II. El verdadero problema.

Había pasado una semana desde la cena en casa de los Kurosaki, y con la única persona que había querido hablar Rukia era con Renji, que había llegado de la Sociedad de Almas la misma noche de autos, pero se enteró de todo muy tarde, cuando ya había pasado y sólo quedaban los últimos comentarios, así que tampoco estaba al tanto de la verdadera situación. Por su parte Ichigo le decía que o hablaba con Rukia o no hablaba con nadie, ya que pensaba que los intermediarios sólo podían liar más el asunto. Y por su parte la chica no quería saber nada del shinigami sustituto, estaba demasiado herida y no quería excusas. Abarai se quedó toda esa semana en el sofá de la casa de su amiga, y allí estaría hasta próximo aviso, ya que le habían mandado una misión que tenía mucho que ver con Urahara, y muy poco con estos tejemanejes, que le ocupaban la mayor parte de su tiempo.

El día antes de nochebuena Rukia accedió a hablar con Ichigo, ya que su nii-sama le había puesto fecha límite a un asunto familiar muy delicado, del cual ella no quería ni acordarse, pero sabía que Byakuya cuando se ponía serio era como un tren de mercancías desbocado: imposible de parar.

Quedaron a media tarde en un lugar muy señalado para ambos, a la orilla del río. A ambos les traía demasiados recuerdos, pero aunque los malos siempre duelen mucho y los buenos muchas veces no pueden contrapesarlos, no importaba, era uno de sus lugares favoritos. Podían pasarse horas hablando, a veces tranquilamente y otras veces no tanto. Esta iba a ser una de las ocasiones moviditas.

-Rukia. –Llamó Ichigo a la chica que estaba sentada en el suelo esperándolo.

-Hola. –Le contestó secamente y observó como se sentaba y se ponía a mirar al infinito.

-Lo siento. –El chico no sabía bien como empezar.- Pero Inoue se me abalanzó...

-¡Claro como eres irresistible las chicas se te tiran encima! –Le cortó Rukia, estaba muy enfadada.- Ten cuidado Kurosaki-kun –comenzó a decir con ese tono que tanto odiaba el pelirrojo- no vaya a ser que un día por la calle te arrase una multitud de chicas enloquecidas.

-¿Pero que coño dices? Tatsuki nos puso debajo de un muérdago y la tradición es que los que están bajo uno deben besarse. –Le gritó bastante enfadado, pero intentado explicar la situación lo mejor que podía.

-¡Oh! ¡Ahora es culpa de Tatsuki! –Gritó mientras se levantaba del suelo, estaba muy nerviosa como para estar quieta.- Voy a tener que llevar yo cuidado con el muérdago ese, no vaya a ser que Tatsuki haya puesto uno en mi casa y tenga que besar a Renji.

-¡¡Eso si que no!! –Ichigo también se levantó, él no iba a ser menos.- ¡No es culpa mía qué no nos escuches cuando te contamos alguna tradición! –Recapacitó.- ¿Y que coño es eso de besar a Renji? ¿Qué hace viviendo en tu casa?

-En mi casa vive quien a mi me da la gana. ¿O me vas a prohibir algo tú que vas besando por ahí a la gente?

-Serás idiota… ¡Yo no voy besando por ahí a la gente! ¡¡A saber que haces tú con Renji!!

-Lo que me da la gana. Imbécil.

-Idiota. –Y acto seguido se dieron la vuelta y cada uno se fue por el camino contrario.

Así lo que debió ser una reconciliación sin mucho problema se convirtió en una marejada de absurdas acusaciones, por su parte la pequeña morena no paraba de reprocharle lo de Inoue, ya que desde el principio pensaba que toda explicación sería una excusa, y que esa costumbre con el muérdago le sonaba a tontería. Ichigo tampoco se quedó atrás, y le echo en cara que Renji estuviera una semana durmiendo en su casa. No pudieron echarse más cosas en cara porque no tenían, cuando decían de pelearse el mundo se caía y no importaba más que tener la razón el uno sobre el otro. Y así sin más pasó una maravillosa oportunidad de reconciliarse a ser una pelea mucho más grande.

El día de nochebuena a Rukia le llegó la noticia: su nii-sama vendría a verla el día de año nuevo, y por supuesto que ella sabía que quería una respuesta. Pasó toda la cena pensativa, estaba sola con Renji en su casa, y éste le dejaba estar así ya que pensaba que era por la pelea con Ichigo, pero lo que no sabía era que su Capitán tenía mucho más que el pelirrojo que ver en el asunto.

-Deberías hablar con él tranquilamente, sois dos tercos. –Dijo bruscamente Renji tras un largo e incómodo silencio.

-Lo se. Pero no puedo perdonarle que besara a Inoue, me siento traicionada, no se sí podría volver a confiar en él. –Se levantó de la mesa y se sentó en el sofá, esperando que el muchacho hiciera lo mismo.

-¿No has pensado que haya podido ser ella quien le besó? No es ningún secreto que Orihime-san siempre ha estado loca por Kurosaki, y vete tu a saber porqué. –El último comentario le propinó un pequeño puñetazo de Rukia en el hombro, le hizo reír.– Y Rukia, hoy he estado con todos ellos, y me aseguraron que lo del muérdago ese es verdad, deja de ser cabezona, y habla con él. Tranquilamente a poder ser.

-No estaría mal, sí. –No le hacía mucho caso.- Además Renji, tengo más problemas. –Suspiró.- Mi nii-sama viene el día de año nuevo.

-¿Y…? Vendrá a verte, hace mucho que no estás con él.

-Viene a recordarme que su ultimátum ha terminado, y que tengo que elegir. –Puso cara de fastidió.- Poco antes de saber de esta misión, me presentó a un noble de una familia respetable. En un primer momento no le di más importancia, un chico algo estirado pero era amable.

-¿No me digas que mi Capitán estaba haciendo de casamentero? Porqué yo no lo veo mucho en ese papel. –Renji se reía por dentro imaginándose a Byakuya haciendo de celestina, debía ser el peor de la historia.

-Sí, quiere que me case con él.

-¿De verdad? –Todavía no podía asimilarlo, se le había pasado por la cabeza como una tontería más, pero veía horrible que obligara a Rukia a casarse. Aunque pensándolo bien, ella pertenece a una familia noble, quizás esa fuera una costumbre suya.

-Sí. Pero hicimos un trato, me dio hasta año nuevo para encontrar yo a una persona que quisiera. Me dejó elegir, ya que lo vio justo, si él pudo elegir a Hisana, yo podría también. Pero una vez llegue año nuevo, sino he encontrado a nadie aceptaré casarme con el noble.

-¿Y dejaras de ser shinigami?

-¡Ni pensarlo! –Se asombró Rukia.- Si es un matrimonio de conveniencia que se note, él sabrá desde el primer momento lo que tiene conmigo, lo mismo no le gusta y el que no acepta es él. –Sin embargo, el tono divertido con el que había dicho eso se cambio enseguida al recordar una cosa.- Pero los padres de nii-sama se casaron por conveniencia, nunca se quisieron, y le tuvieron porque tenían que tener descendencia.

-Aún así Rukia, aunque no te hubieses peleado con Ichigo ¿Crees que Kuchiki-Taicho le hubiese aceptado en su familia?

-Un trato es un trato, Renji. Con el tiempo lo hubiese aceptado bien. –Se recostó en el sofá.

-Bueno, entonces lo tienes fácil. Sabes que lo vuestro es una pelea pasajera, no tendrás problemas con él.

-Pero Renji, ponte en su lugar. Voy a verle y le digo: vale, me trago lo del muérdago –entornó los ojos, haciendo un gesto de total incredulidad- te perdono y perdóname tú por lo que sea que quiera que te haya enfadado. Me perdona. Y acto seguido le digo: ¿te casas conmigo?

-Pues… -comenzó a reírse a carcajadas- ¡le da algo!

-Joder Renji, no es cosa de risa. ¿Qué demonios hago? –Se quedó pensativa mientras el chico no paraba de reír.- Le puedo contar todo a Ichigo, y decirle a mi nii-sama que sí que me quedo con él, pero que eso de casarnos, que lo haremos más tarde. –Estaba orgullosa de su razonamiento, y eso lo atestiguaba una sonrisa de oreja a oreja.

-Pero Rukia. –Mientras intentaba bajarla de sus nubes se secaba unas pocas lágrimas que le habían salido de tanto reírse.- Por mucho que os… -volvió a reír- perdona, perdona –se puso algo más serio- bueno, que le digáis a Kuchiki-Taicho que va en serio, él os pedirá que viváis en la Sociedad de Almas.

-¿Y yo cómo puedo pedirle eso? –Ya no había risas, un incómodo silencio inundó de nuevo la estancia.- Sería pedirle que dejara a su familia, a sus amigos, su vida. Sólo por venir conmigo. No tengo derecho a pedirle eso, ¿verdad Renji?

-Bueno, no tienes derecho a pedirle eso. Pero él si lo tiene a saberlo todo.

-Quizá tengas razón. Pero es nochebuena, estará por ahí con los chicos.

-Se de buena tinta que planeaban una fiesta en casa de Inoue. –Comentó el Teniente de la sexta división.- Y yo voy a ir, de hecho –se levantó bruscamente- voy ahora mismo, que se me hace tarde.

-¿Ichigo en casa de Inoue? ¿Después de lo que pasó? –Celos, celos, celos… por su cabeza solo pasaban esa palabra a mil kilómetros por hora. Él nunca iba a fiestas, quizás lo de Orihime no fue un simple beso obligado, después de todo.

-¡Hoy estás más tonta de lo normal! –Se rió de ella abiertamente.- No va a ir, me lo ha dicho esta mañana, dice que no está de humor, que se quedará en su casa. Yo de ti iría rápido, lo mismo ya se ha acostado.

Rukia pegó un salgo del sofá y fue a por su abrigo. Renji le siguió y decidió acompañarla una parte del camino, estaba muy nerviosa. Y aunque hubiera dado casi cualquier cosa al ver la cara de Ichigo, después de que Rukia le contara todo, no pudo. Y se fue a disfrutar de la fiesta en casa de Inoue.