Hola y disculpen por la demora... es que en verdad me ha costado escribir este capitulo sin que parezca una simple historia de topples... Bueno espero que lo que ha resultado no sea tan malo...

muchas muuuuchas gracias por sus post... me emocionan mucho y sobre todo las críticas que me hacen me dan muchas ideas... sigo considerando darle un golpe con un arbol al pobre Jaken pero me da un tantito de pena, y he tratado de no caer en lo simple y burdo al momento de escribir para no desepcionarlas... así que otra vez muuuuchas gracias por sus reviews

Antes de continuar les dejo una pequeño vocabulario... lo más probable es que ya conoczcan varias de esas palabras pero nunca esta de más.

Obi: faja exterior que usan las mujeres sobre el kimono.

Nagajuban: kimono delgado que usan las mujeres bajo el uchikake (kimono exterior de vistosos colores)

Haori : Chaquet exterior corta que se lleva sobre el hakama

Hakama: pantalón de varios pliegues que usan los guerreros, como el de Sesshomaru e Inuyasha

Juban: ropa interior masculina

Ahora si el capitulo


AL FUEGO DE LA PASIÓN

- Rin – una dulzura inaudita en el Youkai aterciopeló el sonido que salía de sus labios.

Rin abrió los ojos sobrecogida y poco a poco fue acostumbrándose a la penumbra. La brisa que de tanto en tanto se colaba por la cavernosa entrada mecían los platinados cabellos dejando ese bello rostro al descubierto. Lo primero que distinguió fue el blanco perfil de su amo perdido en la oscuridad. La nariz aguileña se recortaba en la noche encuadrada por las profundas marcas púrpuras de su clan. Tenía la cabeza reposada contra la roca y los ojos cerrados en un meditar profundo y cansado.

"Que será lo que ha agotando tanto así su alma" – se preguntó la joven en sus brazos – "hasta la voz pareciera haberle abandonado"

- Te lo he dicho muchas veces, Inazujishin no te hará daño

- La serpiente que ilumina el cielo guía con su paso a la destrucción que hace temblar la tierra.- La mucha se incorporó en el regazo de su señor para poder susurrarle en voz baja – Jaken me ha dicho que no debo aventurarme en las tormentas porqué terminaré aplastada bajo su gran mazo si me ve.

Sesshomaru frunció el seño. "Sapo estúpido". La serpiente del relámpago jamás se atrevería a tocar a Rin, era propiedad del Taiyoukai y lastimarla significaba la muerte. Por algo era el gran señor de las tierras del este, ningún youkai en su sano juicio se atrevería a desobedecerlo en sus dominios.

Lejos de allí bajo el inclemente aguacero, un youkai verde y arrugado tembló de miedo al sentir una fuerte aura maligna dirigirse hacia él. Se arrebujó en sus ropas y corrió desesperadamente en dirección opuesta a donde se encontraba su amo.

- No se enfade con Jaken – Rin no necesitaba explicaciones para adivinar lo que pasaba por la mente de su amo – Inazujishin es un gran Youkai muy poderoso, temerle es bueno.

- Pero no me temes a mí – Sesshomaru miró inquisitivo a la joven. Recordó el destello en sus ojos aquel día que la encontró con ese humano y temió por su respuesta. Sí, nuevamente ese sentimiento bajo y mundano lo inundaba. Temor.

- Es que Inazujishin es distinto, él es un demonio, no es como el Taiyoukai –

"demonio" – el youkai de alba cabellera repetía para si – "¿acaso el gran señor de las tierras del este no es un demonio aún mayor?" – él descendía de un linaje de grandes demonios perro que habían antaño desolado la región. Ninguna criatura, humano o demonio se les comparaba en fiereza y crueldad. Sin embargo, aquella muchacha que respiraba junto a él no se sentía amedrentada en los más mínimo. Para aquellos negros ojos Sesshomaru era otra cosa, pero no lograba dilucidar qué.

¿Qué crees que soy entonces? – Sin querer sus meditaciones cobraron vida propia y la pregunta se hizo audible en un momento de debilidad.

- Ud. es… -

Rin se ruborizó desde la punta del pelo a la punta de los pies. Era simplemente todo y a la vez, no era nada. Aquella inalcanzable figura que día tras día ella seguía en el sendero era su vida entera. La razón por la cual ella respiraba en las mañas y se desvelaba por las noches sin encontrar consuelo, él era su cielo, su admiración y su desesperanza. Jamás sería digna de su señor más que como un objeto que no se sabe bien por que se conserva. No importaba cuanto lo intentase, simplemente el un día se daría la vuelta como lo hiciera esa tarde junto al río.

- Ud es.. Sesshomaru sama. – concluyó.

El incomodo silencio se extendió entre ambos y sólo el golpetear constante del agua sobre la piedra lo interrumpía.

"Sesshomaru sama"…. No era el gran demonio, no era el amo, no era el asesino despiadado ni el poderoso enemigo, no era la bestia que odia a los humanos ni el triste recuerdo de Inutaisho. Giró la cabeza para descubrir el frágil cuerpo que estrechaba en sus brazos y puedo verse a sí mismo a través de aquellos profundos ojos que titilaban a un palmo de distancia. Era solamente él, Sesshomaru, tan simple y tan complejo a la vez. Esa pueril criatura insignificante permanecía dichosa a su lado ignorante de las turbias facetas que solo desdibujaban la verdadera esencia, ella le veía sin esfuerzo, sin miedo y con… con ¿amor?

Rin distinguió la penetrante mirada de aquel youkai traspasándola como si fuese de cristal, comprendió todo el cuadro con claridad y tomó conciencia de estar en brazos de quien le quitaba el sueño. Un escalofrío recorrió su cuerpo para depositarse en el estómago que no dejaba de revolotear quebrándole el aliento. Los pensamientos de la joven se arremolinaban indecisos entre el placer y la tristeza "no me vea así que será mucho más duro cuando vuelva a ignorarme". Trató de incorporarse para huir de aquellos dorados destellos pero una garra acerada la detuvo. Las mortales manos de Sesshomaru la retenían por la cintura y sus ojos acusadores le exigían una explicación. Él no estaba dispuesto a dejarla ir a su antojo, primer indicio del camino sin retorno que habían empezado a recorrer con esas simples palabras.

ya...ya no...no tengo frío. – la burda explicación sucumbía ante la emoción y los nervios.

- Todo el suelo esta mojado – Sintió como la asía con más fuerza contra su pecho

- Sesshomaru sama también esta mojado – Rin bajó la cabeza sin poder sostener más esos dorados ojos sobre ella.

- …es verdad – concedió el gran demonio

En un diestro movimiento Sesshomaru se desprendió de su estola blanca y la extendió sobre el frío suelo de piedra sin apartar ni un segundo la mirada de esos rojos labios que ya hace mucho le traían cautivo. Rin sintió como la otra mano le sujetaba la nuca y suavemente la recostó en la cálida piel tendida en la oscuridad de la noche. El manso pelaje de la manta rozó los pies descalzos y las manos de la muchacha inundándolos de una tibieza que ya extrañaba. En seguida el youkai se tendió junto a ella protegiéndola contra la pared cavernosa del viento que en ese entonces azotaba el lugar.

Con mano experta despejó los suaves cabellos negros de su frente y los depositó tras su oreja para poder contemplarla en su totalidad. Sintió con el reverso de su palma la cándida suavidad de sus mejillas y descendió por su cuello hasta palpar la curvatura de sus hombros. Un tímido estremecimiento le llegó por la punta de sus dedos cuando empezó a descender sobre la húmeda tela que cubría el brazo de su humana. Se deleitó con cada palmo que descubría y apenas contenía las ganas de desvestirla en ese mismo momento. Paró al llegar a su vientre y recorrió con la mirada las armoniosas curvas que ella describía sobre la nívea estola.

Rin se percató que su amo se detenía y un incontenible temblor le sacudió el pecho. Ahí estaba ella tendida bajo la cascada que formaba esa cabellera plateada, sintiendo su aroma embriagante llegándole tan cercano que su cuerpo empezó a reaccionar antes de que pudiese detenerlo.

Ese olor a hembra hizo que sus sentidos dieran vueltas como si se tratase de un fuerte licor. Se inclinó inconscientemente sobre el pequeño cuerpo que lo aguardaba absorto en la belleza de la cría de hombre. Su mano deshizo el camino andado pero esta vez con un poco más de premura. Se paseó por la cintura de la muchacha y en un leve contacto con la punta de los dedos delineó el contorno de su busto con celeridad para llegar sin demora a coger nuevamente su cuello.

Una descarga de electricidad arremetió su espina dorsal con ese pequeño acercamiento y sin pensarlo arqueó la espalda. Poco a poco se estaba perdiendo en las caricias inocentes de aquel Demonio de ojos dorados. Un último segundo de lucidez le hizo ver lo peligroso de ese acercamiento, podía sentir la cálida respiración sobre su rostro y la mano bajo su espalda aferrándose con ímpetu a ella. Quiso retroceder pero estaba acorralada, nuevamente, entre la piedra y su señor.

- No … yo .. no quie..- Dos fríos dedos sobre su boca acallaron sus palabras.

- Shhhht – Sesshomaru le ordeno en un suave murmullo que parecía más un ronroneo que una amenaza.

Separó los labios de la muchacha que contuvo la respiración y acercó los suyos para probar nuevamente el cálido elixir que ellos guardaban. La boca de su señor era fría como la nieve pero le encendía como si de brazas candentes se tratasen. Nuevamente esa humedad irrumpía en ella pero con mayor dulzura que aquella vez, sintió su afilada lengua buscarla acaloradamente y sin saber cómo salió a su encuentro. Sesshomaru sonrió en el beso cuando encontró esa párvula lengua respondiendo a su gesto. Dulce y extenso fue aquello, desesperado e inocente conociéndose por primera vez. Mordió con cuidado su labio inferior antes de dejar que la muchacha tomara aire nuevamente, Rin extendió la cabeza dejando su cuello al descubierto tratando de evitar que esos labios la abandonaran.

Con los ojos cerrados escuchó la grave voz de su señor exhalando en su oído.

- ¿Qué… que es lo que no quieres?

- yo… yo no… no… aahhh.. – Un suspiro se arrancó de su garganta cuando Sesshomaru le recorrió el cuello con su boca hasta perderse en la curvatura de la clavícula.

Sesshomaru apretó con mayor ardor su nuca y su cintura hasta dejarla bajo él. – Mía…– hablaba sobre su boca amenazando con consumir el poco juicio que le quedaba – eres mía… mí humana… mí Rin… mía – Antes que pudiera replicar la acallaba nuevamente con un fogoso beso.

El enorme youkai sobre ella le estrechaba con vehemencia y podía sentir sus garras quemándole sobre la ropa. Si eso era la muerte no quería resucitar jamás, prefería perderse entre aquellos brazos. No estaba segura de adonde se dirigían pero ya nada importaba porque había abandonado toda intención de detenerlo y su cabeza se hallaba muy lejos de aquel lugar. Se dejó llevar por el deseo que la consumía, temía que aquello fuera un sueño y lentamente sus manos trataron de regresar el abrazo para impedir que se desvaneciera.

Al ver que era correspondido olvidó todo recató y se aventuró saciar su pasión con aquella humana que le hacía perder el control y le acongojaba un corazón que no sabía que tenía. Por ella, con ella y en ella quería ser, simplemente Sesshomaru. Sus besos se hacían tan profundos como era posible y aún así no parecía suficiente. Sus largos colmillos herían esos suaves botones de rosa pero era desasido tarde para detenerse. Un demonio es un demonio, aunque este enamorado, la delicadeza es algo muy difícil para ellos. Deslizó sus garras desde su cuello hasta el borde del kimono dejando finas laceraciones rojizas a su paso, tomó el borde de éste con fiereza y las fibras de la tela comenzaron a ceder ante la presión. Besó cada centímetro de la nívea piel que quedaba al descubierto hasta que por fin uno de sus pechos se aventuró frente a sus ojos por la ultrajada vestimenta. Estaba absorto en la perfección de su niña cuando noto que ella hacía frenéticos movimientos bajo él para poder zafarse, las manos le temblaban y las lágrimas amenazaban con resbalar hasta su pelo.

Se separó unos centímetros y quitó rápidamente la garra de su piel. El demonio volteó la cabeza con toda su furia retenida, destrozó la piedra con sus garras, tenía que calmar el animal que en ese momento lo controlaba porque la estaba asustando. Exhalo cansinamente y apoyo su frente sobre ella.

- "¿cómo puedo ser tan estúpido?."- El youkai no dejaba de reprocharse mientras besaba tímidamente la blanca frente de la muchacha.

Rin se quedó quieta sin atrever a moverse. No... No quería eso otra vez… no así…sentía la calida respiración en su frente y las manos acariciándole el rostro. Estaba a punto de llorar cuando una voz lejana... Un murmuro… casi como si no existiera rompió el silencio.

-"Lo siento…" - Un dejo de tristeza se asomaba en aquellos dorados cristales que la miraban profundamente mientras posaba otro beso en su labios dulcemente. Ahora le quedaba muy en claro que no sería lo mismo amar a una humana que a una Youkai. Miró nuevamente a la muchacha y vio con agrado que sus arreboladas mejillas se ocultaban tímidamente pero sus manos lo sujetaban con fiereza.

"lo siento"… una frase demasiado irreal viniendo de señor de las tierras del este pero que le trasmitía mucho más de lo que las simples palabras decían. Rin notó que su amo lentamente se replegaba para darle espacio. El recuerdo de aquella noche y el frío que la envolvió cuando se separaron era aterrador, no podría soportar nuevamente que se alejara. Se incorporó sobresaltada y sus ojos en medio de la penumbra se encontraron con él. Estaba arrodillado junto a ella y con pausa se quitaba su armadura, no sabía con certeza si era correcto espiarlo de ese modo pero no podía evitar seguir cada movimiento de aquellas diestras manos. Sesshomaru abrió su haori dejando el brillante torso al descubierto y Rin sintió que su cuerpo galopaba rápidamente con cada latido que daba su corazón. Enterró su rostro entre las manos avergonzada de lo que veía y más aún de lo que sentía. Allí estaba a un brazo de distancia esa piel que tanto había soñado pero ahora sus músculos no le respondían.

Era tan bella… allí arrodillada con el negro pela cayendo sobre sus hombros y el rostro oculto de una infantil vergüenza. La tomó del mentón para verla mejor y notó como se estremecía con el contacto. Acortó un poco mas la distancia y fundidos en un abrazo desanudó lentamente el obi azul de la chica para luego deshacerse de él, le besó el cuello y delicadamente recorrió el hombro con los finos colmillos retirando el kimono que cayó al suelo. Rin trataba de cubrir su cuerpo con el delgado nagajuban rosa mientras la traslucida tela contorneaba y dejaba al descubierto la feminidad que afloraba en sus caderas.

- Sessho… Sesshomaru sama..- La muchacha semidesnuda miró a su amo suplicante, se sentía extasiada y la vez muy nerviosa mientras el youkai se deleitaba con cada sonrojo y cada temblor de sus labios. Con un beso el demonio la recostó nuevamente sobre estola que los cubría del frío suelo y tomándola por la nuca agregó.

- Shhh… no voy a lastimarte esta vez…- sus bocas se encontraron en una explosión candorosa que confluían presurosamente.

Abrió el nagajabuan con una mano mientras sus labios seguían deleitándose en los de ella y su garra versada recorrió la tersa piel, subió hasta encontrar ese níveo pecho que lo aguardaba endurecido y anhelante. Rin emitió un suspiro que se ahogó en la boca de su señor, nunca había dejado que nadie la tocara y sentirla trepidar por primera vez lo cautivaba en extremo.

Los dedos de la chica se entrelazaron en ese cabello gris y se abrazó de su cuello tratando de fundirse en uno solo en aquel beso. La sensación de sus pieles desnudas quemándose una contra otra le arranco un gemido que viajó por el aire frió de la noche hasta perderse en el silencio del bosque.

Su mano siguió camino y bajó por su espalda palpando cada centímetro de aquella piel que se abría virgen e inexplorada a su paso. Al llegar a la altura de sus caderas dudó un segundo en continuar, era tan delicada que temía lastimarla. Sin embargo, el deseo pudo más y siguiendo la dirección que dictaba su pasión se encontró con aquella intimidad desnuda, indómita y prohibida entregándose ante él, llenando el ambiente de un dulce aroma que lo invitaba a probarla. Sabía que su miembro bajo su hakama clamaba por ella de la misma manera que Rin, sin saberlo, pedía por él.

Un cosquilleo la recorrió entera cuando las aceradas garras se acercaron a su entrepierna, soltó temblorosa el cuello de su señor cayendo petrificada sobre el suelo. Cerró los ojos al momento que advirtió como aquellas fuertes manos separaban sus muslos con cuidado. Mansamente la acarició deslizando la yema de sus dedos un poco más cada vez. Tan deliciosa era la electricidad que le provocaba cada movimiento del youkai que no notó cuando éste dejó de besar sus labios para deslizarse sagazmente hasta su pezón y comenzó a besarlo y morderlo con sumo cuidado. El contraste entre los gélidos labios y la candente lengua le desquiciaban mientras el no paraba de agasajarla con su mano. La vista se le nubló con todas esas nuevas sensaciones y sin darse cuenta comenzó a mover sus caderas para acelerar el gesto. Necesitaba más, más y más de aquella droga, los oídos le zumbaron, todo a su alrededor desapareció en un temblor que le recogió la columna desde el vientre, ya no podía aguantar más, los suspiros se arrancaban incontenibles de su garganta cuando Sesshomaru se detuvo. Así sin previo aviso Rin quedó con los ojos abiertos y la boca seca buscando una explicación, sólo pudo pensar en que su señor la torturaba dándole a probar un trozo del cielo para devolverla a la tierra luego.

Sesshomaru admiraba complacido el febril estado en que se encontraba su pequeña, tendida sobre la blanca suavidad de la piel esperando por él. Se quitó con presteza el hakama y el haori quedando solo con el juban y su kimono blanco que se abría dejado expusta la tersa piel. Se recostó junto a ella que aún miraba su juban con los ojos desorbitados mientras él acariciaba su rostro perdido en las bellas facciones que la luna dibujaba. Tomo todo el tiempo necesario para que Rin saliera de su estupor y satisficiera su curiosidad, no había nada que no pudiese esperar.

Rin se ruborizó en pensar que era lo que había tras la blanca tela y rehuyó la mirada para perderse en los gruesos músculos de su pecho mientras nuevamente sentía el fuego encenderse en su vientre. Con dedos temblorosos recorrió las marcas púrpuras que los surcaban grabando cicatrices de batallas anteriores, se conmovió al sentir las recientes huellas de dos colmillos en su hombro, heridas de las cuales aún se creía culpable. Antes de poder pedir disculpas la helada mano de Sesshomaru tomó la suya y la dirigió lentamente hacia abajo retirando la prenda que cubría su sexo. La muchacha se sintió apabullada por profanar su intimidad con una piel tan indigna como la suya, una piel de humana. En cuanto se encontró libre la retiró de allí azorada y descubrió unos ojos dorados que la miraban divertidos.

Sintió como la tomaba del cuello y la nuca para jugar con su lengua dentro de aquella rosada boca que sabía a sal y fruta fresca. Tiernamente separó sus piernas para colocarse entre ellas y antes de intentar nada la miró a los ojos. Un grito desgarrador rompió el silencio mientras el youkai se abría paso a través de la virgen estrechez de Rin, las lágrimas rodaba por sus ojos y Sesshomaru notó como le enterraba rabiosamente las uñas en su pecho. Se quedó inmóvil sin siquiera respirar mientras la frágil pequeña se amoldaba al gran youkai, se debatía entre el placer y la culpa por pedirle tanto al delicado cuerpo de Rin. Cuando por fin los músculos de la muchacha se relajaron empezó moverse lentamente, el ardoroso placer hacía brotar gruesas perlas de sus ojos que él besaba desesperadamente tratando de evitarle el sufrimiento.

Pronto el electrizante vaivén le hizo olvidar todo y ella misma se abrazó a su cuello tratando de intensificar el goce. Trató de darle paso con mayor fluidez para sentir el recogimiento que le enloquecía con cada arremetida de su señor, esta vez no quería detenerse era estar ad portas del cielo pero tan candente como si del infierno se tratase. Las fuertes manos la tomaron de las caderas y la alzaron por el aire hasta quedar sentada sobre el youkai, un calambre candoroso la remeció desde el vientre hasta la cabeza y arqueó su espalda para sentir aquella caricia profunda y eterna. Cerró los ojos con furia y quiso gritar cuando una explosión abrasadora le llevó las fuerzas y fue de día y fue de noche al mismo tiempo mientras los ébanos cabellos se perdieron en la blancura de la estola sobre la que se encontraba. Lánguida sin deseos de moverse quedó suspendida en el aire mientras las manos de su amo la levantaban para posarla sobre su desnudo pecho.

Apoyó sobre su torso el delgado cuerpo que se balanceaba casi inerte con cada arremetida, una y otra vez arrancando mudos suspiros de esa boca de rosa. Desesperado clavó las garras en sus caderas mientras aceleraba el ritmo delirante hasta que fuera insostenible, un violento temblor lo sacudió y sin darse cuenta dejaba todo de si dentro de su Rin. Extenuado abrazó el cuerpo inmóvil de Rin quien al borde del agotamiento respiraba entrecorta sin abrir sus ojos, retiró los ébanos mechones de su frene para besarla tiernamente mientras aquellas pequeñas manos se balanceaban dóciles a cada lado de su torso descubierto. Como si fuera un niño pequeño la arrulló en sus brazos y la depositó sobre la estola de piel para que pudiera descansar. Con los labios entreabiertos y profundamente dormida la descubrió el alba en un baño de luz azulada. Nada importaba en el mundo, nada parecía suceder sólo un débil pensamiento sobrevivía en su mente.

- Sesshomau…-


y que tal les ha parecido??? sean honestas y si encuentran que es demasiado latoso o por el contrario muy vulgar haganmelo saber... es que es el primer lemon que hago y no sé como ha quedado...

les advierto de ya que me voi por una semana de vacaciones así que el proximo capitulo puede tardar un poco... pero léanlo recuerden que ha llegado la luna llena y el fin del plazo prometido...

podrá Rin ayudar a su señor a sacar a los humanos de sus tierras???... Será Sesshomaru capáz de erradicar el poblado ahroa que se ha enamorado de una mujer???... huuuy todo eso y más... no se lo pierdan

(jajaj... ya parezco comercial de tv)