VII. Rukia nunca llora.

Cuando Rukia escuchó el portazo, se alegró. Tatsuki y Renji se habían marchado por fin. Estuvieron esperando que ella cambiara de opinión durante toda la mañana, y ya pasada la hora de la comida, desistieron. Al final cedieron, así era mejor. Suspiró mientras se levantaba de la cama directamente a sentarse a su escritorio. Miraba atentamente el cajón que estaba cerrado con llave. Sacudió su cabeza. "Ya está bien Rukia, esto no va a poder contigo", pensó mientras jugueteaba con el móvil que tenía para comunicarse con la Sociedad de Almas, se estaba planteando seriamente si llamar a su nii-sama, y acabar de una vez con todas estas tonterías, ella no era humana, no podía estar tan mal sólo por un sentimiento. Los shinigamis no son así, y ella no quería ser así, no quería sentirse así.

Estaba decidido, llamaría a su nii-sama.

Byakuya no puso mucho inconveniente y se decidió a ir al mundo humano, a él también le gustaba salir de la Sociedad de Almas de vez en cuando, sobre todo desde que su hermana le enseñaba lugares nuevos, y una nueva confianza había nacido entre ellos, no una muy grande, pero ya era un gran paso.

Las horas llenaron la estancia en la que descansaba Rukia, y en su pensamiento tan sólo una nota lo cubría. Y se odiaba, se odiaba a sí misma por no levantar cabeza de una vez. De sus pensamientos, tan sólo un sonido estridente pudo sacarla: el timbre de la puerta, parecía una maldición, seguramente Tatsuki y Renji volvían a la carga. No abriría. Pero el insistente sonido la sacó de sus casillas. Y al abrir la puerta una guapa pelirroja la saludaba con la mano.

-¡Inoue!

-Kuchiki-san, ¿molesto?

-Claro que no. –Rukia no había vuelto a cruzar palabra con su amiga desde el incidente en la cena en casa de los Kurosaki, pero se alegraba de verla, la conocía, y si Inoue hubiera sabido que ella estaba con Ichigo nunca se hubiera acercado a él.- Pero es un mal momento, yo…

-Lo siento Kuchiki-san. –Le cortó mientras entraba al pequeño apartamento y Rukia cerraba la puerta.- No he podido decirte nada, yo no lo sabía, sabes que yo nunca lo hubiera hecho de saberlo todo.

-No te preocupes Inoue, ya está todo olvidado. –Sonrió la shinigami lo mejor que pudo.- ¿Sólo has venido para eso? No hacía falta.

-He venido a recogerte, ya que te vas en año nuevo, y como hemos quedado con todos dentro de una hora, había pensado que tú y yo podríamos tomarnos algo antes de ir, y hablar un rato. Hace mucho que no lo hacemos. –Sonrió la muchacha mientras ponía sus manos detrás de su cintura, estaba contenta de que Rukia no se hubiese enfadado.

-No puedo Inoue, vuelvo a la Sociedad de Almas. –La pelirroja dejó de sonreir.- En cuanto nii-sama este aquí, nos marcharemos.

-¿Y no te vas a despedir de nadie? –Rukia negó con la cabeza.- ¿Ni de Kurosaki-kun?

-No creo que le importe demasiado. –Se sentó en el sofá y su amiga hizo lo mismo, Inoue sabía que pasaba algo, pero no se atrevía a preguntar, y depués del comportamiento de Rukia no tenía ninguna duda.- Ni si quiera soy humana, nunca debí comenzar nada con Ichigo, sólo he logrado hacerle daño. –Sólo miraba al suelo mientras le decía eso a Orihime.

-Kuchiki-san…

-¿Podrías hacerme un favor? –Inoue asintió fuertemente con la cabeza, haciendo querer ver que lo haría aunque fuera lo último en su vida.- Despídete de todos por mí, por favor. Y dile a Renji que pronto nos veremos.

-Claro, Kuchiki-san.

-Siento pedirte esto Inoue, pero podrías dejarme sola, quiero acabar unas cosas antes de irme.

La chica pelirroja se fue dejando a su amiga sola. Le quedaba todavía un rato para llegar al sitio indicado, y prefirió pasear por las calles de Karakura y asimilar toda la información que acababa de recibir. Debía contárselo a Ichigo, pero seguramente él ya habría salido de casa, lo primero que haría nada más llegar sería buscarlo para decírselo.

Rukia se sentó de nuevo en su sofá, esperando la inminente llegada de su hermano, pero algo no andaba bien, un hollow, estaba cerca, ella se encargaría. Era su trabajo, y se encontraba algo mejor. No quería irse de allí sin acabar lo que empezó.

Dejando atrás su cuerpo falso, salió en busca del monstruo que atentaba por las calles, no fue muy difícil encontrarlo, era de grandes dimensiones, pero no parecía un trabajo difícil, en circunstancias normales, no haría falta ni liberar su zampakutou, pero esta ocasión fue diferente, su despiste hizo que el hollow la hiriera, y más aún casi la deja inconsciente, y por un instante pensó que era la mejor solución a sus problemas. Pero antes de que se dejara llevar por ese pésimo pensamiento y el hollow hiciera sus delicias con el alma de un shinigami, se desmayó. Era una presa fácil.

Ichigo y Renji estaban peleando como de costumbre ante los, ya acostumbrados, ojos de sus amigos, cuando todos se pararon en seco. Dos grandes energías espirituales habían entrado en escena, ambas con el nivel de un Capitán de escuadrón, no estaban realmente lejos. Pero lo que llamó la atención de todos, y sobre todo de los dos muchachos pelirrojos, fue el reiatsu de Rukia, ya no lo sentían. Paralizados, comenzaron a intentan encontrar aunque fuera un atisbo del mismo, pero nada, no había ninguna pista.

Kurosaki comenzó a correr, realmente en ninguna dirección definida, pero sus pasos lo acercaban al piso de la shinigami de manera instintiva. Rukia no estaba muerta, de eso estaba seguro, ya que si ella estuviera muerta, él también lo estaría. Hubiera muerto protegiéndola.

Fue entonces, en ese mismo momento, cuando por fin logró vencer ese miedo absurdo que le recorría el cuerpo, ese miedo que había nublado sus pensamientos. Y al menos, estaba a tiempo de arreglar las cosas. Pero aún, debía buscar el reiatsu de Rukia.