Los personajes son de Stephanie Meyer. La historia es mía.
Quiero agradecer a Diiana ElizaBeth por ayudarme con los horrores de ortografía y esas cosas.
Quiero agradecerles por tomarse el tiempo y leer, y me alegra que les haya gustado
Para este capitulo les hago otra recomendación musical: Fix you-Cold play. Y ya no las entretengo mas que disfruten el capitulo
Había llegado a casa de mis padres en la tarde.
—Bells, hija, ¡qué sorpresa tenerte por aquí! —Mi mamá salió a recibirme, pero después de que vio mi aspecto, se sorprendió—. Hija, ¿estás bien? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Edward no vino contigo?
—Se acabó, mamá, se acabó. —Ahí lloré en los brazos de mi madre, no podía decir nada más, lo único que repetía una y otra vez, era eso, "se acabó" y ella solo me consolaba, me decía que todo se iba a solucionar, que todas las parejas pasan por ese tipo de circunstancias, que nosotros nos amábamos demasiado, como para terminar con algo tan hermoso como nuestra relación, nuestro amor.
—No, mamá, esto ya no tiene solución. Edward eligió y no fue a mí. No fui lo suficientemente buena para él, no sé qué nos pasó, ni en qué momento nos perdimos. Al principio todo era tan perfecto, pero todo comenzó a ir mal, porque no me podía embarazar y luego llegó ella y… —Fue como si hubiera tenido una revelación. ¡Claro! Había sido ella la que nos había separado, logró su objetivo. Edward me dejó porque había regresado ella, porque nunca la olvidó y aunque a mí me había dicho que nunca la amó, yo sabía que sí, y ahora, seguro estaban disfrutando de su amor, ahora que ya no había nada que los pudiera separar.
Le conté todo lo que pasó a mi mamá.
—Bells, por lo que me cuentas, ella es una arpía que buscaba meterse entre ustedes y tú le estás dejando el camino libre, aparte, Edward, no se fue directo a sus brazos, él está pensando, aclarando lo que siente.
—No, mamá, él dijo que se estaba enamorando de ella, así que la culpa no es solo de Angela, también Edward es culpable por dejarse envolver en sus mentiras y en sus garras. Y te recuerdo lo que me dijo antes de irse. Dijo que yo le ponía las cosas más fáciles, que ya tenía su respuesta. En otras palabras, se iba a ir con ella, porque yo no confiaba en él.
—No, hija, dale tiempo. Estoy segura, de que se va a dar cuenta de la mujer tan maravillosa que está dejando ir. Él se va a dar cuenta pronto y va a venir a pedirte perdón, y tú lo amas tanto… los dos se aman tanto, que se van a perdonar y van a intentar seguir luchando para que quedes embarazada. —Yo negué con la cabeza.
—No, yo le dije que si él elegía irse, ya nunca más me iba a volver a ver y yo sí pienso cumplir mi promesa. Nunca más me va a volver a ver. Aparte hay algo que no te he dicho… Estoy embarazada, tengo 3 meses.
— ¿En serio? ¡Felicidades, hija! ¡Ay no lo puedo creer, voy a ser abuela! —Pareció recordar algo y su sonrisa se borró—. ¿Edward sabe que va a ser papá?
—No, no lo sabe y no lo puede saber. Al irse, perdió todo su derecho de saber cualquier cosa que tenga que ver conmigo y este hijo, es mío, solo mío.
—Isabella, sabes que tienes que decírselo. Él es el padre, tiene derecho a saberlo, no puedes ocultarle algo tan importante como eso, si lo descubre por otras personas, te va a odiar, y tu hijo cuando crezca y pregunte por su padre, ¿qué le vas a decir, eh? Sé que cometió un error y tú estás dolida, pero tiene derecho a saber que va a ser papá. Piénsalo bien, Bella, no tomes decisiones ahora que estás enojada con él, piénsalo con la cabeza fría, porque te puedes equivocar y puede ser fatal para los tres. No solo pienses en ti y en tu dolor, debes pensar también en tu hijo, no lo hagas por Edward, hazlo por tu hijo.
—Mamá, no le digas nada a papá. No quiero que vaya a partirle la cara a Edward, por favor.
—No te preocupes, hija, no le diré nada, ya veremos qué le inventamos.
—Gracias, por escucharme y dejarme quedar, prometo que lo voy a pensar bien. Voy a subir a recostarme un poco, estoy cansada.
—Sí, hija, ve.
Cuando llegué a mi recámara, más recuerdos me atacaron, porque sí, ahí también había recuerdos, cuando le presenté a mis padres, Charlie lo había mandado a dormir en el sillón y en las noches cuando ya ellos estaban dormidos, Ed se venía a mi cuarto, nunca hicimos nada más allá de besos apasionados, y antes de que mis padres se despertaran él se regresaba al sillón. Recuerdo como lo llevé a conocer el pueblo donde nací, mis viejos amigos, mi camión-chatarra, y todas esas veces que me tomaba de la cintura mientras íbamos caminando y me susurraba muchos "te amo", "eres lo mejor que me pudo haber pasado", " no sé cómo estos años he podido vivir sin ti", cuando me besaba en la calle y decía que para que a todos mis ex pretendientes les quedara claro que ya tenía un dueño, que yo ahora era su mujer, me emocionaba tanto cuando me decía eso, era como pertenecer a algún lugar. Ahora solo me sentía desfallecer, me hacía falta algo para ser completamente feliz.
Cuando Charlie llegó, la versión que le di fue que habíamos discutido un poco y que quería darme un tiempo antes de hablar con él, y que eso coincidió en mis vacaciones y tenía ganas de verlos, que Edward no podía pedir vacaciones y por eso se tuvo que quedar.
En el mes que estuve ahí con mis padres pensé en muchas cosas, en todo lo que había hablado con mi madre, no sabía si estaba haciendo lo correcto al dejar así las cosas, tal vez mi madre tenía razón a lo mejor sí teníamos una oportunidad, igual y sí podría perdonar y darle una oportunidad, seguía pensando en esas terapias de parejas, tal vez si íbamos podíamos arreglar todo y no había necesidad de divorciarnos, podríamos tener a nuestro bebé en una familia estable, solo era cuestión de hablarlo, de volver a reconstruir la comunicación y la confianza, pero si había amor de ambas partes sabía que podíamos salir adelante. Y por primera vez en mucho tiempo sonreí, ya sabía lo que iba a hacer.
Cuando me despedí de mis padres me desearon suerte.
—Bells, espero que la próxima vez que regreses sea con tu esposo, todas las parejas pasan por eso, cariño, siempre hay momentos felices y unos no tanto —me dijo Charlie.
—Gracias papá y lo sé, sé que esto solo fue uno de esos momentos malos, pero ya verás que la próxima vez que regrese será con Edward y espero venir antes de que nazca tu nieto. —Me sonrió.
—Bella, sabes que estás tomando la decisión correcta, yo sabía que tú todavía lo amas, lucha por él, hija, no te dejes vencer, hazlo por mi nieto, y no te preocupes si no puedes regresar antes de que nazca el bebé, si no nosotros vamos unos meses antes de que te alivies para poder estar contigo en ese momento.
—Gracias mamá, por abrirme los ojos a lo mejor si no lo hubiera hablado ahora no estaría de regreso ahí por mi marido, te prometo que voy hacer lo que esté en mis manos para estar con él. Te amo, los amo a los dos. Gracias.
Después llamaron para abordar el avión y así regresé a mi hogar. Tenía que hacer tantas cosas, espero que Edward ya haya pensado las cosas, no quería pensar yo mucho en qué sucedería si no salen bien mis planes, pero no quería preocuparme por eso, si salía mal todo esto, ya vería en su momento cómo me las arreglo.
Cuando llegué a mi casa le marqué a Tanya para decirle cómo estaba, ella se había quedado muy preocupada por mí cuando me había ido con mis padres, así es que lo menos que podía hacer era decirle cómo me encontraba y los nuevos planes. Llegó a mi casa y comenzó el interrogatorio.
—Hola, ¿cómo estás?, ¿por qué no me habías hablado?, ¿sabes lo preocupada que estaba por ti?
—Sí, perdón, Tanya, pero necesitaba aclarar todo, estoy bien. Dime, ¿lo has visto a él?, ¿sabes cómo está?
—Sí, lo he visto un par de veces, la primera vez se veía un muerto en vida igual que tú, pero aun así le dije una que otra verdad y lo estúpido que fue al dejarte. Y la segunda vez que lo vi fue la semana pasada, ya no está tan mal sigue teniendo esa mirada de tristeza, pero ya va a trabajar. No sé dónde esté viviendo, cuando nos vimos fue en la cafetería que está por mi casa y simplemente no quiso decirme dónde se queda.
—Creo que sí le voy a dar una oportunidad, espero no estarme equivocando pero, pensé que es lo mejor para los tres, creo que ahora sí le voy hablar de las terapias, necesitamos sanar, y recuperar esa parte que perdimos en algún momento del matrimonio. Creo que los dos tuvimos culpa, yo por mi obsesión por quedar embarazada y él cuando pasaba más tiempo fuera de casa que conmigo, creo que en algún momento dejamos de enamorarnos el uno al otro y aquí están las consecuencias, pero espero poder arreglar las cosas y cuando este bebé venga al mundo sea en una familia estable. Aparte no me hubiera agradado que Carlisle y Esme no conozcan a su nieto, creo que ellos no tienen la culpa de lo que pase entre Ed y yo.
—Me alegra que pienses así, todo era cuestión de tomarte un tiempo, ahora ves lo que pedía Edward, ese tiempo que te pedía no era para follarse a nadie, era para aclarar algunos puntos como lo has hecho tú, pienso que todo va a salir bien, ya lo verás y ese niño va a crecer feliz con sus padres juntos y sus abuelos consintiéndolo. —Sonrió.
—Sí, tienes razón, ahora lo que tengo que hacer es buscarlo para aclarar las cosas, pero antes necesito ir a surtir mi despensa, no tengo nada aquí, y ahora como por dos, me da mucha hambre. —Nos reímos las dos.
—Claro, te acompaño, de paso vamos a comprarte más ropa, conociéndote no tienes nada de ropa premamá y ya se te ve tu panza, ¿cuánto tienes, 4 meses, cierto?
—Sí, aunque me encanta tener a mi bebé dentro del vientre, ya quiero tenerlo en mis brazos y ver qué es, si niño o niña y a quién se parecerá, espero que se parezca a Edward, así sería perfecto.
—Ay, mujer, ya estás divagando, ya habrá tiempo para preocuparnos de todo eso, ¿por cierto ya has ido al médico a hacerte un chequeo?
—No, no he tenido cabeza para eso, pero ahora que hable con Ed espero hacer una cita, quiero que la primera vez que veamos a nuestro bebé sea juntos.
—Pues sí, pero para eso tienes que encontrarlo primero, y como dices tenemos que ir a comprar tu despensa, así es que vamos rápido.
Salimos directo al centro comercial, nos estacionamos al lado de un Volvo como el que tenía Edward, ¿sería como más señales para arreglar las cosas con él? ¡Dios! Ya estaba empezando a divagar otra vez. Cuando llegamos a la entrada agarré un carrito para ir echando lo necesario, íbamos tan distraídas platicando que no nos dimos cuenta y chocamos con otro carrito.
—Perdone, íbamos distraídas y no lo vimos —dijo Tanya.
—No se preocupe —dijo el chico y levantó la cara.
—Edward. —No lo pude contener sonreí de la emoción, tenía que decirle tantas cosas que no sabía por dónde comenzar y tampoco me parecía que en el centro comercial fuera el mejor lugar para hablar de todo. Cuando lo miré bien él me seguía mirando, en sus ojos había mucha tristeza, él me recorrió con la mirada y se detuvo en mi abultado vientre, iba a decirme algo cuando llegó Angela por detrás de él.
—Amor, traje coca cola de dieta, no sabía de cuál querías tú, pero a mí solo me gusta de esa. —Y le dio un beso en los labios—. Ah, hola Bella, Tanya, ¿cómo han estado? —dijo con una sonrisa hipócrita.
Yo no pude quedarme ahí, solo caminé lo más rápido que pude a la salida, solo oí que Tanya le dijo a Edward que era un idiota que lo había arruinado todo, yo estaba conteniendo el llanto, no quería llorar aquí, no enfrente de tantas personas, no enfrente de él.
—Bella, espera, tenemos que hablar, por favor espérame.
Me detuve, tenía razón teníamos que hablar aunque sabía que no me gustaría como acabaría esto.
— ¿De qué quieres que hablemos? De que creí que teníamos una oportunidad, que podíamos arreglar esto, de que regresé como estúpida con toda la intención de que volviéramos, con la esperanza de que no había necesidad de un divorcio, con la esperanza de recuperar eso que perdimos. Pero veo que no tuviste que pensar tanto, ya habías decidido dejarme desde que hablamos la última vez, sabía que todo eso de que te diera tiempo era solo para aligerar la despedida, ¿no? Era para no verte como el canalla que eres. No entiendo ese afán tuyo de decirme que me amabas cuando no era así.
—Por supuesto que pensé las cosas, te marqué a tu celular, al departamento, tantas veces, nunca contestaste, creí que de verdad me odiabas, y perdí las esperanzas. Me arrepentí de haberme ido, quería estar contigo, me di cuenta de lo idiota que fui al dejarte, te busqué y no te encontré, dijiste que nunca más me querías ver, yo estaba derrumbado sin ti y entonces Angela fue mi paño de lágrimas y me apoyó tanto, hace una semana decidí darnos otra oportunidad y me mudé con ella.
—Perfecto, si eso es lo que quieres está bien, ya no te discuto nada, esta vez fui yo la estúpida que creyó que podíamos regresar a como estábamos antes, cuando éramos recién casados, esta vez tú no tienes la culpa de eso, así es que tu conciencia puede estar tranquila.
— ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada?, ¿acaso no pensabas decírmelo?, ¿desde cuándo lo sabes? —me dijo enojado y a la vez con esa tristeza que reflejaban sus ojos.
—Lo supe el día que terminamos, la cena que hice era para darte la noticia y para pedirte que fuéramos a terapia, que te amaba todavía y no quería perderte, no quería que se cumpliera mi más grande temor, esos temores que tú juraste estar ahí conmigo para espantarlos, pero por lo visto tú no sabes lo que es cumplir una promesa.
—Bella, por favor no comencemos otra vez, ¿sí? Por favor, vamos al departamento para poder hablar bien.
Acepté y ya íbamos rumbo al departamento cuando su celular sonó, no necesité ser un genio para saber quién era, era Angela y al parecer estaba furiosa de que la haya dejado botada en el centro comercial, eso me alegró un poco. Cuando llegamos me dio la mano para salir del carro, pero yo no se la acepté, salí de ahí y fui directo a mi casa.
—Ahora sí podemos hablar bien —le dije.
—Sí, ¿por qué no me dijiste ese día que estabas embarazada?
—Porque me lastimaste y no pensaba decírtelo nunca, pensaba criar a mi hijo yo sola, tú nunca ibas a saber de su existencia.
Él tenía los ojos con lágrimas tratando de derramarse y me miraba como en shock.
—Eso quiere decir que si hoy no nos hubiéramos encontrado nunca me lo hubieras dicho. —Negué con la cabeza—. ¿Por qué?, pase lo que pase tenía derecho a saberlo. ¿Y dónde estuviste este tiempo?
—Estaba muy enojada y dolida contigo, y como te dije que no nos volveríamos a ver, pues lo lógico es que tampoco supieras de mi bebé.
—Nuestro bebé —me interrumpió.
—Lo que sea, estuve con mis padres todo el tiempo, estar ahí me ayudó a pensar y decidí que tenías derecho a saberlo. Pensé que podíamos regresar a estar juntos para darle una familia estable a mi bebé, por eso regresé aquí, por eso iba a buscarte, pero no tuve que buscar mucho, te encontré ahí y tú me volviste a demostrar que me había equivocado contigo. Hoy me di cuenta que ya no importa cuánto te ame, como dijiste ese día, no importa cuánto nos amemos hay parejas que simplemente se hacen daño estando juntos. Bien dice la canción "hay veces que el amor dura, y hay otras que simplemente duele".
—Bella, perdóname, créeme cuando te digo que te amo y que me arrepentí al instante de dejarte, nunca había sufrido tanto como en este último mes, te necesito conmigo, te necesito para respirar, para vivir bien, sin ti siento que me falta algo.
—Pero no vas a terminar tu relación que acabas de comenzar, ¿cierto? —Él negó con la cabeza—. ¿Estás cambiando una relación de 6 años por una que apenas está iniciando?
—Es que la decisión que tomé va a lastimar a alguna de las dos, ya no quiero lastimar a nadie más, con nosotros dos es suficiente, no puedo también lastimar a Angie, ella ha sido tan buena conmigo, ya no quiero más sufrimiento de nadie.
—Claro, no puedes lastimar a Angie, ella que tan linda se metió en nuestro matrimonio porque no superó que la terminaras hace tantos años, claro no la puedes lastimar a ella, pero sí me puedes lastimar a mí, a ti mismo, y de paso también vas a lastimar a nuestro hijo, dejándolo sin su padre. Pero no te preocupes que yo lo voy a defender con uñas y dientes, él no te va a necesitar, tú quédate con tu pobre Angie, ella sí te necesita mucho.
—No, Bella, mi hijo va a tener a su padre con él, tal vez nosotros ya no vamos a estar juntos, pero sí puedo criar a mi hijo.
— ¿De verdad no la vas a dejar? Prefieres intentar algo con ella que estar con tu familia, ¿de verdad nos estás cambiando a tu hijo y a mí por ella?
—Es que no entiendes, no puedo dejarla, y no porque la ame, porque a la que amo es a ti, a ella NO la amo quiero que eso te quede claro, sé que ahora no me crees, pero el tiempo es el que dirá la verdad y así me vas a creer y tal vez en un futuro podamos regresar.
Solté una risa amarga. Pero ya había tomado una decisión.
—No te entiendo, de verdad trato de hacerlo, pero no puedo, cómo es que me amas a mí, pero prefieres estar con ella, eso no es coherente.
—Ya te dije que no te lo puedo decir, se lo juré que no le diría a nadie, pero solo prométeme que no vas a dudar de mi amor, por favor, y yo te prometo que algún día volveremos a ser la familia que éramos.
—Ya no prometas nada, ya no te creo, ya no puedo creer en ti, me fallaste. Le prometí a mi madre que iba a luchar por ti, pero me he dado cuenta de que ya no tengo la fuerza ni las ganas para luchar por algo que sé que ya perdí. Y sabes qué es lo más triste, que no vas a estar en la vida de mi hijo, porque prefiero ser madre y padre a la vez y decirle que su papá falleció a que te vea con otra familia y decirle por qué preferiste a ellos por encima de nosotros, no le voy a dar ese sufrimiento a mi bebé, no lo voy hacer y espero que tú me perdones por eso. También espero el perdón de tus padres por no dejarlos estar en la vida de su nieto. Pero tú ya hiciste tu elección como hace un mes y ahora me toca a mí y yo elijo estar lejos de ti, para nosotros tú estás muerto, y como decías en tu nota, lamento no haberte podido hacer feliz y espero que ella sí sepa cómo hacerlo —sabía que eso que le dije fue un poco cruel, pero yo estaba muy herida y enojada.
—Isabella, si crees que me vas a separar de mi hijo estás muy equivocada. —Lo ignoré.
—Adiós Edward.
Por suerte no había desempacado nada, agarré la maleta que estaba en la puerta y salí, no sabía a dónde iba, solo quería estar lejos de aquí, empezar de nuevo. Cuando salí del edificio paré un taxi, que por suerte iba vacío, cuando iba subiendo escuché a Edward llamarme, pero yo ya no me detuve, le dije al chofer que llevaba prisa y tomamos unos atajos rumbo al aeropuerto. Me aseguré que Edward no nos siguiera, aunque creo que sabía a dónde iba, pero al menos tenía tiempo para llegar y comprar un boleto para donde sea que saliera más rápido, no quería que Edward supiera a dónde me fui.
Me estuvo llamando en todo el recorrido, solo escuché el primer mensaje que había dejado, me suplicaba que no me fuera, que no lo alejara de nosotros, pero yo no podía, ya me había herido lo suficiente como para quedarme a ver cómo hacia su vida con ella, mientras yo era miserable por algo que tuve y no supe cuándo lo perdí.
Al llegar al aeropuerto fui a la taquilla, pedí el boleto para el próximo vuelo que saliera, y fue a Inglaterra, bueno al menos era un país que siempre quise conocer, con Ed siempre hacíamos planes que algún día viajaríamos ahí, tenía que dejar todos esos recuerdos atrás si quería superarlo. Mi teléfono seguía sonando hasta que lo apagué para abordar el avión. Fueron las horas más deprimentes de mi vida.
Cuando por fin llegué a Inglaterra me busqué un hotel, tenía dinero suficiente para vivir por unos meses, pero tenía que encontrar un trabajo. Cuando prendí mi celular, tenía 90 llamadas y 50 mensajes de texto, todos de Edward. Guardé todos los números importantes en el teléfono, le saqué el chip y lo tiré en el bote de basura, no quería que nadie me contactara, al menos no por ahora, tal vez más adelante yo me comunicaría con ellos.
MESES DESPUES…
Ya tenía 8 meses y medio de embarazo, estaba por reventar, había encontrado trabajo, seguía dando terapias, en esas terapias conocí a la que ahora era una de mis mejores amigas Alice Brandon, una chica demasiado alegre, bondadosa, muy enérgica, me recordaba mucho a Tanya en algunos aspectos. Cuando la conocí vivía en un hotel y ella fue la que me ofreció vivir con ella, tenía un departamento muy lindo, pero su compañera de cuarto y amiga se iba a mudar con su novio, próximamente esposo, Rosalie Hale era muy buena persona cuando la conocías bien, pero al principio daba un poco de miedo, ella se iba a casar en unos meses con Emmett Mccarty, un chico intimidante pero igual que su novia cuando los conoces bien te das cuenta de lo buenos que son. Rosalie tenía un hermano, Jasper Hale novio de Alice, él era el tranquilo del grupo, con todos me llevaba muy bien, todos me recibieron de maravilla, congeniamos bien, con quien más me llevaba y me sentía tranquila y protegida era con el hermano de Alice, Thomas Brandon.
Tom tiene 26 años, es pediatra, tranquilo, sociable, parlanchín nunca te aburres con él, era como un sol para mí, mi puerto seguro y físicamente es muy guapo, tiene los ojos verdes, es alto y pálido, me recuerda mucho a Edward, a lo mejor por eso me sentía bien con él, porque inconscientemente lo relacionaba con Edward.
Ayer Tom me había pedido ser su novia, y aunque me sentía realmente bien con él —me hace sonreír como hace mucho no lo hacía—, no podía hacerle esto, no podía estar con él cuando no lo amo, cuando ni siquiera he podido olvidar a Edward, Tom dijo que me lo pensara unos días, que luego le contestara, yo estaba muy confundida porque por un lado como ya lo dije no puedo estar con él si no lo amo, no es justo para él que ha sido muy buena gente conmigo, pero por el otro lado quería darme una oportunidad para volver a amar y sé que con más tiempo podría amarlo.
—Bella, no te dije, pero ayer vino una señora a buscarte, era muy guapa y simpática. Cuando le dije que no estabas, me dijo que venía hoy como a eso de las 6 de la tarde, que era importante lo que quería decirte —me dijo Alice.
— ¿Y no te dijo para qué asunto, o cómo se llamaba?
—No dijo para qué asunto, solo dijo que era muy importante y que esperaba que aceptaras hablar con ella, de hecho dejó aquí su teléfono. Ah, y sí dijo su nombre mmm… Creo que era Esme Cullen.
Esme Cullen, no puede ser, me habían encontrado, me empezaba a faltar la respiración de lo alterada que estaba, empecé a sentir un dolor en el vientre. ¡Diablos! Eran las contracciones, no me podía aliviar ya, faltaban 2 semanas, me empecé a alterar más.
—Alice, creo que tenemos que ir al hospital, ¡me duele! —Casi lloraba
— ¿Qué? Bella, ¿ya es hora?, ¡ay Dios! Respira, ya vamos para el hospital tú tranquilízate.
Cuando llegamos al hospital suspiré aliviada, porque todo el camino fue un caos, yo iba muy nerviosa y alterada, y le estaba contagiando eso a Alice porque iba gritándole a todo el que se le atravesaba cosas nada agradables. Cuando estaba en una habitación del hospital, me dijeron que ya estaba a punto de aliviarme, pero que tenía que dilatar más y yo casi me moría con los dolores de las contracciones, eran muy fuertes, por suerte no tardaron en ponerme la epidural. Cuando me la pusieron me pude relajar un poco, y ahí recordé a Esme, no podía ignorarla y ya que había venido hasta acá y me había encontrado, le pedí a Alice que le llamara y le dijera en donde estaba, esperaba que no viniera con Edward, no estaba lista para verlo aún.
Estaban todos mis amigos en la habitación tratando de distraerme, yo de verdad estaba muy nerviosa, tenía toda clase de miedo y aunque me negara a aceptarlo en voz alta, me hacía falta Edward, quería que estuviera ahí conmigo, pero aunque sea le pediría a Esme que ella entrara conmigo, al fin de cuentas era la abuelita, cuando todos estaban riendo por algo que dijo Emmett tocaron la puerta.
—Pase.
—Bella, oh Bella, por fin te encontré. —Y se lanzó a abrazarme, y yo le correspondí el abrazo.
—Esme, perdón, perdóname por no decirles nada, por ser una egoísta con ustedes que no tenían culpa de nada.
—No te preocupes, mi niña, lo importante es que te encontramos y podemos estar aquí contigo en este momento. —Yo me tensé cuando dijo "te encontramos"—. No te preocupes, solo estoy yo aquí, aunque todos saben en donde estás.
Entró el doctor a revisarme, así que todos salieron de la recámara, cuando Esme iba a salir la agarré del brazo y le pedí que se quedara. El doctor dijo que era hora, así que le pedí a Esme que si entraba conmigo a quirófano y de inmediato aceptó. Cuando salí del parto estaba muy cansada, lo único que quería era descansar, fue lo más doloroso, pero a la vez lo más hermoso que me había pasado, por fin tenía a mi bebé entre mis brazos, por fin tenía a mi pedacito de cielo, había sido un niño hermoso aún no se parecía a ninguno de los dos, pero estaba segura que iba a ser el clon de su padre. Me habían sedado para dormir un rato antes de que me llevaran al bebé para darle de comer.
Cuando desperté no sabía cuánto tiempo había pasado, pero supongo que mucho porque apenas estaba saliendo el sol, cuando volteé a ver el sillón de la habitación ahí estaba Esme, cuando vio que estaba despierta vino hasta mí a darme un abrazo y decirme que mi bebé era el más hermoso del mundo, pero me sorprendió lo que dijo:
—Bella, sé que probablemente te vas a enfadar cuando te diga esto, pero es que él es el papá del niño y tenía derecho a estar aquí con ustedes, Edward viene para acá seguramente ya ha de haber llegado al país, cuando me habló tu amiga no pude callármelo y le hablé, él se vino en cuanto lo llamé. —Iba a decir algo, pero ella siguió hablando—. Ustedes tienen que hablar, todo lo que pasó fue terrible, pero tienen que aclarar las cosas, todo fue un enredo, una trampa en la cual cayeron muy fácil, pero tienen que arreglarlo por mi nieto.
—Esme, perdón, pero ahora no quiero hablar de eso, y no te preocupes tienes razón al decir que está en su derecho de estar aquí con su hijo, pero ya después hablaremos de todo lo demás.
Esme iba a decir algo cuando por la puerta entró Tom con un ramo de flores y lo dejó en el mueble de al lado.
— ¿Cómo estás, cariño? —Y sin verlo venir me besó, yo estaba muy sorprendida y no me moví, en eso se escuchó una voz muy conocida.
— ¿Interrumpo algo?
Al reconocer la voz como pude me separé de Tom, y miré hacia la puerta, ahí estaba Edward, se veía muy cambiado, no parecía mi Edward, el Edward que acababa de llegar tenía unas ojeras muy marcadas, se veía más delgado, su mirada era triste y su voz se oía sin vida. Sentí como si me hubieran golpeado en el estómago.
—Edward...
—Hola Bella, ¿cómo estás? Quería llegar para estar contigo en el parto, claro si me lo permitías, pero veo que llegué tarde. Pero ¿qué fue, niño o niña, está bien, nació bien, puedo verlo, dónde lo tienen?
Sonreí por su nerviosismo, se veía muy lindo.
—Estoy bien y fue un hermoso niño, él también está bien, está hermoso, y yo creo que no han de tardar en traerlo para que le dé de comer. —Él sonreía.
— ¿Y cómo lo vas a llamar? —dijo Esme.
—Anthony. —Miré a las sábanas, Anthony era el segundo nombre de Edward y siempre había tenido claro eso, si era niño quería que se llamara como su padre.
—Gracias, sé que no lo merezco y a pesar de todo le vas a poner mi nombre a nuestro hijo.
En eso Tom se hizo notar, pero solo para salir de la habitación, dijo que en un momento me traían a mi bebé, por la cara que puso al salir me di cuenta que estaba dolido, por eso no quería aceptar salir con él, porque si lo hacía iba a terminar dañándonos a ambos, y aunque no tenía pensado volver con Edward, tampoco quería meterme en otra relación, solo quería disfrutar de mi Anthony.
—Bella, tenemos que hablar, necesitamos aclarar todo, dame esa oportunidad, sé que a lo mejor llegué tarde y tú ya estás con alguien más, y me merezco esto que pasa por estúpido, pero quiero aclarar las cosas enmendar mi error.
—Ya habrá tiempo para eso, tal vez cuando salga del hospital.
—Sí, tienes razón.
En eso tocaron la puerta y entró la enfermera que traía a mi hijo.
Cuando lo tuve en mis brazos sentí una emoción indescifrable, era tan perfecto, creo que tenía razón e iba a ser una copia exacta de su papá. Volteé a ver a Edward y tenía lágrimas en los ojos, solo se acercó, me dio un beso en la frente y me dijo: "gracias, amor, gracias por este regalo" y nos abrazó a ambos, en ese momento olvidé todo el sufrimiento por el que había pasado, me olvidé de todos y de todo, solo éramos nosotros tres como la familia que siempre quise.
Solo estuve 3 días en el hospital, cuando salimos nos fuimos a mi departamento, todos estaban que babeaban por el bebé, yo estaba más que feliz, lo único que me preocupaba era Tom, estaba tan distanciado conmigo y lo entendía, hasta creía que era lo mejor porque yo no podía quererlo de la forma en que él quería y me sentí mal porque él estaba tan emocionado con el niño. Con Edward las cosas iban bien, aunque no habíamos hablado, él se comportaba muy lindo con nosotros, como cuando recién nos habíamos casado, eso me hacía pensar que a lo mejor nunca tuve opción, siempre lo iba a amar, pasara lo que pasara, siempre iba a ser mi alma gemela, el amor de mi vida, simplemente nacimos para estar juntos. Pero el momento de hablar había llegado, del hospital salí la semana pasada, estaba en la casa sola, así que llamé a Edward para hablar.
—Hola Edward, pasa, siéntate, ¿quieres algo de beber?
—No, gracias, quiero que hablemos.
—Pues te escucho.
—Bien, verás, mmm… Yo primero quiero disculparme por ser tan estúpido, tan ciego, caí en su trampa como un imbécil y las consecuencias fueron que te perdí, pero desde que te fuiste yo no he podido vivir bien, me falta lo más importante en mi vida tú, es como si te hubieras llevado no una parte de mi corazón sino todo, tú eres todo para mí, todo, no sé ni cómo he podido salir adelante sin ti. Ese día que hablamos por última vez yo te estuve marcando, pero nunca contestaste, no podía quedarme ahí, había demasiados recuerdos, así que hice mis maletas y me fui a casa de mis padres, ahí he estado viviendo desde hace 4 meses, y contraté a un investigador privado para que te buscara, si me levantaba cada día para trabajar era para poder pagar al investigador. Cuando dio contigo quería venir al instante, pero mi madre me lo impidió, me dijo que me acercara a ti poco a poco, que ya te había hecho mucho daño. ¡Dios! No sé cómo pude hacerte lo que te hice, si no me perdonas lo entendería, pero también me destrozarías más de lo que ya estoy. Por favor perdóname, regresa conmigo, vamos a formar la familia que siempre quisimos, si todavía quieres podemos ir a esa terapia en pareja que decías, para que recuperes la confianza en mí, sé que no va a ser tan sencillo reconstruir la relación, pero sé que si nos amamos lo vamos a lograr y yo te amo, nunca he dejado de hacerlo. ¿Tú puedes perdonarme, puedes luchar por nuestra relación, todavía me amas?
— ¿Y qué pasó con Angela? Te habías ido a vivir con ella, ¿qué pasó? ¿Y cuál trampa, de qué hablas?
—Cuando me la volví a encontrar en el restaurante yo la apreciaba como amiga y salíamos, tú también venías con nosotros, entonces nosotros empezamos a pelear más, por celos o por cualquier cosa y eso me tenía demasiado tenso y de mal humor, ya no quería llegar a la casa porque no quería terminar peleando por cualquier cosa. Te descuidé, te dejé de enamorar día con día, dejé de decirte lo mucho que te amo, descuidé la relación, dejamos de comunicarnos, lo acepto y me arrepiento como nunca. Tú comenzaste a desconfiar de mí y eso me dolía, entonces Angela era como mi paño de lágrimas y me apoyaba, lo que yo no me daba cuenta es que era parte de su juego para hacerme caer, se hacía la que me comprendía y me entendía, entonces comenzó a recordarme los tiempos cuando éramos novios y decía que ella siempre confiaría en mí ciegamente, en pocas palabras comenzó a seducirme, sé que no toda la culpa es de ella, yo también tuve gran parte de culpa. Cuando llegaba a la casa siempre peleábamos y cuando estaba con ella me relajaba, me tranquilizaba, quiero que te quede claro que nunca estuve con ella, cuando te dije que estaba saliendo con alguien, era ella, pero jamás pasó nada. Una semana antes de que te dijera que quería un tiempo, estábamos platicando, entonces ella me dijo que todavía me amaba, que te dejara, que comenzáramos ella y yo como hace tantos años y me besó, cuando nos separamos yo estaba muy confundido y cuando llegué contigo y volvimos a pelear me comencé a preguntar si nosotros de verdad éramos el uno para el otro, comencé a dudar de nuestro amor, cosa de lo que me sigo arrepintiendo. Después de que hablé contigo y me fui al hotel, me di cuenta del error que cometí, quise volver a suplicarte que me perdonaras, pero sabía que te había hecho daño y quise darte un tiempo, en ese tiempo era como un zombi. Después, Angela me buscó y me trató de consolar, yo le dije que lo mejor era que no nos siguiéramos viendo, pero ella me dijo que había ido al doctor y que le dijo que se estaba muriendo, que tenía leucemia y que se habían dado cuenta demasiado tarde, que le quedaba poco tiempo de vida, y me rogó que la hiciera feliz el tiempo que le quedaba, que iniciáramos una relación y yo como estúpido le creí y acepté. Por eso la última vez que hablamos, te dije todo eso, que no podía terminar con ella porque creía que de verdad iba a morir. Cuando tú me dijiste que preferías decirle a mi hijo que yo estaba muerto, me dolió muchísimo, pero sabía que tenías razón. Una semana después decidí terminar con Angela y le dije que no podía estar con ella porque no la amaba, se puso como histérica, me golpeó y me dijo hasta de lo que me iba a morir. Trató de hacerme sentir mal, pero yo ya no podía sentirme más mal de lo que ya lo hacía al no tenerte, ahí decidí irme a casa de mis padres, lo único que hacía que me levantara cada día, era la esperanza de encontrarlos y recuperarlos.
— ¿Por qué dijiste que otra vez como estúpido le volviste a creer que estaba enferma?
—Porque todo era mentira, a los 3 meses de haberme ido con mis padres me llamaron al celular para informarme que Angela había tenido un accidente automovilístico, fui a verla, le pregunté al doctor que cómo estaba, él me dijo que estaba grave. Le pregunté que si su enfermedad empeoraba su estado y él me miró extrañado, le expliqué lo que ella me dijo, que tenía leucemia. Y el doctor me aclaró que ella estaba sana en ese aspecto, lo único por lo que estaba grave y casi muriéndose, era por el accidente. Después de unos días despertó solo para pedirme perdón por haberme mentido y habernos separado, dijo que esperaba que tanto tú como yo pudiéramos perdonarla y que esperaba que pudiéramos seguir juntos, después de ahí me fui, no pude quedarme, por su culpa te había perdido, luego de eso me llamaron para decirme que había fallecido, ni siquiera fui a su entierro no podía.
No lo podía creer Angela estaba muerta, a pesar de todo lo que nos hizo no le deseaba mal, pero no puedo creer cómo pudo mentir con algo tan serio como una enfermedad para tener a un hombre que no la amaba.
—Pues a pesar de todo no le guardo rencor, espero que ella se haya podido perdonar a sí misma, tú tampoco deberías de guardarle rencor, todo lo que pasó queda en el pasado y ahí lo debemos dejar para poder seguir adelante y ser felices.
—Sí, creo que tienes razón y tengo que decirte que eres maravillosa, a pesar de todo, sigues teniendo esa alma tan pura, tan buena. Te amo, Bella, por favor regresa conmigo, hagamos el intento de recuperarnos, sé que todavía me amas, sé que aunque estés con ese tipo me sigues amando a mí.
—Te amo también, te amo y sí quiero intentarlo, quiero estar contigo, creo que nunca hubo opción de olvidarte ni de dejar de amarte. Siempre seré tuya y siempre serás el amor de mi vida. —Lo besé, lo extrañaba tanto, cada noche había anhelado sus labios.
—Gracias, gracias, amor, te juro que no te vas a arrepentir. Te amo, te amo.
En eso escuchamos el llanto de nuestro bebé, cuando fuimos a verlo Ed lo cargó y al momento que lo cargó dejó de llorar, al parecer se estaba haciendo un poco mañoso cada vez que lo dejaba en la cuna lloraba porque quería que lo cargáramos. Edward le dio un beso en la frente y después se acercó a mí y me dio uno en la boca.
—Los amo a los dos, son mi luz, mi aire para respirar, sin ustedes yo ya no soy nada. —Y volvió a besarme.
6 AÑOS DESPUES…
Hoy era un día muy ajetreado y ya estaba cansada, aparte con esta panza que ando cargando, sí estaba embarazada de nuevo, tenía 5 meses de embarazo y ya sabíamos que iba a ser otra nena, 3 años después de tener a Anthony, me alivié de una hermosa princesa Renesmee Carlie, era otra pequeña copia de su papi, y digo otra porque no me equivoqué. Anthony era igualito a su papá, tanto físicamente como en su personalidad, hace unos días nos enteramos que este nuevo bebé iba a ser niña y ya teníamos el nombre. Ella se llamaría: Emma Elizabeth.
Yo no podía ser más feliz y creo que Edward tampoco, siempre teníamos una sonrisa en los labios y era el papá más consentidor del mundo. Las cosas entre nosotros iban de maravilla, claro que a veces teníamos peleas, pero siempre lo hablábamos cuando estábamos más tranquilos y lo solucionábamos, nunca discutíamos enfrente de los niños, después de haber regresado a Nueva York habíamos vendido el departamento y Edward nos compró una casa en donde sus hijos pudieran jugar a sus anchas sin estar preocupados por los vecinos. Sí habíamos tomado esas terapias, las cuales fueron de mucha ayuda, me costó un poco volver a confiar y recuperar la comunicación, pero después de ir un tiempo, el terapeuta nos dijo que estábamos listos para continuar nosotros solos y era perfecto. Mis padres y mis suegros también estaban muy felices de que hayamos arreglado las cosas y no cabían de la alegría con sus nietos, cuando regresé me puse al día con Tanya, le pedí disculpas por haberme ido como lo hice sin despedirme, pero ella dijo que me entendía y que no importaba, que sabía que tarde o temprano íbamos a volver Edward y yo porque nuestros destinos ya estaban escritos. Cuando decidí regresar a Nueva York, me dolió despedirme de mis amigos porque habían sido mi apoyo y les había tomado mucho aprecio a todos, prometieron visitarme muy seguido porque querían estar en la vida de sus sobrinos, también nosotros a veces íbamos a visitarlos a ellos. Al principio a Edward no le parecía que me llevara con Tom, pero le aclaré que solo éramos amigos y aunque alguna vez él quiso algo más, yo simplemente no pude verlo como algo más que mi amigo, gracias a Dios, al poco tiempo de haber regresado me enteré que había conocido a una chica que lo tenía completamente cautivado, cuando Edward se enteró que ya tenía novia se tranquilizó y ya aceptaba nuestra amistad, de hecho hace un año que se había casado y su mujer ya estaba a unos meses de aliviarse. Rose y Emmett también se habían casado y ellos tenían un niño de 4 años, que cuando nos veíamos se llevaba muy bien con Anthony, Alice y Jasper también se habían casado poco después que Rose y ellos tenían una nena de la edad de Renesmee, también se unió al grupo Tanya, que se llevaba muy bien con todos, pero sobre todo con Alice, me encantaba cuando nos visitaban porque éramos como una gran familia.
Y hoy era uno de esos días donde todos estábamos reunidos, porque estábamos festejando los 6 años de mi Anthony, estaba parada en la puerta del salón viendo a todos como platicaban y se carcajeaban, otros más tranquilos hablando, pero todos felices. De pronto sentí como me abrazaban por detrás, sabía que era mi Edward, le encantaba abrazarme así y poder dejar sus manos sobre mi vientre, me dio un beso en el cuello.
—En qué mundo andas, hermosa.
—En ninguno, solo estaba observando a todos, me gusta que todos estemos así de felices, ¿ya viste a tus hijos tan divertidos y contentos?
—Sí, no podría ser de otra forma. Sí, tienen una familia que los adora y sobre todo tienen una mamá hermosísima que los ama con locura. —Nuestros hijos voltearon a vernos y corrieron hacia nosotros, cuando llegaron nos abrazaron y nosotros a ellos—. Y también tienen un papá que los ama con locura. A los cuatro los amo —dijo Edward y nuestros hijos sonrieron
—Nosotros también los amamos, papás —nos dijeron nuestros pequeños.
Yo sonreí porque no podía ser más feliz, ahora estando así con mi familia me hacía la mujer más dichosa del mundo, no importa el pasado, no me importaría volver a pasar por todo lo que pasamos si el resultado iba a ser este.
Tal vez en esa separación de hace años, no supimos dónde nos perdimos, pero sí sabíamos dónde nos habíamos reencontrado, y ahora sabíamos que para no volvernos a perder como aquella vez, era necesario el amor, la confianza y la comunicación, y ahora teníamos todo eso. Hoy en día, todos los días ambos nos decíamos lo mucho que nos amábamos y seguíamos alimentando nuestro amor.
FIN.
