Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.

Capítulo VIII

Veritaserum II.


1975.

Si Lily Evans hubiera sido del tipo de chicas que se intimida y ruboriza, en ese mismo instante estaría retraída ante el comentario de James y sus mejillas se habrían teñido de un suave rosa que rápidamente se tornaría en un vivo escarlata, tal cual como el color de su casa en Hogwarts, pero Lily Evans no era del tipo de chicas que se intimida ni ruboriza, no al menos fácilmente; su ingenio era superior a su sentimentalismo, sin dejar de ser una chica sensible. Por lo que James no se sorprendió al ver que Lily seguía inmutable sentada en la silla frente a él. En ella no había ningún vestigio de rubor o una risa nerviosa que escondiese sus sentimientos; su rostro implacable era ilegible para el joven Gryffindor acostumbrado a ver claramente lo que se escondía en los ojos de las muchachas, pero Lily era diferente; un interesante diferente.

James se quedó mirándola, esperando que ella iniciara todas las preguntas que detrás de esa mirada se escondían, pero ella no las formuló.

—¿No me preguntarás algo?—invitó, James.

Lily alzó su mirada y se encontró con los ojos curiosos de James, pero contrario a lo que el chico esperaba, ella en su mente tenía una sola cosa.

—¿Qué tiene que ver el filtro, el veritaserum, Severus y Lupin en todo el embrollo que crearon?—le respondió formulándole una pregunta nada de fácil.

—Tú no te andas con rodeo, ¿verdad, Lily?—sonrió, James. Ésta no hizo ningún gesto—. Debo reconocer que viniendo de ti, la pregunta se me hace extraña. ¿No tienes tus propias conclusiones?—Lily no respondió—, vamos, Lily, sé que algo ronda en tu cabeza desde hace días.

—Prometiste decírmelo todo a cambio de que no les acusara a Dumbledore, espero Potter, que seas hombre de palabra.

—Lo soy, Lily, pero también prometí no decir nada del secreto de mi amigo, y yo tomo mis promesas como si fueran un juramento inquebrantable, así que deberás adivinarlo tú—sonrió, levantándose de su silla y yendo hasta un armario.

Lily observó a James, estaba sumida en sus pensamientos, cuando el chico retornó con pastel de calabaza. Iba a rechazarlo cuando sintió que su estómago estaba a punto de crujir, y sin más objeción, cogió el plato y siguió analizando todo aquel embrollo que Potter y sus amigos habían creado.

«Cualquier secreto que pueda tener Lupin debiera ser al muy importante para que un chico como él lo mantenga en absoluto secreto—pensó—, debe ser tan importante para tener a un grupo de insubordinados trabajando en algo para él. Importante y peligroso, muy peligroso para que fuera capaz de confiarlo a unos mequetrefes como éstos y que éstos mantuviesen sus bocas en silencio.»

—¿Y…—sonrió, James—, tu mente brillante consiguió el ingrediente secreto de la poción, Lily?

Pero Lily no estaba dispuesta a caer en el juego de James Potter, por lo que ignoró completamente la pregunta que éste le hizo. «Remus, Remus, Remus—pensaba—, hay algo en Remus… ¡Ah, sí! Parece que vive enfermo, siempre desaparece en las rondas, siempre me abandona… pero ¿Por qué? ¿Qué le ocurre a Lupin que se marcha? ¡Vamos, Lily!—se animaba—, tienes que conseguirlo, sé que lo tengo por ahí, sé que puedo saberlo. Lupin se desaparece ¿Qué hay de común en esas desapariciones? Además de que siempre me deja con Potter… menos mal que cuando me deja con Potter los pasillos están muy iluminados… ¡Iluminados por la luna! Cada vez que hay luna llena Lupin se marcha… lo que quiere decir que…»

James vio en Lily el mismo rostro que ponía cuando estaba elaborando pociones o cuando descubría la respuesta antes que el resto, sabía que pronto Lily conseguiría la respuesta y entonces, él tendría mucho que explicar. Solo esperaba que ella se lo tomara bien, confiaba que Lily sería capaz de manejar una información de ese tipo, así como también confiaba que ella comprendería mucho más de su comportamiento luego de que entendiera el porqué.

—Remus es un licántropo—susurró, Lily, comiendo un bocado del delicioso pastel.

El silencio de James fue la confirmación de un hecho que Lily conocía perfectamente en su interior, pero que había sido incapaz de verbalizar. Como un torbellino de imágenes en la cabeza de Lily se fue cuadrando, formando un perfecto rompecabezas, todo calzaba en ese momento. Los comportamientos de Remus, sus constantes ausencias, la sobreprotección de James y Sirius con él, todo ahora era explicable, casi todo.

—¿Por qué lo del veritaserum para Severus?—preguntó, Lily. James no respondió—. ¿Por qué incluir a Severus en todo esto si él claramente no es de confianza para ustedes? ¿Por qué harían algo tan estúpido como arriesgar a Remus?

Era totalmente estúpido, James estaba de acuerdo, pero era necesario.

—Porque Snape tenía la respuesta a nuestro mayor problema ahora…—se calló.

—¿Y cuál sería ese?

—Tú debes saber, Lily, que un humano en su forma de licántropo solo ataca a humanos—aclaró—. Remus ha tenido que sufrir ya lo suficiente como para seguir soportando esto solo…

—Pero no pueden acompañarlo durante la luna llena, no al menos como humanos—complementó, Lily.

—Exacto, chica lista—sonrió James.

El chico miró a Lily como si quisiera averiguar que se escondían detrás de esos ojos, que había oculto en esa mente que solía adelantarse a los hechos. ¿Habría ya descubierto cual era su plan? «Quizá» pensó James.

—Hace poco nos enteramos—continúo, James al ver que Lily no continuaba hablando—, que la profesora McGonagall había obtenido el permiso del ministerio para convertirse en un animago. La hemos visto convertirse en innumerables ocasiones, nos ha asombrado a todos más de alguna vez. Siendo animagos podríamos estar con Remus en sus transformaciones. Pero no conseguimos fácilmente información respecto a los animagos, nada en la biblioteca, nada en la sección prohibida—el ceño de Lily se frunció—, nada de nada. La única opción de convertirse en animago es solicitar ayuda a uno o ir a los registros del ministerio de magia. Ninguno de los dos era viable en nuestro caso.

—¿Y Severus? Él no es un animago—interrumpió, Lily.

—No, no lo es—aclaró su garganta—. Un día, a la salida de la clase de transformaciones, Snape se pavoneó con que sabía como se creaban los animagos y como funcionaba todo el asunto. Esa misma tarde le seguimos por todo Hogwarts, pero era demasiado escurridizo y no había vuelto a tocar el tema. Además, la mayor parte del tiempo estábamos con Remus y él se oponía tajantemente a la idea de convertirnos en animagos. Así que planeamos lo del veritaserum.

—Para sacarle la información a Severus.

—Para sacarle la información a Snape—reafirmó—, la primera idea fue hacer una poción multijugos y hacernos pasar por ti. Todo el mundo sabe que Snape confía en ti, pero a nadie le gustó la idea de convertirse en una chica, además podríamos fallar fácilmente, así que cuando Remus habló del veritaserum y de como lo habían aplicado a una chica, fue nuestra idea magistral.

—Hasta que aparecí—volvió a interrumpir.

—Exacto. Ahora volvemos al mismo problema inicial—posó su cabeza en su mano—. Si no nos convertimos pronto en animagos, Remus tendrá que pasar más tiempo en San Mungo de lo que teníamos planeado.

—¿San Mungo? ¿Por qué Remus va a San Mungo?

—No nos ha querido decir mucho, pero por lo que sabemos están trabajando en una poción para reducir los efectos de la luna sobre los licántropos—hubo una breve pausa—. Al parecer no es muy agradable, por lo que Remus termina más que agotado por estos días de luna llena.

Cuando Sirius y Peter consiguieron entrar en la sala común, ambos se miraron fijamente a los ojos. Sus respiraciones entrecortadas les impedía hablar, pero ambos sabían perfectamente qué era lo que querían decirse: James aún no había regresado. Se desplomaron sobre los sofás de la sala común y, en silencio, esperaron la llegada de su amigo.

Las manecillas del reloj, que se encontraba sobre la chimenea, era el único ruido que interrumpía el absoluto silencio. De vez en cuando se oía el ronquido proveniente de la sala más cercana, otras veces era Sirius el que roncaba sobre el sofá, pero de inmediato se ponía alerta al darse cuenta que se había quedado dormido.

—Me rindo—dijo la última vez cuando corroboró que estaba pronto a amanecer—, me voy a la cama.

—¿Y James?

—Pues se las está arreglando bastante bien sin nosotros—sonrió Sirius y se puso en marcha a su cama.

Peter se quedó en la sala común. Su mente estaba lo suficientemente agotada como para que su cuerpo respondiese a sus débiles mandatos. A penas era capaz de sentir sus extremidades, por lo que decidió quedarse allí mismo, intentando dormir hasta que amaneciera, que sería dentro de poco. Pero su sueño se vio disturbado cuando sintió que le tironeaban la manga. Se refregó los ojos con sus manos e intentó aclarar su vista, entonces se encontró con el redondo rostro de Alice.

—¡Alice!—exclamó—. ¿Qué haces despierta a estas horas?

—¿Por qué estás fuera de la cama, Peter?—preguntó mientras se sentaba en el sofá siguiente.

—Por nada que te incumba—murmuró, dando por finalizada la conversación y acomodándose para seguir durmiendo, pero la chica no tenía ánimos de callarse.

—Si tiene que ver con el filtro, pues me incumbe. Lily no ha vuelto a la cama y por lo que escuché de Sirius, James tampoco—sentenció—, ¿Me dirás dónde están o tendré que alertar que hay dos alumnos fuera de la cama?

En ese preciso instante la puerta de la sala común crujió al abrirse, por ella entraron Lily y James, este último traía el ceño fruncido, mientras que Lily sonreía. Al ver a Alice allí, no dejó de sonreír, solo le cogió la mano y se la llevó al dormitorio que compartían.

—¿Qué ha pasado?—insistió, Peter.

—Nada—respondió, secamente.

—Pues tu rostro no dice lo mismo.

—Ya sabe lo de los animagos, he debido decírselo—su ceño se mantenía fruncido.

—Pues a Sirius no le gustará nada.

—Él no tiene por qué enterarse—sentenció, mirando fijamente a Peter. En la mirada de James había cierto grado de advertencia mezclado con amenaza, algo que Pettigrew logró captar bien, por lo que no insistió respecto al tema.

Los últimos días en Hogwarts antes de las vacaciones de navidad, se mezclaban con el anhelo de las fiestas y de marchar luego a casa, para algunos era deprimente no poder marchar a casa por diversos motivos, pero olvidaban pronto esas sensaciones cuando veían al joven guardabosques traer el árbol de navidad más hermoso y más grande que se podía encontrar. Todos los profesores trabajaban en la decoración navideña, algo que a Snape no le cabía mucho en su cabeza era como un grupo de inteligentes brujos caía en una tradición muggle.

—A veces, Severus, no se trata solo de creer—murmuró una gastada voz a sus espaldas.

Snape, que solía quedarse en Hogwarts para las vacaciones, decidió marchar a su casa por primera vez desde que estaba en el Colegio.

—¿Señor?—preguntó, Severus, incapaz de creer que el director del Colegio fuese capaz de leer sus pensamientos.

En ese preciso instante los elfos domésticos habían hecho aparecer un grupo de bandejas flotantes al lado de donde se encontraba el director. El anciano hombre de largas barbas plateadas, cogió un tentempié de cada bandeja y comenzó a probarlos. Invitó al joven Slytherin a unirse al pequeño banquete, éste tímidamente aceptó un pie.

—Adoro probar el festín. Es gentileza de los elfos enviarme un trozo para dar mi aprobación—con un movimiento de su varita envió del vuelta las bandejas flotantes.

Severus no supo qué decir respecto al comentario del director, pero en conocimiento de las excentricidades de una gran mente como la de Albus Dumbledore, no siguió la corriente de esos pensamientos, simplemente se dedicó a asentir y olvidar cualquier extraño comentario que éste pudiera hacer.

—Navidad—suspiró el anciano—, un buen momento para tomar buenas decisiones, Severus—dicho esto se marchó.

«¿Qué habría querido decir el profesor Dumbledore?» pensó, Severus reanudando su camino hacia la salida del castillo donde cientos de alumnos esperaban marcharse a sus hogares. Muy en su interior, Severus Snape, sabía qué quería decir Dumbledore, pero creyó capaz que él supiera respecto a temas tan privados como ese, de seguro no sabía nada y todo había sido una coincidencia, o eso quiso creer él.

Entre los pensamientos de Severus y el torbellino de preguntas que había en ellos, logró visualizar una mancha rojiza entre la multitud. Alzó sus ojos para encontrarse con Lily, siempre sonriente, entre un grupo de chicas de Gryffindor. No la había visto desde el incidente nocturno con Potter, al parecer ella había salido bien del asunto, pero no se habían vuelto a encontrar desde entonces. La miró tan fijamente, que la chica no pudo evitar sentir esa extraña sensación de sentirse observada, buscó entre la multitud y encontró a Severus de pie en las escalinatas. Su rostro era el reflejo de la contrariedad de sus pensamientos, pero Lily no supo describir con exactitud que reflejaba, simplemente le sonrió ampliamente, esperando alguna respuesta de su parte.

—¿Mirando sangre sucias, Severus?—una pesada mano se posó sobre su hombro. Era Flinn Avery, un chico de su curso, con el que solía hablar de vez en cuando. Severus quitó la mano del chico, y le miró directo a los ojos—. ¿Resentido?

Lily observó lo que ocurría desde donde estaba, Severus volvió a mirarle, esta vez no había vestigio de alguna intimidad entre ellos, todo lo contrario, la miró con desprecio, luego miró al chico robusto que estaba a su lado y ambos bajaron las escalinatas. Lily sintió profundamente aquel desprecio, aunque de cierta forma, en su interior, lo justificó.

—¡Lily!—Marlene bajaba las escaleras—. No nos has esperado—le reclamó, detrás de ella venía Alice.

—Pensé que no vendrían—se justificó.

—¡Pues claro que vendríamos! Hemos quedado en que en estas vacaciones de navidad nos veríamos aunque fuese en el callejón Diagon para ir de compras.

—Cierto, lo había olvidado.

Alice y Marlene sabía respecto a todo lo que había ocurrido, casi todo, puesto que no sabían lo que había pasado con Potter en la sala de los menesteres, pero tenían conocimiento de muchas cosas respecto a los cambios de la vida de Lily, por lo que se habían puesto de acuerdo secretamente en hacerla olvidar de todo ello, era por eso que hablaban tan animadamente de sus planes de vacaciones.

—James, no me has dicho nada desde el día de la huida de Filch—murmuró Sirius en el vagón que tenían para ellos solos—, ahora que no hay oídos curiosos quizá quieras decírmelo.

Peter se levantó de su asiento, cerró la puerta del vagón y volvió a su puesto.

—Nada, no hay mucho que decir—susurró, James—. Intenté sacarle información respecto a Snape, lo único que conseguí fueron tonterías, además de confirmar lo que ya sabíamos: no es un animago.

—Se nos agota el tiempo, James. Se nos está agotando y si no conseguimos luego la respuesta que necesitamos, a Remus le seguirán enviando a San Mungo.

—La gente en Hogsmeade se pregunta por qué los gritos han cesado, hace ya tres meses que no los oyen—añadió Peter.

—Dumbledore debería haberlo previsto. Esto se nos está yendo de las manos y ser animago ha resultado más difícil de lo que creíamos—agregó, James.

—Quizá sea tiempo de hablarlo con Dumbledore—acotó, Peter.

—¡No digas tonterías!—discutió, Sirius—, seríamos enviados a Azkaban antes de siquiera pensarlo.

—¿Entonces? ¿Qué haremos?—James posó su cabeza en ambas manos—, ya no tengo más ideas, no sé quién pueda saber algo al respecto.

—Yo sé quién puede saber, pero no sé si sea una buena idea—murmuró, Sirius.

—¿Quién?, en estos momentos, querido amigo, no tenemos muchas opciones como para estarnos quejando—sonrió, James.

—Hay una chica en Hufflepuff, Andrelisa, se dice que es mitad Veela, que su madre lo es, ella podría saber de animagos—murmuró, Sirius.

—Pero las Veelas no son animagos, son algo así como metamorfos—dijo, Peter—. Eso no significa que ella sepa algo.

—No, quizá no, pero la vi en el lago hace unas semanas, estaba sola y de la nada desapareció y en su lugar apareció una nutria—alzó una ceja—. ¿No es razón suficiente?

—¡¿Y por qué no lo dijiste antes?!—le pegó un palmetazo en la nuca, James.

—Porque no estaba seguro, de hecho aún no estoy seguro, quizá ni siquiera era ella—comenzó a dudar.

—¿Por qué no sería ella la nutria que viste?

—Porque estaba medio dormido y no recuerdo bien si era una nutria u otro animal o si es que era ella, yo solo digo lo que vi.

—¿Qué hacías medio dormido en el lago?—preguntó, James. Sirius solo sonrió.

—Ya, pero ¿Qué le vamos a decir?—preguntó, Peter—, Hola Andrelisa, quería saber si eres un animago, porque tu madre es una Veela ¿verdad? Y bueno, de seguro sabes algo, ¿Me enseñarías a ser un animago? Lo necesito porque tengo un amigo que es un licántropo—respiró. Todos mantuvieron el silencio por un instante.

—No, no podemos—murmuró, Sirius—, si no llegase a ser un animago y si su madre no fuera Veela, creo que estaríamos en muchos problemas. Además, ella siempre puede mentir.

—No, no siempre—sonrió, James mientras abría su maleta—. Quizá esto nos sea útil.

Nadie podía creer lo que tenían frente a sus ojos, en la mano de James descansaba un frasco de veritaserum, otro frasco. Los ojos de Sirius estaban abiertos de par en par y brillaban al ver la pequeña botella.

—¡Oh, James! Pero, ¿Cómo?—preguntó, Peter.

—Entrar al despacho de Slughorn no es tan difícil cuando vas a visitarle muy interesado respecto al libro de pociones—sonrió, triunfante.

— ¿Pociones?—la puerta del vagón—. ¿Por qué hablan de pociones cuando se van a casa de vacaciones?

—¡Remus!—sonrió, Sirius—, ¡Siéntate aquí, amigo! ¿Qué tal estás?

Remus había alcanzado volver a tiempo para coger el tren, pero había tardado en unirse al grupo, puesto que había estado hablando con Dumbledore. Ese día tenía apariencia de enfermo más de lo normal, pero ninguno quiso hablar de eso, no allí por lo menos, no cuando sus cabezas estaban trabajando con un nuevo plan, uno que esta vez no podría fallar.

—Lily—le llamó, Marlene—. ¿Dónde vas?

—Solo dame un segundo, ya vuelvo, guárdenme un asiento—sonrió.

Lily, quién no había sido capaz de apartar de su mente la imagen fría de Severus, quiso saber si todo marchaba bien, por lo que se decidió y fue a buscarlo por los vagones. La verdad es que no sabía que decirle, ni qué hacer cuando le encontrase, solo quería verle y ya sabría como andarían las cosas. Solo esperaba que Severus no se hubiera enojado con ella por haberse marchado con James a la sala de los menesteres en vez de haberse marchado con él. «¿Lo habrá comprendido? ¿Estará enojado conmigo? Espero que no»

Tres vagones más allá del suyo, encontró un compartimento solo y siguiente a ese, estaba Severus, estaba solo, mirando por la ventana. Su rostro parecía abstraído, pero no por el paisaje que le ofrecía la ventana, parecía algo más complejo, los músculos de su rostro estaban tensos, como si formasen una mueca de dolor. Entonces, por aquel magnetismo que se produce cuando te observan, Severus dejó de mirar por la ventana y con exactamente el mismo gesto que tenía cuando estaba absorto, miró a Lily. La joven muchacha estaba de pie, detrás de la puerta, ambos separados por un vidrio, ella estaba mirándole. Los ojos de Lily eran curiosos, estaban abiertos de par en par y al verse sorprendida parecían aún más grandes. Severus mantuvo por un momento su mirada, entonces, para sorpresa de Lily, él la miró, tal cual como lo había hecho cuando estaba en la escalinata, aunque esta vez era mucho peor. No había público. No lo había hecho porque con él estaba el chico de Slytherin, lo había hecho realmente porque lo deseaba, la había despreciado con la mirada y aún lo seguía haciendo. Su mirada era tácitamente la expresión que jamás esperaba oír de Severus, de cualquier Slytherin, pero no de Severus: «sangre sucia»

De pie, allí, a mitad del vagón, sus manos temblaban y sintió como si su pecho hubiese quedado vacío, como si la hubiera atravesado un fantasma y a pesar de jamás haber experimentado la presencia de un dementor, sintió como si tuviese a uno tan cerca que estuviera a punto de besarla. Lily cerró los ojos, se contuvo para no llorar y se marchó, incapaz de hacerle frente a Severus.


Lumos!

Lo sé, lo sé. Muchas de ustedes me mandaron lechuzas, otras simplemente me mandaron crucios con amor, otras me desearon el beso del dementor y yo acá en Azkaban (A.K.A Universidad y Prácticas clínicas) imposibilitada de subir capítulo, mucho menos de escribir.

Sé que las actualizaciones son los domingos, pero contando que les debo dos capítulos, he decidido actualizar hoy y la próxima semana en otro día, así entonces podré ponerme al día con lo que les debo.

¡Sigan acompañando a Los Merodeadores en el proceso de convertirse en animagos!

Cariños y espero que todas se encuentren bien.

Manne Van Necker

Nox!