Disclaimer: I do not own Hawaii Five-O; Hawaii 5.0 y sus personajes no me pertenecen.
Resumen: UNIVERSO ALTERATIVO - En una isla aislada del resto del mundo, acorralado entre los teleios y el Consejo, um cazador intenta proteger a su hija. Danny y Grace están en el centro del atolladero de razas que pretenden aniquilar a los humanos de Teleia, y acaban encontrando la ayuda del misterioso líder lycan Steven McGarrett.
Clasificación: Universo Alternativo; McDanno; fantasia; angst; aventura; pre-slash.
Advertencias: pre-slash y homosexualidad, aunque muy leves.
Prompt del regalo: Eminahinata: [[Angst - Fantasía - AU. Danny es un cazador en una isla donde lo sobrenatural es cosa de todos los días. Pero eso no importa, él está en aquel lugar para estar cerca de su hija. Y en el camino conoce a Steve McGarrett, un lobo quien ha decidido a regresar a las islas para empezar una nueva manada. Pero la vida no es fácil, por supuesto que no. El consejo se ha enterado que un cazador trabaja con una manada de lobos y no están muy contentos. Y Steve tiene que hacer todo lo posible para proteger a su manada -incluyendo a Danny y Grace. Nota: Me encantaria un Steve todo territorial con Danny y Grace.]]
Notas: Algunos términos del fic fueron sacados del latin y del griego (simple lectura fonética):
- Gehennae = "infierno", es la palabra utilizada en la Biblía Latim Vulgate para denominar el infierno hebreo. Este es el nombre que se le dio a la isla Teleia por los marineros, cuando la descubrieron, hace siglos. La isla de ficción posee 15.000 km², siendo mayor que Jamaica, e estaría localizada en el centro del Triángulo de las Bermudas (trecho de mar en el Oceano Atlántico localizado entre las Bermudas, Puerto Rico, Bahamas y Florida).
- Teleia = "perfecta", lectura fonética da palabra griega τέλεια – es el nombre de la isla escondida en el Triángulo de las Bermudas, en el Océano Atlántico. Está habitada por seres de fábula y uno de los últimos lugares que aún mantiene contacto con los dioses. Está entrando en decadencia por la influencia de los humanos que llegan del continente.
- Teleio(s) = "perfecto(s)", lectura fonética de la palabra griega τέλειο – son los habitantes de la Isla Teleia.
- Andra(s) = "hombre/hombre", lectura fonética de la palabra griega άνδρα – es el nombre que los habitantes de la isla le dan a la raza humana.
- Lycan(s) = "lobo(s)", (del Griego λύκων) nombre dado a la raza de los lobos.
- Innato(s) = es como se llaman los hombres nativos de la isla, que poseen un sexto sentido. Son puros de corazón, y los más fuertes se convierten en Cazadores.
- Extranjero(s) = Son los hombres no nativos y sus descendientes, que llegaron a la isla por algún accidente sucedido en el Triángulo de las Bermudas y no lograron salir nunca. Agitan el equilibrio de la isla y están sujetos a la Maldición.
- El Consejo = institución formada y liderada por andras, con el fin de asegurar la supervivencia de los humanos extranjeros en Gehennae/Teleia.
- Maldición de la isla/IUDICIO GEHENNAE = por tener un corazón susceptible al mal, éste es el precio que los hombres pagan por vivir en Teleia: Si un andro provoca una muerte injusta en la isla, el equilibrio se agitará y el criminal se convertirá en un ser grotesco, que no es hombre ni Teleio.
- Guardias del Consejo = andras extranjeros que protegen el territorio de los hombres. No poseen el sexto sentido de los innatos, pero fueron entrenados para actuar evitando la maldición.
- Maestros del Consejo = Guardias entrenados que pueden manipular las acciones de los Teleios por orden de la junta.
- Cazadores = Son innatos que poseen un muy fuerte sexto sentido. Saben cuando están en peligro de muerte y pueden defenderse de algún teleio sin sufrir la Maldición.
TRADUCCIONES:
- En la entrada de la isla: "serpentes genimina viperarum quomodo fugietis a iudicio gehennae" Mt 23:33 - ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escapareis de la condenación del infierno? (Vulgate) *latín
- Pente miden./Cinco-cero. *griego
- En la entrada del valle: "et nolite timere eos qui occidunt corpus animam autem non possunt occidere sed potius eum timete qui potest et animam et corpus perdere in gehennam" Mt 10:28 - Y no temáis a los que matan al cuerpo, y no pueden matar al alma; temed antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. (Vulgate) *latín
- Cibus.../Comida... *latín
- My valley... my offer…/Mi valle... Mi ofrenda... *inglés
- Irremissibile... inexcusabilis!/Imperdonable... inexcusable! *latín
- Fao.../Comer... *griego
- Esurio.../Tengo hambre... *latín
- Chair tendre... sucré chair.../Carne tierna... doce carne... *francés
- Hunger.../Hambre... *inglés
- Mendax!/¡Mentiroso! *latín
- Lampoun!/¡Brillar! *griego
- Sfragizo!/¡Sellado! *griego
- Pulvis.../Polvo... *latín
Gehennae (R)
Fanfiction por CellyLS
Traducción por YvarlCris
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- PRESO EN LAS MAZMORRAS -
El sol ya tocaba el horizonte cuando la caravana de lycans entró en el territorio andra. Usando la carretera principal, los cinco carruajes consiguieron desviar las milicias que se preparaban a los alrededores de la ciudad de los extranjeros. Los vehículos rodeaban las puertas del Consejo, y de uno de ellos descendió Steven Mcgarrett, acompañado de Malia y del marqués Vincente Fryer.
Uno de los maestros del Consejo recibió el futuro regente en la entrada, y sonrió al ver al rubio ser bruscamente retirado de uno de los carruajes con las manos atadas. Danny reconoció a Cage, y bajó la cabeza, en silencio.
-Deseo una audiencia con el Consejero Jefe, y también con la consejera Edwards- declaró el lycan con tono formal y autoritario.- Al regresar del continente, encontré mis tierras desordenadas por causa de este andra invasor. Espero las medidas del Consejo y también aclaraciones sobre el ataque a la caravana de mi padre, ya que la audiencia de Joe White fue interrumpida la última vez.
Cage asintió, ignorando la leve familiaridad del rostro del lycan que vestía una túnica blanca, y ordenó que los guardias llevasen al rubio hasta la prisión. Guió a Steven hasta la entrada del edificio y llevó al hijo del regente hasta la sala principal. Steven hizo una señal a Malia, que se quedó atrás montando guardia en la puerta de la sala, en el centro del vestíbulo. La centinela manoseó un pequeño paquete que tenía las tres piedras blancas, retiradas por Steven del sello de la gruta, y permaneció sujetándolo entre los dedos sin que los guardias y los sirvientes del edificio se diesen cuenta. Ella se quedó de pie, esperando la señal e intentando no llamar la atención de los andras que rodeaban el vestíbulo.
Steven se sentó delante de la enorme mesa redonda, el marqués a su lado. Cuatro hombres de uniforme permanecían inmóviles vigilando los rincones del extenso aposento, cada uno con un mosquetón. Después de algunos minutos, Wo Fat entró en la sala, seguido de la señora Edwards.
-Perdónanos por la tardanza. Nadie esperaba encontrar al joven Mcgarrett, no tuvimos noticias de que estuvieses de vuelta a la isla- comentó la madre de Stan.
-Regresé cuando supe el desastre que ha sucedido a mi padre- dijo Steven.- Quiero saber que es lo que el Consejo tiene que decir sobre el ataque, y por qué la consejera Edwards convocó al Regente aquel día- declaró con genuino interés- Necesitaba mantener a Wo Fat y a la anciana ocupados para que Danny y los otros tuviesen tiempo de llegar a las mazmorras y liberar a los prisioneros. Y él lo conseguiría, su olfato le llamó la atención hacia la silueta de una figura parcialmente escondida entre las cortinas de la puerta. El lycan vio quién estaba allí, reconociendo aquel rostro:
-¿Pat…?
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Danny fue registrado, especialmente en los tobillos, pero la funda esta vez escondía la caja Shelbourne en vez del arma. Después de eso lo, llevaron al rubio exactamente a donde él esperaba: el subsuelo del Consejo. La "prisión" había demostrado ser la mazmorra. Las escaleras de caracol desembocaban en un pasillo largo y oscuro, donde Danny fue sorprendido por el dolor y la desolación. Latían desde las celdas toda la tristeza y desesperación que el cazador jamás imaginó que pudiesen estar reunidas en un solo lugar, y Danny se quedó sin aliento, tropezando con sus propios pies y recibiendo un empujón de uno de los guardias que lo habían llevado hasta allí. El rubio intentó centrarse, y se fijó en los cientos de metros de rieles que se extendían en el ambiente sombrío, en las manos y patas de numerosas formas, en los vacíos ojos que relucían de los rincones de las celdas, en los gemidos de socorro que resonaban por las paredes frías de piedra. El rubio fue arrojado al suelo cerca de la escalera, y sus manos, que permanecían atadas por las muñecas, fueron levantadas sin ceremonia y enganchadas a un gancho de metal que colgaba del techo. Los pies del cazador apenas tocaban el suelo, y Danny esperó en aquella posición incómoda hasta que Cage bajó por la escalera con una expresión de satisfacción.
El maestro del Consejo balanceó la caja Shelbourne que habían encontrado durante el registro y cruzó los brazos admirando la situación de su presa. Ordenó a los dos guardias que comenzasen. Danny apretó la mandíbula cuando vio el puño en dirección a su rostro, y pidió silenciosamente que la noche estuviese ya cubriendo el cielo, y que Kono y Chin no tardasen en liberar al monstruo de la entrada de la mina. El rubio se preparó, siendo golpeado en el rostro y en las costillas. Cage permaneció cerca de las escaleras, limitándose a observar la tortura:
-¿Dónde está la niña?- Danny no respondió.- ¿Qué has hecho? ¿Te libraste de ella para tener la poción solo para ti?- el rubio permaneció mudo. Cage suspiró, impaciente:- No nos interesas ya, ahora que recuperamos la receta y el polvo. Vas a pasar una larga temporada aquí, camarada.
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Steven le plantó cara a Pat:
-¿Qué haces aquí?
La loba marrón continuó inmóvil, en la esquina de la sala. Wo Fat intercedió:
-Fue rescatada tras el ataque de los entelodones. Victor Hesse y su hermano habían jurado acabar con todos los lycans de la caravana. No ha sido fácil salvarla de la muerte.
Steven observó el rostro de la mujer, con una expresión indescifrable. Entonces así había sido como el Consejo había descubierto la existencia de Shelbourne, Pat había vendido la información, junto con la vida de John Mcgarrett. El lycan intentó contener la rabia que explotó en su interior, pero fue muy difícil:
-Tú…- comenzó, con desprecio dirigido a la loba marrón.- Tú vas a regresar con nosotros, y vas a aclarar qué es lo que ocurrió exactamente aquel día y cuál ha sido tu papel en él.
-Ella fue una víctima del infeliz ataque. No hay nada que aclarar- declaró Wo Fat, de modo tan tranquilo que casi sonó depravado. Uno de los sirvientes le susurró algo a Edwards, y ella informó de que abandonaría la sala. Steven sabía que era porque habían encontrado la caja y el polvo de hada que Danny tenía.
-Con todos mis respetos, Consejera. Aún no me ha explicado por qué exigió la presencia de mi padre en aquella reunión.
-¿Acaso insinúas que el Consejo tiene algo que ver con el ataque entelodón?- preguntó Wo Fat.
-No parecéis estar tomándoos en serio esta reunión. Como representante de los teleios y próximo regente del Norte, exijo que se responda a mis preguntas, a favor de la tregua entre las razas- dijo el lycan. El hombre soltó una carcajada, provocando extrañeza con aquel exceso de confianza.
-Patricia, cuéntale al heredero qué pasó aquel día. No queremos causar angustia o desconfianza al próximo regente- dijo el Consejero Jefe, sonriendo cordialmente.
La loba se aproximó, y Steven sintió el olor a nerviosismo que provenía de los cuatro guardias. El sudor de estos y los rápidos latidos denunciaban la emboscada: pretendían sorprenderlo, pero tenían demasiado miedo de enfrentarse con un lycan.
-Has crecido tanto- dijo ella. - ¿Y Mary? ¿Dónde está?
-Pensé que lo sabías. ¿Mi padre no confiaba lo suficiente en ti cómo para decírtelo?
-Pat retrocedió un paso, disimulando una expresión confusa, y movió el brazo. Steven apenas se desvió de sus garras, sintiendo el olor del mismo veneno que había olido en la flecha que había acertado a Danny en el ardiente bosque. Pero sin el elemento sorpresa, la loba no tuvo la suficiente habilidad para acertar al lycan después del primer ataque, siendo empujada por el contra uno de los guardias. Los otros tres levantaron sus rifles, pero no acertaron porque Mcgarrett dio un salto en dirección a los consejeros. El marqués reaccionó rápidamente, trabajando para desarmar a los hombres.
Fue entonces cuando Wo Fat avanzó. Steven estaba preparado para ganar el tiempo que Danny y los otros necesitaban, pero no imaginó que el líder extranjero, menor y un simple andra, conseguiría igualar o incluso superar su fuerza en un ataque cuerpo a cuerpo. Los dos cayeron al suelo con el choque de sus cuerpos y rodaron mientras los tres guardias intentaban para a Fryer, perdiendo el blanco antes de disparar. Edwards aprovechó la distracción y escapó por el pasadizo secreto que estaba en el fondo de la sala, que llevaba a los calabozos. Malia permanecía fuera, escuchando todo, pero actuando como si nada estuviese ocurriendo.
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El último rayo de luz se apagó en el horizonte. Kono y Chin, que habían permanecido en la gruta esperando ese momento, despejaron parte del polvo que estaba sobre las piedras blancas e invocaron la rotura del sello en aquel tramo. El estruendo fue tan grande que dejó aturdidos a los dos lycans. En menos de un segundo, el monstruo ya escapaba de la protección de la hojarasca, mostrando su gigantesco cuerpo de serpiente completamente por tentáculos, y alcanzó la gruta sin dar tiempo a que los lobos se recompusiesen. Chin abrazó a su prima, temiendo que el hechizo luminoso que los envolvía no funcionase, pero la criatura continuó sin dudar hacia el interior del túnel negro, acompañada de una horrenda fila de centenas de grotescos menores.
-Danny sabe ser convincente- comentó el lobo, impresionado con la obstinación del monstruo. Las criaturas se hundieron rápidamente en la oscuridad de las minas, y los dos lycanscorrieron para lograr acompañarlos, dejando un rastro luminoso que los guiaría cuando regresasen con los prisioneros.
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Danny pasó la lengua por la ensangrentada comisura de los labios:
-Como siempre… tienes miedo de mancharte las manos- dijo mientras recuperaba el aliento durante la paliza que estaba recibiendo de los hombres del Consejo.
Cage hizo una señal a los guardias y éstos continuaron. El rubio soportó los golpes sin ceder a las preguntas del maestro, que exigía saber quiénes más eran conocedores de la receta y la poción de Stan. Otra persona descendió las escaleras, y el rubio se espantó al ver a la anciana Edwards, que debería estar en la reunión con Steven. Asumió que el lycan estaba en apuros; era muy inconsciente, y el plan era muy arriesgado.
La anciana aceptó la caja que Cage le entregó y permaneció impasible:
― "Pente miden"... Fue por eso que no encontramos la poción. No se ha hecho- pasó los dedos por el brillante polvo dentro de la cajita, y observó al rubio con diversión:- ¿Ha sido agradable tu paseo por el territorio lycan? ¿Pensabas que podía huir del Consejo, estando en esta isla? Hace mucho tiempo que es nuestra- esta última parte la dijo con orgullo. Se volvió a Cage:- después del interrogatorio, líbrate inmediatamente de todo aquel que sepa algo al respecto del polvo y la poción. Descubre también qué pasó con la niña, si ella le contó a su padre dónde estaba esto, puede contarle todo a más gente.
El maestro asintió, y la vieja le dio la espalda a los hombres. Desapareció subiendo las escaleras y llevando consigo el pequeño baúl Shelbourne. Danny ignoró la resignada mirada de Cage, y entonces sintió la agitación de los teleios presos en las celdas. Una horrible sensación de vacío se aproximaba por el oscuro corredor: era el grotesco, ya estaba en los túneles y venía rápidamente.
Danny recibió una bofetada más en el rostro, y escupió algo mezclado con sangre en el suelo. El maestro balanceó la cabeza:
-Estás perdiendo los dientes, Williams. Solo di quién sabe sobre la poción.
El cazador jadeó una vez y soltó una risita, balanceando la cabeza:
-Va a empezar…
Una oleada de gritos se apoderó de la mazmorra. Los guardias se asustaron, todos los teleios entraron en pánico a la vez y se agitaron contra los barrotes. Cage vio el divertido rostro del rubio y no entendió lo que estaba sucediendo, corrió para alcanzar su arpón colgado en la pared junto con otros instrumentos de tortura. El rubio miró al pequeño charco rojo a sus pies y gritó:
― LAMPOUN!
Lo que era un pequeño pedazo de tejido enroscado, que Danny había escondido hábilmente en el interior de su boca todo aquel tiempo, se abrió mostrando un patrón de signos dibujados, que fueron envueltos por la pequeña cantidad de polvo brillante que el paquete contenía. El efecto de la orden que el cazador invocó generó una muda explosión de claridad, que formó una nube luminosa y envolvió a todos los seres vivos de la mazmorra, haciéndolos brillar en la oscuridad. Cage vio a sus hombres encogiéndose en la esquina del pasillo con miedo al hechizo que los envolvía, y avanzó tirando del rubio, que también brillaba, por el cuello de la ensangrentada camisa, apuntándole con la punta del arma:
-¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Qué has hecho?!
- Maestro Cage... – el sonido resonó por el túnel, silenciando a los teleios y haciendo al hombre en cuestión quedarse congelado en aquella posición. Sin coraje para mirar hacia atrás y descubrir quién sería el dueño de aquella terrible voz, el maestro escuchó de nuevo:- Cuantos recuerdos...
Danny vio los anaranjados ojos brillar cerca de la nuca del hombre. Cage frunció el ceño, su terror en contraste con la calma del cazador que tenía agarrado frente a él. Cuando giró la cabeza con duda, no consiguió ni siquiera gritar al ver a la criatura que ya enseñaba los dientes en su dirección. El grotesco interrumpió su aproximación, incómodo con la claridad que aún brillaba en los cuerpos de Danny y de él.
El mostruo retrocedió, y el rubio aprovechó el susto del hombre para envolver los hombros de Cage con sus piernas y usarlo como apoyo para desenganchar sus manos del gancho del techo. Los dos cayeron cuando Danny se liberó de lo que lo mantenía colgado, y el cazador no perdió tiempo dando un golpe en la cabeza del maestro con las dos manos juntas, haciendo que Cage cayese inconsciente.
― Cazador, tráeme el hada que me prometiste... – recitó el grotesco.
-Ella ha subido las escaleras. Está en el Consejo- dijo Danny. El monstruo chilló, sus tentáculos se enroscaron en el largo pasillo, incapaces de tocar a los prisioneros. Entonces él pasó increíblemente rápido por delante del rubio y se internó en lo alto de la escalera. Un gran número de grotescos estaba llegando y siguió el camino exacto del monstruo. Pocos segundos después, se disparó la alarma del edificio.
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Steven devolvió los golpes de Wo Fat con todo el ímpetu, y, aún así, no consiguió dañarlo como quería. El lycan no entendía cómo Wo Fat había conseguido ese tipo de poder, pero estaba decidido a derrotarlo. Además de una fuerza fuera de lo común para un ser humano, el andra era rápido y sabía pelear. Los años de entrenamiento que Steven había tenido mientras vivía en el continente con Mary estaban siendo utilizados al máximo, y aún así resultaba costoso superar la agilidad del consejero.
Fryer terminó de inmovilizar a los cuatro hombres de uniforme y consiguió impedir que Pat abandonase la sala, dándole un golpe en la nuca a la loba cuando ella intentaba huir. Oyó sonar la alarma. El marqués corrió para atrancar la puerta y aulló fuerte, ensordeciendo a los andras que aún estaban conscientes. Al otro lado, Malia no dudó un segundo: tiró el paquete con las tres piedras blancas en la dirección de la puerta de salida al vestíbulo e invocó al sello para aislar el lugar:
― Sfragizo!
El polvo que estaba en el paquete brilló por el aire formando una barrera de luz que se extendió alrededor de la construcción, visible por algunos segundos. La centinela observó maravillada el efecto, hasta que gritos cercanos llegaron a sus oídos. Vio a una horrenda criatura que avanzaba hacia uno de los guardias que corrían hasta la sala central nervioso por la alarma. El monstruo tenía el porte común de un andra o un teleio menor, pero su aspecto no se podía comparar a nada que la lycan hubiese visto antes, y tampoco su comportamiento: la desproporcionada boca mordió una de las piernas del guardia, que cayó e intentó darle una patada. Los otros hombres huyeron al ver que, aún mientras comía, aquel ser no dejaba de avanzar con más y más ganas, gruñendo y babeando.
Los extraños ruidos se esparcieron en todas direcciones, y las antorchas de la sala comenzaron a apagarse. Los guardias se disolvieron, y Malia vio más criaturas extrañas intentando atacar a los extranjeros que quedaban y destruir todos los girasoles del local. La centinela corrió en dirección al hombre que había sido mordido y golpeó al mostruo con sus garras delycan.
Su fuerza fue más efectiva, y ella consiguió apartar al grotesco. Empujó al guardia por uno de los brazos y lo arrastró hasta la puerta, viendo cómo la locura de aquellas criaturas se apoderaba del lugar. Atravesó la puerta, como Fryer había ordenado con su aullido, llevando consigo al andra herido al otro lado del señor y corrió hacia la puerta de salida.
Todos los muros del Consejo estaban rodeados por los lycans del castillo, que impedían la aproximación de los guardias y de otros teleios. La centinela dejó al herido con uno de los curanderos y buscó a Joe White; encontró al lobo blanco en medio de la multitud de nativos. Estaba discutiendo con uno de los generales sobre intentar reunir guerreros para ayudar en la evacuación de los túneles desde del valle de los grotescos, rezando a los dioses para que los planes funcionasen y Chin y los rehenes saliesen ilesos de las mazmorras.
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Danny se desató las muñecas usando los dientes, y cogió el manojo de llaves colgado en el cinturón de uno de los guardias, que aún temblaban inútilmente cerca de la escalera. El cazador abrió la celda más cercana y observó el final del túnel. Más adelante no podía verse nada, pero sintió que Chin y Kono se aproximaban. Suspiró, viendo que el hechizo estaba perdiendo efecto. Los monstruos eran prácticamente imprevisibles, podrían regresar en cualquier momento, y Danny no estaba seguro de su conseguiría ayudar a proteger a los rehenes en aquel limitado espacio. También consideró la posibilidad de que Steven estuviese en problemas, ya que no había conseguido mantener a la vieja Edwards en la reunión, el Consejo tenía interés en su hermana. Y Williams sintió angustia en su estómago imaginando lo que le ocurriría al lycan cuando éste dependiese del hechizo luminoso para huir de las centenas de grotescos junto con Malia y el marqués; el tiempo no sería suficiente para evacuar las mazmorras y salvar a los lobos de la reunión.
El cazador tomó una decisión: tendría que subir y mantener al monstruo ocupado en el piso superior para garantizar que todos escapasen bien. Entregó las llaves a uno de los prisioneros y le pidió que le ayudase a liberar a los demás. Después de verificar que ninguno de los grotescos continuaba en los túneles de las mazmorras, Danny se despidió de Kono y Chin y subió las escaleras. Los lycans se encargaron del rescate y trataron de hacerlo de la manera más rápida posible.
El rubio cerró la puerta que aislaba el subsuelo y se adentró en el caos. Gritos, gemidos, estruendos de objetos al romperse, llamadas de auxilio y oscuridad. Había girasoles que ya no brillaban despedazados por el suelo, varias de las antorchas estaban apagadas, y la mayoría de las otras fuentes de luz que no eran el reflejo de la luna por las ventanas habían sido convenientemente destruidas. El olor y la sed de sangre dominaban el Consejo, revolviendo el estómago del cazador. Durante el camino hasta el vestíbulo, tuvo que protegerse y desviarse de varios monstruos, defendiéndose a sí mismo y a algunos de los guardias que aún intentaban abandonar el lugar de forma desordenada. Descargó el arpón y todas las ballestas que encontró.
La invasión había sido una sorpresa. Tan grande, que los hombres no habían conseguido ni siquiera organizar su defensa dentro del edificio contra las criaturas deformes y hambrientas y decidieron evacuar la construcción antes incluso de comprender la totalidad de lo que estaba sucediendo, eso parecía.
Los refuerzos externos no llegaban, el cazador supuso que era porque la milicia los estaba reteniendo a la entrada del edificio. Percibió la presencia de Joe y varios teleios fuera, y supuso que el anciano White había conseguido convencerlos a ayudar en el plan, manteniendo aislado al Consejo. El sello que Malia había sido encargada de usar para bloquear la salida de los grotescos del edificio estaba funcionando, pero Danny no conseguía distinguir exactamente donde estaban los lycans en la milicia. Era probable que Steven aún estuviese en el edificio, como él temía.
El cazador rodeó el lugar con precaución, esforzándose para no perder el foco. Todo lo que le rodeaba era hambre, terror y odio. Danny casi sucumbió a la desesperación, pero se forzó a mantener su objetivo de impedir que el grotesco retornase al sótano. El rubio distinguió la sensación característica del monstruo mayor, y siguió en su dirección. Él rastreó a la criatura hasta una sala en el centro del segundo piso del edificio, y era hacia allá hacia donde los otros monstruos convergían también. Ya completamente sin la protección del hechizo luminoso, el rubio luchó usando lanzas dejadas por el suelo y todos los objetos que encontró a su alcance, presintiendo los ataques de los grotescos tan bien como si ellos fuesen verdaderos teleios. Consiguió llegar hasta la puerta de la sala. Ese piso estaba más oscuro, pero eso no impidió que el cazador viese los tentáculos moviéndose en las proximidades de la habitación y maltratando a algunas criaturas menores.
Golpeó la puerta:
-¡Atención! El edificio está siendo evacuado. ¡Deben abandonar la sala de inmediato!- informó modulando el tono de su voz. Uno de los grotescos gritó a los alrededores, como si fuese una fiera, y Danny pateó la puerta. Dos flechas descuidadas cortaron el aire. El rubio entró inmediatamente después de eso, y ahí dentro se encontró con dos guardias aterrados que le apuntaban con sus ballestas, ahora sin munición. Con la sorpresa, consiguió desarmar a uno de ellos con facilidad con lo que quedaba de una antorcha a modo de estaca; lo lanzó contra el compañero, lanzando a los dos hacia el exterior de la sala. Los hombres gritaron al ver a las criaturas, y descendieron las escaleras intentando escapar.
Verificando que aquella era simplemente una antecámara, el cazador alcanzó la otra entrada al fondo. Abrió la puerta cuidadosamente y encontró a la anciana Edwards. La señora permanecía a la izquierda del aposento, cerca de un fuego encendido. Las antorchas y velas de aquel lugar estaban encendidas ofreciendo una claridad ardiente y mostrando que la mujer mantenía su atención enfocada en un caldero humeante que colgaba sobre el fuego. Ella tenía un trabuco apuntando directamente al pecho de Danny.
-¿Has causado tú la alarma?- preguntó. Danny no respondió, simplemente soltó la estaca. Ella estudió de nuevo el líquido que estaba al fuego.- Has debido tener problemas para encontrar los demás ingredientes. Es una suerte que tengamos todo a nuestra disposición aquí en el Consejo- comentó mientras alejaba el preparado de la hoguera.
-¿Qué vas a hacer con la poción? Por lo que parece, la cantidad apenas sirve para una persona- preguntó el rubio con tranquilidad. Sintió los rastros que ocupaban la antesala, y se movió despacio, saliendo de delante de la puerta.
-Ya es el suficiente. Nadie necesita tener más poder que yo en esta maldita isla- dijo ella, aún concentrada despejando el contenido del caldero en un bol, usando una mano.- Reinaré como la andra más poderosa que ha habido nunca. No habrá límites o la necesidad de usar teleios... o prescindir de ellos.
Danny observó las estanterías de madera que se repartían por las paredes. Había frascos con líquidos de repugnante aspecto que remojaban piezas que parecían ser orgánicas, parecían haber pertenecido a seres vivos. Uno de ellos tenía la cabeza de lo que una vez había sido una nereida. Danny cerró los ojos con fuerza al encontrarse frente a frente con la expresión inerte del teleio:
-¿Y Wo Fat? ¿Sabe que pretendes dejarlo atrás?
-El ya ha hecho sus propios experimentos, como puedes ver- ella señaló la colección de atrocidades en los frascos de cristal esparcidos por la sala. Se llevó el bol a los labios:- ¿No me lo vas a impedir? En cuanto beba, dispararé.
El cazador respiró hondo:
-Sé que dispararías de cualquier modo.
La mujer rió:
-Al parecer los innatos no son tan ingenuos como parecen.
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Steven continuaba enfrascado en la lucha con Wo Fat. Había recibido golpes y patadas impresionantes, pero él no dejaba de ser un lobo, y conseguía propiciar un buen número de estropicios en la cara y el cuerpo del andra.
Viendo que no conseguiría derribar al moreno, el consejero avanzó hacia el marqués, alejándolo de la puerta que intentaba mantener atrancada. Agarró a Fryer por el cuello y le dio con la culata del arma que Steven había engatillado. Estaban separados por la mesa, y el andra se escondió detrás del rehén. Los gritos al otro lado tenían al hombre nervioso, sin imaginar que había grotescos en el edificio:
-Conseguisteis invadir el Consejo. Impresionante- comentó Wo Fat, sin aflojar la presión en el cuello del marqués.
-Hemos traído a algunos amigos que tenían nostalgia- declaró el moreno sin bajar la mira de la pistola de Danny, que había tenido escondida bajo la ropa. Olló el gatillo de un fusil a su espalda , y no necesitó mirar hacia atrás para saber que era Pat apuntándole con su rifle. La loba marrón tenía ensangrentada la sien izquierda, y sujetaba el arma con firmeza entre las muñecas que estaban magulladas por las cuerdas que había roto.
-Entrega el arma- ordenó el consejero. –No queremos tener que inmovilizarte o matar a este patético teleio.
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Edwards sorbió el líquido con prisa. Tiró el bol de oro sobre la mesa y sujetó su arma con las dos manos.
-Ahora prepárate, cazador…- apuntó al corazón del rubio.- Me encantaría decir que te reencontrarás con Rachel, pero creo que ella está en el infierno tras haber matado a mi hijo- A Danny la revelación le tomó por sorpresa. La vieja saboreó la confusión que se vio en el rostro del cazador.- Ella intentó cambiar la mentalidad de Stanley, intentó ponerlo en nuestra contra. Cuando supo lo de la poción, quiso huir con la receta y el polvo, y cuando amenacé impedírselo, pensó que podría usar aquel puñal. Pero mi hijo me protegió, ¡murió en mi lugar a manos de esa infame innata!
La mujer afirmó el dedo sobre el gatillo.
― MÍA... – los frascos vibraron en los estantes con el ruído grande e inquietante.
-¿Qué ha sido eso?- exclamó la vieja.
-Viene persiguiendo al hada- explicó Danny, siendo aún apuntado por la consejera. Ruidos y susurros monstruosos comenzaron a rodear la sala.
― MI OFRENDA... HUNGER... – el trueno en forma de voz distrajo a la mujer, haciendo caer varios de los recipientes y romperse en el suelo. El cazador dio unos pasos sutiles hasta una de las paredes. Edwards vio los tentáculos adentrarse por la puerta, siendo dominada por el miedo:
-¡¿Qué clase de monstruo es ese?! ¡¿Dónde están los guardias?!- Apretó nerviosa el trabuco en sus manos, apuntando en dirección de la puerta.
-No me creo que nunca hayas visto a un grotesco. Este de aquí es la mayor obra del Consejo- dijo Danny.
Los dos avistaron los ojos brillantes en la puerta, más allá de la claridad de la hoguera. Edwards se giró de nuevo hacia Danny:
-¿Qué estás tramando? ¡Te destruiré junco con ese monstruo!- y dirigió el arma de nuevo a la cabeza del cazador. Sin embargo, el grotesco avanzó con rapidez. La consejera, en su afán por protegerse, acabó desperdiciando el disparo en uno de los numerosos miembros con forma de serpiente. Tiró el arma contra el monstruo e intentó correr, pero tropezó con los tentáculos que ya habían envuelto la sala por completo antes de que la anciana se hubiese dado cuenta. Danny aprovechó la oportunidad para escapar de ahí. Sintió el deseo del grotesco por la comida que estaba atrapada, y vio los brazos negros enroscarse alrededor de la mujer y llevárselos de golpe a la altura de la boca.
-La muerte duele…- susurró Danny, saliendo de la sala, y Edwards soltó su último grito desesperado antes de ser tragada por el grotesco.
― DULCE HADA... DULCE CARNE... – el júbilo en la demoníaca voz era terrorífico. Danny corrió, no necesitó mirar hacia atrás o concentrarse en las emociones de la criatura para adivinar la satisfacción del monstruo.
La sed de sangre dentro del edificio disminuyó mucho y permitió a Danny distinguir a Steven en el primer piso. El cazador corrió por las escaleras en dirección al lycan, rezando para que él estuviese bien y que la agonía que provenía del lobo no significase lo peor.
Al llegar a frente a la sala central del primer piso, el cazador vio sangre esparcida cerca de la puerta en un rastro que llegaba hasta la salida. No consiguió entrar en la sala. Oyó ruidos de lucha dentro y arremetió con el hombro contra la puerta varias veces. Ahí, ciertamente había tres lycans; ¿cuántos hombres más estarían encerrados con Steven y el marqués? ¿Y si habían sido dominados por los guardias, o por Wo Fat? ¿Estaba bien Malia? ¿Quién era la otra loba que estaba dentro?
-¡Steven! ¡Abre la puerta! ¡Tenemos que irnos ya!- grutó el rubio, sintiendo cómo la sed de sangre volvía a ser sofocante. El aún no estaba seguro de si todos los prisioneros habían abandonado ya las mazmorras, y la verdad era que no le apetecía estar ahí para ver la reacción del grotesco gigante cuando no encontrase más comida. En vez de quedar satisfecho con el hada que acababa de devorar, parecía que aquello había provocado más la codicia de la criatura por la carne, impidiendo que Danny se concentrase los suficiente para descifrar los que estaba sucediendo con sus amigos al otro lado de la puerta.
EL cazador pisoteó el líquido viscoso esparcido por el vestíbulo intentando encontrar algo que lo ayudase a derribar la puerta de la sala, y una oleada de náuseas se apoderó de él. Vio el grupo de grotescos que rodeaban el salón, sedientos, agonizantes, un pandemonio planeando devorarlo pedazo a pedazo.
― Me prometiste carne blanda… Gané un hada vieja, marchita… – la legión de voces provenía de la dirección de las escaleras, y los grotescos menores retrocedieron. Danny vio que el camino hasta la puerta del edificio donde estaba el límite del sello con las tres piedras blancas estaba bloqueado por las criaturas, y la Sala con Steven permanecía cerrada. Los débiles rayos de luna que entraban por las ventanas dejaban ver los tentáculos aproximándose al salón donde estaba el rubio. Williams miró a su alrededor sin encontrar ningún arma u objeto que pudiese usar para protegerse.
-¡Vamos, Steven!- gritó, cerca de la puerta, viendo a la criatura acercarse cada vez más.
Los repentinos gritos y las llamadas de la entrada distrajeron a Wo Fat lo suficiente para que el marqués intentara soltarse dando un codazo en la cara del andra. Aquello no pareció afectar al sujeto, pero dio tiempo a que Steven se desviara de la trayectoria del disparo que Pat lanzó en dirección a su cuerpo y a disparar la pistola de Danny dos veces contra el consejero.
― Vas a suplicar... Y me vas a dar tu sangre, cazador... – los ojos del monstruo relucieron aún más rojos que antes, y Danny presintió el salto del grotesco, como si fuese una cobra avanzando rápida, con sus afilados colmillos deseando su cuello. El rubio se preparó para esquivarlo.
Resonaron tres disparos, y la puerta de la sala se desatrancó. Danny sintió inmediatamente el choque contra su cuerpo al lanzarlo hacia la izquierda, haciéndolo caer bajo el peso de otra persona. El lycan se levantó rápidamente. Era el marqués. Fryer estaba entero, aunque tenía una bala en su hombro derecho, que arrancó enseguida con las uñas. Danny vio a Steven y a Wo Fat aún dentro de la sala; el primero presentaba señales de haber participado en una lucha terrible, y el segundo estaba más cerca de la puerta y tenía el rostro herido y sangraba en la región del abdomen. EL cazador reconoció su pistola en manos del lobo, con el cañón aún humeante, y había cuatro guardias y una loba tirados en el suelo de la sala.
Al girar el rostro, el Consejero Jefe pareció asombrado con la visión de la criatura en el oscuro vestíbulo. El irritado grotesco chilló sacudiendo las puntas de sus tentáculos, fijándose en los hombres inconscientes cercanos a Steven para dar un nuevo salto. Danny empujó a Vincent para alejarlo y gritó, llamando la atención del monstruo. Eso dio tiempo a que Mcgarrett saltase desde el interior de la sala. El poderoso brazo del lycan envolvió al rubio, haciéndolo escapar una vez más del ataque de la criatura. Steven apuntó con el arma hacia el grotesco, pero no tuvo la oportunidad de disparar, siendo los dos golpeados de inmediato por uno de los tentáculos y lanzados violentamente contra una de las paredes del vestíbulo. El choque emitió un ruido sordo, y las dos víctimas fueron envueltas por los brazos del monstruo antes de llegar al suelo.
Mientras la criatura estaba distraída con las dos presas, los grotescos avanzaron contra Wo Fat y el marqués. Fryer luchó para liberarse y vio al consejero andra protegerse tras Pat y los guardias inmovilizados, pretendiendo regresar al fondo de la sala, por el pasadizo que Edwards había usado anteriormente. Vincent pateó a todos los grotescos que pudo en la dirección del hombre, que vio perjudicada su huída.
Preso por los tentáculos, Steven no conseguía moverse lo suficiente para disparar, y perdió la posesión del arma, que cayó al suelo. Vio al cazador sin sentido recibir un empujón y ser elevado boca abajo en dirección a la boca del grotesco. El lobo sintió el olor de la sangre fresca del rubio, que resbaló del hematoma que se acababa de formar en su cabeza, y enloqueció. Sus ojos brillaron con la amarillenta luz de la luna llena, y las garras y los caninos del lycan aumentaron con un grito que alertó a todos los teleios del sur de la isla. Steven perdió el control de sus acciones y reventó los brazos negros que le rodeaban. Saltó de inmediato contra la criatura, lanzándose a ella al otro lado del vestíbulo. Danny cayó al lado del arma.
Fryer corrió hacia el cazador, retirando de su manga el pequeño paquetito con el encantamiento de luz. Lanzó el paquete invocando al hechizo, pero los símbolos estaban dañados por el disparo que el lobo recibió de Pat, y nada sucedió. Varias de las criaturas continuaron avanzando. El marqués se posicionó para intentar protegerse al sí mismo y al rubio, pero el primero de los dos monstruos que avanzó fue repelido con una ataque tan fuerte y rápido que dejó a Vincent paralizado. Era Steven, estaba irreconocible.
Completamente salpicado por el fluido negro metálico que había corrido por las venas del monstruo y ahora goteaba de sus enormes garras, la boca jadeaba a través de los caninos, y el brillo asesino de su mirada era todo lo que se veía del lycan gris. Gruñó destrozando a un par de grotescos más que insistían en atacar, imponiendo su presencia entre las otras criaturas, que se encogieron y se escondieron en los rincones más oscuros del vestíbulo. Wo Fat, que aún intentaba huir, también pareció intimidado; Steven olió el aire, y de un salto ya estaba cara a cara con el consejero. Le dio un empujón que tiró al andra cerca de la puerta de salida, inconsciente.
Fryer miró alrededor de la sala donde de pronto reinó el silencio, sin poder creerlo. Vio al gigante monstruo despedazado más adelante, y sintió un escalofrío recorrerle la columna. Con cuidado, miró de nuevo a Steven, cuyos ojos parecían los de una criatura salvaje, satisfechos con la carnicería a su alrededor. Vincente concluyó que aquel lobo había perdido la cordura, había sido dominado por sus instintos y había disfrutado de la caza.
Y el lycan gris cambió su objetivo por Fryer. El marqués intentó dar un paso atrás, pero no tuvo la oportunidad de reaccionar, ya estaba frente a frente con un Mcgarrett rabioso, que transpiraba intención de matar. Steven derribó a Vincent con las garras alrededor de su garganta; en aquel instante, Fryer supo que iba a morir. Iba a cerrar los ojos cuando sonó el gatillo de un arma en el salón. Miró al cañón de la pistola tras la cabeza de Steven. Danny estaba allí, de pie, con expresión constricta.
-Suéltalo, Steven- pidió el rubio con tono preocupado, pero sin desviar la mirada ni un solo segundo de la cabeza de Mcgarrett. Ruidos en la esquina opuesta indicaron que el grotesco mayor comenzaba a reconstituirse tras haber sido despedazado por el ataque de cólera del lobo. No tenían mucho tiempo para escapar de allí. Danny agarró la pistola con las dos manos:- Suéltalo ahora. Sabes que voy a disparar- declaró, su frialdad en aquel momento sorprendió al marqués.
Fryer no reconocía al cazador, y tampoco al lycan. El que le estaba atacando de aquel modo no era el hijo de John McGarrett, era solo un animal incontrolable, y mataría sin dudar. Y elandra que tenía delante parecía dispuesto a abatirlo. Vincent gritaría a los dos que parasen, pediría que deshiciesen esas expresiones que asustaban y que huyesen hacia la salida ahora liberada, si no estuviese inmovilizado y su garganta no estuviese presa por el lobo de forma tan dolorosa. Ya sin oxígeno, el marqués estaba a punto de perder la consciencia y aceptar su muerte cuando sintió la presión de su cuello disminuir. Tosió y miró hacia arriba: el lobo estaba de pie.
Steven aún era el blanco del arma del cazador, pero sus movimientos parecían más tranquilos mientras estiraba uno de los brazos y tocaba suavemente el rostro del rubio, manchando de negro la cara levemente ensangrentada. El lycan se dio cuenta de que estaba cubierto con la substancia oscura y apretó los puños, bajando la cabeza. Danny soltó aire, relajando y humedeciéndose los labios; finalmente desarmó la pistola.
Vincent se levantó, admirado con los resultados, y se sujetó el hombro herido:
-Salgamos de aquí… antes de que el grandote se despierte- dijo con voz ronca apuntando al monstruo, cuyos tentáculos vibraban y ya comenzaban a chillar.
Danny estudió el vestíbulo, que no parecía tener nada aparte de grotescos arrinconados. En la sala central, los guardias y la lycan parecían haber sido matados por las criaturas, y no había señales de Wo Fat. El rubio rodeó con el brazo los hombros de Steve, y los tres abandonaron el edificio. Vincent se fijó en que el paquete con el polvo de hada también había desaparecido.
Atravesando las puertas del Consejo, los tres fueron recibidos por la milicia de centenares de nativos. Joe informó de que decenas de ellos ya se habían encaminado al vale, y que Malia también estaría allí.
― Mendax... MENDAX! – el sonido resonó en el interior del edificio. ― ¿Dónde está mi hada?... Cazador... – el sonido fue disminuyendo. ― Mi hada...
-¡Está regresando a los túneles!- avisó Danny, y Joe le impidió correr hacia el edificio.
-La mina ha sido prácticamente evacuada. Ya están vaciando el valle.
-Este grotesco es muy rápido, atacará a los rehenes antes de que lleguen a la puerta- la vos de Steven era débil. El lycan parecía exhausto y agotado tras la explosión.
-Conseguiré impedirlo. Necesito llegar hasta allí- Joe vio la expresión decidida en el rostro maltratado del cazador. Iba a objetar, pero la confianza de Steven en el rubio fue suficiente para convencer al lobo blanco.
-Está bien. Vamos a pedir un transporte a los mensajeros.
Teleios alados, escasos en los últimos tiempos, descendieron del cielo después de que Joe silbase. Eran dos águilas gigantescas, que llevaron a Danny y a Steven hasta el valle en el viaje más rápido que el rubio había hecho nunca. Los dos fueron depositados en la puerta, pero la vegetación era demasiado espesa en el valle, y las montañas que lo rodeaban eran muy altas y extensas para ser evitadas. El cazador y el lycan corrieron por el camino que estaba siendo iluminado por numerosos insectos y flores brillantes, en una larga hilera de teleios delgados y heridos guiados por varios nativos de la milicia. La cantidad de rehenes que salían de la gruta parecía no tener fin, y los dos vieron a Chin y a Kono delante. Habían conseguido evacuar las minas antes de llegar el monstruo, pero los teleios aún estaban en el valle, y no había polvo de hada para cerrar el túnel.
De repente, Danny anunció con tono solemne:
-Ha llegado. ¡Apartaos!
Algo fue lanzado al exterior de la caverna. Steven reconoció que era lo que sobraba de Wo Fat. El hombre no había logrado esconderse dentro del edificio. La mano parcialmente devorada aún sujetaba el paquete con el hechizo de luz que no había funcionado.
― Pulvis... – resonó el grito en el interior del túnel.
-El olió el polvo que Wo Fat intentó usar- dijo Steven. No hubo más ruídos en el interior de la gruta, y el lycan lanzó una señal a sus amigos. Kono corrió y apresuró a los teleios, con la ayuda de Chin y Malia.
-He dicho que te mantengas alejado- avisó el rubio en la dirección de Mcgarrett.
-¿Dé qué estás hablando? No voy a dejarte solo.
-Estás agotado, y sólo me quedan dos balas.
-Razón de más para decir que necesitas mi ayuda.
El rubio soltó un bufido y se giró de nuevo hacia la gruta, sacando el seguro del arma. Los dos esperaron, la tensión aumentaba con el silencio.
-Él está enfadado, quiere mi sangre. Está preparado- comentó Danny. Steven percibió el mismo aire decidido que había visto cuando el cazador se enfrentó a Nick Taylor en el castillo. Sintió un escalofrío, aún sin acabar de acostumbrarse a ver al rubio de ese modo. Olió al monstruo y vio los ojos rojos brillar en la oscuridad de la gruta. Y todo sucedió rápido, como ellycan imaginó que sería: el grotesco avanzó con un grito horrible y ensordecedor, y Danny disparó dos veces; aún así, el monstruo lo rodeó con sus tentáculos y lo acercó a su cara. Steven saltó para atacar, pero no lo hizo, al oír la aflicción en las palabras de la criatura:
― Grace... – gimió el grotesco. Danny cerró los ojos, y el lycan sufrió al recordar que Rachel había sido asimilada por el monstruo.- ― Dame a Grace... – pidió la criatura, sonriendo suplicante. ― Mi hada... – las lágrimas escaparon de los ojos cerrados del cazador, y el monstruo murió.
Los tentáculos cayeron inmóviles, y la enorme cabeza colgaba balanceándose al encuentro del pecho de Danny.
-Descanse en paz… - susurró el rubio.
...
