"Me Basta."
Por B.B. Asmodeus.
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Parejas: Kou Seiya/Usagi Tsukino; menciones de Usagi Tsukino/Mamoru Chiba. Insinuaciones de Sailor Star Fighter/Kakyuu.
Rating: Adult. R. Ligero Lemon.
Línea del tiempo: Realidad/Versión alterna de los hechos, a partir de la segunda mitad de Sailor Moon: Sailor Stars.
Sinopsis: AU de Sailor Moon, Sailor Stars: Usagi comienza a enamorarse de Seiya con las mismas fuerzas con las que extraña a Mamo-chan. Ésta es la historia de cómo aprende a tomar sus propias decisiones, a cometer sus propios errores y, sobre todo, a distinguir entre todos los diferentes tipos de amor que pueden existir.
Esta es la historia de como le dice "No" al Destino.
Nota: Versión actualizada 2019. Este capitulo ha sido editado, y se han agregado escenas nuevas.
Cronología:
Parte i. Me Basta. (Estás aquí)
Parte ii. Sin Mitologías.
Parte iii. Atravesé Fantasmas Para Llegar Aquí.
Me Basta Extras.
Parte iv. Todos Quieren (Gobernar el Mundo). (Fic aparte)
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Unas cuantas palabras antes de empezar...
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a) Una de mis principales intenciones fue escribir a una Usagi "enamorándose de Seiya" de la manera más fiel al personaje, de la manera más realista. Quise tomar en cuenta los sentimientos de todos los personajes, y no hacer de Mamoru el obvio villano. Porque no lo es, para nada. (Tengo planes para él, a decir verdad. Grandes planes).
b) Siempre tendré un cariño especial por este anime, por ser el primer fandom que me incitó a escribir fanfiction. La pareja Seiya/Usagi fue la primera pareja que en verdad me capturó, que me hizo llorar, reír y enojar (en aquellos tiempos cuando tenía tan sólo once añitos), y a pesar de que he escrito varias otras historias sobre el dúo, nunca me había sentido 100% satisfecha. Hasta ahora. Por fin siento que estoy dando lo mejor de mi.
Este es mi tributo y estoy endemoniadamente orgullosa de él.
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i.
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"Me basta saber
que sólo tú puedes llenar toda mi vida,
con una palabra nada más,
con una caricia nada más."
-Alek Syntek.
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Romper con el destino cambió todas las reglas.
Líneas del tiempo fueron modificadas, torcidas irreparablemente, y las que no corrieron con tanta suerte, desaparecieron para no dejar rastro.
Vidas fueron borradas.
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Usagi sospechaba que estaba cruzando unas peligrosas líneas entre amistad… y algo más.
Pero, aún con Haruka y Michiru oponiéndose a su deseo de ver a Seiya, Usagi no podía detenerse. ¿Qué había de malo en querer ver a su amigo? ¿Por qué lo odiaban tanto? Ser un "invasor" no podía usarse como excusa.
Seiya había arriesgado su vida por ella, ¿por qué no podían mostrar una pizca de gratitud?
Esta impotencia estaba volviéndola loca. Se suponía que Usagi era la líder, la voz de autoridad por ser Princesa de las Senshis. Sin embargo, la manera rotunda con la que sus amigas la bloqueaban de cualquier decisión perteneciente al asunto de las Star Lights, estaba rompiendo su corazón.
Así que, Usagi fue a buscar a Seiya, a escuchar su canción. Y aunque en su momento, lo desconocía, fue a aprender sobre los orígenes de su vida.
No fue decepcionada. Seiya le entregó todo de sí. Desnudó su alma solamente para ella con su hermosa voz; la envolvió en un cálido capullo, tejido de su profundo anhelo de encontrar a su Princesa.
Cuando Seiya se colapsó frente al estadio repleto de personas, Usagi sintió la caída como si hubiera sido suya. Una nueva porción de su alma ardió con una diferente clase de flama, una distinta clase urgencia por auxiliar.
Durante el transcurso de la góndola de regreso a tierra firma, una secuencia de sentimientos acompañó a Usagi. Sentimientos confusos en su potencia y en naturaleza一Usagi apenas pudo controlar sus ansias de encontrar a Seiya.
Tumbaría a Taiki y a Yaten de su camino, si fuera necesario.
Quería tocarlo desesperadamente. Protegerlo. Quería tenerlo entre sus brazos para enseñarle que no estaba solo.
Quería compartirle la maravillosa sensación de paz, que solamente podías obtener de un ser querido. Quería compartirle lo que Mamo-chan, en muchas ocasiones, le había entregado con su mera presencia junto a ella…
Fue entonces, cuando Usagi se percató de sus deseos momentos después, que las implicaciones de lo que estaba pensando y sintiendo, la estaban metiendo en graves problemas.
Usagi no dejó de correr, sin embargo. No pausó.
Corrió en la dirección de la explanada que la separaba del estadio del concierto.
Poco esperó que Seiya se le adelantara, saliendo de los árboles de las zonas verdes a pasos tambaleantes. Usagi frenó en seco, al tenerlo cara a cara.
"¡Seiya!"
Seiya tuvo la descaradez de sonreírle como si fuera un dia normal en la preparatoria. "Bom-Bombón." En cuanto el sobrenombre raspó su boca, sus rodillas lo traicionaron. Usagi concluyó la distancia restante, antes de que Seiya estrellara su cara en el pavimento.
"¿Te encuentras bien?" Usagi tartamudeó, por más tonta que la pregunta fuera. Seiya estaba temblando con la fragilidad de una hoja seca.
Acogerlo entre sus brazos fue diferente, y a la vez, no tanto.
Por primera vez, fue ella quien tomaba la iniciativa, halando a Seiya hacia su pecho, en parodia inversa a todas las pasadas ocasiones que Seiya se había aprovechado de la situación para tenerla cerca. Por otro lado, Usagi era una protectora innata. Abrazar a su amigo en circunstancias como éstas, era lo menos que podía hacer. Usagi no solía analizar lo que hacía, siempre actuaba en sus instintos.
"Tenía que verte, Bombón. Tenía que."
Usagi parpadeó para librarse de humedad de sobra. No quería llorar. Quería ser fuerte. "Yo también." Murmuró contra el material rojizo de la chaqueta del cantante. "Estaba tan preocupada, baka." Usagi continuó, comparando el aroma del cabello oscuro de Seiya con el aroma y textura de Mamoru. "No me asustes otra vez así, por favor."
Claro que no eran iguales. Ni el aroma, ni la textura; ni siquiera el tono de cabello, eran iguales.
¿Qué estaba sucediendo con ella? Algo en ella cambiaba. Temía averiguar de qué manera. Ciertamente, Seiya le había hecho algo, desde la primera vez que se habían encontrado. Con una arrogante sonrisa y un anticuado sobrenombre, el muchacho engreído se había forjado a regañadientes un lugar en la vida de Usagi. Y vaya que Seiya había luchado por ganarselo. Había pataleado hasta que Usagi cediera.
Ahora que la lucha acababa, sin embargo. Ahora que Usagi le daba acceso voluntariamente… Se sintió consumida. Porque Seiya era fuego vivo.
Como último recurso, Usagi quiso encontrar a Mamoru en Seiya. Quiso encontrar calma en el recuerdo de su amor legendario. Para su sorpresa, alguien que en el pasado, presente y futuro, había sido infalible, ahora también tambaleó.
Mamo-chan se había marchado a Estados Unidos sin pensarlo dos veces, ordenando con un beso y un anillo ser esperado. Seiya, en cambio, había puesto su vida en juego—no solo una ocasión, pero dos—sólo por desear ver a Usagi.
El contraste entre las prioridades de ambos hombres…. puso su mundo de cabeza.
"¿Qué hay de ti, Odango?" Con una frágil risa contra el cuello de Usagi, Seiya respondió. La jaló de regreso al precario presente. Escondió su rostro entre la curva de su hombro, como un niño asustado, y Usagi apretó su abrazo. "Me estás volviendo loco." Sus hombros temblaron. Antes de que Usagi lograra decirle algo en respuesta, Seiya liberó un pequeño gemido de dolor.
Usagi tragó saliva. "Tenemos que llevarte a un Hospital, Seiya." Cuando trató de arreglar las vendas de la cabeza de Seiya, las manos de Usagi comenzaron a temblar al ver la sangre. La cabeza de Seiya se movió para negar su cooperación, enterrándose más en el cuello de Usagi.
"No, no. Si Yaten y Taiki me encuentran—Están tan obstinados en que no vuelva a verte… que… que…"
Al instante, Usagi trató de tranquilizarlo, sobando su nuca suavemente, para no brindarle más dolor. "Shhh, está bien. No te alarmes." Nada estaba bien porque Seiya estaba sangrando, pero Usagi no tuvo idea de qué hacer. No estaba segura si sus amigas querrían ayudarlos, aunque debían de estar buscándola, justo en estos momentos, y Usagi estaba segura que Taiki y Yaten no tardarían en encontrarlos también.
Usagi pensó detenidamente.
"Cierra tus ojos, Seiya. Tengo una idea."
Eran escasas las ocasiones en las que Usagi manipulada el poder del Cristal de Plata para este fin, en primera porque drenaba mucha energía vital de Sailor Moon; en segunda porque ni Usagi, ni su alter-ego, estaban acostumbradas. Le faltaba práctica para controlar el Cristal Sagrado. Cuando había convertido a Luna en la Princesa Kaguya, había estado exhausta por un mes, y sólo había funcionado porque la Copa Lunar le había ayudado.
No obstante, justo como había sabido en tal ocasión que Luna valía las consecuencias, Usagi estaba segura que ayudar a Seiya nunca sería un error.
Ya fuera por el dolor o su cansancio, su amigo la obedeció con toda la confianza, acurrucándose contra ella, sus cálidas exhalaciones ayudándole a Usagi en concentrarse. Ella misma cerró sus ojos, respirando hondo, dejándose llevar por el abanico de sentimientos palpitando con vida bajo su pecho.
Solamente tuvo la intención de usar un poco… sólo un poquito de energía... Sólo lo suficiente para que Seiya… dejara de sangrar.
-Por favor, déjame ayudarlo.
Aún cuando no podía ver el proceso físicamente, Usagi sintió su cuerpo arder con el sacrificio que el Cristal de Plata le estaba ofreciendo. Energía pura. Poder. Nacido de cariño. De esperanza. Del lugar en el corazón de Usagi que Seiya había proclamado como suyo.
Usagi pensó en la peculiar manera que Seiya la ponía nerviosa cuando la miraba fijamente. Recordó la misteriosa intensidad coloreando sus iris cuando hablaba de estrellas y astros. Pensó en cómo la sensación de sus brazos protegiéndola en aquel club de baile, le había recordado a Mamo-chan; meditó en como Seiya la hacía reír, en cómo la hacía enojar, en como… en como…
…la hacía sonrojar.
La transferencia fue electrizante.
Desde las hebras de sus cabellos a las puntas de sus dedos, Usagi fue invadida por las partículas de energía del Cristal que se guardaba en su interior; la energía purificante se introdujo a Seiya rápidamente, estableciéndose sin obstáculo alguno, encontrando una inmediata bienvenida como dos viejos amigos.
"Eso dio cosquillas." Seiya murmuró minutos después, su voz adormilada.
Usagi solamente suspiró en respuesta, sus rodillas amenazando con convertirse en gelatina. Sin embargo, abrió sus párpados pesados, a pesar de todo, y acarició por última vez, el cabello de Seiya antes de alejarse de él.
"¿Te sientes mejor?" Sus narices apenas encontraban distancia entre las dos, los movimientos de ambos siendo lentos, titubeantes. Seiya parpadeó confundido, como si estuviera procesando la pregunta con dificultad, pero asintió finalmente.
"Mi cabeza ya no se siente como si estuviera a punto de explotar." Una débil sonrisa alzó las comisuras de sus labios, sus largas pestañas oscuras atrayendo la atención de Usagi, puesto que le recordaban a alas de mariposa en acción. "¿Qué fue lo que hiciste?"
"No te preocupes por eso, Seiya." Suavemente, Usagi verificó las vendas. Seiya se lo permitió sin queja alguna, aunque observándola con curiosidad. "Ya no estás sangrando." ¡Gracias a Kami-Sama! ¡Había funcionado! Usagi sonrió de oreja a oreja, el alivio tan fuerte, que sus ojos comenzaron a humedecerse de nuevo. "Tonto." Susurrando más para sí misma, Usagi se dejó caer sobre el hombro de Seiya, justo cuando sintió desvanecerse de cansancio. "No me asustes así, de nuevo."
Ligeramente, Usagi sintió una mano tocando su nuca, apretándose con yemas firmes sobre su sensible piel. "Odango-sama." Seiya la llamó conforme un pulgar danzó por la orilla de su mejilla, con timidez, y la sensación fue tan maravillosa para Usagi, que no pudo evitar presionar su rostro en contra de aquellos dígitos, aceptando - recibiendo hambrienta - lo que Seiya trataba de comunicarle. "Mírame, Odango, por favor." Seiya la jaló más insistentemente, su otra mano encontrando el mentón de Usagi, casi desesperado.
Cuando sus miradas se encontraron de nuevo, Usagi presenció toda su angustia interior reflejada en los ojos de Seiya. Toda la confusión y todo el miedo.
Sirenas se escucharon a lo lejos, avisándoles que su tiempo se estaba agotando. Aunque Usagi no quiso mencionarlo, sintió las presencias de tres de sus senshis acercarse con velocidad, sin duda, guiadas por el recién brote de vida del Cristal de Plata sobre el plano terrenal.
Seiya respiró profundo, luciendo rejuvenecido. "Solamente quiero hacer esto, antes de que sea demasiado tarde."
Usagi no entendió sus palabras, hasta que los labios de Seiya aterrizaron sobre los suyos.
Entonces, todo一absolutamente todo一tuvo sentido.
El encuentro fue breve, con los labios de Seiya apenas capturando el labio superior de Usagi, como si estuviera respetando que la boca de Usagi era terreno de alguien más. Así que, cuando comenzó a separar sus bocas diminutamente, Usagi sintió su inhalación de sorpresa, al ser unido a la boca de Usagi por segunda ocasión.
Si a Usagi le hubieran preguntado en aquel momento en qué estaba pensando, no habría sabido cómo responder. No estaba segura si, tan siquiera, estaba pensando. Lo único que sabía era que necesitaba… que ansiaba tanto…
Cuando Usagi mordió gentilmente el labio de Seiya, y un gruñido fue su respuesta, su mente se quedó en blanco. Cuando sus labios le brindaron asilo a los de Seiya con pasión, nada más tuvo importancia en ese momento.
Usagi apenas podía respirar, disfrutando de cada húmeda caricia contra su paladar; su corazón se sintió como si quisiera abrir camino por entre sus costillas, la fuerza con la que Seiya la estaba besando tan ajena a los besos considerados y tiernos de Mamo-chan.
Seiya tomaba sin preguntar, cuando Mamoru siempre había sido educado y caballeroso. Seiya liberó pequeños suspiros de placer para demostrarle que tanto estaba disfrutando de este momento—Mordió cuando Usagi mordió. No se detuvo, como Mamo-chan, para decirle que se tranquilizara—para intentar aplacarla con melosos besos.
"Tierra… ¡Tiembla!"
"¡Infierno Estelar… de Healer!"
Separándose de golpe, la atención de Usagi fue robada por la colisión de los poderes de sus respectivas amigas, con otra víctima de hurto de semilla estelar. Globos fueron lanzados como cohetes a pesar de haber sido afectado por los previos ataques. Usagi reaccionó rápido, levantándose para empujar a Seiya fuera del camino.
Ambos cayeron contra el suelo dolorosamente. Usagi luchó por incorporarse lo más rápido posible. Dejó a un desorientado Seiya sobre el concreto, sin despedirse, evitándolo hasta con la mirada.
Usagi se tornó en dirección de sus amigas.
Sailor Uranus tenía furia dibujada por todo su ser, desde sus ojos hasta los puños que sus manos creaban. Arrojó otro ataque contra la criatura en cuanto sus botas tocaron el piso, sin piedad alguna, como si estuviera desplazando su ira hacia otro blanco sin ninguna clase de remordimiento. Usagi hizo una mueca de disgusto, sintiendo asco.
Aunque más por sí misma, que por las crueles tácticas de Uranus.
Sailor Neptune saltó frente a ella, acompañada por Sailor Pluto, solamente otorgándole una mirada furtiva, antes de darle las espaldas. "¿Qué estás esperando?" Voz fría, casi indiferente. Como cuando se habían conocido.
Usagi tragó saliva, sintiendo su rostro arder con humillación. Con vergüenza, porque por supuesto que sus amigas—que las Sailors Star Lights—los habían visto.
No necesitó voltear a ver a Seiya para sentir las presencias de Healer y Maker flanqueando el cuerpo de su líder, advirtiéndole a Usagi que se mantuviera alejada. Amenazándola.
Sintiendo su corazón terminando de hacerse pedazos, Usagi cerró sus ojos y luchó por concentrarse en el conflicto del momento.
En su trabajo. En su deber.
En su llamado.
Después. Mucho después, cuando Sailor Moon sanara la semilla estelar dañada y las Star Lights se desvanecieran en la noche junto con Seiya, y aunque Haruka la llevara en su auto en completo silencio hostil, todavía un sabor a durazno perduró en los labios de Usagi.
Durazno, como el refresco favorito de Seiya. El único de sabor dulce que le agradaba. Cuando sus ojos se fijaron en su anillo en forma de corazón, Usagi no esperó hasta llegar a su casa para quitárselo. No pudo mirarlo.
Tal acción no pasó desapercibida.
Antes de bajar del auto de Haruka, sintió la mano de Setsuna, la única que la acompañó en el asiento trasero, tomar su hombro. "Siento mucho que nos percibas como duras y crueles por todo esto, Usagi-chan. Pero, lo que pasa, es que estamos muy preocupadas por ti. Debes comprendernos."
"¿Cómo ustedes me comprenden a mi?" Las palabras salieron antes de pensarlas, pero ¿desde cuando Usagi actuaba de otra manera? Siempre decía lo que sentía. "Sí, discúlpenme por haberlas decepcionado-"
"Usagi-chan."
"-Pero, me siento confundida, ¿está bien?"
Tan confundida, con Mamo-chan siguiendo sin responder a sus cartas, sin siquiera realizar una llamada telefónica para decirle que la extrañaba. También se sentía sola, pero esa parte la guardó para sí, puesto que Haruka y las demás pensarían que era una tonta por sentirse de esa manera. ¿Cómo podía sentirse sola, al estar rodeada de tantas personas que la apreciaban? Ni la misma Usagi se entendía. "No soy perfecta, sé que no siempre soy la líder que quisieran tener. En lugar de una chica llorona e ingenua como yo, sé que desean por alguien más madura, más inteligente-"
"No digas eso, Usagi-chan."
"¿Por qué no? ¡Es la verdad!" Sus palabras parecieron crear eco por toda la cuadra.
Usagi estaba haciendo todo lo posible para no soltarse en llanto, mordiendo sus labios, lo cual no sirvió de mucho, al sólo recordar los previos mordiscos de otra boca. -Shimatta. ¿Qué estoy haciendo?
No apartó su vista de la puerta de su hogar, todavía sentada pero con una pierna tocando el suelo de la calle. La mano de Setsuna no daba indicios de querer soltarla, y la mirada de Haruka estaba clavada en Usagi desde el espejo retrovisor. Usagi podía sentirla tan potente como un golpe.
El silencio fue roto después de un momento, en el que sólo se escucharon los grillos y sus respiraciones, por nada menos que Michiru. Quien Usagi menos esperaba.
"Usagi-chan, te valoramos tal como eres. Eres nuestra Princesa y eso nunca cambiará. Pero, esta guerra representa algo más grande que lo que Seiya y tú sienten uno por el otro. Puede que sí exista confianza entre ustedes dos, pero te puedo asegurar que Seiya no puede hablar por sus compañeros. Tú solamente representas una amenaza para ellos y su misión. Ellos mismos nos lo dijeron."
"Pero…" Usagi se detuvo por cuenta propia. Fue inevitable dejar de buscar otras excusas, al oír a Michiru, y finalmente comprender lo que intentaba decirle.
Por fin, Usagi podía comprender el odio de Yaten y Taiki hacia ella. Por fin. Gracias a Seiya, Usagi conocía su misión en el planeta Tierra, y todas las piezas se acomodaron en su mente silenciosamente. Antes, Usagi había podido preguntarse ¿porque nos odiamos cuando podemos ser amigas? ¿Por qué no aliarnos frente a un mismo enemigo en vez de estar en conflicto?
Antes.
Antes de que Seiya la besara. Antes de que Usagi aceptara el beso.
Ahora, la mera noción de una alianza atara a las Sailors Scouts y las Sailors Star Lights resultaba casi imposible, puesto que, ¿qué pasaría con sus lealtades? ¿Con la lealtad de Usagi hacia Mamo-chan? ¿Con la lealtad de Seiya hacia su princesa? ¿Qué pasaría con el Futuro de Tokio de Cristal? Usagi odiaba admitirlo, pero… Estar cerca de Seiya la estaba afectando. No podía pensar claro. Ahora mucho menos, cuando sus ojos se encontraran y Usagi recordara ese sabor tan especial a durazno.
Sin decir más, Usagi asintió su cabeza hacia las chicas, el peso del mundo sobre sus hombros. El peso del futuro. Setsuna la dejó ir y Usagi no demoró más tiempo para salir del automóvil, su estómago revuelto y tenso.
Solamente deseaba echarse sobre su cama y nunca más salir.
Para su sorpresa, cuando su mano tocó la manija para entrar a su casa, la voz de Haruka la congeló en el umbral. "Koneko."
Usagi se armó de valor y se tornó a verla. El característico tono verde de la mirada de Haruka la recibió con menos frialdad de la esperada, tranquilizando a Usagi un poco.
Haruka vaciló un poco, como si estuviera armándose de valor, una de sus manos sosteniendo con ímpetu la puerta de su auto. "No somos nadie para decirte cómo debes manejar tu vida. Sé que hay mucho en juego, pero, lo que importa…" Otra pausa. Haruka bajó sus ojos hacia un costado. Usagi la observó, hipnotizada. "Lo que importa es que tú seas feliz. Koneko-chan." Sus miradas se volvieron a unir. "Haz lo que te haga feliz."
Usagi parpadeó, sus ojos aumentando de tamaño por la impresión. No pudo creer lo que escuchó. "Haruka."
"Sin embargo, prométeme que serás cuidadosa. Por favor. Prométemelo." ¿Cómo podía Usagi negarse, cuando había tanta preocupación en el rostro de su guardiana?
"Claro, Haruka-chan." Con una lágrima escapándose, Usagi hizo su promesa solemnemente, apresurándose a limpiarla.
Esa noche, Usagi no concilió el sueño hasta muy entradas las horas de la madrugada, y si sus llantos a veces codiciaban escalar a gritos de desesperación, nadie importante lo notó. Con Luna durmiendo con Ami y Chibi-Chibi soñando en su cama, Usagi no se frenó a sí misma al hospedarse en el ático, desahogando toda su conmoción interna en las sábanas que Chibi-Usa había usado, meses atrás.
¿Qué era lo que iba a hacer?
Más importante aún: ¿Que deseaba Usagi hacer?
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Transcurrió un mes para que Usagi considerara una respuesta. Entre la tranquilidad de pasear por las calles de la ciudad con Chibi-Chibi y Luna, a veces visitando a sus amigas cuando tenían el tiempo necesario, Usagi logró alcanzar un balance de sus emociones. Lentamente. No había vuelto a ver a Seiya en persona, pero había sabido por parte de Ami que habían aceptado una tregua con Taiki y Yaten, el día que habían entrado a una competencia de videojuegos. Una tregua delicada y temporal.
Usagi, además, mandó tres cartas más a Estados Unidos. Hasta el momento, sin recibir ninguna respuesta.
Por las noches, escuchaba la voz de Seiya por el reproductor de CD, y cada vez sentía menos culpa al quedarse arrullada con Search for your love, en sus oídos. Chibi-Chibi muy pronto se volvió tan fan como ella, y escuchar una canción de Three Lights se convirtió en todo un rito antes de irse a dormir.
Y de repente, en una de esas noches, el mismo Seiya se apareció bajo su balcón.
Usagi tenía que admitir lo valiente que Seiya era, jugando con fuego.
De inmediato, Usagi siguió sus instintos, anhelando tener a Seiya lo suficientemente cerca para… Bueno, Usagi, no estaba segura todavía. "¡Aguarda un momento, enseguida bajo!"
"No te molestes." A pesar de la noche, Seiya vestía sus lentes oscuros, escondiendo gran parte de su rostro. Sin embargo, la sonrisa que acompañó su siguiente confesión, fue directo al corazón de Usagi. "Me conformo con ver tu hermoso rostro."
Fuego se encendió en sus mejillas.
Usagi trató de bromear sobre como chicos atrevidos no debían andar acosando a lindas jovencitas por las noches. Seiya se quitó sus lentes y le regaló una suave risa, sus miradas conectándose, por lo que se sintió una eternidad.
Usagi leyó en esos cobaltos todo lo que Seiya trató de informarle en pleno silencio, su mirada tan intensa dejándola sin aliento. Fue una repetición de la conexión entre ambos durante el previo concierto, cuando Usagi había sentido la mirada de Seiya por la pantalla.
En esta ocasión, la conexión fue diferente, de alguna manera. Se sentía diferente.
No había mentiras entre ellos, no había enredos, ni malentendidos. Solamente la verdad. Usagi sabía todo de Seiya. Se le había dado todo en bandeja de plata.
La pregunta era: ¿qué quería Usagi hacer con el tesoro que se le había entregado?
Usagi terminó invitando a Seiya al Festival del próximo domingo.
"Por supuesto que iré." Seiya le sonrió gentilmente justo antes de irse, absorbiendo la silueta de Usagi con ojos penetrantes, alimentando el sonrojo en las mejillas de Usagi.
Entonces, el eterno coqueto viviendo en Seiya salió a la superficie. "Quiero saber si se siente mejor besarte a la luz del día." Con un guiño sensual, el joven se fue.
Usagi estaba muy ocupada recuperando su aliento como para despedirse propiamente. Tosió inútilmente para deshacerse del nudo en su garganta pero…
"Usaaaaagi-chaaaaan." Una voz muy conocida apareció detrás de ella y Chibi-Chibi, haciéndola brincar casi fuera del balcón. Usagi miró la cara incrédula de Luna, y aunque intentó en inventar algo que decir, Usagi sabía que era pésima para mentir. "¿A qué se refirió Seiya con eso?"
Era demasiado tarde. Para mañana sería asesinada por Minako y Rei.
Usagi rió nerviosamente, escondiendo su rostro detrás de una dormida Chibi-Chibi. "Pues, verás. Ya conoces a Seiya como es de bocón…"
La incredulidad en el rostro de la gatita se transformó a una expresión tan libidinosa como la de Minako en sus peores días. "Usagi. ¡Dijo que quería si seria mejor besarte a la luz del día! ¿A diferencia de cuándo? No me digas que Seiya y tú por fin—"
"¡Luna, no sé que estás pensando pero, te recomiendo sacar tu mente de las alcantarillas—¿Eh?" Entonces, Usagi se reincorporó, aunque todavía roja como una manzana. "¿A qué te refieres con ese 'por fin'?"
Triunfo brilló en los ojos gatunos y astutos de su consejera. "¡Lo sabía! ¡Tu cara lo dice todo, Usagi-chan!"
Usagi corrió a esconderse a su habitación, no aguantando más. "¡Fue solamente uno! ¡Lo juro! ¡Y tú me diste permiso!"
"¡Kami-sama, Usagi-chan! Te di permiso para ir verlo, no para besarlo!"
"¡Por favor, no le digas a las chicas!"
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Por supuesto que las chicas estaban bien enteradas para el siguiente día. Minako la sentó en cuanto llegó, y en vez de permitirle a Usagi irse a cambiar a su uniforme para la cafetería, la Diosa del Amor se dedicó a interrogarla sobre Cómo, Cuándo, Dónde, Por qué, A qué sabor los besos de Seiya sabían, cuánto había durado, ¿había sido romántico o apasionado? ¿Rápido e insípido?
Usagi tenía su rostro escondido entre sus manos, sintiéndose a punto de explotar. "Mina, ¡por favor, detente, no puedo responderte a todo eso! ¡Es personal!"
Makoto se sentó a su lado. "Está bien, Usagi-chan, solamente respondenos una duda."
Por un momento, la chica fue la encarnación de la seriedad, tomando el mentón de Usagi firmemente, mientras Ami-chan se escondía bajo su mantel, más ruborizada que la misma Usagi. La única que se mantenía callada fue Rei, a quien Usagi tenía miedo de cruzar miradas. Leería la pregunta en su amiga, que todas estaban evitando: ¿Que hay de Mamoru?
"Dinos, ¿habrá MÁS?" La voz de Makoto fue tan elevada que varias cabezas en el salón de clases giraron hacia ellas.
Antes que Usagi tuviera las agallas de responder (estaba muy ocupada deseando que el suelo se la tragara viva), el otro responsable de esta tortura, decidió agregar su opinión.
"Eso definitivamente espero." Todas, en perfecta sincronía, voltearon hacia la puerta que Seiya Kou abría ágilmente, vestido con su uniforme escolar y sus lentes favoritos. Luciendo tan apuesto, y arrogante, como siempre. "O sino, Odango me ha traído aquí con falsas promesas."
Usagi quería matarlo.
El efecto fue instantáneo, Makoto y Minako abandonaron a Usagi para arrojarse sobre Seiya, no descansando hasta tenerlo sentado en uno de los comedores. Lo comenzaron a bombardear con las mismas preguntas, una y otra vez, y Usagi aprovechó la oportunidad para hacer su escape, apenas escuchando la voz de Seiya inspirarse en sus relatos fantasiosos.
"¡Claro que fue apasionante! ¡Fue perfecto! La luna brillaba sobre nosotros—"
Usagi no se quedó para escuchar lo demás. Se refugió en el cuarto de aseo que habían modificado para servir de vestidor por este día, agradeciendo que la fila era corta. Había podido asistir ya vestida, cierto, pero Usagi había tenido miedo de maltratar el trabajo duro de Makoto con su torpeza. En el camino de su casa a la preparatoria podían suceder muchas cosas, Usagi lo sabía muy bien. Cuando su turno llegó, Usagi cerró la puerta sin pasador, sintiéndose segura con tan sólo colocar el letrero de ocupado.
Unos minutos después, al subir el zipper de su vestido con aire pensativo, Usagi regresó el tiempo en su mente, sintiendo inesperadas las reacciones de sus amigas con respecto a su relación (¿todavía amistad?) con Seiya. Aunque Usagi no había estado nada preparada para enfrentarlas, éste no había sido el escenario que había anticipado.
Honestamente, Usagi había esperado decepción. Enojo, preocupación. Traición. Frialdad como la de Sailor Uranus y Neptune. A comparación de eso, Makoto y Minako lucían emocionadas. Y muy interesadas.
Bueno, con la excepción de Rei.
Usagi tembló con escalofríos. Rei.
Rei estaba llena de angustia. Su aura vibrando con consternación lo decía todo. Usagi estaba tan preocupada por lo que Rei le diría en cuanto estuvieran solas. Porque Rei la conocía casi tan bien como Luna… y con una sola mirada, Rei se daría cuenta del tornado de sentimientos que Usagi estaba tratando de esconder. Sentimientos que… ya no eran exclusivos de Mamo-chan.
Justo cuando deslizaba su última zapatilla, luz del exterior iluminó repentinamente el pequeño cuarto, seguido de un suave click que significó el cerrar de la puerta. Antes de que Usagi expresara su sorpresa (y coraje por ser invadida tan desconsideradamente), la presión de dos manos sobre su cintura la pasmaron junto donde permanecía de pie.
"¡Oi! ¿Quién te crees que eres para-?" Sin embargo, antes de sacar su báculo cósmico para defender su honra a embestidas bien merecidas, la tenue luz de la lámpara de papel sobre su cabeza, le obligó a los ojos de Usagi a reconocer el resplandor de dos pequeñas estrellas doradas rodeándola, adornando dos muñecas opuestas muy conocidas. "¡Seiya-Baka! ¿Qué no sabes leer? ¡Dice que está ocupado!"
Un soplido de risa coqueta fue su respuesta. "Lo siento, Odango, ¿acaso te asuste? ¡Uff!" El codo de Usagi dio justo en el blanco, y una sonrisa maliciosa se formó en la boca de Usagi ante su victoria. "¡Auch! Oye, merecido lo tienes, Odango-sama, por haberme dejado solo. Tus amigas casi me comen vivo."
"¡Ese no es pretexto para entrar sin permiso al vestidor, Seiya! Pude haber estado—" Casi desnuda, pero Usagi se mordió su lengua, sus mejillas hirviendo por culpa de Seiya, por milésima ocasión. ¡Este baka de primera clase no tenía remedio! "Sal de aquí, de inmediato, ¡antes que alguien se dé cuenta!"
"Vamos, no es como si fuera a ver algo que ya no conozca bien. ¿Soy mujer también, lo recuerdas?" Seiya le permitió a Usagi girarse hasta terminar cara a cara, y cuál fue la linda sorpresa, de ver color carmín también en aquel rostro varonil, sus lentes desaparecidos. Una sonrisa confiada se dibujaba en sus labios, pero Usagi podía reconocer que era un acto. En especial, después de verlo en un estado tan vulnerable como el de la última vez. "Además, tu amiga Rei luce como si no quisiera nada más que darme un buen derechazo." Frunciendo su ceño ligeramente, Seiya acentúo sus palabras con un ligero puchero.
El puchero la desbarató. "¿Le tienes miedo a Rei?" Usagi liberó una pícara risa, cubriendo su boca con sus manos, olvidándose temporalmente del dilema en el que se encontraban, refugiándose en la presencia de su amigo, en vez de correr en la dirección contraria. "Aw, pobre Seiya, ¡le tiene miedo a una chica de primer año porque lo ve feo!"
Un dedo la picó en el estómago. "Hey, no te rías de mi dolor." Cuando las risas solamente incrementaron, Seiya la volvió a picotear, aunque después de unos instantes, ligeras risas terminaron uniéndose con las de Usagi. "Hablo en serio, prefiero enfrentarme con Tenoh-san en uno de sus peores días, que estar en la misma habitación con esa chica."
Aún cuando no fue la intención de Seiya, la mención de Haruka retumbó en Usagi como un balde de agua fría, sus palabras evocando el recuerdo de su consejo. Las risas se detuvieron en seco, la mirada de Usagi posándose sobre la estrella que adornaba el cuello de Seiya.
Lo que importa es que tú seas feliz, Koneko.
¿Podría ser tan fácil?
"Oye, ¿qué pasó? ¿Por qué tan seria?" La cálida mano del hombre frente a ella se apoderó del mentón de Usagi. Solamente acariciando, no demandando su atención. "¿Bombón? ¿Qué fue lo que dije?"
Usagi respiró hondo. Habían pocos centímetros que los separaban, sus posiciones provocando un poderoso déjá vu a aquel día que habían salido juntos. Cuando Usagi había pensado que Seiya la besaría a la fuerza. "Nada. No te preocupes." Cediendo a sus impulsos, Usagi estiró un brazo para colocar su mano sobre el pecho de su amigo, sonriendo cuando sintió un poderoso corazón acelerar el ritmo bajo sus dedos. Se preguntó cómo se sentiría caer dormida escuchando ese bump-bump contra su mejilla. "Me alegra que hayas venido."
Los dedos de su mentón se movieron para acomodar un hilo de sus cabellos detrás de su oreja. "¿Eso quiere decir que me extrañaste?"
Usagi tragó saliva. Era ahora o nunca.
"No ha habido un momento en el que no haya estado pensando en ti, Seiya."
Extrañar a Seiya se había vuelto tan potente como extrañar al fantasma de Mamo-chan. Usagi ya no lo podía negar. Cuando escuchó la brusca inhalación de sorpresa de Seiya, Usagi tomó su decisión.
"Una vez me dijiste que te estaba volviendo loco, ¿cierto? Pues creo que eso es contagioso porque… Aunque sé que no debo hacerlo… Yo… " Su voz se quebró, terror estremeciéndola de cabeza a pies. La magnitud de lo que estaba haciendo la quiso paralizar. Hasta el Ginzuishou dentro de ella percibió el cambio, el cambio de rumbo en las riendas de algo todavía intangible como el Destino. Usagi titubeó. Cuando levantó su rostro, Seiya la miraba con ojos engrandecidos, tan asustados como ella. Tomando la mano del chico entre la suya, trató de tranquilizarlo, entrelazando sus dedos juntos. "Aunque sea muy corto el tiempo que pueda disfrutar contigo antes que encuentres a tu Princesa, no me importa. Solamente… Solamente quiero estar contigo, Seiya."
Bump-Bump. Bump-Bump. Bump-Bump.
Seiya la miraba como si estuviera indeciso entre llorar, o gritar de elación. Sus mejillas combinaban con las de Usagi, invadidas de calor. Muchas veces pareció que Seiya articularía una respuesta, su boca abriendose y cerrandose como pez fuera del agua, sin sonido alguno. Finalmente, Seiya se dejó de rodeos y jaló el cuerpo de Usagi contra el suyo, abrazándola con todas sus fuerzas. Usagi rodeó su cuello con sus temblorosos brazos, frotando su rostro contra el pecho de Seiya incontrolablemente, aguantando sus lágrimas de felicidad. La colonia de Seiya acarició su nariz, el aroma recordándole a las olas del mar.
"No tienes idea." Entre besos en su frente, el susurro se escapó del cantante, tan vulnerable como la última vez que Usagi lo había tenido en sus brazos. "Odango. No tienes idea de cuantas veces he soñado con este momento."
¡TOC!- ¡TOC!- ¡TOC!
"¿Hay alguien ahí?"
"¿Podrías darte prisa?"
Como parecía ser su destino—y vaya que Usagi comenzaba a fastidiarse con la palabra—ambos brincaron sobresaltados ante la interrupción. Avergonzada por no prestarle atención al tiempo, Usagi masajeó su cabeza nerviosamente, la intensidad del momento robándole el oxígeno. ¡Sentía como si hubiera brincado por las nubes! Como si pudiera volar libremente, sin ninguna atadura.
Recogió su uniforme escolar de la banca y se apresuró hacia la puerta, pero un suave "Espera" de parte de Seiya la hizo pausar.
"Te faltó el toque final." Con una sonrisa, que Usagi solamente podía describir como bella, Seiya se le acercó para acomodar el accesorio de cabello que completaba su vestuario. Colocando su mano sobre su mentón pensativamente, Seiya dio su veredicto, intercambiando miradas con el espejo. "Mmmm. ¿Cómo ves? No luces tan mal, después de todo, Odango-sama."
La reacción de Usagi fue instantánea, su lengua saliendo de su boca para mostrarle lo que pensaba de lo dicho. "¡Grosero!"
Salir del vestidor, con un coqueto Seiya detrás, fue una experiencia que Usagi deseaba jamás repetir. Bocas se abrieron hasta tocar el piso. Rostros sorprendidos y sonrojados de fans (y no tan fans) de los Three Lights la persiguieron hasta su salón, los murmullos y susurros sobre "¡Qué atrevida es esa chica Tsukino!" sintiéndose como estampidas de elefantes para sus oídos.
-Sugoi, ¿cómo termino siempre en estos aprietos?
Y lo peor fue como Seiya los enfrentó a todos con arrogantes guiños y despreocupados saludos, una de sus manos nunca soltando la de Usagi.
Justo cuando llegaban a la entrada, Minako abrió la puerta por ellos, mirándolos de pies a cabeza con ojos pícaros. "Muchachos, ¡vaya que ustedes no tienen remedio! Estamos en la escuela, ¿qué acaso no pueden controlarse?"
Usagi la empujó del umbral para abrirse camino, con poca delicadeza. "¡Mina-chan! ¡Ni una palabra más, por favor!"
Seiya se dejó caer sobre el comedor que ya había sido escogido para él, doblando sus brazos detrás de su cabeza. "¿Nos creerían si les dijéramos que no andábamos haciendo nada malo?"
Usagi fingió prestarle más atención de la necesaria al vuelo de su vestido, jalando la tela de su cintura ligeramente.
Minako se cruzó de brazos con una fuerte carcajada. "¡Ni siquiera lo intentes, Casanova! De casualidad te alcancé a ver acosando los vestidores a los que Usagi-chan se había dirigido. ¡Fuiste capturado in-fragantini, jovencito!" Hizo su famosa señal V con sus dedos para concluir.
Ami, sumándose a la conversación por primera vez, no gastó tiempo en reventar la burbuja de su amiga. "Creo que quieres decir In-fraganti, Mina-chan."
Una vena amenazó con salir de la frente de Minako en respuesta. "Bueno, lo importante fue que me entendieron, ¿cierto?"
Seiya rompió en divertidas risas poco después, incitando a Usagi y a Ami a hacerle coro, a pesar de sentir una leve culpa por traicionar la lealtad de su amiga.
Cuando Minako se unió a sus alegres risas, Usagi fue invadida por un poderoso anhelo de detener el tiempo. De detenerlo y guardarlo para siempre. Porque este momento se sentía tan perfecto, tan divino, tan lleno de esperanza, que Usagi debía tenerlo en un frasco. Así, cuando le preguntaran sobre por qué no dejaba de pelear como Sailor Moon, o por qué no se daba por vencida, Usagi lograra responder con este momento, con tan sólo mostrarlo.
Cuando Seiya estiró su mano a lo largo de la mesa para apretar la suya, el corazón de Usagi se desbordó con un enorme sentimiento de felicidad, tan brillante y revitalizador, que Usagi pudo haber jurado que estaba volviendo a la vida.
Minako y Ami siguieron la unión de sus manos detenidamente, pero ningún comentario se atrevió a surgir.
Usagi apretó sus dedos con los de Seiya, deseando, deseando tanto que… rogando por…
Entonces, Rei irrumpió en la cafetería con pánico en su rostro, y el peso de la realidad destruyó cualquier ilusión que Usagi había comenzando a tejer en su mente.
"¡Seiya, chicas! ¡Tienen que venir conmigo!"
[+][+][+]
Raras ocasiones, Seiya se había mostrado enojado en verdad. Fue una novedad para Usagi oirlo dirigirse hacia Yaten con comando absoluto para que éste dejara ir a Makoto. Yaten tumbó a su contrincante con facilidad, tumbando a su amiga al suelo como si no tuviera peso. Usagi se apresuró a ayudarla, sintiendo las miradas de desdén de los Kou sobre su persona.
"¿Otra vez andas con esta niña?" Taiki tenía puestos lentes de sol, haciendo su presencia aún más inalcanzable y fría. "¿Seiya, por qué?"
"¿Acaso está prohibido?" Seiya se acercó para ayudar en levantar a Makoto. Detrás de ellos, Chibi-Chibi le jaló a Seiya del pantalón para atraer su atención, increíblemente molesta para su corta edad. Fue obvia con sus intentos de acusar al resto de los Kou por su comportamiento tan hostil. Seiya gruñó. "Taiki, Yaten. Ya estamos bastante mayores para comportarnos como bravucones, ¿no creen?"
"Lo mismo decimos." Taiki dijo con veneno puro. "¿No crees que ya es suficiente de comportarte como un tonto con esta mujer?"
"¡Ella no tiene nada que ver!"
Pero Yaten ya tenía un dedo acusante dirigido contra Usagi. "Jovencita, ¿podrías de dejar de manipular a Seiya a tu antojo?"
"¿Qué dices?" Rei saltó a su protección. Usagi le tomó su mano para evitar que la riña empeorara.
Seiya compartió la idea. Se colocó en medio de los dos bandos. "Alto todos. Este no es el lugar para comenzar una pelea."
Usagi asintió. "¿Por qué tiene que pasar esto? Muchachos, ¿no se supone que deberíamos luchar juntos? Si hablamos, seguramente nos entenderemos."
Hubo un momento donde el silencio ayudó a que los temperamentos se tranquilizaran. Taiki mostró ser de temple diplomática.
"Está bien. Hagámoslo de nuevo." Ajustando sus anteojos, Taiki se dirigió a Seiya una vez más. "Seiya, queremos hablar contigo." Le indicó a Yaten comenzar la retirada del patio, y aunque Usagi trató de detenerlos, fue ignorada totalmente. "Lo siento. Pero este no es tu problema, chiquilla. Así que, déjanos en paz."
El suspiro de Seiya fue todo lo que Usagi necesitó para saber que el chico pensaba seguirlos. "Lo siento mucho, Bombón."
Usagi se encogió de hombros, un nudo en su garganta. Ambos se miraron fijamente, incómodos al no estar solos. Al final, algo en la expresión del ídolo se relajó. "No luzcas tan preocupada, te saldrán arrugas."
Dejar a Seiya ir para platicar con Yaten y Taiki no fue fácil a pesar de sus intentos de humor, pero Usagi no era egoísta. Le correspondió la sonrisa, cerrando un pacto personal entre los dos.
Chibi-Chibi fue la única que pudo proporcionarle alguna clase de consuelo con su cálida presencia, a pesar de estar rodeada de sus amigas. A su costado, Rei no despegaba sus ojos de su perfil, luciendo tan preocupada como Usagi se sentía.
Ver a Yaten y Taiki, experimentar su hostilidad a carne viva de nuevo, le había recordado a Usagi de lo complicada que su relación con Seiya se estaba volviendo. Y por si fuera poco, Mamoru había resurgido en su corazón con venganza, la confusión que rodeaba su ausencia doliendo más que nunca. Defendió a los chicos a pesar de las protestas de Makoto y las demás. Les recordó que ninguno de los Kou eran malas personas. Les recordó que todas ellas los habían considerado amigos no mucho tiempo atrás.
Luego, Sailor Crown apareció.
Desde ese punto, todo sucedió muy rápido. Crown les reveló que conocía sus identidades secretas y que quería la semilla estelar de Sailor Moon. En conjunto, todas activaron su henshin para hacerle frente a su enemiga.
Pero, una por una, las Inner Senshis fueron derrotadas por el látigo anormalmente poderosos de Crown. Las Sailor Star Light—Fighter—acudieron a su ayuda en algún punto de la contienda. Estuvo en las manos de Sailor Moon, sin embargo, el cómo detener este caos.
En cuestión de momentos, Sailor Moon se encontró a solas, acorralada entre las amenazas de Crown y la decisión difícil de sacrificarse para salvar a sus seres queridos de un hoyo negro.
"Está bien." Conforme las palabras salieron de su boca, Sailor Moon sabía que hacía lo correcto. Si esta era la única alternativa, no lo dudaría dos veces.
Sailor Star Fighter fue de las tantas en querer detenerla, pero Sailor Moon estaba preparada para sus súplicas. "No vengas." Conectando sus miradas por última vez, Sailor Moon quiso borrar la angustia de esos ojos tan hermosos (siempre tan, tan valientes); quiso prometerle a Seiya que todo estaría bien, pero…. "No quiero involucrar a más personas en esta pelea."
Lo próximo que Sailor Moon pudo reconocer fue dolor. Agonizante, electrizante y cruel dolor.
Después, todo se volvió negro.
[+][+][+]
Lo primero que Usagi pensó, al conocer a la Princesa Kakyuu, fue:
¿Cómo puedo competir con tan perfecta mujer?
La respuesta fue sencilla. Ni Sailor Moon, ni Usagi Tsukino, podían.
Esta magnífica mujer era la princesa que por tanto tiempo Seiya, Yaten y Taiki habían estado buscando, desesperadamente. Con una devoción sin igual. Esta mujer con cabellos color fuego y profundos ojos carmines, era la razón de su existencia. Nadie, jamás, sería tan importante para Fighter, Healer y Maker como la Princesa Kakyuu.
Usagi no encajaba con ellas. Seiya ya no encajaba con ella.
Ahora, Sailor Star Fighter le pertenecía a otra persona y Kou Seiya cesaría pronto de existir.
Por esa razón, cada vez que Fighter la buscó con la mirada durante el encuentro entre Kakyuu y las Inner Senshis, Usagi fue fuerte. Se concentró en el rostro solemne de Kakyuu, y respetó cada palabra que le regaló para ayudarla. Por más que lo deseara, Usagi evadió a los tercos ojos cobalto que la buscaban con recelo; aún cuando Healer y Maker hablaron de marcharse de vuelta a su planeta, Usagi no se permitió titubear o mostrar la agonía que la noción le brindaba.
Ver las espaldas de las Star Lights, junto con su princesa, alejándose a la distancia, fue como ver a Mamoru tomar aquel avión a Estados Unidos.
[+][+][+]
No quería llorar más. No quería sufrir más por Mamo-chan, pero al mismo tiempo, escuchar su voz por el teléfono era adictivo, lo más cercano que Usagi tenía de él en meses. Estaba tan cansada. Cansada de tener que ser fuerte frente a sus amigas, frente a Luna, y ahora frente a Seiya. Por primera vez en su vida deseaba poder hacer lo que le diera la gana, sin importar las consecuencias.
Ser libre, y dejarse de tantas preocupaciones.
Deseaba poder amar sin trabas, sin sentir culpa, sin frenos. Deseaba tener a Seiya, sin tener que pagar el precio de perder a Chibi-Usa.
Mamo-chan nunca la perdonaría si perdieran a Chibi-Usa.
Usagi suspiró exhausta, limpiando sus lágrimas con descuido. El retrato en su mano la hizo gemir con frustración, la felicidad plasmada en la fotografía sintiéndose como una bofetada. Sería fácil pedir que todo volviera a ser como antes, volver a ser ésa Usagi que sostenía el brazo de un sereno Mamo-chan, pero Usagi descubrió en ese momento que ya no quería vivir en el pasado. Le gustaba la persona que era hoy en la actualidad; se sentía orgullosa de la poca independencia que había obtenido, durante todo este tiempo, separada de Mamoru. Había conocido a Seiya, Taiki y Yaten, y ¿cómo podía Usagi arrepentirse de tal acontecimiento?
Lo que deseaba era respuestas. Quería que Mamo-chan le respondiera y le explicara, de una vez por todas, qué estaba sucediendo con ellos. Quería dejar de vivir en pausa por su culpa.
Usagi sonó su nariz fuertemente, abandonando el retrato en su escritorio. Mientras avanzó hacia el otro lado de su habitación en sus pijamas, el teléfono en su mano libre siguió imitando cruelmente la voz de su novio, burlándose. Se asomó lo más sigiloso posible entre las cortinas de su balcón y enojo la invadió, al reconocer el auto de Haruka haciendo guardia justo frente a su casa. Como perro sabueso.
Usagi dejó caer el teléfono al piso, desconectando la llamada por accidente. No podía creerlo, pero Usagi comenzó a sentir un impulso por rebelarse fuertemente contra sus amigas. Tan siquiera para mostrarles que Sailor Moon podía cuidarse sola.
"No soy una niña, ¿por qué les cuesta tanto creerlo? ¿Por qué no confían en mí y en mis decisiones?" La chica susurró contra el vidrio de su ventana.
El teléfono chilló, de repente.
Usagi parpadeó confundida unos segundos, mirando el objeto en el suelo como si no pudiera creer que estuviera sonando a estas horas de la noche. Por un excitado instante, el pecho de Usagi danzó con la esperanza de que se tratara de Mamo-chan y recogió el teléfono, ansiosa. Presionó el botón para aceptar la llamada, dudando solamente antes de acercar la bocina a su oído, incertidumbre haciendo nudos su estómago.
"...no sé qué estoy haciendo."
La frágil confesión llenó a Usagi de tristeza. "Seiya." Seiya. Oh, Kami-sama. Usagi apretó el teléfono lo más que se permitiera contra su cabeza.
"Odango." El joven parecía sentirse tan aliviado por ser recibido, como Usagi de escucharlo. "Lo siento, ¿te desperté?"
"No, Seiya. Todavía no puedo conciliar el sueño." -Dudo que lo consiga. "¿Cómo… cómo se encuentra tu Princesa?"
"Ella… ella está bien. Se quedó acompañada con Taiki y Yaten." Sonidos de la calle se filtraron a la bocina. Usagi mordió su labio inferior preocupada, adivinando que Seiya estaba llamando de un teléfono público y no de la comodidad de su hogar. Usagi sólo esperaba que el tonto llevara un paraguas consigo para que no se ganara un resfriado.
"Escucha, Odango. Sé que lo último que necesitas es escucharme—"
"¡No digas eso!" Ante su alto tono de voz, Chibi-Chibi gimió sobresaltada. Usagi se apresuró a convencerla de volver a dormir. "Quiero decir." Sonrojándose, Usagi mordió su labio. "¡Eres importante para mí, no importa lo que suceda! Eso nunca cambiará." A pesar de su decisión de dejarlo ir, Usagi no pudo esconder todo su cariño, toda su adoración por Seiya. Mucho menos después de escucharlo tan decaído. Usagi necesitaba mostrarle que no estaba solo. "Siempre estarás en mi corazón, Seiya. Sólo desearía—"
"—¿qué las circunstancias fueran diferentes?" Con ironía y sarcasmo Seiya completó sus pensamientos. "Créeme, yo también, Bombón. Odio hacerlo esto a mi querida Princesa, pero mi cariño por ella no tiene comparación a lo que siento por ti. Nunca habrá comparación." Una risa falsa le siguió. "Supongo que por eso estoy aquí, casi a media noche, feliz de escuchar tu voz, al contrario de asegurarme que Kakyuu-hime se sienta contenta en mis brazos."
Usagi se sentó en el suelo lentamente, deseando que Seiya estuviera aquí con ella. "Nadie puede resistirse a mis encantos, ¿eh, Seiya-kun?"
Esta vez, la risa tuvo más vitalidad. Más calidez. "Así es. Creo que el secreto es tu cabello, es hechizante. Me sedujo desde el primer momento que te vi." Usagi no puedo evitar reír suavemente a lo dicho, imaginando a su cabello tener vida propia, enredando a Seiya como Medusa. "Ne, Odango… Honestamente, ¿cómo estás?"
Respirando hondo, Usagi meditó su respuesta, no deseando colocar más carga sobre los hombros de Seiya. "Un poco molesta. No tienes idea de los extremos a los que están yendo mis amigas para mantener segura mi semilla estelar."
"Más les vale." Vehemente, Seiya levantó el volumen de su voz. "Después del pésimo trabajo que hicieron la primera vez, es lo menos que espero de ellas."
"¡Seiya!"
"Es la verdad, Odango. Si Kakyuu-hime no te hubiera rescatado, te hubiéramos perdido para siempre."
"Estoy segura que juntas, ustedes hubieran pensado en algo. No hubieran permitido que todas las personas inocentes de la preparatoria también fueran succionadas, ¿cierto?
Probablemente con la ayuda de Sailor Pluto—"
"¡Hmmp! ¿Las Outers Scouts trabajando con nosotras? Lo más posible es que Uranus nos hubiera arrojado al hoyo negro. ¡Empezando conmigo!"
Bueno, Usagi no podía negarlo. Pero, por lo menos ambos hubieran estado juntos en el interior del hoyo negro, ¿ne?
"Aprecio tu optimismo, Odango, pero Sailor Star Maker y Sailor Star Healer son tan tercos como Sailor Uranus, ninguna de ellas me hubiera hecho caso." Una pausa. Un suspiro. "¡Oh! Y por cierto, te advierto que la próxima vez, no te escucharé. Si vuelvo a encontrarme con Sailor Crown, está muerta."
A pesar de su aberración a la violencia entre senshis, Usagi sonrió, la intensa posesividad en la voz de Seiya llenando un hueco en su alma que la Princesa Lunar no sabía que tenía. Seiya era tan apasionado, tan ferozmente leal, que era de admirarse.
Como Sailor Star Fighter era tan majestuosa, siempre en movimiento entre las sombras de la noche, resplandeciendo como la estrella fugaz que aclamaba ser. Era fuerte, impulsiva, y nunca una cobarde. Tener a tan cautivante guerrera dispuesta a proteger a una chica tan insignificante como Usagi, era el mejor de los honores.
"¿Qué tal si, mejor nos prometemos protegernos mutuamente? Yo también quiero mantenerte a salvo, Seiya-chan." Era la primera vez que lo llamaba de esa manera, y pudo escuchar un sonido de sorpresa del otro lado de la bocina. Mi Seiya-chan. Fue fácil imaginarlo sonrojar en la cabina telefónica, una imagen tan kawaii como la había presenciado Usagi en el vestidor.
Cuando Seiya volvió a hablar, se escuchó sin aliento. "Trato hecho, Odango-sama."
Ninguno mencionó lo que sucedería el día de mañana. La amenaza del regreso de las Star Lights a Kinmoku permaneció intocable, así como alguna mención de Mamoru y el futuro al que Usagi estaba destinada. Lo importante para Usagi fue concentrarse en el momento, en saborear cada inhalación y exhalación que Seiya le otorgaba por medio del teléfono. Muchas veces Usagi tuvo que morder su lengua para no escurrir las verdades que recién había descubierto de sí misma, todas incluyendo el amor que Seiya había despertado, convencida que no era el tiempo indicado.
Aunque, al menos, quería saber una cosa.
"¿Te volveré a ver?"
La respuesta no fue tan inmediata como hubiera deseado Usagi. "Odango."
"¿Tan siquiera para despedirnos?" -¡Oh, que tonta eres! Dijiste que no lo mencionarías, ¿recuerdas? ¡Tenías que ser fuerte! Ahora Seiya se dará cuenta de lo patética que eres.
"¿Despedirnos? Oye, ¿quién está hablando de irse? ¿Ansiosa por deshacerte de mí?" La broma no surgió efecto, puesto que Usagi permaneció en silencio con un nudo en su garganta. "Escúchame muy bien, Usagi Tsukino. No sé que sucederá a partir de este momento con Galaxia y nuestras amigas, pero de lo que sí estoy seguro es que No. Me. Iré. Sin. Ti. ¿Queda claro?"
Con sus ojos humedecidos, Usagi asintió conmovida. Luego, dándose cuenta que Seiya no podía verla, aclaró su garganta. "Hai, Seiya-chan."
[+][+][+]
Si tener a Haruka y Michiru vigilandola había sido considerado molesto, este día le había demostrado a Usagi lo afortunada que había sido la noche anterior. Para cuando la campana de salida anunció el final de clases, Usagi no podía creer la cantidad de estrés que se había sumado al que ya había estado guardando, con las chicas siguiéndola a cada paso, convirtiéndose en su sombra a cada momento, volviéndola loca a cada minuto. ¡Kami-sama, no podía ir ni al sanitario sola!
Usagi estaba sorprendida de todavía mantener la calma mientras salían de su salón.
Claro, hasta que Minako metió la pata y declaró como Usagi no podía sobrevivir sin Mamoru. Como no debía estar sola porque era tan distraída que no podía cuidarse sola.
Usagi amaba a sus amigas con todo su corazón, pero en ese momento, no podía verlas a la cara, mucho menos estar cerca de ellas.
Su desesperación debió ser obvia en su rostro, puesto que sus amigas dejaron de presionarla entonces. Dejaron de acosarla. Y debieron de haberse sentido muy culpables también, para aceptar dejar a Usagi en paz y en completa soledad.
A estas alturas, a Usagi no le importaban las razones, sólo que deseaba estar sola para maldecir a Mamo-chan cuantas veces quisiera.
Su deseo se cumplió por lo menos por una hora, perdida en el atardecer y los gritos de júbilo de los jugadores de fútbol americano, el uniforme verde irremediablemente recordándole a Seiya Kou.
Usagi quería ser fuerte, quería creer que podía soportar todo esto. Usagi deseaba tener confianza en sí misma, tener fe en que derrotarían a Galaxia y en que Mamoru regresaría tarde o temprano; quería creer que Seiya nunca se iría a su planeta. Que se quedaría con ella por toda la eternidad.
¿Por qué no? ¿Por qué no podía ser posible?
"Porque no puedes amar a dos personas a la vez, tonta. No puedes quedarte con ambos." Usagi dejó caer su cabeza sobre sus brazos, la conclusión casi partiéndola en dos físicamente. Sabía que tenía que escoger. Pero, ¿cómo? Ambos hombres significaban tanto para ella, ambos eran extraordinarios. Ambos —
— eran tan diferentes.
No quería que Seiya se fuera, por lo meno no sin resolver su relación con ella. En verdad no quería que se fuera, la mataría ver a Fighter marcharse a Kinmoku a cumplir sus deberes. Odiaba la idea de que otra princesa tuviera a Fighter bajo su completo poder.
Había odiado ver a Fighter de rodillas.
Pero, necesitaba que Mamoru regresara. Necesitaba hablar con él, verlo y tocarlo.
[+][+][+]
Ver la rosa roja clavada en el techo de la escuela la fracturó.
"A decir verdad, no soy una persona entusiasta como todos. ¿No crees?"
"¿Qué?"
"Bueno. Aunque me proponga el dia de hoy hacer la tarea llegando a casa, siempre como dulces, me da un poco de sueño y a fin de cuentas, me quedo dormida sin importarme lo demás. También me propuse esforzarme sin la ayuda de nadie…"
Aunque odiaba desquitarse con Seiya, todo lo que había estado guardando dentro de ella se rehusaba a seguir escondido, todas sus emociones reprimidas se negaron a guardar silencio, y así fue como Usagi terminó gritando a la lluvia que ya no podía más. Levantó el telón de su alma, y desde lo más insignificante, su agonía fue escalando y escalando, tocando su clímax con un grito estremecedor.
"¡Pero, recordé a Mamo-chan… al ver esa rosa roja!"
"Bombón—"
"Pensé que no habria ningun problema si él no me escribía o me llamaba porque se dedicaría a estudiar. ¡Pensé que mi obligación era vivir sola un tiempo! Pero… pero…." Respirar era casi imposible, invadida en los sollozos. "¡No puedo vivir sola! ¡No puedo!"
Seiya repitió su nombre, o eso Usagi creyó. No estaba segura de nada en aquellos momentos.
"¡Te extraño, Mamoru! Te extraño… P-Pero m-me rindo. ¡Me rindo, Mamo-chan! Por favor, por favor perdóname… Me rindo…" Los sollozos eran tan fuertes que no la dejaban respirar, el peso de la lluvia arrastrándola hacia el piso como muñeca de trapo. "¿Por qué tenías que irte? ¿Por qué nunca he sido suficiente para ti? Te amaba tanto. Te amaba…"
Ahí estaba. Lo que la estaba volviendo loca con culpa.
"Perdóname. Pensé que… Estaba segura que podría esperarte. Te extraño tanto…" Lo único que podía divisar cerca eran los zapatos carmines de Seiya, pero Usagi no tenía las fuerzas para tan siquiera levantar su rostro. "N-No puedo. No puedo—¡No puedo seguir así! Me rindo… Me rindo, Mamo-chan."
"Basta." Fuertes manos la tomaron de los hombros, levantándola firmemente. Usagi se negó a obedecer por unos instantes, pero los duros jalones de Seiya fueron imposibles de evadir. "Basta, Odango." Sus ojos brillaban con determinación, mostrándose duros, capturando los de Usagi seriamente. "No llores más por él." Riachuelos de agua empapaban al cantante de pies a cabeza, sus cabellos oscuros aplastados contra su rostro. Se mantuvieron así por un rato, solamente contemplándose uno al otro.
Después, el hielo se derritió de su mirada y Seiya rogó con una gentileza que la desarmó: "Déjame reemplazarlo."
Sonidos de sorpresa, que no pertenecieron a ninguno de los dos, resonaron por el techo.
Usagi se quedó paralizada.
Seiya no se dio vencido. Se acercó unos centímetros más. "Déjame reemplazarlo."
"Seiya." El gemido salió difícilmente de la garganta de Usagi, sus propias manos moviéndose en contra de su voluntad para sostenerse de los brazos de Seiya. "Seiya-chan." Deseaba que esa fuera suficiente respuesta, porque Usagi estaba exhausta. Su cuerpo se rehusaba a cooperar más. Y era lo único que Usagi podía dar por el momento.
Al escucharla, una sonrisa apareció en el rostro húmedo del aclamado.
[+][+][+]
Seiya la condujo a casa con la radio encendida, diferentes melodías arrullando a Usagi a volumen bajo. El suéter que Makoto le había prestado para protegerse del frío la cubría del pecho y los hombros. A su lado, una mano se desviaba para tomar la suya cada vez que se detenían en una luz roja. Ambos permanecían mojados, pero Seiya continuaba sin prestarle atención a su atuendo, limitándose a sólo quitarse su chaqueta antes de subir al automóvil.
Cuando llegaron al hogar Tsukino, sus padres se encontraban ausentes junto con Chibi-Chibi y Shingo estaba muy ocupado jugando videojuegos en su habitación. Luna los recibió con una expresión de preocupación, pero sonrió apenada cuando Seiya saltó asustado al escucharla hablar.
"¿Todo este tiempo has podido hablar?" Seiya la acusó con uno de sus dedos, su cabeza cubierta con una toalla.
"Así es, Seiya-kun. Siempre he estado consciente, como un ser humano. Gomen-ne." Usagi sonrió al ver a su consejera abochornada como nunca. Era algo que no se apreciaba todos los días.
Seiya pareció ahogarse con su saliva al procesar la revelación, tallando su cabello con mejillas sonrojadas. "Pero—Pero, ¡tu te bañaste con nosotros! Entre—entre otras cosas."
"Oh, sí, eso ya lo sabemos." Usagi le aseguró para torturarlo más, mientras buscaba por un cambio de ropa entre sus cajones. "Así, como lo saben Mina-chan, Rei-chan, Minako-chan, Ami-chan-"
"¡Está bien, está bien! Ya capté la idea, todas ustedes son unas pervertidas." Seiya sonrió pícaramente. "Tan inocentes que se veían."
"¡Oi!" Tirando su corbata a la cama de Usagi, Seiya esquivó fácilmente la toalla usada que se aventó en su dirección.
Usagi salió de la habitación después de ofrecerle a Seiya meter su ropa a la secadora, a lo cual el muchacho cedió con la indicación de que esperaría por ella en el baño, así también dándole la oportunidad de cambiarse de ropa cómodamente. Usagi sabía que era mejor tomar un baño, pero no tenía ganas más que de acostarse y despedirse del mundo. Para cuando ambos regresaron a la habitación, más o menos secos, Luna se había esfumado.
Primero, Usagi y Seiya se miraron titubeantes, ambos con sus rostros llenos de calor, pero Usagi había pedido tanto tiempo por esta oportunidad que se armó de valor, jalando uno de los brazos de Seiya hacia la cama. Usagi se acostó primero, dándole las espaldas a Seiya para indicarle que era bienvenido a rodearla con sus brazos.
Sin embargo, al todavía sentir a Seiya pausar al pie de la cama, Usagi le envió una mirada curiosa. Seiya la observaba detenidamente, fulgor oscureciendo su mirada, algo más intenso apareciendo en esos ojos profundos. "Usagi." Era extraño escuchar su verdadero nombre, pero aún más especial, fue la manera en la que la voz de Seiya fluyó.
Su nombre nunca se había escuchando tan ronca en la garganta del muchacho, con tono tan grave, guardando una serie de distintos significativos que Usagi todavía no aprendía a descifrar.
Cuando finalmente el peso del cuerpo de Seiya hundió el colchón, Usagi respiró profundo, su corazón cabalgando bajo su piel. Lava parecía reemplazar sus venas cuando la mano de Seiya tomó posesión en su cadera, presionando la curva brevemente antes de subir hasta su cintura. Inmediatamente Usagi tomó esa mano bajo la suya, jalándola hasta que el brazo de Seiya encarcelara su cuerpo.
Sintiéndose completamente segura, Usagi cerró sus ojos.
Cuando volvió a despertar, la habitación estaba en completa oscuridad. Frescas ráfagas de viento entraban por el balcón, haciendo bailar las cortinas. Una peculiar fragancia de arbustos húmedos se filtraba, anunciando la continua existencia de la lluvia. El reloj marcaba diez minutos faltantes para las ocho de la noche, y Usagi liberó un enorme bostezo, acurrucándose a la enorme fuente de calidez que la envolvía.
El pecho que descansaba contra sus espaldas vibró inesperadamente, una varonil risa llegando a sus oídos. "Me alegra saber que disfrutes tanto usarme como colchón, Odango-tama." Usagi sintió dedos recorrer su cabello, encontrando la experiencia deliciosa. Ansiosa por prologar el delicado masaje, estiró su cuello como felino, casi ronroneando cuando labios reemplazaron los dedos. Pequeños besos plantaron un firme camino a lo largo de la sensible piel, la punta de la nariz de Seiya frotándose cariñosamente.
Seiya. Usagi parpadeó lentamente, procesando. Seiya estaba aquí, en sus brazos, besándola con adoración. Acariciando su estómago en gentiles círculos por arriba de su camisón.
Si estaba soñando, Usagi rogaba por no ser despertada.
Girando su rostro hacia su amado, Usagi buscó hambrienta por la boca que solamente había tenido la fortuna de saborear una vez. No fue decepcionada. Seiya le robó el aliento con un brusco beso que se sintió como un ataque a sus sentidos. Exigiendo entrada, los labios de Seiya succionaron los suyos agresivamente, consolándolos después con dulces presiones, la punta de su lengua apenas entrando en contacto. Gimiendo ebria en ambrosía, Usagi luchó por enterrar sus dedos en los cabellos que se escondían entre las penumbras. Con su meta conseguida, la princesa lunar decidió quitarle control a Seiya momentáneamente. Acariciando los labios de su amado una vez más, Usagi se despidió de esa boca para prestarles atención a las demás hermosas facciones que completaban al adonis en su merced. Besó hirvientes mejillas, delicados párpados y la galante forma de su nariz. Cuando un extasiado suspiro comenzó a escapar de su dueño, Usagi se apresuró a sellar sus labios de vuelta, hambrienta por todo lo que Seiya estuviera dispuesto a dar.
"Ai shiteru… Ai shiteru, Seiya."
Seiya merecía escucharlo. Merecía saberlo.
Tras un fuerte apretón del brazo que la poseía de la cintura, un ahogado gemido se desplomó de la boca de Seiya entre besos, adolorido. Vulnerable. El ritmo de sus labios se aceleró, invitando a Usagi imitarlo con ágiles movimientos de su lengua. Más sonidos de placer resonaron por la habitación, intoxicantes, despertando en Usagi una urgencia —una necesidad— por más.
Quería todo de Seiya. Quería dejar su marca en él, así como en Sailor Star Fighter.
"Dilo de nuevo." Seiya imploró cuando rompió su unión para dejarla respirar, cambiando de ubicación hacia la tierna piel de su lóbulo. "Me cuesta tanto creerlo."
"Ai shiteru, ai shiteru, ai shiteru, Seiya." Jadeando emocionada, Usagi se fue perdiendo en la pasión del momento. Borrándose todas las dudas de su mente (alma; corazón), sus manos comenzaron a jalar la fina textura de la camisa de Seiya, desesperada. La encerró entre sus puños tantas veces como le fue posible, presionando el cuerpo de Seiya contra el suyo sin un ritmo específico. "Ah— Ai sh-shiteru. Ah, Seiya—Oh."
"Ai shiteru, Usagi, tanto—Tanto que me asusta." Seiya jadeó contra su mejilla. Cuando Usagi presionó sus caderas hacia atrás, chocando contra su pelvis, un chillido se escapó de Seiya con sorpresa, aunque eso no lo detuvo para corresponder la sutil danza de sus cuerpos. La mano que residía en el estómago de Usagi comenzó a apretarla con más insistencia, la mayoría de sus dedos introduciéndose entre los botones de su camisón. "No sé qué hiciste exactamente, pero desde que te besé—desde esa noche, Odango—Es como si te sintiera a toda hora." Usagi aspiró una bocanada de aire ante otra fuerte embestida, las yemas de Seiya electrocutándola en cuanto tocaban su piel. "Siempre, dentro de mí, no he dejado de sentir tu presencia—Como si me estuvieras quemando por dentro."
Con las pocas neuronas que Usagi tenía en funcionamiento, recuerdos de hacer el amor con Mamo-chan le trataron de alarmar de la situación, una solemne voz en su cabeza preguntándole ¿Estás segura?¿Estás segura?¿Estás segura? y Usagi descubrió que no deseaba negarse. Amar a Seiya estaba resultando ser una experiencia totalmente distinta a todo lo que conocía. El fuego que la consumía por sus caricias era todo lo contrario a las tiernas uniones que había compartido con su Mamo-chan, y por Kami-sama, Usagi no tenía miedo.
Después de todo, si Seiya estaba siendo consumido por el mismo fuego, era tan solo justo que Usagi pagara el mismo precio, ¿cierto?
Una de sus manos persiguió la de Seiya y al tenerla capturada, la empezó a guiar hacia al valle de su pecho, justo donde se estaba muriendo por sentir la fortaleza de esas palmas. Seiya se resistió al entender sus intenciones, y hasta sus besos cesaron.
Ambos se miraron fijamente, protegidos en la oscuridad, sus frentes juntas. Los hombros de Seiya temblaban incontrolablemente, tan abrumado por la intensa intimidad que estaban compartiendo como la propia Usagi. "Odango, ¿estás segura?" Ingenuo a la agitación interna de su compañera, la pregunta hizo un estremecedor eco. "No quiero que te arrepientas. No tenemos que hacer nada apresurado si no estás segura, lo sabes ¿verdad, Odango?"
"Eres tan dulce, Seiya-chan." Usagi sonrió. "No te preocupes." Saboreó sensualmente el labio inferior de su héroe, no pudiendo resistir. "No te preocupes, Seiya. No hay nada más que desee en este momento que… tú." Con otro jalón de sus dedos entrelazados, Usagi dio su permiso implícito de ser tocada como a Seiya le diera la gana, y cuando, finalmente, una mano presionó gentilmente uno de sus senos, un gemido le borró la razón. Por un largo tiempo, su mente nubló, apenas reconociendo su propia voz de los llantos de sus labios hinchados.
Seiya introdujo una pierna entre las suyas, su firme muslo enterrándose donde el calor más se concentraba en el cuerpo de Usagi. Primero, el encaje de su sostén fue masajeado tortuosamente, los botones del camisón abiertos de par en par. Cuando Usagi lo siguió alentando con sus frágiles maullidos de placer, el cantante pareció ir agarrando valor, cada vez con más fuerza embistiendo sus caderas contras las de Usagi.
Para cuando el sostén fue lanzado al piso, Seiya estaba completamente perdido en la búsqueda de su nirvana, su rostro albergado en el cuello de su Odango, gruñendo sin bochorno. El colchón rechinaba ligeramente, y Usagi se preguntaba a través de la neblina de su euforia si sus padres, o Shingo, los podrían escuchar. Resultó absurdo tan siquiera pensarlo, (puesto que ni un balde de agua fría la detendría a estas alturas) pero Usagi no podía pensar muy bien en el momento, ¡se estaba haciendo pudín dentro de su cabeza!
Pero, lo más increíble aún, era como Usagi quería más; más que esto, más que Seiya todavía vestido y solamente tocando una pequeña parte de su Odango. Más que la presión de la pelvis de Usagi contra el firme músculo que Seiya le brindaba para desahogarse. Estaba claro que Seiya no era ningún inexperto (por favor, por favor, por favor, no con Kakyuu-hime, no con ella, por favor, que Fighter no haya sido de ella), y Usagi había aprendido todo lo que sabía de Mamo-chan, (había creído que había vivido todo con Mamo-chan), sin embargo, ambos seguían limitándose inconscientemente.
Tal vez, ésta era una forma de protegerse mutuamente, de defenderse de futuro dolor y de un corazón roto. Quizás era una manera de decirse "Por lo menos no le entregué todo de mí" si las cosas no funcionaban.
Quizás.
Usagi apretó sus piernas de repente, con más potencia, con más delirio, y con sus ojos cerrados, se entregó a la revolución de sensaciones que palpitaban dentro de ella, éxtasis haciéndola llamar por Seiya delicadamente. Solamente su nombre, suavemente, con cariño, con melancolía.
Con amor.
Y regando besos por sus desnudos hombros, Seiya fue su paracaídas, recibiéndola de los cielos con los brazos abiertos, alcanzando su propia cima con tan sólo escucharla. Con tan sólo sentirla desmoronarse contra él.
[+][+][+]
Mamo-chan estaba muerto.
¿Cómo podía ser posible?
Mamo-chan había muerto después de tomar el avión a E.U., el mismo día que se había despedido de Usagi.
Como una experiencia fuera de su cuerpo, Eternal Sailor Moon se podía ver gritar en agonía, hincada a los pies de las tenebrosas carcajadas de Galaxia, odiándose a sí misma. Lentamente, muriendo por dentro.
Chibi-Usa había estado muerta también, todo este tiempo.
Lo primero que Sailor Moon hizo, después de ser tele-transportada misteriosamente a lado de Saturn y Pluto, fue vomitar. Con su pecho ardiendo y sus entrañas contrayéndose, Sailor Moon vació lo poco que había comido hacía más de 6 horas, hasta que ácida bilis la comenzó a ahogar con venganza.
Peor que despedirse de Seiya, peor que ver a Kakyuu ser asesinada, peor que ver a Fighter caminar a su sentencia de muerte, peor que ver a todas las Inner Senshis desvanecerse frente a sus ojos, peor que creer que Mamoru la había abandonado: peor que todo eso, fue ver la semilla estelar de Tuxedo Mask resplandecer con acusación entre las manos de Galaxia.
Pero, lo que Sailor Moon no sabía, era que esto era apenas el principio.
[+][+][+]
"Quiero creer en ti."
Con cada ocasión que Fighter se sacrificaba para salvarla, Sailor Moon se sentía más segura de que no la merecía. No merecía su ciega devoción, mucho menos la protección incondicional de Healer y Maker.
Oh, cómo deseaba poder mandarlas lejos del planeta Tierra junto con Chibi-Chibi, de vuelta a Kinmoku si era posible, para mantenerlas a salvo, para prevenirlas de ver a Sailor Moon entregarse a las garras de Galaxia; para que no presenciaran que tan cobarde era.
Para que Seiya no la presenciara ser consumida por la intensa culpa.
"¿En verdad quieres entregarte a Galaxia, así nada más?"
Pero, la realidad era otra. Sus deseos no eran más que una pérdida de tiempo y energías, porque la sangre que corría por el brazo de Sailor Star Healer era tan real como los moretones que manchaban la tez del estómago de Sailor Star Maker. La realidad era el piso frío en la que las rodillas de Sailor Moon se arrastraban; y reales eran las penetrantes palabras de Sailor Star Fighter.
La realidad consistía en los cuerpos fantasmas de Uranus y Neptune entregando su último acto de heroísmo para que su Princesa no se diera vencida.
"No." El sonido fue arrancado de la garganta de Sailor Moon.
"Sabía que dirías eso."
Sailor Moon elevó su mirada, estremecida. Sailor Star Fighter le brindó una sonrisa que nunca había dedicado en su dirección, una mirada que le pertenecía a Seiya. Llena de fe.
"Es decir: creo en ti, Sailor Moon."
Antes de que a Sailor Moon le fuera posible rehusarse a los ruegos de su aliada, Maker reiteró las palabras de su líder. "Yo también." Seguida de Healer.
-Piensa en lo que perderás si no te levantas. Su conciencia le reclamó (extrañamente con la voz de Rei). -Perderás a cada una de ellas, hasta a Chibi-Chibi. Las verás morir a las manos de Galaxia justo como a las demás. ¿Crees que sobrevivas presenciarlo? ¿Qué hay de la promesa que le hiciste a Seiya? ¿No se supone que la protegerías ante todo?
Sus rodillas rechinaron cuando Sailor Moon colocó presión sobre ellas. Sailor Chibi-Chibi Moon la sujetó fuertemente de las alas de su broche de transformación, mientras la observó levantarse con ojos esperanzados—Kami-sama, como le recordaban a Chibi-Usa. Tan dulce, esta linda niña. ¿Cómo podía Sailor Moon dejarla a su suerte?
¿Cómo podía Sailor Moon pensar en abandonar a estas tres increíbles guerreras que habían perdido todo, si no más, que la propia Sailor Moon? Las Star Lights habían sido exiliadas de su propio hogar; habían buscado fielmente por su princesa al punto de la demencia, ¿y lo que habían ganado? Muerte.
¿No era esto por lo que Sailor Moon había estado esperando todo este tiempo, luchar junto a ellas como amigas?
Cuando Sailor Moon lo preguntó, la sonrisa en Fighter creció. "Sí." Con una nueva luz en su mirada, Fighter se apresuró a asentir. "Somos amigas, Sailor Moon."
Sailor Star Healer se irguió a su lado, conectando su mirada firmemente con la de Sailor Moon, el hielo en su mirada reemplazado por un sentimiento más gentil. Su respuesta positiva fue repetida por Sailor Star Maker, quien no tardó en ponerse de pie al igual que sus compañeras.
Sailor Moon tomó su decisión. "Está bien."
[+][+][+]
Estar suspendida entre la vida y la muerte fue extrañamente tranquilizante, como todavía vivir en el vientre de su madre.
Todo fue más claro: sus pensamientos, sus sentimientos, su capacidad de discernir sus emociones. No existía dolor o angustia. La culpa se había evaporado. Serenity no tenía nada de qué preocuparse.
Pensar en amor la llevaba a dos personas, y sin conflicto alguno, Serenity veía a Endymion y a Seiya Kou/Sailor Star Fighter en su corazón. Podía evocar el recuerdo de sus amigas, y no se sentía tan desgarrador como las previas horas. Todo era serenidad.
En este peculiar limbo Serenity/Usagi Tsukino/Eternal Sailor Moon logró comprenderse mejor que al estar viva. Logró hacer paz con sus decisiones, y al preguntarse, ¿qué desearía ser si llegara a sobrevivir? ¿Qué haría primero al ser resucitada?
—Las respuestas vinieron fácilmente, sin remordimientos.
Y aún después de ser mandada de vuelta al mundo real con una nueva misión, lo más esencial de su experiencia se incrustó en su alma, como un dulce bálsamo, imposible de olvidar.
Con la espada de la esperanza en su puño, Serenity voló, y voló, sus alas tejidas con el poder de su Ginzuishou.
[+][+][+]
La redención tenía el rostro de Mamoru, y Usagi se echó a sus brazos sin dudarlo dos veces, grabando en su memoria cada rasgo de su rostro; sintiendo cada respiración, inhalando su aroma con un corazón reparado. Fue toda la confirmación que necesitó para creer que él estaba realmente allí.
Momentos después, al tocar la tierra junto con las demás senshis, sus ropas casuales apareciendo sobre su cuerpo desnudo como arte de magia, Usagi presenció con elación a las Star Lights reunirse con su amada princesa Kakyuu, las lágrimas nunca pareciendo terminar para ninguna de ellas.
Las emociones se dispararon, la propia Usagi fue abrazada por sus amigos en otra reunión, incluidas Setsuna y Hotaru.
Sailor Uranus y Sailor Neptune, también des-transformadas, le sonrieron a la distancia. Por encima del hombro de Rei, Usagi asintió en su dirección.
La mirada de Haruka se encontró con la suya.
Luego, sus ojos índigos se movieron deliberadamente hacia las Starlights.
Usagi tragó saliva, rubor calentando levemente su rostro. ¿Por qué Haruka le estaba sonriendo así?
"¡Cielos, no sé ustedes chicas, pero necesitaré una semana entera para recuperarme de esto!" Minako gritó, estirando los brazos por encima de la cabeza. Al desenredarse de sus amigas, Usagi sacudió la cabeza ante sus tácticas.
"Mina-chan, ¡ni siquiera estabas allí para el verdadero trabajo duro!" Rei suspiró.
Usagi se volvió hacia las Starlights y comenzó a trabajar lentamente en su dirección. Había muchos escombros en su camino y Mamoru trató de ayudarla. Sin embargo, Usagi le indicó con una sonrisa que podía hacerlo sola.
Si le temblaban las rodillas, no era por el suelo inestable.
Al menos eso fue lo que se dijo a sí misma, cuando estuvo a punto de caer con su rostro directo al piso, lo suficientemente cerca de las Starlights como para hacerse notar.
"¡Usagi, ten cuidado!" El brazo de Fighter la ayudó a enderezarse. "¿Estás bien?"
Usagi la abrazó.
Fighter se quedó quieta, consciente de la audiencia. Luego, lentamente, se relajó. Sus brazos no tardaron en rodear la cintura de Usagi. Un suspiro cauteloso, le siguió.
El corazón de Usagi se acongojó. Su hermosa Fighter. "Gracias por todo lo que hiciste por mí." Sin romper su abrazo, volvió su rostro hacia Healer y Maker para sonreírles. "A todas ustedes. Nunca podré agradecerles lo suficiente por todo lo que hicieron por mí."
Healer fue la primera en recuperarse, cruzando los brazos. "No te preocupes, Usagi." Su intensa mirada la inspeccionó durante unos segundos, viajó a Fighter y terminó en la dirección de Sailor Maker. "Gracias por devolvernos a nuestra Princesa."
Maker asintió con la cabeza, sonriendo. "Es todo lo que podríamos pedir." Similar a su camarada, sus ojos se fijaron en la pareja, mirándolos con cautela.
No fueron las únicas, notó Usagi.
"¿A dónde fue Galaxia?" Preguntó Kakyuu con curiosidad, mirando el firmamento, ya libre de cualquier energía maligna.
"Dijo que iba a guiar a cada semilla estelar hacia su dueño." Usagi apoyó la cabeza en el hombro de Fighter. No pudo evitar su enorme bostezo. "¡Ups, debo estar más cansada de lo que pensé!"
"Dímelo a mí." Para su sorpresa, Healer añadió su propia quejumbre. "Me muero por una ducha de agua caliente. ¡Y tengo tanta hambre!"
"¡Yo también!" Usagi sonrió, en conspiración. ¡No pudo creer que por fin tenía algo en común con Sailor Healer! "Realmente me vendría bien un ramen ahora mismo…"
"Odango, vamos, no te duermas encima de mí." Fighter resopló y la picoteó juguetonamente. "No te cargaré todo el camino de regreso a la ciudad."
La voz de Makoto se unió a ellos, más cerca que antes. "Eso es prácticamente imposible. Este suele ser el punto en el que Usagi-chan hiberna durante semanas para recargar baterías."
"Kino-san." Sailor Star Maker la saludó, luciendo honestamente aliviada. "Nosotras… Lo que hicieron…" La castaña compartió otra mirada con Sailor Healer, quien mostró una rara sumisión con las intenciones de su compañera. Maker carraspeó su garganta, antes de continuar. "Quisiéramos agrade—"
"No te molestes." Makoto rechazó el discurso entrecortado con una sonrisa. "Sólo digamos que ya estamos a mano, ¿de acuerdo?"
Después de una pausa, Maker asintió, aceptando el acuerdo con vehemencia.
"¡Chicas! ¡Vamos, salgamos de aquí!" Pronto, Minako y Ami aparecieron detrás de Mako-chan.
Detrás de ellos, Mamoru caminaba junto con Rei, Setsuna y Hotaru. Haruka y Michiru ya habían desaparecido.
-Que sorpresa.
Al conversar con su compañía actual, la expresión de Mamoru fue inmutable, sólo su persistente mirada indicando que le costaba distanciarse de la silueta de Usagi, abrazando a alguien desconocido para él.
Usagi se apartó de Fighter con un suspiro, el anhelo dentro de ella motivándola a acariciar una de las mejillas de la Star Light. Aborreció tener que separarse, pero a la vez se sentía tan hambrienta que juraba que podía comerse una vaca ella sola. "No temas, Fighter-chan. Todo saldrá bien, ya lo verás."
Fighter la contempló en silencio por un momento, buscando algo en la expresión de Usagi que le ayudara a creer en sus palabras. Pareció encontrarlo, puesto que una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, antes de dejarla ir. "¿Qué planeas, Odango?"
Usagi se limitó a guiñarle un ojo. "Confía en mí." Con eso, emprendió camino con las Inners, intercambiando una larga mirada con Sailor Mars antes de estacionarse a lado de Mamoru.
Donde permaneció hasta el final del recorrido.
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Cinco días después.
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Era increíble que una de las relaciones más importantes de su vida estuviera en una ordinaria caja. Retratos, unos pantalones de mezclilla que Usagi había dejado de repuesto, un reloj viejo, cinco mangas gastados, un yoyo, dos labiales derretidos (fresa y coco), un arete en forma de rana sin su par, su taza favorita y una pintura de uñas de color rosa chillante.
En esos artículos se resumía su estancia en la vida de Mamoru Chiba.
"Usagi." El llamado la detuvo en la sala, las espaldas de Mamoru impidiéndole ver su rostro.
Sosteniendo con manos temblorosas la caja contra su pecho, Usagi parpadeó rápidamente para ahuyentar las lágrimas. "¿Sí?"
"Mi amor por ti siempre será genuino, Usagi-chan. Pase lo que pase, nunca dudes eso." Pasando una mano a través de sus cabellos, Mamoru suspiró profundo, su mirada perdida en la vista de su balcón. "Si en un futuro llegas a necesitar ayuda para proteger este planeta, no dudes en pedirla, pero… por el momento, será mejor que nos mantengamos alejados, ¿está bien?" La luz del atardecer lució macabramente como sangre sobre las paredes blancas del apartamento. "Mientras tanto… Por favor, Usagi, mientras tanto, si nos encontramos en la calle o en alguna otra parte de la ciudad, no intentes hablarme."
"Nunca fue mi intención lastimarte, Mamo—Mamoru." Tropezando con su propia lengua, Usagi desvió sus ojos hacia el piso, no aguantando ver la silueta frente a ella, no soportando lastimar a este hombre que había significado tanto para ella. "Sobre Chibi-Usa…"
"No hablemos al respecto. No tiene caso." La deliberación fue dura, aunque el tono gentil de Mamoru suavizó el impacto. "No te preocupes, Usagi. No me debes nada." Girando su rostro ligeramente hasta que sus miradas se conectaran, Mamoru le sonrió tristemente. "No nos debemos nada. Hiciste lo correcto en decirme la verdad de tus sentimientos, como todo un adulto debe hacerlo."
"Mamo—"
Mamoru suspiró. "¿Qué más quieres que diga? Aunque duela, Usagi, debemos aceptar el final. Yo te prefiero mil veces libre y feliz allá afuera, que amarrada a mi por simple compromiso." Caminando hacia Usagi lentamente, Mamoru introdujo sus manos a sus bolsillos. "Quiero que seas libre, Usa-ko. Y a cambio, debes permitirme serlo también. Pensar en Chibi-Usa… sólo nos lastimaría más, ¿no crees?"
En silencio, ambos se despidieron con tan solo una última mirada, larga y angustiosa. Usagi respiró profundo, siendo la primera en bajar la vista cuando el silencio se volvió sofocante.
Sin más, sus pasos la guiaron a la salida, donde se colocó sus zapatos de regreso. Cerrando la puerta tras de sí, Usagi pausó por un segundo, la tierra pareciendo temblar bajo sus pies. No podía creer lo que acababa de hacer, pero simultáneamente, su corazón estaba cantando con euforia dentro de ella, como un ave fénix reviviendo de las cenizas.
Mamoru había tenido razón: Usagi estaba haciendo lo correcto.
Fuera del complejo de apartamento, Haruka la estaba esperando con el techo de su convertible abierto. Vestía un atuendo algo más lujoso de lo normal, porque la ocasión de hoy lo ameritaba. "¿Lista? Nos están esperando." Le ayudó a cargar la caja de las pertenencias de Usagi en el asiento trasero.
"¡Hai!" Al arrancar el auto, sus colillas se alborotaron sin control.
Las cadenas estaban rotas, y las alas de Usagi no dejaban de vibrar de ansias por comenzar a volar, lejos, pero, muy lejos de aquí.
Cerrando los ojos para disfrutar de la sensación, Usagi se preguntó si a Seiya le gustaría ser paseado una de estas noches por sus tsubasas, lo más cerca posible del cielo y de las estrellas. Solamente la noche, haciéndoles compañía.
[+][+][+]
"¡Por los Three Lights!" La múltiple unión de voces de las chicas le sacaron un susto a Taiki porque el brindis había sido algo espontáneo, y Seiya no se aguantó las risas. Yaten, al contrario, fue el único en disfrutar la atención dada, teniendo un espanta suegras en su boca para mostrarle a Kakyuu-hime como hacerlo funcionar.
El departamento de Kino-san estaba decorado de acuerdo a la ocasión, con toda clase de botanas y bebidas a su disposición. Música alegre sonaba a tono bajo, fácilmente opacado por el escándalo producido por los invitados. Habían regalos de despedida acomodados en la mesa central de la sala, y ninguno de ellos tenía idea de cómo viajarían con tantas cosas a Kinmoku, pero Kakyuu había jurado que encontrarían una manera.
Lo que le conmovía a Seiya, sin embargo, era el estandarte hecho en casa adornando la entrada de la sala.
"¡Buen viaje, Starlights! Las extrañaremos No se vayan ¡Regresen pronto a visitarnos! O llevenme con ustedes!"
Para corregir las palabras imprudentes, la letra de de alguien más aparte de Minako había entrado de por medio, pero aun así, era el mensaje perfecto, enfrascando la energía tan irreverente de todas las amigas de Odango en una cartulina.
"Oh, no. Estás pensando. Detente allí." Una botella de refresco de coca cola apareció frente a su cara. Michiru Kaoi le guiñó un ojo. "Es una fiesta, Kou. Pensé que eras un experto en cómo mantenerlas vivas."
"¿Me estás retando?" Seiya abrió la lata con movimientos seguros. Su mirada recorrió la figura totalmente esplendorosa de Michiru, porque muy posiblemente sería la última ocasión que podría hacerlo. "¿No te preocupa que hayan huído juntas?"
Michiru parpadeó. "Eh."
"¿Qué? ¿En serio pensaste que no notaría que Tenoh-san y Odango son las únicas que faltan? Es obvio que ustedes las Outers siguen subestimando mi brillante inteligencia."
Michiru sonrió dulcemente. "Bueno. Sí de hecho, Haruka ha cumplido una de sus fantasías más recurrentes, no hay mucho que podríamos hacer al respecto, ¿no crees?"
Cola-cola salió por las narices de Seiya. "¿F-FANTASÍA?"
Fue el turno de Kaoi para guiñarle el ojo. "Dejemoslo como nuestro pequeño secreto, ¿de acuerdo? Haruka cree que lo esconde tan bien, sería una lástima romperle sus ilusiones."
"Ahora entiendo mucho." Seiya murmuró entre dientes. Miró de reojo a la mujer, ahora con sospecha. "No parece que te moleste."
Michiru dejó su propia bebida en el comedor para colocarse justo a frente a Seiya. Nunca dejó de sonreír, como si Seiya fuera un niño tierno en su inocencia. "Debes conocer bastante bien a Haruka a estas alturas. ¿En verdad crees que yo pueda tener algún tipo de amarre en alguien tan libre como ella?"
Seiya rascó su nuca, "Ustedes dos… son raras."
Carcajadas vibraron de la mujer. Seiya terminó uniéndosele. La música de repente fue maximizada de volumen—Minako intentando convencer a Yaten a bailar pero con su cuerpo femenino. Para la sorpresa de todos, Yaten aceptó, pronto cambiando su apariencia a una transfiguración femenina, luciendo un vestido tradicional de Kinmoku. Minako cayó al piso de la impresión.
Pronto, Taiki se le unió a su compatriota, mostrando su lado más personal y privado a este singular grupo de chicas. Significaba mucho, el mundo entero, que ahora se sintieran lo suficientemente cómodas para dejar abajo su guardia de esta forma. Seiya se alegró por ellas. Cuando los ojos de los espectadores se fijaron en su persona, sin embargo, Seiya entró en pánico.
"Uh, y-yo estoy cómodo así, gracias."
"¡Aguafiestas!" Yaten cubrió con un estornudo más falso que su amor por los deportes. "Vamos, Seiya, deja de acosar a mujeres ajenas y muestra que te estás divirtiendo por un minuto."
Ante el golpe tan bajo, Hino-san y Mizuno-san se atoraron con sus bocadillos, nada acostumbradas a la brutal honestidad de alguien como Yaten. Seiya rodó sus ojos, ya pensando en cómo vengarse después por el comentario. Hasta Kurozuke estaba cubriendo sus risas con una de sus patas frontales.
En favor de distraer a los invitados de más riñas, Kino-san sacó a Taiki a bailar en manera bastante valiente. Por su lado, Yaten tomó asilo en Kakyuu-hime para escaparse de las garras de Minako, la muy cobarde.
El timbre del departamento se alcanzó a distinguir a pesar del escándalo. Todos, al unísono se congelaron por un segundo, sospechando quienes podrían ser.
Seiya tragó saliva. Se dirigió a la cocina con la excusa de tirar su refresco en la basura. Sabía que no soportaría ver a Usagi entrar del brazo de su querido prometido, si tal fuera el caso. Las voces de los recién llegados, sin embargo, fueron distinguibles hasta aquel santuario de aroma a pastelillos.
"¡No puedo creer que hasta para hoy tuviste que llegar tarde, Usagi!"
"¡Lo siento, lo siento! ¡No podíamos encontrar las envolturas adecuadas, Rei!"
Seiya apretó sus puños. No podíamos. Eso sólo podía significar una cosa…
"También fue mi culpa. El auto necesitó ser revisado en la gasolinera. Eso nos robó tiempo."
"Aw, ¿te paseante en el convertible de Haruka, otra vez, Usagi? ¡Eso no es justo!"
La imagen de una infantil Odango sacándole la lengua a Hino-san, fue lo primero que Seiya miró al apresurarse de regreso a la sala. Su mirada buscó la de Michiru. La mujer le guiñó el ojo por segunda ocasión.
Oh.
Lo que había comenzado como una broma, ahora tuvo a Seiya en completa ansia. ¿Donde estaba Chiba-san?
Odango vestía un suéter rosado tan adorable, suave y por seguro tejido por su propia mano. Seiya recordó las ocasiones que la había visto tejer en sus momentos de receso o durante sus prácticas de fútbol americano. Era una actividad de la que Usagi solía extraer orgullo.
Al verla, Seiya cayó en la incertidumbre.
En sus brazos, Usagi cargaba tres bultos envueltos en papel de regalo. Más creaciones tejidas, lo más probable. Yaten estiró sus manos para recibir el suyo, y no tardó en arrebatar el papel en ansías, Taiki siguiéndole a un ritmo más relajado y paciente. Una bufanda color verde fue revelada poco después, esponjosa y gruesa.
"Por ahí supe que los viajes intergalácticos son muy fríos, chicas." Usagi rascó su cabeza en modo de humildad, riendo con nervios. "Así que pensé que necesitarían algo para ayudarles a sentirse más cómodas."
Taiki fue la primera en colocarse la bufanda lila alrededor de cuello. Intercambió una mirada con Yaten, antes de sonreírle a la rubia. "Gracias, Tsukino-san."
"¡Oh, mira, tiene tu cara, Luna!" Yaten exclamó , levantando un extremo de la bufanda donde un tejido en forma de la cabeza de la gata en cuestión había sido agregado. "¿Quién pensaría que Tsukino-san tendría la paciencia de hacer algo así, sin quedarse dormida en el proceso?"
"Oye, de nada." Usagi renegó, mientras sus amigas y la misma Luna rieron con el comentario. Odango lo tomó de buena manera, sin embargo. Aún tenía un paquete en sus manos, y Seiya se retorció donde permanecía de pie, encajando sus pies en calcetas en la alfombra. La anticipación lo comenzó a comer. Pudo darse cuenta que todos los presentes fueron contagiados con la misma tensión, adivinando que el siguiente sería nada más y nada menos…
Odango hizo un camino directo hacia Kakyuu. Le extendió el último paquete con entusiasmo. Hasta su Princesa se mostró totalmente sorprendida al ser la siguiente.
Las amigas de Odango suspiraron en unisono, resignadas al comportamiento de la chica. Seiya suspiró al igual que ellas, comenzando a sentir la misma resignación. La actitud despistada de Odango solo podía significar que la chica estaba tratando de alargar tiempo, porque Seiya sabía muy bien que en el fondo, la chica era más perspicaz de lo que le daban crédito.
"¡Oi!"
Los instintos de Seiya fueron lo que le salvaron de no acabar con una cara rota, al atrapar la mochila deportiva que Tenoh le acababa de arrojar. Parpadeando confundido, Seiya inspeccionó la mochila. La reconoció al instante. La abrió y sonrió al reconocer su uniforme azul de softball.
"¡Haruka, era una sorpresa!"
Ante el chillido de reclamo, a Haruka-san le importó un pepino, simplemente encogiéndose de hombros. "Sorpresa." Anunció en sarcasmo bien fermentado.
Al sentirla acercársele一por fin一Seiya movió la mochila lejos del alcance de Usagi. "Es tu culpa por hacerla tanto de emoción, Bombón."
"Típico de Seiya Kou." Odango gruñó. "No sabes siquiera por qué era una sorpresa, y ya estás de sabelotodo, ¿verdad?"
"Mm." Seiya frunció el ceño. "¿El haber hecho mi lavandería es mi sorpresa?"
"Por Kami-sama, Seiya." Yaten gimió, sobando su frente. "No sé te quita lo hocicón."
"Olvídalo." Odango se dio la media vuelta con la nariz alzada. Se fue directo a la mesa de los cupcakes que Makoto había cocinado para la fiesta. "No hablaré contigo hasta que aprendas algo de modales."
"Una espera significativamente larga, entonces." Taiki agregó desde su asiento en la sala. Seiya rodó sus ojos, colocando su mochila en su hombro mientras perseguía a Odango por el apartamento.
"Sólo buscas un pretexto para comerte todo."
Odango continuó masticando, cumpliendo su promesa de ignorarlo. Seiya suspiró, decidiendo que abrir la mochila de nuevo le ayudaría a resolver el misterio. Buceó entre las diferentes piezas de su uniforme por un momento. Lo que atrapó su atención fue el camisón. En la parte de atrás de éste, estaba retejido SEIYA KOU en hilo azul índigo en la parte superior del bordado 01 que cubría toda la espalda del camisón. Alrededor de la cifra habían sido adheridos adornos sutiles involucrando estrellas y lunas.
Aunque no era algo cotidiano, Seiya era capaz de sentir humildad.
"Hacer esto debió tomar mucho tiempo." Masculló momentos después, acomodándose a lado de Odango en la mesa de los aperitivos.
El sonrojo de la chica pudo confundirse con enojo, o algo más. "Así es, engreído."
Seiya chocó suavemente su hombro izquierdo con el derecho de Odango. "Gracias, Odango…. ¡Me encanta!" Para demostrarlo, Seya alzó el camisón para presumirlo ante todos. Kino y Minako le tomaron fotografía mostrando el uniforme felizmente, mientras Yaten hacía muecas por la constante pasión de Seiya por los deportes.
Cuando el frenesí se fue calmando, y las chicas tomaron turnos en inspeccionar el camisón, Seiya notó la desaparición de Usagi junto con Hino-san. Su puchero fue instantáneo. Tenía el presentimiento (y mucha, oh pero vaya que mucha evidencia) que la sacerdotisa no aprobaba nada de su relación con Odango一por más indefinida y confusa que ésta fuera.
En una esquina de la sala, de pie, Haruka-san y Michiru-san conversaban en volumen bajo. Por un momento, sus ojos se encontraron con los de la rubia-cobriza.
Para su sorpresa, la mujer se limitó a alzarle una ceja.
De acuerdo. Seiya hinchó su pecho con testarudez. Era ahora o nunca.
Se dirigió a la cocina.
Y chocó contra el cuerpo de Hino.
La sacerdotisa no se disculpó por no ver hacia dónde se dirige. De hecho, no hubo nada humilde en su mirada, ni una onza de amabilidad en la dureza de su cuerpo al verlo.
"Seiya." Jamás había su nombre sonado tan frío de la boca de Hino-san. "Espero lo valgas. En verdad que sí."
Seiya tragó saliva. Sintió la atención de la mayoría de los invitados clavarse en la nueva escena formándose en el pasillo hacia la cocina. "¿Pasa algo, Hino-san?"
"¿Rei?" La voz de Aino-san se filtró por sus espaldas.
La mujer de cabellos oscuros le empujó del pecho. "Todo ha sido cambiado. Nada será igual gracias a ti. Porque fuiste egoísta y en consecuencia, le haz enseñado a Usagi a ser igual que tú."
"¡REI!" Ahora, en conjunto, las Inner Scouts expresaron completa sorpresa por el asalto contra Seiya.
Poco sabían, que Seiya era muy difícil de intimidar. Sonrió ante la furia de la chiquilla; sólo porque podía hacerlo. "No tengo idea de lo que estés hablando." Prosiguió a deslizarse alrededor de la mujer para llegar a su objetivo principal.
Por un segundo, el aura de Mars hizo chispa entre las dos. Por un segundo, Seiya一Fighter一percibió la increíble furia vibrando bajo la piel de la Sailor Scout. La vivió bajo su misma piel, lava por sus venas marcando reproche y tristeza.
Luego, el segundo se esfumó y Seiya fue dejado solo en la cocina con la única persona que en verdad quería hablar.
Adjunto a la cocina, había un pequeño balcón. La puerta corrediza se encontraba abierta y la parte de la cortina volaba por el viento nocturno.
Parecía costumbre, seguir encontrándose en balcones.
"Usagi."
De espaldas, la chica torció su perfil hacia la dirección de su voz. Fue un eco del aeropuerto一la facilidad de un desconocida aventando una fugaz mirada por su hombro, sin ser consciente que estaba atravesando a Kou Seiya hasta su núcleo.
"Seiya." Usagi le saludó de regreso. Al unirse al balcón con ella, la joven hizo espacio para él. Seiya cerró la puerta detrás suyo, queriendo evitar más espías indeseables. "Para estar festejando, luces… No muy parecido al Seiya que conozco."
Seiya se acomodó sobre el soporte de concreto, mirando la ciudad frente a sus ojos. "¿Donde se encuentra Chiba-san?"
La pausa que creció entre los dos, le dejó confundido.
Luego, Usagi Tsukino le puso el mundo de cabeza una vez más.
Colocó su mano sobre la suya, aprisionándola contra la firmeza del barandal. Sus dedos se enredaron con los suyos, sudorosos. El pecho de Seiya se dio una voltereta, un nudo de diferentes emociones retorciéndose alrededor de su corazón.
No quiso sentir esperanza… No quiso inventarse la existencia de posibilidades, que en verdad no podían ser…
"¿Sabes? Cuando Sailor Galaxia destruyó mi semilla estelar, estuve flotando entre una grieta de espacio y tiempo muy lejos de aquí. Sé que puede sonar algo… turbio. Pero, fue agradable. No sentí miedo. Ni tristeza, ni dolor. Tuve la oportunidad de ver el pasado, el presente y el futuro en pequeños momentos."
"Estabas muerta." Seiya gruñó aterrorizado, por la manera tan tranquila con la que Odango describió uno de las peores experiencias que Seiya había sufrido. "¡Tu semilla estelar estaba hecha pedazos, Odango!"
Usagi sacudió su cabeza. "No. He muerto antes. Esta ocasión no fue así."
Seiya se tornó a la chica en cuerpo entero, incrédulo. "¿Haz muerto antes? ¿Estás hablando en serio?"
"¡Shhh!" Usagi, de repente impaciente, colocó un dedo sobre su boca. El gesto, le recordó a Chibi-Chibi. Otro fantasma. "¡Solo dejame terminar de decir mi discurso, Seiya! ¿Por favor? ¡Es importante! Y no sé si podré volver a juntar mis agallas para… decírtelo por segunda vez."
Seiya parpadeó. "Como quieras. Continúa con tu historia de terror, entonces."
Usagi aclaró sus garganta de manera exagerada. Le pareció sospechoso a Seiya, que la chica persistiera en no verlo cara a cara.
"A lo que me refiero es… A lo que voy… ¡Aaaarg! ¡Sabía que me desconcentraría!"
"Tómate tu tiempo." Seiya murmuró entre dientes. "No es que no estemos bajo presión, o limite de tiempo."
"¡No estás ayudando!"
"¡Que bien! Porque no estoy seguro si quiero seguir escuchando este tétrico relato."
"¡No es tétrico! Si tan solo me dejaras terminar一"
"¡Tú eres la que sigue interrumpiéndose sola, Odango!"
"¡Te escogí!"
Seiya dejó de respirar.
Los ojos enormes de Usagi le dijeron que aquella parte no había sido planeada. La chica hasta llegó a cubrir su boca.
Fue el anzuelo que Seiya nunca creyó que podría recibir. Olvidándose de la distancia, de sus inseguridades一de la existencia de los invitados y de Kakyuu-hime en la otra habitación一Seiya acorraló el cuerpo de Tsukino sobre el barandal, obligándola a levantar su rostro en su dirección.
"¿Estás jugando conmigo?" -Por favor, no jueges conmigo.
Usagi frunció su ceño con extrañeza. Destapó su boca lentamente. "Claro que no. Nunca haría algo así, Seiya. Me conoces."
La ira de Hino-san tuvo sentido en un instante.
La ausencia de Chiba-san.
La sonrisa de Odango fue un gesto tímido. "Creo… Creo que me conoces mejor que de lo que yo me conozco a mi misma." Odango colocó sus manos sobre el pecho de Seiya con delicadeza. "No sé cómo decirlo. Seiya… Sé que tienes responsabilidades..."
"Al diablo con ellas."
Usagi rió suavemente. Pero no duraron. Rápidamente, Usagi fue solemne. Y algo adorable. "Kou Seiya."
"¿Sí, Usagi Tsukino?"
"Me preguntaba…"
"¿Hai?" Seiya entonó con burla.
Usagi se alzó en puntillas para poder hablarle directo al oído.
"¿Te gustaría salir a volar conmigo?"
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Fin de Volumen 1.
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