-Toadette, sabes que puedes caminar tu sola, ¿verdad?- Murmuró el fontanero, quien llevaba a Toadette en la espalda.
-Solo siga adelante, señor Luigi- Dijo la pequeña, ignorando completamente al bigotudo.
-Ya me cansé... ¿Cuánto falta?- Preguntó Luigi mientras bajaba a Toadette de su espalda.
-¡Sólo Sigame!- Ordenó Toadette mientras se ganaba delante de su compañero.
-¿Sabes donde queda el castillo?
-No, pero mis instintos dicen que es por aquí- Apuntó con su dedo un camino.
Cuando ya habían caminado un montón, vieron de lejos una torre sombría. La pelirosa trenzada tomó la mano del fontanero.
-Mejor vayámonos- Susurró con una voz temblorosa. Luigi igual sentía miedo... pero después de todo el esfuerzo, no podía quedarse quieto. Cargó nuevamente a Toadette en su espalda.
-Ya es tarde para volver atrás- sonrió.
-Es que...-No se la ocuría nada con qué excusarse-¡Ya sé! Acompáñeme de vuelta al reino y vuelva aquí nuevamente, ¡Así continuará su viajecito usted solito!
Se quedaron unos minutos callados, la niña se dio cuenta de que eso era un: No.
-¿Se imagina como sería la princesa, señor Luigi?- susurró Toadette en su oído.-Yo creo que es rubia, como la princesa Peach.
Ambos no tenían ni la menor idea de como era Daisy ni física ni psicológicamente.
-Debe ser linda- contestó fríamente. ¿Qué como podría ser? Él no se había hecho una idea de como podría ser...
-Puede que sea tierna y adorable, como la princesa- agregó la pequeña.
Luigi quedó callado. Y así de callado siguió el ambiente hasta llegar al frente de un gran portón. Estaba un roto.
-¿Y si regresamos?- Sugirió nuevamente Toadette.
-Nop, te jodes.
Luigi bajó a Toadette de su espalda y pasó por un agujero que había entre unos fierros rotos del portón.-¿Vienes?
Ella no quería ir, pero tampoco se atrevía volver al Reino sola. Pasó por el agujero con dignidad.
Luigi adelantó el paso, seguido por la pequeña. Con entusiasmo y un tanto de nervios, Luigi abrió de tirón la gran puerta. Se oyó el horrible chillido de la puerta. Dentro estaba todo oscuro...
-¿H-Hola?
Lo único que se oía era el eco. Luigi fue avanzando poco a poco, sumergiéndose en la oscuridad. Toadette le agarraba su mano, un poco asustada.
-Jum, que extraño...
Era un momento de tensión. Había mucho silencio, lo único que se escuchaba eran los pasos de ambos.
Han de imaginar el momento en donde Toadette sintió algo detrás suyo.
-K-ky...
Luigi la miró confundido. La pelirosa se dio vuelta para mirar a un pequeño fantasma detrás de ella. Abrió sus ojos tanto como si fueran a salir de sus huecos... Apenas se pudo mover, pobre.
-¿Pasa algo?
-K-Ky...- Repitió.
-¿Ky...?
-¡K-KYAAAAAA!
Bueno, un largo camino les esperaba a aquellos dos... pero... ¿Qué con la princesa?
...
Acodada en una mesa completamente rayada con pequeños dibujos. Mirando el suelo con una mirada fría. Sola.
-Toc Toc-Dijo entusiasmado una voz.-¿Cómo está la princesa de mami?- Se oyó una pregunta a través de la puerta.
La chica lanzó un lápiz a la puerta con fuerza.-Muérete- respondió secamente.
-Tranquila, pequeña... pronto todo estará bien- Dijo dicha voz.
Esa voz... era la única voz que la princesa podía oír en todo el día. Ya era el colmo estar oculta en una habitación oscura, donde lo único que radiaba luz era una pequeña ventana. Ya era el colmo oír esa voz burlándose y repitiendo frases tan hipócritas.
Se oyó un silencio profundo. Ella supuso que aquella voz ya se había ido. Caminó hacía la puerta y agarró el lápiz. Y olvidando lo que sucedió, empezó a Dibujar en la puerta.
Jo po Deoz, Mijita! jo po Deoz! o.ó
Ahora sí que si, la historia recién comienza, Dohoho~
Pobrecita Toadette... No merecía ese susto xD
En resumen... Las papitas Fritas son nutritivas y los diccionarios son comida de Unicornio, queridos niños(?).
Hasta Luego~
