Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.


Capítulo VII

Veritaserum.


1975.

El pasillo estaba siendo iluminado por la luz de la luna que se colaba por los grandes ventanales del castillo. El silencio que había en él era interrumpido nada más que por los susurros de los cuadros que se habían despertado ante el escándalo que sus ojos presenciaban, muchos de ellos pedían silencio para reanudar su sueño, otros pedían permiso e iban de visita a otros cuadros para tener una mejor vista de lo que estaba aconteciendo. Cada uno tenía su opinión respecto a lo que estaba ocurriendo, algunos decían que era impropio, otros decían que debían ser sancionados, los más jóvenes lo encontraban divertido, mientras que los más conservadores se oponían tajantemente, lo cierto es que James Potter estaba besando a Lily Evans en un pasillo de Hogwarts en una hora en la que no deberían estar husmeando por el castillo y claramente, el estatus de prefecta de Lily agravaba aún más el asunto.

Lily Evans fue testigo de los últimos eventos que ocurrieron las últimas cuarenta y ocho horas. Recordó claramente su guardia en ausencia de Remus, el ofrecimiento de una chocolatina de parte de James Potter y de ahí hacia adelante todo se volvía un infierno. Los momentos en que se colgó de su cuello, en que le exigió un beso, cada ridiculez que hizo bajo los efectos del filtro de amor eran recuerdos imborrables que se alojaron en su cabeza como si alguien los hubiera puesto allí, recientemente. Recordó la conversación nocturna en la habitación de James y como se escabulló nuevamente para acostarse a su lado. Todo, absolutamente todo, estaba en su memoria y, mientras recordaba el ridículo que hizo, los labios de Potter seguían pegados a los suyos. La pregunta de Lily era simple ¿Por qué James Potter se tomaría la molestia de hacerle un filtro de amor sabiendo que luego recordaría todo lo ocurrido? Realmente no había buscado que ella hiciera el ridículo delante del colegio ni delante de los profesores, el interés de James era asistir a la cena del club de eminencias, el punto que no tenía respuesta era el por qué. Dentro de su planificadora cabeza existían solo dos opciones: enfrentarlo y obligarle a decirle la verdad o en su defecto seguirle el juego y ver hasta donde era capaz de llegar Potter. Luego de una breve meditación e intentando conseguir su respuesta lo más brevemente posible para despegar sus labios de los de James Potter, creyó que lo mejor sería seguirle el juego.

Cuando Potter quitó sus labios de los de ella, se sintió profundamente agradecida. El contacto que habían compartido durante las últimas horas había sido más de lo que ella hubiera deseado por siglos, así que, obligada a seguirle el juego, debió entregarle su mano para caminar juntos.

—Sígueme—ordenó James.

El lugar donde la estaba llevando era al baño de Myrtle la llorona, claramente no era un buen indicio, por lo que comenzó a buscarse disimuladamente su varita entre su ropa. Solía llevarla siempre en el bolsillo derecho por ser diestra, pero tenía su mano derecha ocupada tomando la mano de Potter, por lo que debió disimular lo suficiente para poder sacarla de su bolsillo derecho y ubicarla convenientemente en el izquierdo.

—¿Ocurre algo?—preguntó James.

—¿Dónde me llevas?—hizo el esfuerzo de sonar lo más melosa posible, pero al parecer la actuación no era su fuerte.

—Ya sabrás—respondió sin mirarle.

Lily no dio crédito a lo que sus ojos veían y por más que luchó por no parecer espantada estaba casi segura que su rostro reflejaba la contrariedad de sus sentimientos. Severus estaba sentado en el suelo, mientras que Sirius y Peter sostenían sus varitas apuntándole directamente. Cuando los ojos de Lily conectaron con los de Severus vio la desesperación que yacía en ellos y recordó la primera vez que le había visto tan fijamente como ahora. Fue un primer encuentro inolvidable, Severus había estado para ella cuando nadie tenía más respuestas que él, respuestas que nunca parecían erradas así como tampoco parecían juzgarle en un mundo lleno de prejuicios. Severus le había tendido una mano en un mundo desconocido por aquel entonces, le facilitó el camino para comprender el mundo mágico y la acompañó por difíciles momentos en sus primeros dos años en Hogwarts, la apoyó cuando tenía problemas con Tuney, cuando se sentía sola e incluso cuando tenía miedos que era incapaz de reconocer. Severus había estado allí para ella y no olvidaba que le había dejado esperando a las orillas del lago negro cuando estuvo bajo los efectos del filtro. Independiente de lo que últimamente había ocurrido entre ellos y el evidente distanciamiento con los años, no dejaría que un trío de mocosos se pavonearan por los pasillos de Hogwarts molestando a Severus.

—¿Por qué la has traído?—preguntó Sirius sin dejar de apuntar a Severus con su varita.

—No pasa nada—le guiñó un ojo James—, veo que lo han conseguido magníficamente —dijo refiriéndose a Snape.

—Nada que un Petrificus Totalus no solucione—sonrió Peter.

James se acercó a Severus, este estaba sentado en un rincón del baño. Y a pesar de estar paralizado completamente, Sirius y Peter no dejaban de apuntarle con sus varitas, sabían que en Snape jamás se podía confiar. James se agachó y miró directamente a los negros ojos que le miraban llenos de reproche, sonrió con suficiencia al ver que estos se centraban en Lily y nuevamente volvían a mirarle; desafiantes. Se levantó y quitó de uno de sus bolsillos el pequeño frasco que contenía el veritaserum. Los ojos de Sirius brillaron cuando se encontró observando el líquido que contenía el frasco.

En cuanto Lily vio el frasco supo que contenía, la interrogante era ¿Por qué querrían aplicarlo en Severus? Fuera como fuera no dejaría que ninguno de ellos lo aplicase en su amigo, por lo que se preparó para sacar en cualquier momento su varita.

—¿Están seguros?—dijo Peter—. ¿Y si no sabe nada?

—Ya lo averiguaremos—dijo Sirius preparado para desparalizar a Severus y obligarle a beber la poción.

Sirius desencantó a Severus que en primera instancia no fue capaz de moverse a placer ya que aún sentía su cuerpo en un extraño estado, como si sus músculos no respondiesen a sus órdenes. James, que estaba arrodillado a un costado de Severus, no quitó sus ojos del chico de Slytherin, mientras que Peter y Sirius le apuntaban con sus varitas.

—Abre tu bocota, Snape—acercó el veritaserum no lo suficiente para que éste pudiese botarlo, entonces como si pudiera adivinar lo que Snape pensaba le advirtió—. ¡Oh, no, no, Quejicus! Yo que tú lo pensaría antes de arrojar el veritaserum—miró a Peter y a Sirius—, no serán tan cariñosos como yo.

Todo el mundo parecía haber olvidado la presencia de Lily, la pelirroja estaba en un rincón del sucio baño, afirmada en uno de los lavabos, pensando seriamente qué podía hacer para solucionar este problema sin que Severus saliera herido, sin que nadie saliera herido y aun así poder acusar a Potter por todo lo que había hecho, pero entre pensar y pensar los minutos corrían sin esperarla.

—¿Qué esperas, James?—dijo Peter mientras su mano temblaba sosteniendo su varita.

—Snape—alargó el nombre en tono de advertencia—, abre tu bocota.

—¡Qué se apresure!—gritó Sirius—, necesitamos conseguirlo, esta vez, solo tendremos esta oportunidad, no habrá otra para Remus…

—No digas más—James miró a Lily y entonces Sirius comprendió.

Lily aún estaba en silencio, en un rincón, pensando qué podía hacer, pero nada parecía suficientemente inteligente, desarmar a dos magos, para luego enfrentarse a un tercero no era una buena idea, no conseguiría hacerlo, fue entonces cuando sintió que su única opción era terminar de denigrarse más.

—James—intentó ser suave y conciliadora, era la primera vez que usaba ese tono con James, voluntariamente.

—No, ahora no—volvió a insistir con Severus que aún tenía su boca cerrada.

Lily caminó hasta James y se arrodilló junto a él.

—James—apoyó su rostro en el hombro del chico—, así no conseguirás que Severus se beba eso.

—Lo dudo, Lily—sonrió—, si no abre su boca tengo dos magos armados para conseguirlo.

—Pero podrías derramarla—le susurró al oído—, y si la derramas, tú mi querido James, habrás fallado.

Como odiaba tener que ser amable y sonar encantadora a su lado, como detestaba tener que estar cerca, sintiendo su respiración y su calor traspasar su uniforme. Miró a Severus que la miraba con una mueca de dolor, él estaba creyéndolo todo, él realmente creía que ella sería capaz de ayudar a Potter en algo como aquello, eso volvió a hacerla sentir herida.

—James—le advirtió Sirius—, no hay tiempo para enredos románticos—alzó una ceja.

—Pero a nuestro querido Quejicus le encantaría que fuese Lily quién le diera el Veritaserum ¿cierto, Snape?—sonrió.

Severus Snape, que estaba allí, sentado en el suelo, en un rincón del baño de Myrtle la llorona, solo deseaba que esto no fuera cierto, que nada de lo que estaba viviendo en ese instante fuera real, pero por más que cerraba sus ojos, veía a Lily extremadamente cerca del idiota de Potter, pero cuando vio que Lily aceptó el veritaserum y lo acercaba a su boca, toda ilusión con la pelirroja pareció desvanecerse y transformarse en pequeñas dagas que se clavaban en su corazón.

—James ¿Qué estupidez has hecho?—le dijo Sirius al ver que James le entregó el veritaserum a Lily.

—Es un pequeño regalo para Quejicus, Sirius, no lo tomes a mal.

Las temblorosas manos sostenían el pequeño frasco de veritaserum, Lily acercó el veritaserum a los labios de Severus, increíblemente, éste abrió su boca dispuesto a recibir el contenido. Lily no pudo evitar su sorpresa, los ojos de Severus estaban tan tristes, incluso más tristes de lo que estuvieron cuando se enteró que ella era una Gryffindor. Lily se sintió desilusionada, jamás pensó que Severus la creyera capaz de algo así.

—No tenemos toda la noche, Lily—le recordó Peter.

Lily acercó el frasco a los labios de Severus y en un acto rápido, dejó caer el frasco violentamente al suelo y sintió como el vidrio de este se hizo trizas. Con su otra mano hurgó en su bolsillo y sacó su varita. Severus se reincorporó, incapaz de creer lo que Lily había hecho, incapaz de perdonarse por haberla creído capaz de hacerle algo así.

—¡No se muevan!—ordenó Lily.

—¡Te lo dije, James! Te dije que no confiaras en ella—respondió con un grito, Sirius a James.

—¡Pero si, ella, ella estaba…!

—Bajo los efectos de un filtro de amor, si lo sé, ¿Creíste que no lo recordaría, Potter? —apuntó su varita directamente a James que estaba cerca de ella—, ¡Qué pena que no prestes atención en pociones, Potter! ¿O pensabas usar un hechizo como el Obliviate para hacerme olvidar de lo que intentaste hacer con Severus?

—Lily, no es lo que parece—intentó explicarse.

—Pues lo que a mí me parece está más que claro. Será mejor que me entreguen sus varitas y me acompañen al despacho de Dumbledore—les recomendó Lily—. A menos que deseen hacer de esto un evento superior y restar más puntos a Gryffindor.

James, que estaba más cerca, entregó su varita a la extendida mano de Lily, Sirius bufó, rendido por la estúpida idea de James. Era la única oportunidad de saber qué era lo que les faltaba para convertirse en animagos y así poder estar con Remus en sus conversiones, sabían que Severus lo sabía, lo habían oído pavoneándose de saberlo cuando la profesora McGonagall se había convertido en gato en plena clase de transformaciones. Querían convertirse en animagos desde hacía tanto y ésa era su única oportunidad.

—Un momento—dijo el pequeño Pettigrew que permanecía detrás de Sirius. Por primera vez todos miraron al insulso muchacho que estaba en un rincón, incluso Severus—. Un momento. Lamento informarte que si nos acusas de lo que sea que desees acusarnos, no seremos los únicos culpables en este asunto.

— ¿Ah, no?—alzó una ceja Lily—, ¿Ustedes y quién más?

—Alice Warwick.

—¿Alice?—frunció el ceño, Lily—. ¿Qué tiene que ver Alice en todo esto?

—Alice creó el filtro de amor, justo donde estas parada ahora, Lily—sonrió—. Tu mejor amiga estuvo exactamente allí, haciendo el filtro de amor, filtro que recuerdo saber que está prohibido en Hogwarts, la pregunta es ¿Le faltará al profesor Slughorn alguno de sus materiales de su despacho? Apostaría la cabeza de Nick casi decapitado a que si… Materiales que quizá sirven para hacer un filtro—sonrió nuevamente al finalizar la frase.

Sirius silbó sorprendido de que el pequeño Pettigrew hubiera analizado todo por él mismo, aún más abrió sus ojos al ver como con tanta confianza le explicaba a Lily todo lo ocurrido. James hizo lo mismo, observó atónito el cuadro que se formaba frente a él y luego miró a Lily, tenía el ceño fruncido y su mirada parecía pensativa, conociéndola podía adivinar que no estaba contenta con los últimos acontecimientos, así como tampoco le agradaba sentirse atrapada por la inevitable sensación de hacer lo correcto o ser leal. James solo rogaba porque ella deseará ser leal a Alice.

—¿Por qué Alice haría un filtro de amor para ustedes?—desafió.

—Porque Alice tiene un pequeño secreto que intenta mantener alejado de los ojos curiosos, pero lamentablemente fue descubierto por mí—respondió Pettigrew—, digamos que el filtro fue un módico precio por mi silencio.

—¿Por qué querían darle el veritaserum a Severus?

—No te responderemos a eso—desafió Sirius.

—¿Qué harás, Lily?—sonrió James un poco más confiado—. ¿Serás correcta o serás leal?

La decisión era difícil, ambas opciones eran dos de las mejores cualidades de Lily Evans, era correcta y leal, y en esos momentos elegir una de ellas era una confrontación que superaba su capacidad. Lily pensó en Alice, en lo que la llevó a hacer algo así, a dejarse manipular, pensó en el por qué ella no le confió lo que ocurría, así como también pensó en que todo lo que le habían dicho podía ser mentira. ¿Dónde había un veritaserum cuando lo necesitaba? Ah, sí. Hecho trizas en el suelo por ella misma. Calmó su respiración y observó a todos aquellos ojos curiosos que la miraban, nada de aquello podría ayudarle a vislumbrar alguna respuesta.

—Lily—susurró Severus. Acción suficiente para que ella supiera a qué se refería al nombrarle así.

Lily Evans recordó la primera vez que había visto a aquellos chicos en el tren, en su primer viaje a Hogwarts, recordó las palabras hirientes hacía Severus. A su mente viajaron imágenes de las bromas infantiles que había tenido que sufrir su amigo, desde la desaparición de sus libros, hasta el cambio de color de su pelo. Obras que solo podían tener como autores a los mismos chicos que tenía frente a ella y en esos momentos Severus le rogaba por hacer justicia, por primera vez tenía la oportunidad de desenmascararlos ante el Director, podía hacerlo, hacer justicia, algo así como una venganza, eso esperaba Sirius, pero lo que Snape siempre olvidaba era que Lily no era vengativa.

—Les concederé mi silencio a cambio de una cosa—irrumpió su voz el silencio.

—No transmutaremos nada a cambio de tu silencio, Lily—la voz de Sirius sonó amenazadora, por lo que disminuyó su tono—, solo conservaremos el secreto de tu amiga, claro que dependerá de ti.

—Lily—le llamó James, pero ésta no le miró—. ¿Qué deseas?

En ese preciso instante Lily Evans habría deseado darle un puñetazo de lleno en la recta nariz de Potter, habría deseado también saber el secreto de Alice y haberla aconsejado, habría deseado que nada de esto estuviera pasando, así como también, que todo fuera más simple, pero no lo era.

—Quiero saber a qué se referían cuando dijeron que esto era por Remus. ¿Qué tiene que ver Remus Lupin en todo esto? —sentenció.

Sirius y Peter se miraron por un momento, luego ambos dirigieron sus miradas a James, éste tomó una bocanada de aire, antes de responder a la pregunta de Lily.

—Te lo diré, siempre y cuando Quejicus no esté aquí—miró directamente a los ojos a Snape.

Severus no había dicho nada desde que nombró a Lily, quería su varita de vuelta, pero no era momento de pedirla, aun así miró a Lily, la pelirroja mantenía la mirada fija en Potter. La tensión del ambiente era tan real como palpable, incluso para Myrtle que estaba en uno de los cubículos, escondida escuchando todo el alboroto que los alumnos habían hecho. Para cuando decidió salir, no pudo contener la risa al ver que allí estaba Lily y James.

—Lily y James—dijo Myrtle a los curiosos ojos que la observaban—, ¿Todavía andan de besitos por los pasillos? ¡Oh, Lily! ¿Qué se siente besar?

Las mejillas de Lily no tardaron en colorearse de un intenso rosa que a momentos se volvía rojo. Myrtle, que nunca había experimentado un beso, no había hecho más que preguntar lo que cualquier joven fantasma podría haber preguntado, lo que Myrtle había conseguido, era que cualquier chica de la edad de Lily se sintiese avergonzada ante la pregunta, no solo por la respuesta sino por las circunstancias que en esos momentos se estaban viviendo.

—¿No le vas a responder? —sonrió Sirius.

Argus Filch estaba a punto de irse a la cama cuando sintió una aguda curiosidad, ese tipo de sensaciones mágicas que te ordenan hacer cosas sinsentido que no tardan en ser explicadas por sí mismas. Caminó por donde su instinto le decía, sintiéndose algo estúpido, pero a la vez motivado por aquella sensación.

Lily permaneció en silencio, mientras Myrtle aún suspendida esperaba una respuesta. El sonido de pasos sobre el piso de los pasillos aledaños alertó a quienes estaban en su interior. El silencio sepulcral que se instauró sirvió a los estudiantes para oír que acontecía fuera del baño de Myrtle. James abrió suavemente la puerta y vio la alargada sombra de Filch, había pasado de largo. El joven Gryffindor hizo una seña a todos los que estaban adentro para que salieran de inmediato del baño.

—No tengo por qué esconderme—anunció Lily—, soy un prefecto de Hogwarts.

—Un prefecto que hace cuatro horas ya debía estar en la cama, Lily—le advirtió Snape.

—Bien dicho, Quejicus—añadió Peter.

Caminaron por los pasillos intentando hacer el menor ruido posible, pero las huellas de sus zapatos estaban húmedas y hacían aún más ruido al contacto con el suelo, sobre todo Lily que llevaba unos pequeños tacones. Sirius le ordenó a que se los quitase, de mala gana Lily lo hizo. El frío se coló por sus medias y la humedad del suelo las mojó, aun así agradeció no hacer ruido y ordenó al resto a imitarle.

—Peter—le reprendió en un susurro, James—, quítate los zapatos.

Filch venía de vuelta de su último paseo, no había encontrado nada de lo que había creído, ningún estudiante fuera de la cama, ningún mago husmeando en Hogwarts; nada de nada. Así que desganado deshizo el camino que había emprendido minutos antes. Fue entonces que escuchó unos murmullos provenientes de los pasillos que estaban a sus espaldas. Sin pensarlo dos veces, con la lámpara bien en alto, corrió detrás de los alumnos que estaban fuera de la cama.

—¡Es Filch! —dijo, agitada Lily—, es Filch.

James se paró frente a la pared y cerró los ojos. Sirius y Peter comenzaron a correr como si no hubiese otra oportunidad de hacerlo, aunque realmente no la había y se perdieron entre los pasillos. El ruido de sus agitadas respiraciones les impedía escuchar el ruido que hacían con sus pies mojados, por lo que Filch cambió su rumbo y siguió los alborotados pasos de Peter y Sirius. Sabía que había estudiantes fuera de la cama, pero no sabía quiénes, esa era la única ventaja de los estudiantes.

—Vámonos, Lily—Severus le había cogido de la mano y la empujaba a marchar en sentido contrario de donde habían ido los jóvenes Gryffindor.

—Mi sala común está hacia allá—señaló Lily.

—¿Qué esperas para marcharte? —insistió, agitado Severus

—¿Qué haces, Potter? —dijo Lily.

Éste no respondió, seguía con los ojos cerrados de frente a la pared.

—¡Ya vámonos, Lily! —le ordenó Severus cogiéndola de la mano.

—Vete tú—respondió Lily—, yo todavía tengo cosas que hacer aquí.

En su cabeza solo había un solo pensamiento y ese era: saber qué demonios pasaba con Remus, por qué había querido darle el veritaserum a Severus y todo eso lo conseguiría de James, él tendría que decírselo, más ahora que no estaba Sirius para controlarle, por lo que miró fijamente a Severus y volvió a insistirle que se marchara.

—Estaré bien, Severus, por favor márchate—le dio una suave sonrisa que no fue en absoluto convincente—. Vete antes que te pille Filch.

Severus, a quién cada palabra de Lily le hacía sentir miserable, miró la cabeza de James, ya que estaba de espaldas a él, y le odió profundamente por quedarse allí con ella. Pero sabiendo que molestaría aún más a Lily si él le desobedecía, se marchó lanzando maleficios y conjuros mentales a Potter. Como siempre se prometió a sí mismo que ya se las pagaría ese estúpido de Potter.

—¿Qué haces, Potter? —volvió a preguntar.

En el mismo instante que Severus se había perdido en uno de los pasillos, se comenzó a dibujar una puerta en la pared que antes solo había sido ladrillo. Una vez que terminó de compactarse todo el borde, la puerta se instaló como si siempre hubiera estado allí y mágicamente abrió sus puertas.

—¿Entrarás o esperarás a que Filch nos encuentre? —le dijo James.

Una vez que entró a la sala, que antes no estaba allí, vio lo espaciosa que era, pero a la vez lo llena de cosas que estaba. Una vez de pie junto a James, le miró fijamente, éste le entregó una sonrisa y donde no había habido nada, ahora había una silla.

—Siéntate, por favor—le pidió James.

—¿Qué es esto? —dijo, confusa mientras se sentaba.

—La sala de los menesteres o conocida como la sala que viene y va ¿Habías oído de ella?

—Nunca.

—Los profesores suelen esconder su existencia a los estudiantes por la utilidad que presta—sonrió James.

—¿Cómo funciona? —dijo Lily mientras observaba todo a su alrededor.

—Si la necesitas aparece—respondió James, que se estaba sentado frente a ella en otra silla que antes no había estado allí.

—¿Por qué no apareció antes? Podríamos haber entrado todos.

—Porque la necesitaba para estar a solas contigo—confesó.

Como si no hubiese dicho nada extraño a la chica que tenía frente a él, James se levantó de la silla y fue hacia unos estantes que estaban detrás de él, entonces sacó un paquete de allí y volvió hacia donde estaba Lily. Abrió su contenido y allí había un par de zapatos con un par de medias. James abrió el segundo paquete y abrigó los pies húmedos y fríos de Lily, para luego calzarle los zapatos. Ésta, sin estar bajo los efectos de un hechizo paralizante, no fue capaz de moverse.


Lumos!

Juro Solemnemente que mis intenciones no son buenas.

¡Hola que tal! Espero que todos de maravilla y que les haya llegado bien esta lechuza. Muchos cariños a todos y díganme que tan les pareció este capítulo.

Muchos cariños y un abrazo a distancia.

Manne Van Necker