Hola a todos!!! Este capi me ha costado mucho más que los demás, será que no todo cuadra donde quiere, pero bueno. Espero que os guste, el siguiente tardará un poquillo, lo siento.
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X. Arima.
Kasamatsu Arima nunca quiso ser quien era. Siempre había deseado ser un shinigami cualquiera que no tuviera que pensar en tantas preocupaciones. Nació y se crió como un noble, y como tal, su educación fue encaminada a guiar a su familia en todos los aspectos. Pero con un gran inconveniente, el fue criado como el primogénito ya que tan sólo sus padres habían tenido descendencia, así él era la persona más importante en su familia, ya que sólo él podía continuarla. Se crió rodeado de personas mayores que él, mientras fue un muchacho, nunca llegó a tener amigos.
Ingresó en la Academia de Shinigamis con unas notas excelentes, ya que lo único que había hecho antes era prepararse para ese momento potenciando su energía espiritual, y una vez salió de ella su vida estaba planeada: al dársele bien la curación lo metieron inmediatamente al Cuarto Escuadrón, allí no sufriría daños. Al mes de ingresar en su escuadrón le hicieron Oficial, y no se ha movido de ese puesto desde entonces. Él hubiese querido ingresar en otro destacamento, pero las obligaciones son las obligaciones, y por mucho que él quisiera, no podía huir de ellas.
Así, cuando un buen día, Kuchiki Byakuya le comentó que tenía una hermana, y que le gustaría casarla con alguien de su posición, vio el cielo abierto. Su familia dejaría de agobiarle y podría contentar a todo el mundo, pero había un problema ¿cómo era la hermana de Kuchiki-sama? Él había escuchado hablar de ella, ya que estuvo condenada por un delito grave, pero eso no era problema, ya que ahora era una shinigami respetada. Y además, estaba el inconveniente ese de que la habían mandado al mundo humano indefinidamente, mejor, al ser un matrimonio de conveniencia no se molestarían demasiado.
Así, el día de conocer a Kuchiki Rukia había llegado. Pero nada fue tal y como él se lo imaginaba. Para empezar, ella no sabía nada de los planes de su hermano, y Arima se sintió como un maldito entrometido. Pero no pudo remediar que le gustase Rukia, no se parecía en nada a las mujeres que él había conocido. En los momentos que estuvieron a solas, que fueron muchos, ya que Byakuya hizo por que se conociesen, se encontró con una muchacha divertida y sin complejos. Quizás el hecho de vivir en el Rukongai le hizo conocer mejor a las personas, no como los nobles encorsetados que había conocido Arima durante toda su vida.
Pero tras conocerla y hacerse ilusiones, un jarro de agua fría le cayó en su cabeza: ella no quería. ¿Por qué¿Tan mala impresión había causado? Al ser adoptada por el Clan Kuchiki debió aceptar algo así en su vida, y él no era lo peor que le podía pasar. Arima se sintió estúpido cuando se enteró, por fuentes extraoficiales, que había un tal Kurosaki Ichigo, un humano. ¡¡Un humano!!. Fue quien la salvó del Dúo Terminal, y también era de quién ella estaba enamorada, o al menos eso se comentaba por los círculos de la Asociación de Mujeres Shinigamis, donde asistía su Teniente, e íntima amiga: Isane Kotetsu.
Pasó unos días bastante mal, hasta que Kuchiki-sama le invitó a ir al mundo humano para ver a su hermana y traerla a la Sociedad Almas, dándole a entender que ahí residía su última oportunidad –aunque no fuese del todo cierto-, y así sin más se preparó para volver a ver a Rukia. Pero las cosas sucedieron muy deprisa, en un momento estaba en la Sociedad de Almas y al siguiente estaba curando a la menor de la familia Kuchiki, y al poco tiempo, le declaraba todo lo que sentía… y ella aceptaba.
Ahora le faltaba lidiar con el hueso más duro de roer: Byakuya, le pedía tantas cosas, y a todas le tenía que decir que sí, sino no podría estar con ella. ¿Qué importaba un cambio de apellido¿Qué importaba vivir en una casa que nunca sería suya, ni podría llamar hogar¿Qué importaba nada? Ella era realmente especial. Y por otro lado sus problemas desaparecerían, su familia ya no tendría más reproches que hacerle. Sería libre.
El otro inconveniente, con el que ya contaba era Kurosaki Ichigo, pero no parecía un gran estorbo, la propia Rukia le había confesado sin querer que las cosas estaban mal entre ellos dos. No se lo dijo claramente, pero se lo notó con su reacción al entrar él en la habitación. Pero, cuando más tarde, Rukia no le dejó quedarse con ella y entró el pelirrojo, Arima se enfadó, no iba a perder sin pelear. Lucharía.
-¡Arima-sama! –El grito de Renji, distrajo a los dos nobles sus tratos comerciales.- Rukia está sangrando.
Al entrar corriendo en la habitación, se sintió totalmente derrotado. La shinigami se había desmayado, al parecer las heridas se habían abierto. Ichigo estaba sentado en la cama, con la cabeza de Rukia apoyada en él, acariciándole el pelo. Se le notaba muy preocupado.
-Por favor, déjeme a mí, Kurosaki-kun. –El siempre amable Arima, no pudo más que preocuparse.
-Claro. –Ichigo se levantó y se quedó observando la situación.
-Será mejor que me dejes solo con ella. –Le dijo el shinigami del cuarto escuadrón sin siquiera mirarle.
-Mi padre es médico, puedo ayudar. –Realmente, estaba deseando poder ayudar.
-Vamos Ichigo… -Le susurró Renji, sujetándolo del brazo y arrastrándolo fuera de la habitación.
-Renji, de verdad… yo… -Pero vio como se cerraba las puerta. Quedándose al margen, otra vez.
Una vez fuera, Ichigo tomó fuerzas para hablar con Byakuya, quizás no estaría mal hablar con él por una vez en su vida de algo que en común quieren. Pero fue el Capitán del Sexto escuadrón quien rompió el incómodo silencio.
-Renji –el aludido lo miró interesado- antes de ser Teniente, eras parte del escuadrón once.
Y la conversación derivó en historias de Abarai de cómo quitarse de encima a Yachiru sin enfadar a Zaraki. Cosa que a Ichigo le ponía cada vez más nervioso ¿cómo podría hablar con Byakuya tranquilamente? Es más ¿cómo hablar con Byakuya? Estaba más que seguro que el único sentimiento del noble hacía él, eran unas anisas asesinas por dejar que su hermana sufriera daño.
Por su lado, Arima curó lo mejor que pudo a Rukia, y esta vez no iba a dejarla sola, hasta que la viera en mejores condiciones. Y así se lo hizo saber al trío que esperaba en el pequeño salón, del pequeño piso. Y ninguno de los tres quiso moverse hasta que ella se encontrase mejor. Byakuya amenazó con llevársela de inmediato a la Sociedad de Almas si no mejoraba, pero Arima le tranquilizó, ella estaría bien, sólo necesitaba descansar.
Así, cuando la pequeña shinigami malherida se despertó, se notó bastante recuperada, al parecer Arima-sama había hecho un buen trabajo. Y para muestra de ello, se encontraba el susodicho durmiendo en la silla, al lado de la cama, tenía aspecto de estar muy cansado. Rukia sintió unas ganas terribles de salir de ese cuarto, lo último que recordaba era la voz de Ichigo diciéndole que se encontraría mejor pronto, muy pronto. Y no le había mentido.
-Ichigo. –Dijo suspirando la Shinigami, mirando un cajón cerrado de su escritorio.
Tenía las piernas entumecidas y le dolía mucho la espalda. No sabía si era bueno, o malo, para su recuperación, pero tenía que levantarse. Como fuera. Así que sigilosamente, todo lo que ella pudo, teniendo en cuenta sus vendas, los dolores, y sus músculos cansados. Se levantó de la cama y estiró un poco su espalda, realmente dolía. Su sutil ruido no despertó al cansado shinigami rubio que dormía en la silla, sino a otro que esperaba nervioso al otro lado de la puerta, y que realmente no había dormido.
-Rukia. –Dijo en voz baja al ver a la chica fuera de la cama. Entro sigilosamente y cerró la puerta.- Vuelve a la cama.
-No. –Negó también con su cabeza para hacer más hincapié.- Necesito moverme algo. –El muchacho la miró con el ceño fruncido.- De verdad, Ichigo, déjame un poco y luego volveré a la cama.
-Está bien. –Dijo mientras se apoyaba en la pared y cruzaba sus manos. No se pensaba mover de allí hasta que ella se volviera a acostar.
-¿Qué haces aquí? Es muy tarde. Yuzu y Karin estarán preocupadas. –Dijo la muchacha mientras recorría lentamente su habitación.
-Ya he llamado, saben que no voy a ir a dormir. Mi padre se emocionó mucho… -Susurró mientras recordaba la conversación telefónica con su hermana mientras su padre chillaba, seguramente mientras bailaba a la vez: "Mi hijo es un hombre, mi hijo es un hombre". Suspiró al recordar el momento, su padre nunca cambiaría.
Por su parte, Rukia daba pequeños pasitos por la habitación, ante los encantados ojos de Ichigo, por verla medio bien. Hasta que en un momento dado, se agarró el estómago con una mano y con la otra intentó alcanzar la cama. Su shinigami sustituto no tardó ni medio segundo en cogerla en brazos y meterla en la cama con cara de pocos amigos.
-Te lo dije. –Le susurró mientras la tapaba con las sábanas.- Cabezona.
-Lo siento, pero no podía más. Odio estar enferma, ya lo sabes. –El chico asintió con la cabeza, y mientras recordaba algún que otro momento divertido con la chica y alguna enfermedad oportuna, así comenzó a esbozar una sonrisa.- ¿Qué haces aquí Ichigo?
-Esperar a que te pongas bien.
-Ya estoy bien, te puedes marchar. –Le dijo secamente. Rukia se sentía mal con tan solo tenerle cerca. En aquellos días que había pasado sin él, se había hecho tanto a la idea de que debía acostumbrarse a esa vida que no quería recordar como era la anterior, porqué sino, no podría soportarlo.
-No. –La sonrisa que tenía antes en su cara despareció, para convertirse en la mueca de mal humor que tenía siempre.- Ya no me pienso marchar más.
-Ichigo.
-Rukia, lo siento. No debí hacer las cosas así.
