Los secretos de un merodeador.


Disclaimer: Los personajes y el mundo en que se encuentran adaptados son de la maravillosa J. K Rowling, yo simplemente he intentado reconstruir la historia de Los Merodeadores y todo lo que hubo antes de Harry Potter. Espero no errar tanto y que se mantenga fiel a lo que ella entregó como guía.


Capítulo IX

Tentaciones.

1975.


El señor y la señora Evans habían ido a buscar a Lily a King Cross. La multitud de personas que habían entrado a la plataforma nueve y tres cuartos, además de los muggles que se paseaban de una plataforma a otra, les hacían imposible identificar a su hija, por lo que decidieron quedarse cerca para no perder de vista a cualquier alumno que estuviera con el uniforme de Hogwarts. Cuando los jóvenes comenzaron a aparecer con sus carros, ellos supieron de inmediato que su hija no tardaría en salir.

Lily, que se había quedado en un compartimento sola y no había vuelto con Marlene y Alice, se encontró bajando del tren con una sensación de vacío que jamás antes había experimentado y si lo había hecho, no se comparaba con la actualidad. Mientras caminaba, en varias ocasiones la empujaron, pero a ella no le importó, solo deseaba salir pronto de ahí.

—¡Lily! ¡Lily!—escuchó que la llamaban a sus espaldas, pero no se volteó—. ¡Lily!

Cuando Marlene y Alice la alcanzaron, ella simplemente se detuvo. La interrogante en el rostro de ambas era claro indicio que las muchachas pedían una explicación, por respuesta solo obtuvieron un recogimiento de hombros y silencio. Ninguna preguntó en voz alta, simplemente se quedaron las tres en silencio, hasta que Alice lo rompió.

—¿Me escribirán?—sonrió—. ¿Aún se mantiene nuestra salida al callejón Diagon?

—¡Siempre nos escribimos! Vaya, que pregunta—respondió, Marlene—. Por lo de la salida, tendré que preguntarlo, pero les envío una lechuza. ¿Y tú?—Lily salió de su ensimismamiento y esbozó una débil sonrisa.

—Encantada, ya saben que siempre les respondo y en cuanto a la salida, dependerá de mis padres, pero me encantaría—su tono fue monótono, pero nadie se lo reclamó.

El grupo de amigas conversaba animadamente respecto a sus planes, lo que podrían hacer juntas e incluso Lily se permitió invitar a sus amigas a casa para que conocieran a sus padres. Mientras Lily intentaba animarse vio salir a Severus entre la multitud, se dirigía a la salida del andén. Deseó alcanzarlo y hablar con él, pero sabía que solo empeoraría las cosas y Severus sería sujeto de burlas por los alumnos de su casa. Así que esperó poder encontrarse con él en el pequeño parque cerca de sus casas, donde siempre solían hacerlo. Lo que Lily no esperaba era encontrarse con James Potter frente a ella.

—Veo que tienen planes muy interesantes para navidad—intervino James. El grupo de chicas quedó mirándole sorprendidas y nadie respondió—. Quizá puedan incluirnos en algunos.

Las tres jóvenes Gryffindor sostuvieron entre ellas sus miradas. Claramente, además de la tensión que surgió ante el comentario de Potter, nadie quería incluir a chicos en sus salidas, mucho menos a Potter que solo causaría problemas.

—Dejalo ya, James—le puso una mano en el hombro—, las chicas querrán salir solas.

—Gracias, Remus—sonrió Marlene—. Es algo más de chicas.

—De seguro que nos veremos por el callejón Diagon—sonrió Sirius—, quizá podríamos ir a tomarnos algo.

—Quizá—respondió, secamente Alice. Aquello dio pie para que el grupo de jóvenes se marchase.

Los planes de los chicos no eran muy diferentes. Solían reunirse en navidad para jugar Quidditch en el patio de Pettigrew, a veces iban a visitar a James, ya que su madre solía cocinar grandes banquetes para los amigos de su único hijo. Salían juntos al callejón Diagon a comprar más que alguna cosa y más que nada buscaban una excusa para reunirse en vacaciones, ya que en sus respectivas casas luego de la primera semana todo se tornaba aburrido.

Para estas fechas lo que cabría esperar era que la familia fuese a buscar a sus hijos a la estación, así era para la mayoría, pero luego de un par de años de espera, Sirius Black comprendió que aquello jamás ocurriría, por lo que siempre terminaba yendo a su casa donde nadie lo esperaba y nadie estaba pendiente de la navidad. Una vez que el bullicio de la estación se calmaba y la gente desaparecía del lugar, Regulus, su hermano menor y el orgullo familiar, solía acercársele sin decir una palabra y caminaban juntos a casa.

Cuando ambos Black se encontraban en la puerta, siempre era Regulus quién acaparaba toda la atención, por lo que Sirius solía pasar desapercibido en la amplia casa de Grimmauld Place. A último minuto, antes que Regulus tocase la puerta, Sirius pensó en marcharse y no ingresar, pero no tenía alternativa, ya estaba allí de pie y no tenía otro sitio donde ir. Kreacher, el elfo domestico de la familia, le abrió la puerta y alabó de inmediato a su amo Regulus. Kreacher que nunca tuvo una agradable personalidad, ahora se comportaba con Sirius aún más desagradable, tal como lo hacía su familia. Para los Black, la mayor desgracia ocurrida dentro de la familia era que uno de ellos estuviese en Gryffindor, por lo que todos ignoraban su presencia.

Orion Black, junto a su esposa, estaban en la sala de estar, el primero leía el profeta, mientras que la segunda solo se dedicaba a perder su vista por una de las ventanas. La llegada de Regulus provocó una alegría en Walburga que solo tuvo ojos para su hijo menor. Orion que nunca fue un padre cariñoso solo le entregó un tosco saludo al recién llegado, mientras que Sirius solo provocó en ellos una mueca que representaba el repudio que sentían por él. Orion alzó la vista por un segundo, se encontró con la de Sirius y luego continúo como si allí, en el umbral, no hubiera nadie. Cabria de esperar que la madre de Sirius, Walburga, fuese una mujer más maternal y acogedora con ambos hijos, pero esta pasó por el lado de Sirius sin siquiera mirarle y se dirigió junto a Regulus a otro salón para charlar respecto a sus avances en los estudios de Slytherin.

Absolutamente diferente era lo que se vivía en la población muggle donde los Evans vivían. Con luces decorando toda la casa, motivos navideños recorriendo todo el jardín hasta la entrada misma y el bullicio de sus padres llenándola de pregunta: Lily no podría haberse sentido más a gusto con la navidad. Entre la decoración y los abrazos de sus padres, la joven muchacha no se percató de que la puerta de la casa estaba abierta y que en el umbral se encontraba Petunia, quién no tenía ninguna expresión que denotara festividad, todo lo contrario la expresión de su rostro podría compararse con el frío mármol.

Una vez todos dentro de la casa, las preguntas más suculentas comenzaron a salir de la boca de sus padres, quienes todos los años le preguntaban qué tipo de cosas hacía en Hogwarts. Como siempre, Lily complacía su curiosidad, contándole todo tipo de cosas y permitiéndose hacerles una que otra demostración, a lo que Petunia siempre reaccionaba igual, se levantaba de su sitio y se marchaba a su habitación refunfuñando cosas sin sentido sobre cómo era posible que tuvieran un fenómeno en la familia y qué diría la gente si se enterara.

—¡Qué maravilla!—exclamó la madre de Lily al ver que esta había convertido al gato en un joyero y que luego lo volvía a su forma natural—. ¡Qué habilidad, Lily!

Luego de un rato de demostraciones, de las que sus padres no se aburrían en absoluto, Lily hizo el comentario que esperaba que fuese bien recibido por sus protectores padres.

—He invitado a unas amigas a que vengan a casa, ¿está bien? Porque puedo reclinarles la invitación si no desean que ellas vengan.

Los padres de Lily se miraron un instante, para luego sonreírle a su hija.

—Me parece maravilloso, Lily. Nos gustaría mucho conocer a tus amigas de Hogwarts—respondió el padre.

Y con eso, toda opción de pasar una navidad aburrida, quedó descartada. Lily compartió con su familia y aquel espacio frío y triste que hubo en su corazón cuando llegó de Hogwarts, se desvaneció por completo, incluso olvidó ir al parque en busca de Severus. Tenía tanto qué hacer en su casa, su madre le pedía que le enseñase recetas de brujas, ella le enseñaba algunas recetas que conocía porque sus amigas le enseñaron, Lily le ayudaba con hechizos domésticos a su madre y así disfrutaban en la cocina. Lo que más Lily lamentaba era que Tuney, como solía llamar a su hermana Petunia, se excluyese de sus actividades juntas, por lo que comenzó a disminuir el uso de magia, para no excluir a su hermana.

—¿Por qué no le enseñas a Petunia lo maravilloso que es ese hechizo que lava la loza, la seca y la guarda?—sonrió un día su madre, después de haber terminado con el quehacer de la cocina.

Lily miró a Petunia que tenía una expresión poco amigable, debido a la palabra hechizo, por lo que se excusó con su madre diciéndole que prefería hacerlo sin magia y que así podrían hacerlo juntas con Tuney, pero la respuesta no agradó en absoluto a Petunia, quién se sintió menospreciada al no tener magia y escondiendo sus verdaderos sentimientos comenzó con la perorata de que Lily era un fenómeno. La madre de ambas chicas de inmediato reprendió a Petunia por sus descalificaciones a su hermana y la obligó a pedir disculpas a lo que la muchacha se negó y se marchó de la cocina.

—Déjala, madre—sonrió Lily—. Comprendo que ella aún no acepte que sea una bruja.

Severus había estado rondando el parque todos esos días, esperando a que Lily apareciera en él, pero cada día en el que el sol se escondía, Severus se marchaba a casa desolado. Deseaba tanto explicarle la situación arriba del tren, ella debía comprender el por qué lo había hecho. Severus, quién ocultaba la mayor parte de sus sentimientos, tenía una lucha interna que parecía no acabar y Lily era el torbellino que causaba destrozos en todo lo que él consideraba su mundo. Una tarde más, Lily no se presentó, fue entonces cuando Severus se prometió secretamente venir por última vez al día siguiente, si Lily no se presentaba, entonces no aparecería nunca más. Se preparaba a marcharse, con el juramento en su ser, cuando sintió un sonido que rompía el viento, era como un silbido que se acercaba a sus espaldas. Tanteó su varita que tenía en el bolsillo de su pantalón y se volteó a corroborar qué era lo que estaba a sus espaldas. No se sorprendió al ver tres hileras de humo negro. Supo de inmediato que eran mortífagos.

—Severus—le saludó un rostro conocido—. Cuánto tiempo sin verte. Me has dado el dato bien, Flinn—dijo Lucius Malfoy refiriéndose al chico que estaba a su lado.

—Lucius—respondió a modo de saludo—. ¿Qué te trae a los alrededores de mi casa?

—¡Oh, Severus, vamos!—sonrió—, que tres mortífagos vengan a la caída del amanecer a conversar contigo no te debería extrañar.

—¿No debería?—respondió Severus.

—Vamos, Severus, recuerda lo que me dijiste el otro día—alzó una ceja Flinn. El tercer mortífago no dijo nada, ni siquiera miró a Severus, se dedicaba a ver a su alrededor, como si esperase algo.

—Tendrás que refrescarle la memoria, Flinn—comentó Lucius.

—Sé perfectamente a lo que se refiere, solo que no pensé que este fuera el método para comunicarse conmigo, no aquí y a plena luz del día—alzó una ceja.

—Severus, Severus. Al Señor Tenebroso jamás se le pasa por alto nada. Él sabe perfectamente quienes son aquellos que podrían serle fieles y útiles, por lo tanto sabe dónde encontrarlos y cómo convencerlos. El Señor Tenebroso ha decidido ser generoso contigo y me ha pedido que venga exclusivamente aquí a visitarte, él desea tenerte en sus filas, Severus—dijo Lucius.

—¿A mí?—cuestionó—. ¿Por qué el Señor Tenebroso querría tener a un simple crío que ni siquiera ha terminado Hogwarts?

—¡¿Cuestionas al Señor Tenebroso?!—gritó Flinn, a lo que Lucius lo contuvo y silenció.

—El Señor Tenebroso sabe que eres un excelente alumno en pociones, dice incluso que has superado al viejo Slughorn. Él conoce tus dotes y desea ofrecerte el honor de ser un mortífago, de darte el poder de superar a otros que te han basureado, Severus—una imagen viva en los recuerdos de Severus se apoderó de su mente: Potter. Incluso fue capaz de imaginarse venciendo a Potter y séquito—. ¡Oh, sí!—añadió Lucius—, vengarte de aquellos que se han burlado de ti, el Señor Tenebroso puede hacer eso y mucho más, Severus. Pero piénsalo un poco más, antes de entrar a Hogwarts deberás darle una respuesta. Pero no olvides, Severus, que al Señor Tenebroso no le gusta esperar—dicho esto se marchó dejando una estela negra a su paso.

La semilla de la tentación había sido sembrada en lo más interno de Severus, tocando su lado más sensible, como bien lo sabía hacer Lucius, había conseguido hacer dudar a Severus. El Señor Tenebroso necesitaba gente en Hogwarts, necesitaba mantener vigilado a Dumbledore, saber sus pasos y adelantarse a los hechos. Deseaba debilitar desde adentro al colegio que albergaba al único mago que era capaz de enfrentársele y para demostrar que era insuperable e invencible, debía eliminar las ilusiones de sus detractores, ilusiones que estaban puestas en Albus Dumbledore.

—Lily, ¿Dónde vas?—le preguntó Petunia.

—No tardaré, por si preguntan papá y mamá—sonrió y cerró la puerta detrás de sí.

Cuando Lily llegó al viejo parque cerca de su casa, lo encontró vacío. Sabía que jamás ella y Severus habían fijado una hora para encontrarse allí, pero aun así siempre era antes de que anocheciera y ya era la hora, pero aun así no había nada que denotara que Severus estuvo allí. Espero sentada en uno de los columpios, hasta que se hizo lo suficientemente tarde y decidió marcharse, prometiéndose venir más temprano al día siguiente. Esa noche soñó extrañas cosas, pero omitió todo aquello que había aprendido en adivinación y en sueños premonitorios, hizo oídos sordos al significado de sus sueños y se dispuso a tener un buen día al amanecer.

—¡Apresúrate, que aún no sé bien como funciona esto del transporte muggle!—le decía Alice a Marlene, mientras subía a un bus que se supone que la dejaría en la casa de Lily.

—¡Te dije que no usáramos este medio, había sido más fácil la red flú!—le reclamaba Marlene.

—Sabes que Lily no tiene conectada su chimenea a la red, Marlene—rodó los ojos Alice.

Las amigas siguieron discutiendo respecto a los medios posibles para llegar a casa de Lily. Su amiga no sabía que ellas iban en camino, solo a Marlene se le había ocurrido la brillante idea de hacerle una visita sorpresa, para lo que por primera vez usó uno de esos aparatos muggles para hablar. Alice, quién algo sabía de aparatos muggles, la ayudó a anotar el número que Lily les había dado, por lo que pudieron mantener una conversación casi normal con la madre de Lily quién alabó la idea y sugirió que su hija no se enterase y que fuera sorpresa. Así entonces iniciaron la odisea de llegar a casa de su amiga.

—Deberíamos habernos juntado en el callejón Diagon—susurró Alice.

—Ya estamos aquí, de seguro Lily se alegrará de saber que hemos venido a acompañarle—sonrió sosteniendo su pastel de fresas que había horneado el día anterior.

Por lo visto, caminar entre las calles frías sin seguridad alguna, más que el sentido de orientación de Alice, no era la mejor manera de pasar un frío día de diciembre para Marlene, por lo que entre reclamos y sugerencias descabelladas, Alice terminó por ceder.

—¿Ideas para llegar a la dichosa casa de Lily?—bufó, Alice.

—No, ninguna. Estamos perdidas a mitad de quién sabe dónde, buscando una casa que vaya a saber Merlín dónde está y en cualquier momento todo se podría poner peor si es que se pone a nevar—murmuró, Marlene.

—¡Qué pesimista, Marlene, con razón la profesora de Adivinaciones dice que te falta ojo!—rio Alice.

Caminaron un por unos minutos más, hasta que Alice reconoció estar agotada, entonces limpiaron y se sentaron en unos asientos de un pequeño parque. Estuvieron en silencio por unos minutos, cuando Marlene le golpeó el brazo a Alice con un suave codazo.

—¿Ese que va ahí no es Severus?—susurró Marlene.

—¡Si! Y por lo que recuerdo vive cerca de Lily—sonrió Alice quién no dudó en ponerse de pie—. ¡Severus, Severus!

La joven comenzó a correr acercándose hasta donde estaba el chico, que caminaba por una de las veredas de la calle que estaba frente al parque. El joven, que se dio por aludido al escuchar su nombre, se volteó para encontrarse con quién le llamaba tan desesperadamente. Su sorpresa fue el haberse encontrado con Alice Warwick, seguida de Marlene McKinnon.

—Severus—dijo, agotada Alice—. Hola, Severus.

—Alice, Marlene—recibieron a modo de saludo.

—¡Es maravilloso encontrarte!—sonrió Alice—, ¿Sabes? Andamos buscando la casa de Lily, ¿Sabes tú dónde queda?

De no muy buen ánimo, Severus caminó junto a las muchachas, hasta que llegó a la esquina de la manzana en donde vivía Lily. Jamás, Severus, se había atrevido a llegar a la misma casa, incluso cuando Lily le había invitado en varias ocasiones. Él prefería mirarla irse dando saltitos y despedirse antes de entrar. El recuerdo le inundó, pero al darse cuenta que tenía más compañía, de inmediato se preocupó de no hacerlo notar.

—Es en la casa blanca, esa que está adornada en el jardín con motivos navideños—apuntó, Severus.

—Muchas gracias, Severus—respondió, Marlene.

—¿No quieres pasar a saludar?—insistió, Alice, conociendo que Lily y Severus eran amigos. El chico se sorprendió, pero negó enseguida la propuesta.

—No. Así está bien—respondió.

—De todas maneras, le enviaré tus saludos—sonrió, Alice.

—No hace falta—volvió a responder, secamente.

—Que tengas una linda navidad—dijo a modo de despedida Marlene.

Una vez que llegaron a casa de Lily, el alboroto se armó ahí mismo en el umbral. Alice y Marlene desearon a coro una feliz navidad, mientras que Lily y su madre sonreían. Las invitaron a pasar y, esa misma tarde, disfrutaron el exquisito pastel de fresas. Lily parecía contenta, no dejaba de contarles a su madre y a su padre, como Alice y Marlene hacían de sus días en Hogwarts una aventura.

—Nunca he entendido—dijo el padre de Lily—, ¿Cómo es que ustedes se transportan?

—Hay muchas maneras—sonrió Marlene—, las escobas es la más común, la red flú, los trasladores y las apariciones.

La joven muchacha comenzó a explicarle en qué consistía cada uno y en cómo los seres sin magia, evitó decir muggles, para que no se sintieran incómodos. También la madre de Lily se sintió ansiosa por saber cómo era posible agrandar espacios tan pequeños y lo magnifico que lo hacían con las maletas y ese tipo de cosas. Mientras la conversación giraba en torno a las maravillas mágicas, Petunia estaba sentada en un sofá, mirando las noticias o evitando escuchar las explicaciones de las amigas fenómenos de su hermana.

El día pasó demasiado rápido. Alice y Marlene, prometieron volver para las siguientes vacaciones, así como también los padres de Lily se comprometieron a dar permiso a su hija para que se fuera a quedar una que otra noche a casa de una de las amables amigas de Lily. Toda la familia, excepto Petunia, estuvieron más que felices de conmemorar las maravillas del mundo mágico y recordar lo maravillosas que habían sido las amigas de Lily. La señora Evans quedó fascinada con las recetas que le enseñaron las jovencitas, mientras que Lily no paraba de reír del asombro que tenía su padre al enterarse que para entrar al Ministerio de Magia había que meterse dentro de un inodoro.

Cuando ya se hizo tarde y faltaba poco para anochecer, Lily dijo que saldría a dar una vuelta.

—¡Que te acompañe Tuney!—dijo la madre.

Petunia se negó de plano, por lo que Lily salió sola antes de que su madre se arrepintiese de haberla dejado salir.

Una vez que llegó al parque, no supo si alegrarse o preocuparse por ver allí a Severus. Estaba sentando en el mismo columpio en el que ella estuvo la noche anterior. El joven sintió los pasos acercarse y por más que se pidió dominio a sí mismo, fue incapaz, una sonrisa se esbozó en sus labios.

—Lily—sonrió, pero la muchacha no respondió con una sonrisa.

—Hola—fue todo lo que dijo y se sentó en el columpio que se encontraba al lado del de Severus.

—Pensé que vendrías ayer—sonrió, Severus.

—Lo hice—respondió sin mirarlo.

—Pues yo también estuve y no te vi—insistió.

—Quizá fue muy tarde—murmuró Lily, intentando ordenar sus pensamientos. Un momento de silencio se instauró—. ¿Qué pasó ese día en el vagón del tren?

—Lily—murmuró—. Sé que no debí, pero… no sé como explicártelo.

—Pues será mejor que no compliques las cosas, solo dilo.

—Estoy siendo observado y es peligroso que nos vean juntos—susurró.

—¿Observado? ¿Por quién?

Severus no quería responder más, no quería que ella supiese lo que él estaba a punto de hacer. Sabía que si se lo decía ella se molestaría con él y en esos momentos, lo que menos necesitaba, era tener a Lily enojada y en su contra. Pero sabía que mentirle sería peor e irremediable, por lo que buscó las palabras adecuadas para decirle la verdad, pero no las encontró.

—Voy a convertirme en Mortífago, Lily.

—¡¿Qué?!—chilló—. ¡¿Qué?!—volvió a repetir y por primera vez miró a Severus. Sus negros ojos estaban posados en los de ella, entonces confirmó que no era una broma—. ¡No puedes, no tiene sentido!

—¡Calla, Lily! ¿Qué no entendiste que estoy siendo observado?—susurró—. En cualquier instante puede que alguien esté oyendo lo que hablo contigo, por favor, evita decir demasiado.

—¿Por eso me ignoraste en el tren?—dijo demasiado molesta como para ocultar su ira.

—Recién había recibido una visita inesperada—remarcó la palabra para darle otro sentido—, me informaron de que me estarían vigilando para ver si era de confianza y que tuviese cuidado de con quién trataba. Lily, es peligroso que me vean contigo. No lo digo por mí, sino por ti. Así que ese día decidí que lo mejor era alejarte, no quería que tuvieran algo que usar en mi contra, no quería que te dañaran si es que algo salía mal.

Sin decir explícitamente lo que deseaba, sus palabras, sus gestos y miradas lograron conectar hacía los reales sentimientos que albergaba esa declaración. Lily, entonces, fue capaz de reconocer lo que esas palabras referían, en ese preciso instante confirmó lo que siempre tuvo en duda. Severus la quería y ella quería a Severus, tanto, que hizo lo impensable y le rogó porque no continuase con esa idea destructiva.

—Severus, no puedes—susurró—, no puedes entrar a la fila del que no debe ser nombrado. ¡Por favor!—le suplicó—. No te conviertas en mortífago.

—Ya es tarde—fue incapaz de mirarla a los ojos, sentía como un gran vacío se apoderaba de su pecho—, lo he decidido.

Lily, quién a esas alturas era incapaz de contener sus lágrimas de rabia e impotencia, se largó a llorar. Severus se acercó a consolarla, pero ella no aceptó su contacto. Esas manos, que en muchas ocasiones anteriores le habían servido de apoyo y sustento, que incluso anheló en momentos difíciles, ahora eran rechazadas porque en ellas había maldad, en ellas habría sangre inocente derramada y ya no existiría más aquel Severus que ella quería, sería remplazado por una máscara y un juramento de lealtad contra quién más daño ha ocasionado al mundo mágico. Un hombre que sería capaz de eliminar todo vestigio de lo que conoció en Severus e instauraría en él una de esas alimañas en las que convertía a la gente buena. Lily no quería ser testigo de aquello, no quería perder a Severus.

—Severus—sollozó—, si tú has tomado tu decisión, pues no me queda nada más quehacer…—su voz se cortó.

—Lily—murmuró intentando acariciar su rostro, pero ella volvió a alejarse—. Por favor, compréndeme. Es lo que debo hacer, lo que esperan que haga. Es la única manera de sentirme valorado por lo que realmente soy…

—¡Yo te valoro por lo que eres!—le gritó con su rostro empapado en lágrimas—. ¡Yo te valoro tal cuál eres! ¡No necesitas una capucha, una máscara ni servir a alguien por miedo o por codicia de poder! ¡No necesitas cambiar!...—intentó decirle lo importante que era él para ella, pero fue incapaz de dejar que las palabras salieran de su boca y un te quiero se ahogó en llanto.

—No grites, Lily, podrían escucharnos…

—¡Me da igual! Ellos te han cambiado, has decidido convertirte en…—hipó—, en un asesino de inocentes. ¡Destruirás la magia que tanto amas!

—No, Lily, no. Solo me haré respetar, solo haré que recuerden mi nombre y lo digan con respeto.

—No necesitas comprobar nada… Yo… yo te quiero y respeto como eres…—reconoció alzando la vista y mirándole con sus ojos enrojecidos y llenos de lágrimas.

—Nunca me querrás como quiero que lo hagas, Lily—susurró—, no mientras no me respeten por lo que merezco y por lo que soy.

Ambos se quedaron en silencio, lo único que irrumpía aquel estado eran los sollozos de Lily. La joven muchacha se armó de valor para decir aquellas palabras duras y tristes que no deseaba pronunciar, pero si quería que Severus se diera cuenta de lo que estaba haciendo, debía hacerlo, debía mostrarse segura de lo que haría, para que él tomase el peso de su decisión, debía perderla.

—Has decidido y no podré hacerte cambiar de opinión—se limpió sus lágrimas con la manga de su chaleco—. Has decidido caminar por un camino en el que no puedo seguirte y si no puedo caminar contigo, entonces será mejor que no nos veamos más.

—Pero, Lily…—la chica se levantó de su columpio—. No te vayas, no me dejes hablando solo.

Lily estaba de pie frente a Severus, miró aquellos ojos negros y en ellos vio lo que siempre había visto: la bondad y los claros sentimientos de Severus, pero también recordó sus palabras, ese deseo de ser alguien de respeto, pero Lily sabía que no era una manera de ser respetado, esa no era la manera correcta y que no debería ser así. Con el dolor que en ese momento la embargaba, pronunció las últimas palabras que creyó pronunciar jamás.

—Me has abandonado tú a mí, Severus—sollozó—, tú me has abandonado y yo ya no podré seguirte…—dicho esto se marchó, haciendo caso omiso a las llamadas de Severus.

En ese preciso instante comenzó a nevar.


Lumos!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Hola! Espero que estén de maravillas, disfrutando este fin de semana, cada vez más cerca la navidad y espero que todos tengan una hermosa navidad en familia. Sé que les había prometido más capítulos, pero la verdad los TIMOS, han absorbido gran parte de mi poco tiempo, ahora si alguien tiene un giratiempos para poder escribir más, será más que bien recibido.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Valió la pena la espera?

Agradezco de ya todos los mensajes que me hacen llegar, muchos de ustedes aún no se animan a dejarlos, pero agradezco aquellos que me dan ánimos de continuar y que analizan la historia :)

¡Los espero en el siguiente!

Manne Van Necker.

Nox!