III. Chappy.
-¡Rukia! ¿Qué haces aquí? –El shinigami abrió la puerta de casa con cara de pocos amigos, pero al verla se sorprendió de sobremanera.
-Ichigo, tengo que hablar contigo. –Le dijo secamente. "Ya está, otra bronca." pensó el chico.
-Sí es para volver a chillarme, paso. Ya he tenido suficiente con lo de ayer, no estoy de humor.
-No he venido a eso, ¿quieres venir o entro yo? –Desde luego esa noche lo iban a aclarar todo.
-Dentro están Yuzu y mi padre, creo que será mejor ir a otro sitio.
Decidieron ir a un mirador donde había unas preciosas vistas de la ciudad, como era nochebuena y la gente solía salir, pensaron que estarían solos, y no se equivocaron. Tan solo había unas pocas parejas paseando que se oteaban por el lugar. Ahora, más tranquilos y calmados decidieron aclarar las cosas. Fue fácil, era tan fácil, y ellos el día anterior habían logrado hacerlo difícil.
-Aún no se porque Tatsuki pensaba que te hacía un favor. –Se planteaba Rukia en voz alta.
-Pensaría que soy de esos que nunca se declaran, y que prefieren que lo haga la chica, y en este caso, la amiga de la chica.
-Pues que poco te conocen. Conmigo no lo dudaste mucho. –Una mirada de complicidad nació en ese momento entre ellos dos.
-Porque tú eres como un chico, se puede hablar contigo de todo. Eres muy bestia. –Le dijo para picarla, le encantaba.
-Pues será que te gustan los chicos… -Jaque. Rukia se lo devolvió de inmediato.
-Y de todos los que me gustaban me quedé con el más pequeño, chillón y follonero. –Jaque a la reina.
-Pues corre a buscar a otro más alto, pelirrojo y con muérdago de ese. –Jaque mate.
-Serás…-Decidió acabar con la conversación, no fuera a comenzar otra vez una absurda discusión y se volvieran a enfadar como dos niños chicos. Se acercó a ella y le pasó el brazo por el hombro, ella se junto más a él, hacía frío.- Está bien, tú ganas. –La shinigami sonrió ampliamente, él no la miraba pero podía notar su sonrisa de satisfacción.
Rukia le invitó a su casa, quería darle el regalo, sin saber aún que era el momento adecuado para dar regalos, ya que oficialmente ya era el día de Navidad. Pero por el camino a casa no dijeron una sola palabra, ya que iban aprovechando las pocas sombras que dejaban las farolas para besarse. Después de una buena pelea, siempre viene una buena reconciliación. Sabían que Renji seguiría hasta tarde en la fiesta, y se valieron bien de ese tiempo solos en casa de la chica.
-Tengo que contarte algo. –Le dijo Rukia al muchacho sentándose en su cama. Él estaba acostado y no hizo gesto alguno de cambiar de posición, al contrario, puso sus manos detrás de la nuca, signo inequívoco de que él ya no se movía de allí hasta el día siguiente.- ¡Ah! Pero primero… -se levantó, como hacía algo de frío se puso una sudadera que usaba en su casa, y se fue a la mesa de su escritorio, abrió el cajón y sacó una pequeña cajita.- Toma, te lo iba a dar antes, pero no he podido.
-¿Y esto que es? –Le dijo el muchacho asombrado.
-Un regalo. Ishida me dijo que en navidad se daban a la gente que quieres. –Su tono de voz era totalmente calmado, como si no fuera nada importante.
-Gracias. –Sonrió.- Yo tenía algo para ti, pero está en casa.
-No te preocupes. –Estaba muy contenta.- Pero… ¡ábrelo! Quiero saber que opinas.
-Bien, voy. –Desenvolvió lentamente el papel, para poner nerviosa a Rukia. Y abrió, también muy despacio la cajita, en ella había un juego de llaves con un llavero del conejo Chappy.- ¿Y esto que es?
-Llaves de mi casa. –Contestó alegremente. En casi todas las culturas, ese gesto significaba mucho más que un simple "te dejo entrar cuando quieras", era más bien el preludio de una relación seria, algo que un chaval de veinte y pocos años no sabía si quería aceptar.
-Rukia yo no se si… -Se paró al ver la cara de la muchacha totalmente asombrada. Estaba bastante claro que ella no se estaba enterando de nada.
-Pues si no te gusta no tienes porqué quedártelas. –Dijo haciendo un gesto rápido con la mano y quitándole las llaves a Ichigo.- Yo sólo quería que no tuvieras que llamar a la puerta cada vez que quisieras entrar, que si yo no estoy puedas pasar… ¡No se que tiene de extraño que tu tengas las llaves de mi casa!. Al fin y al cabo, estamos juntos ¿no?
Ichigo se asombró, pero ella tenía razón, aunque hace muy pocos días eso era tan sólo un secreto que compartían ellos dos, ahora ya era algo más oficial, y no estaba tan mal celebrarlo así.
-Tienes razón. –Dijo Ichigo cogiendo de nuevo las llaves.- Pero ni te pienses que voy a llevar un llavero del conejo Chappy. –Ambos se rieron, él se levantó y cogió su chaqueta, en ella estaban sus llaves, y para que Rukia lo viera, las puso junto a las de su casa. Ella sonrió abiertamente.
-Vuelve a la cama, te vas a helar. –Le dijo. Él no tuvo mucho reparo en hacer lo que le mandaba la muchacha.- Tengo que contarte algo. Es importante.
-¿Qué pasa? –La shinigami estaba especialmente seria, le había asustado de verdad.
-¿Te acuerdas cuando fui a pasar unos días a la Sociedad de Almas hace unos meses? –Ichigo asintió con la cabeza.- Mi nii-sama estuvo hablando conmigo largo y tendido de las obligaciones de llamarse Kuchiki. –Estaba haciendo tiempo para soltar la bomba.- Para eso, llamó a un noble llamado Kasamatsu Arima, fue una noche tranquila, nada de lo que estaban contando me sonaba ajeno.
-Pobrecita, que aburrimiento. –Le dijo mientras le tocaba el pelo tranquilamente y comenzaba a besarle los dedos de las manos. La conversación parecía un poco aburrida, y él tenía ganas de algo más divertido.
-Ichigo es importante, presta atención. –Suspiró, lo soltaría como una bomba, no quedaba más remedio.- Mi nii-sama quiere que me case.
-¿Qué? –Las caricias pararon en seco, y la cara de asombro no se hizo esperar.
-Me dio un ultimátum, me dijo que él ya no se casaría más, que no quería mancillar el recuerdo de Hisana. Así que la descendencia del clan estaba en mis manos. –Agachó la cabeza, no podía soportar la cara del muchacho.- Si no tengo un compromiso antes de fin año, elegiría él por mi.
-¿Qué? –No podía salir de su asombro, se levantó de la cama para dar vueltas, ya que lo que realmente giraba en sí, eran millones de ideas agolpándose en sus sienes.- ¿Y esperas hasta hoy para contármelo?
-Lo siento, no sabía que hacer, no sabía si iba enserio, pero me ha dicho Renji que en año nuevo mi nii-sama estará aquí. Y métete en la cama, te vas a poner enfermo. –Dijo preocupada.
-¡Me da igual ahora el frío! –Siguió dando vueltas por el cuarto de Rukia, parecía que su única obsesión era hacer surcos en ella.- Pero eres adoptada, puedes negarte, si te repudian no importa, te quedarás aquí conmigo.
-Para lo bueno y para lo malo es mi familia, Ichigo. Y, aunque me repudiaran, tú mismo lo has dicho, me quedaría contigo. ¿Qué más te da hacerlo oficial para mi nii-sama antes que después?
-¿A que te refieres?
-Podemos decirle a mi nii-sama que queremos estar juntos, pero ahora no nos casaremos. Y sí insiste en que volvamos a la Sociedad de Almas, podríamos ir durante un corto periodo de tiempo, él vería que es serio y nos dejaría en paz para seguir con nuestras vidas. –Rukia no sabía bien que argumentar para que el muchacho se tranquilizara. Ichigo paró en seco.
-Eres condenadamente lista, ¿lo sabías? –Dijo el muchacho sonriendo, y acto seguido la besó.
Esa noche la pasaron juntos. Cuando Renji entró en la casa, intentó hacer el menor ruido posible, pero aún así despertó a Ichigo, que tampoco había cogido aún el sueño profundo. Se puso a pensar sobre lo hablado con Rukia.
Amanecía en Karakura, y en un pequeño apartamento de la zona centro, un muchacho pelirrojo besaba en la frente a una pequeña chica morena que instintivamente buscaba el cobijo de sus brazos. El chico se levantó de la cama sin despertarla, se vistió lentamente, para no hacer ruido y, acto seguido, se sentó en el escritorio, cogió lápiz y papel e intentó plasmar lo que sentía en una pequeña nota, de una sola frase, que dejó en su hueco vacío en la cama. En el papel simplemente ponía: "Lo siento, no puedo".
