VIII. Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.

Kuchiki Byakuya estaba realmente agradecido de poder estar en el mundo humano, ya que desde que Abarai Renji no estaba en la Sociedad de Almas, él en persona acudía a las reuniones de Tenientes, y al llamar la atención en determinadas shinigamis, habían comenzado un acoso y derribo al Capitán del Sexto escuadrón por parte del Club de Mujeres Shinigamis, que por alguna extraña razón en esa época del año estaban más aburridas de lo normal. Sobre todo la pequeña Teniente del escuadrón once, lo volvía loco, lo perseguía por todas partes haciéndole preguntas absurdas. Desde entonces siempre llevaba a mano Konpeitou –la comida favorita de Yachiru-, y bolsas de caramelos, para estar al menos un rato tranquilo.

Así que cuando pisó tierra del mundo humano, suspiró mentalmente. Sabía que no era lo mejor dejar su escuadrón a cargo del tercer Oficial, ya que tanto el Capitán como el Teniente estaban ausentes, pero la Sociedad de Almas estaba tranquila por aquellas fechas, y todo el trabajo administrativo que faltaba se lo podía encargar en gran parte a Renji cuando regresara, él quería descansar un rato.

Pero el Capitán no viajaba solo. Él intentaba ser un hombre de palabra, con todas sus fuerzas lo intentaba. Y le había prometido a su hermana pequeña respetar su decisión, en tanto al tema de casarse, pero sólo hasta fin de año. La inesperada y taciturna llamada de Rukia le hizo urdir un plan. Al parecer su hermana estaba triste y quería volver a la Sociedad de Almas, lugar donde el maleducado Kurosaki no estaba ¿habría tenido la desfachatez de rechazar a su hermana? Pobre de él si así hubiese sido. Senbonzakura no tendría piedad de él, realmente no la tendría en ningún caso, pero ahora tenía una excusa. En el fondo Kurosaki Ichigo no le caía tan mal, pero era un muchacho que no sabía guardar las formas, no sabía comportarse en público, era maleducado, malhablado, protestón y normalmente hacía y deshacía a su antojo. No, no le caía nada mal, pero tampoco llegaba al punto de querer meterlo en su familia. Su hermana debía casarse con alguien mejor.

Así que decidió iniciar su improvisado viaje con Kasamatsu Arima, quien, a su parecer, sería el mejor candidato para su hermana. Provenía de buena familia, era un shinigami respetado, Quinto Oficial del Escuadrón cuarto, una persona que nunca se arriesgaría lo suficiente como para dejar a su hermana sola. Era educado, nunca le faltaría al respeto como cierto pelirrojo, acataría sus órdenes sin rechistar, ya que Arima, sabía perfectamente que entrar en el Clan Kuchiki era sobre todo un honor, cosa que Byakuya no sabía si Kurosaki tendría en cuenta. Trataría bien a su hermana, desde luego, ya que vivirían en la mansión Kuchiki, así Rukia, nunca más volvería al mundo humano, y podría protegerla, tal y como Hisana hubiese querido.

Nada más llegar, ambos shinigamis, al mundo humano comenzaron a sentir el reiatsu de Rukia, en un primer momento les costó mucho, estaba muy débil, pero lograron encontrarla. Un hollow de grandes dimensiones, pero fácil de matar, la tenía cogida con su mano y estaba apunto de devorarla cuando en una perfecta acción de equipo, Byakuya le partió la máscara en dos y Arima sujetó a Rukia para que no se hiciera más daño al caer. Una vez en el suelo, comenzó a curarla, estaba muy débil, pero él podía salvarla.

Rukia abrió un poco los ojos, para encontrarse con dos hombres mirándola fijamente, uno tenía sus manos puestas sobre su abdomen, era rubio, con el pelo largo a las altura de los hombros, con los ojos negros; la expresión de su cara era casi nula, ya que de lo poco que lo conocía tan sólo había observado expresividad en sus ojos, era Arima-sama. Junto a él estaba su hermano, mirándola preocupado. Ella sonrió al verle, realmente le había echado de menos.

-Nii-sama. –Susurró, y ambos hombres la miraron a los ojos, no se habían percatado de que ya estaba semi-despierta, ya que estaban más atentos a la evolución de la herida que tenía en su abdomen.

-Rukia. –Contestó, y en su perenne gesto de frialdad, se atisbó una leve sonrisa.- Esto se está convirtiendo en una costumbre.

La shinigami se sentía muy débil así que decidió cerrar los ojos y dormir, parecía lo más adecuado. La trasladaron al pequeño piso de Rukia, que pronto parecería el camarote de los hermanos Marx. Byakuya sabía perfectamente donde se encontraba, ya que él en persona acompañó a su hermana cuando lo alquiló. Una vez que la curaron, pidió amablemente a su invitado que se acomodase en el salón, el quería acompañarla hasta que despertara. Y ese momento no se hizo de esperar.

-Byakuya-nii-sama. –Susurró.- Lo siento.

-No pasa nada, Rukia. –Ambos sabían perfectamente a que se referían: a la mala actuación de la shinigami ante el hollow que casi la mata.- Ahora sólo debes descansar, vamos a quedarnos en el mundo humano hasta que te recuperes.

-Bien. –Rukia bajó la mirada, el sólo pensar en estar allí más tiempo la entristecía, pero sabía que era lo mejor.

-¿Dónde esta Kurosaki Ichigo? –Preguntó sin más reparos, le echaba la culpa a él del incidente de su hermana. Al fin y al cabo Karakura era la zona de actuación de los dos. Pero luego se acordó de otro detalle.- ¿Y Renji? –Senbozakura iba a tener mucho trabajo hoy.

-No lo se, nii-sama.

-Ya veo. –En la cara del Capitán Kuchiki no se advirtió ningún cambio especial, pero estaba molesto, no cabía duda alguna.

Un estridente ruido asustó al invitado que estaba sentado en el sofá tranquilamente. Alguien no paraba de llamar a la puerta. En ese momento, el cabeza del clan Kuchiki salía de la única habitación de la casa para poner orden en el pequeño caos que ahora reinaba.

-Arima. –El shinigami rubio centró su atención en él.- Ve con Rukia y mírale la heridas, ya esta despierta.

-Si. –Sin más se levantó y entró en la habitación cerrando la puerta a su paso.

Pero antes de que el Capitán del Sexto escuadrón pudiera abrir la puerta, ésta se abrió sola. Detrás de ella habían dos pelirrojos peleándose y empujándose para entrar, pero sólo uno de ellos usó una llave: Ichigo, que siempre la llevaba encima, al fin al cabo fue un regalo de Rukia, y acababa de acordarse de ese detalle. Pero no esperaba encontrarse esa bienvenida en su casa, estaba tan nervioso que no había reconocido el reiatsu del hombre de mirada lánguida que lo miraba inquisitorialmente.

-¡¡Rukia!! –Gritó nada más abrir la puerta, hacía poco tiempo que podía sentir su reiatsu. Seguido de él Renji también entró jadeante, al parecer acababa de llegar.

-¿A qué vienen tantas prisas? Kurosaki Ichigo. –La mirada del Capitán Kuchiki helaba la sangre de cualquiera.

-¿Qué le pasa a Rukia?

-Un ataque hollow. Ahora ya está bien, y no gracias a ti. –Giró la cabeza para observar a tu Teniente, seguía jadeando y tenía las manos apoyadas en las rodillas y la cabeza gacha, parecía que acababa de correr una maratón.- ¿Dónde estabas Renji?

-Kuchiki-Taicho, estaba ocupado con mi misión. –Mintió, era eso o Senbozakura.- He llegado lo más rápido posible.

-Ya veo. –Realmente, para Byakuya, las culpas la tenía el shinigami sustituto. El cual se dirigía directamente al cuarto de Rukia.- ¿Dónde te crees que vas?

-Quiero verla, tengo que hablar con ella. –En ese instante, se escuchó la risita tonta que le daba a la shinigami de vez en cuando.- ¿Quién está con ella?

-Kasamatsu Arima, le está revisando las heridas. –Y dejó que tranquilamente lo viera todo por sí mismo, así sería mejor.

A Ichigo le sonaba mucho ese nombre, ¿dónde lo había escuchado antes? Ahora no importaba, tenía que hablar con ella y decirle tantas cosas. Pero al abrir la puerta, se encontró a Rukia en ropa interior con un shinigami rubio que le estaba arreglando unas vendas en su estómago. Ambos reían descuidadamente, pero las risas pararon al abrirse la puerta.

-Ichigo… -La shinigami instintivamente se tapó, aunque no hubiera nada que el muchacho no hubiese visto ya.

-Rukia, yo… veo que estas bien… esperaré fuera. –Y cerró la puerta tras de sí, donde había un panorama poco alentador.

-¿Quién es ese? Rukia-san. –Preguntó el shinigami del cuarto escuadrón.

-Kurosaki Ichigo.

-¡Ah! ¿El shinigami sustituto que trabaja contigo? –Rukia asintió con la cabeza, mientras no quitaba sus atónitos ojos de la puerta.- Su fama le precede, y además tu hermano me ha contado cosas sobre él.

-Si, hemos trabajado juntos durante mucho tiempo. –Suspiró, Arima se dio cuenta.- Pero ya no más, ya no más… -Dijo tan flojito que el otro shinigami tuvo que agudizar el oído para enterarse.

-Bueno, Rukia-san, esto te puede doler…