Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.


Capítulo II

Guardia.

1975.


Esa noche James casi no durmió. A pesar de las curaciones que le había hecho Madame Pomfrey, el dolor no cesaba. Intentó cambiar de posiciones varias veces en la cama, pero ninguna le permitió conciliar bien el sueño. El frío de pasar la noche en la enfermería, añadido al hecho que sus brazos estaban vendados y que de vez en cuando tenía picazón en las heridas, era la mezcla perfecta para una noche en vela.

Rememoró la breve conversación con Remus que parecía más pálido que de costumbre, también recordó la visita de Sirius y Peter, el último recordándole que no podría jugar Quidditch y que haría falta en el equipo. Pero lo que más recordó durante esa noche en vela fueron los ojos de Lily Evans, aquella mirada llena de reproche, el silencio incómodo que se produjo mientras le traía a la enfermería y aquel comentario tan impersonal.

Por la mañana Madame Pomfrey le indicó que podía retirarse de la Enfermería, que debía venir una vez al día para revisar como iba todo, pero que por lo demás podía hacerlo todo con total normalidad, todo menos jugar Quidditch. El partido era esa misma tarde, jugaba Gryffindor con Ravenclaw, James sentía enormemente no poder jugar.

Peter y Sirius le estaban esperando a la salida de la enfermería. James sonrió al verlos, llevaban prendedores que se movían y daban ánimos al equipo de Gryffindor, uno de ellos tenía su cara.

—¿Y Remus?—preguntó James.

Peter y Sirius se quedaron mirando sorprendidos al ver que James hacía esa pregunta.

—¿No estaba en la enfermería?—Sirius respondió con otra pregunta.

—No, no estaba en la enfermería. Estaba solo, si hubiera estado en la enfermería no me habría aburrido toda la noche—añadió James.

—Quizá deberíamos preguntarle a Madame Pomfrey—sugirió Peter.

Se devolvieron a la enfermería con la curiosidad a flor de piel. Remus había dejado una nota sobre su cama que decía que se sentía fatal y que iría a la enfermería. Lo extraño era que James no le había visto durante toda la noche ya que estuvo despierto, ni siquiera sintió movimiento en la sala, así que Remus no había ido a la enfermería. Y si no estaba allí ¿Dónde estaba? Muchas preguntas sin respuesta rondaban por la cabeza de los tres jóvenes.

—¿Problemas con tus quemaduras?—dijo Madame Pomfrey al ver a James de vuelta.

—No, no es eso—respondió—, se trata de Remus Lupin dijo que vendría a la enfermería, pero no lo vi.

Sirius y Peter estaban ansiosos esperando la respuesta de Madame Pomfrey, ésta que estaba ordenando algunos utensilios no dejó de hacer lo que la mantenía ocupada y sin mirar a los muchachos les respondió.

—A Remus lo han enviado al Hospital San Mungo—respondió—. Está siendo tratado allí, se espera que vuelva pronto.

—¿Al Hospital San Mungo?—preguntó Sirius.

—Sí, allí. Ahora si me permiten no es horario para andar rondando—con eso finalizó la visita.

Conformes con la respuesta de Madame Pomfrey, James, Sirius y Peter se fueron a su sala común. A nadie le era indiferente lo que había ocurrido con James Potter, todo el mundo sabía lo que había pasado, algunos decían que le habían provocado el accidente adrede, otro culpaban a los de Slytherin de haber hecho explotar el caldero solo para que perdieran contra Ravenclaw y así ellos asegurarse estar primeros en la tabla. Para nadie era indiferente James, casi nadie, en realidad, porque cuando entró a la sala común la única que no se le acercó fue Lily Evans. Sentada frente a una mesa con un par de libros y unos pergaminos estaba absorta del mundo.

—¿Cómo estás, James?—le dijo una chica—, será una lástima que no puedas jugar hoy.

—Yo me había puesto un prendedor para ti, James—dijo otra.

Las voces melosas y ridículamente fingidas pusieron de mal humor a Lily que intentaba concentrarse, tarea que había conseguido bastante bien hasta la aparición de Potter y su séquito de admiradoras. Molesta por la irrupción, tomó sus libros y sus pergaminos, echó algunos a su bolso y salió de la habitación pasando por el lado de James sin siquiera mirarle. James le siguió con la mirada.

—¿Qué pasa ahí?—alzó una ceja Sirius.

—¿Ahí donde?—fingió no comprender.

—Parece que no solo se te quemaron los brazos, sino también los sesos—bromeó.

La noche anterior Lily se había quedado hasta tarde de guardia y sola, se había entretenido mirando por las ventanas de la torre, el cielo estaba despejado y la luna reinaba en el cielo nocturno. Estuvo tan agotada durante la guardia que casi se quedó dormida afirmada en un ventanal, por suerte Peeves, que andaba haciendo sonar las puertas, la despertó. Esa noche la guardia estuvo tranquila, nadie estuvo fuera de sus camas y ella pudo irse pronto a la suya. Ahora haber hecho la guardia sola le pasaba la cuenta, no podía dejar de bostezar y aunque hubiera preferido dormir, se fue a la biblioteca a hacer la tarea de Encantamientos.

Mientras las personas estaban escuchando a Sirius que contaba la historia de cómo explotó el caldero de James, éste lo único que quería era marcharse de allí, así que cuando se dio cuenta que todo el mundo estaba prestando atención a Sirius, salió de la sala común rumbo a la biblioteca. Estaba seguro que allí encontraría a Lily.

—¿Has notado algo extraño?—murmuró un chico cerca de ella—. La luna ayer se veía más cerca y tenía un tono rojizo.

—La profesora Pettigrew dice que un descubrimiento ocurrirá—susurró una chica.

—¡Ay! La profesora de adivinación dice lo primero que se le viene a la cabeza—respondió otra.

Lily no podía concentrarse debido al bullicio que tenía el grupo de alumnos, agradeció que Madame Pince hiciera callar a muchos de ellos y estos obedecieron ante la orden de la bibliotecaria. Aunque la tranquilidad de Lily pronto se vio perturbada.

—¿Qué haces aquí, Potter?—dijo sin alzar la vista puesto que ya había notado que James se acercaba.

—Esperaba al menos un ¿Cómo estás? O un ¿Cómo te sientes?—fingió decepción.

Lily decidió ignorarlo, tenía claro que si le seguía el juego a Potter este se sentiría dichoso y buscaría más motivos para disgustarla, porque ese era el real pasatiempo de Potter, molestar a quién cayese en su juego.

—Bueno, ya que no quieres hablar, solo vine a decirte que puesto que me mejoré esta noche te acompañaré en la guardia—anunció.

—No hace falta—respondió Lily con los ojos puestos en su pergamino.

—De igual manera estaré allí por Remus no por ti—y se marchó.

Lily se obligó a contar hasta que se sintiera más calmada, perdió la cuenta cuando iba en cincuenta, agradeció que Alice y Marlene llegasen justo a tiempo para sacarla de allí. Lamentablemente, ambas tenían la idea fija de ir a ver el partido de Quidditch, por lo que siguió a sus amigas hasta el estadio.

El ambiente festivo típico de un juego de Quidditch se sentía por todo el Colegio, los alumnos inventaban pequeños broches con movimiento, otros tenían banderines y todos con motivos de su casa. Los de Ravenclaw estaban haciendo apuestas en contra de Gryffindor y viceversa, todos tenían planes para ganar y sus ideas para conseguir el ansiado triunfo, lo gracioso para las chicas era que la mayoría ni siquiera jugaba Quidditch.

Cuando Dumbledore se dirigía al estadio para ver el partido fue interceptado por uno de los alumnos: Sirius Black. Luego de un cordial saludo de parte de ambos, Dumbledore siguió caminando, por lo que Sirius debió seguirle, iba acompañado de Peter Pettigrew.

—¿Sabe algo de Remus Lupin, señor?—preguntó Sirius—, Madame Pomfrey nos ha dicho que han debido enviarle al Hospital San Mungo.

—Así es, pero Remus está muy bien—respondió mirando hacia adelante—, esperamos que dentro de la próxima semana sea capaz de reintegrarse completamente a las actividades normales.

—¿Qué es lo que tiene?—insistió Sirius.

—No podría precisarlo, señor Black, pero espero que pronto lo sepamos—le miró de reojo y dio por finalizada la conversación.

El partido de Quidditch se había tornado emocionante. Ravenclaw sobrepasaba por solo tres puntos a Gryffindor. Las escobas volaban de un lado a otro, mientras que la gente gritaba desenfrenada desde las gradas. James estaba aburrido, era la primera vez en años que debía sentarse a ver un partido de Quidditch, se sentía un inútil, extrañaba la adrenalina del juego, el aire contra el rostro y las ganas de marcar y dar puntos a su casa. Pero nada de eso, se encontraba en una pésima ubicación, intentando ver las manchas escarlata y las azules que se mezclaban en el cielo y parecían dejar su estela.

—¡Vamos Gryffindor!—gritaba la gente en la grada.

Finalmente el buscador de Ravenclaw se hizo con la Snitch dorada dando por finalizado el partido y poniendo como gran ganador a su casa. La decepción de los Leones de Gryffindor fue terrible, muchos de ellos asumieron esta derrota por la falta de James en el campo, pero él había visto que el juego iba bastante bien sin él, más que eso, el motivo de la pérdida de Gryffindor fue que Ravenclaw jugó de manera superior, les gustase o no, ellos finalmente habían ganado.

—Me debes 5 galeones—le dijo Peter a Sirius.

Peter había apostado a que perdería Gryffindor, mientras que Sirius había apostado lo contrario. Ahora Sirius debía pagarle cinco galeones a Peter. Se metió la mano al bolsillo y le entregó las monedas.

—¿Apostaste en contra de Gryffindor?—le preguntó James a Peter.

—Así es—sonrió mostrándole sus galeones.

—¿Contra tu propia casa?—frunció el ceño.

—Pero gané. Aposté en contra de mi casa porque sabía que perderían si no estabas tú—se excusó Peter.

Todos los Gryffindor llegaron desanimados a su sala común, nada de vítores, nada de celebración. En silencio cada uno se fue a su cama a dormir. Cuando James pretendía irse a la cama recordó que le había prometido a Remus reemplazarle en sus labores de Prefecto por esta semana. Por lo que salió de la sala común y se fue hacía donde solía encontrarse Remus con Lily.

Cuando Lily llegó a las escaleras que se dirigían al pasillo de Gryffindor y vio que James no estaba, no se asombró. Tenía claro que lo más probable es que luego del partido de Quidditch olvidase reemplazar a Remus, así que comenzó a pasearse por el pasillo, mientras que Peeves hacía ruido con las puertas. Esta vez no le retó ya que le servía para mantenerse despierta.

—Señorita Evans—la voz de Filch sonó a sus espaldas.

Filch era un hombre de no más de treinta años, aunque su apariencia y su encorvada postura parecía hacerle más viejo, hacía unos cuantos años había sido contratado por Dumbledore como celador de Hogwarts, por lo que constantemente vagaba por los pasillos buscando alumnos a quienes castigar y colgar de los pulgares.

—Dígame, señor Filch—se volteó.

—¿Qué hace usted a esta hora fuera de la cama?—Filch siempre olvidaba que era una Prefecta.

—Estoy haciendo guardia, como Prefecta me corresponde—respondió Lily.

Inconforme, puesto que no había conseguido castigarla, ya que ciertamente a ella le correspondía hacer guardia por ser Prefecta, Filch se marchó. Siguió Lily paseándose por las cercanías de la escalera, agotada y muerta de sueño, muchas veces sus ojos se cerraban por instantes y parecía dormir mientras caminaba de un lado a otro.

—¿Lily?—preguntó James provocando un sobresalto en la muchacha.

La joven abrió los ojos, aún somnolientos y se sorprendió al ver a James Potter frente a ella. No dijo nada, simplemente le quedo mirando mientras intentaba no volver a cerrar los ojos nuevamente.

—¿Hace mucho rato que estás aquí?—preguntó caminando a su lado.

—Sí—murmuró agotada.

—¿Qué tal si te vas a la cama y yo sigo con la ronda?—sonrió, pero Lily no le estaba mirando.

La idea de James sonaba completamente tentadora, ella irse a la cama a descansar, que merecido se lo tenía, mientras James se encargaba de terminar la guardia. Sonaba magnífico, así ella podría descansar para mañana continuar estudiando para los TIMO y avanzar en los trabajos que los profesores habían pedido, todo sonaba espectacular, menos el hecho que quién la reemplazara fuera James Potter. Conociendo a Potter no era seguro encargarle nada, no le dejaría ni el caldero para que se lo cuidara y esto comprobaba ya que recientemente había explotado el suyo. Con eso, mucho menos le dejaría a cargo la guardia, porque de ser por él los alumnos pasearían a cualquier hora por Hogwarts sin importar las reglas. La verdad era que James Potter no conocía las reglas más que para quebrarlas.

—No, prefiero quedarme aquí—murmuró Lily y siguió caminado obligándose a abrir bien los ojos.

—Lily, estás cayendo de sueño. Confía en mí y ve a dormir—insistió James, pero pareció que sus palabras se las hubiera llevado el viento, porque Lily seguía allí.

Lily y James caminaban por los pasillos de Hogwarts, algunos no tenían iluminación por lo que James sacó su varita y alumbró el camino. Mientras caminaban por los alrededores de la sala común, James intentaba hablarle a Lily, contarle cualquier cosa que pudiera o no interesarle, el punto era hablarle, mantenerla entretenida antes que se quedara dormida. Ella de vez en cuando le miraba, pero no hablaba nada, permanecía en silencio.

—¡Baja eso!—le dijo un cuadro a James cuando este alumbró muy cerca y le molestó.

—Lo siento—murmuró Lily aunque de ella no había sido la culpa.

El resto de los cuadros los hacía callar, sobre todo a James que no se callaba nunca. Hablaba de Sirius de lo gracioso que era y de las tonteras que decía, hablaba de Peter aunque no tenía mucho que decir, hablaba de Remus y de lo buena persona que era. Pero nada de lo que él decía parecía llamarle la atención a Lily.

—¿Por qué no te callas un rato?—dijo Lily una vez que perdió la paciencia.

James se sonrojó.

—Lo hacía para que no te quedaras dormida—susurró—, pero veo que estás bien despierta.

—Será mejor que nos vayamos a dormir, de seguro ya es hora de que se acabe la guardia—se cruzó de brazos y comenzó a caminar hacia la sala común de Gryffindor.

James permaneció en silencio mientras seguía los pasos de Lily. Pensaba en qué era lo que le había molestado a ella de él, porque siempre le trataba así, de una manera distante, despectiva y muchas veces grosera. Lily no parecía ser así con todos, pero con él si ¿Por qué?

—Señor Potter—frente a ellos apareció Filch—. ¿Qué hace usted merodeando por estas horas de la noche y junto a la señorita Evans?

—Estoy reemplazando a Remus Lupin que no ha podido hacer guardia porque está enfermo—le mostró la insignia de Prefecto de Remus.

—Está conmigo, señor Filch—respondió Lily—. No hay problema con eso.

—Eso no lo decide usted, señorita Evans—los ojos vidriosos de Filch se posaron sobre los somnolientos ojos de Lily.

—Pues ya nos íbamos a la sala común—agregó James.

—Tendrá que acompañarme a mi despacho—dijo el celador.

James se resignó a acompañar a Filch, de seguro esa noche no dormiría ni una sola pizca y tendría clases de encantamientos al día siguiente. Agachó la cabeza y seguía a Filch cuando Lily volvió a hablar.

—El profesor Dumbledore autorizo este cambio, señor Filch—dijo Lily—, no sé usted, pero si va a despertarlo por algo que él autorizó no creo que esté muy contento.

Filch se detuvo y también lo hizo James. Realmente no le convendría despertar al director o a cualquier profesor para que viniese a ver el caso de Potter si resultaba que estaba autorizado, sería ridículo y perdería credibilidad. Se mantuvo por unos minutos mirando fijamente a Lily y finalmente bufó.

—Mañana a primera hora lo consultaré con el director Dumbledore, si están mintiendo los castigarán—frunció el ceño y se marchó encorvado como siempre.

James se acercó hasta donde estaba Lily y volvieron a caminar hacia la sala común. En uno de los grandes ventanales del edificio se veía la luna en todo su esplendor, redonda y brillante, aún tenía el tinte rojo que habían señalado los chicos en la biblioteca. Lily se quedó mirándola unos instantes antes de volver a reanudar su caminata. Al llegar a la entrada de la sala común, Lily no dijo nada, pero James no pudo aguantar el silencio, además la duda le consumía, por lo que antes de entrar a la sala común justo en el instante en que Lily iba a dar la contraseña él la interrumpió.

—¿Es verdad?—fue todo lo que dijo, pero ella comprendió a que se refería.

—¿De qué hablas?—fingió no saberlo.

—Lo de la autorización de Dumbledore—añadió.

Lily le habló al retrato que estaba durmiendo. Enojada despertó y aceptó la contraseña. Lily y James entraron a la sala común, entonces James volvió a preguntarle y ésta sintió que no tenía escapatoria.

—Es mentira—dijo entrando a las habitaciones de mujeres y asegurándose que James no podría seguirla allí.

Esa noche a James le costó conciliar el sueño, una vez más sus pensamientos rondaban en la imagen de Lily Evans. ¿Por qué ella habría mentido? ¿No querría que tuviese él problemas? ¿Se preocupaba por él? Sinceramente lo dudaba, pero era incapaz de comprender el por qué lo había hecho.


Lumos!

Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Aquí estoy, en la madrugada del Domingo de mi país actualizando este fic que me trae de cabeza, es que si ustedes supieran todo lo que me imagino y cuanto me inspira este fanfic me comprenderían. ¡Gracias por todas sus lechuzas! Las he recibido bastante bien, aunque parece que algunas de ustedes mandaron a Errol porque aún no llega. Bueno, como tengo capítulos adelantados podrán leer sin problemas todos los domingos por ahora.

Para aquellas fanáticas y fanáticos de Harry Potter que necesiten de algún lugar donde encontrar fanfics de la saga y/o recomendar, ve a mi perfil, allí encontrarás sala de los menesteres un grupo en Facebook que cree con ese fin.

Para aquellos lectores asiduos de los fanfics de Harry Potter tengo un Dramione, se llama ¡Qué haces besando a la sangre sucia! Maldita sangre sucia. Puedes leerlo en mi profile, así como también mi querida Miss_Kathy90 tiene un nuevo fic muy prometedor de un UA donde Voldemort no ha sido derrotado, puedes leerlo en su profile (está en mis favoritos también) se llama Light in Darkness.

¡Espero que todas tengan un excelente domingo, que hagan llegar sus lechuzas, escriban los papiros de tarea que mandó Slughorn y nos veamos en Hogsmeade pronto!

Travesura Realizada.

Manne Van Necker