Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.


Capítulo V

Efectos no deseados.


1975.

Lily Evans entró a su habitación convencida por James Potter. Él le insistió tanto que con el dolor de su alma debió hacerle caso. Incluso pensó en no hacerlo, pero él la amenazó con ignorarla y nunca más hablarle en toda su vida y ¿Qué haría ella si él no le hablaba nunca más? Moriría de pena, incluso pensó en lanzarse de la torre de astronomía si él cumplía esa amenaza. Esa noche sería la primera noche que soñaría con James Potter sin enfadarse y considerarlo como una pesadilla.

Marlene y Alice despertaron por los tarareos de Lily que estaba entretenida ordenando sus cuadernos y libros. Ese inicio del día fue bastante inusual, Lily solía levantarse en silencio e irse a la biblioteca donde allí las esperaría para hablar de temas estrictamente académicos. Además Lily nunca tarareaba.

—¿Qué pasa?—dijo somnolienta Marlene.

—Nada—sonrió Lily—. ¿Qué no ven que es un hermoso día?—corrió las cortinas—. Levántense perezosas.

Mientras Marlene y Alice intentaban asumir el cambio radical de Lily, esta no dejaba de hacer cosas raras, tanto así que tomó una de sus túnicas que estaba sobre su baúl y comenzó a danzar con ella simulando que era su pareja, a todo esto se sumaba que seguía tarareando y con una sonrisa tonta en la cara. Claramente algo iba mal, pero ninguna de las dos tenía suficiente fuerza para levantarse aún, estaban somnolientas y con ganas de seguir pegadas a la cama.

—¿Por qué bailas?—dijo Alice mientras se refregaba un ojo.

—Me preparo para la cena del profesor Slughorn—respondió Lily y siguió tarareando.

—¿Se baila en esa cena?—preguntó Marlene.

—No, pero iré con James y planeo bailar toda la noche, tanto como si bailan los demás, como si no.—sonrió.

En ese momento Marlene y Alice se sentaron rápidamente en la cama, todo atisbo de sueño desapareció siendo suplantado por la confusión. Claramente y sin lugar a dudas había algo extraño en Lily, diferente en mal sentido ya que no podía existir el nombre de James en una frase que no fuera para hablar mal de él. ¿En qué demonios había estado pensando Lily para hablar así de James? Marlene se levantó de su cama y fue hacía la cama de Lily, allí miró el calendario que tenía su amiga y corroboró la fecha. No era un día para hacer bromas o algo por el estilo, tampoco era un día para hablar al revés, o sea decir las cosas con los antónimos. ¿Qué le estaría pasando a Lily?

James, Peter y Sirius se levantaron temprano ese día al notar que Remus no había vuelto a la habitación, por lo que todos decidieron ir a la enfermería a ver si es que su amigo se encontraba allí. Otro de los motivos por los que James insistió que fuera tan temprano era porque no quería encontrarse con Lily y verla en el estado que la había visto anoche.

—¿Por qué Remus vivirá enfermo?—se preguntó James.

—¿Para que puedas liarte con Lily?—rió Sirius.

—¡Deja ya, que no es broma!—le reprendió Potter.

—¡Ay, si, Ay, si. Qué guapo te ves cuando estás enojado!—dijo entre risas Peter.

La mirada de James fue tan esclarecedora y sombría que Peter dejó de reír al instante y siguió caminando mirando fijamente el suelo. Era una costumbre no enojarse cuando se hacían bromas entre ellos, pero esta vez era diferente, estaban a mitad de un plan, cualquier comentario que pudiera delatar la naturaleza de este era mal recibido.

Al llegar a la enfermería Madame Pomfrey reprendió a James por no haber ido a hacerse las curaciones necesarias para sus brazos, de inmediato le pidió que se levantara las mangas para ver cómo estaban las heridas. Se sorprendió al ver que casi no quedaban huellas en sus manos y en sus brazos, pero no conforme con la desobediencia de James, dio un respingo y continuó haciendo lo suyo.

—Disculpe—Sirius sonrió tímidamente—. ¿Está Remus aquí?

A Madame Pomfrey ya le estaba molestando que mes a mes tuviera de visitantes al grupo de amigos de Remus Lupin. En todas las ocasiones anteriores había tenido que darles la misma explicación y aún así no se cansaban de volver a la enfermería a preguntar por su amigo, pero con la mejor disposición que pudo demostrar le respondió que Remus no estaba allí y que ahora debían marcharse. Evidentemente una respuesta insuficiente para los curiosos amigos de Lupin.

—Quizá lo mandaron a San Mungo, otra vez—alzó los hombros Peter.

—Podría habernos dicho—frunció el ceño James—, pero como sea, debemos pensar qué haremos con Lily.

Durante el almuerzo en el gran comedor, Lily no dejaba de sonreír tontamente y mirar hacia todos lados buscando a James Potter. Lo extraño que había resultado en la mañana verla así ahora se había convertido en caótico y alarmante. Lily estaba actuando como si fuera otra persona y lo peor de todo era que no sabían cómo actuar para controlarla, sobre todo cuando se ponía a hablar del cazador del equipo de Quidditch de Gryffindor.

—¿Qué demonios le pasa?—susurró Marlene a Alice.

Alice, que había estado en silencio durante todo el día, sabía perfectamente lo que le ocurría a Lily Evans, sabía de quién era la culpa y sabía cómo solucionarlo, el problema era que si tomaba cualquier decisión, la que fuera, la tendría que culpable a ella y solo a ella.

—¿Y si no es Lily?—decía Marlene más para ella que para Alice—. Quizá alguien la está suplantando con la poción multijugos.

—Yo sé que es lo que le pasa a Lily—murmuró Alice—, pero debemos sacarla de aquí cuanto antes.

No faltó más. Marlene se levantó de inmediato del comedor, Alice la siguió. Lily las miró extrañada, pero ante la orden de Marlene de retirarse de inmediato no opuso resistencia. Caminaron entre los corredores hasta salir del castillo, estaba todo nevado y hacía frío, pero no les importó. No había alumnos fuera, lo que les serviría para evitar los oídos curiosos.

—¿Qué pasa?—dijo Lily más como un reclamo que como una pregunta.

—Estás bajo los efectos de un filtro de amor—afirmó Alice.

—¿Un filtro de amor?—repitió confundida Marlene—, pero si están prohibidos en Hogwarts, además nadie tiene los ingredientes, el profesor Slughorn los guarda con mucho recelo.

—Lo sé, lo sé—repitió—, pero he aquí el secreto. Sé que Pettigrew consiguió uno, jamás pensé que lo ocuparía con Lily, pero al parecer ha sido James el que se lo ha dado.

—¡Nada de filtro de amor!—gritó Lily—, ¿Qué no entienden que de verdad estoy enamorada de James? ¿Por qué piensan que es un filtro? ¡Es real! Le amo y él me ama…—Marlene le tapó la boca para que se callara de una vez, pero esta le mordió la mano con tal fuerza que la chica soltó un grito y quitó de inmediato su mano—. ¡Son unas envidiosas, todo porque James no se fijó en ustedes y se fijó en mí! ¡En mí y es mío! Porque él me…

¡Silencius!—Alice lanzó el hechizo hartada de los gritos y las interrupciones de su amiga. Luego le pediría disculpas, cuando recuperara la cordura, si es que lo hacía.

Lily gritaba o por lo menos intentaba gritar, pero era imposible que saliera de su boca un solo sonido. Intentó varias veces, hasta que quedaba sin aire y el color de su piel variaba de rojiza a violácea, entonces dejó de intentarlo.

—¿Para qué Potter le daría un filtro de amor a Lily?—preguntó Marlene.

—Eso es exactamente lo que me pregunto y a la vez me aterra el solo hecho de pensarlo—murmuró Alice.

Se quedaron en silencio unos minutos, cada una ensimismada en sus pensamientos. Ideas locas y no tanto, rondaban por sus cabezas. Todo se podía esperar de alguien como James Potter, pero debía de haber algo más que la humillación pública, ya que ellos no tenían esa marca en sus bromas, además del hecho que muy rara vez los Gryffindor eran objeto de estas, siempre se dirigían a los Slytherin. ¿Por qué Lily? Algo no calzaba en sus rompecabezas.

—Necesitamos el antídoto—dijo Marlene.

—Los efectos del filtro de amor duran veinticuatro horas, si conseguimos que Lily no se acerque a James o a cualquiera de sus amigos por todo ese tiempo estaremos bien—añadió Alice intentando desviar el pensamiento de Marlene de buscar el antídoto. Si buscaban en antídoto con Slughorn comenzaría una investigación que tarde o temprano los llevaría a ella. Lo sentía mucho por su amiga, pero nada costaría esperar un par de horas, bueno casi un día.

Lily protestaba con toda la fuerza que tenía, pero no conseguía nada. Estaba completamente muda.

—Veinticuatro horas—repitió Marlene—, y quizá un poco más, ya sabes que varía según el peso de quién lo beba y de quién lo entrega—suspiró mirando a Lily—. Creo que serán las veinticuatro horas más largas de nuestra vida.

Alice dudó si desencantar a Lily, la verdad era cómodo tenerla en silencio, sobre todo si estaba en ese estado tan desagradable, pero se sintió culpable, aún más de lo que ya era. No era culpa de Lily estar así y quizá, solo quizá, le contaría algún día que lo del filtro de amor había sido su culpa, entonces se reirían como viejas amigas y recordarían sus aventuras juveniles.

Finite Incantatem—murmuró preparándose para escuchar los gritos de reclamo de su amiga.

Como si fuera poco, esa noche tenían clases en la torre de Astronomía, por lo que tendrían que estar aún más atentas a Lily ya que evidentemente estaría James Potter en la torre también. Cuando vieron llegar a Black, Pettigrew y Potter, tuvieron que contener a Lily que quería ir corriendo a colgarse del cuello del último.

—Déjame—la voz de Lily sonó como un susurro—, déjame ya.

Alice aún agradecía que Lily estuviera algo afónica por tanto esfuerzo al intentar gritar, por lo que cualquier tipo de hiperventilación por James Potter sería un poco más discreta de lo que hubiera sido si tenía su voz en todos los decibeles.

—Luego, Lily—murmuró Marlene—, luego irás a verle.

—Tú no me crees—respondió Lily—, estás con ella en todo esto.

—No, Lily—susurró Marlene—, si te creo.

En realidad Marlene le seguía el juego a Lily para que no corriera detrás de Potter, pero Lily estaba bajo los efectos de un filtro de amor y este no tenía por efecto hacer desaparecer sus neuronas o algo por el estilo. Así que comprendió que Marlene estaba fingiendo y decidió no darle más vueltas al asunto, quizá si fingía que todo iba bien podría escabullirse y estar con James.

Una vez de vuelta a la sala común, Alice y Marlene llevaron a Lily a su habitación sin dejar que esta viera a James allí, por lo que, cuando llegó James con la intención de darle la dosis de filtro de amor para que este mantuviera su efecto, no la encontró. Sirius, Peter y James se miraron entre ellos. Era imposible entrar a la habitación de las chicas, no había manera de conseguir que Lily saliera de allí, lo peor es que cuando lo hiciera ya no estaría bajo los efectos del filtro y recordaría todo lo ocurrido.

—¿Y ahora?—dijo Peter.

—Ahora estamos jodidos—respondió James.

—Creo que mañana recibiremos la furia de Lily Evans—murmuró Sirius—. Creo que me iré a dormir, no estoy preparado para mañana.

—¿Te vas a dormir?—frunció el ceño James—. ¿Así como así te darás por vencido?

Sirius miró a James y este comprendió de qué se trataba el asunto, años siendo amigos muchas veces las palabras bastaban. Había un intruso en escuchando la conversación. Todos se callaron y se sentaron a ver como las llamas del fuego se movían a su placer, hasta que el desconocido se fue.

—¿Quién era?—preguntó Peter.

—Una chica de primero, no sé su nombre—murmuró Sirius por si es que alguien estaba oyendo.

Durante un par de horas estuvieron ideando planes para conseguir que Lily tuviera su dosis de filtro de amor, pero al parecer ninguna era viable. La primera era que James cogiera su escoba y rodeara la torre de Gryffindor hasta encontrar la ventana de la habitación de Lily, pero esa idea, por más magnifica que sonase tenía su desperfecto, dos en realidad. El primero era que los Fundadores de Hogwarts no serían tan idiotas como para hechizar la escalera y no pensar en las ventanas, mientras que el segundo era que cualquiera de las amigas de Lily estaría allí para socorrerla. Cuando James miró la hora, después de las alocadas ideas de sus amigos, se dio cuenta que ya hacía veinticuatro horas que Lily Evans había comido la chocolatina con el filtro de amor. Todo su trabajo estaba arruinado, lo mejor sería irse a dormir.

En la habitación de las chicas, Lily dormía plácidamente, mientras que Alice cuidaba el sueño de su amiga. Con Marlene habían ideado el brillante plan de hacerle guardia, por lo que cuando fueran las tres de la mañana Alice despertaría a Marlene para que ella continuase. Como no sabían a qué hora Lily había caído bajo los efectos del filtro lo más seguro era pasar la noche prácticamente en vela y asegurarse que nada ocurriera.

Mientras Alice leía sobre Encantamientos para hacer rendir su tiempo de custodia con Lily comenzó a darse cuenta que cada vez se sentía más somnolienta, por lo que se levantó de su cama y comenzó a caminar por su habitación. En esos momentos cualquier esfuerzo era insuficiente, necesitaba asegurarse que Lily estaba bien y que esto solo llegaría hasta aquí. Cuando se sintió otra vez despierta, volvió a sentarse en su cama y continúo leyendo, pero vencida por el sueño, más temprano que tarde cayó en los brazos de Morfeo.

Lily, que había estado esperando que su amiga se quedara dormida, agradeció porque finalmente esta se rindiera. Con sumo cuidado se levantó de la cama, se puso sus pantuflas y abandonó su habitación. Cuando llegó a la sala común se aseguró que nadie la estaba vigilando ni siguiendo, entonces abrió la puerta de la habitación de James y comenzó a buscarlo entre las camas. Ahogó un grito cuando le encontró durmiendo plácidamente.

—James—susurró—James, despierta.

Pero el chico tenía demasiado pesado el dormir y no se despertó con sus suaves susurros en su oído. Su intención no era despertar a todo el mundo, solo quería despertar a James, por lo que comenzó a hacerle cosquillas en su oreja, suavemente comenzó a susurrarle en esta, pero James solo se movió. Rendida y aburrida de intentar despertarle, se subió arriba de la cama de James y comenzó a saltar en esta, pero nada. Se sentó al lado de éste, asombrada porque no había despertado y decidió besarle. ¿Qué habría de malo en un beso? Lily se acercó a él para besarle, entonces el cosquilleo de la respiración de Lily sobre su rostro hizo que se moviera, dejando a la chica con los labios fruncidos preparados para el beso. La pelirroja se aburrió, definitivamente no había caso con James Potter, así que sin más tomó la larga nariz del chico entre sus dedos y la pellizcó. Finalmente el eterno durmiente despertó con un quejido que rápidamente apagó al ver que allí estaba Lily.

—¿Qué haces aquí?—dijo asustado al darse cuenta que la chica podría no estar bajo los efectos del Filtro de amor.

—No me resistí, tenía que verte—sonrió melosamente.

Ahí estaba, Lily Evans, aún bajo los efectos del milagroso filtro de amor ¿Qué había hecho que la chica permaneciera bajo los efectos? No lo sabía, pero estaba dichoso de que todo el esfuerzo de su plan no se hubiera ido por la borda. Así que rápidamente se sentó en su cama, dispuesto a soportar a Lily Evans, con tal de conseguir que bebiese un poco del jugo de calabaza que había guardado para ella.

—¿Tenías que verme?—sonrió James.

—¡Sí!—chilló. De inmediato James la hizo callar y ella se sonrojó por su atrevimiento—, es que en la torre de astronomía quería hablarte, pero las chicas no me dejaban, ellas no creen que esto es de verdad, dicen que es porque me has dado un estúpido filtro, pero yo sé que no es cierto, porque no es verdad, tú de verdad me quieres ¿cierto mi pichoncito?—Lily se acercó cada vez más al rostro de James, iba con toda la intención de besarlo, cuando este puso entre sus rostros un vaso.

—Tengo sed—sonrió—, un poco de zumo de calabaza me hará bien ¿quieres un poco?

Lily no estaba feliz por la interrupción de James, pero este debía asegurarse de darle luego el jugo, el tiempo eran galeones, si no se apresuraba a darle de beber el zumo, nada podría asegurarle que los efectos continuasen. Lily miró el vaso sin ánimos de beber el zumo, pero era James quién se lo pedía, así que sin pensarlo dos veces se bebió el vaso completo sin dejarle ni una gota al chico.

—Tenías sed—sonrió conforme James.

—¿Ahora me besarás?—Lily le respondió con una pregunta.

James no sabía qué hacer, si bien había conseguido darle el filtro a Lily una vez más, ahora no sabía cómo quitársela de encima. No porque no le pareciera agradable su compañía e incluso no se debía porque no quisiera besarla, se debía a que tarde o temprano Lily recordaría todo y él estaría en problemas, en graves problemas, cuando ella se diera cuenta de todo lo que había pasado. Era un juego para él, pero no quería ser tan cruel y robarle un beso a Lily Evans bajo los efectos del filtro de amor.

—Lily—susurró—, creo que deberías marcharte, podrían encontrarte aquí y sería terrible, recuerda que eres una Prefecta.

—Lo sé, pero me marcho si me das un beso de buenas noches—insistió.

James se levantó de la cama, tomó de los hombros a Lily, esta cerró sus ojos esperando su beso, pero lo que recibió a cambio fueron las manos de James guiándola a la salida de la habitación.

—James—susurró—, no es justo, he venido a verte y tú ni siquiera me concedes un beso ¿Es que no me quieres?

—Si me llevas a la cena de las eminencias te besaré allí—sonrió intentando ser convincente.

—Claro que te llevaré ¿A quién llevaría sino?—sonrió Lily—, ¿me prometes un beso mañana en la cena de las eminencias?

—Te lo prometo—le miró directamente a los ojos y luego de eso cerró la puerta de su habitación.

James, quién había deseado con todo su ser realizar este plan para molestar a Quejicus, como solían decirle a Severus Snape, estaba arrepintiéndose cada vez más al involucrar a Lily Evans en todo esto. Ella era inocente, bueno no tanto, pero no tenía culpa de tener como amigo a un Slytherin como Quejicus, pero no quería dañarla así. Mucho menos después de esta noche, cuando había estado tan cerca de besarla.


Lumos!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Hola gente maravillosa, espero que estén teniendo un hermoso fin de semana. Aquí les traigo como siempre la lechuza de actualización, son lindas todas ellas y no picotean a quienes responden con un mensaje de vuelta. Para las que se toman la molestia de leer esta nota de autor les cuento que haré todo lo posible para actualizar la semana que viene, el próximo domingo, pero en caso de no ser posible, nos veríamos el domingo siguiente. Se debe a que mi universidad muggle está presionándome con mis prácticas y deberes.

No devolver la lechuza (dejar review) es causal para que Lord Voldemort aplique unos cuantos conjuros imperdonables sobre ti. Evitanos el disgusto de llamar a los mortífagos.

Nox!

Manne Van Necker