Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.


Capítulo IV

Filtro de amor.


1975.

Las veces que Alice estaba sola en la sala común eran cada vez menos. Lily y Marlene habían notado que había algo extraño en la actitud de su amiga, pero no insistieron al preguntarle que le pasaba, no querían pasar a llevar su privacidad, después de todo, Lily no había sido capaz de preguntarle sobre su vida personal por lo mismo. Quizá en algún momento Alice tuviera la confianza de comentárselo cuando se sintiera preparada, mientras tanto Lily y Marlene hacían como si nada ocurriera.

Esa noche en su habitación, Alice esperó que Lily llegara de su ronda nocturna como Prefecta. Estaba ansiosa y muy nerviosa, pero no tenía más remedio que esperar. Cuando sintió los pasos de su amiga sintió que el aire se le acababa, intentó calmarse y recordar todo lo que debía hacer. Posterior a la llegada de Lily el silencio volvió a la habitación, Alice se animó a quitarse las cobijas de la cama, bajó suavemente sus pies al suelo y rogó porque la cama no rechinara al levantarse. Por suerte no tuvo contratiempos, abrió la puerta de la habitación y salió de ella hacia la sala común. Allí la estaba esperando Peter Pettigrew, quien la hubiera descubierto en la sala abandonada del tercer piso hacia ya un poco más de tres semanas.

—¿La tienes?—susurró el muchacho.

Alice sacó del único bolsillo su bata de dormir un frasco, en él estaba el filtro de amor que le había pedido Peter. Solo esperaba que este funcionara en el momento del uso, porque si no lo hacía, de seguro Peter esparciría el rumor, rogaba porque todo saliera bien y su esfuerzo valiera la pena.

—Aquí está—susurró Alice tendiéndole el frasco.

Peter extendió su mano temblorosa hasta el frasco. El roce de sus dedos con los de Alice le provocó un cosquilleo desde su mano hasta su estómago y allí se asentó provocándole una agradable sensación. Temeroso que ella fuera capaz de notar lo que le ocurría, cogió el frasco, se dio media vuelta y caminó hacía su dormitorio.

—Peter—escuchó a sus espaldas.

La joven muchacha tenía sus ojos brillantes como perlas, en su rostro se denotaba la desesperación y la angustia que la carcomían. Aquella imagen jamás la olvidaría, ver a Alice así de angustiada no le causaba gracia, él sabía que no debería haberle hecho esto, chantajearla había sido algo que no era propio de él, pero su necesidad de agradar a sus amigos había sido superior, esta vez. Incluso más superior de lo que sentía por Alice.

—Tranquila—susurró—, no pasara nada.

Dicho eso cerró la puerta tras de sí dejando a la joven muchacha sola en la sala común. Alice se dejó caer en uno de los sillones frente al fuego y se perdió en sus pensamientos mientras miraba las llamas del fuego de la chimenea. No supo cómo se quedó dormida allí.

Dos días habían pasado desde que Pettigrew le había entregado el filtro a James Potter. Desde entonces el grupo de amigos había tenido excesivo cuidado con lo que hacían o conversaban delante de los demás. Para el alumnado de Hogwarts e incluso el profesorado, era extraño que durante los últimos dos días no se hubiera dado a conocer alguna travesura de los alumnos de quinto, era por lo mismo que Filch le tenía los ojos encima a cada movimiento que hacían.

Ese día en la biblioteca, Remus buscaba un ejemplar de Herbología para su pergamino, mientras el grupo de amigos, reunidos en una mesa, susurraban sus planes a espaldas del Prefecto.

—¿Cuándo es la reunión del Club de Slughorn?—susurró James.

—Una semana antes de las vacaciones de navidad—respondió en otro susurro Peter.

—Lo que nos deja—añadió Sirius—, tres días para usar el filtro.

Todos sabían que el filtro de amor no duraba más allá de una semana y media, ya que a contar de esa fecha sus efectos se anulaban, por lo que si iban a actuar, debían hacerlo rápido. En ese instante pasó una alumna de Slytherin cerca de ellos, por lo que cesaron sus rumores y fingieron estar haciendo sus tareas.

—¿Están haciendo sus tareas?—Remus frunció el ceño incrédulo de lo que sus ojos veían.

—De vez en cuando hay fingir disciplina—rió Sirius.

Para ninguna de las chicas que estaban en algún mesón cercano al de los chicos en la biblioteca pasó inadvertida la sonrisa de Sirius Black, no importaba de la casa que fueran las muchachas, incluso el año de ingreso a Hogwarts, todas se sentían cautivadas por la confianza de Sirius, su sonrisa tentadora y su mirada rebelde. Había algo en el joven Gryffindor que cautivaba, quizá toda esa racha de rompecorazones se debía al hecho que Sirius jamás miró a ninguna chica y todas tenían la ilusión de ser la primera. Consciente o inconsciente de su atracción natural, Sirius seguía siendo él mismo sin importar la opinión femenina.

La joven profesora Pomona Sprout, una mujer regordeta de apariencia amable, estaba en la entrada del invernadero tres recibiendo los tres pergaminos de tareas que les había dejado a los alumnos de quinto año de Hogwarts. Uno a uno los alumnos de Ravenclaw y Gryffindor pasaron dejando sus labores. Cuando fue el turno de Potter y sus amigos, la profesora Sprout les alzó una ceja señalando su sorpresa al ver que todos habían cumplido con la tarea.

—Hemos cumplido, profesora—sonrió ampliamente Sirius.

—Ya revisaré sus pergaminos, espero que esta vez no hayan copiado a Remus—respondió mientras seguía recibiendo el resto de pergaminos de los alumnos que entraban al invernadero.

Herbología era su última clase del día martes, por lo que Remus al salir del invernadero se despidió de sus amigos rápidamente y se escabulló entre el resto de los alumnos hasta que se perdió de vista.

—¿Dónde va Remus?—preguntó Peter.

—Creo que tenía que reunirse con Lily—explicó Sirius.

—Como sea, debemos irnos pronto antes que Remus nos descubra o cualquier otra cosa salga mal—ordenó James.

Filch había estado esperando la salida de los alumnos de quinto, sobre todo para vigilar a aquellos de Gryffindor. Esperó en una de las entradas por donde obligadamente tendrían que pasar los alumnos pertenecientes a esta casa y que vinieran de los invernaderos. Vio pasar a muchos de ellos, incluso algunos Ravenclaw, pero no estaban los que él había estado esperando. Cuando vio entrar al último alumno y confirmó que Potter y su grupo no había ingresado al castillo comenzó a rondar en su búsqueda. No podrían haber ido muy lejos y no había muchos lugares que Filch no conociera, así que de seguro los encontraría y esperaba hacerlo mientras estuvieran rompiendo reglas, pero su certeza no duró demasiado cuando escuchó las risas de un grupo de alumnos, volteó para ver de quienes se trataba y su decepción se evidenció en su rostro.

—Buenas noches—sonrió Sirius.

Filch murmuró algo incomprensible, pero de seguro sería algún reproche. Los Gryffindor sabían que Filch estaría con su nariz sobre ellos, pendiente de cada paso que dieran y por primera vez en mucho tiempo querían preocuparse que este plan fuera perfecto, así que tomaron la precaución más básica y simple: que Filch viera que se iban a sus salas comunes.

En la cena en el gran comedor no vieron a Remus, de seguro seguía con Lily en algún despacho con algún alumno travieso o quizá simplemente estaban en alguna reunión con alguien, solía pasar que Remus desaparecía por sus deberes, así que no se asombraron y comieron como si nada ocurriera. Hicieron comentarios que no levantaran sospechas, Sirius habló de Quidditch y todos los demás le siguieron la conversación animadamente. Fueron casi los últimos en retirarse del gran comedor. Mientras se devolvían a la sala común se encontraron con Alice Warwick, Marlene McKinnon y Lily Evans. La primera evitó mirarles, todos sabían por qué, mientras que Lily, extrañamente, se acercó a hablarles.

—Hola, Sirius—dijo Lily ignorando a sus acompañantes.

—Lily—respondió el moreno.

—¿Has visto a Remus? Le estuve esperando para reunirnos con la profesora McGonagall en su despacho, pero no llegó—explicó la pelirroja.

—No—frunció el ceño mirando a James—. Dijo que se iría a reunir contigo y luego no lo hemos visto más.

—Ni siquiera en el gran comedor—añadió James. Lily ignoró su comentario.

—Bueno si le ves ¿Podrías decirle que le estaré esperando donde siempre?—sonrió antes de marcharse.

Peter, Sirius y James fingieron estar dormidos para todo el resto de Gryffindor. Una vez que la tranquilidad se adueñó de su habitación y comprobaron que todos estaban durmiendo, principalmente por los ronquidos de Oliver y Colin que parecían tener un concierto en la habitación.

James se levantó de su cama, al igual que sus amigos, y se acercó a su baúl, de allí, al final de este, extrajo una capa, la que solía ocupar solo en ocasiones que lo merecieran. Esta era una de ellas, si es que tenían suerte. En años anteriores la capa de invisibilidad había sido suficiente para cubrirlos a los cuatro, pero ahora, que todos estaban mucho más crecidos la capa con mucha suerte conseguía cubrir a tres, por lo que fue ideal que Remus estuviera fuera del plan. Se cubrieron con esta al salir de la sala común y caminaron con sumo cuidado por los pasillos. Mientras caminaban con sigilo no tardaron en darse cuenta que todo estaba demasiado silencioso, incluso para ser Hogwarts. Los retratos de las paredes habían desaparecido dejando simplemente los paisajes y cuadros vacíos, una pésima señal sin dudas.

—Deberíamos irnos—murmuró Peter asustado.

—¿Qué podría pasar, Peter?—alzó una ceja Sirius.

—Que quien-no-debe-ser-nombrado aparezca y nos pille fuera de las salas comunes—respondió temeroso.

—Mientras Albus Dumbledore esté en Hogwarts él no se atreverá a aparecer—sonrió seguro James—. Además no nos verá, así que silencio.

Una de las cosas que a Peter no le gustaba era ir al baño de Myrtle la llorona, no había castigo peor para el muchacho que ir a planear sus travesuras a aquel lugar. Detestaba el olor que desprendía el olvidado recinto y más aún odiaba las quejas e interminables llantos de Myrtle. Al llegar al dichoso baño, dejaron caer la capa y se sintieron en libertad de hablar puesto que nadie solía ir por esos lados.

—¿Traes el filtro?—preguntó Sirius a lo que James respondió mostrándole el frasco.

—¿Cómo nos desharemos de Remus?—preguntó Peter—, de seguro estará con Lily.

—Hoy es luna llena ¿recuerdas?—interrumpió Sirius—, no creo que se aparezca por estos lados muy pronto, aún así estaré siguiendo a Filch para que no se entrometa en los planes.

—El problema es como hacer que Lily coma esto—sacó de su bolsillo una pequeña chocolatina.

—Remus dijo que un día la había visto comiendo de esas mientras hacían la guardia y que ella había confesado que eran sus favoritas—intervino Peter.

—Ya, pero si no han notado, no soy su persona favorita en el mundo—alzó una ceja—. Entonces ¿Cómo lo consigo?

—Llevas más de esas supongo—dijo Sirius. James asintió—, entonces come una tú y a ella le darán ganas, entonces le ofreces la que está con el filtro.

—Ya veremos si lo acepta, lo peor es que si no funciona me llevará con algún profesor y me dejará castigado toda la noche por estar fuera de la cama—bufó James.

—Es eso o no obtener el veritaserum—sopesó Sirius.

—¿Y qué haré yo?—preguntó Peter.

—Tú me seguirás—ordenó James—, pero estarás con la capa puesta, cualquier cosa que vaya mal con Lily intervienes y nos ocultamos.

Lily había salido de la sala común luego de haber preguntado si habían visto a Remus Lupin, nadie le había visto y ninguno de sus compañeros de habitación, ni siquiera sus desagradables amigos, estaban allí, por lo que decidió ir a revisar la habitación en la que dormían Lupin y los demás. La ventaja de ser mujer era tener acceso a todas las habitaciones de la sala común, no así los hombres, puesto que cada vez que intentaban subir las escaleras hacia las habitaciones de las mujeres, estas se volvían un tobogán que los volvía a dejar en un inicio. Cuando Lily ingresó a la habitación de Lupin y corroboró que ninguno de ellos estaba en la cama pensó de inmediato en lo peor, de seguro alguna travesura estarían planeando y lo peor era que Remus debía estar incluido en ella lo que significaba aún más castigo para Gryffindor por ser Remus un Prefecto.

Salió apresurada de la sala común y se dirigió de inmediato donde solía encontrarse con Remus, tenía la esperanza que no estuviese metido en problemas, no él por lo menos. Mientras caminaba por los pasillos de Hogwarts y evitaba las escaleras que se movían, se percató que los retratos no estaban en los cuadros, algo que era extraño, pero no se dedicó a preguntar qué ocurría ni siquiera pensó demasiado en ello, siguió caminando por los corredores que estaban gratamente iluminados por la luna llena que se encargaba de alumbrar una vez al mes todos los corredores que tuvieran grandes ventanales.

—Lily—escuchó a sus espaldas. Sintió como el cabello de su nuca se erizó, buscó en su túnica, tanteó su varita y al voltearse apuntó con ella a quien le había hablado. Era James.

—¡No te puedes aparecer así como así de noche y a mis espaldas!—gritó intentando controlar su respiración.

—Lo siento—levantó ambas manos en señal de inocencia—, no fue mi intención asustarte.

—Como sea ¿Qué haces aquí, Potter? Deberías irte a la cama—le ordenó.

James rogaba porque en esos momentos todo saliera bien. Una vez más Remus había desaparecido por su problema lunar y esperaba que no apareciera durante toda la semana para arruinarle los planes que tan cuidadosamente había realizado con los chicos. Miró detrás de Lily intentando buscar a Peter, pero éste estaba tan bien escondido debajo de la capa que solo le quedaba suponer que estaba allí.

—Remus se ha enfermado—mintió—, me ha pedido que te acompañe esta noche.

«¿Otra vez?—pensó Lily—. Sus enfermedades se están haciendo muy comunes, prácticamente se pasa una vez al mes enfermo…» James observaba a Lily esperando vislumbrar en su rostro algo que pudiera señalarle si le había creído o no. Solo esperaba que su amigo no hubiera hablado con ella antes o que no apareciera en ese preciso instante. Rogaba por ello.

—¿Decías?—dijo Lily abstraída en sus pensamientos.

—Que sería bueno que hiciéramos la ronda juntos—sonrió James.

Comenzaron a caminar mientras James hablaba de lo recurrente que se estaban haciendo los episodios de ausencia de Remus, sobre todo ahora con las labores de Prefectos. James siempre había sabido que Remus tenía una pésima salud, pero últimamente esta había empeorado con las fuertes conversiones que debía enfrentar cada luna llena. «¿Habría empeorado o siempre ha sido igual y es solo que ahora se nota más porque es un Prefecto?—pensó Lily—. Y si…»

—¡Que linda está la luna!—añadió James nervioso mientras sacaba de su bolsillo una chocolatina, la desenvolvía y se la comía.

«La luna—repitió para sí Lily—, los pasillos están más alumbrados con su luz y así no dan tanto miedo… Remus prometió verla conmigo cuando tuviéramos que hacer ronda…»

—¿Quieres una chocolatina?—James ofreció a Lily la chocolatina que contenía el filtro de amor.

Peter, que estaba observando todo escondido debajo de la capa, tuvo que cubrirse la boca antes de que su asombro se tradujera en un sonido que pudiera delatar su ubicación. Con la mano en su boca y teniendo cuidado de que no se le cayera la capa e quedó inmóvil observando a Lily y James.

Cuando Lily aceptó la chocolatina la tensión del ambiente se volvió insostenible y los pensamientos de James parecieron multiplicarse. Muchas dudas comenzaron a rondar por su cabeza. «¿Se lo comerá? ¿Lo guardará? ¿Se dará cuenta? ¿Me pedirá otro? ¿Funcionará el filtro?—pensaba James—. ¿Y si no funciona? » Intentó simular que estaba tranquilo, aunque en realidad sentía que su corazón se había detenido. En el momento en que el papel de la chocolatina sonó y Lily se lo llevó a la boca, James dejó de respirar. Ansioso al borde de la histeria, conteniendo todas las emociones que pudiera soportar, James observó como Lily mordía el chocolate y finalmente lo tragaba.

Mientras Lily comía la chocolatina que James le había entregado no dejaba de pensar en Remus, había algo extraño en todo, algo que no calzaba entre los últimos eventos, algo que estaba pasando por alto y que no conseguía descifrar qué. Decidió olvidar por unos momentos sus pensamientos para con Remus y disfrutar del dulzor de la chocolatina, dulzor que no tardó en propagarse por todo su cuerpo haciéndola sentir extrañamente feliz, esa sensación de felicidad se propagó y cuando volvió a mirar a James supo por qué estaba tan feliz.

—¡James!—chilló infantilmente—. ¡Qué guapo estás, amor mío!

En ese instante James fue capaz de respirar de nuevo, pero no por mucho tiempo. Lily se había colgado de su cuello y besaba todo su rostro, cada centímetro de él estaba siendo explorado por los labios de Lily y él no sabía qué hacer o qué decir. Se quedó perplejo cuando los labios de la pelirroja se acercaron a su nariz e iban en descenso, cuando se iban a posar sobre sus labios, alcanzó a separarla.

—Lily, cálmate—le pidió.

—¡Oh, James!—sonrió—. ¡Qué guapo te ves cuando me haces callar! ¡Hazlo de nuevo!

Shh ¡Lily!—la sostuvo fuertemente de los hombros—. ¡Calla un momento o nos retarán!

—¡Así, así!—rió Lily—. ¡Qué guapo, qué guapo!—se abrazó a él.

James estaba anonadado, jamás habría creído que Lily le abrazara de esa manera e incluso que le intentara besar, ni siquiera si ésta estaba bajo los efectos del filtro de amor. Si esos eran sus efectos no querría saber lo que produciría amortentia.

Se dejó abrazar por la traviesa Lily, mientras pensaba en cómo hacer que este cambio radical no se notara. Claramente no era la Lily de siempre, el punto era ¿Cómo hacer pasar a esta Lily por la de siempre? Mientras James pensaba en todo lo que tendrían que hacer y Lily estaba abrazada a él como si no hubiese mañana, James vio una cabeza suspendida en el aire. Era Peter que se estaba partiendo de la risa a espaldas de Lily. James le miró enojado y este de inmediato se ocultó bajo la capa. Lo que se venía sería un duro trabajo, pero en vez de preocuparse por eso, tendría que preocuparse de Lily, porque claramente no estaba en sus cabales.


Lumos!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Gracias a todas las que permanecen aquí en este fic, sobre todo por sus lechuzas y mensajes, me encanta saber que les gusta y más que me ayudan a hacerlo correr entre amigos.

Bueno como ven Los Merodeadores haciendo de sus fechorías y ahora la víctima es Lily, ¿Les funcionará el truco? Pues ya sabremos.

Cariños a todas, gracias por seguir aquí.

Está científicamente comprobado por el ministerio de magia que no dejar review en esta historia podría ser causal para el beso del dementor.

Manne Van Necker