"Sin Mitologías."

Por B.B. Asmodeus.

[+]+[+]


Parejas: Seiya Kou (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon). Menciones de antiguas relaciones entre Sailor Star Fighter/Kakyuu & Usagi Tsukino/Mamoru Chiba.

Rating: M/Adult/R/Lemon. Advierto que habrá Yuri, puesto que no negaré el verdadero género de Seiya. Tanto él, como Fighter, merecen loooove.

Sinopsis: "¿No se te ha ocurrido meditar en las consecuencias de tu decisión de cortejar a Sailor Moon? Y me refiero a las que no involucran tu propia satisfacción."

+ Notas Importantes:

(1) Primero que nada, quiero agradecerles a todos por sus comentarios tan alentadores. Antitos Kou Leto, ladynikiza, Srita. Rossy Kou, sakuramar21, Coffemokka, ¡gracias por su apoyo!

(2) Respecto a las líneas del tiempo, estaré constantemente brincando hacia adelante (porque si no, nunca terminaré esta saga XD). Este volumen inicia a 5 meses después de la batalla contra Galaxia. En mi mente, los Three Lights se fueron a un par de meses de completar el primer año, así que, a esa cifra solo le sumé los meses de vacaciones de verano. Usagi y las chicas apenas comienzan su segundo año de preparatoria.

(3) He decidido seguir mezclando los términos 'odango' con 'bombón'. Después de todo, ambos sobrenombres se escuchan de maravilla en la voz de Seiya, ¿verdad?

Nota: Versión actualizada 2020. Este capitulo ha sido editado, y se han agregado escenas nuevas.

(4) Traducciones.

Fuku= Uniforme de Sailor.

Senshi= Guerrera.

Ginzuishou= Cristal de Plata.

Demo= Pero.

Gomen= Lo siento.

Shimatta= Maldición, demonios.

Sugoi= Wow, grandioso, increíble.

Oi= ¡Hey!,¡Oye!

Arigatou= Gracias.

Hai= Sí.

Baka= Tonto, idiota, estúpido.

Chotto matte= Espera un momento.

(5) Cronología:

Parte i. Me Basta.

Parte ii. Sin Mitologías. (Estás aquí)

Parte iii. Atravesé Fantasmas Para Llegar Aquí.

Me Basta Extras.

Parte iv. Todos Quieren (Gobernar el Mundo). (Fic aparte)

Por último, Bishoujo Senshi Sailor Moon no es mío. *sniff*


[+]+[+]

ii.

[+]+[+]

"Confianza

es arrojar tu corazón

contra toda pared de ladrillo."

-Selena Gómez.

[+]+[+]


¿Qué es el Destino?

Destināre.

Fuerza desconocida que se cree obra sobre los hombres y los sucesos.

¿Cómo nace esa fuerza? ¿Qué la crea? ¿Por qué existe?

¿Qué sucede cuando se logra bloquear… o borrar?

Encadenamiento de los sucesos, considerado como necesario y fatal.

¿Necesario? ¿Necesario para quién? ¿A beneficio de quién? ¿Cómo puede encargarse de todos los destinos existentes en el universo? Si es una fuerza, ¿con manos de quién es dirigida? ¿Quién es el que actúa de juez para considerar el destino de una identidad?

¿Qué es lo contrario al Destino?

Libertad.

Liber.

¿Qué significa Libertad?

Que se tiene facultad para obrar o no obrar. Que no es esclavo. Que no está preso.

Entonces, ¿lo que hace el Destino es convertirte en esclavo?


[+]+[+]


Los gruñidos del gimnasio fueron pronto acompañados por el sonido de cuerpos caer sobre el piso.

Sobre su oponente, Sailor Star Fighter sonrió. Apretó su antebrazo contra la garganta a su disposición, presionando porque se enemiga admitiera la derrota.

Healer enseñó sus dientes en su intento de liberarse. "¡Figh-Fighter-b-baka!"

Fighter aplicó más fuerza. "Retráctate."

Healer golpeó el piso del gimnasio. "¡Ugh! ¡Como qui-quieras!"

"Ah, ah. Di la palabra mágica."

"¡Suéltame!"

"Sailor Fighter. Es suficiente, Healer se ha rendido."

Fighter rodó sus ojos. Soltó a Healer, rodando lejos de ella para acostarse en el piso acolchado donde entrenaban. "Siempre la defiendes, Maker."

"Bruta, estábamos entrenando, no luchando a muerte. ¿Qué maldita mosca te picó?" En cuanto tuvo oportunidad, Healer puso una distancia segura entre las dos. "¡Eres insoportable cuando te pones de este humor, Fighter! Haznos un favor a todos y no vengas a desayunar mañana al palacio." Contenta con ladrar su opinión a los cuatro vientos, Healer se retiró de la sala de entrenamiento, sus cabellos desaliñados.

Maker, siempre la intermediaria, habló antes de que Fighter tan siquiera abriera su boca. "Healer tiene razón. No fue justo desquitarse con ella."

Tras secar su rostro con las toallas del gimnasio, Fighter comenzó a contar en su cabeza del uno al diez, conociendo la poca resistencia de Maker ante su eterna ansia de investigación. Se ocupó con bajar el cierre de sus botas para prepararse a tomar un baño —4, 5, 6—, y justo cuando su última rodilla estuvo desnuda…

"¿Alguna razón en particular para este comportamiento?"

Fighter resopló por sus narices. "Cielos, pregunta lo que en verdad quieres saber, Maker." Conscientemente, no conectó su mirada con la otra Star Light.

Maker suspiró. "¿Tuviste una riña con Tsukino-san?"

Fighter aventó sus guantes sobre el banco. "No."

"Perdóname si lo encuentro algo difícil de creer."

"No peleamos. Te estoy diciendo la verdad. Tú mismo estuviste con nosotros cuando nos despedimos, ¿viste algo que indicara que estábamos molestas?" Fighter sonrió para sí, mientras se dirigía a las regaderas, escuchando los tacones de su amiga hacerle sombra. Mientras se concentró en ajustar la temperatura del agua para su agrado, el silencio creció.

Fighter podía casi escuchar los engranajes del cerebro de Maker trabajando, rebobinando el momento de la despedida entre Odango y Seiya en su última visita, para analizar alguna anomalía que se había perdido de vista la primera ocasión.

Ciertamente, Usagi Tsukino había lucido extasiada en la compañía de Fighter durante su estancia de tres días en Kinmoku. Cuando había llegado la hora de partir, uno de los mejores besos de su vida había sido plantado en Fighter.

Fighter no estaba mintiendo, su frustración no había sido causada por Odango.

"La extrañas."

"Claro que la extraño." Fighter renegó de nuevo. ¿Qué clase de pregunta tan estúpida era ésa? Apenas había transcurrido una semana desde que habían despedido a Odango y a Luna, y Fighter sentía que se le había amputado algo más vital que una pierna o un brazo.

Fighter pausó por un momento en la entrada de la ducha, mirando a sus espaldas con ceño fruncido. "¿Te vas a quedar ahí parada? Porque si quieres echar un vistazo lamento decirte que es demasiado tarde. Estoy apartada."

Ahora fue Maker la que giró sus ojos ante el inmaduro comentario. La Starlight se dio media vuelta, cruzada de brazos. "No quieras comenzar a defender tu virtud a estas alturas, Fighter. Nunca has sido exactamente modesta."

"Jar, jar. Pues lo soy ahora."

Removiendo las piezas faltantes de su fuku, Fighter no pudo evitar echar un vistazo al enorme espejo instalado en los baños.

-Mmm. Nadamal. Fighter sonrió. Todo el ejercicio que había ganado con la reconstrucción del palacio se había encargado de tonificar las partes que había descuidado durante su estancia en la Tierra. Sus caderas definitivamente habían quemado todo rastro de aquellas hamburguesas terrestres.

"En serio, Maker, te vas a arrepentir de haberlo averiguado. Deja de husmear en mis asuntos." Cerrando la cortina tras de sí, Fighter gimió satisfecha, el agua sintiéndose deliciosa.

"Es mi asunto también si planeas invadir el desayuno de Kakyuu-hime con tu gigante nube de amargura mañana. Sabes que es un día especial para ella, Fighter."

-Argh. Fighter odiaba que Maker jugara sucio.

Fighter sabía que su humor había descendido en picada estos últimos días, y que solamente se estaba tornando más negro. Que todos creyeran conocer la razón de su mercurial estado y la trataran como una granada a punto de estallar debido a ello; sólo empeoraba su dilema. ¡Como si Fighter necesitara ser tratada con tacto y finura!

Mañana se festejarían cinco meses desde su regreso a Kinmoku, y Kakyuu había planeado un estupendo desayuno para sus Starlights, convencida que necesitaban ser agasajadas por trabajar tan duro.

"Es personal."

"Y obviamente, está torturándote."

Fighter tomó el frasco del enjuague, uno de los tantos robados de la Tierra por Healer. Un penetrante olor a cítricos se liberó en la ducha. "Bien. No digas que no lo advertí."

No fue fácil comenzar. Así como no era sencillo para Fighter analizar el conflicto de sus propias emociones.

Su felicidad por estar en compañía de Odango parecía estar siempre a duelo con su honor de Star Senshi. Esta vez no fue excepción. "¿Recuerdas cómo Healer se comportó de manera histérica cuando se decidió que Usagi dormiría en mi habitación durante su estancia? ¿Cómo no dejó de lloriquear que quería dormir en paz, hasta que Luna retacó un puño de galletas en su bocota?"

"Difícil de olvidar. Pero, pensé que habías dicho que esto no tenía nada que ver con—"

"¿Podrías dejarme terminar?"

"Gomen, Fighter. Continúa."

"Bueno." Cielos, ¿por qué era tan complicado distraer a Maker? Fighter hizo un último intento para dispersar la atención de su amiga. "Primero quiero aclarar algo: al contrario de las morbosas opiniones de otras personas—¡Odango y yo no hicimos nada más que dormir!"

Maker se limitó a aclarar su garganta, expresando su incomodidad por el tema. Bingo. Justo como Fighter había deseado que se sintiera. -La venganza es dulce, ¿verdad?

"En segunda, ¿recuerdas el día que me pediste que le entregara un libro a Kakyuu-hime? Ése que te regaló Mizuno-san, el sádico de los niños encerrados en el ático."

"Hai, Fighter." Maker respondió, con cierto tono condescendiente. "El día que Usagi-chan y Luna se marcharon."

"Esa mañana, cuando llegué a la alcoba de Kakyuu-hime, Erii se encontraba con ella. Escuché su voz antes de tocar la puerta y…"

"Y no pudiste evitar espiar con tus grandes orejas."

"Exacto. Después de todo, ¿qué derecho tiene ese sujeto de andar merodeando la alcoba de nuestra Princesa?"

"Sabes muy bien que ganó su puesto de Canciller limpiamente, Fighter. No entiendo tu desprecio por él."

"¿De qué hablas? ¡El tipo es un completo presuntuoso!"

"Solamente dices eso porque intentó coquetear con Usagi-chan al enterarse que era la Princesa Serenity." La boca de Fighter se abrió de par en par, tragando espuma en el proceso. "Pero, antes que hagas un patético intento en negar lo contrario, ¿por qué mejor no te apresuras a llegar al punto de esta conversación, Fighter?"

Inmaduramente, la mencionada se tomó su tiempo en contestar. Cerciorándose que todo el enjuague saliera de su cabello, Fighter intentó calmar el caos que llevaba dentro desde que había escuchado a Kakyuu-hime aquella mañana.

Las noticias le habían caído en la punta del hígado—Pero simultáneamente, de sus hombros se había disipado gran parte de la presión que se le había acumulado recientemente.

Un doble peso—Kakyuu y Usagi Tsukino.

"Ahora son dos Princesas a tu cuidado, ¿crees poder cumplir con tu obligación con ambas? ¿No te parece muy ambicioso de tu parte?" Tenoh-san le había retado, antes de dejar la Tierra, con ojos de acero.

-Primero muerto, Seiya había pensado en el momento, -antes de demostrarte lo contrario.

"Estaban discutiendo la convocatoria para nuevas Sailor Starlights."

El silencio que prosiguió fue pensativo.

Lo único que lo rompió fue el rechinido de la llave que Fighter cerró con su puño. Exprimió su cabello. Tras jalar la toalla del soporte de la cortina para envolverse en ella, Fighter enfrentó a su compañera con tensión en su postura, los beneficios de la pasada ducha, ahora inútiles.

Maker giró para mirarla a la cara. A Fighter no le agradó nada su expresión. "Ya sabías que esto iba a suceder. Si algo nos enseñó el ataque de Galaxia, fue que necesitamos a más guerreras."

Lo último que Fighter deseaba era tener esta conversación media desnuda, pero no miraba otra escapatoria. "Quieren formar otro equipo completamente nuevo para reemplazarnos, ¿cómo puedes estar tan calmada? Hemos demostrado ser más resistentes que la mayoría de las Sailor Scouts del Sistema Solar bajo el mando de Sailor Moon; fuimos las últimas tres en seguir de pie al final de la batalla contra Sailor Galaxia. ¿Acaso no cuenta de nada? ¿Por qué Kakyuu-hime está tan apresurada por reclutar a completas extrañas?"

Sailor Star Maker la contempló con su ceño severamente fruncido, su quijada tan apretada como la de Fighter. Cuando deliberó su opinión, el tono fue duro. "Eso es, posiblemente, lo más egoísta que te he escuchado decir."

Cólera invadió su ser, gasolina recorriendo las venas de Fighter, preparándola para una confrontación que había estado evadiendo. "¿Nani? ¿Yo soy la—?"

"¿Te has puesto a pensar en por qué Kakyuu está haciendo todo esto? ¿En por qué se está previniendo con esta táctica? ¿Eh, Fighter? ¿No se te ha ocurrido meditar en las consecuencias de tu decisión de cortejar a Sailor Moon? Y me refiero a las que no involucran tu propia satisfacción."

Para evitar hacer algo de lo que se arrepentiría, Fighter le dio las espaldas a la otra Star Senshi. -En verdad no quieres patearle el trasero con sólo una toalla de por medio. "Maker. No la metas en esto. Te lo advierto."

"¡Es imposible no involucrar a Sailor Moon, viendo que tan necia fuiste en persuadirla! Es obvio que no tenías idea de lo que ibas a hacer cuando llegó la hora de volver a casa, porque simplemente no pensaste tan a futuro. Nunca lo haces. Bueno, ahora no tienes excusa, Fighter. Pon los pies en la tierra y dime, ¿qué planeas hacer cuando Usagi-chan se gradúe de la preparatoria? ¿Seguirán viéndose sólo en fugaces visitas a través del universo?"

"¡Claro que no!" La noción de que Fighter se convirtiera en otro Mamoru Chiba para Usagi le daba náuseas.

Estaba consciente de que no había tenido un plan. Maker tenía razón, Fighter no había medido las verdaderas consecuencias de lo que una relación con una persona de otro planeta implicaría. Fighter sabía que pronto algo tendría que ceder—

Entonces, las palabras de Maker tuvieron sentido.

Fighter tragó saliva.

Las razones detrás de la decisión de Kakyuu-hime se mostraron claras en su cabeza.

¿Qué planeas hacer cuando Usagi-chan se gradúe de la preparatoria? Fighter tenía sólo un hecho por seguro: quería estar con Odango. De manera definitiva. Quería estar cerca de ella, sin importar dónde.

-Sin importar dónde.

Demonios.

Su compañera, siendo una experta en leer sus expresiones, le permitió a Fighter un instante para sobarse donde la Vida Real le había dado el cabezazo.

"Así que…"

Maker no la ayudó. Siguió mirándola, mirada aguda.

Fighter volvió a tragar saliva. Se dejó caer en la banca de las duchas. "¿Así que está haciéndolo por mí? ¿En el caso de que decida irme a vivir a la Tierra?"

"Sólo había escuchado insinuaciones hasta ahora. Pero si nuestra Princesa quiere llevar a cabo este plan como dices, es porque en definitiva piensa liberarte de tu puesto como Sailor Star Light. Es obvio que Kakyuu-hime tiene toda la intención de no ser un obstáculo entre ustedes dos."

Lo último, fue la metafórica flecha en su talón de Aquiles, la gran muestra de la nobleza de su princesa dejando a Fighter sin aliento.

Tenía que admitir que toda su vida había sido algo egoísta. Acostumbrada a obtener siempre todo lo que deseaba, a Fighter no se le había dificultado obtener la atención de Kakyuu desde temprana edad. Desde el primer momento, una intensa química había flotado en el ambiente entre ellas y su mutua atracción no había podido ser contenida por mucho tiempo. Convertirse en la líder de las Starlights había sido, por muchos años, el mayor logro de Fighter. Ganar el favoritismo de Kakyuu al mismo tiempo, había sido una dulce victoria de más.

Hasta que se había encontrado a una completa extraña en aquel aeropuerto terrícola, y el magnífico resplandor de su hermosa estrella la había capturado en cuerpo y alma.

Todo había cambiado después de conocer a Odango. Su indefinido e intangible potencial con Kakyuu se había ido desvaneciendo, entre más larga había sido la estancia en la Tierra. Para cuando se habían vuelto a reunir con su Princesa, Fighter se había visto obligada a hacerle cara a una cruel realidad: su aprecio por Kakyuu nunca había sido amor, después de todo.

Adoración y cariño, sí. Atracción, sin duda alguna. Respeto, claro que sí.

Pero, ¿amor?

El agonizante dolor que había acompañado su deseo de estar con Usagi, había sido la prueba definitiva de que Kou Seiya nunca había experimentado algo semejante, en ninguna de sus pieles.

Se habían requerido agallas para aceptarlo, así como de mucho más, para resignarse a las cosas que Seiya había sido incapaz de cambiar.

Había hecho su elección a pesar de todo en su contra—aun creyéndose el perdedor.

Posteriormente, sin la necesidad de discutirlo, la nueva relación entre Sailor Fighter y Sailor Moon había sido puesta en consideración después de regresar a Kinmoku. Cuando se había planeado una visita de Odango, su Princesa nunca había colocado trabas.

Por lo tanto, solamente estar agradecida era una mísera paga para el sacrificio que Kakyuu-hime estaba haciendo. Fighter sabía que, de por vida, estaría en deuda con la mujer.

"De todas maneras, podría lograrlo. Podría seguir siendo Sailor Star Fighter y Seiya para ambas. Podría cumplir con mi deber. Mi relación con Sailor Moon no interferiría, Maker."

"Aprende de tus errores, Fighter. No seas tan terca." Con un largo suspiro, su amiga se sentó a su lado sobre la banca húmeda. Fighter miró de reojo como dos largas piernas oscuras se cruzaron. "No puedes llevar los dos paquetes de responsabilidades sobre ti, mucho menos al mismo tiempo. Te volverás loca."

"Pero—" La misma Fighter se auto-interrumpió, frotando su boca con sus manos.

"Buscar a más Star Senshis no significa que nos reemplazarán por completo. Solamente que menos deber caerá en nuestras manos. El bienestar y cuidado de Kakyuu-hime será compartida entre más personas." Una pausa. Otro suspiro de parte de Maker. "No nos están reemplazando, Fighter. No te está reemplazando. Cáptalo ya."

Nació otro momento de silencio.

Fighter retomó la cinta de su cabello del montón donde descansaban sus pertenencias. Sin molestarse en secarse bien, la star senshi se deslizó de vuelta a su fuku, con excepción de las botas y los guantes. Siempre que seguía este ritual, de armar su identidad de senshi de manera tan manual, un poco de calma se le atribuía a su revuelto corazón. "¿Healer ya lo sabe?"

"No. Y sólo puedo imaginarme que tomará las noticias peor que tú."

"Puedes apostarlo." Healer era la más consentida de las tres, la mera noción de ser reemplazada la mandaría a hacer un tremendo berrinche que pondría la reacción de Fighter en vergüenza. "Lo más probable es que se niegue a dirigirme la palabra por el resto del año. Me va a culpar de todo." Y a Sailor Moon, pero Fighter se encargaría del asunto cuando la hora llegara.

"¿Estás bien?"

Ambas conectaron su mirada a través del espejo, el reflejo mostrándole preocupación en el sofisticado rostro de Maker. Fighter intentó sonreírle. "Lo estaré. Ya comprendí lo que tratas de decirme, Maker… Aunque, por tu cara puedo ver que quieres decirme aún más."

Maker no negó lo dicho. "Me preguntaba si… Si ya te habías dado cuenta del nuevo rol en el que te has metido. Por lo que Luna nos platicó, Usagi-chan estaba destinada a convertirse en Neo-Reina."

Fighter se congeló en su lugar. "Así es."

Maker alzó sus cejas.

Fighter carraspeó su garganta. El tema, aparte de ser delicado, y rodeado de un campo minado, tenía a Fighter algo harta. "Sí. Conozco ese disco rayado. El futuro basado en que Serenity se casara con el Príncipe Endymion de la Tierra. Algo políticamente imposible, ahora, ¿no crees?"

"Justo a eso me refiero. La Princesa Serenity podría todavía convertirse en Neo-Reina, aunque no necesariamente de la Tierra, Fighter. Como nosotras, podría reconstruir su viejo hogar."

El Milenio de Plata.

Fighter resopló por sus narices. "Dudo que Odango lo tenga en sus planes. Ama demasiado el planeta Tierra como para abandonarlo de forma definitiva. Sin olvidar a las Solar Senshis, Odango quiere que sus amigas sigan una vida normal, que cumplan sus sueños sin estar atadas a su deber."

Una sorprendida ceja castaña se levantó. "¿Ella te contó todo eso?"

Fighter sonrió, arrogante, al espejo. "Lo diré ahora y siempre: todas ustedes subestiman demasiado a Sailor Moon."

"O es que ella confía más en ti, que en otras personas."

Una increíble satisfacción recorrió todo el cuerpo de Fighter, la magnitud de esas palabras llenándola de calor. "Maker, ¿a qué quieres llegar? ¿Te estás vengando por lo que te hice sufrir hace rato?"

"En parte. Supongo que mi cuestión se dirige a esto: ¿qué harías en ese caso? Considerando, por supuesto, que llegaras tan lejos como contraer matrimonio con Usagi-chan—"

"¡De acuerdo, detente justo ahí, Maker!" Sus rodillas le amenazaron con convertirse en puré.

"Solamente quiero que estés advertida."

"No me importa."

Maker parpadeó desorientada, la rápida y firme respuesta siendo inesperada. "¿Nani?"

"No me importa, Maker." Respirando hondo, Fighter se permitió albergarse en el recuerdo de la última noche que Odango había estado en sus brazos, ambas comiendo unos de los tantos cupcakes que Makoto-san había mandado desde la Tierra; hablando de todo, y al mismo tiempo, de nada importante. "¿Honestamente? A Odango le interesa vivir en el ahora. No estoy opuesta a la idea de hacer lo mismo."

Sailor Star Maker la observó por otro rato, asimilando la información lentamente. Cuando su veredicto vino, Fighter estaba por terminar de ponerse sus botas. "Suena prudente."

"Que alegría que lo apruebes." Fighter gruñó. "¿Podemos cerrar la sesión ahora? Me muero de hambre, Doc."

Maker se limitó a asentir su cabeza. Caminó hacia la salida de las duchas junto con Fighter.

Justamente segundos antes de apagar las luces, la líder de las Starlights se dirigió a Maker con una diabólica expresión.

"¿Ne, Maker?"

"¿Mm?"

"Aunque debo admitir que la idea de poder darle órdenes a Sailor Uranus es demasiado irresistible como para dejarla pasar."

Esta vez, Maker no se frenó y las carcajadas hicieron eco por la cerámica del pasillo.


[+]+[+]


Pequeños fragmentos de Usagi Tsukino se fueron infiltrando por la alcoba de Seiya.

Cartas, principalmente.

Se desplazaban por todas partes. Cartas sin terminar en su escritorio, sobres rotos debajo de su almohada, sobres con calcomanías de conejos en su mesa de estar. Sin olvidarse de los presentes que Odango mandaba con ellos: chocolates para Healer, revistas científicas para Maker y CD's de los grupos musicales que a Seiya tanto le habían fascinado en la Tierra.

Fotografías también—lo que más le agradaba a Fighter recibir, ya que con ellas se podía dar una idea de todo lo que se estaba perdiendo.

Querido Seiya:

Te tengo malas noticias. No quería decírtelo, pero Rei-chan me dijo que no fuera cobarde. Oiiii. Se trata de mi examen de álgebra¡Estoy segura que me iré a extraordinario! ¡Tengo tanto miedo! Hasta a Mina-chan le fue mejor que yo, ¡no puedo creerlo! Y lo peor es que mi mamá me amenazó con quemar todos mis mangas si no aprobaba la materia, ¿cómo puede ser tan cruel? Pero, ya tengo un excelente plan para alegrarla. Su cumpleaños viene la próxima semana y Mako-chan me ayudará a hacerle su pastel favorito. ¿Acaso no soy lista?

Además, Ami-chan dice que me ayudará a estudiar. ¡Es tan dulce! Luna me dice que no debería molestarla, pero Ami-chan es mi última esperanza, ¡no puedo dejarla ir!

Demo, cambiando de tema, Mina-chan me avisó que me acompañaría la próxima vez que te visitara, así que diles a los pobres de Yaten-kun y Taiki-kun que se escondan bien, he he he. Sigue obsesionada con todavía tener una cita con ellos, a pesar que le explique que estaban muy ocupados con las reconstrucciones.

¿Ne, Seiya-chan? Te extraño. Nunca lo olvides.

Todavía nadie en el salón te ha reemplazado en el asiento a mis espaldas, pero los pocos que lo han intentado se las han visto conmigo, Mina-chan y hasta con Sonoko-san. ¿La recuerdas? Sigue siendo la fan #1 de Three Lights, he. Está a punto de graduarse y me dice que quiere estudiar Psicología. ¡Estoy segura que lo lograra! Aquí entre tú y yo, la envidio por estar tan segura de qué quiere hacer con su vida. Yo todavía no tengo la menor idea de que vocación elegir, y las chicas están comenzando a presionarme al respecto. Hasta Luna.

Odio que me acorralen de esa manera. Tú sabes muy bien que lo odio. ¿Qué no ven que apenas comienzo a disfrutar de mi libertad? ¿Cuál es la prisa? Todavía nos faltan dos años más de preparatoria.

En fin, sé que estás ocupada, Fighter-chan, así que me despediré por el momento. ¡Saluda a Kakyuu-san, Healer, Maker y a Erii-san de mi parte (ya no seas tan grosera con él, es un buen hombre)! Todas las chicas les mandan los mejores deseos también, hasta Haruka-chan, ¡aunque no lo creas! Te dejo con fotografías de nuestra asistencia a su última carrera. ¡Ganó el 1er. Lugar!

xoxo

De Usagi-chan.

P.S. Ai shiteru.

Siempre era una aventura seguir la estructura de los pensamientos de su Bombón. En algunas cartas comenzaba alegre y terminaba pensativa, con borrones todavía perceptibles a la mitad de la hoja.

En otras, contaba tanto sobre las vidas de sus amigas que ella misma se volvía invisible. O en otras empezaba y concluía llena de energías por todo el azúcar que había recién consumido.

Singularmente, en las últimas correspondencias Fighter había comenzado a notar líneas como Odio que me acorralen de esa manera y ¿Por qué no pueden dejarme sola por un rato? y focos rojos se encendían en la cabeza de Fighter. Preocuparse era inevitable. Fighter sabía que pocos conocían este lado de Usagi, el lado más íntimo de sus inseguridades; el lado que no mostraba a sus senshis porque temía lastimar sus sentimientos.

Cuando Usagi estaba dentro de ese humor, Fighter sabía que tenía que permitirle experimentarlo en todo su esplendor. Tenía que dejarla sentir frustración, ira, apatía, y todos los sentimientos que Usagi estaba acostumbrada a guardarse. Porque era lo sano. Odango tenía que desahogarse. Porque si no…

...explotaba en la peor manera.

Sinceramente, Fighter no comprendía por qué las Solar Senshis no se daban cuenta.

Cuando Fighter sacó las fotografías, lo primero que miró fue la figura de Haruka, vestida en su equipo de carreras, el casco en una de sus manos. Era obvio que la foto había sido tomada por alguna de las demás chicas, en un momento inesperado, puesto que Odango se encontraba sentada en la motocicleta, sonriendo de algo que Haruka le platicaba. Más motos y carros desfilaban en el fondo. Los brillantes colores del estampado del vestido de Odango eran imposibles de perder de vista, no obstante. Parecían ser flores, la palidez de su piel creando un bello contraste. Los rayos del sol iluminaban los rubios odangos de Usagi, así como el cobrizo cabello de Haruka, las dos amigas expresando un aire contento y relajado.

Cada una a su manera, resaltaban de la marea de personas en el fondo.

-¡Ésa es mi chica! Admirando la fotografía, fue imposible no sentirse orgullosa—posesiva.

Fighter volteó la foto. Un recado le recibió en kanji que no conocía.

¡Estoy segura que ésta foto será una de tus favoritas, Seiya-kun! No tienes idea de cuánto trabajo nos costó tomarla (Mako-chan tuvo que levantarme sobre uno de los autos participantes y casi termino demandada por el conductor—Aunque hay que agradecerle a Kami-sama por los increíbles encantos que me dio, ¡porque logré convencerlo de que saliera conmigo!).

¡Ja ne!

Minako-chan.

Fighter sonrió de par en par. No cabía duda que Minako-chan era peligrosa, aunque muy buena fotógrafa. Las siguientes fotos mostraron a todas las amigas de Odango posando con Haruka después de haber ganado. En una, Michiru-san era abrazada por Odango y por la pequeña joven llamada Hotaru. La siguiente mostró a Usagi compartiendo su cono de helado con Luna, mientras que Minako abrazaba a Makoto-san, y Ami-san servía de relleno entre las dos.

Después, vino la última fotografía, y derritió el corazón de Fighter a niveles ridículos.

Era simple. La cabeza de Odango descansando sobre sus brazos cruzados, vistiendo su uniforme escolar y profundamente dormida en la compañía de Luna y Artemis.

Lo más dulce resultaba ser la sincronía con las que las tres cabezas descansaban, todas inclinadas en el mismo sentido. No se podía saber si Odango imitaba de manera subconsciente a los felinos, o los felinos a ella. Era adorable.

"Gomen, pero ésta es mi favorita, Minako-chan." Fighter la separó de las demás para colocarla en uno de los portarretratos que la misma Odango le había traído de Japón. Escogió su escritorio para acomodarla, puesto que era el lugar donde más tiempo Fighter gastaba (aparte de la cama), escribiéndole de vuelta a Usagi.

Días después, fue Healer la primera en notar la fotografía, y cuando lo hizo, río suavemente. "Ne, vaya que muestra a Usagi-chan en su hábitat natural, ¿cierto?"

Una almohada en su cabezota fue su recompensa.


[+]+[+]

Tres meses después.

[+]+[+]


La Convocatoria por más Starlights a cargo de la Seguridad Real de Kinmoku-sei, se había dado por iniciada.

Aquella mañana, Kakyuu-hime había dado formalmente las noticias a la Capital de que sus tres principales Sailor Starlights serían elevadas de rango y los números de Star Senshis necesitaban aumentarse.

La población lució confundida con el anuncio, y no fue para menos. El críptico anuncio dejó a las mismas Starlights con bastantes preguntas. No fue hasta la hora de la cena, que su Princesa entró en detalles, en la privacidad del comedor del Palacio.

"Si el Príncipe de la Tierra lo permite, Sailor Star Maker será asignada como Embajadora de Kinmoku en dicho planeta." Kakyuu habló con ligereza, como si estuviera narrando el maravilloso clima y no mandando a Maker a la hoguera.

Fighter volteó atónita a ver a Healer, ambas sentadas una frente a la otra en el Comedor Real, los trozos de durazno yéndose por el camino equivocado de la tráquea de Fighter.

"Eeeh."

"Mmmgh." Fighter tosió para sí.

"Siempre tan elocuentes." Maker murmuró, sentada entre Fighter y Kakyuu. "Discúlpeme, Majestad, pero estaba bajo la impresión de que solamente seríamos suspendidas de labores mientras durara la etapa de paz entre los sistemas solares, no elevadas de rango, canalizadas a otro departamento dentro del organigrama Real, y mandadas a otro planeta."

Para el enojo de Fighter, fue Erii Kari quien respondió, pidiendo la palabra a su Princesa con una mirada. "Y no lo serán. Solamente usted, Star Maker."

Fighter frunció su ceño. "Cuida tu tono."

"Fighter." Sailor Maker la frenó, levantando su palma enguantada.

"No deseamos alertar a la población de Kinmoku con la retirada de Sailor Star Fighter de su puesto. Por ello, creímos conveniente colocar el punto de atención en la creación de la Embajada y en la Convocatoria de nuevas Starlights. Al presenciar el entrenamiento de nuevas Star Senshis, Kakyyu-hime y la Corona tiene la esperanza de que todos se tranquilicen lo suficiente para recibir las noticias, más a futuro. Como pueden ver, solo buscamos que las derivaciones no pasen a mayores."

"Así que buscan que el golpe se sienta con menos impacto." La analítica voz de Maker fue acompañada con una mirada fría.

Erii, por más que lo intentó, no pudo evitar expresar cierto nerviosismo en su rostro. "Hai, Sailor Star Maker."

"Eso no explica la parte que involucra que me enfrente al Príncipe de la Tierra. Un Príncipe, debo agregar, que tiene todas las razones para no desear saber nada de nosotras."

"Sí," Healer opinó por primera vez. "Fighter se encargó de cerrar, muy bien, esa puerta con todos los candados existentes. Ese sujeto no nos querrá ver ni en pintura."

Fighter la pisó por debajo de la mesa antes de que más tonterías se soltaran de esa bocota. "Esperen un minuto, no quieran echarme la culpa si el Príncipe nos rechaza. Es más, no debería rechazarnos. Muy aparte de… nuestros conflictos personales… nosotras fuimos las que terminamos protegiendo su planeta en su lugar."

"Oh, sí, estoy segura que dirá Gracias por salvar mi planeta y robarte a mi prometida, ¿se te ofrece algo más?, por favor, Fighter. Madura."

"A decir verdad." Kakyuu interrumpió. "Yo misma me contacté con él y Chiba-san se comportó lo suficiente civilizado para plantearle la idea de la Embajada." Sonriendo ante sus mentones caídos, prosiguió. "De hecho, expresó su agradecimiento, una y otra vez, por su intervención y constante protección del Planeta Tierra y de la Princesa Serenity. Fue vehemente en insistir que cualquiera de ustedes, Sailor Star Lights, siempre sería bienvenida de vuelta en la Tierra."

-Como si necesitara su permiso para regresar, Fighter renegó en su mente, una de sus manos haciéndose puño. "¿Cómo lo contactó, Kakyuu-hime?"

Kakyuu tomó otro sorbo de su jugo antes de contestar, mirando a Fighter directamente a los ojos. "No te preocupes, Fighter. Luna-san me hizo el favor de actuar como mensajera. La próxima vez que Serenity-hime nos visite sabremos una respuesta definitiva. Por cierto, ¿estaban enteradas que Luna solía ser la Secretaria de la Reina Serenity en la época del Milenio de Plata? No es solamente una simple gatita, muchachas."

Los hombros de Healer se inflaron automáticamente. "Hai, hime. Luna es muy inteligente."

"Y una pervertida." Fighter agregó entre dientes. Esquivando la patada que ya había previsto venir de parte Healer, Fighter tomó su mentón en su mano libre. "Dígame algo, Princesa. ¿Sailor Moon está enterada de todo esto?"

Con eso, una nueva tensión se deslizó en el comedor. Maker bajó su mirada y Healer le envió dagas con la suya a Fighter.

"No, Fighter. Sailor Moon no está enterada todavía."

"Ah."

No había más que Fighter pudiera decir. No quería ir contra de su Princesa, pero Fighter sabía que no era correcto ir detrás de las espaldas de Odango de tal manera.

"Luna-san me pidió esperar antes de contarle a Sailor Moon. No deseaba causarle inconvenientes. Parece ser que Chiba-san y Tsukino-san no mantienen ninguna clase comunicación por el momento."

Indiscreta sorpresa apareció en la cara de Healer al escucharla. Fighter, por su parte, ya estaba enterada. Mamoru era un tema delicado para Odango.

"Fighter." La orden fue firme. Fighter levantó su rostro hacia Kakyuu. "No te preocupes. No te pediré que mientas por mí. Lo último que deseo es colocarte en situaciones incómodas con Serenity-hime. Yo misma le informaré de todo cuando nos volvamos a ver."

Fighter tragó saliva. "Arigatou, Kakyuu-hime." Intentó guardar silencio, entonces.

El plan no duró. Su naturaleza impulsiva ganó de nuevo. "Es sólo que…" Fighter frunció el ceño al notar la ausencia de Erii en el comedor. El sujeto, al parecer, sí sabía el significado de la discreción. "Deberían confiar más en Sailor Moon. Me refiero a Luna y a sus otras Senshis. Ellas deberían confiar en que Sailor Moon puede manejar este tipo de situaciones."

Labios carmines sonrieron. "Tienes toda la razón, Fighter. Creo que están aprendiendo a cambiar su comportamiento, si me permites decirlo, pero ellas también necesitarán tiempo. Verdadero cambio no surge de la noche a la mañana. Serenity-hime ya logró sorprenderlas una vez, estoy segura que no será la última."

Estirando sus brazos, Healer no tardó en meter su opinión al respecto, su voz burlona. "Sí, vaya que sufrieron un paro cardíaco cuando se enteraron que Usagi-chan había roto con el famoso Príncipe. Fue divertido ver sus caras ponerse moradas—"

"—y luego azules." Maker sonrió.

"Y luego rojas cuando Odango me tomó de la mano." Fighter completó, perdiéndose en el atesorado recuerdo solamente por un instante. "Lástima que Haruka-san ya había dejado la Fiesta de Despedida esa noche." Junto con Hino-san, la gruñona.

Risas flotaron por parte de las tres Star Senshis.

"Deja de buscar peleas con Sailor Uranus, Fighter." Kakyuu-hime le reprimió, pero con un brillo pícaro en su mirada. "Recuérdalo bien, eres la pareja de Serenity-hime ahora, debes comportarte adecuadamente."

Fighter roló sus ojos. "¡Es a ella a quien le gusta pelear conmigo!"

"En fin, regresando al tema," Maker alzó su voz. Luciendo seria por un largo momento, esperó a que todos guardaran silencio para dirigirse con su Princesa. "¿En realidad tendré que ser Embajadora, o todo esto es una cortina de humo? ¿Qué tan serio tengo que tomarme esta nueva asignación?"

Whoa, a alguien no le sentaba bien los nuevos planes.

Una expresión de pena apareció en Kakyuu. "Lo siento, Maker. Pero, esa parte es verdadera. Eres la más calificada para el puesto. Si el Príncipe de la Tierra acepta, en cuanto las nuevas Star Lights estén capacitadas, estarías lista para fungir en tu nuevo rol."

Fighter trató de animarla. Todo era culpa suya, después de todo. "Vamos, Maker, solamente piensa en lo que sucedería si asignaran a Healer. Estaríamos en guerra con la Tierra en menos de una hora."

"Oye, idiota—"

"Bueno, si lo planteas de esa manera, mi perspectiva se vuelve más flexible."

"—¡Oiii!"


[+]+[+]


Después de dos semanas de eliminatorias, Sailor Star Fighter, Sailor Star Maker y Sailor Star Healer se enfrentaban con el desafío de escoger a cincuenta candidatas de un grupo de doscientas. Para nada, una hazaña fácil.

Para la sorpresa de nadie, Healer fue la primera en tirar la toalla ante el estresante proceso de eliminatorias, "¡No puedo hacer esto un minuto más! ¡Lo que quiero es irme a dar un baño! Apesto."

"Siempre." Fighter sonrió, ganándose un manotazo. "Tenemos que terminar de escogerlas lo más rápido posible, Healer. Entre más rápido lo hagamos, más rápido terminaremos con todo este embrollo."

"¡Augh! ¿No puede ayudarnos Kakyuu-hime con otra lectura?"

"No, la Princesa ya identificó a las chicas con estrellas de más resplandor del grupo. Ahora depende de nosotras decidir si tienen las aptitudes y actitudes que se necesitan para ser una Starlight." Maker repitió por milésima vez, dando otro largo trago de su botella con agua.

Había sido su idea tomar un pequeño receso en la sala de entrenamiento, a pesar de que las eliminatorias se estaban llevando a cabo en la arena del Palacio, una sección creada especialmente para la ocasión. Maker conocía muy bien los temperamentos de sus compañeras. La distancia las ayudaría a equilibrarse.

"No recuerdo tanto alboroto cuando nos eligieron a nosotras."

"Kakyuu-hime dice que éramos las únicas con el resplandor necesario para ser senshis. Además, creo que tú y yo ya estaban elegidas desde nuestro nacimiento. Fighter fue la única que tuvo que atravesar por todas las pruebas."

"Ah, sí. La impresionante Fighter jugando a Romeo para ganarse la atención de Kakyuu-hime, ¿cómo pude olvidarlo?"

Sin embargo, Fighter estaba muy ocupada viendo el atardecer para seguirle la corriente a Healer. Permanecía de pie frente a una de las ventanas, su mirada completamente ida.

Maker intercambió una mirada con Healer ante el silencio. Reconocían ese semblante sombrío.

Healer se levantó y dio un fuerte estirón a su espalda. "¡Vamos, entonces! ¡Tenemos mucho que hacer aún! Fighter tiene razón, entre a más chicas hagamos llorar, más deprisa se acabará este calvario."

Maker asintió, comenzando el camino de vuelta a la arena. "Personalmente, tengo una preferencia por Bryn-san. La creo la suficientemente resistente a nuestro disfuncional estilo de vida."

"¿Bryn-san? ¿De qué hablas? ¡Esa chica está media chiflada!"

"Exacto."

Tres días más de eliminatorias y habían logrado disminuir la cantidad a veinticinco. Ante la sugerencia de Sailor Maker, Kakyuu-hime volvió a dar una segunda lectura de los resplandores de sus estrellas internas. Con esa ayuda, se restaron diez. Dos días posteriores, la competencia reñida dio el resultado de siete.

"Se supone que son cinco los lugares vacantes, pero estoy bastante impresionada con las siete." Kakyuu opinó después de visitar el gimnasio y presenciarlas entrenar bajo la tutela de Fighter. "Sus estrellas son muy cálidas."

"Son bastante compatibles una con la otra, también." Maker le informó. "Con excepción de Bryn-san, porque—"

"—está media chiflada." Healer le guiñó el ojo a la Princesa. "Pero, es divertida. Voto por ella."

Al final, Kakyuu decidió darles a todas un descanso de una semana, para refrescar sus mentes y conseguir una decisión final completamente objetiva.

Los primeros tres días de dicho descanso fueron transcurridos durmiendo—en el caso de Fighter, y de permanencia constante en las piscinas del Palacio, en el caso de Healer.

Maker se dedicó a reactivar su poesía, olvidada después de su regreso a Kinmoku. Había extrañado escribir; atar versos en la quietud de su alcoba, tomando té de naranja terrícola.

Ah. El Planeta Tierra.

Taiki no se consideraba sentimental, ni una persona arrebatada con sus pasiones. Era un fenómeno peculiar, entonces, encontrarse sintiendo nostalgia por aquel planeta y su estilo de vida.

Sailor Star Fighter era egoísta hasta para considerar que Maker y Healer también se había encariñado con el planeta. Puede que no sufrieran la misma añoranza de Fighter, pero Maker sabía que Healer se había acostumbrado al estilo de vida de ídolo con demasiada facilidad.

Taiki extrañaba el avance tecnológico; desde el mero placer de conducir un automóvil, acudir al observatorio astronómico, e utilizar el laboratorio químico de la Universidad de Tokio para sus proyectos personales de genética.

Echaba de menos a sus antiguas compañías, también.

Mizuno-san había puesto sus nervios de punta con su tendencia al romanticismo en un inicio, pero la terquedad de la chica había rendido frutos en una buena amistad después de enfrentar al Caos. La mente de Mizuno era difícil de encontrar en otro lugar—Kinmoku sería otro planeta con más cerebros, de tan alto IQ.

Kino-san era lo contrario, una mujer de instinto puro. Impulsiva. Pero sus recetas eran espectaculares. Taiki disfrutaba de su constante correspondencia con ambas, experimentando con los condimentos de Kinmoku que se asemejaban con los terrícolas para comparar resultados.

En su cuarto día de descanso, Healer se le unió en el balcón de su habitación. Las ojeras habían desaparecido de su rostro.

"¿Te sientes mejor?"

"Mucho mejor." Healer gimió de placer, tomando asiento en el comedor. "Huele rico. ¿Qué cocinaste esta ocasión?" La mujer no esperó una respuesta para destapar la charola de porcelana del centro de la mesa. "Aw, ¿roles de canela? ¿Pero, como te las arreglaste, Maker?"

"Tsukino-san fue la proveedora de los ingredientes en su última visita."

Healer masticó del panecillo con una mueca. "Tsukino-san, Usagi-chan, Odango, Sailor Moon… ¡Es increíble que no dejo de escuchar sobre esa chiquilla a más de trescientos años luz de la Tierra!"

Taiki dejó de escribir en su libreta, posando su atención en su compañera. "¿Sigues molesta por la expansión del equipo?"

Healer se encogió de hombros.

"Ya sabes que no es justo culpar a Sailor Moon."

"Pfff. No te preocupes. Culpo a Fighter-baka." Healer pasó el trozo de panecillo con un trago de la limonada natural que la misma Taiki había preparado. "A Seiya y su incapacidad para mantener sus pantalones cerrados."

Taiki sonrió. "¿Alguna vez… no sentiste el mismo impulso?"

"¿Nani?" Healer tosió. "¿Impulso de qué?"

Taiki acarició su propio mentón. "Tenemos que admitir que pasamos más tiempo en cuerpos masculinos que cómo como Sailor Starlights. Hubo ocasiones que los niveles de testosterona afectaron nuestros impulsos y emociones de manera inevitable, no lo niegues."

"¿Y eso qué?"

"Healer."

Healer desactivó su hensin, retomando la forma de su vestido de tul. "No. Nunca sentí ningún tonto impulso. Sabes que no me agradaba permanecer en mi cuerpo masculino. Era una ilusión, nada más."

"Te adaptaste eventualmente. No digas que todo fue tan malo."

"¡Era un acto! Parte de ser una celebridad, lo sabes, Taiki."

"Mmm." Taiki decidió cambiar de tema. "Tu habilidad para la transfiguración ha evolucionado bastante. ¿Piensas continuar con tus lecciones con Kakyuu-hime?"

"Oi, que preguntona andas hoy." Yaten estiró sus piernas en la banca vecina. "Tú eres la científica, no yo."

"Tiene un don especial, Yaten. Sería una tristeza que lo desperdiciaras. Tus habilidades metafísicas están unidas a un tipo de magia que ni Seiya, ni yo, hemos podido desarrollar. Es algo que ya viene de tu herencia de sangre."

"Sí, sí, sí. Continuaré mis lecciones con Kakyuu, mamá." Yaten gruñó. "Cuando tenga tiempo libre, claro. La pobre apenas tiene tiempo para comer y dormir."

Taiki asintió. Kakyuu-hime trabajaba duro día y noche. Buscaba compensar su abandono en muchas maneras diferentes. Sin embargo, habían rumores que no toda la población estaba mostrando su lado más misericordioso afuera de la capital. Kin-Norte se negaba a regresar a la Corona, o jurar algún tipo de lealtad a Kakyuu-hime. Eventualmente, Maker y Healer tendrían que dar frente a esa complicación social por su cuenta, considerando la pronta liberación de Sailor Fighter de su puesto.

Mm.

Taiki entonces fue golpeada con una sospechosa coincidencia.

Fighter. Kin-norte. Su despido.

Los Sang' Froid…

¿Podría ser que Kakyuu estuviera preparándose para…?

Una alerta a sus sentidos detuvo su línea de pensamiento de golpe. Lo que su mente estuviera alineando en un posible escenario, se tomó una pausa, un acontecimiento inesperado tomando prioridad. Taiki se levantó de su silla de jardín, mirando al cielo del pronto atardecer. "¿Crees que sea—?"

Yaten le imitó, colocándose a su lado en el balcón.

En el cielo, una estrella fugaz cruzó el firmamento. Una sola línea dorada, el brillo opacando el mismo grupo de soles de Kinmoku, en su viaje a la capital.

Taiki la sintió—la nueva presencia arribando al planeta. El calor de una estrella interior bastante singular.

Al voltear hacia su compañera, encontró a Yaten sonriendo pícaramente.

"¡Por Kami-sama, estos dos no tiene remedio!"

Taiki sacudió su cabeza en incredulidad. "Vamos. Vayamos a darle la bienvenida."


[+]+[+]


La sensación era maravillosa. Suaves caricias por entre sus cabellos, tiernas y estremecedoras. Seiya se aferró con uña y diente al sueño, el majestuoso resplandor de la estrella de su amada llamándola como un canto de sirenas.

Seiya no tenía idea de cómo le era posible sobrevivir los días en los que estaban separadas; no sabía cómo todavía no había perdido la razón.

A veces le era tan difícil respirar, mientras apreciaba las estrellas del cielo de Kinmoku, buscando por una luna que no pertenecía a este sistema solar…

Sus ojos se abrieron.

Con la oscuridad de la habitación, Seiya aproximó la hora. Era tarde.

Sus párpados todavía pesaban, así que Seiya los dejó caer con un suspiro resignado.

Los dedos entre sus sudorosos cabellos continuaron acariciándola.

"Mmm."

Una risita se escuchó a sus espaldas. Un brazo salió de las penumbras y la rodeó de la cintura, la sábana sirviendo como barrera entre el cuerpo de Seiya-

-Seiya parpadeó. "¿Eh?"

El brazo se movió hasta que una mano se posó sobre su hombro. La empujó gentilmente hacia atrás. Seiya, mareada como si estuviera bajo un hechizo, obedeció al mandato con músculos adormilados.

Aunque era oscuro, la silueta de dos colitas redondas, muy conocidos, capturó su atención.

Espantada, Seiya se sentó sobre la cama. Aunque lo negaría hasta su muerte, emitiendo un pequeño chillido de espanto. Se movió rápido, buscando por la lámpara, su corazón a mil por segundo. Una vez que presionó el interruptor—

—Usagi hizo una mueca de disgusto con el cambio de iluminación, su nariz torciéndose como la de un conejo. "¡Seiya! ¡Mis ojos!"

"¿O-Odango?" Aun teniéndola frente a sus ojos, Seiya no pudo creerlo. "¿Pero qué haces aquí?"

"¿Qué hago aquí? ¿Acaso esperabas a alguien más visitándote a estas horas?" Odango frotó sus ojos por última vez antes de concentrar su mirada en Seiya. En cuanto sus ojos se encontraron, electricidad cargó la atmósfera. Seiya estuvo segura de no estar alucinando, entonces. Nada más hacía arder su corazón de igual manera que el resplandor de Usagi Tsukino. "Después de que estuve preocupada por ti todo el viaje para acá, ¿es lo que preguntas? Eres una malagradecida—¡Hppm!"

Sugoi, no existía nada más divino que besar a su Odango.

Un indiscutible sabor a cereza alimentó sus labios. "¿Cuándo demonios llegaste?" Preguntó entre besos, moviendo sus labios hacia las ruborizadas mejillas de Odango, para darle oportunidad de contestar.

Esbeltos brazos la rodearon de los hombros, Odango ofreciendo su cuello a la merced de Seiya. Gruñendo con completo goce, la Star Senshi mordisqueó el delicado mentón de su presa, respirando hondo el perfume dulce que Usagi usaba.

Suaves risitas vibraron contra su rostro. "Hace unas horas, pero estabas tan cansada que no—No quise despertarte. Taiki me dejó entrar a tu alcoba. ¡He, he, Seiya, me haces cosquillas!"

Seiya la empujó sobre la cama con sus propias carcajadas. Apoyándose en sus brazos desnudos, se situó justo arriba del cuerpo ajeno, dándole rienda suelta a su instinto posesivo. Odango no hizo otra cosa más que sonreír, sus cabellos brillando con la luz regalada por la lámpara. Su pecho exaltado, subía y descendía, bajo su vestido púrpura.

-¿Seguiré dormida?

Seiya la absorbió con ojos ávidos, apreciando la inesperada visita. Fue una imagen sin igual, su ángel favorito extendido sobre su cama, cien por ciento suya para que Seiya deseara hacer con ella lo que deseara.

Ya fuera ensuciarla, o santificarla más.

-Ya sabes por qué te escogió a ti. Una voz primitiva le recordó. -Lo último que quiere es que la mantengas más limpia.

Usagi vestía gruesas mallas blancas (los viajes intergalácticos siempre eran fríos), delineando su camino donde el vestido ajustado marcaba su final al roce de sus rodillas. Con adrenalina acelerando su corazón, Seiya no aguantó más y recorrió su mano por una de las piernas cubiertas.

"Pero, pensé que esperaríamos hasta las vacaciones de verano para vernos de nuevo, Odango-tama."

Usagi le sonrió. "Es una visita especial. Un regalo solamente para ti, por trabajar tan duro." Algo pareció capturar la atención de la rubia mientras contemplada a Seiya, y Usagi levantó una mano para tocar su mejilla. "¿Quién te hizo eso?"

Seiya besó la palma, adivinando a lo que Odango se refería después de sentir su tacto. "Gajes del oficio. Es sólo un raspón."

Usagi frunció su ceño. "Estás cubierta de ellos."

"No te preocupes, se necesita más que esto para derribarme." Acostándose a su lado, Seiya no dudó en jalarla contra su cuerpo, un distintivo aroma a canela asaltando su nariz. Usagi suspiró risueña contra su pecho en respuesta, rodeando el torso de Seiya en un fuerte abrazo. "¿Viniste sola?"

Odango asintió. "Tengo que regresar mañana."

Seiya suspiró, entre exasperada con preocupación y enfadada por tenerla por tan poco tiempo. "Ya sabes que tan peligroso es que vengas sola, Odango. Si alguien llegara a interceptarte en el camino…"

"No tuve tiempo para pedirle a alguna de las chicas que me acompañara." Chillando su defensa, Usagi levantó su rostro de la comodidad de la camisa de Seiya con un puchero. "Todas están bastantes ocupadas, Seiya."

Fue difícil resistirse a la infantil expresión, pero Seiya se obligó a imaginarse el peor de los escenarios para mantenerse firme. "¿Qué hay de Luna?" En serio, ¿cómo podían ser tan descuidadas?

"No estoy hablándole a Luna por el momento." Usagi se separó de Seiya para recargarse en la cabecera de la cama, sus brazos cruzándose en típica pose defensiva. "Tuvimos una pelea ayer. No la he visto desde entonces."

Un mal presentimiento se deslizó por la espalda de Seiya. "¿Por qué?" A pesar de su desacuerdo, la Star Senshi se acomodó a lado suyo. "Vamos, dime."

Odango mordió su labio inferior, antes de contestar. "Sigue presionándome para tomar un curso que me ayudará con el examen de la Universidad. Ella y todas las demás. Como si fuera tan tonta que necesitara estudiar un año antes de aplicar."

El mal presentimiento se convirtió en un torzón de estómago. "No lo eres." Cuando Odango solamente permaneció en silencio, Seiya tomó su mentón firmemente. "Escúchame, Odango. No eres tonta." Satisfecha con capturar su hermosa mirada, Seiya le guiñó el ojo. "Eres holgazana y distraída, sí. Pero nunca una tonta."

Fingiendo molestia, Usagi la empujó. Y aunque trató de esconderla, Seiya divisó una sonrisa peleando por formarse en su boca. "Tonta."

"Una tonta por la que cruzaste un sistema solar para ver, debo recordarte."

Usagi giró sus ojos. "Debí de haber adivinado que eso se iría directo a tu gigantesco ego."

Viendo la invitación tan fácil e irresistible, Seiya no pudo detenerse. "A otras partes de mí también." Una de sus cejas danzó, perversión innata saliendo del gesto.

Con una ráfaga carmín coloreando su rostro, los ojos de Odango se engrandecieron. "¡Oi! ¡Seiya, no tienes remedio! ¿Nunca se te quitará lo atrevida?"

"No te comportes como una Santa ahora, Usagi, que no va contigo." Aunque se ganó un buen almohadazo por su descaro, Seiya sabía que no se equivocada.

Ni en un millón de años, Seiya había imaginado ser él, el seducido bajo las manos guías de Usagi Tsukino como en aquella noche lluviosa. Por toda su arrogancia, Seiya había terminado siendo el más temeroso, el más abrumado, y el más conmocionado por el encuentro. Odango había sido la dueña de toda iniciativa, desde el primero hasta el último beso; pero tan gentil, a pesar de sus propias heridas.

Había sido tan tierna, y se había hecho cargo tan devotamente de él, que esa noche había sido la total ruina del corazón que Seiya Kou y Sailor Star Fighter compartían.

"Le preguntaré mañana a Kakyuu-hime si puedo acompañarte de vuelta a la Tierra." Decidiendo que lo haría a pesar de recibir una negativa, Seiya lo anunció después de terminar su batalla de almohadazos, tan despeinada como su Odango. "Para cerciorarme de que llegues a salvo."

Cautela inminente llenó el rostro de Usagi. "Demo, Seiya, no quiero causarte problemas con Kakyuu-san. No te preocupes por mí."

Seiya se encogió de hombros. "Estoy en descanso, estoy segura que no será molestia."

Odango dobló sus piernas en dirección a su pecho, abrazando sus rodillas. "Y todavía tienes la cara de llamarme a mí la holgazana." Le sonrió, su cabeza cayendo hacia un lado justo en aquella fotografía.

"Parece que somos la pareja ideal. ¿Eh, Bombón?"

La sonrisa se multiplicó al doble. Su mirada se enlazó con la de Seiya por un prolongado rato, pareciendo contenta con tan sólo inspeccionarla con sus profundos ojos. Cuando una mano de Seiya se levantó para acariciar su frente, Usagi cesó su conexión con un ronroneo digno de cualquier gato. "¿Seiya-chan?"

"¿Sí?"

"Bésame."

Seiya nunca podría negarse ante la deliciosa orden.

En un inicio, algo que había preocupado inmensamente a Seiya había sido la comodidad de Usagi hacia su doble identidad. ¿Amaría Odango a la Starlight, al igual que al ídolo?

¿Desearía hacer el amor solamente con Seiya, a pesar de tratarse de la misma persona? ¿O le permitiría a Fighter también tocarla y besarla?

Durante su amistad, Odango nunca había dado indicios de sentir atracción por ambos géneros—siempre siendo Mamo-chan esto y Mamo-chan aquello. A pesar de la noche que habían compartido, Seiya se había resignado a solamente serle atractivo como hombre.

No obstante, Odango la había escogido, de todas formas. Y con ello, se había armado de valor para experimentar y no atorarse en esas etiquetas que a los terrícolas tanto les gustaban.

No había sido una adaptación inmediata. Usagi había estado nerviosa la primera vez que ambos pechos se habían tropezado juntos. En un principio, la chica no había sabido dónde colocar sus manos, qué tocar y qué no. Había necesitado una dosis de insolencia de Fighter para romper el hielo en sus primeros encuentros.

Llegar a este punto—con Odango aceptando sus besos sin división—había tomado tiempo. Esmero. Paciencia. Para que sus labios se encontraran sin discriminación, ambas habían trabajado duro para sentirse cómodas.

Según Usagi, Seiya Kou era mujer y hombre, y siempre trataría de transmitirle que no amaba la cambiante forma física de su amante, sino algo más intrínseco.

Seiya podía imaginarse que no era fácil adaptarse a tan extraño aspecto de su relación, y sospechaba que le simplificaría la vida a Odango si escogiera permanecer en su verdadero cuerpo femenino de una vez por todas…

…pero Sailor Star Fighter amaba ser Seiya Kou también.

A pesar que ser un hombrehabía comenzado como una ilusión, un disfraz para buscar a su Princesa, Fighter no podía menospreciarlo. Porque sin ser Seiya, se hubiera perdido de un mundo de experiencias asombrosas; experiencias que la habían moldeado en la persona que era el día de hoy.

Sin Seiya, Fighter no habría terminado de conocerse a sí misma.

"Tenía que verte." El susurro de Usagi apenas se escuchó entre las sombras de la habitación. "No tienes idea de cuánto te extraño, Seiya."

Seiya presionó sus frentes, ligero sudor haciendo su piel resbalosa. Besó a Odango lentamente, pidiendo disculpas con sus lenguas juntas, sus ojos cerrados. Cada suspiro que nació, cada incomprensible murmullo, cada húmedo sonido que resultó de sus labios, todo y más, siendo guardados en la memoria de Seiya. Para cuando la soledad volviera a arribar en el futuro y estuviera volviéndose loca.

Cuerpos se movieron inconscientemente para buscar la mejor forma de encajar. Las manos de Usagi jalaron de su espalda para que se Seiya se colocara con más confianza sobre ella, sin importar la diferencia de pesos. Seiya jadeó contra su mejilla al aceptar la invitación, el contacto entre sus torsos provocando deliciosa fricción.

Sintió ambas piernas de Odango rodear su cintura y apretarla con fuerza. Sus cuerpos se ondularon uno contra el otro, estimulándose—Fue un cerillo cayendo en combustible, señalándole a Seiya que pronto sus deseos de tomar las cosas con calma, se volverían nulos.

Odango besó su cuello con entrega, escurriendo sus manos por debajo de la blusa de Seiya. No flaqueó en su intrepidez de desnudarla. Si no se sintiera lista, Odango no estuviera haciendo el trabajo de Seiya así de difícil. "O-Odango…"

"Ni lo pienses." Usagi jaloneó de los cabellos de su nuca.

"Ni siquiera sabes lo que iba a decir." Seiya resopló por su boca, a la mitad de otro beso.

"Perfecto, porque no quiero escuchar ninguna objeción, ¿queda claro?"

Una risa desplomó su beso. Las agallas de Odango le calentaron la sangre. "Oh, conque alguien se siente aventurera esta noche." Volviendo a sus cuclillas, Seiya se deshizo de su blusa de dormir, su sostén deportivo atrayendo los ojos de Usagi de forma inevitable a sus senos.

Nervios estremecieron a Seiya por un minuto.

Era por estos rumbos, que siempre solían frenarse. Lo que pasara más allá, sería territorio nuevo.

Como si sintiera la magnitud del momento, Usagi la observó detenidamente, jadeando. Cuando sus ojos bajaron hacia el pecho de Seiya, más rubor enrojeció sus mejillas y mordió su labio inferior. Eso fue todo. Seiya no pudo distinguir alguna pista de aberración.

Luego Usagi gruñó impaciente. "¿Qué estás esperando?" Su voz era casi inexistente, sin aliento, como si hubiera corrido por todo el palacio sin parar.

Antes de que Seiya lograra preguntarle si prefería la luz apagada, la misma Usagi se levantó y capturó uno de sus labios entre los suyos, succionando, mordiendo suavemente.

Dedos agarraron las bandas de su sostén para guiarla de vuelta a la cama. Seiya la siguió como perro faldero.

Manos se dirigieron a zippers. Un vestido fue abierto violentamente, casi rompiéndose de las mangas en el intento de ser removido. Una blusa interior le siguió, cayendo sobre la lámpara, y aunque Usagi quiso reírse al respecto, sus risas evolucionaron en un sorprendido gemido al sentir las palmas de Seiya introducirse bajo su propio sostén lila.

"Oooh. S-Sei-ya."

Seiya solamente gimió, buscando los diminutos ganchos de la pieza de lencería, su boca reemplazando pronto sus dedos. Odango maulló, sus piernas volviéndose locas. Cuando uno de sus pezones fue envuelto en un aterciopelado infierno, ella misma tomó la cabeza de Seiya entre sus manos, presionándola contra su pecho. Aprobación fue expresada con frágiles susurros de euforia, y con un pequeño cuerpo girando de un lado a otro, rogando por más, bajo el de Seiya.

Sabía a vainilla, Seiya concluyó mientras amaba el valle de los pechos de Odango, su piel definitivamente sabía a vainilla. La pregunta era, ¿el sabor perduraba por todo su cuerpo? ¿El arco de sus piernas compartiría el mismo sabor? ¿Qué había de su vientre? Seiya estaba desesperada por averiguarlo. Pero, para eso, tenía que eliminar las mallas de su camino.

Usagi estaba demasiada ida para ayudarla, tumbada con sus ojos cerrados, su cabeza estirada hacia atrás como un sacrificio a los dioses. Cuando Seiya dejó de torturar sus sensibles cumbres, una de sus propias manos continuó masajeando uno de sus senos, su pulgar concentrándose en la extra-sensible punta. Seiya no pudo despegar sus ojos de ella al descender.

Encontró el elástico entre la presión de sus cuerpos, y jaló las pantaletas junto con las mallas.

Usagi lanzó un chillido de sorpresa.

Seiya no se detuvo, deshilando la fina textura blanca con sus uñas y su determinación. Retrocedió hasta la orilla de la cama, desnudando ambas piernas, como si estuviera desenvolviendo un regalo. Sin pausa, se levantó de la cama para liberarse de sus bóxers y su sostén, ricos escalofríos cubriendo su piel por la frescura de la madrugada.

De vuelta a la cama, Usagi la analizaba con la mirada, doblando sus rodillas con cierto aire de timidez.

Los odangos de su cabello eran un desastre. Su cuerpo estaba adornado por marcas, sudor y un intenso rubor. Seiya sólo podía imaginar que ella lucía igual, o peor.

Nada pudo haberlas preparado para el primer contacto de sus cuerpos desnudos.

"Te amo." Fue lo primero que se escapó de la boca de Seiya, embriagada con el mar de nuevas sensaciones, besando toda parte del rostro de Odango a su alcance. Cuando Usagi la abrazó en respuesta, con piernas y manos temblorosas, las palabras se desbordaron con menos freno. "Estoy hartándome de tantas despedidas."

"Seiya, sé paciente." Odango gimió contra sus labios, sus pechos rozando con la extra fricción que Usagi producía con su propio cuerpo, sus manos deslizándose por el territorio de la espalda de su amada. Seiya cambió de blanco, hasta el mentón bajo sus labios, mordiendo el hueso. "No estaremos así por siempre."

"No te culparé si te hartaras también… Todavía no puedo creer que te tenga, en primer lugar."

"Tienes que creerlo, Seiya-chan." Cálidas manos la tomaron del rostro, Usagi esperando a que sus miradas se conectaran. "Confía en mí, por favor."

-Renunció a todo lo que conocía por estar conmigo. Robando un beso más, Seiya decidió dejar de gastar más tiempo en pensamientos pesimistas.

Todo el cuerpo de Usagi se paralizó cuando dedos curiosos exploraron más allá de su ombligo, su cabeza volviendo a caer sobre la almohada con ojos entrecerrados. Cuando la exploración se convirtió en firmes caricias, sus piernas encarcelaron con más ímpetu la cintura de Seiya, más agudos chillidos rompiendo el silencio. Sus dedos se clavaron sobre los hombros de su compañera, aceptando los besos bañando sus pechos y los susurros de Seiya.

"Luces tan hermosa. ¿Te gusta que te toque de esta manera? Dime, Odango, dime qué quieres." Su propia urgencia latiendo entre sus piernas perdió importancia en el momento, Seiya necesitando ver a su ángel destrozarse bajo sus administraciones. Usagi gimió con menos pudor, disfrutando de la húmeda danza de los dedos de Seiya con giros de su propia cadera, exigiendo por más. "¿Te gustaría que besara cada parte de ti? Dime que sí."

Dos esbeltos muslos se abrieron como capullos alrededor de la cintura de Seiya, las mejillas abochornadas de Odango tan carmesí como las rosas rojas que tanto le gustaban. "Tramposa."

"Mm. No lo que esperaba escuchar."

"Uuuy." Usagi torció sus puños alrededor de las sabanas. "Nadie… Nadie me hace… sentir… como tú—Seiya. Onegai…"

Seiya dejó de besar la pálida piel de su vientre, sus dedos estirando una pierna de Usagi para crear más espacio para lo que tenía planeado.

¿Había el perfecto Mamo-chan, alguna vez, hecho algo tan fuera de norma como brindarle placer a Odango con sólo su boca? ¿Había, alguna vez, hecho todo lo posible para robarle la completa razón a esta mujer, como Seiya lo estaba haciendo?

Seiya besó su ombligo. "No tienes que suplicar conmigo, Odango. Siempre te daré lo que quieres." Para marcar su punto con hechos, Seiya descendió hasta el botón mágico que apagaría todo control de la razón, besando con desinhibido goce el ardiente tesoro.

Los, totalmente incoherentes, gemidos de Usagi llegaron a sus oídos como relámpagos, incitándola a seguir, y seguir, cada vez con menos escrúpulo.

Seiya saboreó de su néctar, perversamente elevando a Odango a la cima con la traviesa punta de su lengua, solamente para arrastrarla de vuelta a la orilla del precipicio. Su más primitivo deseo le ordenada marcar todo de Odango, cada vena, arteria, cada prominencia carnal, cada escondido rincón que pulsaba con vida; deseaba demostrarle a su Odango que Seiya nunca se hartaría de devorarla de esta manera.

Nunca.

Sollozos extasiados caían de los hinchados labios rosados de Usagi, uno de sus puños se sostenía de los cabellos oscuros de Seiya, jalando. Su pelvis buscó desesperadamente por su proveedora de placer con lentas embestidas, gruñendo demente, cada vez que Seiya se negaba a terminar con el juego.

Seiya sabía que su ángel no aguantaría mucho tiempo, la tensión de sus músculos indicando el inminente final que el cuerpo de Odango estaba a punto de encontrar.

Con una despedida de su lengua al rosado relieve, la boca de Seiya comenzó a armar su camino hacia arriba, succionando de la piel que unía la pierna de Usagi con su cadera. Brevemente, Seiya frotó su propio clítoris con dedos sabios, gimiendo mientras avanzaba hacia el pecho de Usagi a ciegas. Al sentirla cerca, Odango buscó su boca, arrancándole su propio sabor de sus labios. Ambas chillaron cuando el contacto de los dedos de Seiya reemplazaron su previo lugar, masajeando sin misericordia contra su centro. Odango volteó su rostro hacia su costado, párpados presionados, jadeando su caos interno, sus propios dedos entrelazándose con los de Seiya para dirigirlos justo de la forma que Usagi más ansiaba.

Seiya se obligó a mantenerse alerta, a no cerrar sus ojos.

No podía perderse de esto.

Mordiendo su labio, Odango llamó por su éxtasis con un gemido ahogado. Sus muslos tomaron cautivas ambas manos, y una extraordinaria explosión de placer arqueó todo su cuerpo. Los rubios vellos de su piel se erizaron, al igual que la estructura de sus hermosos pezones. Durante el punto más intenso de su orgasmo, Odango guardó silencio, su boca solamente formando una muda O.

Seiya ablandó su regreso a la realidad con tiernos besos sobre su cuello, sus dedos todavía creando indefinibles trazos en los adentros de su pelvis.

Con suspiros de regocijo, poco a poco, las piernas de Usagi se fueron relajando.

Cuando la nariz de Seiya se restregó contra la suya con cariño, Odango la saludó sin titubear. Intercambiaron un beso, que pronto evolucionó en una afilada mordida, cuando Usagi movió sus manos hacia donde Seiya más las necesitaba.

¡Oh, Sugoi! Vaya que Odango aprendía rápido cuando le interesaba. Seiya juró escuchar fuegos artificiales dentro de su cabeza.

A diferencia de Odango, Seiya liberó una amplia banda sonora, apoyando sus pies sobre el colchón para disfrutar de la dulce fricción. Gimió, maldijo, jadeó, suplicó, y derramó sangre de su corazón directo a las palmas de su Odango,

Sus escudos; sus fachadas: todo cayó como un castillo de naipes.

Seiya se permitió caer al vacío, ilusiones febriles de blancas plumas circulando por lo más remoto de su subconsciente.

Cuando volvió en sí, temblaba. Algo la cubría. Apaciguada por las endorfinas, Seiya se acurrucó a la fuente de calor que la rozaba. Un diminuto beso sobre su frente fue su recompensa, el calor expandiéndose por todo su cuerpo por medio de un abrazo.

El resplandor de una supernova le llamó, incitando a su estrella interior a dejarse envolver, a dejarse ser cuidada y mimada.

La supernova se sintió familiar, pacífica, dulce; maternal, de cierta manera.

Oh.

Odango. Debí de haberlo adivinado.

Nadie brilla como tú.


[+]+[+]


Seiya lo admitía.

Cuando se había caído de rodillas en plena lluvia, convenciendo a Usagi de dejar reemplazar a su novio lejano, en el momento, Seiya no había estado pensando. Era verdad. Las consecuencias, los efectos, o los cambios que se realizarían si Usagi lo aceptara, no habían cruzado por su mente.

No había pensado en Healer o Maker, mucho menos en Kakyuu-hime. Sólo había tenido ojos para Odango desgarrándose con culpa en el piso, odiando cada lágrima que recorría esas mejillas a causa de un hombre que parecía no existir. Seiya había sentido su propio corazón quebrarse con cada ruego que Usagi había escupido al piso empapado, agonizando en miles de sollozos,

Lo único que había procesado la mente de Seiya había sido: Detenla.

Detente, Odango.

Basta.

Después, cuando Seiya se había escurrido por el balcón de Usagi a escondidas, echando un último vistazo a su cuerpo dormido, Seiya se había detestado a sí mismo, el peso de sus responsabilidades recordándole entonces que, para ellos, no podría haber un final feliz. Odango sufriría otra pérdida por su culpa. Los Three Lights pronto cesarían de existir -Seiya Kou cesaría de existir- y ¿cómo terminaría Usagi de nuevo? Sola.

Aun cuando Fighter había estado al borde de la muerte, a mano de Galaxia, a manos de Uranus y Neptune, luego otra vez a las de Galaxia, su mente no había estado pensando objetivamente. Su corazón había estado siendo impulsado por la necesidad de mantener a Sailor Moon a salvo, de cerciorarse de que ella viviera aun cuando las Starlights no compartieran tal fortuna.

No había sido hasta que el Príncipe de la Tierra había estado justo frente a Sailor Star Fighter, ojos reservados y expresión en blanco, que Seiya se había preguntado…

-¿Qué demonios estoy haciendo?

Seiya no lo demostraba, pero eso no significaba que no sintiera culpa por el destino que había sacado de sus vías. El futuro de Odango con el Príncipe Endymion no había sido cualquier cosa. No había sido algo que se había podido tirar a la basura frescamente. Se había tratado de un descomunal Imperio. Un reinado que hubiera traído paz a la vía láctea, y peor aún, un reinado que hubiera tenido una heredera.

Una heredera que hasta ahora cazaba los sueños de Usagi, por más que la rubia quisiera disimularlo.

Así que.

Seiya sabía que debía prepararse, porque la gran mordida que el karma le tenía guardada sería voraz. El efecto mariposa de la elección de Sailor Moon sería algo fenomenal; la Star Senshi lo podía sentir en sus huesos.

Una uva le golpeó en la frente. "¿Por qué tan seria?" Odango hizo una graciosa mueca, según ella imitando a Seiya, su nariz torciéndose con exageración. "No te esfuerces tanto o te saldrán arrugas más rápido, ¿sabes?"

Seiya giró sus ojos. "¿En este hermoso rostro? No lo creo, Odango. Tengo muy buenos genes."

Comiendo otro par de uvas, Odango estiró sus piernas a lo largo de la cama, el par de bóxers que Seiya le había prestado bajándose un poco de las caderas. "Mmm. Yo también. Luna dice que dejaré de envejecer, más o menos, a los veinte años, gracias al poder del Ginzuishou."

Seiya mordió la punta de su lengua, lo que fuera que iba a decir, quedándose atorado en sus entrañas. "¿Nani? ¿Por qué? ¿Qué significa eso?" Aclarando su garganta, Seiya reincorporó velozmente sobre la cama. "...¿Acaso vas a vivir por siempre?"

La noción nunca había entrado en su mente. A pesar de conocer la historia de Tokio de Cristal y el notable hecho de que tal Era había pertenecido al Siglo XXX.

"Bueno…" Todo aire de juego desapareció de Odango. La mirada de Usagi se concentró en el techo. Acomodó sus manos detrás de su cabeza, aparentemente buscando las palabras adecuadas. "No exactamente. No se supone que soy un ser inmortal, solamente tengo una duración de vida muy, pero muy, larga. Como mis antepasados del Milenio de Plata. Por lo menos, así debe de ser, si nada más poderoso que el Ginzuishou me mata primero." Lo último fue dicho con una risa nerviosa que Seiya no encontró nada divertida, y que la impactó tanto que—

"No es gracioso, Bombón." —tuvo que expresarlo en voz alta.

Usagi parpadeó pensativa, "No, no lo es."

"Bombón."

"Debes de saberlo, Seiya." Repentinamente, Usagi se sentó, obligando a Seiya a verla directo a la cara. A pesar de estar sonriendo, tristeza brillaba por esos faros azules. "Después de la batalla contra el Caos, algo me quedó muy claro." Acarició sus cabellos azabaches, ofreciendo consuelo ante la crueldad de sus palabras. "La historia nunca acabará, siempre vendrán por mí y por el Cristal de Plata. Ya no soy tan ingenua como para pensar que Galaxia será la última enemiga a la que me enfrentaré."

"Pero, yo estaré contigo a partir de ahora. No te dejaré morir, Usagi. No podría—" La mera idea la petrificaba, al igual que los recuerdos de ver a Serenity tirada en los escombros de la televisora. "Te ayudaré, Odango. Te ayudaré en cada batalla, te ayudaré a mantener a salvo a tus seres queridos y a tu planeta. Te lo prometo. Nunca tendrás que morir de nuevo."

Labios rosados dibujaron ahora una sonrisa más llena de emoción, sincera alegría iluminando los ojos de Usagi. "Sailor Moon y Sailor Star Fighter, ¿juntas contra todo?"

"Hai." Seiya tomó la mano que descansaba en su rostro, bañando los dedos de su Odango con pequeños besos, saboreando jugo de uva. "Ahora quita esa cara tan fea, ¿Qué acaso no me acabas de regañar por hacer lo mismo? Sonríe para mí, Bombón."

Usagi asintió energéticamente, sus colitas rebotando con ella. "Lo siento, Seiya. Supongo que no estoy acostumbrada a no preocuparme por algún enemigo. Estos ocho meses es lo más largo que hemos estado en completa paz, desde que nos convertimos en Sailor Scouts."

"¿En serio?"

"¡Sí, es muy extraño!" La rubia se volvió a acostar sobre la cama, aceptando la mano de Seiya sobre su estómago, sobando en suaves círculos. "Por esa razón, las chicas se están dedicando a seguir con sus vidas de manera normal. Minako-chan está comenzado a asistir a más audiciones para obras de teatro y Ami-chan está decidiendo para cuales Universidades de Medicina aplicar el próximo año."

"Vaya que tienen planes ambiciosos." Sintiéndose maliciosa, uno de sus dedos acarició la parte más sensible del ombligo de Odango, sonriendo al verla retorcerse. "Estoy segura que lo conseguirán. En especial Minako-chan, que es tan testaruda como alguien más que conozco muy bien." Otro cosquilleo sobre su ombligo y Usagi se echó para atrás con un chillido, manoteando con fuerza los dedos curiosos de Seiya.

"¡Ba-Bas-sta! Basta, Seiya, ¡te los morderé!"

"Oooh, ¡sabía que descubriría tus fetiches tarde o temprano, Odango!"

"¿Q-Qué? Seiya-hentai, ¡estás loca! Déjame—¡Aaahh!" Como resorte, Usagi brincó por toda la cama en un intento (inútil) de alejarse de Seiya. Firmes brazos la atraparon una y otra vez, subiendo la intensidad de sus cosquillas. "¡Aaahhh! ¡Suéltame, suéltame! ¡Seeeiya! ¡Oiii!"

"¡No hasta que admitas que Sailor Fighter tiene mejores caderas que Sailor Moon!"

"¡B-Baka!" Entre inevitables carcajadas, Odango casi escupió fuego, en vano tratando de detener la tortura de los dedos de Seiya, sus piernas tumbando el plato de frutas y el resto de las almohadas al piso. "Jamás—¡Uugg!—¡Nunca jamás!"

"¿Qué dijiste? No te escuché, Odango, ¡habla más claro!"

"¡H-Healer!"

Seiya se sintió ofendida al instante. "¡Healer no tiene mejores caderas que yo!" Tanto le afectó la imagen mental de Odango fantaseando con el cuerpo de Sailor Star Healer que se descuidó completamente, aflojando la presión de sus brazos. Para su mala suerte, eso fue suficiente para que Usagi se la quitara de encima con una potente patada, mandado a Seiya directo al suelo.

"¡Ow!"

"¿La verdad duele, eh, Fighter?"

Un par de botas de cuero se presentó en su línea de visión, a la hora que Seiya abrió sus ojos. Para cuando sus neuronas su pusieron en funcionamiento, la nueva intrusa se estaba acomodando en la cama, fresca y desvergonzada.

"Healer. ¿Nadie te enseñó a tocar primero?"

Healer se cruzó de piernas, una diabólica sonrisa plasmada en su metiche rostro. "Créeme, esto no es nada a la venganza que te tengo preparada por habernos dejado en vela toda la noche."

"Oh, Kami-sama." El abochornado susurro de parte de Odango (junto con su rostro rojo como manzana) fue lo último que Seiya apreció, antes de que un capullo de sábanas negras reemplazara el cuerpo de su novia.

Healer, siempre tan desgraciada, le dio palmaditas al montón. "No te preocupes, Usagi-chan. La recámara de Kakyuu-hime se encuentra en otro piso, así que por lo menos, a ella si podrás verla a la cara."

"¡Oii!" Seiya se levantó como le fue posible, disimuladamente arreglando su camisa de dormir, su rostro también llenándose de calor. "Odango, no le hagas caso. Tienes celos porque hace meses que nadie se le acerca ni para preguntarle la hora."

Con una mirada asesina, Healer encajó su tacón sobre uno de sus pies desnudos.

-¡Shimatta!

Pero, Seiya no le dio el gusto de reaccionar. Se tragó su dolor con honor.

"¿Así es cómo quieres jugar, Seiya? ¡Perfecto! Por lo menos yo no me comporté como una fácil con todo lo que tenía pulso."

-Respira hondo, respira hondo. Si sobreviviste a Galaxia, puedes sobrevivir a esta mocosa. "Estaba divirtiéndome. ¿Sabes lo que eso significa?" Maldiciendo entre dientes, Seiya se sentó sobre su cama, jalando las sábanas para convencer a Usagi de salir. "Y bájate de tu pedestal, te gustaba ser celebridad tanto como a mí." Viendo que Odango no pensaba salir de su nuevo hogar, Seiya se dedicó a buscar unos pantalones. Y no, si alguien preguntaba, no estaba cojeando. Para nada. "Ciertamente tenías una gran adicción a las tarjetas de crédito."

"¡Porque solamente compraba lo mejor! Este cabello no es hermoso por sí solo, es un resultado de trabajo duro y constante, conceptos de los que estoy segura no estás familiarizada."

"Narcisista." Solamente porque podía hacerlo, Seiya le arrojó a Healer su blusa de dormir. Su apestosa y sudada blusa.

Healer reaccionó como si Seiya la hubiera llamada gorda, lloriqueando como la niña que era.

"¡Baka! ¡Eres una asquerosa, Seiya!" Healer tiró la blusa al piso, pretendiendo que estaba a punto de vomitar. Seiya giró sus ojos hacia el techo ante su dramatismo. "Bueno, si tanto te molesta que venga a visitarte, supongo que me iré."

Seiya la siguió con la mirada atenta hasta el umbral de la puerta, clasificando la retirada de lo más sospechosa. "Genial, no dejes que la puerta te golpee el trasero cuando salgas."

"¡Oh! ¡Casi lo olvidaba!" Healer dijo con una falsa cara de sorpresa, justo antes de cerrar las puertas paralelas. "Para que veas que no soy tan mala, les anuncio que tienen cinco minutos para ponerse presentables. Como ustedes estaban tan ocupadas con su Luna de Miel, apuesto que no sintieron el resplandor de dos estrellas entrando a nuestro Sistema Solar, ¿cierto?"

Usagi no necesitó más incentivo para asomar su cabeza fuera de las sábanas. "¡¿Nani?! ¿Por qué no lo dijiste antes? ¡Eres tan cruel, Healer!"

Healer tuvo el descaro de mandarles un beso como despedida. "¡Ja ne, tórtolos!"

-Disfrútalo mientras puedas, esto significa la guerra. "Bombón, no te preocupes."

Pero, Usagi ya estaba de pie, buscando por la mochila que se había traído para el viaje. "Por favor, ¡que no sea Rei-chan! Por favor, Kami-sama, por favor..."

"Odango."

"¡Ni siquiera tengo tiempo para ducharme! Oh, espera, ¡ya sé! ¿Dónde dejé mi pluma de transformación, dónde, dónde—? Estoy segura que la empaque—"

"Usagi." Firmemente, Seiya colocó sus manos sobre los hombros de Odango, esperando hasta que la rubia dejara de hacer un desastre de los contenidos de su mochila. "Respira." Cuando la chica la obedeció, Seiya sonrió. "Ahora mírame." Levantó el mentón de la joven con sus dedos. "Cálmate. ¿Por qué te sientes tan asustada? No hiciste nada malo al venir a verme."

Usagi suspiró como si Seiya fuera un retrasado mental. "Eso no es lo que me preocupa. ¿Recuerdas cómo actuaban las chicas cuando solamente éramos amigos?"

"Algo… ¿maníacas?"

"Estaban obsesionadas con no dejarnos solos. ¡Siempre pensaban lo peor de ti!"

Ah, Seiya ahora lo entendía. Odango no quería enfrentarse a las narices entrometidas de sus amigas, así como no quería ser víctima de las preguntas incómodas que Seiya había tenido que soportar durante la emboscada de aquel lejano festival escolar. "Pensaban que era un pervertido sexual, ¿verdad? Con razón nos seguían por todas partes."

Usagi asintió, peinando los cabellos de su frente nerviosamente. "Siempre decían que no debía confiar en el lobo por más gentil que se comportara, porque de pronto, ¡podría convertirse en un lobo malvado! Y me comería antes de que yo pudiera hacer algo para detenerlo."

Seiya no pudo aguantarse las carcajadas. "No puedes hablar en serio, Odango. ¿De dónde sacaron esas ideas tan desbaratadas?"

"Honestamente, no lo sé." Usagi suspiró apenada, sus manos de vuelta a las profundidades de su mochila. Observó a Seiya detenidamente, mientras ésta se tranquilizaba de sus carcajadas. "Ne, de todas maneras, no es como si hubiera prestado mucho caso, ¿verdad?"

Las mejillas de Seiya se llenaron de calor, dicha haciéndola sonreír. "El lobo te resultó demasiado irresistible, ¿mmm?"

Sus labios se unieron de nuevo, hormonas ganando territorio sobre neuronas. "¿Quién dijo que tú eras el lobo?" Tímidamente, Odango mordió su mentón, la mochila cayendo al piso olvidada.

Tan sencillo como eso, los motores se encendieron y Seiya supo con certeza que no saldrían de la habitación por, al menos, otra hora. "T-Tengo una i-idea."

Los besos viajaron hacia la curva de su oreja, Odango sabiendo perfectamente qué tal punto volvía a Seiya loca. "¿Sí?"

"Mmmhhm. ¿Qué te parece si tomamos una ducha juntos? Por el beneficio del ahorro de agua, claro."

"Pero, tenemos que darles la bienvenida a las chicas…"

Ágilmente, Seiya levantó el cuerpo de Odango entre sus brazos, sintiéndose indestructible. "Que se esperen. Quien les manda a llegar sin ser invitadas."

Usagi acurrucó su rostro en el cuello de Seiya, risitas coquetas escapándose de sus labios. "Usted es una mala influencia, Sr. Lobo."

En sumadas cuentas, tardaron más de una hora.

Odango culpó a Seiya y a su mente pervertida, pues Usagi había perdido la cuenta de todas las veces que la baka había confundido la esponja de baño con sus propias manos. Seiya, por su parte, le echaba toda la culpa a esos odangos tan largos, y tan tediosos de lavar.

"¿No puedes identificar la presencia de tus senshis?" Fighter preguntó con genuina curiosidad, fuku recién aparecido sobre su cuerpo con ráfagas doradas. Observó a Usagi terminar de vestirse en su ropa civil, así como también usar una peculiar pluma mágica para arreglar su cabello al estilo que tanto le gustaba.

"No como ustedes, Fighter. A lo más escucho un zumbido dentro de mi cabeza cuando se acercan a mí." Atando las agujetas de sus tennis, Usagi sonrió cuando Fighter se sentó a su lado. "Pero, eso es todo lo que puedo sentir. Tratar de distinguir a cada una de las chicas no es algo de lo que sea capaz."

"Por ahora." Fighter cruzó sus piernas, una de sus botas tocando uno de los pies de Usagi.

"Mmmm." Meditando las palabras de Fighter, Usagi giró uno de sus tobillos lentamente. "Eso es lo que dice Luna. ¿Tú crees que se me será posible en un futuro?"

"Estoy segura que sí. Tu famoso Ginzuishou es todo un misterio cuando se trata de medir su poder. Por lo que me han contado, siempre que piensan que ha cesado de funcionar -bam- las sorprende mostrando todo lo contrario. Inclusive Kakyuu-hime desconoce las raíces que le dieron inicio a la leyenda del Cristal Lunar. No se sabe, a ciencia cierta, por cuantas generaciones ha sido heredado. Es bastante impredecible."

Colocándose sus aretes, el delicado ceño de Odango se frunció. "Tienes razón. Ni Luna, ni Artemis conocen su origen."

"Pero," Fighter se apresuró a declarar, rodeando los hombros de Usagi con su brazo. "Las buenas noticias son que el Ginzuishou parece obedecerle, por lo menos, a una persona. Yo misma presencié como logró lo imposible, solamente porque esa personita tan especial se lo pidió."

Usagi recibió el pequeño beso sobre su frente con una risa penosa. "No siempre funciona así. El Ginzuishou también es caprichoso." Cuando la mano libre de Fighter descansó sobre su rodilla, Usagi la capturó entre las suyas, creando un interesante contraste entre piel blanca y cuero negro. "No siempre, que le he pedido ayudar a alguien, lo ha hecho. Tú mismo fuiste un caso especial. Nunca había utilizado el cristal para sanar a alguien, ¿sabes?"

Fighter apretó su abrazo, humildad estremeciéndola. "¿Tratas de decirme que el cristal solamente ayuda a las personas que les agrada? ¿Como si tuviera vida propia?"

La cabeza rubia de Usagi se dejó caer sobre el hombro de Fighter, una expresión contenta dándole vida a su semblante. "Más bien, me gusta pensar que el cristal ayuda a las personas que en verdad amo. A aquellas personas a las que no podría soportar perder."

Aunque lo deseara, a Fighter le fue negado el privilegio de hablar. Su garganta se rehusó a cooperar, cerrándose en contra de su voluntad. De todas maneras, ¿qué podría decir ante tan inspiradora declaración? No siempre Fighter era buena con las palabras; metía la pata más ocasiones de las esperadas, y lo último que Fighter deseaba era arruinar el momento.

Así que permitió que el silencio lo dijera todo.

"Fighter, ¿es normal que me sienta diferente?"

Fighter tragó saliva. "Depende. ¿Qué clase de diferente?"

"Como, por ejemplo, cuando las chicas están muy ocupadas para juntarnos en la casa de Rei. Siempre que me encontraba sola, me volvía loca. Sentía que el silencio me asfixiaba, que no podría encontrar una manera de distraerme por mi cuenta."

Flashbacks de 'No quiero estar sola—Perdóname, Mamo-chan' se reprodujeron en la mente de Fighter, destellos de la ira que había sentido en aquel momento palpitando de vuelta al corazón de la Star Senshi.

"Pero, desde que derrotamos al Caos y regresé a clases, el hecho de que las chicas tengan otros planes no me molesta tanto. Cuando Minako-chan me dice que tiene que asistir a audiciones en lugar de ir al Crown conmigo, me siento tan orgullosa de ella que cualquier otro sentimiento pierde importancia. Me siento orgullosa de todas ellas, sabiendo que no se están dado por vencidas." La voz de Usagi se intensificó con asombro, como si estuviera confesándole un suceso totalmente increíble a su novia. "Me están haciendo caso, me están tomando en serio cuando les pido que no se detengan hasta conseguir sus metas."

"Están respetando tu decisión. Te están respetando a ti. Ya era hora, lo tenías merecido desde hace mucho tiempo, Odango." Recargando su propia cabeza contra la rubia, Fighter miró los dedos de Usagi juguetear con los suyos. "Pero, entonces, ¿qué es lo que haces cuando te encuentras sola?"

"Vuelo."

Fighter parpadeó, no esperando tal respuesta.

Usagi levantó su rostro, una tímida sonrisa acompañando a sus pómulos rosados. "Vuelo, Fighter-chan."

"Bueno," Rozando uno de sus dedos cubiertos por el aperlado mentón de su Odango, Fighter le retornó la sonrisa. "conque no vueles tan lejos que no pueda alcanzarte, creo que es un estupendo pasatiempo."


[+]+[+]


Sailor Venus no era la misma que Sailor Star Fighter recordaba.

Para empezar, su fuku marcaba una diferencia que no se podía perder de vista.

Era casi idéntico al de Eternal Sailor Moon, con excepción de las alas y los colores que dominaban su uniforme.

En segunda, Venus no estaba coqueteando con Sailor Star Healer, ni tratando de convencerla de tomar su forma de Yaten Kou para acosarla más adecuadamente.

"¡Fighter-san!" La admirable Inner Scout se levantó del comedor en cuanto las divisó entrar, sus resplandecientes mechones dorados volando por todas partes. No esperando por una respuesta, la chica se tiró a los brazos de Fighter, regalándole un abrazo lleno de entusiasmo. "¡Es tan bueno volverte a ver! ¡Ha pasado tanto tiempo!"

"H-Hai. Venus-san." Más allá del hombro de Venus, Fighter se encontró con la mirada malvada de Healer, quien disfrutaba de una taza de té junto con Kakyuu-hime. En el asiento que había previamente Venus ocupado, un gato blanco esperaba fielmente. Artemis. "Es bueno verte a ti también. ¿A qué se debe tu visita?"

Venus la soltó. "Ah, ya sabes, jalando de las orejas a Usagi-chan por no haberme invitado." Sádicamente Venus dio una demostración, tirando de una de las colitas de Odango. "Pensé que habíamos acordados venir juntas, Usagi-chan. ¿Por qué eres tan egoísta?"

Odango parecía haber ensayado su contra-ataque. "Te llamé a tu departamento antes de irme, pero me contestó Michael-san y me dijo que estabas indispuesta." Sonriendo demoniacamente al ver a Venus reincorporarse espantada, Usagi se cruzó de brazos con aire satisfecho. "¿Acaso no te dio mi recado? Bueno, supongo que estaban muy ocupados."

Fighter se unió a la tortura, disfrutando como Venus se torcía. "Ahh, ¿Michael-san, dices, Odango? ¿Podría ése sujeto ser el corredor que mencionaste en tus cartas? ¿El dueño del auto participante que Minako-san arruinó con sus zapatillas?"

Un grado más de calor en su cara, y Venus explotaría. "Chotto matte, yo no arruiné su auto—"

Usagi sonrió de oreja a oreja, fingiendo inspeccionar sus uñas. "Acertaste, Fighter. El mismo Michael Darcy en persona."

Fighter, sin embargo, comenzó a ahogarse en su propia saliva al reconocer el status del nuevo novio de Minako-san. "¿Michael Darcy? Venus-san, ¿t-te refieres a Michael Rhys Darcy el doble ca-campeón de Fórmula Uno?" Inclusive Seiya había fantaseado con ese hombre; se había convertido en admirador suyo desde la primera carrera que había visto por televisión. Y, gracias a sus influencias, hasta había llegado a conocerlo en una fiesta VIP. "¿El rubio, alto, y británico?"

Estrellas iluminaron los grandes ojos de Venus, "¡Así es! ¿Puedes creerlo, Fighter-san? ¡Por fin estoy cumpliendo mi sueño de salir con una celebridad! Ya no tengo que, secretamente, envidiar a Usagi-chan por siempre robarse a los buenos candidatos."

"Oi." Usagi gruñó entre dientes.

Fighter rodó sus ojos. -Me retracto. Parece ser que Venus-san no ha cambiado del todo.

"¿Michael Darcy?" Healer interrumpió desde el comedor, tanto ella como Artemis, observando a Venus como si fuera material adecuado para el manicomio. "¿Ese tipo no tiene como treinta años? Algo anciano para ti, ¿no crees, Venus-san?"

"¡Para nada! ¡Él es perfecto para mí!" Venus dio una pirueta risueña. "Es un completo caballero, y solamente a mí me permite llamarlo Rhys-chan. Es gentil, responsable, honesto, apuesto—"

"Pedófilo." Healer insistió, antes de retacar su boca con un puño de galletas que daba todas las indicaciones de provenir de la Tierra.

Tan rápido como se había introducido a su mundo de fantasías, una sobriedad súbita se filtró al semblante de Venus. Levantando su mentón altaneramente, la rubia se enfrentó a la star senshi.

"De acuerdo, puede que lo sea, pero en un año más no importará. Además, técnicamente, supero a Rhys-chan por unos cuantos miles de años, ¿verdad, Usagi-chan? No todas las leyes de la Tierra pueden aplicarse a nosotras." Jaló a su amiga de la mano, guiándola hacia el comedor firmemente.

Antes de que tomaran asiento, Fighter sacó una silla para Usagi, prefiriendo mantenerse de pie, sus manos recargándose en el respaldo. Tal acción, claro, no pasó desapercibida por Sailor Venus, quien guiñó uno de sus carismáticos ojos.

Kakyuu-hime, siempre siendo la más civilizada del grupo, le sirvió una taza de té a Odango, junto con una enorme pieza de pastel. "Serenity-hime, me alegra saber que hayas vuelto. Te extrañamos." Su mirada viajó fugazmente hacia la dirección de Fighter. "Unas personas más que otras."

Con su tenedor no mostrando piedad sobre el postre, Odango sonrió. "Gracias, Kakyuu-hime, por recibirme de nuevo. Y por recibir a Venus-chan y Artemis también. ¡Mmmm! Está delicioso, ¿lo hizo Mako-chan?"

Venus asintió, aunque Fighter la notó distraída. "Hai. Demo, Usagi-chan." Pausó, mirando a su gato antes de proseguir. "Si no te fue posible comunicarte conmigo, ¿por qué no llamaste a las demás chicas? Luna estaba muy preocupada cuando me fue a buscar, aún después de leer tu recado. Tienes suerte que Ikuko-san esté de viaje con tu padre y que Shingo-kun se haya ido de campamento."

Usagi continuó devorando su pastel. "Las llamé. Rei estaba ocupada con un trabajo escolar, Ami está en Hong Kong en una conferencia de medicina y Makoto estaba en una cita. No podía arruinarles sus planes, ¿o sí?"

Sailor Star Healer intervino. "Tiene razón. Usagi-chan está bastante grandecita para saber lo que hace con su tiempo libre. Les dejó una nota, ¿qué más quieren? Además, nosotras la íbamos a acompañar de vuelta a la Tierra, no somos tan desconsideradas."

Fighter la miró, fascinada. ¿Alguien trataba de redimirse por sus maldades?

Sailor Venus frunció su ceño. "No me refiero a eso. Somos sus guardianas, Healer-san, tenemos que estar atentas de que siempre tenga protección—"

"Ya no. Las liberé de sus responsabilidades, ¿recuerdas?" Usagi aventó la bomba, manifestándola en un susurro.

Silencio.

Kakyuu-hime aclaró su garganta. Las cejas de Healer tocaron el techo y Fighter bajó su mirada hacia la cabeza rubia que se asomaba de la silla.

"Usagi-chan." Eso fue lo único que Venus articuló por un largo transcurso. Artemis siguió sin ofrecer su opinión, y Fighter comenzaba a sospechar por qué.

Healer rebotó de repente de su asiento. "Eh, probablemente ya sea hora de ir a ayudar a Maker con ese asunto pendiente que teníamos, ¿verdad Hime?"

Kakyuu la miró desconcertada. "Si tú lo dices, Sailor Healer. ¿Debería Fighter acompañarte?"

Caminando de espaldas a la salida, Healer hizo gestos con sus manos, descartando la sugerencia. "¿Está bromeando, Princesa? No me atrevería a separar a la lapa de Fighter del lado de Usagi-chan ahora mismo. ¡Nos vemos más tarde, Sailor Venus!"

Fighter apretó sus dientes hasta hacerlos rechinar. Sin embargo, se apresuró a ocupar el asiento que el trasero de Healer había dejado, todavía tibio.

Venus no separaba su mirada de Odango.

El tenedor raspando con la cerámica del plato fue como un presagio, como un preludio antes de que Usagi enfrentara a su amiga. "No pensaba tardarme mucho, lo juro. Lo único que quería era ver a Seiya. Y precisamente porque mi familia no estaba, me pareció el momento perfecto para prestarle una visita. ¿O qué piensan? ¿Qué solamente ustedes pueden estar en compañía de sus parejas? Eso no es justo."

"No, para nada, Usagi. ¡Estás en todo tu derecho!" Venus levantó sus manos en la universal señal de paz. "Pero, comprende que nosotras nos preocuparemos por ti siempre, sin importar las circunstancias." Todo indicaba que Sailor Venus no deseaba extender la conversación frente a la compañía restante, desde la manera ansiosa en la que sus ojos viajaban a todas partes y la rapidez con la que su rodilla brincaba sobre el piso.

Fighter hizo lo posible por esconder su presumida sonrisa entre sus brazos cruzados. -Así que nosotras no somos las únicas que tenemos problemas de adaptación.

"Fui cuidadosa, Sailor Venus." Usagi prometió, soplando delicadamente sobre su taza de té. "Y ya sabes que Sailor Neptune y Sailor Uranus siempre están pendientes cuando salgo de viaje, aunque pretenden que no lo hacen."

"En eso tienes razón, Usagi-chan. Nada se le escapa a ese par." Venus acarició la cabeza de Artemis. "Ne, Usagi-chan… Luna se siente muy mal por haber peleado contigo. La noté muy decaída."

Usagi frunció el ceño, extrañada. "No debería, ya la perdoné. Fue una tonta pelea, no sabía que se lo había tomado tan en serio."

Esta vez, Fighter y Kakyuu intercalaron miradas. Fighter sospechó por qué Luna se estaba sintiendo más culpable de lo correspondido. No podía ser una mera coincidencia. Actuar a espaldas de Usagi estaba afectando a la gatita.

-Mierda, tengo que decirle. Fighter gruño mentalmente, ignorando la advertencia en la mirada de Kakyuu. -No puedo esconderle a Odango los tratos que anda haciendo nuestra Princesa con su ex.

"A mí también me pareció raro. ¿Por qué pelearon, Usagi-chan?" Venus preguntó, y Fighter no perdió de vista los felinos hombros de Artemis caer con el peso del universo. Obviamente, Luna había compartido sus planes.

"Odango—"

"Serenity-hime, me temo que debo de discutir un tema pendiente con usted." La firme mano de Kakyuu detuvo a Fighter en su asiento, sujetándola de su brazo. "Lo acabo de recordar. Me disculpo por ser inapropiada e interrumpir su conversación, pero este asunto no puede esperar. Es de suma importancia."

Fighter tragó saliva.

Venus parpadeó.

Usagi miró a Kakyuu detenidamente. "Está… bien, Kakyuu-hime."

Cuando se les pidió esperar en los jardines a las Senshis restantes, ambas titubearon preocupadas antes de obedecer, y antes de partir, Fighter no pudo contenerse: rozó su mano contra la de su Odango como despedida.


[+]+[+]


En cuanto estuvieron a solas en el jardín, Artemis le soltó toda la sopa a su fiel aliada.

"¿Que Luna hizo qué?" Venus tomó al gato entre sus manos, agitándolo fuertemente. "Pero, ¿en qué estaba pensando? ¡Usagi-chan ni siquiera puede escuchar La Letra M sin sentirse afectada! ¿Qué le hizo pensar a Luna que sería buena comunicarse con La Letra M a escondidas de ella?"

Fighter se apoyó sobre una de las columnas, dándoles las espaldas.

"Estaba haciendo un favor."

"¿Por qué no se lo pidieron a Usagi-chan en persona? ¡No es obligación de Luna involucrarse en asuntos de La Letra M! ¡La letra M ya no es nuestro Príncipe!"

Sailor Star Fighter sobó su frente, sintiendo los inicios de un dolor de cabeza. En verdad detestaba a La Letra M.

"Luna no hizo otra cosa más que pasar el mensaje a Mam—Er, La Letra M, no es como si hubiera traicionado a Usagi-chan de alguna forma."

"¿En serio? Entonces, ¿por qué se siente tan culpable, Artemis? ¿Eh? ¡Dime! ¿No te das cuenta? Desde el momento en que Usagi-chan escogió a Seiya-kun, ¡nuestra lealtad ya no yace con La Let—Argh—Con Mamoru-san! ¡Y eso significa no complicarle la vida más a nuestra princesa en beneficio de Mamoru-san! ¡Él ya no es nuestra prioridad! ¡Ahora Usagi-chan va a pensar que no la respetamos!"

"Pero, Sailor Venus-"

"¿Podrían callarse por un momento?" Fighter trató de contener la ira de su voz, pero no estuvo segura de conseguirlo.

"Fighter-san." La preocupación era palpable en la voz de la Senshi del amor, pero Fighter no tuvo las energías de voltearla a ver.

"Si Odango regresa y pregunta por mí, díganle que estaré en el gimnasio."


[+]+[+]


Acostada sobre la banca pretendiendo tomar una siesta, fue como sintió el resplandor de Odango traspasarse por la entrada del gimnasio.

"¡Conque ahí te metiste!"

Fighter se levantó de la banca, girando su cuerpo para sentarse de manera más cómoda.

Odango caminaba hacia ella con una sonrisa, meneando sus brazos de manera juguetona.

"¿Cómo les fue?"

Usagi se detuvo al notar la seriedad de su expresión. Su sonrisa se suavizó con empatía. "Fighter, tranquilízate. Todo está bien."

Fighter carraspeó su garganta. "No fue mi intención ocultártelo, Odango."

"Lo sé, Fighter. Kakyuu-hime me lo explicó todo."

"Gomen."

"¡Hablo en serio, Fighter! No te preocupes. No estoy enojada contigo. O con Luna." Usagi pausó, haciendo una pequeña mueca. "Ya no, por lo menos."

"Yo no estuve exactamente contenta cuando Kakyuu-hime nos contó sobre la Embajada. Nos tomó de sorpresa a las tres."

"Puedo imaginarlo." Cuando las yemas de Odango rozaron sus lóbulos, Fighter se derritió. Rodeó la cintura de su novia en cuanto la tuvo cerca. El masaje pronto ayudó a reducir su dolor de cabeza.

"Mmm."

Gradualmente, las yemas llegaron a sus sienes, brindando bálsamo al estrés acumulado. "Aunque, es buena idea, ¿no crees?"

Frotando su rostro contra el abdomen de Usagi, Fighter hizo un sonido curioso.

"Su Princesa tiene razón en asegurarse de que exista una buena relación entre la Tierra y Kinmoku-sei. Mamoru es el verdadero soberado de nuestro planeta y yo ya no tendré alguna clase de influencia en él. Cualquier asunto referente a la Tierra tendrán que consultarlo directamente con él."

"¿Cuál es su gran plan, entonces? No puede vetarlas a todas ustedes, así nada más, de cualquier opinión. Solamente porque ustedes ya no están juntos, ¿los sacrificios de las Sailor Scouts se irán a la basura? ¡El tipo ni siquiera tiene Senshis propias para proteger su planeta! ¿Qué es lo que va a hacer cuando aparezca otro enemigo? ¿Alquilar tus servicios?"

Inesperadamente, Usagi comenzó a reír. Fighter levantó su cabeza, "¿Nani?"

Usagi mordió sus labios, sus pómulos inflados con las risas que trataba de aguantar. "G-gomen, Fi-Fighter. Es que, lo que pasa-"

"¿Qué?"

"—te escuchaste justo como Uranus-san."

La negación fue instintiva. "Claro que no."

Dándole rienda suelta a su buen humor, Odango tembló con la fuerza de sus risitas. "¡Claro que sí! Casi palabra por palabra. Aunque, claro, Sailor Uranus utilizó muchas más groserías. Y pateó muchas más cosas."

Fighter no apreció la comparación, lanzándole una mirada asesina a su novia.

"Aw, no te enojes. Sabes que eres mi favorita."

"Tengo el presentimiento que eso se lo dices a todas tus Sailor Scouts, Odango."

Fighter jaló el cuerpo de Usagi hasta que la rubia no tuviera otra alternativa que sentarse sobre su regazo. Odango no encontró dificultad para acomodar sus piernas sobre la banca, rodeando la cintura de Fighter. Antes de que la conversación retornara a su punto original, Usagi le besó, sujetándose bien de su cuello.

Succionando la punta de la lengua que se hospedó en el interior de su boca, Fighter gimió su aprobación.

Ojalá todas sus futuras peleas pudieran ser arregladas de forma tan placentera.

Usagi sonrió contra sus labios, luciendo triunfal cuando se despidió de la boca de Fighter. Lamió sus propios labios rosados, como el proverbio gato que se había acabado la leche prohibida, satisfacción dilatando sus pupilas.

Fighter quedó hipnotizada. "Uh."

"Escúchame," Usagi colocó uno de sus dedos sobre las humedecidas comisuras de la boca de Fighter. "De hoy en adelante, ni Mamoru, ni yo, tenemos idea de cómo va a funcionar nuestra alianza. Estamos improvisando. Sin embargo, algo de lo que sí estoy segura, es que Mamoru sabe que la Tierra es nuestro hogar, tanto como el suyo."

Fighter bajó su mirada. "Él sigue decidido en convertirse en Rey, ¿cierto?"

Usagi asintió. "Cuando la hora llegue, él dice que no va a renunciar a su deber. La verdad, no me sorprende. Mamoru siempre ha sido así de determinado. Todo lo toma muy en serio, en especial cuando se trata de sus responsabilidades."

"¿Y estás preocupada porque…?"

"Porque… ¿qué pasará con las chicas? Yo las estoy convenciendo de que dejen su vida como Sailor Scouts de lado para seguir sus propias metas. Si Mamoru necesitara nuestra ayuda en el futuro, siento que todo mi trabajo duro será en vano. No podría permitir que Mamoru nos llamara a combatir si las chicas tendrían todos sus sueños por perder."

Fighter no sabía qué decir. La respuesta lógica consistiría en que La Letra M consiguiera sus propias Senshis. Pero, ¿dónde las encontraría? ¿En la tienda de Sailor Scouts? Conseguir tu propio escuadrón de Senshis no era pan comido.

"Usagi." Fighter suspiró. "Supongo que ellas serán las que tendrán que decidir qué hacer. Ni Chiba-san, ni tú, podrán ordenarles qué hacer."

Usagi parpadeó, digiriendo la pieza de consejo solemnemente. Luego frunció su ceño. "Kakyuu me explicó algo similar respecto a ustedes."

"¿Nosotras?"

"Quiere que ustedes tengan una vida separada a su llamado como guerreras, que hagan sus propias decisiones. Al igual que yo."

"Oh. Parece que ustedes dos tienen mucho en común."

"Ambas deseamos lo mejor para nuestras Senshis." Usagi sonrió, coincidiendo con el comentario de Fighter. "También compartimos una gran frustración, ¿sabías? Resulta que Kakyuu-hime me platicó que sus Starlights son igual de tercas que mis chicas."

Fighter rió suavemente. "No lo negaré." De repente nerviosa, Fighter se distrajo con el llavero de oso que salía de uno de los bolsillos de Usagi. "Ser obstinada me ha ayudado a la hora de obtener lo que deseo."


[+]+[+]


"Esta chica está desquiciada." Sailor Venus dio su veredicto, estupefacta después de presenciar a una de las candidatas a Sailor Star Light limpiar el piso con una de sus compañeras.

"Lo sabemos." Maker, Healer, y Fighter declararon al unísono, cada una sintiendo algo diferente por Bryn-san y sus tácticas. Verla entrenar era como ver a un demonio de Tasmania en acción.

Cuando habían recién llegado a la arena de entrenamiento, todas las candidatas habían sido lo suficiente listas al saludar a las Sailors visitantes con todo el respeto posible, especialmente con Odango.

Excepto, claro, Bryn-san. Quien había hecho descorteses referencias al bonito fuku de doncella de Sailor Venus, preguntando si alguna vez lo ensuciaba realmente.

"Pero, tiene una gran fortaleza interior." Artemis regaló su pizca de sabiduría desde el hombro de Venus. "Toda su agresividad se puede entrenar para que la concentre en batalla en lugar de a personas inocentes."

"Como un diamante en bruto." Maker asintió.

Venus jugó con un mechón de cabello. "Demasiado bruta, diría yo."

"Me recuerda a Mako-chan." Usagi opinó desde el barandal, recargada con sus brazos cruzados, sus ojos atentamente siguiendo el destino de Bryn-san alrededor de la arena. Fighter siguió la misma dirección, interesada por la atención que su candidata a Star Light estaba consiguiendo de Odango.

Haciendo una mueca de incredulidad, Venus caminó hacia su amiga. "No te atrevas a compararla con nuestra dulce Mako-chan."

"Me refiero a cuando la conocimos por primera vez." Dejándose caer sobre el nido de sus brazos, el mentón de Usagi se perdió de vista entre hebras doradas que el viento despeinaba. "Cuando fue transferida a nuestra secundaria era una chica rebelde y bastante agresiva también. Todos les tenían miedo por ser estudiante de judo y por su apariencia intimidante. Después nos enteramos que había sido expulsada de su anterior escuela, y que siempre estaba sola porque nadie le dirigía la palabra. Peor aún, recién había roto con su viejo novio. Al saber su historia, Ami y yo comprendimos que la pobre Mako-chan solamente se sentía triste."

Fighter sonrió al notar la sorpresa de sus amigas, al escuchar el análisis profundo de Usagi detrás del comportamiento de Kino-san.

"Que buena observación de tu parte, Tsukino-san." Maker logró articular, intercambiando una sorprendida mirada con Healer.

"Hai, muy profunda, Usagi." Venus rió con nervios, inconscientemente acariciando el lomo de un boquiabierto Artemis. "Tienes razón, no hay que dejarnos llevar por las apariencias. Puede que Bryn-san tenga sus razones para comportarse tan extravagantemente."

"Aunque, en ocasiones, la gente es loca porque sí. Sin explicación alguna." Healer aventó su cola de cabello hacia atrás.

"¿Hablando por tu propia experiencia, Sailor Healer?" Fighter le mandó un codazo. Provocarla era tan fácil, después de todo.

"No empiecen ustedes dos." Maker se apresuró a amenazarlas, quitándole la palabra de la boca a la Senshi de cabellos plateados. "No sería mala idea investigar más información personal sobre todas ellas. Recuerden que el mismo Erii-san nos contó que la invasión de Galaxia había causado más estragos emocionales de los calculados."

"¿Y qué vamos a hacer si encontramos que sufren traumas? ¿Mandarlas a terapia? En ese caso nosotras necesitaríamos más ayuda que ellas." Fighter colocó sus manos en su cadera, retando a sus dos aliadas.

Maker acarició su mentón. "Podemos pensar en algo."

Fighter giró sus ojos, sarcasmo en la punta de su lengua. "Bueno, asunto resuelto, entonces. Solamente no pienses en incluirme a tu grupo de Sufridas Anónimas."

"Que pena, yo que pensaba nombrarte vicepresidenta." Maker suspiró con falsa decepción.

"¿Cómo decidirán las cinco Star Lights que necesitan?" Sailor Venus preguntó curiosa, al igual que Odango, observando entretenida a las chicas de la arena.

"Extra-oficialmente, no lo haremos." Sailor Maker respondió solemne. "Todas las siete chicas que ven se convertirán en Sailor Starlights. Nosotras, Kakyuu-hime y Erii-san ya lo decidimos. Pero, oficialmente, ellas no lo sabrán hasta dentro de unos días más."

"Wow. Serán diez Sailor Starlights en total, casi tantas como nosotras." Venus respondió admirada. Luego hizo una mueca pensativa, un extraño brillo en sus ojos. "Pero, aún no me queda claro algo: ¿quién es ese tal Erii-san del que tanto he escuchado?"

"¡Nadie importante!" Odango chilló enseguida, corrigiendo su postura. "¿Verdad, Fighter-chan?"

"Es un anciano, el mayordomo del palacio. Para nada atractivo." Fighter no necesitó fingir energías para desprestigiar la imagen de Erii-san. ¿Y qué si el hombre era un apuesto pelirrojo de ojos almendra? Era uno más que se perdía en la multitud de Kinmoku. A su lado, Maker chocó su cabeza con desaprobación. "Arrugado, amargado y con una asquerosa verruga en la punta de su nariz."

Odango le echó una mirada incrédula sobre la cabeza de Venus. "S-Sí, Sailor Venus. Hazle caso a Fighter. Además, ¿por qué te importa tanto si ya tienes a Michael-san?"

"Sí, tienes a ese viejito para ti solita, Venus-san, ¿y aún quieres más? ¡Que glotona!"

O Healer tenía un deseo suicida, o en verdad no le tenía miedo a nada. Fighter atestiguó a la Sailor del Amor dirigirle centellas a Healer, y en un intento de alejarse de la zona de guerra, Fighter atrajo físicamente el cuerpo de Odango hacia ella.

"¿No crees que exageraste un poco, Fighter?" Usagi le murmuró, los gritos escandalosos del tremendo round que sus mutuas amigas actuaban, minimizándose al fondo. "Erii-san no tiene ninguna verruga."

"No que tu sepas."

Un pellizco le prosiguió.

"¡Ow!" Brincando sobresaltada, Fighter utilizó el as que siempre le funcionaba: pucheros. "¿Por qué me regañas ahora, Odango? Sólo intentaba ayudarte. La próxima vez no me molestaré, si me pagarás tan cruelmente."

Usagi giró sus ojos. "Ni siquiera intentes hacerte la inocente, baka."

De pucheros, Fighter cambió de táctica. "¿Por qué esta ciega adoración por Erii-san? Es como si tuviera a todas ustedes bajo un estúpido hechizo. El tipo no tiene nada de especial, y no es como si estuviera tan guapo."

Ante su lloriqueo, Odango carcajeó. "Para empezar, tiene mejores modales que alguien que conozco."

"Es un lambiscón."

"Es muy inteligente."

"Un Canciller no necesariamente solicita de mucho cerebro."

"Siempre te trata con respeto a pesar de tu conducta imprudente y grosera."

"¡Porque me tiene miedo!"

"¡Fighter!" Odango tocó su punto de ebullición, empujándola hombro contra hombro. "No seas abusiva, él es un buen hombre. Lo puedo sentir."

"Ash." Limitando su respuesta a un gruñido indiferente, Fighter movió el cuerpo de Odango frente al suyo, maniobrándolo hasta tenerla abrazada por detrás. La actitud enfurruñada de la rubia no duró mucho, con cada segundo, la rigidez de su espalda derritiéndose con la ternura del gesto. "Solamente diré esto: si intenta pasarse de listo contigo de nuevo, le arrancaré sus brazos."

"No sé de qué estás hablando." Usagi murmuró, tan ingenua como siempre.

Fighter sonrió resignada. Claro que Odango no había entendido los piropos que Erii había tartamudeado en su dirección cuando se habían conocido. Justo como un desprevenido Seiya Kou, Erii Kari había orbitado hacia el cálido resplandor de la estrella de Sailor Moon, idiotizado.

Un alboroto en la arena llamó la atención de todas. Extrañamente, Bryn-san no estaba involucrada, sino otras tres de las novatas de las que Fighter no recordaba sus nombres todavía. Todas ellas estaban riéndose sin mesura, sudadas y desaliñadas por el entrenamiento. Su juventud resaltó con el buen humor iluminando sus semblantes.

"¿Qué edad tienen, Fighter?" Como había temido la inminente pregunta, Fighter dudó antes de responder. Recargó su mentón entre los dos odangos de su coneja.

"La misma de nosotras con excepción de una. La mayor de ellas equivaldría a dieciocho años terrícolas. Um, ¿la de cabello púrpura? ¿La ves?" Sintiendo a Usagi mover su cabeza en afirmación, Fighter tragó saliva antes de proseguir. "Ella es a quien deseo nombrar Segunda-en-Mando, ¿qué piensas?"

"Pues." Usagi se dirigió hacia la arena de nueva cuenta. "Todas ellas tienen un resplandor extraordinario, y se nota que son muy capaces de convertirse en Sailor Starlights. Aunque el resplandor de Bryn-san… es diferente."

Fighter estaba impresionada, Bryn-san estaba atrayendo la atención de todos.

"Lo sé. Nosotras también lo notamos. Pero, no confío en ella lo suficiente para convertirla en líder. Todavía no. Le falta madurar."

"Tengo el presentimiento que será una de la mejores Starlights," Usagi sonrió dulcemente, "¡después de ustedes tres, claro!"

Correspondiendo la sonrisa, Fighter guiñó su ojo. "Eso es todo lo que necesito escuchar."

Eso, y los gruñidos de las tripas de Usagi.

"Ups." Abochornada, Odango rió nerviosamente, agarrando su estómago. "¿Ne, Fighter, crees que el buffet que Kakyuu-hime ordenó ya esté listo?"

Después de múltiples burlas por el barril sin fondo que era el estómago de Usagi, Venus y todas las demás chicas impartieron camino de regreso al Palacio. En el transcurso, Healer no paró de provocar a su líder con insinuaciones sobre cuánto consentía a Usagi-chan, Maker prosiguió a actuar de intermediaria, y Artemis no paró de exclamar maravillas sobre la geología y biodiversidad de Kinmoku-sei. La cual era radicalmente diferente a la, altamente contaminada, de la Tierra.

Durante el buffet, Venus propuso festejar el próximo Cumpleaños de Odango en Kinmoku-sei, para que así asistieran todas las chicas sin pretexto alguno. Usagi y Fighter, sin embargo, solamente compartieron una mirada de complicidad, siguiéndole la corriente a Venus para no lastimar su entusiasmo.

Poco se imaginaba Sailor Venus, que si la estrategia de Kakyuu-hime funcionaba, Fighter estaría festejando los diecisiete años de Usagi sobre territorio terrícola, no viceversa.

Y Sailor Star Fighter ya tenía sus planes bien diseñados.


[+]+[+].[+]+[+].[+]+[+]

Tres meses, 14 días, después.

[+]+[+].[+]+[+].[+]+[+]


Seiya Kou había escogido este departamento por la vista de la recámara.

"¡Sugoi! ¡Puedes ver la ciudad entera desde aquí!" Emocionada, Odango se olvidó de las maletas para correr hacia el balcón. Seiya se encargó de recogerlas del suelo y las depositó sobre la cama.

El diseño anticuado de la recámara no era mucho de su agrado. No obstante, por el momento, serviría su propósito. Después, cuando tuviera más tiempo libre, contrataría a alguien para modificar el ambiente de todo el lugar.

Sería su hogar a partir de ahora, después de todo.

No sería nada fácil la transición de un planeta a otro - no lo había sido la primera vez. Seiya tenía que encargarse de sus propios gastos y para ello tomar una decisión sobre si involucrarse de nuevo con el mundo del espectáculo. Taiki y Yaten no lo acompañarían en esta ocasión, así que Seiya tendría que sobrevivir solo.

Bueno, ni tan solo.

"¿Te gusta la vista, Bombón?" Seiya sonrió, caminando hacia la rubia. Usagi abrió las puertas del balcón, jalándolo de la manga.

"¡Claro que sí! ¡Es hermosa, Seiya!" Con reverencia Odango absorbió el panorama de diminutos edificios y casas brillando como estrellas. Luego, le aventó una sonrisilla sabionda. "Que buena vida se dan los ídolos, aun cuando estén retirados."

"No seas envidiosa, Bombón. Son los frutos de mi dura labor."

"¿Ser un ídolo implicaba trabajar duro? Pfff. No me hagas reír."

Seiya se le echó encima, ganándose una carcajada de la chica. "¡Retira lo dicho!"

Usagi rehuyó de sus brazos para escapar de vuelta a la alcoba. Explotó en risillas maliciosas, contorsionando su cuerpo de diferentes maneras para evitar ser atrapada. Seiya le siguió el juego por un rato, dejándola deslizarse de sus brazos a propósito. Rió como en mucho tiempo no lo había hecho—libre.

"¡Ajá! Te tengo."

Usagi chilló de la sorpresa al ser levantada en los brazos de su novio, una de sus pantuflas saliendo volando al piso. Seiya prosiguió a dar vueltas en su propio eje para causarle mareos.

"¡Seiya, deténte! ¡Si sigues, voy a vomitar!"

"¡No hasta que retire sus calumnias, Srta. Tsukino!"

Sujetada de la chaqueta del ex-cantante, Usagi gimió. Lució algo verde. "¡Oi! ¡De acuerdo! ¡Lo siento, Kou Seiya no es ningún holgazán, lo juro!"

Seiya dejó de girarla, aunque no la regresó al piso. En lugar de eso, la inclinó de forma horizontal para acercar sus rostros. Al robarle un beso, adrenalina pura vibró entre ellos. Un chasquido de electricidad le recorrió, al instante prendiendo algunas intenciones no tan inocentes.

Usagi suspiró, dejando caer su cabeza hacia atrás, mientras que la nariz de Seiya acarició el sendero de su cuello expuesto. "No puedo creer que estés aquí, Seiya. Siento que estoy soñando."

"Podría pellizcarte para que lo creas… Claro, si me lo pides dulcemente."

Usagi tragó saliva. Seiya sintió el movimiento bajo sus labios. Saboreó el pulso apresurado.

La rubia acarició su nuca, susurrando un suave "Descarado."

Oh, Odango no tenía idea.

Seiya llevó su cargamento al pie de la cama nueva. Al depositarla en el colchón, desnudo todavía de coberturas o sábanas, Seiya le siguió, acostándose a su lado. "Creo que este lugar ocupará la ayuda de un toque femenino, ¿no crees? Digo… para hacerlo sentir como un verdadero hogar."

Al girar su cuerpo hacia él, Usagi rodeó el rostro de Seiya con su mano izquierda. Diferentes emociones se reflejaron en la profundidad de su mirada índiga. Las comisuras de sus labios temblaron cuando la rubia intentó responder, pero Seiya había aprendido que algunas cosas no ocupaban decirse.

Así que, aclarando su garganta, Seiya prosiguió. "Escogí este balcón especialmente para ti."

"Oh, ¿sí?" El rostro de Usagi se afinó con obvio afecto, dedos curiosos volviendo a los cabellos de Seiya.

"Para que puedas agarrar vuelo cuando quieras… Sin problemas."

"Aw, Seiya… Arigatou."

Mejillas sonrojadas, labios reclamados, voz frágil, uniforme escolar arrugado: ésa fue Usagi Tsukino. La chica que Seiya había sorprendido a la salida de la Preparatoria 10va. de Juuban con una arrogante sonrisa, auto recién comprado con los ahorros bancarios de los Three Lights, un traje carmín que no había usado en casi un año, y el ego por los cielos.

La chica, que al verlo en las puertas de la Preparatoria, había corrido como locomotora para envolverlo en sus brazos. La chica que se había derretido ante su intenso beso, y la chica que posteriormente, se había enfadado al sentir los flashes de impertinentes cámaras fotográficas invadir su privacidad.

"Cántame algo, Seiya." Usagi reclamó de repente, empujando a su novio para acomodarse sobre su pecho. "Lo que sea. Solamente quiero escuchar tu voz."

"Como usted diga, Su Majestad." Seiya rodeó la cintura de Odango con sus brazos, adoptando una pose de seriedad. "Pero, pon mucha atención, ¿de acuerdo? No sabes del privilegio que estás gozando al escucharme cantar a capela sin boleto de admisión."

Odango picoteó su estómago. "Como usted quiera, Su Majestad." Burlonamente, imitó las palabras de Seiya.

No le costó mucho pensar en una canción en específico. La canción que Seiya había compuesto desde hacía mucho tiempo para exorcizar sus demonios personales.

Una canción que nunca había imaginado que tendría la oportunidad de cantarla a la que había su fuente de inspiración.

Bueno, más valía tarde que nunca, ¿ne?

Concentrándose, Seiya dejó sus párpados caer. "Yume no naka de nan domo…" Todavía no le era posible creer que podía besar a Odango cuantas veces se le antojara, y ya no solamente en sueños. "So tsu to kuchizuke kawashita…"

Ya no tenía que pedir haber conocido a Usagi Tsukino antes.

El antes ya no importaba.


[+]+[+].[+]+[+]

152 años en el futuro.

[+]+[+].[+]+[+]


Láquesis-sama no sabía a quién arrancarle la cabeza, primero.

Uno se descuidaba un poco, decidía tomar unas merecidas vacaciones, ¡y mirar nomás lo que sucedía! ¿Qué significaba este desastre?

Se suponía que debería estar asistiendo a la Fiesta de Cumpleaños de la Pequeña Dama, en el Palacio de Tokio de Cristal del planeta Tierra. La Neo-Reina Serenity se suponía que debería estar sentada al costado del Neo-Rey Endymion, felicitando a su hermosa hija con ojos llenos de orgullo.

Pero, la mujer al costado del Neo-Rey no era Serenity.

Peor aún, Láquesis-sama sabía que esa usurpadora debería estar fallecida desde hacía muchos siglos, como era su merecida recompensa. ¡Su hilo de la vida debería estar partido en dos! Esa Átropo irresponsable. Láquesis-sama había sospechado que esa anciana no sería de fiar sin estar bajo supervisión.

Este lugar, no era siquiera, el Tokio de Cristal que Láquesis-sama recordaba. El extra-natural poder de la corona de la Neo-Reina no se podía percibir en las paredes, ni en el piso, ni en el ambiente; su amor por su pueblo estaba extinto, reemplazado por otro resplandor.

Aquí, la Pequeña Dama Usagi Tsukino II, heredera al trono, no existía.

En lugar de dos colitas rosadas, un joven de cabello humo abría regalos con una sonrisa serena idéntica a la de su padre, agradeciendo a cada uno de los invitados con cerezos ojos—Una parodia mutante a los de la Pequeña Dama.

Láquesis-sama pensó detenidamente, cerró sus ojos y se tele-transportó a las Puertas del Tiempo.

Sailor Pluto la estaba esperando, su fiel báculo en mano. Por lo menos, ese aspecto no había sufrido alteraciones. "Querida prima, bienvenida."

Láquesis-sama no podía soportar la neutralidad de la senshi del tiempo en estos momentos. ¿Cómo podía estar tan calmada? "¡No me vengas con eso! ¿Qué diantres está sucediendo? ¿Cómo fue que las líneas del tiempo fueron modificadas de forma tan fatal? ¿Dónde se encuentra la Neo-Reina Serenity?"

Frunciendo su ceño severamente, Pluto le echó un vistazo a las puertas antes de responder. "El tiempo se ha vuelto fluido, prima. Una infinidad de posibilidades se han abierto por todo el universo entero. En consecuencia, nuestra Neo-Reina puede que se encuentre en otra dimensión que no haz visitado aún."

"Estás loca." Cubriendo su boca con sus cobrizas manos, Láquesis-sama sintió rabia hervir su sangre. "¡Esto no tiene sentido! ¡Esto es precisamente lo que tenías que evitar que sucediera! El tiempo va unido al destino, a un solo camino y a un solo fin, ¡no pueden existir otras realidades alternas! Sailor Moon está destinada a ser Neo-Reina de Tokio de Cristal, gobernar por largos siglos con prosperidad, heredarle el trono a su hija -"

"Observar a todos sus seres queridos ser aniquilados por el Caos, auto-exiliarse a otra Vía Láctea y merodear en completa soledad, hasta perder la cordura. ¿Cómo puede ser que tal destino te parezca justo?" Como raras veces lo hacía, Pluto golpeó su báculo contra el piso neblinoso, su tono de voz elevándose tanto que Láquesis-sama sintió las Puertas del Tiempo temblar con empatía.

"¿Quién dijo que el Destino era justo, Sailor Pluto? Lo creas o no, el final de la existencia de Sailor Moon tenía una meta. Su sufrimiento tenía una razón."

"Sí, viajar al pasado para auxiliar a su versión joven contra los orígenes del Caos, así como de asegurar los cimientos para el futuro de Tokio de Cristal. Vaya meta, Láquesis-sama, ser solamente utilizada como el pegamento para cerrar uno, de los tantos, contratos del Destino. Nuestra Princesa merecía mejor que eso."

Ah, con que esa era la raíz del problema. Sailor Pluto había perdido su objetividad. ¿Y quién podía imaginar que Pluto fuera tan buena con el sarcasmo? "Yo no soy la autora de los Destinos, Sailor Pluto. Mi trabajo es estrictamente asignarnos. Punto final."

Pluto respiró hondo. "Entonces, haz fallado."

El primer instinto de Láquesis-sama fue negarlo, pero su honor como Distribuidora de las Suertes tuvo más peso que sus primitivos impulsos inmaduros de llevarle la contraria a su prima. Pluto tenía razón, en un momento de distracción Láquesis-sama se había confiado y ese había sido su error. El único error que había sido suficiente para que se creara esta catástrofe. Había fallado. Había fallado para lo que había nacido, y las consecuencias serían impensables. "Tengo que corregir todo esto."

"No puedes. Nada, ni nadie, pueden detener la corriente en la que el Tiempo está fluyendo ahora. Es imposible."

"Puedo hacerlo, solamente tengo que retroceder en el tiempo y encontrar el punto de inflexión. El momento clave donde todo cambió." Un plan ya se estaba formando en su cabeza, así como una lista de presuntos culpables.

Avanzando hacia ella, Pluto estiró su mano para tocarla, pero Láquesis-sama retrocedió en el último momento. "No, ¡no puedes, Láquesis! Cada decisión, por más diminuta o gigantesca que sea, está creando una posibilidad en el tiempo; ésta, a su vez, ¡convirtiéndose en una realidad alterna! Intentar encontrar el punto que originó la metamorfosis es una tarea que no tendría fin."

Pero la voluntad de Láquesis-sama era absoluta, sus alas se estiraron mucho antes de que Pluto terminara su plegaria por reconsideración. Estaba decidida. Su honor y tu título pendían en la balanza; si permanecía sin hacer nada, ¿entonces cuál sería el propósito de su existencia? Si el Destino no imponía su autoridad, ella no podía vivir.

"Supongo que no me auxiliarás de ninguna forma posible, Sailor Pluto." A punto de despegar, Láquesis miró a su querida prima. "Estoy segura que tú sabes todo lo que necesito escuchar."

"Mi lealtad le pertenece a mi Princesa." Pluto se apresuró a entablarle. "Láquesis, debes estar consciente de que, si haces esto, no puedo quedarme con los brazos cruzados."

Eso era lo que Láquesis esperaba. Pluto la guiaría justo a su blanco, en su inocente deseo de advertirle a Sailor Moon. "Este es el adiós, entonces. Cuídate."

Antes de que otro ruego saliera de la boca de la senshi, Láquesis voló hacia El Puerto. La central del Tiempo que todos debían atravesar para viajar a otras líneas del tiempo. Esperó, con su disfraz de invisibilidad. Esperó y esperó. Esperó y se tomó un cappuccino. Esperó y se conectó con su teléfono móvil al Wi-Fi. Hizo corajes, porque el Wi-Fi del Puerto no servía ni para revisar su correo. Hizo pucheros. Se tomó otro cappuccino.

Esperó.

Creó un documento de Word, escribiendo su lista de sospechosos.

Se distrajo y terminó jugando solitario, una de las tantas canciones pegajosas de Britney Spears vibrando por sus audífonos.

Alguien dejó de robar todo el Wi-Fi y Láquesis buscó a la baka de Átropo por Facebook, dejándole un explícito mensaje de todo lo que iba a hacer con su pellejo si no la llamaba pronto. Obtuvo quince Me gusta como recompensa. Revisó su correo. Fue al sanitario a liberar todo el cappuccino.

Y justo cuando salía del sanitario, alcanzó a divisar el corazón plateado de un muy conocido báculo haciendo fila en la taquilla Del Pasado.

Sonrió.

Era hora de la función.


[+]+[+]

Fin del Volumen 2.

[+]+[+]


Notas Finales:

(¡) Erii Kari, Bryn-san, así como el resto de las nuevas Sailor Star Lights son mis propias creaciones. Sin embargo, para los que no son fans de personajes originales, no se preocupen, no entraré en detalle con ellos.

(¡) Bryn-san fue inspirada por la mitología germánica: bella y poderosa princesa guerrera. Su historia aparece registrada en los poemas Éddicos y en la Volsunga Saga ("Saga de los hijos de Sturla") de Islandia, así como en el poema épico germánico el "Cantar de los nibelungos". En los textos islandeses, aparece como Brynhild, nombre que elegí y acorté para encajarlo en mi fic. Sin embargo, también es conocida por Brunilda o por Brünnehilde. Pero, ¿lo más genial de ella? Bryhhild era quién dirigía a las Valquirias a batalla.

(¡) Ahora, respecto a Láquesis-sama, primero quiero que conozcan su historia en la mitología griega:

Parcas, en la mitología griega, las tres diosas que determinaban la vida humana y el destino. Conocidas como Moiras en griego y como Parcae en latín, las Parcas asignaban a cada persona al nacer una parte del bien y del mal, aunque la gente podía acrecentar el mal por su propio desatino. Retratadas en el arte y la poesía como ancianas severas o como melancólicas doncellas, se las representaba siempre como tejedoras. Cloto (la Hilandera hila el hilo de la vida), Láquesis (la Distribuidora de Suertes), decidía su duración y asignaba a cada persona su destino y Átropo (la Inexorable), llevaba las temibles tijeras que cortaban el hilo de la vida en el momento apropiado.

Supongo que el papel de Láquesis-san ahora queda más claro, ¿cierto?

(¡) Para dar fin, no estoy segura si alguna vez se habló sobre realidades alternas en Sailor Moon (no he leído el manga). No me acuerdo que se haya tocado en Sailor Moon R, la verdad. Aunque, todo apunta que no, puesto que se le entregó mucho énfasis al "Destino" y como cualquier alteración provocaba la muerte de Chibi-Usa. Tengo leves nociones de que Sailor Cosmos pertenecía a una realidad alterna, pero que ni Naoko Takeuchi llegó a profundizar el tema. Yo sospecho que sí XD. Y también sospecho que era Sailor Moon del futuro.