Los secretos de un merodeador.
Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.
Capítulo VI
Cena de Eminencias.
1975.
Severus Snape estaba sentado; apoyado de un árbol a las orillas del lago negro. Había estado recogiendo piedrecillas para juguetear un rato, la realidad era diferente a la que él mismo se creaba. No quería jugar con las piedras, ni quería lanzarlas al lago en busca de algo qué hacer; estaba ansioso en una espera que para él era interminable. Cada vez que Severus Snape iba a las orillas del lago negro temía que Lily no llegase, pero siempre la espera era recompensada cuando su amiga aparecía entre los árboles con una sonrisa y su corazón parecía detenerse. Por primera vez en mucho tiempo, el joven Slytherin estaba inquieto al punto de no ser capaz de permanecer sentado, era un día especial para él, esa mañana Severus le pediría a Lily que le acompañase a la Cena de Eminencias; no como dos personas pertenecientes al club, no como dos amigos, sino como una cita.
«Tranquilo, Severus—se aconsejaba a sí mismo—, ella llegará. Lily vendrá, siempre lo hace» Debido a que ambos amigos eran de las casas enemigas de Hogwarts, para Severus no era conveniente que le vieran con Lily Evans, hija de muggles y odiada por muchos Slytherin por ocupar un puesto privilegiado como eminencia y además prefecto, por lo que a pedido de Snape, él y Lily comenzaron a frecuentarse a las orillas del lago negro, siempre en el mismo árbol, a la misma hora y sobre todo si se trataba de una reunión de las eminencias, por lo que, cuando Severus vio que Lily no llegaba, el dolor en su pecho se expandió siéndole imposible respirar.
Cuando Marlene despertó, se refregó los ojos y comenzó a desperezarse con tranquilidad. Sabía que el día viernes tenían solo pociones y que el profesor Slughorn había cambiado los horarios para la tarde, así que tenía todo el tiempo del mundo para permanecer en la cama; por lo menos hasta que recordó que debía cuida a Lily.
—¡Alice!—gritó cuando vio a su amiga dormida sobre el cobertor de la cama con un libro entre sus manos—. ¡Alice, por el hada Morgana, despierta!
Saltó de su cama sin ninguna dificultad y comenzó a zamarrear a Alice para que esta despertara. Cuando su amiga consiguió estar consciente y vio que Lily no estaba en la cama, saltó de la suya, se puso la bata y salió a la sala común.
—No puede ser—se decía—, yo estaba preocupada de no quedarme dormida, lo tenía todo controlado ¡Demonios, qué idiota he sido!
En la sala común, Lily no estaba, no estaba en el baño de niñas y claramente no estaría en la biblioteca puesto que, por primera vez en años, la biblioteca permanecería cerrada por inventario y restauración de libros. Así que, si Lily no estaba en ninguno de esos sitios, para Alice era claro donde podía estar.
—¿Dónde vas?—preguntó Marlene.
Alice no respondió y caminó segura hasta la habitación donde dormía James Potter y sus amigos. Al abrir la puerta, Alice se cubrió sus ojos para evitar encontrar a algún alumno vistiéndose o en ropa interior e incluso desnudo.
—¡Lo siento, lo siento!—decía Alice—, ¿Dónde está Lily?—preguntó a viva voz.
Peter Pettigrew miró a Alice asombrado, era la primera vez que ella estaba en la habitación, en su habitación y aunque se cubría los ojos, él estaba seguro que ella sabía dónde él se encontraba y por eso se dirigía hasta allí. En las múltiples imaginaciones de Peter, Alice era capaz de encontrarle incluso con los ojos cerrados, pero entonces, cuando Alice finalmente iba a llegar al lado de Peter que, por cierto se estaba vistiendo, Sirius Black interpuso su torso desnudo entre ellos.
—Hola, preciosura—sonrió mientras Marlene se sonrojaba por no haberse cubierto los ojos—, ¿Qué tenemos por aquí?
—Déjate de juegos, Black—gruñó Alice—, sé lo que le hicieron a Lily y quiero saber ¿Dónde demonios está?
James Potter se desperezó, tenía sueño, pero el alboroto que habían armado en su cama era tal que no tardó en alzar los brazos y abrir los ojos. Se preguntó que hacían las amigas de Lily a esas horas gritando por toda su habitación cosas que eran ininteligibles para él a esa hora de la mañana. No le importó que Marlene McKinnon le mirase reprobatoriamente, ni que Alice, aún con los ojos cubiertos por sus manos, le gritara cosas al estúpido de Potter. Destapó su cama y al ver lo que había en ella saltó de inmediato. Lily estaba durmiendo allí, aovillada casi a la orilla de la cama, como si estuviera haciendo equilibrio, y él ni siquiera lo había notado.
—¡Maldito, Potter!—gritaba Alice que ya no le importó cubrirse los ojos, se acercó a la cama de James e intentó despertar a Lily—. ¡Es que si le has tocado un solo cabello, te juro que no me pesará usar uno de los maleficios imperdonables, Potter!—gritaba Alice despertando a Lily que parecía haber tomado alguna poción ya que como nunca no quería levantarse.
Durante toda la mañana hasta la clase de pociones Lily Evans tuvo que soportar los retos de Alice que no paraba de hablar cosas como «Tu integridad femenina, Lily» o le reprendía por sus deberes como prefecta «Agradece que ninguno de esos hablará con McGonagall». Para cuando Lily iba a agradecer a Merlín porque al fin Alice se había callado, esta volvía a retomar el tema «¡Es que me parece insólito, Lily! ¿Qué te dije? ¡Que te quedaras en tu cama!». En gran parte todos esos retos que Alice le daba a Lily eran por su culpabilidad, sabía que su amiga no estaría así si ella no hubiera hecho el estúpido filtro, si no la hubiese pillado Pettigrew besándose en la sala del tercer piso, si no se hubiera quedado dormida cuidándola. Todo era su culpa y quizá por eso no podía evitar dejar de reprender a Lily, quien la escuchaba en silencio.
Por la noche, cuando Lily se preparaba para la cena de Eminencias, Alice se preocupaba por su amiga, pero al ver que esta no estaba en sus cabales y que, por más que intentara explicarle, ella no comprendería, decidió hacerle una breve, pero efectiva visita al señor Potter.
—James—le dijo en la sala común mientras este esperaba a Lily—. Si le tocas un solo pelo a Lily ya sabes lo que te pasará, pero si sigues dándole ese maldito filtro, me importará muy poco que me castiguen a mí si consigo que a ustedes los expulsen. Con eso me daría pagada por el resto de mi vida. ¿Entendiste, Potter?
James asintió antes de ver descender desde su habitación a Lily, llevaba el cabello recogido en una trenza que parecía a la vez su cintillo, su hermoso cabello parecía centellear bajo las luces de la sala común. Llevaba delicadamente un poco de maquillaje que había sido cuidadosamente utilizado para realzar su belleza natural, mientras que sus imponentes ojos verdes brillaban de una manera sobrenatural. James no supo que decir, había visto a Lily antes con su ropa y no con el uniforme, pero jamás la había visto como ahora, tan delicadamente hermosa.
—¿Listos?—dijo Marlene rompiendo el incómodo momento.
Ambos asintieron en silencio, entonces James le ofreció el brazo a Lily y esta, que no cabía de gozo, se lo aceptó encantada. Mientras el resto de los amigos de ambos se quedaban allí mirando como ellos se iban a la cena, Alice no dejaba de rogar porque nada pudiera ser peor de lo que ya era.
Severus había visto a Lily en pociones esa tarde, pero no se atrevió a acercarse a ella para preguntarle el por qué de su inasistencia a su lugar de siempre. En el aula se encontró en varias ocasiones mirando en dirección de la joven pelirroja y, ahora que estaba luchando por no asistir a la cena de eminencias, recordaba las imágenes de Lily mirando al odioso holgazán de Potter. Finalmente, optó por asistir a la dichosa cena, por lo que se apresuró para no llegar tarde.
El profesor Slughorn había encargado a los elfos que preparaban la cena en el gran comedor que realizaran un pequeño banquete con motivo navideño para los alumnos de su club de eminencias, por lo que esa noche en la mesa ovalada del despacho del profesor Slughorn había de un todo de deliciosos platos, pasteles y dulces para aquellos que pertenecieran al club y sus acompañantes.
Cuando Lily llegó acompañada de James Potter, el profesor se quedó asombrado, pero no gestualizó su asombro, por lo que ninguno de los dos lo notó.
—¿Cómo están tus manos, Potter?—dijo amablemente el profesor.
—Muy bien, gracias señor—sonrió James.
Poco a poco fueron llegando el resto de los alumnos. Los de Slytherin Lily los conocía bien ya que compartían la clase juntos, los de Ravenclaw y Hufflepuff les eran conocidos por las cenas anteriores, pero rara vez habían conversado en los pasillos del Castillo. Entre sus conocidos estaba Evan Rosier, acompañado de Arabella Black, ambos de Slytherin. También estaban Davy Gudgeon de Ravenclaw, había venido solo, mientras que Florence Everard, de Hufflepuff, había venido sola también. Lily siempre había dicho que ambos harían una perfecta pareja, pero sus caracteres tímidos dificultaban la conversación entre ambos. Cuando Lily comenzó a enumerar mentalmente todos los asistentes, la puerta sonó y al abrirla el profesor Horace se dio cuenta que por ella ingresaba Severus Snape, venía solo y por su rostro se notaba algo contrariado.
«¡Oh, no!—lo recordó—. Debía reunirme con Severus en el lago negro. ¡Qué tonta he sido! ¿Cómo pude olvidarlo?» En ese minuto James miraba como Lily estaba observando a Severus, ambos mantenían sus miradas conectadas, el joven de cabello cetrino tenía una mueca de dolor, mientras que Lily había ensombrecido su semblante al verle. «¿Qué pasaría entre esos dos?» Era lo que James quería saber, quería saber por qué Lily le prestaba tanta atención a Severus, por qué siempre tenían esa complicidad que se había mantenido durante años. «¿Por qué? Ella es una Gryffindor, él abiertamente la desprecia, nunca habla con ella por los pasillos y nunca se ha referido bien de los muggles ¿Por qué Lily, a pesar de todo eso, se sigue preocupando por él?» Eran las múltiples preguntas que rondaban por la cabeza de James.
La mirada gélida que sostuvieron James y Severus fue suficiente para que el profesor Slughorn diera por iniciado el festín. Mientras Severus de vez en cuando miraba a Lily con la esperanza de poder hablar a solas con ella y saber qué fue lo que le pasó esa mañana, James estaba contrariado, preocupado por las miradas de Severus y preocupado por su objetivo: obtener el veritaserum que el profesor tenía guardado en uno de los estantes que allí se lucían. Por lo que Remus había comentado una vez que había hablado con el profesor Horace, el frasco en el que guardaba la poción era pequeño y de un brillante morado platinado, estaba alrededor de grandes frascos con pociones extrañas. Todo guardado con llave, pero aún así podían verse a través de los vidrios de los muebles. Remus, al ser prefecto, una vez debió presenciar el uso de veritaserum en una alumna que era sonámbula, ya que era la principal sospechosa de haber robado todas las varitas de sus compañeras de habitación e incluso haberse llevado con ella tres ranas y dos ratas. Finalmente bajo los efectos del veritaserum la pobre muchacha confesó todo lo que había hecho esa noche, se encontraron las varitas en el techo de la torre de astronomía, al igual que las dos ratas y las tres ranas. ¿Cómo lo había hecho? La joven muchacha que practicaba Quidditch había montado su escoba en estado sonámbulo. Sirius, que recordaba cada detalle, siempre con un plan maquiavélico entre sus pensamientos, instó a James para que robaran un poco de veritaserum, fue entonces como todo el plan comenzó en andas y era por eso que James estaba ahí.
Luego del pomposo postre de helado de menta chips con trozos de menta que explotaban la frescura al interior de tu boca, el profesor Slughorn permitió un poco de música para que algunos bailaran. Para la incomodidad de algunos que habían venido sin pareja el momento del baile se volvió insufrible, no les quedó de otra que conversar con personas que probablemente poco les interesaría interactuar. El profesor Horace se acercó a Lily y James que estaban conversando, y pidió a la joven bruja la siguiente pieza. Jame vio en ese momento la oportunidad única para comenzar a husmear.
—Dígame, señorita Evans—dijo el profesor Slughorn mientras bailaba—. ¿Por qué ha traído al señor Potter?—Lily sonrió ante la pregunta del profesor.
—Es un chico agradable ¿sabe? Sobre todo cuando no está haciendo tonterías—sonrió nuevamente y continuaron bailando, hablando de otros temas.
James rodeó la habitación, miraba los cuadros que el profesor Slughorn poseía, también habían fotografías del profesor con personas que él no conocía. Miró hacía donde estaban los estantes llenos de frascos de diferentes colores y de diferentes tamaños. James sabía lo que estaba buscando, un pequeño frasco color morado platinado que colgaba por un pequeño pedestal de plata. Fue entonces, luego de rodear casi toda la sala, lo vio. En un estante viejo de roble, con dos puertas de vidrio unidas por una cerradura se veía brillante y majestuoso el pequeño frasco en su pedestal, así como ese habían varios más, probablemente todos contenían veritaserum. El problema no eran los frascos, la cerradura o el hecho que hubieran más personas, el problema era que delante del mueble estaba el apático Severus Snape, apoyando su patética anatomía en una esquina del mueble.
—¿Qué haces, Potter?—escupió el apellido del muchacho.
—Nada en lo que quepa tu narizota, Snape—respondió en el mismo tono James.
El joven Gryffindor, para sorpresa de Severus, se quedó a su lado. Ambos en silencio y sin ánimos de entablar una conversación, miraban en dirección a la joven pelirroja que daba vueltas por la improvisada pista de baile en brazos del profesor. Cuando finalmente terminó la pieza, Lily aún mareada, fue en busca de James que se encontraba al lado de Severus.
—¡Estoy agotada! —rio tomando del brazo a James. La joven de inmediato sintió la mirada de Severus sobre su rostro, le miró sonriente y le saludó.
—Hola, Severus—sonrió—. ¿Qué tal?
James se quedó en silencio, no quería que Lily hablara con Quejicus, pero necesitaba que por ese momento ambos se alejaran del dichoso mueble, si tan solo se fueran a hablar a otro sitio donde pudieran hablar sin tener vista en dirección de donde estaba James, sería magnífico. Entonces fue como si Lily leyese sus pensamientos.
—¿Quieres bailar?—sonrió a Severus. De cierta manera se sentía culpable por haberle dejado esperando, pero había estado con James, con su amado James ¿Podría culparla Severus? De seguro que no.
Severus Snape odiaba bailar con todo su ser, encontraba que era lo más estúpido para animar una reunión, pero al ver la delicada mano de Lily tendida para que ambos fueran a la pista, decidió que no importaba hacer el ridículo y marchó de la mano con Lily a bailar mientras sentía en su nuca la mirada fija de Potter. James, que no estaba contento con que Lily fuera con el idiota de Severus, debió sonreírle a la joven prefecta cuando esta le miró rogándole su permiso.
—Lamento lo de hoy en la mañana, Severus—murmuró Lily mientras bailaban.
—¿Por qué no fuiste?—preguntó él secamente.
—Estaba con James—sonrió nerviosa—. Últimamente congeniamos muy bien él y yo.
—¿Desde cuándo, Lily?—frunció el entrecejo—. La última vez te era insoportable…
—¡Oh, Severus!—exclamó—, no digas eso, para mí James siempre ha sido especial, solo que no lo veía, estaba ciega.
Cada palabra de Lily para Potter era como si le estuvieran torturando con el maleficio imperdonable, cada frase de la dulce Lily, cada palabra que de su boca salía con tanta ternura e iba dirigida para Potter era como si un mortífago le torturara con un cruciatus.
—Alohomora—susurró James mientras todo el resto continuaba en el baile. Para su sorpresa la cerradura se abrió. Se volteó para mirar lo que estaba ocurriendo a su alrededor y así no levantar sospecha. El profesor Slughorn estaba bailando con una alumna de Hufflepuff, algunos chicos estaban jugando, al otro lado de la habitación, con uno de los relojes de arena del profesor. Las chicas curiosas de Slytherin miraban las fotografías que habían colgadas en las paredes y una pareja, que Potter no reconoció, estaba detrás de las cortinas besándose. Nadie tenía los ojos puestos en él, por lo que aún mirando lo que ocurría en la sala, escondió su mano detrás de su espalda y maniobró con ella para abrir lentamente una de las pequeñas puertas. Su respiración era irregular, su corazón parecía el galope de un centauro furioso y sus ojos estaban abiertos de par en par atentos a cualquier cosa que pudiera ocurrir. Cuando su mano sintió el frío tacto del vidrio redondeado, supo que tenía en sus manos un frasco de veritaserum. Lo quitó cuidadosamente del pedestal, aún con su mano maniobrando detrás de su espalda, y cuando tuvo el frasco asegurado se lo echó rápidamente en el bolsillo. Su avaricia le dijo que se llevase otro frasco, pero prefirió no hacerlo al ver que la pieza de música estaba por terminar y las parejas se desocuparían en un instante. Cuando escuchó el clic de la cerradura, fue capaz de respirar de nuevo, pero su corazón aún latía desbocado.
«Lo tengo—pensaba—. ¡Lo tengo!» Quería saltar de alegría y festejar con sus amigos, pero debía mantener la calma. En unas horas Lily recuperaría su real actitud hacía él y todo se volvería un caos. Sirius había sugerido borrarle parcialmente la memoria, mientras que Peter estaba en contra de eso ya que ninguno era lo suficientemente bueno en ese tipo de encantamientos, en realidad Remus era mucho mejor que ellos, pero lamentablemente su querido amigo no podía ayudarles.
—Has vuelto—dijo James al ver a Lily sonriente, mientras que Severus anunciaba su retiro de la reunión.
—Sí—sonrió nerviosa Lily—. Ya que al fin estamos solos—su voz era melosa—, tú me prometiste algo anoche…
«El beso—recordó James—, le prometí un beso.»
—No aquí—separó a Lily de él con suavidad—, cuando estemos por llegar a la sala común.
Lily respondió con un puchero, James le sonrió tiernamente. No quería que su primer beso con Lily fuera producto de un beso bajo los efectos del filtro de amor. James se creía más valiente que eso, él sabía que no era lo correcto besarla en esas condiciones, así que si podía evitarlo, solo por esta vez, lo haría.
James dejó pasar unos pocos minutos luego de la ida de Snape, entonces le dijo a Lily que era buen momento para marcharse. La pelirroja motivada por la idea de besar a James, le cogió de la mano y fue a despedirse directamente del profesor Slughorn. Ambos le agradecieron la agradable velada y le desearon una muy feliz navidad adelantada. Al salir y estar solos en el pasillo, por lo menos eso era lo que creía Lily, esta se colgó del cuello de James exigiendo su beso.
—Me lo prometiste—decía abrazándose a él.
—Aún no estamos en la sala común—insistía despegando a Lily de su rostro.
James estaba muy pendiente de saber si Peter y Sirius habían cumplido su parte del trato. Ellos esperarían a que Snape se fuera de la reunión para encontrarlo y sorprenderlo, ya que James les entregó su capa de invisibilidad, por lo que inmovilizar a Snape iba a ser simple, eso esperaba.
—¡Pero James!—exclamó Lily al ver que no se dirigían a la sala común—. ¿Dónde me llevas? ¿Por qué no vamos a la sala común?
—Silencio, Lily—le ordenó.
—¡James!—chillaba Lily—, tú lo prometiste, estuve tranquila y calmada durante toda la reunión como me pediste, me comporté como pediste y ahora tú no quieres cumplir lo que me has prometido ¡Me lo has prometido!
«¿Qué más da?—pensó James—, ella olvidará todo si consigo realizar bien el hechizo, además así se calla de una vez» Entonces James no dudó, se volteó quedando frente a frente a Lily. Los inmensos ojos verdes de la muchacha estaban brillando, Lily aún estaba sorprendida por la cercanía con James. El joven Gryffindor se infundió valor, entonces tomó la nuca de Lily y acercó su cabeza a la de ella. Cuando sus labios se rozaron suavemente, James fue incapaz de alejarse de Lily, continuó aquel beso, acariciando sus labios, llevando el ritmo y perdiéndose en las innumerables sensaciones que la muchacha provocaba en él. Las caricias tiernas se convirtieron en necesitadas, no les importó la carencia de aire, continuaron embrujados en aquel extraño hechizo que provocaban sus labios. Cuando Lily abrió los ojos se encontró con James Potter frente a ella. ¡¿Qué demonios hacía besando a James Potter?!
Lumos!
Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Corriendo les paso a dejar la lechuza de actualización, espero que todas se encuentren bien y que puedan devolver la lechuza.
Con cariño y nos leemos el próximo domingo.
Travesura Realizada.
Nox!
ManneVanNecker
P/D: Está decretado por el ministerio de magia que todo aquel que no devuelva esta lechuza será sentenciado a un año de estadía gratuita en Azkaban
