.- justo después de que tomara el cigarrillo y de haberle prestado fuego, el doctor Fredericksen se levantó por un pequeño sonidito proveniente de su bata.- Oh, discúlpame, hay una emergencia.

Thomas solo asintió y se dedicó a dar grandes y pausadas caladas.

A su mente, regresaron los acontecimientos de cuando conoció a Albert Wesker, un suceso demasiado extraño, de hecho.

Flashback

En ese entonces, Thomas se encontraba en Europa en unas pequeñas vacaciones que se quiso dar. Por fin había terminado su especialidad en la universidad y tomado ese curso de ingeniería genética que siempre le había llamado la atención. Con todo el alboroto que se armó en la facultad (hacía años, claro) al enterarse de que fue adicto a las drogas y que estuvieron a punto de expulsarlo, se había dedicado solo a su carrera profesional. Y ahora veía sus resultados, había sido aceptado en un hospital en Manhattan, y empezaría a trabajar después de terminadas sus vacaciones.

Al ser su último día en Grecia caminaba tranquilamente por la avenida principal, tratando de grabar cada detalle de sus hermosas calles, de las casas, de las personas, de todo, no le gustaría olvidarse de nada de ese maravilloso lugar. Llegó a un pequeño café y decidió pasar aunque hubiera mucha gente.

Pidió un café bien cargado para despertar, ya que no había dormido muy bien, y esa misma tarde partía hacia Holanda. Al tener su bebida en mano, se dio cuenta que todos los lugares estaban ocupados, así que trató de encontrar uno con al menos una persona… y encontró a un hombre rubio sentado en una mesa del centro, se dirigió hacia él.

Parecía que aquel hombre no la estaba pasando nada bien, tenía las dos manos agarrando fuertemente su cabeza, como si de un momento a otro fuera a explotar, había tres envases vacíos de café en la mesa y lo que parecía pastillas para el dolor. Pero Thomas solo iba a sentarse ahí, no a molestarlo con sus problemas, es más, lo ignoraría por completo. Se acercó decidido.

-Buenas tardes, señor, me preguntaba si podría sentarme aquí. Como ve, el lugar está abarrotado.- dijo amablemente, y lo único que recibió, fue un gruñido por parte del hombre. Lo que el tomo como un: Haz lo que quieras.- Muchas gracias.

En el justo momento en que terminaba de acomodarse en su silla, el extraño levantó su cara y Thomas pensó que si sus ojos fueran cuchillos, aunque estaban cubiertos por unas gafas negras, seguramente ya hubiera muerto.

-Nunca dije que podía sentarse.- dijo su acompañante fría y cansinamente.

-Supuse que sí, ya que tampoco dijo lo contrario.- acotó el.- Mi nombre es Thomas Johnson, por cierto.- estiró la mano, pero el hombre ni siquiera hizo amago de estrecharla.

-Albert Wesker. Ya puede irse de mi mesa.

-No veo su nombre escrito por aquí.- el castaño vio como hacía una mueca para responder, pero lo interrumpió antes de que pudiera formular una palabra.-Mejor cuénteme, Wesker, ¿Qué es lo qué pasó para qué esté así?

-Claramente, no es de su incumbencia, Johnson.

-Por eso mismo... Nada mejor que contarle tus penas a alguien que no te importé una mierda lo que piense de ti.

Bueno contar un poco no será tan malo, a fin de cuentas sí lo mato, no habrá problema.- pensaba el rubio.- Creo que no me queda de otra, ¿cierto? Va a seguir molestando hasta que se lo diga.

En el rostro del doctor, se encontraba una sonrisa de autosuficiencia.- Bueno pues, vayamos a otro lugar, me estoy sofocando, hay un pequeño pub cerca, yo invito.

Perfecto, así puedo culpar al alcohol de tu muerte.- se dijo Wesker y solo asintió.

Salieron del café y pronto encontraron el pequeño pub, como no querían esperar a que una mesa se librara, se sentaron en la barra y Thomas decidió empezar con la conversación de nuevo.

-Soy todo oídos, Albert. ¿Te puedo tutear, no?

-Ya qué me queda.

-Eres muy gracioso, ¿sabes?- Wesker volteo a verlo con cara de confusión ¿gracioso? ¿En qué sentido? Ese hombre estaba loco.

-Sí, bueno, dejemos esto. A lo que vine.

-Okay, te escucho entonces.- y Tom puso cara de niño cuando le están explicando algo nuevo para él, tomando el whisky que hacía poco le habían entregado, y acercándole el suyo al rubio.

Así Albert decidió relatar un poco de su pasado, ya que si quería desahogarse por completo, tenía que empezar desde el principio. Le contó el Incidente de Raccoon City, siendo muy precavido, claro, usando nombres falsos, cambiando el nombre de la ciudad y diciendo que una simple medicina salió mal y que costó la vida de muchas personas, y Thomas, que tenía una curiosidad muy grande, decidió investigar más cuando saliera de ahí.

-Pero eso no es lo que te molesta, estás solo haciendo tiempo.- afirmó Johnson.

-Lo que me está molestando, es que mi… asistente, hizo algo muy estúpido, y todo el tiempo está hostigándome.- Sí, Excella podía ser demasiado inteligente, pero lo que tenía de inteligencia lo tenía también en habilidad para irritarlo con suma facilidad, y había infectado accidentalmente a un grupo de personas y animales sin tenerlas controladas… y obviamente fue todo un problema para desinfectar las instalaciones.

-Ya veo… Lo que hay entre ustedes, se llama tensión sexual.- Thomas empezaba a mostrar los signos de alguien que ha estado tomando mucho.

Wesker se atragantó con el sorbo de la bebida que había estado tomando unos segundos antes de que el castaño dijera eso.- ¿Qué te hace pensar eso?- dijo después de haberse recuperado.

-¿Por qué crees que está hostigándote todo el tiempo? ¿Solo por qué sí? Me imagino que es una mujer muy inteligente, y también muy guapa, bien podría aceptar tu indiferencia y buscarse otro, pero ella te quiere a ti.- explicó fácilmente.

-Sí, si, tal vez. Es una mujer muy misteriosa, pero que nunca ha ocultado su… fijación, por m, pero eso no quiere decir que yo esté interesando en ella.- Wesker miró su reloj y decidió que era tiempo de irse, no sin antes saber en dónde estaría el doctor… Para ir a matarlo, claro.- Bien, Thomas, es tiempo de irme, no sin antes agradecerte tus atenciones, y pedirte tu dirección para buscarte pronto.- si fuera actor… definitivamente ya le habrían dado un Oscar.

-Aquí está el hotel en el que me hospedo.- dijo mientras sacaba un volante de su bolsa.- Nos veremos pronto, Albert.- terminó moviendo el brazo demasiado, y subiendo al taxi que estaba frente a él.

Ya lo creo, Johnson. Aunque no creo que sea necesario matarte, ya que no sabes demasiado… Oh, qué va, lo haré por diversión.- pensó el rubio.

Wesker decidió ir al día siguiente, después de todo no faltaban más que unas horas, y así podría descansar un poco y planear su cuartada. Cuando llegó al hotel preguntando por Thomas Johnson, la recepcionista le dijo que había partido hacía unas horas, ya que su estadía ahí había terminado, y cuando pregunto a donde había ido, no le supieron decir.

Flashback End.

-De la que me salvé.- dijo Tom riendo ante su recuerdo. Pero definitivamente, su reencuentro había sido de lo más raro, ya que fue de la misma manera en la que se conocieron. Cinco meses atrás, se encontraba en la cafetería a lado del hospital, ya que por alguna razón no había café ahí, así que tuvo que salir.

Como era de esperarse, casi todos los doctores estaban ahí y el lugar estaba a reventar. Volvió a sentarse en la mesa de un extraño, encontrándose con un hombre rubio en la misma posición en la que había encontrado, hacía años, a otro desconocido. Siguiendo su deja vu preguntó lo que aquella vez, recibiendo la misma respuesta… Todo era demasiado extraño. Y cuando el hombre levantó la cabeza… Casi se desmaya. ¡ERA ÉL! Albert Wesker, en persona.

Después de salir de su asombro, Thomas volvió a pedirle a Wesker que le contara lo que le estaba pasando, y lo invitó a su oficina en el hospital. Cuándo le contó toda la verdad, esta vez sin tapujos, no evitó sentirse enojado con él y su falta de sentido común ¿infectar todo el planeta? Simplemente una locura. Además que confesó haber querido matarlo en Europa.

Pero como el dijo días atrás, el era su único amigo, el único que, de cierta manera, de verdad lo conocía.


Su tiempo de reflexión y total autismo ya había sido suficiente según ella, así que decidió salir a comprar lo que faltara en la alacena de la casa, porque seguramente Albert no querría salir en unas cuantas horas… o días, y cuando por fin se decidiera, tendría mucha hambre. Tomo las llaves del coche que Wesker le había regalado hacía unos meses y se dirigió al garaje.

Encendió el motor de su precioso Mustang 67' Fastback color azul, su automóvil le encantaba, era el que siempre había soñado, y para el rubio no fue muy difícil saberlo, después de todo, tenía un poster de uno pegado en la puerta de su recamara.

Después de comprar la casa, que no quedaba muy lejos ni muy cerca del hospital, Albert decidió dárselo para que no sufriera tanto en cuestiones de transporte, aunque a veces también era una mala idea, ya que salía demasiado cansada de sus guardias, y manejar a veces no era una buena opción.

Pero siempre que pasaba esa situación, bien podía dejarlo en el estacionamiento del hospital e irse a su casa con algún compañero o en un taxi, y al día siguiente regresar en el coche. Había veces en que el auto se quedaba más veces en el trabajo que en su propia casa, por eso cuando lo tenía y había algo que hacer ella se ofrecía para pasar un tiempo con él. Sonaba patético, pero le encantaba, era uno de sus pequeños placeres… excepto cuando había transito.

Dobló a la derecha, donde estaba un cruce en forma de cruz, y se encontró con el semáforo en verde, así que no se fijo que una camioneta negra se había pasado el alto que estaba a su derecha.

Y lo inevitable sucedió. Su bello Mustang fue chocado en la parte del copiloto y dió una vuelta que lo dejo viendo por donde había llegado.

Después de salir del shock inicial, Sherry se apresuró a salir del coche y revisar el daño. Se veía muy mal, totalmente abollado, solo esperaba que pudiera salvarse. Buscó al causante de ese terrible accidente y pudo ver que movía su camioneta, estacionándola para que no estorbara y poder arreglar las cosas. Al menos no es un maldito patán.- pensaba.

Regresó al coche para sacar sus documentos, como el de propiedad, su licencia para conducir, y el número del seguro. Seguramente no sería problema para el otro conductor pagar lo que fuera necesario, después de todo, esa camioneta no era lo que se dice… accesible a todo público… o quizá sí, ella no sabía mucho de eso.

Salió del coche y cuando vio el perfil del causante de todo ese desastre… casi se desmaya.

-¡LEON!

El aludido volteó hacía todos lados tratando de identificar la voz que lo llamaba, y no fue hasta que encaró a la chica a la que acababa de chocar, que se dio cuenta que ella lo había llamado.

-¡Leon! ¡Eres tú!- volvió a decir, ahora con la voz un poco quebrada y algunas lagrimas en los ojos, habían sido muchos años sin verse, no era para menos.

-¿Sherry?

Y no pudo decir más, la muchacha se había abalanzado a abrazarlo. No era el mejor reencuentro que se podían imaginar… Pero al fin había sucedido.


Como pudieron ver Sherry, Leon y Claire tienen mucho protagonismo en este capítulo, pero creo que solo será por éste, puesto que el fic es de Jill y Wesker a menos que la historia lo solicite, así que sobre la marcha verémos.

Muchísimas gracias por leer y seguir en esto conmigo, cualquier comentario, duda, aclaración, idea, sugerencia o lo que sea, son bien aceptados, después de todo, como vengo diciendo: Los reviews son oxígeno para los escritores.

Sín más que decirles, nos vemos dentro de 3 semanas. GRACIAS.

Atte: Dann' (02/08/2012 12:55 a.m.)