La Princesa De La Jaula Negra
Por: MahegaGame
Resumen: Nanami ha caído prisionera del rey Tomoe. Tiene un prometido esperándola, pero el rey se ha encaprichado con ella. Disfruta atormentándola y su resistencia hacia él es su fuente de diversión, así que no parece muy dispuesto a dejarla ir. Pero, bajo esa fachada de crueldad, el rey parece ocultar otros sentimientos…en realidad, ¿Quién es prisionero de quién?
Parejas: Nanami x Tomoe
Clasificación: K+
Género: Drama/Romance
Kamisama Hajimemashita NO me pertenece, solo tomo prestado los personajes. Todo se lo debemos a la gran Julietta-sensei
N. de A: ¡Hola! Muchas gracias a todas esas personas que le dieron una oportunidad a esta historia y por la molestia dejar un comentario o por el simple hecho de leerlo, ¡Muchas gracias!
Por otro lado, siento mucho la demora con este capítulo, de hecho ya lo había escrito pero cuando lo leí por sí caso había una falta de ortografía o x razón, había cosas que tuve que cambiar, quitar o poner así estuve muchas veces y siempre que lo releía y lo releía tenía que cambiar o poner algo, así que lo siento mucho.
Sin embargo también tengo que darles un aviso, para el siguiente capítulo me tardare más de lo debido, ya que tengo otras historias que continuar y hace un tiempo que no actualizo, así como también voy a estar algo ocupada con mi tesina para titularme y ya casi no voy a tener tiempo. Así que espero que me entiendan y puedan esperarme un poco para actualizar este documento, de hecho esta historia es corta solo faltan 2 o si me aloco 3 capítulos a lo mucho, no más. No crean que no la voy a continuar.
Así que por favor tenganme paciencia y bueno espero que disfruten este capítulo y sobre todo les guste. Porque lo hice especialmente para ustedes :D
Cap. II
AQUEL DÍA EN TE CONOCÍ
Habían transcurrido varias semanas desde mi llegada al palacio real, tiempo en el que había intentado escapar cientos de veces. Fugas que el emperador convertía en una caza en donde él era él gato y yo, el pequeño ratón. Cuando no estaba intentando huir, me instruían como su dama de compañía. Continuamente vistiendo hermosos kimonos durante las fiestas que frecuentemente organizaban en aquel lujoso recinto.
Las demás damas que siempre rodeaban al rey me fulminaban constantemente con la mirada cuando me pedía ser su pareja de baile, o cuando sencillamente se la pasaba acosándome en frente de todos los invitados, "Que fastidio" pensaba en aquellos momentos. La verdad es que no quería tener nada que ver con aquel sucio y elegante mundo.
Ese ruido tan incesante que producían aquellas señoritas alrededor de Tomoe y el jugueteando tan descaradamente con el corazón de cada una de ellas entre sus manos. No quiero tener nada que ver con ese grupo de chicas.
No quiero acercarme a él. No quiero estar cerca de él.
Pero por más que intentara resistirme a sus constantes flirteos, siempre encontraba la manera de abrumarme. Odiaba aquellos momentos en los que al término de cada "cacería" me sujetaba toscamente de la cintura, tanto así que podía sentir su cuerpo muy cerca del mío, jugando con mi piel y nublando cada uno de mis sentidos. En el momento que posaba sus labios con los míos trataba de resistirme hasta que mis nervios se doblegaban y cedían ante sus deseos, cayendo junto con él al mismísimo infierno… y al recobrarme, observaba su cara colmada de satisfacción al verme sometida ante él.
Odio a este hombre. No quiero tener nada que ver con él. No quiero estar cerca de él.
-Te odio-
-Eres tan mal educada como siempre, pero te lo voy a perdonar. Porque si te mato ahora, corro el riesgo de aburrirme- esa la situación, era su juguete, su entretenimiento, para el yo era una "yegua salvaje" y a él le fascinaba intentar domarme.
-¡Tengo que irme! ¡Alguien me está esperando!-
-¿Hablas de tu prometido? ¿Cuántas veces acudido a tu rescate desde que llegaste al castillo?-Enmudecí al escuchar sus palabras, era verdad, nadie había ido a buscarme en todo el tiempo que había permanecido en el palacio. En aquel frío y extraño mundo no me quedaba nada…nada.
-Si él no viene por mí, yo tengo que ir y buscarlo-
Su cara siempre enfurecía al escucharme decir esas palabras, me contemplaba con odio al recitar aquel monologo y de alguna extraña manera intentaba hacerme olvidarlo continuamente de la misma forma…arrebatándome mí orgullo, así que ya me era tan familiar ese dulce y amargo sabor que despedía la lengua de Tomoe abriéndose paso por mi pequeña cavidad bucal, profanándome y explorándome. Aunque negara que esos besos no provocaban nada en mí, era totalmente falso. De alguna misteriosa manera ese acto indecente creaba en mí alguna clase de excitación que dejaba mi mente en blanco, perdiéndome entre una marea de sensaciones desconocidas que azotaban mi cuerpo bruscamente contra una pared rocosa.
Odio a este hombre. No quiero tener nada que ver con él.
-Mmmmm….¡BASTA!- terminaba aquel proceder infligiéndole una bofetada. Golpe que originaba un sonido sordo dentro de la habitación. Y como las veces anteriores, en sus hermosas facciones se formaba una sonrisa que me trastornaba. Le fascinaba que me resistiera, se divertía, mientras más lo hiciera menos intenciones tenia de dejarme tocar la libertad con la punta de mis dedos.
-¿Estas bien, Kuroori-Hime?- era común para mi oír aquella voz a mis espaldas cada vez que terminaba aquel "juego" y el emperador simplemente decidía botarme.
-Deja de llamarme así Kotetsu, aunque parezca que me tratan como a una princesa, no me gusta tanto la idea como para resignarme dentro de esta habitación cubierta de rejas. Me llamo Nanami. Soy la superviviente de un pequeño clan.- Kotetsu era uno de los sirvientes más cercanos a Tomoe. Le había ordenado estrictamente hacerse cargo de mí, siempre deseando que llegara antes de darle tiempo a su señor de jugar conmigo.
-Pero eres a quien el rey desea, un día te convertirás en su concubina y puede que hasta en su esposa…-
-¡NOOOO! ¡IMPENSABLE! ¡Arrincona a las mujeres y luego finge dejarlas escapar para poder atraparlas! ¡Me trata como un juguete!-
-Tienes mucho valor Kuroori-Hime. Eres la única que no teme hablarle sin rodeos-
-No es así Kotetsu, yo también le tengo miedo, pero no puedo resignarme. Tengo que irme-
Odio a este hombre. No quiero tener nada que ver con él.
Aquella noche escuche el pequeño canto de los grillos que se colaba por algún lugar de la estancia. Me pareció extraño ya que invariablemente podía escuchar los murmullos del guardia del otro lado de la puerta, pero esta vez era diferente, no se escuchaba nada ni siquiera aquellos susurros, tan solo aquella pequeña orquesta de grillos sinfónicos. Me acerque al portón para comprobar el estado de esté y para mi sorpresa también estaba abierto, cuando por las noches lo mantenían siempre cerrado-Que descuidados- pensaba mientras una gran sonrisa surcaba mis labios.
-Que rey más descuidado. Dejar la puerta abierta y sin nadie que monte guardia- hablaba para mí misma, mientras colocaba mis delgados dedos sobre los barrotes que conformaban aquella entrada.
-Ese no es ningún problema. Yo estoy aquí-percibí un cálido aliento en el lóbulo sensible de mi oído, lo que hizo que me exaltara y como por acto reflejo solté un manotazo a lo que fuera que estuviera detrás de mí. Un alarido y una maldición fue lo primero que escuche de aquel "alguien". Al girar mí cuerpo completamente me di cuenta de que aquella persona no era el guardia ni kotetsu si no…Tomoe.
Mi piel se puso roja hasta el nacimiento de mi cabello por la vergüenza de haberlo golpeado sin motivo alguno-estoy muerta- pensé.
-¡Que insolente!-podía ver atreves de sus pupilas el enojo y en su mejilla el pequeño color rojo que había dejado mi palma. Me apresure rápidamente a justificarme. Sin embargo las palabras que salían de mi boca eran torpes y atropelladas. Eso no tuvo ningún efecto ya que en seguida me tomo de la abertura del kimono a la altura de mi pecho y me atrajo violentamente hacia su rostro.
-¡E-espera! Tenías una mosca en….-
-Aunque fuera para matar una mosca, estoy comenzando a hartarme-podía sentir su ira con tan solo mirarlo, era diferente de otras veces. Un escalofrió recorrió mi espina dorsal, estaba aterrada. Con un solo movimiento de su mano me arrojo sobre la cama e inmediatamente sentí su peso sobre mí, desde esa posición me dirigió un vistazo salvaje y penetrante, mientras sus manos comenzaban a arrancar mis ropas, dejando al descubierto mis pechos y parte de mi bajo vientre.
-CANTA PARA MÍ. COMO SI TUVIERAS QUE COMPLACERME.-esa voz sonaba fría y distante, diferente de la que habitualmente usaba conmigo. Mi organismo se inmovilizo rápidamente al percibir las manos del emperador recorrer lujuriosamente uno de mis pechos, tenía miedo…
...
no era así, por un instante el rostro de mis padres fallecidos cruzo por mi mente. Esto no me asusta en lo absoluto, comparado con aquel momento…esto no era NADA.
-Me encanta esa expresión- el tortuoso movimiento sobre mi seno cedió poco a poco. ¿Qué expresión tendría? ¿Qué era lo que tanto le llamaba la atención a su majestad de ese gesto?- Cuando nos conocimos también la tenías, aquella futura novia con la cara cubierta de barro, cavando la tumba de sus padres. Que tuvo las agallas de decirme a mi "espérame ahí". Me pareciste descarada y divertida. Porque hasta ahora, las mujeres de mi corte intentan tener mi favor con sus encantos- al parecer por un momento olvidó lo que le hacía a mi cuerpo, ya que quitó su peso de mi cuerpo para poder sentarse en un extremo de la cama, mientras yo aún tumbada e inmóvil por aquella situación analizaba el techo de la habitación -…no tiene derecho a reprochárselos…porque es su comportamiento el que las incita-por supuesto que era culpa suya, la forma en que las trataba, coqueteándoles, mirándolas de aquella forma tan seductora, era más que obvio que ellas le respondieran así. Pero sobre todas las cosas, él era el rey.
-¿Pero tú lo odias? Tu prometido debe ser completamente opuesto a mí-
-No lo sé, jamás lo he conocido-
-Entonces, ¿Por qué querías irte?-
-Porque era la voluntad de mis padres-era la verdad, aquella había sido su voluntad y era mi deber como hija cumplirla. Mi cuerpo comenzó a responderme por lo que me levante de la posición en la que me encontraba y me senté en la orilla de la cama junto a él, tratando de arreglar mis ropas lo más que podía, después le pediría a Kotetsu un kimono nuevo.
-¡PERO NO ES LA TUYA!-
-¡MI PROMETIDO DEBE ESTAR ESPERÁNDOME!-
-Ven te enseñare algo-me arrastro con él a una de las grandes habitaciones que siempre permanecía con llave y a la cual se me tenía prohibido entrar. La puerta era enorme y demasiado pesada para que una sola persona pudiera abrirla. Allí había dos guardias que al vernos le abrieron inmediatamente el paso a Tomoe.
-Entra-la estancia era sumamente grande y espaciosa, llena de objetos hermosos y brillantes-¿En dónde estamos?-pregunte mientras caminaba despacio, admirando todas aquellas piezas-En la sala del tesoro. Aquí se acumulan los tesoros de todo tipo y poblados del reino. Todo lo que hay aquí me pertenece. ¿Qué te parece?, ¿Quieres una parte?-era precioso lo que veían mis ojos, toda esa belleza resultaba del sacrificio de inocentes y de países arrasados por el ejército de su majestad-Cualquier cosa que desees te lo concederé con gusto. No sé qué tipo de persona sea tu prometido, pero te aseguro que no posee tantos bienes como yo.-era tentador lo que me ofrecía, pero no podía aceptarlo-Me gusta la belleza, pero…todo lo que hay aquí huele a sangre- en definitiva esos objetos estaban manchados con la sangre de inocentes, y eso era algo que yo no podía aceptar.
-Lo que me gustaría tener por ejemplo…esto….-observe en un rincón de la habitación un montón de heno, en mi pueblo era común verlo por todas partes. Me acerque al montículo y tome un poco entre mis manos mostrándoselo al rey. Su textura era suave y esponjosa al tacto, mi padre siempre me había dicho que el heno era todo menos suave y esponjoso.
-Pero ¿Qué es eso?-
-Es heno-
-¿Y qué piensas hacer con él?-inmediatamente me tumbe encima del gran montículo, sintiéndolo debajo de mi kimono-Me encanta dormir encima, la cama donde duermo es muy lujosa no logro conciliar el sueño, ¡Huele muy bien, es el aroma de mi pueblo!- apoye mi oído sobre el como si quisiera que me hablara, y si me contestara podría entonces creer que todo aquello era una alucinación, pero no era así. Agarre fuertemente el heno entre mis dos manos, tratando de hacerlo hablar-habla, entonces así podré entender que todo es una simple pesadilla-rece en aquel momento, pero por más que lo intentara no lograría nada, lo único que estaba consiguiendo era recordar a la gente de mi pueblo riendo a mi alrededor, mientras mi padre me reñía por haberme quedado dormida en aquel lugar "¡Nanami! ¡Qué haces ahí tirada!
-Primero me dices que quieres heno y luego te hechas a llorar. No te entiendo-el rey me observaba con desconcierto, mientras mis ojos fijos en algún lugar de la estancia dejaban fluir agua salada. Sentía una punzada en algún lugar de mi pecho, dolía. No te un peso a mi lado y cuando fije mi mirada en aquel lugar observe al rey echado a mi lado sobre el heno-Es extraño. No teme acostarse sobre el heno su majestad- era extraño, hasta él podía disfrutar de algo tan simple como eso. Era verdad que Tomoe no era una persona fácil y mucho menos amable, pero debajo de todo aquello, podía ser una persona agradable. Una sincera sonrisa de aquellas que hace mucho no salían de lo más profundo mi corazón, invadió mi rostro mientras lo observaba.
Mis ojos se abrieron al compás cuando sentí su cuerpo sobre mí, mientras que como un ladrón robaba mis labios, pero esta vez era diferente, aquel beso era…tierno-También me gusta esa expresión. Enséñamela otra vez…-por un momento me deje llevar, pero instintivamente ya sabía lo que pretendía y no por haber sido tierno esta vez lo iba a permitir-Tu como osas pegarme en la cara-mi mano como por reflejo golpeo su mejilla dejándola roja inmediatamente-P-p-pero me ha besado tan de repente-
-¡Eh! ¡Eh! ¡Despierta!-una voz totalmente molesta intentaba interrumpir mi gloriosa siesta-5 minutos más- alcance a murmurar entre sueños, pero esa incesante voz seguía incomodándome-está bien ya te escuche- muy a mi pesar me levante de mi cómodo descanso solo para encontrarme con algo totalmente irreverente.
-¡AY!-
-Es la hora de la cacería –
-¡NO! ¡NO HAY HORA CONCRETA!-
-Que importa. Hoy te he traído un regalo- era Tomoe que se inclinó frente a mí para poder verme a la cara, estaba tan cerca que creí que iba a atacarme e instintivamente coloque mis manos en su pecho para alejarlo. Pero esta vez sin reprocharme nada se levantó y desapareció por la puerta dejándome totalmente sola, respire profundo para aclarar mi mente ¿Qué clase de "regalo" seria? Seguramente y viniendo de el nada bueno, otro suspiro invadió la habitación.
-¿Y bien? He hecho que lo recojan para ti. ¡Y con esta cantidad, seguro tienes ganas de dormir encima!- me quede perpleja al verlo parado ahí entre la entrada de la habitación, trayendo en sus brazos un montón de heno y por su gran sonrisa parecía sumamente feliz-Oh, no hacía falta ir tan lejos. Además como decirlo…ese heno huele bastante mal- por un momento miro el heno que cargaba y de repente lo arrojo a un lado, maldiciendo a los cielos por haber cargado ese heno sin tratar. Esa escena me pareció sumamente divertida, esa mañana el rey parecía estar de buen humor, lo que raramente sucedía, tal vez hasta el rey más despiadado podría cambiar…tal vez el pudiera cambiar.
-Es raro ver a su majestad de tan buen humor- esa era la voz de Kotetsu, que había entrado a ver si me encontraba bien, después de escuchar el alboroto de ayer. Pero igual que yo se quedó observando a Tomoe.-Esta así desde que tu estas aquí-
-¿No está enfadado?- pues a mí me parecía que lo estaba por la forma en que golpeaba el heno.
-¡No, en absoluto! Si lo estuviese ya habría ordenado cortar los brazos de dos o tres personas-
-Es un rey horrible…- como podía hacer ese tipo de cosas solo por estar enfurecido. Esas personas que seguramente nada tenían que ver con el enojo de su majestad morían solo por capricho suyo. Pero los recuerdo de la noche anterior, me dieron una pequeña esperanza respecto a su actitud-Sin embargo…, creo que es alguien que puede cambiar-
-Si…mientras tú estés a su lado, seguro que podrá cambiar-
-Yo no puedo hacer tal cosa-¿Qué podía hacer yo? Si a mí me trataba como un juguete, no creía que a estas alturas un simple peón pudiera rebelarse contra su amo y mucho menos intentar cambiarlo. Sin embargo tal vez pudiera hacer algo, por muy pequeño que fuera, quisiera poder devolverle el favor del heno-¡Rey Tomoe-lo llame para captar su atención, he inmediatamente volteo para mirarme- Gracias por haber reunido el heno para mí. Me gustaría agradecérselo, puede pedirme lo que quiera- grave error, debí haberme quedado callada y no decir nada.
-¿Agradecérmelo? En ese caso, reúnete conmigo en mi cuarto esta noche, Kuroori no hime-
-¡ESPERA! ¿A qué viene esta vestimenta kotetsu?- pero qué demonios me habían puesto, era sumamente provocador y transparente demasiado transparente.
-Esta noche es su noche de bodas-
-¡No digas tonterías! ¡Ya estoy comprometida!-
-Pero eso a mí rey no le preocupa. Esta vez te escoltara un guardia, no queremos que intentes escapar como la última vez-
Los guardias me escoltaron hasta la puerta de su habitación dejándome ahí. Me quede allí parada, esperando un milagro aun sabiendo que nunca llegaría, era demasiado peligroso, por eso esta vez no era bueno intentar huir. Ya me he había enfrentado a situaciones peligrosas varias veces, y siempre me había visto entre la espada y la pared…de repente la imagen del beso de la noche anterior me inundaba la mente y me hacía perder la cabeza hasta el punto de que mi cuerpo lo reflejaba-¡¿En qué estoy pensando?! ¡Si estoy comprometida por dios!, Bueno es hora de dejarle clara mí posición-
Comience a abrir la puerta lentamente, acción que ocasiono que la puerta rechinara, la abrí completamente pero ya no podía distinguir el rechinar de la puerta porque lo único que podía oír era el latido frenético de mi corazón, al ver al rey sentado sobre su cama con los ojos totalmente cerrados ¿Por qué estoy tensa? ¡Tengo que controlarme! Tengo la ligera sensación de que el rey ha cambiado por completo…
Me acerque lentamente hacia el sin embargo a cada paso que doy siento mi cara arder. Diviso una pequeña mesita con una jarra de agua y un vaso ya servido, seguramente él lo puso ahí para mí, si tomo aquel liquido seguramente me calmare.
-¡NO BEBAS!- siento el feroz agarre de su mano alejando la mía de la copa con agua. Después me observa pero sin soltarme, su rostro esta pálido pareciera como si fuese a morir, un temor inexplicable me invade al mirarlo pero me aterro aún más cuando lo escucho decir-ES VENENO-
-¡REY TOMOE!-un grito ahogado sale de mi garganta y el fuerte agarre cede de mi muñeca mientras su cuerpo cae sobre mí antebrazo. ¡¿Veneno?! No es posible, no puede ser-¡Un médico! ¡Llamen a un médico!-¿intento de asesinato?, me levanto inmediatamente para llamar a Kotetsu, pero la cansada voz de Tomoe me detiene.
-¡QUÉDATE AQUÍ! Es inútil llamar a un médico. No me fío de él. Estas cosas han sido habituales desde mi infancia-
-¡Pobre necio!- hasta hoy este rey ha saqueado riquezas y quitado la vida a miles de personas…se ha rodeado de un odio intenso. Sin embargo… ¿Por qué soy incapaz de abandonarle?
Es solitario y maleducado…un poco como yo…
Estoy segura que puede ser amable. ¡Es una estupidez!
-Kuroori no hime…Quédate aquí…-
-De acuerdo. No llamare al médico- me siente a su lado y como si mi mano tuviese vida propia se posó en sus largas y hermosas hebras plateadas que se extendían por toda la cama o tal vez solo quería echarle la culpa al momento de algo que siempre quise hacer.
No comprendía cómo podían quedarle fuerzas para pararse y abrazarme de esa manera, como si no quisiera que me fuera, como si quisiera que dejara de huir y me quedara con el para siempre, pobrecillo y pobrecilla de mi porque tal vez yo estaba dispuesta a quedarme en el infierno con él y compartir su pena.
-Quédate aquí, Nanami. Tú, al menos… ¡TÚ, AL MENOS, NO ME ABANDONES!- si pobrecilla de mi por que ahora el fluía atreves de mi como un pequeño y desbordante riachuelo.
CONTINUARA
"En un beso, sabrás todo lo que he callado."
Pablo Neruda
