Bueno por fin he tenido un tiempo para subir el último capitulo, me ha llevado casi un día completo terminarlo pero aquí esta. Les doy las gracias a todos los que aún siguen esta historia y espero les guste. Es el más largo de todos porque había mucha cosas que aclarar, como ya se imaginan.
Bueno no les doy más la lata y les dejo de una buena vez el último capitulo de ese ff que (aunque este mal decirlo) me ha encantado así qeu os dejo y disfruten
Con impresionante velocidad se sucedían las copas de los árboles bajo sus pies. El viento del invierno le clavaba la piel como punzantes agujas disparadas con letal celeridad. "No importa si me dirijo a estrellarme contra el filo de su espada, aunque sea por última vez estaré a su lado donde siempre debí permanecer" . Rin tiró de las riendas del animal y lo hizo descender haciendo un gran círculo hasta que sus grandes garras se enterraron en la espesa capa de nieve que cubría lo que antes fuera un pueblo. "Espere Sesshomaru – sama, antes debo recobrar un obsequio muy preciado que he perdido". Hurgando con los dedos desnudos palpo el suelo en todas direcciones, sus miembros pasaron del blanco albo al azul pálido antes que sus torpes yemas lo encontrasen. Se hincó donde había enterrado las muñecas por última vez y quitando una gran cantidad de nieve los encontró. Dos sables cortos de duro acero y reluciente hoja. Tomando la empuñadura de ambas espadas prosiguió su camino mientras las ramas desnudas de los cerezos le arañaban la piel al pasar.
Capitulo 8
DEUDA DE SANGRE: EL ULTIMO ENFRENTAMIENTO
El taiyoukai caminaba a paso sereno en la quietud del día, su impávido semblante ocultaba en magnífica pantomima el vacío que minuto a minuto crecía en su pecho. Con cada pequeño movimiento del astro rey en el cielo se acortaba un poco más plazo señalado. Con cada pequeño desplazamiento en el orbe celeste las pocas esperanzas que guardaba el demonio blanco se desvanecían tragadas por aquel agujero inmenso y lleno de nada.
Con calma y sin prisa enfilaba su andar hacia donde sabía vivía el híbrido, sin embargo, la premura que tuviera cuando partiera se había perdido con el paso de los días previos. El odio iracundo que en un comienzo lo impulsaba a cobrarse con sangre aquella traición había comenzado a desdibujarse en su alma. Ya no estaba seguro si quería acabar con ella pero aún así continuaba, la palabra del señor de las Tierras del Oeste nunca había sido ofrecida en vano y no debía ser esta la excepción, no por la cría de hombre que lo había dominado. Debía ser fuerte y cortar aquel lazo de dominio que la humana cernía sobre él, acabar con los hilos que impulsaba su destino en respuesta el mínimo movimiento de alguno de aquellos niveos dedos. No era de un Taiyoukai ser presa ni súbdito y mientras ella estuviera con vida era precisamente el papel que a Sesshomaru le tocaba.
Seguía su senda en silencio con un único sentimiento abrumándolo, aquella soledad desconocida que había hecho nido en su pecho desde que ella lo dejara. Una patética idea lo alentaba a seguir en aquella loca cacería de la cual ya no disfrutaba ser parte, la idea de volver a verla. Aún cuando sea en el breve instante que la hoja de Tokijin atravesara su pecho, volver a tener aquellos negros ojos a su alcance le calmaban ese asfixiante nudo que le cerraba la garganta y le consumía por dentro.
Sus recuerdos le traicionaron y sin proponérselo regresó a aquellos días en que la pequeña Rin le seguía en su travesía en busca de Naraku. El estruendoso andar de la muchacha haciendo eco en sus oídos mientras saltaba de hoja en hoja haciéndoles crujir. La dulce fragancia de cerezos que ya emanaba de su piel y aquella incansable vocecita que preguntaba sin cesar.
- Señor Jaken ¿porque las hojas de los árboles se ponen amarillas? –
- mmmm porque se pintan con la luz del sol que es amarillo –
- Aaaaaah –
Sesshomaru sonrió al recordar lo ignorante que era su pequeña de las cosas del mundo. En cierto modo siempre le gustó que fuera así, inocente de todo y libre de cualquier atadura por derecho propio, algo que él jamás pudo disfrutar.
- Señor Jaken… Señor Jaken … y ¿ porque se caen entonces?
- aaaa no se… no preguntes tantas cosas mocosa… se caen porque se ponen gordas y pesan mucho-
- mmm ….Sesshomaru sama… porque se caen las hojas de los árboles?
- …- La pequeña siempre terminaba con unas ideas muy extrañas sobre las cosas y le preguntaba a él para asegurarse de que fueran verdad.
Si, aquel pequeño detalle que nunca tuvo importancia ahora era tan trascendental. Desde siempre su Rin confió en él ciegamente, más que en ningun otro ser en el mundo. Desde siempre supo la verdad desde aquellos fríos labios.
- Sesshomaru sama… ¿es verdad que las hojas se caen porque se ponen gordas?- El demonio blanco miró de reojos a su lacayo sabiendo en él el origen de tan dispartada idea.
- No-
- … entonces porque se caen-
- porque se mueren –
- y porque se mueren-
- porque viene el invierno-
- haa…- la tristeza ensombreció el rostro de la niña– ya no me gusta entonces pisar la hojas…
- …- el taiyoukai la inspeccionó con el rabillo del ojo tratando de entender ese súbito cambio de actitud.
- es que no quiero que alguien me pise cuando yo me seque – Rin tenía el don de desconcertar al demonio blanco – Sesshomaru sama… Ud. no va a dejar que alguien me pise verdad.
- …- Rin se acercó y tomó su garra tirando suavemente de ella.
- verdad que no? –
Aquel lejano momento se esfumaba tan rápido como había venido y dejaba a su paso una honda nostalgia. Esa había sido la primera vez que su niña le tomaba la mano. No había sentido temor de sus gélidas garras ni de su cólera asesina, simplemente estrechó entre sus calidos dedos las ponzoñosas manos de su señor y sonrió complacida.
"Rin…¿que fue lo que cambió en mi pequeña?"- el señor de las tierras del oeste cavilaba preso de su incertidumbre.
Levantó su mano temblorosa la cual recordaba el abrazante tacto de la piel de esa mujer, su mujer. Se había decidido a amarla aún perdonando lo que ella era¿Por qué no pudo entonces ella perdonar lo que era él? El gran señor de esas tierras sabía que esa frágil criatura era un despreciable humano y aún así le ofreció su lecho, pero ella en cambio… La brisa helada de la tarde meció sus cabellos y disipó sus dudas trayendo consigo el filo inmisericorde de la verdad.
- "… ella en cambio no sabía lo que yo era, nunca le di oportunidad de saberlo". – Todas las respuestas acudían a él demasiado tarde. – "Era el único ser en el mundo que no me temía, que siempre había confiado en que mi y yo, yo … yo le mentí. Sus ojos temerosos fueron culpa de mi silencio. Si yo tarde años en aceptarla como hembra de hombre quien soy para pedirle que me acepte después de haberle ocultado aquella sangrienta faceta que sus puros ojos no pueden ver".-
El demonio se apoyó contra el tronco de un árbol y allí se quedó esperando que la noche viniera a buscarle, luego de eso sólo un día lo separaría de la luna nueva que marcaría el final de su designio. Ahora lo comprendía todo, ahora era capaz de comenzar a compartir los tormentos con que había lidiado el alma de su pequeña. Justamente ahora que su palabra estaba en juego, una luna tarde, recién ahora la comprendía. Rió en silencio de lo irónica que era la vida, si hubiese hallado la respuesta antes de ofrecerle muerte podría perdonarla, pero luego que el demonio había sellado tan funesto camino era imposible. ¿Cómo permitir que sus enemigos le vieran débil? Impensable. Ya era suficiente con serlo realmente frente a ella. Que los demás Youkais de sus dominios supiesen que el gran señor de las tierras de oeste sucumbía frente a una simple humana era peor que no haber destruido aquellos poblados. Llevo las largas garras a sus labios tratando infructuosamente de hallar el calor que manaba de ella. Nada había del fogoso momento que compartieron aquella noche en la cueva, nada quedaba de ella en su piel sólo un recuerdo que le atormentaría por siempre.
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- Apresúrate Miroku!! Estoy seguro que su rastro está por esta dirección!! – Inuyasha ajustó el paso y se perdió en la espesura dejando atrás a Kirara.
- Inuyasha está muy impaciente hoy, llevamos casi una semana de marcha y Kirara ya está agotada.-
- Sango creo que Inuyasha esta preocupado por no alcanzar a su hermano antes de que caiga la noche.-
- "antes de que caiga la noche" ¿a que se refiere su excelencia?-
- Hace casi una luna ya que el monstruo plasmó su amenaza, sin embargo, hoy es luna nueva – Sango se volteó sobre el lomo de la mononoke sobresaltada.
- Debemos detenernos y encontrar un refugio antes que la noche se cierre, de lo contrario sería una presa fácil para el Youkai.
- Sería lo más prudente, es verdad, pero Inuyasha sabe que si no lo encontramos a Sesshomaru antes que el plazo termine no habrá manera de detener la masacre. – El monje miró hacia delante por donde se habían perdido el híbrido y la Miko – Inuyasha está pensando en darle alcance antes que caiga la noche.
El monje y la cazadora ajustaron el paso para seguir a su amigo de cerca, este era el momento decisivo y él necesitaría de todos si pretendía acabar con el perro blanco.
- Inu…- Kagome revolvía nerviosa el arco entre sus dedos torciendo el alma que tensaba la cuerda.
- Que quieres Kagome? – El hanyou estaba molesto y frustrado porque pese a lo que decía no sabía bien cuando se encontraría con el Taiyoukai, su rastro era difuso y estuvo varias veces a punto de perderlo.
- Hoy es… es decir, ya es media tarde y luego…- la miko sabía que su esposo era obstinado y nunca accedería a detenerse pero aún así debía intentarlo – deberíamos parar y…-
- Kagome …- Inuyasha se detuvo junto a una gran piedra a orillas de la montaña. Bajo a su mujer al suelo y la miró a los ojos – No estoy pensando en fallar y no lo haré, pero necesito que confíes en mi.-
- aha – Kagome asintió levemente y se aferró nuevamente a los platinados cabellos. Solo rogaba porque encontraran a Sesshomaru antes que callera la tarde.
Las horas pasaron raudas y el olor del Taiyoukai se distinguía a lo lejos, no se había movido y aunque notara su presencia Inuyasha no aminoraba el paso en lo más mínimo.
- Lo has encontrado? – El monje estaba ahora a unos metros detrás de hibrido y podía oirlo claramente.
- si esta a unos metros más adelante – Extendió sus garras y tomó la empuñadura de colmillo de acero- esta vez no nos derrotará - El hanyou era ahora mucha más fuerte que en su último encuentro porque había algo que lo impulsaba a serlo, su familia esta vez estaba de por medio. Si no lo detenía seguramente llegaría al pueblo en cuestión de días y arrasaría con aquella pequeña luz que le arrancaba el sueño, su pequeña Hikari.
El youkai seguía reposado contra la fría piedra como si la vida se le hubiera ido del cuerpo y sólo quedara el anfora vacía que era la carne y los huesos. La mente del demonio estaba muy lejos de aquel lugar añorando un cuerpo inocente y tembloroso que nunca más le pertenecería.
Tokijin bibró dentro de su funda advirtiéndole al taiyoukai la presencia de un enemigo que él mismo con sus agudos sentidos no había sido capaz de detectar. El angosto filo de colmillo de acero se acercaba raudamente a su cuello sin darle tiempo de desenvainar. Apenas una fracción de segundo dispuso el demonio blanco para quitarse de su camino, la hoja homicida desgarró los platinados cabellos antes de partir en dos la roca sobre la cual estaba recostado.
- Te he encontrado justo a tiempo! – una amplia sonrisa triunfante dejaba al descubierto los traviesos colmillos de Inuyasha.- Y esta vez no fallaré.-
Sesshomaru miró con desprecio al dueño de esas palabras. Se había descuidado y bajado la guardia por un momento, pero eso no volvería a ocurrir.
- Vienes a buscar más de lo que te ha tocado la última vez híbrido.- con un chasquido el Taiyoukai extendió su látigo – Te advierto que esta vez yo tampoco fallaré y una vez que termine contigo iré por Rin.
-"Tampoco fallaré?"- Kagome se repetía aquellas palabras mientras tensaba su arco en busca de una oportunidad de acabar con el demonio. - ¿acaso había pretendido matarle la última vez?...
La miko temía que esta vez el encuentro terminaría con uno de los dos muerto. Miró el sol con una luz cada vez más pálida en el horizonte. Solo esperaba que la noche no llegara jamás. Inuyasha apoyó la punta de colmillo de acero en el suelo y desplegó todo su poder en una ráfaga de viento arremolinado dispuesto a cortar al Taiyoukai en dos. Los músculos de su cuello se tensaron marcando las venas por donde bullía la sangre hirviendo, un brillo rojizo en sus pupilas dejó en claro que no habría cabida para juegos en esta ocasión.
- No has podido antes desatar el profundo poder de esa espada y no lo harás ahora, jamás podría un bastardo como tu! – El lord Youkai agitó su látigo con la intención de darle espacio a su siguiente ataque, sólo necesitaría ondearlo una vez frente a su medio hermano y acabaría con su pobre intento. Levantó su mano iquierda enarbolando esa ponzoñoza extención dispuesto a revanar algo más que unos simples cabellos cuando un rápido objeto rompió el aire
- HiraiKotsu!!! - el boomerang de madera se interpuso en el camino del vapuleo arrastrandolo unos centímetros a su paso.
- Maldita cazadora!!!- sólo unos centímetros fueron suficiente para dejar un punto sin resguardo.
-Viento cortante!!!- Sesshomaru no tuvo tiempo de protegerse con su sable y recivió con la mano desnuda el potente ataque de Tessaiga. Las garras aceradas herencia de su sangre le salvaron de perder la cabeza en ese instante pero la brutalidad del embiste le arrastró varios metros por el suelo.
- "imposible"..- El demonio se incorporaba lentamente con los ojos desorbitados– "ese híbrido me ha dado un golpe directo". "Todo por culpa de aquella humana entrometida" – Desenvainó por fin a Tokijin de su cinto para acabar con la cazadora que había interrumpido la pelea que sostenía con su hermano. Dos pasos alcanzó a dar pero una nueva arremetida de Inuyasha le hizo desviar su atención. – " No puedo descuidar a este bastardo pero sus leprosos compañeros me están enfadando"
El demonio blanco esgrimió el sable en el aire y de dos estocadas recobro la distancia que le había cobrado Inuyasha. Embistió una vez más y lanzó una imparable estocada que deshizo la transformación de la espada del hanyou. El menor se vió obligado a esquivar la acometida saltando unos cuantos metros hacia atrás donde estaba la cazadora con su boomerang preparado.
- No puedes compararte conmigo¿Cuándo vas a entenderlo? –
- Fhee… no molestes con tus idioteces, puede que a mi solo me cueste trabajo pero no estoy solo.. verdad? –
Ese último comentario lo hizo con un aire de suficiencia mientras sus pupilas se desviaron levemente a la derecha en dirección a Miroku. El gesto no pasó desapercibido por el Taiyoukai quien inmediatamente notó la mano extendida del monje quien se despojaba del sello de la muñeca. El agujero negro quedó liberado y amenazaba con tragarse al demonio blanco y atraparlo para siempre en su interior. Obligado por la fuerte ráfaga que lo succionaba Sesshomaru enterró la punta de su sable a modo de apoyo y permaneció estoico frente a los intentos desesperado de su excelencia.
- No puedes pensar que un arma tan insignificante como esa podría absorber al gran youkai de las tierras del oeste.!!! –
- En realidad no es eso necesario, basta con que te quedes allí donde estás. Cuando estés listo inuyasha!!! – El aludido saltó agitando a colmillo de acero en el aire dejándose arrastrar por la fuerza del agujero a gran velocidad directamente hacia Sesshomaru.
- "Que!!" – el demonio blanco no podía moverse sin ser tragado por el vortice.
Inútilmente trató de sacar su látigo pero con cada movimiento sus pies se desprendían un poco mas sobre el suelo desestabilizándole y haciéndole perder el equilibrio. Sólo podía aguantar y esperar que el monje cerrara el puño antes que él y su medio hermano terminaran presos de aquella vertiginosa corriente que tiraba de ellos.
Una hoja filosa cortó el viento y se clavó en el hombro del monje provocando una herida hasta la altura del codo que le obligó a cesar su ataque. Un segundo sable describió un abanico en el aire y en cuestión de un segundo le propinó un corte en las pantorrillas que le hizo caer de rodillas dejándolo completamente fuera de combate, sin riesgo vital pero incapaz de seguir en la pelea.
Al verse liberado Sesshomaru desenterró a Tokijin y se encontró frente a frene con su medio hermano en un choque de aceros que liberó chispas y les hizo a ambos retroceder. Estaban dispuestos a dar un segundo embiste más temerario que el anterior, agitaron las espadas y prepararon las empuñaduras cuando un grito de dolor les desvió la atención. Por un momento el enfrentamiento se detuvo, todos estaban desconcertados mientras la escena se descubría a los rojizos rayos del sol.
Allí estaba Rin aún sosteniendo los sables ensangrentados, la respiración agitada y agazapada en el suelo a unos pasos del herido. Todo quedó en la más inmensa quietud, aquella que viene cargada de tensión y de angustia previa a que se desate la tormenta. Rin se puso de pie con la mirada clavada en el suelo sin atreverse a ver a su señor a la cara.
- No es necesario que sigan pelando, por favor, no tiene sentido –
- Pero Rin… tu no entiendes.- Kagome trató de acercarse a la muchacha pero esta la detuvo con un movimiento de su mano.- Rin debes comprender, él viene a buscarte para matarte, no es el mononoke que tu imaginas, es un demonio.
- Esta bien… todo eso ya lo se… y quiero ir con él. Mi lugar es a su lado como siempre debió ser y si mi falta merece la muerte que así sea. – El taiyoukai se quedó inconmovible frente a esas palabras, no importaba lo que ella dijera su fin estaba predicho.
Rin por fin levantó la mirada y se encontró con unos dorados ojos fríos e indiferentes. No podía saber si el aún le permitiría estar a su lado o si cumpliría su promesa después de todo. Solo sabía que su vida le pertenecía, ya fuera para tomarla o para vivirla a su lado. No importaba si fuera tan solo por esos minutos por fin había elegido el lado correcto del filo en el cual quería morir.
El demonio blanco quedó estupefacto con aquellas profundos y aterciopeladas orbes negras que le llamaban a tomarla. Estaba siendo sincera con lo que decía, aquella humana capáz de dominarlo con una simple sonrisa y derrotarlo con una lágrima estaba dispuesta a pagar su deuda con sangre. La vio acercase y con tímidos pasos acortar la distancia que los separaba tal como él había deseado que sucediera, ahora pondría fin a su triste agonía y todo quedaría en el pasado.
La joven no podía desprenderse de aquella mirada de oro que la embriagaba y le daba paz a su corazón. Siguió avanzando hasta que pudo sentir ese aroma a pinos que se desprendía de su señor. Cuantas veces había añorado tenerlo tan cerca como ahora, solo que jamás imagino que sería en esa situación. Estaba dispuesta a asumir su castigo y en cierta manera encontraba justo que quien le devolviera la vida un día ahora la reclamaba para sí, tenía una deuda y aunque la pagara con sangre sentía que no sería suficiente. Un miedo irracional le inundó el corazón en el último minuto, no era miedo a la muerte porque eso ya lo conocía, era miedo a perderlo a él. Si bien nunca le había pertenecido, o al menos eso creía, ella era completamente suya y vivir una eternidad sin su mirada le aterrorizaba. Respiró profundamente y fijó la vista en el suelo, quizás si no tenía aquella imagen en su retina le sería más fácil encontrar el valor. Se arrodilló en el suelo frente a él y dejando los sables frene al youkai aguardó que el fijo de Tokijin le detuviera el corazón.
La frágil figura de su mujer a unos pasos de él, sólo debía tomar su vida y todo quedaría en paz. Asió con más fuerza la empuñadura de la espada, dispuesto a acabar con su sufrimiento. Era su destino, era su deber, era la única manera en que podía resolverse. Entonces, porqué le costaba tanto hacerlo. No, no era que le costase, era que no podía. Que importaba si toda la paz en sus tierras se desmoronaba, que importaba si debía cargar por siempre con esa sentimiento de vacío y abandono en su alma, no podía cegar aquella luz que tenía delante, por mucho que su mente le gritaba que era la solución simplemente algo muy dentro le impedía hacerlo. Alzó mecánicamente la espada pero se vio derrotado, una vez más ella tenía ese poder sobre él, uno tan misterioso que gobernaba incluso sus movimientos y detenía su mano petrificada en el aire.
Aprovechando el momento de descuido Inuyasha lanzó todo el poder del viento cortante contra Sesshomaru, no importaba si Rin quería ser un cadáver más en la lista del demonio, él debía pagar por todas las vidas que había tomado. En una senda de destrucción el golpe arrancó el suelo y todo lo que crecía en él a su paso, se dirigía directamente hacia el youkai quien alcanzó a divisarlo por el rabillo del ojo. Tenía ya su espada preparada en la mano y lista para responder con toda su furia pero la pequeña Rin que aún permanecía con los ojos cerrados no se percataba del peligro que corría. Unas carras afiladas la tomaron del eri de su kimono, asustada abrió los ojos y se encontró con las doradas pupilas de su amo al momento que éste la levantaba del suelo y la lanzaba por el aire hacia atrás de él. Sesshomaru detuvo el viento cortante con su espada sin ninguna dificultad pero no se percató del Hiraikotsu que le acetó en el hombro y le hizo retroceder. Tan solo un rasguño en su armadura pero si seguía entrometiéndose nunca terminaría con ése híbrido.
- Rin…- La muchacha se incorporó lentamente
- ha..hai… Sesshomaru sama…- aún estaba adolorida por haber sido lanzada por los aires.
- Vete…-
- No…-
-…- El taiyoukai le dedicó una furiosa mirada de soslayo. Ya le había perdonado la vida una vez. No correría con igual suerte si volvía a ponerse en su contra.
- Déjeme encargarme de Sango – Rin inclinó su cabeza en forma reverente – Por favor Sesshomaru sama, déjeme demostrarle que su Rin puede serle de utilidad esta vez. – el demonio apenas alcanzaba a comprender el porque de ese cambio de actitud.
- haz lo que quieras –
Rin pasó corriendo a su lado y recobrando los sables que había quedado en el suelo se dirigió donde la exterminadora para cumplir su misión. No importaba que fuera un humano igual que ella o que de un demonio se tratara, no permitiría que siguiera atacando a su señor.
- Rin que haces?! no te interpongas, te lo advierto.- Sango dudaba con el arma en su mano, era la misma niña que ella había conocido y de cierta manera no quería hacerle daño.- Rin quítate de en medio!!
- NO!!!- la fuerte determinación en su mirada no era de la niña huérfana que seguía al demonio. No, era algo más, eran los ojos de una mujer enamorada entregada por entera y sin nada que perder.
Sango se lanzó corriendo con el boomerang en la mano y girándolo un par de veces lo clavó en el suelo donde segundos antes estaba la muchacha.
- Sango no quiero hacerte daño… - la exterminadora se volvió de un salto al escuchar las voz de Rin a sus espaldas – Eres la hermana de Kohaku y te respeto, pero si insistes en esto terminarás igual que el monje Miroku. Más vale que tomes mis palabras en serio porque no pienso declinar.
- Lo siento mucho Rin, pero si es así como piensas no tengo más alternativa –
Sango se lanó nuevamente contra la muchacha de negros cabellos pero esta vez con todas sus fuerzas. La niña dulce que conocía había tomado ya una decisión que las llevaba por caminos opuestos. Tomó gran velocidad y dándole impulso a hiraikotsu sobre su hombro abanicó con furia el arma en dirección a Rin. La muchacha esperaba impasible la arremetida con los brazos tensos y los sables bien sujetos. Se quedó paciente aguardando a que la exterminadora hiciera su movimiento. Una vez que vio las intenciones de la joven extendió los sables como continuaciones de brazos y abanicándolos en sentido contrario cortó el aire y esquivó el gran boomerang colocándose a su espalda. Sango estrelló su potente garrotazo contra el suelo y sin alcanzar a ver hacia donde había ido su oponente. Un ágil movimiento le propició dos profundos cortes descendentes en la espalda que la derribaron en un segundo.
- Si te mueves morirás desangradas por esas heridas. No me gustaría tener que matarte pero si insistes en intrometerte tu misma acabarás con tu vida – La roja sangre que se extendía por el suelo se confundía con el fulgor del atardecer que se robaba los últimos rayos del sol.
Sesshomaru miraba deleitado la mujer en que se había convertido su pequeña mientras mecánicamente rechazaba las arremetidas de colmillo de acero. En realidad había hecho una magnífica elección al tomarla como compañera.
- Bien creo que es hora de ponerle fin a esto, ya me estoy cansando – el Taiyoukai desató el poder dormido en Tokijin y un vaho púrpura cubrió el filo con un aura maligna.
La noche por fin cayó sobre los contendientes y el increíble secreto del Hanyou quedó al descubierto. Con la caída de los últimos rayos de sol todo quedó en penumbras y se deshizo la transformación de colmillo de acero. Por un momento el gran lord youkai pensó que Inuyasha había huido pues su olor había desaparecido, sin embargo, sus ojos no le engañaban. El híbrido seguía allí sólo que ya no era un híbrido, era un simple y mugroso humano, indefenso como ellos y con una inerme espada enmohecida en sus manos.
- "No no no.. .no puede ser, no justo ahora…" – Inuyasha no tenía donde huir, estaba completamente indefenso ante el terrible poder que amenazaba con destar Tokijin
- No puedo creerlo, después de todo eres una basura igual que tu madre. Mucho mejor así –
- Inuyasha!!!!- Kagome sabía que como humano su esposo no tendría ninguna posibilidad de sobrevivir a ese ataque. Hizo acopio de todas las fuerzas que tenía y apuntó una flecha que resplandecía con un aura púrpura y que destellante como la luz del mismo sol. Sesshomaru no se había percatado de ella y mientras tuviera toda la atención puesta en el ahora humano tenía una oportunidad de dar en el blanco.
El demonio blanco estaba tan ensimismado blandiendo su propia espada que no veía la amenaza que se tensaba en el arco de la Miko, sin embargo, alguien más sí había notado aquella tremenda energía aculada en la punta de metal. Rin había oido tiempo atrás a Kohaku cuando le relataba la última vez que habían visto a Naraku. Una flecha, una simple flecha de la sacerdotisa que quemaba como el fuego alcanzó espalda. Un temible y certero ataque de Kagome y ya no habían vuelto a saber de él.
Rin corrió a detener a la miko pero era demasiado tarde. La flecha silbó por la espesura e iluminó la noche como una estrella fugaz. Se clavó en el pecho y la potente estela de luz abrió camino por la carne sembrando un agujeró por donde la punta del madero atravesó hasta el otro lado. Un último destello liberó todo el aura que contenía dentro desintegrando la flecha y calcinando aquella fuerza en el interior. El tiempo se detuvo y el aire se hizo tan denso que no podía entrar pos sus pulmones. La fuerza del impacto le hizo perder el equilibrio y sintió cómo su cuerpo caía lentamente en la creciente oscuridad. Nunca un dolor tan intenso había desgarrado así su pecho. Los largos cabellos se mecieron en el aire y le cubrieron los ojos mientras el suelo clamaba por que se estrellara en él. Unos brazos fríos y fuertes acudieron a ella y la detuvieron antes que la punta de sus ébanos cabellos rozaran la tierra.
-Rin!..-
Una bocanada de aire entró de golpe por su garganta estrellándose con su marchito corazón que hacía vanos esfuerzos por seguir bombeando. Abrió los ojos y en la nubosa visión unos dorados ojos la atravesaban con un dejo de… ¿temor?. Si, Sesshomaru la estrechó en su regazo y antes que la miko pudiera comprender lo que había hecho la tomó en brazos y salió del lugar lo más rápido que pudo con ella a cuestas. No le imortó desaprovechar la oportunidad de acbar de una vez por todas con su medio hermano, ni siquiera respondió al impulso que le decía que debía matar a la Sacerdotiza por herir a su Rin, sólo quería llevarla muy lejos donde ella estuviera segura y su dolor desapareciera.
Las ramas de los árboles se desdibujaban en borrones de color verde que se difuminaban y perdían en la oscuridad. Un frío gélido se colaba por todas partes y le empezaba a entumecer las piernas y los brazos hasta parecerle que ya no estaban con ella. No era necesario que alguien le dijera que estaba muriendo, eso lo sabía, no era la primera vez que recorría ese camino. Aún así, sabiendo donde se dirigía tenía temor, no quería partir y perder la única oportunidad de sincerarse y quedar en paz con él. Desde que lo vio por primera vez había notado que no cargaba a la Tenseiga en su cinto y el palacio estaba a muchos días de camino, era ahora o nunca.
- Sesh… Sesshomaru sama- la temblorosa voz llegaba en un murmullo a los oídos del Taiyoukai- Estoy cansada…
El demonio del cabello plateado se detuvo por un momento y miró el rostro de su niña. Estaba tan pálida y delgada. Todo el tiempo separados no le había sentado bien y ahora esa herida en su pecho que no paraba de sangrar. De la comisura de sus labios , ahora pálidos como al muerte, brotaba un hilo de sangre oscura y pastosa. Exhaló un profundo suspiro y se sentó en posición de loto para poder acunarla entre sus piernas. Una mueca de dolor cruzó su semblante mientras la acomodaba en su regazo, el reflejo de su dolor enlutaba el demacrado semblante de la que una vez había sido la más hermosa criatura ante sus ojos.
- Lo siento…- Aquella sencilla declaración lo perturbó completamente. Ella, la que él había lastimado y alejado le pedía perdón.
- Nunca debí dejarte solo…- una sonrisa forzada disimuló la contracción de su pecho al luchar, tan solo unos minutos mas de vida era todo lo que necesitaba y se los arrebataría a la muerte así tuviera que desgarrar hasta la última fibra de su ser en el intento.
- Nunca debí dudar de ti porque…- un profundo suspiro se arrancó de su garganta gruesas lágrimas se agolparon en aquellos negro ojos -… porque mi vida te pertenece. Mi vida y todo mi ser era tuyo aún antes de aquella noche bajo la tormenta. No porque tu la reclamaras, sino porque yo te la entrego.
Rin ladeo levemente la cabeza hasta que pudo ver aquellos magníficos ojos dorados penetrándola con la mirada. Ser vista de esa manera era lo que le hacía gravitar en torno a él y le amarle intensamente. Aquella mirada profunda mezcla de ángel y demonio capaz de matarte y salvarte al mismo tiempo, esa que sólo ella conocía. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas y rodaron incontenibles sin ya nada que ocultar.
- siento haberte causado tantos problemas, siento mucho haberte fallado la única vez que pediste algo de mi – El dolor le nublo la visa y ya casi no podía ver aquel marfilado rostro que le llevaba el aire. – lamento sobretodo no poder seguir a tu lado porque… - su corazón por fín se detuvo y la conciencia comenzó abandonarla sin vuelta atrás- porque te amo…
Un suspiro, eso fueron las última palabras que escaparon de aquellos dulces labios antes de acallarse para siempre. Ella lo amaba, el la amaba y aún así había terminado sosteniendo su cabeza inerte que aún le miraba con ojos vacíos y ausentes.
Acercó sus labios para besarle por última vez y sentir el elíxir de aquella boca para saberse vencedor, para sentir que ella ya no lo derrotaría nunca más. Los labios estaban perdiendo el calor y se volvían fríos como los del mismísimo demonio y le quemaban como el ácido. Acarició sus cabellos una vez más y con dos suaves besos cerró sus ojos para que ella descansara. Todo había terminado, él volvía a ser dueño y señor de si mismo y no había nadie ya que tuviese el poder de hacerle temer o de dominarle y derrotarle. Todo volvía a ser como antes de conocerla.
Sin embargo algo estaba mal. Su antigua vida no le traía paz alguna El vació en su pecho se volvió insoportable y terminó por consumirlo, todas sus excusas, sus ideas extrañas las irrebatibles soluciones que su agudo ingenio lucubraron para escapar de la soledad sólo habían logrado sumirlo por completo en ella. Tan magnifico e inigualable el Taiyoukai y tan ignorante en cuestiones del corazón. Se quedó recordando las palabras de su amada y se dio cuenta que él no había dicho nada, todo lo que tenía pensado decirle llegado el momento se desvaneció y no parecía ya importante. Una rabia profunda y de impotencia brillaron en sus pupilas, por primera vez las emociones atravesaron aquella coraza de hielo y el llanto acudió a él mientras su ira le hacía hervir la sangre y traía consigo al perro blanco de ojos sangre que destruye todo lo que esta a su paso.
- ¿por qué junto a ti no me siento perdido? –
Esa mujer tenía la capacidad de hacerle débil, de hacerle temer y sufrir, de dominarlo y derrotarlo, y sin embargo, con todo eso a su alcance se había entregado libremente a él, había puesto su frágil vida de humana en aquellas iracundas garras y había rechazado todo el poder que tenía sobre él sólo a cambio de seguirle. Le había ofrecido la respuesta a todas sus dudas y a todos sus sufrimientos en un simple gesto y el gran señor de las tierras del Oeste apenas comenzaba a comprenderlo ahora que la vida se le había colado entre las venas.
Vio nuevamente el semblante pálido y enjuto que yacía sin vida entre sus brazos. Que importaba nada si ya no tendría su sonrisa. Vivir por siempre no era vida sin su Rin, aún cuando hubiese vuelto a tener control de si mismo y recuperado su libertad. Libertad, aquel extraño dominio de si mismo que sólo le servía para poder entregarse libremente a ella y ser vulnerable bajo su mirada. Se recriminó furiosamente por haber dejado a Tenseiga en su palacio, ahora estaba demasiado lejos para alcanzarlo antes que las almas de su niña la abandonaran para siempre y ni siquiera Tensaiga podría devolverlas.
- Aaaaaaaaaaaarrrgggg!!!!- Un grito desgarrador brotó de su garganta y la cólera mal contenido desataron por fin al demonio de ojos rojos que habitaba sereno en el Taiyoukai. Un funesto destino se cernía sobre todos lo que estuviera kilómetros a la redonda.
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Unos colmillos en su brazo hicieron que el Taiyoukai volviera al presente y abandonara los recuerdos de aquellos días y de aquel funesto y maravilloso viaje. Frente a él en el jardín interior Rin seguía practicando con el sable doble y le daba suaves estocadas al sapo mientras su Kimono rosa ondeaba en el viento. Seis años habían pasado desde que volvieran de aquel viaje y desde entonces no dejaba pasar ni un solo día sin recordarlo. Nuevamente unos filosos colmillos se enterraron en su brazo esta vez acompañado de un suave gruñido.
Sesshomaru levantó el brazo y allí, aún colgado con la boca de su piel, estaba un pequeño de cabello negro con una luna creciente grabada en al frente que rondaba los tres años de edad.
-Que haces? …-
- Tfe atfako – El Taiyoukai miró enojado al pequeño que se negaba a soltar el ajuste de sus mandíbulas.
- …- Tomó al pequeño del cinto y colgándolo en el aire se quedaron mirando fijamente a los ojos con ganas de matarse mutuamente.- que hacías mordiendo mi brazo?
- Te ataco..- contestó el pequeño sin dejar de mirarlo y cruzó los brazos desafiante – Lo estabas haciendo de nuevo y te había dicho que no lo hicieras más.
- No se de que hablas – Sesshomaru, sin soltarlo, lo apartó de en medio para seguir viendo a Rin mientras blandía los sables en el aire, era un espectáculo maravilloso.
- Lo haces otra vez!! – El niño comenzó a patalear y arañas descontroladamente – no la mires, es mía!!-
Ante esa osada intervención del crío Sesshomaru rodeo el cuello del pequeño con sus garras y apretándolo fuertemente lo elevó por el aire. Acerco el rostro del pequeño, que empezaba a asfixiarse, lo suficiente como para hablarle en un susurro y que pudiera entender a la perfección.
- No es tuya, eso quedó claro la última vez- la voz amenazante del demonio estaba al borde de ser un gruñido – si has entendido mueve tu cola. Te advierto que no me molestaría partirte el cuello en dos.
El pequeño le miro furioso y unos destellos rójos tiñeron los dorados orbes. Unos grandes colmillos asomaron amenazantes de su boca y con un rápido movimiento mordió la mano que lo mantenía prisionera obligandola a aflojar el apriete.
-Aaagggrrrr!!!! – Sesshomaru agitaba el brazo en el aire infructuosamente tratando de sacarse al pequeño que lo mordía salvajemente.
- Ef Biaa (es mía)-
- Jinseimaru!! – los dos contendores se quedaron petrificados ante la voz de Rin
La mujer se acercó rápidamente donde estaban y tomó al pequeño para que dejara de molestar a Sesshomaru. Haciendo una respetuosa reverencia con el pequeño aún en brazos se disculpó.
- Lamento Sesshomaru sama que Jineimaru lo molestara, no volvera a ocurrir
-…- El taiyoukai miraba de reojos al pequeño con el rostro impenetrable pero con un dejo de desagrado igual al que el niño le regresaba en laminada.
- Y tu Jineimaru, cuantas veces debo decirte que no molestes a tu padre.- Rin acomodaba tiernamente el cabello de su hijo mientras se dirigía dentro de palacio. El pequeño se acurrucó en su cuello y mirando por encima de su hombro movio sus labios modulando unas palabras claramente comprensibles para el Taiyoukai.
- " Es mia"
Sesshomaru volvió a sentarse a la sombra de cerezo. Definitivamente aquel viaje había cambiado su vida. Nunca había perdido los estribos como aquella vez, pero agradecía a todos los dioses haberlo hecho, de otra manera jamás hubiera alcanzado el palacio a tiempo ni hubiera podido usar la Tenseiga para volver a la vida a Rin. Dio una significativa mirada a la espada que desde ese día siempre cargaba consigo, incluso dentro de palacio, pues ahora tenía dos grandes razones para traerla en el cinto. Tal como jurara hace seis años, Rin había pagado con sangre su deuda, pero de una manera muy especial, de una que le mordía por las mañanas y se le lanzaba a los pies por las noches. Aunque intentara esconderlo quizás sólo una persona era más importante para él que su Rin.. y esa era Jineimaru, aunque claro, nunca lo aceptaría.
- En que piensa Sesshomaru sama- Rin estaba junto a él y como siempre hacía preguntas para las cuales ya sabía su respuesta.
- …. – Rin meneo la cabeza mientras el youkai cerraba los ojos y apoyaba su cabeza contra el nudoso tronco.
- Le molesta Sesshomaru sama que me siente a su lado? – Aun después de compartir tantas lunas en el mismo lecho Rin seguía siendo la niña inocente y cándida que se estremecía al sentirlo cerca.
- mmm….- Rin se sentó junto a su señor y apoyó los negros cabellos en su hombro y serró sus ojos segura en sus brazos.
Sesshomaru escuchó los sonidos acompasados de su respiración y sintió aquel dulce aroma a fruta fresca y flores de cerezo. Estaba conciente que algún día cuando la muerte la llamara esa hermosa mujer lo dejaría, pero por el momento estaba dispuesto a disfrutar cada minuto con ella. Sin te quiero, sin te amo, sin gestos dulces, ni caricias empalagosas. Esas cosas no tenían cabida entre ellos ni eran necesarias. El Demonio blanco arropo a su Rin con la estola blanca al momento que sintió una fulgurante mirada que los asechaba desde dentro del castillo. Allá desde la ventana más próxima un pequeño de cabello negro y ojos dorados profería grandes amenazas con sus manos. El Taiyoukai se divertía secretamente haciendo enfadar a su pequeño sólo para verlo hacer berrinches y lanzar veneno por sus garras. Besó la blanca frente de su amada y apoyando el mentón sobre esa cabeza de hebras color noche esbozó unas palabras que el pequeños, con su fina vista, claramente podía distinguir.
-"Es MIA"-
Aaaaa suspiros... siii,... se ha terminado. y vivieron felices para siempre... bueno al menos hasa que la muerte los separe (literalmente) pero de todos modos aún estará Jineimaru asi que solito solito no se quedará XD
Bueno antes que me pregunten de adonde he sacado un nombre tan extraño para el niño le explico. Es una mezcla de nombres así como Sesshomaru es la unión entre Sessho que en japonés significa matar o destruir y Maru que es una terminación para un nombre masculino en japonés... bueno entonces pensando que el nombre del niño ha sido idea de Rin este se llama Jinei que quiere decir vida y maru... osea el qeu da vida o el sanador XD... no se... se me ocurrió que sería muy de Rin hacer algo así.
Yap... para finalizar Muuuuuchas gracias a todas las que han leido esta historia... en verdad que he teminado escribiendo para Uds y no saben el gusto que me da cuando lo leen y se quedan con esa misma sensación de embobada que tengo yo ahora pensando en el guapo Sesshi así tan frío incluso con su propio hijo pero que en el fondo fue capáz de abandonar sin pensar la batalla más importante de su vida pro su qeurida Rin... aaaaa... bab baba baba... jejej
muchas muchas gracias por sus Review y hasta la proxima oportunidad será... por cierto el proximo proyecto en el que voi a trabajar se llama Otra vida contigo y obviamente trata de esta pareja tan linda que me fascina... pero en la época actual...
ya nuevamente les doy las graicias y les dejo miiil besos a todas y a todos Byeeeeeeeeee
