Demoman - 2º Parte

La fuga

Encerrado bajo llave en su habitación sin comer tres días, ese había sido su castigo. Su padre había cogido un saco y arrasó el cuarto metiendo en él todo lo que pudiera tener algo que ver con explosivos, desde cartuchos a libros de química. Una pequeña bolsita de pólvora se desparramo por el suelo y la limpio a puntapiés, ahora su olor eléctrico flotaba en el ambiente.

Sentado con los brazos rodeando sus piernas, Tavish observaba la luna y su reflejo fantasmal en las nubes. Estaba decidido.

La rabia galopaba a sus anchas, notaba palpitaciones en la sien y apretaba con tanta fuerza los dientes que creía que no podría separarlos nunca. Su cuarto le ahogaba, la casa le ahogaba.

No podía quedarse allí, necesitaba respuestas y un lugar donde sentirse cómodo, donde le dejaran practicar su pasión, quería vivir lejos de un futuro condenado a la rutina del hombre medio escoces.

Así que guardo en su antigua mochila escolar toda la ropa que pudo, el dinero que había estado ahorrando, su tirachinas y su brújula, regalo de su quinto cumpleaños, ató las sabanas en una improvisada cuerda y se descolgó por la ventana. Se encontraba a unos cinco metros del suelo, pero para sus ojos eran mas de cincuenta. Tubo que tragar saliva y respirar hondo para calmarse. Las manos le sudaban y se resbalaban y el corazón galopaba salvaje en su pecho. Fue deslizándose con cautela, notando el roce de la tela cada vez más doloroso, y cuando le faltaban un par de metros ¡BUM! Uno de los nudos se deshizo y calló al suelo ahogando un grito.

Con las rodillas peladas la sangre empezó a teñir la oscura piel, la cual brillaba maliciosamente en la noche.

Pero ya era libre.

Sin mirar atrás y con un nudo en el estomago, mitad por el miedo mitad por la excitación, corrió todo lo deprisa que le dejaban sus heridas hasta el pueblo. Pasaría la noche en el establo de Frank y a la mañana siguiente... no sabría que hacer. Su mente le insistía en dar media vuelta y volver, su corazón en cambio le apremiaba a seguir adelante, en señal de desafió a su padre. En fin, mañana sera otro día, por hoy nos conformaremos en encontrar un lugar donde dormir.

Justo cuando pasaba en frente del Jabato Negro una figura cruzó las puertas y agarró al chico rodeandole el cuello con el brazo. Olía a sudor y suciedad, y a alcohol, a muchísimo alcohol. A mares de whisky. Océanos.

-¡Santa Maria madre del *HIC* pastor...! ¿Pues no es el joven...? Joven... mmm... ¡Tavish! ¡Tavish Mac *HIC* Baren!

Aún con todas sus fuerzas y logrando encajar un par de patadas el fuerte brazo no cedió ni un centímetro.

-¡Suéltame!¡Suéltame joder!

-Oye oye, no hay que ponerse tan... esto... -El brazo se aflojo ligeramente pero Tavish aun no lograba desembarazarse de el-. En fin, ¡Vamos a tomar unas copas chico!¡BEBER!

-¡No!¡Espera!

Pero no había vuelta de hoja. Mientras trataba de recobrar el aliento el hombre metió a Tavish dentro del pub y el ruido de la clientela enmudeció las quejas del muchacho.

Cuando finalmente lo soltó se encontraba sentado en un taburete, frente a una mesa llena de cortes, quemaduras y manchas pegajosas de cerveza derramada. En el centro brillaba una pequeña lampara de aceite, y frente a él un hombre que no debería ser mayor que su padre blandía una sonrisa desdentada que marcaba la cara de arrugas. Era Erskine.

Erskine

El hombre dirigió los diminutos y brillantes ojos a la barra y pidió sidra.

-¿Que tomas tu, chico?

-No, yo...

-¡Trae la botella!

Tavish se lo quedo mirando con la boca medio abierta. El hombre tamborileaba en la mesa como un chiquillo con zapatos nuevos, esperando su bebida. Cuando se centro en Tavish el muchacho desvió instintivamente la mirada y se puso a reconocer el pub para ganar tiempo.

Una enorme cabeza de jabalí presidia en lo alto de la pared tras la barra, mostraba los colmillos en un gesto entre furioso y desconcertando. Bajo esta, un grupo de acólitos bebían y fumaban en silencio, absortos en sus pensamientos y con movimientos alarmantes que presagiaban una caída del taburete. En la otra punta del pub cuatro hombres jugaban a las cartas y a Tavish se le agrandaron los ojos con el botín que aguardaba al ganador. Una camarera de generoso pecho trajo dos vasos gastados y una botella de ron opaca en la que se podía leer 'XXX 1808'. Erskine la destapó y llenó los dos vasos, después dio un buen trago a la botella y la dejo sobre la mesa.

-Bueeeeeeno chico, mucho tiempo sin *HIC* vernos...

-Si... -Tavish daba vueltas al vaso incomodo-. Mucho.

-¡Ya lo creo! Y no es que no... que no... *HIC* aprecie a tu padre, es un gran tipo, pero la vida del rufián es dura ¡JAJAJA!

La estridente risa pilló por sorpresa a Tavish, que dió un pequeño salto en su silla.

-Bueno... ¿Y que haces tu por aquí chico?¿Como es que no estas en casa?

No podía decir la verdad o acabaría en su dormitorio en menos de lo que se tarde en decir Yorkshire. Intentó pensar en una excusa mientras desviaba la mirada del hombre.

-Yo... trabajo. Por la noche.

-Ya... -Erskine asentía sin dejar de mirar al chico- Bebe.

-No, yo...

-Bebe. Invito yo.

Tavish trago saliva y se quedó mirando los brillos ambarinos de la sidra. Si tenia que hacerlo mejor que fuese rápido, así que engullo de un trago todo el contenido. Notaba como el alcohol le atravesaba la nariz y su garganta enrojecía. Tosió y se froto los ojos llorosos.

-¡Así se hace! ¿Quieres comer algo?

-No... -le rugían las entrañas-. No quiero deberle nada.

-No es problema, joven amigo, paga tu padre ¡JAJAJA!

Tavish recordó la conversación con su padre hace apenas veinticuatro horas atrás. Aprovechó a que Erskine vaciara nuevamente el vaso para abordarle.

-¿Qué favor le hizo a mi padre?

El viejo tosió y se servió los mocos ruidosamente, cuando recobró la voz solo era un murmullo.

-Oh, nada nada.

-Venga, ¿Somos amigos no?

Erskin intentaba disimular una sonrisa burlona.

-No no no no, ni por todo el oro del mundo.

Pero a la media hora, todo el oro del mundo se convirtió en otro par de botellas vacías sobre la mesa. Y la lengua de Erskine comenzó a bailar.

Lagrimas y alcohol

-¿Por donde iba? A si. Tu padre. -Hechó un vistazo al fondo de la botella-. Tu padre vino un día a esta misma mesa. Se sentó y empezó a beber. Y cual es mi sorpresa cuando rompe a llorar sin mediar palabra.

Era curioso como al viejo Erskin se le esfumaba el hipo cuanto más borracho estuviese. Tavish escuchaba con atención y trataba de que su interlocutor no se durmiera.

-Así que me acerco. Me siento. Le doy unas palmadas en la espalda y le pregunto que bicho le a picado. ¿Y sabes que me contesta?

-No.

-Erskin, me dice, no puedo darle a mi mujer un hijo.

A tavish se le suelta una tuerca oxidada del corazón. Sabia que debía caer, y que pronto lo haría, pero aun así lo pilla con las defensas bajas.

-Intenté consolarle por supuesto, Conurn, le digo, los críos no sirven para nada, solo comen y comen y te regalan canas. Es mejor tener cabras, amigo

Tavish relleno el vaso que le ofrecía el viejo.

En fin. -se bebe de un trago el licor- que tras dos o tres días estoy yo paseando, pensando en mis cosas, cuando oigo un llanto. Al principio pienso que es un augurey, así que me alejo como alma que lleva el diablo, ya sabes, por eso de la muerte, pero luego, y escucha bien porque es importante, me doy cuenta de que ¡Oh! Es el llanto de un bebé.

A Tavish le tiemblan las manos, empieza a hacerse sangre mientras se muerde el interior de la boca.

-Y me acerco a ese ruinoso castillo...

-¿El castillo?¿El que esta en medio del bosque?

-Si si, ese castillo. El caso es que me acerco y veo un kilt y dentro algo que se mueve, y ¡coño! El bebe mas negro que he visto en mi vida ¡JAJAJAJAJA!

La sangre le palpita en los oídos al chico, la cabeza le da vueltas.

-Y me digo ¿Quien querría a un niño como este? ¡Nadie! Así que me lo llevo al pueblo para entregarlo a la policía, por si habia recompensa y esas cosas. Pero aparece el viejo Mac Baren, me para y pregunta. Y me dice, Erskin, dámelo, yo lo criare como si fuera de mi sangre. Pero yo no podia hacr eso, no no no. Yo lo había encontrado y mía era la recompensa. Así que Coburn y un servidor llegamos a un acuerdo, dejándolo endeudado conmigo hasta que lo necesitase. Y se lo lleva dándome las gracias como si fuese el arcángel san Gabriel ¡JAJAJAJAJA! Oh vaya, no queda sidra, chico, ¿Puedes...?

Pero el chico ya no escuchaba, porque ya no estaba dentro del bar. Corría todo lo deprisa que podía mientras el viento le azotaba en la cara y los pies volaban sobre el asfalto. Que idiota había sido. Llegaría a casa y pediría perdón mil veces. Al infierno con la pólvora, al infierno con Nessie.

Mientras corría los murmullos de la gente, inadvertidos al principio, cobraron fuerza cuanto más se aproximaba a la casa. Campanas. Y el amanecer. Pero... el sol no nacía por aquel horizonte, y mucho menos de madrugada. Es más, ¿porque la gente se apretujaba y corría pidiendo ayuda? ¿Porqué a cada paso el aire estaba mas cargado? La gente no le dejaba pasar, se escurría bajo piernas, bajo faldas. Los gritos, que se mezclaban con aullidos, reclamaban agua. El sol no había salido aun, pero el cielo se tiño de rojo.

La casa de los Mac Baren ardía hasta los cimientos.