Los secretos de un merodeador.
Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.
Capítulo III
Hogsmeade.
1975.
Remus Lupin estuvo ausente un poco más de una semana. Cuando retornó a Hogwarts su apariencia había cambiado mucho. El color de su piel, que solía ser pálida, ahora había acentuado ese tono enfermizo, más aún por el hecho que sus ojeras azulosas se enmarcaban alrededor de sus ojos expandiéndose más de lo usual. Ambas mejillas estaban rasguñadas, pero las cicatrices ya estaban desapareciendo. Lo más notorio de todo el radical cambio de Remus, durante su semana de ausencia, fue la baja de peso. Remus que no poseía gran masa muscular, ni tampoco algún peso extra, ahora parecía ser solo huesos y piel. Sus amigos no quisieron hablar de su estadía en el Hospital San Mungo y él tampoco sacó el tema a conversación, hicieron como si no supieran nada y se dedicaron a hacer lo mismo de siempre. De vez en cuando Sirius le insistía que comiera más, que no se sintiera intimidado por ellos y que tomara las cosas del gran comedor con confianza. Generalmente Peter le dejaba sus muffins y James le dejaba su zumo de calabaza, todos esperaban que se mejorase pronto, pero como eran chicos ninguno se atrevía a decirlo tal cual, preferían demostrarlo de otra manera. Una menos comprometedora.
Remus miró a sus amigos sonriendo. Se alegraba tanto al ver a sus amigos esperándole cada vez que volvía de sus estados tan dolorosos que sufría una vez al mes. En un inicio, por miedo y aceptación, había inventado diversas excusas de sus desapariciones, cosas como que su madre estaba muy enferma o que su abuela había tenido un accidente, mentiras que con el paso del tiempo no fueron capaces de cubrir sus desapariciones mensuales. Fue así, como en segundo año, James y Sirius descubrieron que Remus era un hombre lobo. Recordaba ese día como si fuera ayer.
—Remus—dijo serio James—, no necesitas ocultárnoslo, sabemos tu problema con la luna.
Remus temió por días que sus amigos se alejaran de él, que le abandonasen para siempre. Temió el rechazo social que aquello podría causar, incluso el problema para Dumbledore por haberle aceptado, ya se imaginaba lo que causaría, miles de lechuzas llegarían a diario exigiendo su expulsión, pero contrario a todo lo que imaginó sus amigos se mantuvieron aún más cercanos a él. Un día antes de luna llena, seriamente hablando, Sirius dijo.
—Remus, leí sobre tu estado y que no dañas a los animales sino a la forma humana, quizá convirtiéndonos en animagos conseguiríamos ayudarte en tu proceso—susurró.
En un inicio la idea de conseguir la transformación perfecta en un animago era una locura. Había que poseer una gran habilidad para convertirse en animago, además de conocimientos que aún no poseían por estar en su segundo año en Hogwarts, pero por más que Remus se negó a la idea, James y Sirius demostraron su interés, al que se sumo el tímido Pettigrew. Desde entonces comenzaron a trabajar secretamente en la transformación de animagos. Llevaban tres años desde eso y aún no estaban ni cerca, todos los intentos fallaban.
—¿Qué pasa, Remus?—sonrió Peter.
—Nada—murmuró este saliendo de sus recuerdos.
—¿Quieres hablar de tu estadía en San Mungo?—alzó una ceja Sirius luego de haberse asegurado que nadie estuviera cerca.
—Están probando una poción—murmuró—, es algo así como un estudio de gente como yo—dijo haciendo alusión a su licantropía.
—¿Sí?—pregunto sorprendido James—. ¿Desde cuándo?
—Este mes es el primer mes que voy—reconoció—. Lamento no habérselos contado chicos, pero Dumbledore me pidió que no dijera nada por esta vez.
Los jóvenes dejaron de hablar del tema cuando se dieron cuenta que muchos de los alumnos habían salido del gran comedor y estaban poblando copiosamente los pasillos de Hogwarts.
En el Colegio todos se estaban preparando para la visita a Hogsmeade. Los alumnos de los cursos menores habían entregado ya sus autorizaciones por un padre o tutor, aquellos que no habían obtenido la autorización, desgraciadamente, tendrían que quedarse en los terrenos de Hogwarts.
Desesperada, con la mitad de la cabeza dentro de su baúl y la mitad de las cosas fuera de él, se encontraba Alice. Sabía que en alguna parte había dejado la lista de cosas que necesitaba comprar cuando fuera a Hogsmeade, pero ahora parecía haber desaparecido.
—Alice ¿Qué estás haciendo?—le preguntó Lily.
—Sé—jadeó mientras seguía buscando—, que dejé por aquí mi lista.
—¿Cuál lista?—preguntó Marlene mientras probaba una gragea de la caja de Lily.
—¡La que les dije que haría antes de ir a Hogsmeade!—sacó su cabeza del baúl y miró a sus amigas—. ¡No está!
Alice comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, finalmente se apoyó en uno de los pilares del dosier de su cama y comenzó a morderse una uña. En su mente solamente había un pensamiento y en su corazón una sola sensación: ¡Desesperación!
—¿Qué había en la lista?—interrumpió Lily los pensamientos de su amiga—, quizá podrías recordar la mayoría de las cosas en vez de ponerte a buscarla y perder tiempo.
«¡Oh, no!—pensaba Alice—. ¿Ahora qué hago? El profesor Slughorn no me prestará la receta y no tendré acceso otra vez a la lista de ingredientes. Si no llego a Las tres escobas con la lista la bruja no me entregará nada por más que le pague». Los pensamientos se volvían más turbulentos en su cabeza y agotada mentalmente se dejó caer en su cama pensando que estaría muerta. Había hecho un trato y debía cumplirlo.
—¿Dónde viste por última vez la lista, Alice?—preguntó Marlene.
—Creo que en mi caja de corazón, pero luego la cambié de lugar, se suponía que para no perderla la puse… ¡Ay, no recuerdo!—se quejó la morena.
Mientras las tres amigas estaban de cabeza buscando por todo el dormitorio la dichosa lista, Alice rogaba porque si una de sus amigas la encontraba por favor no la leyera y como no les había dicho que contenía, cada papel que las chicas encontraban hacía que el corazón de Alice se parara de los nervios, luego que lo veía y corroborará que no era el papel que andaban buscando ésta lograba quedarse tranquila, solo hasta que recordaba que necesitaba el dichoso papel.
«¡Ahora que le voy a decir a Pettigrew!—pensaba Alice mientras buscaba el papel—. De seguro buscará una manera de molestarme por no cumplir y todo Hogwarts se enterará.»
—¡Me rindo!—dijo Alice agotada—. Ya está bueno, será mejor que nos vayamos o sino el grupo a Hogsmeade se irá sin nosotros.
Marlene y Lily se quedaron mirando, ambas contenían la risa. Alice, que usualmente llevaba su cabello largo y liso que caía sobre sus hombros, ahora se encontraba todo despeinado y enredado de tal manera que la hacía ver muy graciosa. Alice se miró en uno de los pequeños espejos que tenía en su pequeño mueble y se peinó apresurada.
Los murmullos de los alumnos que se habían agrupado a las afueras de la puerta principal de Hogwarts era la exacta imitación de un panal de abejas. La profesora McGonagall estaba recibiendo las autorizaciones de aquellos que asistían por primera vez a Hogsmeade. Cuando Alice, Lily y Marlene llegaron al grupo, no les sorprendió ver a Pettigrew, Black y Potter, pero cuando Lily se dio cuenta que el cuarto integrante del grupo había vuelto no pudo evitar sentirse feliz.
—¡Remus!—dijo Lily acercándose al chico—. ¡Qué genial que hayas vuelto!
Su efusividad llamó la atención de muchos de los que estaban allí provocando algunos murmullos, pero a Lily poco le importo, se acercó a saludar al muchacho que estaba muy cambiado de la última vez que le había visto. Notó como la prominencia de sus pómulos se hacían aún más evidente y sus azulosas ojeras denotaban un carácter enfermizo.
—Sí, lo he hecho esta mañana—sonrió tímidamente—, espero no haberte causado muchos problemas.
Como siempre la condescendencia de Lupin halagó a Lily que usualmente estaba acostumbrada a esos tratos, pero no de magos tan jóvenes. Muchas veces Lily se preguntaba por qué Remus era amigos de los tres pesados que en esos momentos le rodeaban. Les miró de reojo y se dio cuenta que todos ellos estaban muy pendiente de la conversación que Remus tenía con ella.
—No muchos, la verdad. Aunque a Potter casi lo coge Filch, por suerte Dumbledore avaló que estaba autorizado para reemplazarte—confesó Lily.
—Por lo menos no quedaste sola en los corredores oscuros—sonrió.
—Bueno, no es que tema a estar sola, ya sabes que siempre llevo la varita, aunque la semana pasada estuvo bastante más claro, la inmensa luna alumbraba los pasillos—respondió sonriente Lily.
Remus se tensó ante la respuesta de Lily y prefirió no responder ante el comentario de su compañera, consideró que lo más sensato era quedarse en silencio. Actitud que no notó Lily ya que en ese mismo instante la profesora McGonagall comenzó a dar las órdenes para el grupo que marcharía a Hogsmeade. Una vez que todos comenzaron a caminar hacía el pequeño pueblo mágico, Lily se separó de Remus y ambos volvieron a sus respectivos grupos.
—Así que Remus ¿eh?—susurró Marlene.
—Nada que ver—rodó los ojos Lily—. Es por cosas de Prefectos que hablamos, además él es muy agradable.
—No sé cómo se junta con ese grupo de idiotas arrogantes—añadió Alice.
—Todas nos preguntamos siempre lo mismo—respondieron Marlene y Lily a coro.
Hogsmeade no quedaba muy lejos de Hogwarts, aquel pequeño pueblo en el que residían solo brujas y magos era la atracción de todo alumno del Colegio y brujos que buscaban pasar un buen rato. Sus celebrados locales comerciales eran famosos entre la comunidad mágica, por lo que siempre estaban activos recibiendo nuevos visitantes, tanto como clientes consagrados. Para los ojos curiosos de los alumnos que por primera vez visitaban el poblado todo parecía excitante, visitar Zonko, beber cerveza de mantequilla en Las tres escobas y cargar tantos dulces como pudieran de Honeydukes eran las atracciones principales, para Alice Warwick todo se traducía a la lista perdida.
—Deja de pensar en la lista, ya vendremos de nuevo a Hogsmeade y podrás comprar todos los dulces que quieras—bromeó Lily.
—No importa, como sea ya no servirá después de hoy—dijo Alice metiéndose las manos en los bolsillos de su túnica.
—No seas melodramática Alice—alzó una ceja Marlene mientras sonreía—, no se acaba la magia por una lista perdida.
Su mano derecha sintió algo extraño dentro de su túnica, comenzó a tantear el bolsillo y sintió la suave superficie de un papel. Estaba algo arrugado, miró a sus amigas que estaban caminando hasta Zonko cuando decidió sacar lo que fuese que había en él. Su corazón casi se detuvo cuando vio que allí estaba la lista, había estado allí todo este tiempo. No quiso decírselo a sus amigas para evitar burlas, aunque de todos modos nunca debieron saber de la existencia de la lista.
Cuando entraron a la taberna Las tres escobas, Rosmerta, la dueña del local les sonrió. James se acercó de inmediato a la barra, seguido por Sirius, Remus y Peter. Usualmente venían a beber una cerveza de mantequilla y a conversar, aunque la mayor parte del tiempo, hacían el ridículo delante de la guapa Rosmerta.
—Hola chicos —sonrió—, ¿Qué van a beber?
—Cuatro cervezas de mantequilla—respondió Sirius mientras se sentaba al lado de James.
Desde la clase de Pociones en la que James había reventado el caldero hasta la última estúpida broma que habían hecho a los de Slytherin le hacía gracia a Rosmerta, pero el trabajo era trabajo y cuando le requerían en alguna mesa debía dejar a un lado a los graciosos y simpáticos chicos.
—¿Conseguiste lo que te pedí?—sonrió James a Peter.
—Ya que ninguno es capaz de hacer una decente, tuve que pedir que lo hicieran—explicó Pettigrew—, así que veré si lo tienen listo esta semana.
—¿Tener listo qué?—interrumpió Remus que no comprendía que pasaba.
—El filtro de amor, Remus—explicó Sirius.
James y Peter miraron a Sirius, ambos le reprendían con la mirada. Se suponía que Remus no debía saber para qué querían el filtro, mucho menos que habían robado materiales en la clase de pociones para poder hacerlo y que habían estado intentando hacer uno en el baño de Myrtle la llorona, pero no había funcionado porque Peter estornudó sobre el caldero. En realidad Remus no tenía que saber siquiera que querían un filtro de amor, mientras menos supiera Remus, mejor.
—¿Para qué quieren un filtro de amor?—insistió Remus—, saben que en Hogwarts no se pueden hacer filtros.
—Les dije que no le dijéramos nada—rodó los ojos Peter—, era mejor que no supiera.
El plan de James era coger un veritaserum del despacho de Slughorn para ocuparlo en Snape y así descubrir cualquier información que este pudiera tener respecto a la transformación de animagos y quizá descubrir sus más oscuros secretos, sea de paso, pero para poder entrar a aquel lugar tan estrictamente cuidado, debía conseguir un cupo entre el Club de las Eminencias de Slughorn y siendo sinceros, después de haber reventado el caldero y con las notas que este tenía, difícilmente, por no decir que era imposible, obtendría ese puesto. Así que luego de planearlo muy bien junto a sus amigos, dejando fuera a Remus de esto, decidió que su mejor opción era el filtro de amor. Así lo usaría en Lily Evans, la favorita de Slughorn, y ella rendida ante los efectos del filtro le invitaría a la cena del Club de las Eminencias. En ese momento, cuando el profesor estuviera distraído con sus visitas, podría extraer el veritaserum. Era un plan maestro.
—Remus, Remus, Remus—dijo Sirius posando su mano sobre el hombro de este—, dejémoslo todo en el simple hecho que eres un Prefecto y nosotros somos los indisciplinados de siempre. Es sano para nuestra amistad que sepas aquello que no haga daño a la imagen pública que tienes—sonrió.
En el preciso instante en que Sirius hablaba con Remus, la puerta de Las tres escobas se abrió para que por ella entraran Lily y sus amigas. James se quedó mirándola por un momento, era imposible no observarla cuando su cabellera era tan cautivante como las llamas de una hoguera.
Lily y sus amigas se sentaron en una de las mesas del rincón. Alice se aseguró de quedar lo más cerca de los sanitarios, así podría reconocer a la bruja que dijo que estaría con un turbante rojo en su cabeza. Las tres chicas pidieron cerveza de mantequilla y se dispusieron a esperar sus vasos.
—Por favor, por esta vez Lily, no hablemos de deberes—rogó Marlene—, solo por esta vez.
Lily, quien tenía una extraña obsesión con hablar de temas académicos prometió dejar de hacerlo siempre y cuando no hablaran de Quidditch. Sabía que Marlene tenía una afición por el deporte más popular dentro del mundo mágico, aunque esa afición podía deberse a otros motivos ocultos, algo que quizá tenía que ver con un chico, pero ni Marlene ni Lily tenían ánimo de tocar ese tema. Nada de chicos y nada de deberes.
—¿Leíste corazón de bruja?—dijo Marlene a Alice que estaba bastante distraída.
—No—respondió está mirando hacia los sanitarios—. ¿Por qué?
Luego de que Marlene le soltara toda la última edición de corazón de bruja a sus amigas y de todos los detalles que allí aparecían que podrían aplicar, Alice visualizó a la mujer del turbante rojo acercándose a los sanitarios. Fue allí cuando sorpresivamente les pidió disculpa a sus amigas y siguió a la mujer.
—¿Qué le pasa a Alice?—preguntó Lily.
—Ni idea—respondió Marlene—, quizá esté un poco agotada por todo.
—¿Todo como qué?—alzó una ceja Lily.
—Será mejor que se lo preguntes a ella—alzó los hombros y bebió de su cerveza de mantequilla.
Cuando Alice salió del baño su rostro estaba pálido, sus manos temblorosas y su situación no mejoró cuando vio que en el local también estaba Peter Pettigrew con sus amigos. Estaba segura que no se acercaría públicamente para pedirle explicaciones de su tardanza con el filtro, pero aún así su presencia le ponía nerviosa, aún más nerviosa que el mismo día en que la descubrió besándose con Zacharias Jones, Prefecto y capitán del equipo de Quidditch de Hufflepuff, en una de las salas abandonadas del tercer piso. Ella sabía que él era novio de Sussan Abott, golpeadora del equipo de Quidditch, también de Hufflepuff, pero estaba ilusionada con la idea que él la dejaría, porque él se lo había prometido y ella creía en él. Zacharias le había explicado por qué no dejaba a Sussan y era solo porque si lo hacía crearía un conflicto en el equipo y la necesitaban para los juegos porque no había reemplazante en su puesto. Ella era capaz de comprenderlo, aunque muy profundamente en su interior sabía que no era suficiente. Pero por un descuido de ella había sido descubierta, ahora Zacharias no le hablaba y la ignoraba en los pasillos, todo por culpa de Pettigrew… ¿Qué hacía Pettigrew rondando por ahí? Es lo que siempre se preguntaría.
—¿Por qué Alice Warwick mira hacia acá con cara de asustada?—murmuró Remus a sus amigos.
—Que Peter te cuente—sonrió James mientras se dejaba el bigote con la cerveza de mantequilla y hacía reír a Rosmerta.
Los ojos de Remus se posaron en los de Peter, mientras que este intentaba buscar la manera de explicarle todo a Remus sin tener que delatarse en el camino, algo que sería bastante difícil teniendo en cuenta que a Remus pocas cosas se le pasaban de largo. Sirius se acomodó para escuchar la ya conocida historia, pero aún así le gustaba sacar datos jugosos para volver a molestar a su amigo.
—Bueno, este…—aclaró su garganta—, estaba yo caminando por los pasillos, andaba solo porque tú estabas en San Mungo, James en la enfermería y Sirius se quedó durmiendo…
—No me quedé durmiendo—interrumpió Sirius—, estaba fingiendo dormir para seguir a Peter ya que todas las mañanas de los sábados tenía la curiosa manía de levantarse temprano y yo quería saber por qué.
—Como sea—interrumpió Remus antes que se pusieran a discutir—, ibas caminando por los pasillos…—invitó a Peter a continuar.
—Siguiendo a Alice Warwick, querrás decir—volvió a interrumpir Sirius.
Para ninguno de sus amigos era secreto que Peter Pettigrew tenía un leve enamoramiento de Alice Warwick. Todo ocurrió cuando a Peter se le cayó la jaula de su lechuza junto con algunos libros el primer día del primer curso en Hogwarts, amablemente Alice fue quién le ayudó, él no supo su nombre hasta la ceremonia de selección de casas, en la que el sombrero seleccionador gritó fuertemente ¡Gryffindor!, para Alice Warwick y él entonces comenzó a verla en la sala común. No parecía nada serio hasta que Peter comenzó a seguirla y espiarla sin que nadie supiera.
—Cállate, Sirius—rió James que estaba atento a la conversación.
—El asunto es que llegué al tercer piso y Peeves andaba haciendo de las suyas a pesar de ser temprano—rellenó—, lo que me llamó la atención fue que Alice entró a una de las salas abandonadas del tercer piso y tenía una actitud sospechosa. Estuve largo rato pensando en entrar o no a la sala, pero la curiosidad me pudo y abrí la puerta con cuidado para que no sonara y vi a Alice con Zacharias Jones besándose como si no hubiera mañana… iba a cerrar la puerta para pasar desapercibido, pero Peeves me delató—se sonrojó.
—Ibas a cerrar la puerta para pasar desapercibido y ocultar tu decepción amorosa—bromeó James.
—¿Entonces?—insistió Remus.
—Entonces Alice me vio, dejó a Jones allí, solo en la sala, y se marchó avergonzada—terminó de contar Peter.
—¿Y por qué mira asustada para acá? No creo que sea porque la viste besándose con Zacharias—alzó una ceja Remus.
«Sabía que no se le pasaba nada por alto—pensó Peter—, lo sabía.»
—Eso, querido amigo—Sirius puso su mano en el hombro de Remus—, es un tema no es apto para Prefectos.
Lumos!
Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Gracias a todos y todas aquellas que han dejado sus lechuzas, he devuelto cada mensaje que me ha llegado, a excepción de la lechuza que picoteaba, prometo enviar otra de regreso con el mensaje. Una chica, nunca recuerdo los nombres, así que disculpen, me dio a ver un detalle relevante en la historia, así que he dado un pequeño giro en ella. Los Chicos ya saben lo de Remus, de su secreto, así que mostraré recuerdos de aquellos primeros momentos, espero que les guste, a mí este fic me fascina.
Espero sus lechuzas en estos capítulos o tendré que enviar a los guardianes de Azkaban a hacerles una visita de cortesía, quizá sería útil antes que envíe a los mortífagos y lancen a diestra y siniestra sus maleficios imperdonables.
Agradezco todo tipo de recomendación a sus amigos, todo tipo de publicidad y soporte a este fanfic.
Cariños.
Manne Van Necker.
~Travesura Realizada.
