Primero lo primero: disculparme por esta ausencia de casi un mes, es que entre las clases de pregrado y posgrado, las ayudantías y el trabajo no me queda casi tiempo… pero no abandono esta historia, de hecho ya he resuelto como se dará cada parte de lo que resta de ella, solo me falta plasmarla por escrito…

Segundo: se que prometí subir un último capitulo con el desenlace pero se ha extendido más allá de lo que había presupuestado y me fue imposible terminarlo de una sola vez. De todos modos aquí les va ahora si está todo dispuesto para el desenlace… que habrá pasado con la agónica Rin, el herido Inuyasha y la amenaza del Taiyoukai??


CAPITULO 7

LA DESICIÓN: "MI LUGAR ES CON LOS MIOS"

La mañana llegaba silenciosa acariciando la blanca nieve para cuando volvían a casa. La herida en el costado del Hanyou era más severa de lo que había creído y a duras penas podía caminar.

- ¿Que ha pasado!!! – Kagome corría a socorrer a su esposo que se apretaba el costado tratando de disimular el dolor.

- No seas escandalosa Kagome, no es nada estoy bien! – Inuyasha se desprendió del brazo del monje para caminar libremente, no le gustaba preocupar a la miko.

- Estas mintiendo, ven a recostarte. – Inuyasha hizo una mueca de desagrado y simulando que no la oía se dirigió por el pasillo de madera con dirección al patio interior.

- ¿donde esta Hikari? – Una pequeña descalza de largos cabellos castaños se acercaba respondiendo al llamado de su padre pero se detuvo a unos pasos de él al ver la sangre en su kimono.

- Inuyasha!! no seas testarudo – Kagome estaba empezando a enfadarse más de lo era prudente, las palpitaciones en su frente se hacían evidentes y la unión de las cejas estaban blancas de tanto fruncir el seño, definitivamente una muy mala señal.

- ABAJO!!!- La cabellera plateada se estrelló contra el suelo mientras el híbrido miraba desconcertado a su hija.

- Oye por que haces eso¿de que lado estás Hikari? … - Se sentó en el suelo cruzando los brazos y refunfuñando por lo bajo

- Estoy contigo – La niña se le acercó y encaramándose en su regazo le beso en la mejilla con torpes labios de niña. Apoyo la cabeza en el recodo del cuello e Inuyasha sintió las pestañitas hacerle cosquillas en el mentón, las manitas se perdieron jugando en la enmarañada cabellera mientras le susurraba sólo para él – si no lo hacía yo mamá te hubiera dado una dosis tan fuerte de abajos que romperías el suelo – Inuyasha no podía negar que la pequeña tenía mucha razón.

Con la mano que tenía libre le correspondió el gesto y la acunó en su pecho mientras sentía la cálida respiración junto a él, la niña le murmuraba en secreto un sin fin de cosas que solo a ellos incumbían y ambos parecía perderse en un espacio ajeno. Nada en el mundo lo tranquilizaba más que sentir a su retoño reír queda sólo para él, aquel cómplice entendimiento que los unía era inigualable y sería años más tarde la envidia de todos los hombres que cortejarían a la hija del Hanyou. Hubiera permanecido un largo rato así, como siempre lo hacía, si no fuera porque las manos impacientes de Kagome le tomaron de las ojeras y procedieron a arrastrarlo hasta la alcoba para recostarlo en el futón. Ni siquiera el paso de los años podía cambiar ciertas cosas. Aún estando herido esa mujer no cedía ni un centímetro ante él ni le guardaba una pizca de delicadeza. Que se puede hacer… el amor es así.

Luego de aplicarle una pomada para desinfectar la lesión y poner una venda limpia sobre la piel rasgada por el filo de Tokijin la miko se sentó a su lado y escuchó paciente que le relatara todo lo sucedido desde que habían emprendido la carrera tras el demonio.

- No podemos enviar a Rin de vuelta con ese monstruo...-

- ¡Eso ya lo sé! no soy tonto, además si ese galgo albino quiere venir acá lo estaré esperando – Inuyasha extendió sus garras en signo de amenaza pero el dolor en sus costillas lo detuvo.

- No seas imprudente aún estás herido – Kagome lo reprendía como si fuera un crío impacientandose por la testarudez del hombre que tenía junto a él.

- No te preocupes solo necesito unos días y estaré como nuevo.-

- Talvez sea así, quizás puedas sanar y estar en forma … quizás seas capaz defender a Rin … - Miroku sopesaba la situación mientras revolvía su báculo entre los dedos – quizás Sango y yo podamos defendernos si él atacara y quizás Kagome logre llevar a Hikari a un lugar seguro. Esos son demasiados "quizás" y lo único seguro es que el pueblo no sobreviviría. – El monje hablaba con la verdad. Nadie de los presentes, ni siquiera el mismo hanyou, era capaz de contener el desastre que el taiyoukai dejaría a su paso.

- Su excelencia tiene razón, nosotros hemos visto lo que sucedió con esas aldeas, aquella destrucción no tiene límites.

- Que propones entonces Sango, yo no voy a quedarme esperando para abrirle a ese imbécil las puertas de mi propia casa y que se lleve a Rin como si fuera una cosa, yo no soy un cobarde.

- Cariño, nadie dice que lo seas – La sacerdotisa le acariciaba dulcemente el hombro para tratar de calmarlo.

- Vamos a buscarlo – Kohaku había estado escuchando tras la puerta y ya no podía contenerse más, la culpa y la indignación lo dominaron – vamos por él antes de que él venga por Rin.

- Hermano no digas esas cosas, es muy peligroso-

- Y esperar a que el se presente no es acaso más peligroso aún? Se que es difícil pero no es imposible¿verdad?, Inuyasha pronto se repondrá y estará en condiciones de luchar, si le cazamos desprevenido tendremos una oportunidad de acabar con ese demonio de una buena vez! – Kohaku estaba cada vez más enfadado. No podía permitir que ese engendro asqueroso le arrebatara a su mejor amiga, a la mujer que amaba. El demonio se había cansad de su compañía humana pero ahí estaba él dispuesto a protegerla en su lugar y lo primero sería borrar al mal nacido de la faz de la tierra.

- Me gusta esa idea, vamos a buscarle. Sesshomaru nunca ha sido más que una molestia pero ahora es él o yo- Inuyasha se incorporó del futón listo para tomar a colmillo de acero – Vamos ahora mismo, debe ir de camino a su palacio si nos apresuramos podemos darle caza.

- Abajo!!, Abajo!!, ABAJO!!!!!!!. No te vas a levantar hasta que tus heridas hayan sanado así tenga que decir abajo todo el día y toda la noche!!!

- Te lo advertíiii … – una vocecita canturreaba apoyada en el marco de la puerta mientras su padre se contorsionaba en el suelo para reponerse de la última dosis de "cariños" que le había dado su mujer como ella misma decía.

- ¿Hace cuanto que estas ahí pequeña? – Sango estaba preocupada que la niña se asustara por el peligro que corrían – Lo suficiente.

Hikari se alejó antes que le siguieran haciendo preguntas que no tenía ánimos de contestar. Aún siendo una niña tenía el temple de un Youkai en sus venas, escasamente decía más de una o dos palabras a la vez a alguien que no fuera su padre y nada, absolutamente nada, le amedrentaba.

- Kagome será mejor que adviertas a hikari que no le diga nada a Rin –

- Tienes razón Miroku – Inuyasha asintió - aún no sabemos nada de lo que ha pasado entre ellos y es mejor no correr ningún riesgo. En todo caso si es que llegara a decir alguna cosa no sería precisamente a un extraño.

- Iré a preparar todo, en cuanto Inuyasha se reponga estaremos listos para partir –

- Sango será mejor que alertes a los jefes de familia de lo que está pasando. Shippo y Kohaku deberían quedarse aquí para evacuar el pueblo en caso que fallemos -

- Que cosas dices monje, yo no pienso fallar.-

- No te enfades, su excelencia ha sido muy previsor. Además alguien debe quedarse con la pequeña Hikari y con Rin mientras vamos tras Sesshomaru.

- Creo entonces que no hay más que decir al respecto – Kagome cerró el botiquín sobre su regazo- iré a ver como sigue Rin. Y tu … - sus ojos se dirigieron a inuyasha para reprenderlo pero un fugaz beso le hizo olvidar todas las advertencias que tenía para él

- ya lo se… me quedó acá hasta que mis heridas sanen–

Una figura alta y blanca estaba parada junto a las puertas de su palacio mientras la luz del día comenzaba a declinar y el cielo se teñía de sangre oscura y estrellas. Llevaba dos días con sus noches caminando en círculos dentro de la habitación y sus impacientes pasos finalmente le habían llevado a orillas del camino. Aguzaba sus sentidos para percibir la presencia de una mujer de negros cabellos acercarse en la distancia pero el aire sólo le traía el olor húmedo e estéril de la nieve.

- amito… amito bonito – la voz del sapo temblaba y apenas rompía el silencio por miedo a incordiar a su señor y que le perforara la cabeza con un peñascazo.

-…- Sesshomaru arqueó la ceja levemente en señal de impaciencia. No quería que nadie lo molestara con idioteces mientras aguardaba el arribo de Rin.

- Se… señor… es muy pronto todavía ¿Por qué no entra a cenar?, apenas han pasado diez días y la pequeña Rin camina muy lento…- El youkai verde retrocedió retorciéndose las arrugadas manos, el destello de furia en los dorados cristales al oír ese nombre lo intimidó – ¿amito…?

El Taikoukai crispó las garras y el eco de sus nudillos al crujir le cortaron la respiración al Sapo. Jaken optó por tomar el camino prudente de la retirada, si su amo prefería permaneces bajo la nieve en la oscuridad nadie lo haría cambiar de opinión.

La aterciopelada noche por fin se cerró y el silencio del bosque se instaló infranqueable en kilómetros a la redonda. Algunas veces los sentidos le engañaban y le daba la sensación de oír una risa de niña en las copas de los árboles mecidas por el viento. Una débil sensación que fugazmente se desvanecía y dejaba al descubierto la llaga a carne viva de su ausencia. Aguardó incansable en la quietud, anhelante de ver sus dulces pasos volver para quitarle ese sentimiento que lo estaba consumiendo por dentro, la soledad.

La luna irrumpió en el firmamento y los recodos desiertos del camino aparecieron iluminados por el lúgubre baño de plata. Ni un alma se acercaba al palacio de Señor de las tierras del oeste, ni hombre ni Youkai ni bestia alguna se sentía seguro ahora de vagar en aquellas latitudes.

- "Puede ser que Rin sea lenta para andar y aún esté en camino" – Meditó al ver la luna menguante – "He alcanzado mi hogar en tan solo diez días deshaciendo una camino que me tomó más de tres meses andando con ella" –

Para hacer honor a la verdad el demonio blanco habría tenido que reconocer que en gran medida fueron sus grandes rodeos y desvíos los que habían hecho tan larga aquella travesía. El Youkai estuvo a punto de sonreír al recordar el viaje en compañía de esa hembra que había florecido en sus brazos, de saber que sería el último que emprenderían juntos jamás hubiera llegado a destino.

Diez días le había tomado a él llegar a palacio a paso forzado y sin detenerse - "¿como puedo esperar que ella llegue en menos de una luna?" – Sin embargo, aún conservaba la ilusa esperanza que ella viniera corriendo a encontrar la muerte en sus brazos.

- Jaken… - una pequeña figura cubierta de frías gotas de sudor dejó su escondite tras las grandes puertas de acero

- Ha..hai… amito –

- Envía a Ah-Un a traerla – Sesshomaru alzó la mirada al cielo y los gélidos copos de nieve que nuevamente comenzaban a caer se posaron en la tersa piel del Youkai . "Debe estar allá afuera en algún lugar bajo la tormenta que se avecina" – Que viaje sin detenerse y no vuelva sin ella –

La blanca estola desapareció tras las puertas de palacio y la figura cansina del Taiyoukai se refugió una vez más en su agónica espera. Una noche más sin el pueril eco de sus pasos, una más de muchas que vendrían.

……………………………………………………………………………………………

El peso de sus párpados era el mudo testigo de las largas jornadas que había batallado con la fiebre. Pudo notar la luz que se colaba con el alba y el descenso de la temperatura enfrió el sudor que empapaba sus ropas. A tientas buscó las mantas para cubrirse, estaba tan cansada que sólo quería dormir un poco más. Recorrió los pliegues de las ropas hasta dar con el borde, lo asió con sus finos dedos pero su mano aún dormida no tenía fuerzas para tirar de él. Una voz llegó en el aire como un susurro que viaja desde el pasado a través del muro de los días.

- No te esfuerces, has estado muy enferma – Kohaku le arropaba mientras Rin lentamente abría sus ojos.

Lo primero que notó fue el cielo de madera en vez del frondoso follaje del bosque que esperaba encontrarse. Hizo un esfuerzo por traer a la memoria lo que había sucedido pero desde algún punto del viaje con su señor todo era difuso. La voz llegó nuevamente y esta vez pudo ver el dueño de aquellas palabras.

- Ahora estarás bien, trata de descansar –

Lentamente la imagen de un asesino blanco le llegó desde un recóndito lugar de su inconciencia, todos los sucesos que le oprimían el alma se sucedieron en un bombardeo de borrosas siluetas. Su visión se tornó borrosa y una simple lágrima rodó por su mejilla.

- Donde estoy? –

- Estas en casa de Inuyasha, el te encontró en lo que quedaba de un poblado y te ha traído para que sanaras. – Todo se esclareció y los recuerdos confusos se ordenaron en el tiempo hasta llegar a una peculiar niña de cabello negro y ojos de oro.

- Ya lo recuerdo, estuve enferma es verdad¿Cuánto tiempo ha pasado?

- Casi tres semana, sólo ayer ha bajado la fiebre gracias a una medicina especial que Kagome ha traido para ti.

- Muchas gracias, lamento tanto haberte preocupado. ¿Estan Inuyasha y Kagome en casa? Me gustaría agradecerles a ellos por toda su hospitalidad - Kohaku miró nervioso el borde de su ropa como si aquel fuera la explicación a los mas grandes misterios de la vida.

- Kohaku?? Hay algo que tenga que saber??...-

- Será mejor que descanses – El muchacho trató de incorporarse pero una mano temblorosa lo detuvo con firmeza.

- Dime, Es claro que algo ha sucedido y exijo me expliques lo que está pasando!!.

- Todos se han ido hace unos días. Van tras Sesshomaru para que pague por lo que te ha hecho a ti y a todas esas aldeas – Rin se sobresaltó a pensar que su señor estuviera en peligro. No importaba cuantos motivos tuviera ella para odiarlo seguía siendo su señor.

- Debo ir con él… -

-NO!! – El muchacho la tomó por los hombros y la obligó a permanecer recostada, estaba completamente fuera de si y en aquellos ojos castaños ardía una chispa de temor. – Tu no entiedes no puedes ir, si vas él te matará. –

- Que dices?...el no sería capaz, no lo ha hecho antes y no creo que tenga intensiones de hacerlo ahora.

- Pero sí quiere hacerlo Rin, el mismo lo ha dicho. – La muchacha detuvo en seco todos sus intentos por marcharse mientras el corazón se le detenía

"el lo ha dicho… ha dicho que quiere matarme?" – Trató de entender lo que acaba de decir su amigo pero no podía – Que has dicho?

- Lo que oyes, cuando te encontraron tirada en la nieve Inuyasha percibió el aroma del youkai y ha ido tras él. De sus propios labios ha llegado una indeclinable amenaza: si no regresabas a su palacio y te sometías a su espada para la próxima luna él mismo vendría a buscarte y se cobraría cuantas vidas hubiese en el camino. ¿Lo entiendes ahora? Si vas con él morirás y si dejábamos que él cumpliera su palabra toda la aldea estaría en peligro. Esta es una batalla a muerte entre el Youkai y los humanos, no hay medias tintas ahora debes estar con los tuyos, este es tu lugar no junto a él.-

Aún no lograba poner en claro lo que sentía por su señor y ahora esto. Eran demasiadas cosas que tenía que asimilar.

- Ha venido un amigo a verte – Hikari estaba apoyada en el marco de la puerta mirando distraidamene hacia fuera. Rin miró extrañada a la pequeña sin lograr averiguar que amigo podía quedarle que fuera a visitarla.

………………………………………………………………………………………….

- Ha vuelto Ah-Un? – el silencio de su sirviente fue respuesta suficiente – "dos semanas y aún no ha regresado. Hace mucho que debió de haberla encontrado en el camino y traído hasta mi. A no ser que…" – Los ojos dorados chispearon bajo la fulgurante luz del sol y un rojo intenso se apoderó de sus orbes cristalinas. – Se ha rehusado a venir… aún debe estar en casa del híbrido. –

Una estela blanca cruzó los corredores desiertos de palacio, nadie se atrevía a cruzarse por su camino cuando traía consigo la furia hirviendo en la mirada. Los pasos gráciles y letales lo llevaron hasta sus aposentos y encontró lo que buscaba. El soporte de madera que resguardaba los dos sables del señor de las tierras del oeste descansaba sereno sobre la mesa de negra piedra. Las pulcras fundas de Tokijin y Tenseiga se presentaban majestuosas bajo el tenue haz de luz que se colaba por la ventana. El demonio extendió su mano y sacó el arma asesina de su reposo para colgársela en el cinto. Una vez estuvo bien sujeta extendió por segunda vez la garras aceradas pero se detuvo, nunca le había gustado aquella espada pero la cargaba consigo porque sabía que no había hoja más noble ni más preciada para proteger a su pequeña. Petrificado en mitad del aire que lo separaba de la marfilada empuñadura se debatió tratando de encontrar un sentido para cargarla nuevamente.

"Es mejor que permanezcas donde estás, tus dones ya no son requeridos" - Se levantó y acomodándose la armadura sobre el kimono emprendió camino para acudir a la cita señalada. Cruzaba las puertas de su palacio cuando la voz chillona del youkai verde le llamó a gritos desde las penumbras del interior.

-Amooo… amito, todavía es muy pronto – No es que pudiera hacer algo por el destino de la mocosa, pero después de tantos años junto a ella había aprendido a quererla – aún falta más de una semana, ella puede venir en cualquier momento y vera que todo se soluciona. Si Ud esperara…

- ¿Crees que puedes decirme que hacer? – el tono pastoso de sus palabras eran un siseo amenazador - Asqueroso sapo… - El inuyoukai le clavó las pupilas con la nariz respingada como quien siente el olor a putrefacción bajo sus pies. No tenía sendito perder tiempo con él. Se echó la estola sobre el hombro y partió a cumplir los augurios que él mismo había sembrado.

……………………………………………………………………………………………..

El dragón de dos cabezas daba torpes empujones a las mejillas de Rin mientras esta le abrazaba. Pasó una mano por su cuello derecho y dio enérgicos golpecitos hasta que los dos se quedaron tranquilos fundidos en un silencioso agrazo. Rin sentía en su espalda cómo subía y bajaba el estomago de Ah-Un en una respiración dulce y acompasada. Ahí sentada en la hierba fuera de la casa y al cobijo de su mascota extrañaba mucho más aquellos días de largas caminatas junto a su señor.

- ¿Qué haces acá? – Unos ojos dorados y grandes se asomaron tras la cola del animal y miraron a la muchacha con curiosidad.

- Es que estaba cansada de estar en cama y prefería dar un paseo con él –

- No pregunto que haces aquí, aquí. Pregunto porque estás aquí y no allá- La muchacha cada vez entendía menos lo que la niña intentaba preguntar. La total confusión no pasó desapercibida para la criatura quien se apresuró a aclarar.

- Osea, por qué estas acá en casa y no está con Sesshomaru? – El corazón de Rin dio un brinco al oír aquel nombre que ahora se sentía tan lejano.

- Es difícil de explicar, verás, en estos momentos como sabrás está por desatarse una batalla que podría llegar a ser muy grande y recordada por muchos años. Es un momento muy importante y yo debo estar con los míos. –

- ¿Con los tuyos? – Hikari se sentó juntó a Rin y mecánicamente acarició el vientre de la bestia. – ¿Quienes son los tuyos? –ahora era ella quien no entendía nada de lo que le decían.

- Los tuyos son aquellos que estarán contigo siempre, aquellos que son igual a ti. Entiendes?– La niña meneó la cabeza negativamente mientras intentaba verdaderamente comprender

- Yo se quienes estan conmigo siempre: mi papá y mi mamá, Sango y el monje Miroku, Kohaku-san, Shippo-kun y tambien todos los del pueblo pero… ninguno de ellos es como yo verdad?... entonces quienes son los míos? –

Rin estaba realmente contrariada sin poder encontrar la manera correcta de explicarle. Si lo pensaba bien en realidad no creía que hubiese en el mundo un ser igual a Hikari. No era humana pero tenía un corazon tan inocente como si lo fuera. No era Youkai, ni siquiera Hanyou, pero la sangre de demonio corría fuerte por sus venas. No era tampoco una Miko pero tenía el poder de entender los problemas del mundo y conectarse con él de una manera sorprendente. Rin no podía definir lo que ella era pero aún así sabía donde era que aquella maravillosa criatura pertenecía y debía estar, precisamente en el cálido seno donde se encontraba. Aclaró su mente una vez más e intentó buscar una mejor manera de describirlo.

- mmmm… sí, puede ser que no sean iguales a ti, e incluso que no sean siquiera parecidos, pero todos ellos son los "tuyos". Tu les perteneces y ellos a ti porque te cuidan y quieren lo mejor para ti así como tu quieres darles lo mejor que tienes para ofrecer.

- ah…- una amplia sonrisa se plantó en el dorado rostro de la niña, por fin podía comprenderlo – Ya entiendo, y a ti ¿Tus papás también te cuidan mucho?

- Ohhh no, mis padres murieron hace muuuucho tiempo atrás, cuando era casi tan pequeña como tú.

- Y entonces?? Quien te cuida?

- mi señor Sesshomaru –

- Entonces ¿que haces acá?, si el te cuida y va a una pelea muy importante¿Por qué no estás con los tuyos como dijiste? - Como sabiamente dijo un pensador hace muchos años atrás, hay que cuidarse de la lengua del borracho y del niño porque siempre hablará con la verdad. Tan simple y tan evidente pero tan difícil de ver.

- Ah-Un! Arriba! – La bestia se puso de pie de un salto y Rin se montó en su lomo – Sabes una cosa Hikari, no se en realidad que es lo que estoy haciendo acá, pero ahora tengo muy claro donde debo estar...- El demonio de dos cabezas se elevó con gran rapidez dejando atrás los inútiles gritos de Kohaku que le ordenaba que volviese.

Con impresionante velocidad se sucedían las copas de los árboles bajo sus pies. El viento del invierno le clavaba la piel como punzantes agujas disparadas con letal celeridad. "No importa si me dirijo a estrellarme contra el filo de su espada, aunque sea por última vez estaré a su lado donde siempre debí permanecer" . Rin tiró de las riendas del animal y lo hizo descender haciendo un gran círculo hasta que sus grandes garras se enterraron en la espesa capa de nieve que cubría lo que antes fuera un pueblo. "Espere Sesshomaru – sama, antes debo recobrar un obsequio muy preciado que he perdido". Hurgando con los dedos desnudos palpo el suelo en todas direcciones, sus miembros pasaron del blanco albo al azul pálido antes que sus torpes yemas lo encontrasen. Se hincó donde había enterrado las muñecas por última vez y quitando una gran cantidad de nieve los encontró. Dos sables cortos de duro acero y reluciente hoja. Tomando la empuñadura de ambas espadas prosiguió su camino mientras las ramas desnudas de los cerezos le arañaban la piel al pasar.


Bueno espero que este trozo halla sido de su agrado... esta es una versión 1.0 porque he partido escribiendo sin parar y sin hacerle ninguna corrección, simplemente los dedos le daban a las teclas desenfrenados queriendo plasmar todo lo que esta loca cabecita les decía... dejen Reviews para saber si el capitulo ha estado a la altura de los demás o si quisieran alguna cosa para el útlimo capitulo... (aunque estoy segura que lo que viene les gustará )

El taiyoukai ha partido prematuramente a cumplir su palabra... hacia el se acerca inuyasha y los demás con férreas intenciones de matarlo. Más atrás Rin vuela a paso forzado sobre el lomo de Ah-Un.

¿Podrá Rin llegar con su señor antes que Inuyasha? ... ¿Logrará por fin Sesshomaru entender lo equivocado que está o terminará cumpliendo su amenaza? ... ¿Encontrará Inuyasha a Sesshomaru desprevenido y conseguirá poner fin a su existencia?... Ahora si, un episodio más y podremos aclarar por fin todas esas dudas.

Desde ya les doy las gracias a aquellas que aún lean esta historia porque no seria nada si no tuviera con quien compartirla