Bueno, esta vez si que he sido algo más rápida de lo normal, pero no creo que siga con este ritmo. De hecho, creo que a este fic le queda un capítulo más o dos como mucho.

Espero que os guste!!!

XIII. Isshin vs Byakuya.

El timbre sonó una y otra vez en la puerta de la casa de los Kurosaki.

-¡Ya estoy aquí! –Le dijo Rukia a Ichigo, mientras entraba apresuradamente.- ¡Ya estoy aquí! ¿Qué pasa?

La cara del chico era un poema, el ceño totalmente fruncido, pero eso no era nuevo. Tenía los puños apretados y mirada asesina.

-¿Cómo sabías que estaba en casa de Inoue?

Ichigo seguía sin hablar, ¿estaba en estado de shock?. Pero si lo hubiese hecho, le habría dicho que había llamado a su casa, y allí Renji le había informado.

-¡Por Dios Ichigo! ¿Qué diablos pasa? –Nada, el chico que la había llamado histérico, y le había hecho llegar corriendo, ya no estaba.- Dime algo…

En ese momento, la cogió por los hombros y la giró, comenzó a empujarla delicadamente para que entrase en el salón.

-Nii-sama… ¿qué ocurre aquí? –Había un plan de ataque en el salón de casa de Ichigo. Nadie sabía bien cómo pero estaba todo lleno de pizarras, con distintos garabatos en ellas.

-Tu hermano pensó que sería mejor hablar con mi padre hoy –susurró el shinigami sustituto a Rukia-, así que aquí los tienes.

-¡¡Mas té Yuzu!! –Se oyó un grito proveniente de Kurosaki Isshin, que estaba discutiendo algo con Kuchiki Byakuya, ante unas extrañas muestras de tela.

-¡Si! –Se escuchó el grito de la niña desde la cocina.

Ichigo y Rukia se asomaron a la cocina. Yuzu estaba haciendo un aperitivo, y parecía que la comida y la cena de un regimiento.

-¿Dónde está Karin? –Susurró la pequeña del Clan Kuchiki, al hijo mayor de los Kurosaki.

-No lo se, lleva toda la mañana de allí para acá, y cuando le preguntó dice que está en una misión secreta –las últimas palabras venían acompañadas de el chico poniendo los ojos en blanco.

-¡Rukia-chan! –Yuzu se había dado cuenta de su presencia- ¡Qué ganas de verte!

-Y yo a ti Yuzu –la niña le dio un abrazo.

-Pasa al salón, que ahora llevo el té.

-Vale… -Rukia entendía perfectamente porqué Ichigo la había llamado, ella no podía hacer nada, era como un tren en marcha y sin frenos, pero al menos podía apoyarle.

Entraron al salón, donde, a parte de estar todo patas arriba, extrañamente, los dos hombres hablaban amablemente y parecían tener opiniones en común. Eso ponía los pelos de punta a Ichigo, estaba más atemorizado que en toda su vida. ¿Qué podía salir de esas dos cabezas pensantes?

-Nii-sama –la chica estaba en el marco de la puerta, detrás estaba la causa de todo mal para Byakuya: Ichigo- ¿qué haces aquí?

-Rukia –tras una pausa que se hizo eterna para la pareja, continuó pausadamente-, pasaba por aquí y decidí visitar a Kurosaki.

Tanto Ichigo como Rukia pusieron cara de no habérselo creído ni por un instante siquiera.

-No te lo crees ni tu, Byakuya –susurró flojito Ichigo.

-¿Qué has dicho Kurosaki? –Preguntó el Capitán del sexto escuadrón.

-Que es un placer tenerte aquí Kuchiki-sama –rectificó el muchacho con cara de pocos amigos. Una de las condiciones para que el matrimonio se celebrase era llamar al cabeza del Clan Kuchiki debidamente, y éste se lo estaba pasando de miedo.

-Rukia-chan –comenzó diciendo Isshin-, tu hermano es muy simpático –sonrió-. Sentaos, sentaos, tenemos que poneros al día.

Ichigo estaba con la boca abierta, y muy cabreado. Rukia lo cogió de la mano y lo arrastró al sofá, o mejor dicho, a una pequeña esquina del sofá donde a malas penas se podían sentar los dos. El resto del sofá estaba lleno de carpetas, con muestras dentro.

-Bueno, el asunto es que Byakuya y yo… -comenzó a decir Isshin.

-¿Por qué él le puede llamar Byakuya y yo no? –Preguntó Ichigo, pero nadie le hizo caso.

-Lo estamos decidiendo todo, como vosotros sois unos niños…

Yuzu estaba poniendo cuatro tazas de té en la mesa en ese momento, las sirvió y se marchó a preparar más comida. Isshin y Byakuya se sentaron enfrente de la pareja, que estaba algo asustada.

-Rukia, -dijo su hermano mientras cogía la taza de la mesa- hemos pensado que será mejor celebrarlo todo aquí, en el mundo mortal. Ya que nuestra familia puede moverse, pero la suya no puede ir a la Sociedad de Almas.

-Si, nii-sama.

-Es el inconveniente de casarte con un humano –apuntó antes comenzar a tomar su te.- Todavía estas a tiempo de replanteártelo.

-Serás cabrón…

-¡Ichigo! –Isshin le pegó a su hijo en la cabeza.- Sólo bromea.

-Seguro, -y su padre le propinó un puñetazo.

-Todos los preparativos se realizarán en esta casa, ya que la tuya es muy pequeña, Rukia –dijo Byakuya.

-He accedido a que Abarai Renji se quede en casa, hijo –dijo Isshin-, así que dormirá en tu cuarto.

-¿Y eso por qué?

-Porqué no hay sitio en casa de Rukia para su hermano y para él, ya que Byakuya va a pasar mucho tiempo con nosotros, -esas última palabras resonaron en la cabeza del muchacho-. Lo vamos arreglar todo nosotros, no hay de que preocuparse… ¡Ah! incluos os hemos hecho un plan de cuanto tiempo pasareis aquí y en la Sociedad de Almas… yo prefiero el verano, y Byakuya no ha puesto ningún inconveniente –el aludido asintió con la cabeza.

El sonido de la puerta y unos pasos rápidos cortaron el monólogo del cabeza de la familia Kurosaki.

-¡Ya estoy aquí con las flores! –Gritó alegremente Karin.

-¡Las flores ya están aquí! –Grito Isshin encantado.- Bueno, ya está bien de descansar, sigamos haciendo cosas Byakuya, tenemos mucho por delante.

Ambos hombres se levantaron, invitando a la pareja a que saliera de la habitación.

-¡Ah! Por cierto –apuntó Isshin en último lugar, mientras cerraba la puerta a su paso y dejaba a los dos chicos fuera- espero que os venga bien el once de marzo. Si tenéis planes, canceladlos.

Ichigo y Rukia se quedaron en la puerta durante unos instantes pensativos, al poco tiempo se miraron algo alucinados.

-A mi me viene bien el once de marzo, ¿y a ti? –preguntó la muchacha.