Hola de nuevo… acá les dejó otro capitulo que estaba pujando incansablemente por ver la luz. Espero que mi jefe no se entere en que me entretengo en vez de trabajar porque me llegaría un reto fenomenal…. Pero que podía hacer… no aguantaba esperar a volver de mis vacaciones para escribirlo… ven lo que hacen sus reviews en mi jajaja…
Solo un aviso, Sesshomaru por mucho que lo amemos sigue siendo lo que es y estar con un youkai tiene su costo al final… así que acá les va.
Con los labios entreabiertos y profundamente dormida la descubrió el alba en un baño de luz azulada. Nada importaba en el mundo, nada parecía suceder sólo un débil pensamiento sobrevivía en su mente.
- Sesshomau…-
Capitulo 5
EL DEMONIO DENTRO DEL TAIYOUKAI
Un demonio ataviado de su pulcra armadura se recortaba contra naciente claridad del cielo. Las imperceptibles palabras de Rin le llegaban claras haciendo eco en sus oídos, ella le llamaba en sueños y le seguía despierta. Miró hacia fuera la mortecina luz hacia surgir las cosas del mundo poco a poco y la redondez de la luna se perdía frente al imponente astro que la sucedía. La cuarta luna había culminado y el poblado estaba a dos horas de camino tan solo. El frío de la mañana removió sus pensamientos mientras la humedad del suelo le calaba los huesos.
-" Sesshomaru sama…" – las palabras de su no tan pequeña humana se arremolinaban en su cabeza sin dejarle pensar con claridad – "¿Cómo puedo dejar ahora que ella vea el demonio que habita en mi?" – miró nuevamente la desnudez de la mujer respirando pausada y cansina por aquella agitada noche.
Sesshomaru podía sentir ya el olor a humanos en sus dominios, un olor asqueroso, no como el de su Rin dulce y alegre. Sin embargo eran los congéneres de aquella niña que caminaba siguiendo sus huellas y que ahora le pertenecía. Pensó en cuantas pequeñas como la suya habían en esas aldeas a punto de extinguirse, cuantos padres y madres como los que la muchacha extrañaba, cuantos hermanos de fraternal apoyo como el que ella había tendido y ahora le hacía falta.
- "¿En que estabas pensado al momento de decirle que me acompañara en esta descabellada incursión?" – otra vez esa voz le daba vueltas en su cabeza
¿Sería capaz Rin de matar a los suyos? Por su puesto que no, no la joven que dormía tranquila en su regazo ignorante del demonio que era el Taiyoukai. Eran de una u otra forma parte de su pasado, uno que había sido duro con ella pero que siempre estaría presente. Como podía pedirle que destrullera aquello que le causaba tanto sufrimiento no tener. Ponerla en una dura prueba como esa esperando que saliera victoriosa, no era que dudase de sus capacidades, la había visto enarbolar cientos de veces el sable doble y era magnífica en ello, pero de ahí a traicionarse a ella misma… y por él… era otra cosa muy diferente.
Escucho el sonido de los primeros hombres en aventurarse al alba allá a lo lejos. Permitir que trasgredieran su territorio no era una opción tampoco para el gran señor de las tierras del este. Permitir que criaturas indeseadas por todos los de su clan viviendo bajo sus propias narices era un insulto. Mostrar aquel signo de debilidad era abrir la puerta para que hasta el más miserable youkai quisiera arrebatarle su lugar. Pensó en lo que eso significaba y pudo ver claramente la guerra interna devastando el poderío de su raza, sangrientos enfrentamientos por dominio de la región sólo por que él dudaba en acabar con aquellos insignificantes pobladores. Su alta casta de perros asesinos mermada por la insensatez de un solo youkai embelezado con una hembra inferior. Irónicamente la historia se repite y encuentra una forma de darnos en la cara con su posma sonrisa. Sesshomaru estaba ahora atrapado en el mismo juego del cual fuera víctima Inu no taishō, juego que por poco trajo el completo desastre en las tierras del este. Muchos años le tardó hacerse de nuevo con el poder a fuerza de sangre y muerte como para ser precisamente él quien volviera a desbaratarlo. No, su estirpe no podía caer nuevamente en el descrédito, suficiente había sido el deshonor de su padre y el hanyou que había engendrado.
Miró por última vez la cueva y un pesar en el pecho le consumió el aire que respiraba. Ella, ahí tendida con la expresión alegre dibujada en el semblante ajena a todas las tribulaciones que lo agobiaban. Ella, dueña innegable de su alma entera, supo entonces que tampoco estaba dispuesto a perderla. El gran demonio se debatía entre su humana y su clan acomodando las piezas en su cabeza para lograr conservar a ambos, se sabía mucho mas sabio que su padre y estaba decidido a no sucumbir ante las mismas trampas del destino.
- Amito bonito – el youkai verde triritaba hasta los huesos calado por la lluvia de la noche anterior. Miró a la chica desnuda dentro de la cueva y temió lo peor – amo… ¿que ha pasado? – Quien se creía para pedir explicaciones ese insecto repugnante. Una piedra abandonaba su quieto reposo cuando agregó - … amo.. ¿está muerta?... le han atacado!!!-
Sesshomaru divertido por la torpeza del sapo desistió de su primer impulso, tan imbécil era que no comprendía la verdad evidente que saltaba a la luz de los hechos. Aunque su estrecho cerebro concibiera el motivo por el cual ella se encontraba desnuda jamás se imaginaría que fuera el gran youkai el causante. No podría entenderlo, nadie podría.
- Vamos…- el demonio blanco comenzó a alejare a pasó rápido rumbo al primero de los poblados.
- Amito… amito bonito… ¿va porfín a abandonar a la chiquilla esa?... amitoooo!!!!- la voz del enano se perdía en la lejanía mientras él corría a toda velocidad
¿Abandonarla?... Jamás, lo único que quería era tenerla por siempre. Por eso la dejaba, si ella conocía la bestia que era en verdad lo no podría ser feliz a su lado temiendo cada noche que los rojos ojos del demonio blanco, pero si no acaba con aquel poblado las tierras del este se volverían campo de batalla entre youkais y sería demasiado peligroso llevarla consigo. Se detuvo a prudente distancia donde no tenía que seguir escuchando a la urraca verde que le seguía.
" Es mejor que nunca comprenda que en verdad soy tanto o peor demonio que Inazujishin"- caminó meditabundo por la sombra de los árboles. –" si jamás lo ve no podrá hacerle daño y segura siendo la protegida del gran señor de las tierras del este" – El frío invierno empezaba asomar al mundo y unos ligeros copos de nieve se depositaron tímidamente sobre su kimono. – " será mejor que terminemos esto de una buena vez" – tomó el mango de su espada ansioso por volver a buscarla y regresar a su palacio.
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- despierta chiquilla latosa!! - Jaken zarandeaba el cuerpo de Rin que se negaba por levantarse. – si no abre los ojos la dejo y ya – la muchacha se incorporó sobresaltada olvidando su propia desnudez.
- cúbrase con algo!! – misteriosamente el sapo lucía un color rojizo en toda la cara.
La joven miró a todos lados pero no encontró rastro de su señor. No estaba su espada ni su ropa ni siquiera su calor, hace mucho que había dejado el lecho. Se sintió vacía y sola como tanto lo había temido.
- el amito tenía razon en querer dejarla… la chiquilla es muy lenta.- Jaken tomó su báculo y ofuscado se internó en el bosque siguiendo el camino que había tomado su amo.
Rin lo quedó mirando con la boca abierta… Sesshomaru la había dejado. Después de todo había sido el juguete de una noche, un error que manchaba la historia del gran youkai. Sintió como un hueco se habría en sus entrañas y la consumía desde adentro.
- "¿en verdad pensaba que el estaría junto a mi por la mañana?" – suspiro. Vió como afuera comenzaba a nacer un delicado manto blanco que cubría el camino – "que ilusa soy, el es un gran señor y no puede darle a esta mujer más que su lástima" –
Llevó sus dedos congelados para recordar esa punzante sensación de aquellos besos y sonrió. Se descubrió sola en la cueva rodeada de silencio aguardando que su señor, su amo, su dueño regresara a buscarla. De pronto una verdad calló sobre sus hombros como la fría agua del manantial.
-" ¡La cuarta luna!.. ¿y si verdaderamente me ha abandonado?... ¿Qué haré ahora si no regresa?" - vistiéndose apresuradamente salió a la blanca luz de la mañana – " aún no es demasiado tarde. Si no puedo obtener su amor a al menos puedo evitar que me corra de su lado." –
Aseguró el sable a su obi y comenzó a seguir las huellas de Jaken, era una tarea muy sencilla pero debía apurarse antes que la nieve lo cubriera todo. Pronto el frío del invierno inundó su cuerpo, por la prisa solo llevaba el kimono exterior y los pies descalzos. Mientras avanzaba recordaba los momentos vividos aquella noche y se daba fuerzas para seguir a toda marcha…
- " no seré la digna pareja de un youkai… pero si puedo ser su sirviente más fiel" – arremangó el borde de su kimono pálido para poder correr con más libertad – " voy a serle de utilidad, ya lo verá Sesshomaru sama" … " voy a demostrarle que soy un buen sirviente, uno dispuesto" – Rin seguía luchando con la densa capa blanca sin desalentarse, era ahora o nunca, la fecha límite había llegado.
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Miró entre las ramas saboreando a sus presas, pululaban como hormigas indolentes de su agravio. Vio a la mujeres comenzar el día y los hombres gruñir por el trabajo, escoria, eso era lo que eran. No iba a negar que le causara un cierto placer deshacerse de aquella peste insignificante. Si bien no merecían la pena, dejaba un repulsivo olor en sus garras al exterminarlos, uno que le agradaba. Inspiró el aire como evocando la última matanza en que había participado, eran unos demonios sublevados y aunque la carne que se le presentaba en frente no podía compararse no dejaba de ser un insulto su existencia.
Caminó altivo por la senda principal. A lo lejos observó el movimiento histérico en la bruma de la mañana. Los hombres daban voces para tomar las armas, las hembras corrían para sacar a sus críos de las camas, inútil. Siguió avanzando lentamente hasta que estuvieran todos los habitantes preparados para su llegada, así sería mucho mejor.
Sesshomaru acortaba distancia con impaciencia, miro el pálido sol que pronto asomaría en lo alto. Pensó en la mujer que había dejado durmiendo apacible en aquella cueva debía, terminar con rapidez. – "De seguro ya se ha de estar preguntando donde hemos ido" – a lo lejos una mano tembló y la flecha silbó por el aire con dirección al demonio. El youkai se apartó de su camino y fue a posarle sobre el tejado de una de las casas. El proyectil siguió su curso y se incrustó en el trasero del sapo que ya le había dado alcance. Podía ver a los hombres dándole la espalda buscando infructuosamente el destino de la flecha en medio de la neblina matutina. Blandió su látigo en alto y con precisión de cirujano lo enrolló en el cuello del muchacho que había soltado la cuerda. Rondaba apenas unos quince años, pelo negro y pecas, se le antojó tan parecido a Kohaku. Con un movimiento fugaz el verde veneno carcomió la piel y la cabeza rodó por el suelo. Luego de eso todo fue un griterío desesperado y la defensa de aquel poblado se desmorono con todos corriendo como insecto huyendo el agua.
De un salto quedó en medio de los asustados hombres y su látigo comenzó a cobrar una vida tras otra. Un hombre robusto se le acercó alzando un sable en el aire, Sesshomaru se quedó aguardándolo y unos ojos rojos se apoderaron de sus orbes sedientos de sangre. El guerrero lanzó un corte directo sobre el hombro del demonio pero sólo encontró el suelo frente a él. Unas garras ponzoñosas le atravesaron el pecho partiendo su tronco en dos. Ningún otro lugareño trató de enfrentarle, sólo corrían por sus vidas mientras eran interceptados por látigo del Youkai. Desmembrados y con la expresión llena de terror caían al suelo volviendo la tierra una amasijo repulsivo de víceras y sangre. Hombres, mujeres y niños, nadie se salvó del holocausto que tan rápido como había empezado terminaba. Para cuando los rayos del sol por fin descubrieron la aldea solo descubrían muerte por donde miraban. Junto al cuerpo inerte de su madre una niña pequeña lloraba aterrada mientras el implacable asesino se acercaba a terminar su labor.
Los negros ojos de Rin se abrieron de par en par frente al espectáculo. Las víctimas esparcidas unas sobre otras evocaban el campo de batalla de una gran revolución, a un lado y a otro solo encontraba muerte y más muerte. Tales desmanes solo había visto una vez en su vida, "Lobos" pensó, pero ninguna de esas fieras se vislumbraba por los alrededores. Una sóla figura se destacaba entre tanta destrucción, una blanca cabellera de plata, una armadura gris sobre un blanco kimono teñido de manchas rojas que no le pertenecían y unos sanguinarios ojos predadores: Sesshomaru. Su amo estaba ergido con aire satisfecho contemplando la carnicería. Se acercaba sagazmente a un pequeño bulto anaranjado que se sacudía en el suelo. La muchacha estaba pasmada, ese no podía ser su señor, no el dulce Sesshomaru que había conocido en tantos años de viajar junto a él¿Era posible que el youkai que tanto amaba hubiese sido siempre una falsa careta?
Se aventuró un par de pasos colina abajo para averiguar que era lo que llamaba la atención del taiyoukai con tanta mordacidad. Cuando pudo distinguir bien el bulto se dio cuenta que era una pequeña de apenas unos cinco años de edad. Largo cabello café que caía sobre su espalda y el rostro cubierto de sangre y lágrimas, los profundos ojos miel estaban petrificados siguiendo los movimientos que Tokijin describía en el aire acercándose peligrosamente a ella.
- "¿Qué piensa hacer con esa espada?" – Rin daba vuelta en su cabeza millones de interrogantes. Imposible de concebir que aquella figura que tanto adoraba fuera el causante de aquel derramamiento de sangre, debía ser un mal entendido. Buscó desesperada a la Tenseiga en su mano – "Tokijin" – estupefacta compro que no se trataba de la espada con la cual la había resucitado, lo que realmente buscaba era acallar por siempre la luz de esa inocente niña. Miró nuevamente aquel semblante despavorido y algo en ella se le hacía muy familiar, un impulso urgente de protegerla la invadió y no pudo contenerse más.
Un aroma conocido lo detuvo con la espada aún en alto, una mezcla entre fruta y flores de cerezo que se abalanzaba sobre él. En un rápido movimiento Rin tomó en brazos a la pequeña y apoyando su mano en el suelo dio un brinco para alejarla de él.
- ¿Qué pretendías hacer?- Sesshomaru habría deceado que su Rin jamás tuviera que ver aquello pero ya era demasiado tarde.
- Rin.. – los rojos mostraban una triste decepción – si no vas a ayudar entonces no estorbes.
-Que? – La chica no quería creer lo que significaban sus palabras – mo mo.. Monstuo…eres un demonio!!! - Rin sacó el sable doble de su obi y se interpuso entre su amo y la chiquilla.
No podía entender lo que estaba sucediendo, aguardaba desesperadamente despertar y todo fuera una pesadilla. Su señor, al que ella quería servir por siempre había masacrado a inocentes como ella. La conversación que tuvo con Kohaku hace una luna volvió a su memoria y comprendió todo. "¿Esta era la prueba?.. no.. no… Sesshomaru sama… no me pida esto" – las gruesas lágrimas se agolparon en sus ojos.
- Apártate – Sesshomaru se acercó a Rin para quitarla él mismo. Una vez que aquel pueblo estuviera devastado los demás huirían despavoridos… no derramaría más sangre pero necesitaba terminar lo que había empezado
La muchacha fijó con fuerza los mangos de las hojas y enarbolándolas como si fuesen abanicos en el aire, se lanzó desafiante contra el Youkai dispuesta a lastimarlo si era necesario. Tenía fija la imagen de la pequeña en sus pupilas y no permitiría que nada le sucediese, se parecía tanto alguien de su primera vida en la aldea… pero por más que intentaba no lograba recordar a quien.
Aquel intento de Rin lo tomó por sorpresa, vio cada grácil movimiento sucederse en muy lentamente pero las intenciones de la muchacha no llegaron a él a tiempo y retrocedió muy tarde. Los pulcros filos de los sables llegaron a su piel marcando dos largas llagas en cada una de sus mejillas.
- Basta Rin! – en su voz ya no quedaba rastro del dulce amante que había sido. – Guarda eso y apártate – La orden del demonio fue implacable
- ¡No... No lo haré!. – Rin estaba agazapada en el suelo como un gato a punto de atacar –es una niña… Sesshomaru …. Una niña!!! – La sangre en el youkai comenzaba a hervir presa de la frustración y la angustia.
- Quitate – repitió avanzando nuevamente. Había tenido razón, su naturaleza de demonio asustaba el corazón puro de la joven y levantaba un abismo entre los dos, pero jamás imagino que su fierecilla se atreviera a desafiarlo con el acero descubierto
- NO!! Eres una bestia!!...– Las abundantes lágrimas surcaban sus mejillas empapando el cuello del kimono.
¿Bestia?... lo llamaba bestia después de haberla cuidado todos esos años, precisamente ella que era capaz de verlo como si fuera un libro abierto. Saltaba a la vista que ahora jamás aceptaría ser su compañera, la esperanza que tanto había acariciado en su cabeza era inútil, pero de ahí a tratarlo con tanto desprecio y ponerse en su contra no cabía ni más remotamente en sus contemplaciones. Sesshomaru extendió sus garras venenosas en signo de advertencia y dio otro paso hacia la muchacha que tensaba cada músculo de su cuerpo.
- No me obligues a pasar sobre ti – en verdad no quería acabar con su vida, esperaba anhelante que su niña tomara aquella oportunidad y se apartara. Contuvo el aliento esperando su decisión, en esas tierras solo podía haber dos opciones, o se estaba al lado del Taiyoukai o se estaba en su contra.
La joven no comprendió de su amo y por primera vez se encontró frente a un demonio que no reconocía. No soportaba la idea de atacar a su señor pero cómo permitir que esa criatura siguiera el mismo destino de todos los demás. Escucho los tímidos sollozos a su espalda y armándose de valor se abalanzó nuevamente contra su amo con el alma destrozada.
Sesshomaru la vio venir hacia él pero ahora estaba preparado, no le fue difícil esquivar sus golpes, después de todo, la había visto muchas veces hacerlo mientras la espiaba por las noches. La tomó por el cuello en el aire y presionó con tanta fuerza que Rin abrió la boca tratando infructuosamente de respirar.
- ¿es esta tu elección? – su voz era profunda y el aliento caía sobre ella en una nube venenosa colándose en sus pulmones.
Vio la mirada decidida en aquellos ojos y lo comprendió, toda una vida con él le habían dado suficiente orgullo y coraje para rechazarlo. La odiaba, la odiaba como a nadie antes. Los dorados ojos querían asesinarla lentamente y sus garras se crispaban incontenibles alrededor de su níveo cuello. No solo había elegido a los suyos sino que se le enfrentaba de igual a igual, ella quería eliminarlo. El veneno que brotaba de sus manos estaba quemando su piel y el vaho que de este se desprendía nublaba los negros ojos de su humana. Pronto el último aliento la abonaría sin remedio. Se lo merecía, merecía la peor de las torturas. Se recriminó por haberse ofrecido de tal manera, había dejado a un lado su sangre youkai para amarla y protegerla, pero ella lo enfrentaba. –"Maldita mal agradecida, traidora, escoria…" – todos los insultos que se le venían a la mente no eran suficientes. Le había dado todo lo que tenía para ofrecer. Estaba dispuesto a enfrentarse a todos los youkais de la región por ella, llevarla de vuelta al palacio como ama y señora. Le había permitido ver su verdadera esencia, sin saberlo había confiado a ella lo único que no podía recuperar… su alma. ¿Qué hacía ella a cambio? lo despreciaba a la primera oportunidad, lo atacaba incluso con las mismas armas que él le había obsequiado para hacerla una digna compañera. La desolación lo inundaron y el odio lo cegó. Dolor…eso era dolor, un nuevo sentimiento humano que ella le mostraba pero que el Taiyoukail, que poco o nada sabía de sentimientos, no podía soportar.
Trató de terminar con eso de una buena vez y quebrarle las vértebras. Quiso apretar con fuerza el frágil cuello pero no… no podía… simplemente no podía extinguir la luz que le alegraba los días. El efecto que esa mujer tenía sobre él era demasiado, era incapaz de matarla y tampoco podía tenerla a su lado. La furia se destilaba por cada poro de su piel ahogado en su propia impotencia. Después de todo la última palabra no estaba en sus manos, estaba en las de ella.
Lanzó el ligero cuerpo lejos de si, Rin calló rodando por la tierra casi a punto de desfallecer. Su garganta permanecía cerrada y el aire entraba en un fino hilo que apenas llegaba a sus pulmones. La cara contra el suelo se llenaba de tierra mientras en el cuello le ardían las marcas de esas garras como un hierro incandescente. Inútilmente trató de incorporarse pero sólo logró que su torso se convulsionara tosiendo en espasmos delirantes mientras clamaba por un poco de oxigeno. Vio a través del manto nubloso que le cubría los ojos los pies de su señor dirigirse a la niña de cabellos dorados. "¡¡corre… corre…CORRE!!" Su mente gritaba pero las palabras no salían. Los ojos asustados de la niña se le vinieron a la mente… algo le decía que no podía perderla. De improvisto los largos cabellos le parecían tan oscuros como los suyos, los ojos se volvieron profundos como la noche y la reconoció. Vio en su lugar a una pequeña maltratada arrancando de una aldea destruida por los lobos, corría queriendo llegar donde el youkai blanco. Era ella, casi se había olvidado que antes de ser la protegida Sesshomaru sama había sido una humana. No pudo ayudarse a sí misma aquella vez y tampoco podía auxiliarla a ella ahora.
- "No.. Sesshomaru sama … Ud. no es así… no es así el amo que yo conozco" – Delirante trataba de negar lo que sus ojos le mostraban.
Rin incapaz de alzar la cabeza sólo vio sacudirle las puntas de la blanca cabellera y luego el cuerpo inerte de la niña que caía como un pesado costal cerca de ella. Los ojos abiertos, el cuello desfigurado y la sangre brotando por la comisura de los labios.
- Se… Sesshomaru…- las palabras de dolieron mas en su alma que en su garganta.
El youkai siguió camino tratando de no hacer caso al embrujo que era la voz de su pequeña. No le quedaban fuerzas para mirarla y saber que ella no lo había escogido a él. La amaba… más que a nada en el mundo entero. Se sentía un tonto por entregarse enteramente a alguien que no podía acompañarlo.
- Amito… a…amo..- Jaken estaba atónito viendo a su señor dejar a Rin yacer entre los cadáveres a su suerte.
Era un imbécil al haber puesto tanto en esas frágiles manos, por mucho que quisiera no tenía la fuerza para seguirlo. Por eso son seres inferiores indignos de acompañar a un youki, porque estar con un demonio tiene su costo y los humanos no pueden afrontarlo. Renunciar a los suyos y volverse contra el mundo que al que pertenecen era pedir demasiado… demasiado. Un nudo en la garganta se le cerró al recordar, había pensado que ella sería diferente, que ella si sería capaz de dejarlo todo por él. Siguió camino al próximo poblado ya no había motivo para no acabar con todos ellos. Completamente desolado arrastro los pies hasta que ese aroma a cerezos en flor se fue perdiendo. Rin era excepcional pero no más de lo que fuera Izayoi. Tenía que dejarla inmediatamente porque si no seria él quien cambiaría a su lado, un cambio que no traía nada bueno como lo mostraba la historia, un cambio que no podía darse el lujo de permitir... aunque quisiera.
El Taiyoukai ha partido para terminar con el próximo poblado y Rin tienen el corazón destrozado mientras la nieve cubre tenuemente su piel…. ¿se enterará algún día Rin de todo lo que en verdad siente su amo por ella?...¿Se arrepentirá Sesshomaru de la decisión que ha tomado? … ¿Podrá Rin algún día entenderlo? … y mas importante aún ¿encontraran cada uno las fuerzas para seguir?
Jeje.. me ha gustado esto de dejar preguntas sin respuestas porque son cosas que se descubrirán en el próximo capitulo… y como ahora si me pongo a trabajar antes de irme de vacaciones … pues tendrán que esperar.
Bueno muchas gracias por su reviews y espero que este les haya gustado tanto como los otros y no sean tan rebuscado como el anterior… muchas gracias again por sus consejos… byeeeeeee
