Uuuuuuuuuuuuuuuy que contenta estoy con los post que me han dejado... muchas gracias... es super importante para mi que a Uds les guste.. :D
Bueno sin mas acá esta el segundocapitulo... Nuestro querido Youkai se esta enrredando en un juego difícil de safarse jijijij
CAPITULO 2
EL DESPERTAR DEL DESEO
- Amo bonito, quiere que Jaken lo acompañe? – al demonio sapo no le gustaba quedarse solo por las noches. Desde hace varias semanas ya que el amo se ausentaba y la Joven Rin se alejaba para practicar. Aún cerca del fuego no era bueno quedarse sólo por las noches tan internado en el bosque.
- hrmmm- un gruñido fue su única respuesta y la alba cabellera se perdió en la oscuridad.
En un comienzo se decía a si mismo que se internaba en la vegetación para alejarse de sus miserables seguidores, pero siempre terminaba a unos pasos de donde se encontraba Rin. Esa noche no fue la excepción. Siguió su olor a través del suelo mojado por la lluvia y ya no fue suficiente saberle cerca, quería verla, sentirla, olerla e incluso tocarla. Se arrimó a lo alto de un árbol y se maravilló. Incansable daba estocadas al aire con su mano derecha, mientras el otro brazo cuidaba su retaguardia. Se asombró, la grácil figura de su niña se había convertido en toda una mujer, fiera y peligrosa. Sintió satisfacción en pensar que no le fallaría pero dudó¿sería Rin capaz de matar a los de su propia raza? Quedarse a su lado significaba abandonar los lazos que la unían otros humanos. Sería mejor que ella misma decidiese luego. Luego de conocer al verdadero monstruo que era el TaiYoukai.
El viento le trajo un aroma conocido y detestado a la vez. Esa cazadora que acompañaba al híbrido se acercaba y no venía sola, su detestable hermano le acompañaba. Kohaku, el único amigo humano que Rin cultivo en su infancia y que poseía el olor más nauseabundo de todos para el Youkai.
- Kohakuuuu!!!! – Rin lo había divisado a la pálida luz de la luna y corría colina abajo para encontrarlo.
- Rin!!!- una sonrisa amplia y sincera cruzo el rostro del joven hombre que la aguardaba. Rin saltó unos metros por sobre el y lo abrazó en el aire – Que haces por acá… hace mucho que no te veía.
- Es que he.. - Tomaba profundas bocanadas de aire para recuperar la compostura mientras se desdoblaba el kimono para cubrir sus piernas - he estado.. en .. el palacio de mi señor –.
- konnichi wa Sango san y Miroku san – Una mujer joven y el monje que la acompañaba respondieron a la reverencia de la muchacha de negros cabellos.
- Porque andas sola por acá, Sesshomaru no te acompaña? – El monje inquirió mientras buscaba con la mirada al demonio, no necesitaba respuesta pues sentía su aura maligna desde más de un kilómetro atrás.
- No, Sesshomaru sama está muy lejos colina arriba. – Rin no sabía que su señor la había seguido en la carrera y no le quitaba la mirada de encima ni un solo segundo.
- Sango tenemos que continuar si queremos alcanzar el pueblo esta noche- El monje se despidió ceremoniosamente de la joven no sin antes dedicarle una sugerente mirada a la curvilínea que ella definía con sus caderas.
Sobre él libidinoso monje voló el hiraikotsu y aterrizó en su cabeza haciéndole comer la tierra sobre la que estaba parado.
- Hermana que haces? – Kohaku no entendía porque ella le había pegado tan fuerte golpe a su prometido.
- Tu tranquilo Kohaku, yo se porque lo hago – Se colgó el arma en la espalda y siguió su camino.
- Debo recordar no hacer ciertas cosas con tu hermana tan cerca- Se levantó a duras penas y con un gran dolor de cabeza.
- Kohaku … ¿tienes que irte tan pronto? – Rin se entristeció al ver que Sango se ponía en marcha
- Creo que puedo quedarme si tu lo quieres – El pecho del joven empezó a latir fuertemente y sus ruborizadas mejillas se veían incluso bajo la luz pálida de medianoche. – Hermana, continúen Uds. Yo los alcanzo por la mañana. - Los dos se sentaron y empezaron a ponerse al día de todo lo que había pasado en el tiempo que no se veían, era más de un año ya.
- Rin dime una cosa – Kohaku miro directamente a la joven- que vas a hacer cuando sea la próxima luna llena y tengas que cumplir con lo que prometiste… digo… tu vas a-
- no entiendo a que te refieres – Rin aún no comprendía que serle de utilidad a su señor quería decir ayudarle a terminar con el incipiente poblado de hombres que se estaba formando en sus dominios.
- Bueno solo quiero que sepas que si un día decides dejar a ese malvado demonio – Rin frunció el seño, no le gustaba que su amigo hablara así del youkai – hem… este… tu sabes, yo estoy acá, para lo que tu necesites.-
El castaño se acercó y tomó la nívea mano que estaba junto a él. La cobijó en su pecho ante la atónita mirada de Rin y con un tímido beso selló sus labios antes que pudieran proferir ninguna queja. La joven se alejó apenas lo suficiente para poder hablar, sentía el cálido aliento de Kohaku en sus labios y se ruborizó.
- Yo … es que… - las ideas se atropellaban en su cabeza y no querían salir las palabras correctas. Lo quería por supuesto, pero era su amigo y no le cabía siquiera pensar en él como un hombre – yo no…- la respuesta murió en sus labios. Kohaku no quería escuchar una negativa tan pronto y se aventuró a profundizar el primer beso que le había dado. Tomó el mentón de la joven y sintió el calor de su boca y su lengua al huir de él. Las torpes manos de la chica trataron de alejarlo pero algo fue más rápido que ellas.
Sesshomaru lo había visto todo. Sucio pendenciero que arrancaba de esos botones de cerezo el primer beso. Ni siquiera él, gran señor de las tierras del este, conocía el dulce elixir de su boca. Las garras ponzoñosas rodeaban el cuello del joven y lo aprisionaban contra el suelo cortándole la respiración. Quería ver morir lentamente al que le había quitado el placer de ese primer contacto.
- No!.. por favor no lo lastime! – El demonio sintió el olor a mar que manaba profusamente de los ojos de Rin.- Fue mi culpa… lo… lo lamente… no debí alejarme… discúlpeme
Sesshomaru sama.- El Taiyoukai alzó por los aires el cuerpo de Kohaku y lo lanzó contra un árbol. –
- Te ha cuidado un ángel- Los dorados ojos de Sesshomaru asesinaban al joven – no se volverá a repetir.- El castaño corrió tras los pasos de su hermana sin volver la mirada. Una amenaza como esa liquidaba toda esperanza de volver a acercase a Rin, pues donde ella estaba no muy lejos rondaba el monstruo de plateada cabellera.
- Rin – La joven apretaba las manos con desesperación, había perdido a su único amigo y luego de la intervención de su protector, había perdido también la esperanza de recuperarlo.
- ¿Qué hacías acá?- lentamente los pasos del Youkai lo llevaron a ponerse justo en frene de esos grandes ojos negros.
Rin retrocedió, se sentía atravesada de lado a lado por la mal contenida furia de aquellos dorados cristales. El atisbo de temor que asomó fugazmente en el rostro de la joven lo extasió, nunca en su faz tal sentimiento se había manifestado, aunque tan solo fuera por esa mínima fracción de segundo. Se acercó otro poco para poder sentir el dulce aliento de Rin pero ese olor a cerezo estaba mezclado con el de aquel infame que los tocara hace unos segundos. Una mueca de asco se bosquejó en su semblante.
Su señor la acosaba, como lo hiciera con una presa cualquiera. Su cabeza le decía que debía correr despavorida pero su corazón la instaba a disfrutar de ese íntimo momento que le sacudía las entrañas. Por fin vio como esos ojos se desfiguraban casi imperceptiblemente con repulsión y la lucha interna la ganó su cerebro. Sin pensar en las consecuencias de lo que hacía dio media vuelta y echó a correr entre las raíces descarnadas de los árboles. Sabía que ella no estaba a la altura de un gran Youkai porque era una simple humana, pero no quería que su señor la mirara como una presa. Guardaba en su interior la esperanza de ser querida aunque fuese con ojos de padre, incluso de amo, pero querida.
Sesshomaru vio los delicados cabellos rehuirle y su instinto animal se regocijó frente al cuadro de la joven mujer. El olor a cerezo mezclado con sudor removió el deseo que luchaba por negar, saboreando ya esa dulzura inocente fue tras ella. No le importaba el ser débil, el fulgor de su deseo era lo único que movía sus pensamientos. Eso y los profundos celos de aquel humano que la había sentido.
Se escondió tras el nudoso tronco de un árbol y miró tras sus pasos para ver por donde venía aquel innato cazador. La luna no podía irrumpir la negra noche bajo el follaje, nada vio. Aguzó el oído esperando alguna señal que la alertara pero sólo sus latidos acelerados le ensordecían los oídos.
- ¿Dónde ibas Rin? –
La penetrante voz de Sesshomaru le susurró al oído y le erizó la piel. Sintió los cabellos platinados sobre sus hombros y la pausada respiración en su nuca. Rin se dio vuelta instintivamente y se encontró a un palmo de distancia de aquel dios hecho demonio. En la oscuridad reinante los dorados ojos se distinguían y la miraban fijamente. El rostro marfilado con marcar púrpuras se acercó casi hasta rozarla, trató de retroceder pero se vio acorralada entre el tronco y el fuerte cuerpo de su señor. Una garra fría como el acero la tomó desde el mentón hasta depositarse en su nuca
- eres mía – un silbido posesivo se dejó deslizar desde esos finos labios hasta su oído.
El calor de su aliento le quemaba la piel y la hacía estremecer. Una fuerte mano le rodeo la espala hasta levantarla unos veinte centímetros del suelo y estrecharla contra su pecho. Trató vagamente de alejarlo con sus manos pero la sensación de ese trozo prohibido le hizo olvidar todo intento de rechazarlo.
-mía… - repitió más para sí que para ella, al tiempo que rozaba esos temblorosos labios con los suyos propios que punzaban como el hielo.
El pequeño contacto con su señor la hizo trepidar, estaba siendo cazada como una presa pero ya no sentía temor. El dedo pulgar que sujetaba su cuello separó ligeramente sus labios y sin pedir permiso Sesshomaru fundió sus bocas en un apasionado beso.
Los gélidos labios quemaban como el fuego. Sintió como su amo apresuraba el gesto demandante presionado con vehemencia en su nuca. En una holeada de pasión sintió la afilada lengua recorrerla entera casi impidiéndole respirar. Los punzantes colmillos mordían sus labios sin tregua y pronto probó el sabor metálico de su propia sangre.
El youkai perdió noción de la fragilidad de su amada humana y se entregó al fuego que le calcinaba. Cargó todo su peso sobre ella y la sujetó contra el tronco lastimándole ligeramente la espalda. Sus besos se deslizaron por su largo cuello dejando ligeras marcas rojas por donde pasaban, con los dientes apartó el kimono que cubría su hombro y el frio de la noche erizó la piel puesta al descubierto. El sabor de aquella humana era adictivo, sólo quería probarla por completo y hacerla suya.
Rin sintió la incandescente lengua abrirse paso entre su ropaje, una mano se deslizó para reconocer sus pechos y asirse luego en sus cadera. Las fieras garras se enterraban suavemente en el dulce cuerpo amenazando con desgarrar la tela que lo cubría. Aún con toda la ropa puesta pudo notar el sexo abultado de su señor que le aprisionaba el vientre y tuvo temor. Nunca había sido amada por un hombre pero sabía lo que eso significaba. No quería ser tomada así por un amo fuera de sus cabales y guiado por los celos.
- No….- En un breve susurro esa súplica se escapó sin permiso de su boca y caló hondo en el pecho de Sesshomaru.
Se detuvo al instante y su mirada quedó perdida en la oscura noche. Suavemente bajó la figura temblorosa de Rin hasta que sus pies tocaron el suelo y se apartó. Caminó colina arriba sin dedicarle una sola mirada. Sin una disculpa, sin un te quiero, esas palabras no tenían cabida en entre ellos.
Esa humana no solo lo hacía débil y vulnerable, también le hacía perder el control.. Había perdido la cabeza porque alguien de su propia casta le robó un beso y él, un youkai, estuvo a pocos instantes de… sacudía su cabeza para negarlo pero era imposible… a pocos intentes de robarle algo mucho más preciado. Se reprochó a si mismo por pensar así, no debía preocuparle lo que un humano sintiera. Sin embargo, tampoco debía sentirse así por una cría de una estirpe tan baja como lo era ella. Sintió ese olor agridulce que dejan las lágrimas, una sensación entre mar y fruta fresca, supo entonces que lloraba. Recordó el sabor en sus labios y dudó un momento en volver atrás. Toda la noche su mente trató de justificarse sin ir en contra de sus más arraigados preceptos, imposible.
Rin suspiró cuando sintió el frío que dejaban los cuerpos al separase. Abrió los ojos y se encontraba sola, confundida y con unas incontenibles ganas de llorar. Acomodó la tela para volver a cubrir su piel y empezó a rehacer sus pasos para volver al campamento. Repasó en su mente cada frase, cada caricia, cada beso. Él por fin la había visto, aún así se sentía sucia y vacía, las lágrimas se agolparon en sus ojos y rodaron incontenibles por sus mejillas.
