IV. Lo siento, no puedo.

Rukia no lloraba, nunca lloraba. Así que cuando vio la nota de Ichigo, no supo como expresar la tristeza, la decepción y la desesperación que sintió. Así que sólo pudo chillar, sin acordarse de que tenía un invitado durmiendo en el salón de su casa. Cuando escuchó a Renji dar golpes en su puerta y gritando su nombre, se tranquilizó. Abrió la puerta, en su cara sólo se podía reflejar la pena que sentía, y en sus manos todavía estaba el papel que había dejado en su cama Ichigo.

-Perdona por despertarte. –Le dijo totalmente absorta, como en la nada.- Necesito estar sola.

Cerró la puerta de su habitación dejando a un Renji totalmente perplejo. Recordó la única vez que había llorado, y fue cuando estuvo a punto de morir en el dúo terminal, y no lloraba por morir, sino por todo el daño que había causado, y porqué sabía que nunca más le vería. De sus ojos brotaron lágrimas por segunda vez, lloraba exactamente por las mismas razones, por el daño que le había causado y porque, sabía que esta vez, si que no le volvería a ver. Años posteriores, recordaría ese día como uno de los más tristes de su vida, abriendo un pequeño cajón de su escritorio, el que tenía bajo llave, para ver de nuevo el papel que le dejó Ichigo. Nunca guardaría nada más en ese cajón, más que sus malos recuerdos.

Ichigo había tomado una decisión, y no iba a ser ella quien no la respetara. Tras un largo periodo de tiempo, no supo decir cuanto, mirando solamente el pequeño trozo de papel, lo aceptó. Aceptó su negativa, y todo lo que conllevaba asumirlo. No defraudaría a su nii-sama, pero eso no implicaba querer en lo más mínimo al hombre que él eligiese, ella ya había amado y había perdido. No lo volvería a hacer más. En menos de una semana todo su futuro estaría decidido, y no podría cambiarlo. Al salir de su habitación, algo más calmada, pero todavía con la nota en sus frías manos, decidió contárselo todo a Renji, necesitaba hablar con alguien, necesitaba a su amigo de la infancia, en ese momento, le necesitaba a él.

-Nunca hubiera imaginado esa reacción. –Dijo Abarai mirando atentamente a la taciturna Rukia, no le había dirigido ni una sola mirada al muchacho mientras le contaba toda la historia, sólo tenía ojos para el diminuto papel que sostenía en las manos, o para la ventana que estaba a su izquierda.- Cuando se fue esta mañana y lo escuché, pensé que estaría todo solucionado.

-Yo pensaba lo mismo, hasta que me he despertado. –Por fin se decidió a mirarle, sus ojos todavía tenían las marcas de haber llorado, el muchacho se sorprendió, no recordaba haberla visto llorar en ningún momento. Ni de niños en el Rukongai cuando no había comida, o los mayores le pegaban, Rukia nunca lloraba. Pero ese estúpido Ichigo lo había conseguido, no se lo merecía, era un cobarde, y él se las iba hacer pagar.- Dime Renji ¿Qué voy a hacer ahora? Sólo puedo hacer lo que nii-sama quiera.

-Lo se Rukia, has dado tu palabra. –"Ese bastardo de Ichigo, me va a escuchar".- Encontraremos una solución.

-Renji. Debes prometerme algo.

-¿Qué?

-Cuando veas a Ichigo, no le hables de esto, no le molestes, es su decisión y debemos respetarla. ¡Promételo! –Gritó la muchacha.

-No. –Dijo quedamente, eso no lo iba a prometer, no podía verla así y no hacer nada.

-No me hagas esto Renji, ¿es que no lo entiendes? –Volvían a querer salir esas malditas lágrimas por sus ojos, pero no lo iban a conseguir, ella era más fuerte que eso.- No quiero a nadie que este conmigo por lástima, compasión o por miedo. Prométemelo, Renji. –Apretó fuertemente los ojos para impedir el inminente llanto.- Por favor.

-Lo prometo. –Contestó el Teniente sin muchas ganas. ¿Cómo negarse? Pero no estaba seguro de poder cumplir esa promesa.

-Gracias. –Las lágrimas no cayeron esta vez, pero volvieron a caer en muchas otras ocasiones pensando en estas horas oscuras.

Tras un largo periodo de silencio, un estridente ruido les sacó de sus ensoñaciones. El teléfono estaba empezando a sonar. Rukia no pensaba cogerlo, no quería hablar con nadie, así que tuvo que ser Renji quien descolgara el madito aparato, que cada vez le daba más dolor de cabeza.

-Hola Abarai-kun. –Una alegre voz sonaba al otro lado de la línea telefónica.- ¡Feliz Navidad!.

-¡Feliz Navidad para ti también Orihime-san! –"Mierda de día de navidad", pensó el muchacho.

-Llamaba para invitaros a ti y a Kuchiki-san a mi casa, ha comenzado una inesperada merienda. –Se escuchaban alegres voces cantando y riendo a espaldas de la chica.- De repente ha empezado a venir gente y parece que la fiesta de ayer continúa.

-No se, Inoue… ni tan siquiera hemos comido.

-¡Podéis comer aquí! Ha sobrado mucha comida.

-No creo, nos haremos algo por aquí y…

-¡Tenéis que venir! –Le cortó la muchacha.- ¡Está aquí hasta Kurosaki-kun!

-¿Ichigo está allí? –La inanimada Rukia pegó un bote en el sofá y prestó más atención a la conversación.- Será hijo de… -Se cortó a sí mismo.- Lo mismo vamos Inoue.

-Bien, aquí os esperamos. Hasta luego Abarai-kun.

-Hasta ahora, Orihime-san. –Colgó el teléfono y miró a Rukia, que expectante esperaba noticias sobre su conversación.- Ya has escuchado ¿no? –Ella asintió con la cabeza.- Está en una fiesta en casa de Inoue, y según dice ella ha sido improvisada.

-Entiendo. –Dijo la shinigami tristemente, mientras se levanta y se dirigía de nuevo a su habitación, con melancolía y nota en mano.

-¿Adonde te crees que vas?

-A mi cuarto, a descansar.

-Ya has descansado mucho por hoy. Vamos a la fiesta de Orihime.

-¿Y encontrarme a Ichigo? Ni hablar Renji, no estoy para verle ahora mismo, me derrumbaría.

-Míralo desde este punto de vista, Rukia. –Se acerco a donde estaba la muchacha.- Tienes exactamente una semana para que cambie de opinión. –Dijo levantando el dedo índice de la mano derecha.

-¡No pienso convencerle de nada! –Gritó.- ¡Ya te he dicho que voy a respetar su decisión!.

-Y vamos a respetarla. Pero lo que aún no entiendes es que se ha asustado, pero él también te quiere, sólo necesita un pequeño empujón, ver que de verdad puede perderte, y recapacitará.

-¿Y cómo va a pasar eso? Él sabe perfectamente que el camino que ha elegido es el de estar separados.

-Tú sólo hazme caso y vístete. –Dijo empujando a Rukia hacía su cuarto.

Pero en ese instante un sonido muy conocido por ambos shinigamis comenzó a sonar: un hollow, nunca descansaban. Era la primera vez que Rukia agradecía ese sonido, así pudo quedarse tranquilamente en su cuarto, mientras Renji se ocupaba de todo. Hoy no le apetecía salir.