Hola!!! Tarde pero al fin llego con otro capítulo, siento haber tardado tanto, pero estaba de mini-vacaciones. Espero que os guste!!!

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XIV. Dulce tortura.

-Nii-sama –Rukia acababa de entrar a su pequeño apartamento donde su hermano estaba leyendo algunos papeles- ¡Ya está bien¿No?

-¿Qué pasa Rukia? –La miró con esa desgana con la que hacía casi todo, pero si alguien menos enfadado que la morena hubiese visto la escena, hubiese jurado que, el siempre serio, Capitán Kuchiki tenía una mirada divertida.

-Por mucho que sigas así… ¡no va a cambiar de opinión! –hizo una pausa para coger aire y tranquilizarse-, pero… ¡ni él ni yo!

-No se bien a que te refieres, Rukia.

-Nii-sama, no me importa que lo planeéis todo entre el padre de Ichigo y tú, es más, me parece bien, ya que os hace más ilusión a vosotros que a nosotros.

"Ilusión" no era exactamente la palabra que hubiese utilizado Byakuya, pero no iba a corregir a su hermana, después de todo lo que había aguantado Kurosaki, ya no quedaba ninguna duda para el Capitán del sexto escuadrón: el molesto shinigami sustituto entraría en su familia, pero no le sería nada fácil.

-Que obligues a Ichigo a ingresar a un escuadrón, me parece normal –suspiró- pero lo que en ningún me pareció acertado fue llamar a Zaraki Kempachi a las tantas de la madrugada para que persiguiera a Ichigo con por toda Karakura.

-Eso ya lo hemos discutido, fue un error –dijo el hermano mayor.

-Claro, -continúo Rukia sacando unos folios de su bolso- nii-sama.

-¿Qué?

-Por mucho que insistas Ichigo no se va a cambiar de nombre.

-Vale.

-Ni de apellido.

-Bien.

-Ni se va a tintar el pelo.

-Eso es considerable.

-Ni vamos a vivir separados.

-Me parece correcto.

-Ni va a tomar clases de buena conducta, ni de canalización de la ira como le comentaste esta mañana.

-Me pareció una buena idea.

-Ahora, toda esta lista de exigencias que le pasaste. Olvídate, no puede cumplir ninguna.

-Un Kuchiki podría…

-Nii-sama, ya está bien.

-Bien, si te pones así no insistiré –le habían quitado toda la gracia a todo el asunto de la boda, pero bueno.

Rukia se metió en su cuarto a cambiarse, esa noche tenían una cena en casa de los Kurosaki, donde se ultimarían los pocos detalles que habían dejado escapar. Byakuya había disfrutado como un niño pequeño, aunque era consciente de que algún día su diversión se acabaría por culpa de su hermanita, y sobre todo cuando ya el shinigami sustituto no fuera tal, y además fuera parte de su familia. Sacudió la cabeza, esa idea no era alentadora, pero tenía que aceptarlo, la felicidad de Rukia estaba en juego, y él no iba a ser quien se interpusiera en su felicidad, no del todo. Su cabeza trabajaba rápido, sabía que ya era todo imparable, pero hasta que no dijeran "si quiero", no estaba todo perdido. Tenía que tirar su último cartucho.

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-¿Cómo estás Ichigo? –Preguntó Renji mientras se secaba el pelo con una toalla.

Había vivido en casa de los Kurosaki, compartiendo habitación con el mayor de los hermanos, pero tuvo que marcharse a la Sociedad de Almas, su escuadrón no podía estar tanto tiempo sin Capitán y Teniente, así que acababa de volver, tenía que hacer lo propio como amigo del novio y de la novia: incordiar y ponerlos más nerviosos, a eso se le llamaba "despedida de soltero", de la que Ichigo no estaba enterado. Abarai veía a su amigo más nervioso de lo habitual, no es que él hubiese estado en demasiadas bodas en el mundo humano –realmente en ninguna-, pero tampoco tenían que ser tan diferentes de las de la Sociedad de Almas.

-Te veo muy nervioso –continúo diciendo el Teniente, con la toalla todavía en las manos-, y todavía quedan dos semanas. –Ichigo no respondía, estaba sentado en su cama con la mirada perdida.- Todavía puedes echarte atrás, quizás Arima-sama siga disponible.

Sí Abarai Renji conociera dichos populares por su cabeza pasaría el famoso: ha pasado un ángel. Pero como no era así, se dedicó a esperar pacientemente un rato, pero la paciencia no era una de sus virtudes, así cuando iba a pegarle a su amigo en el brazo, éste reaccionó justo a tiempo.

-Me odia –dijo sin más el chico con lo pelos de punta, y siguió mirando a la nada.

-¿Quién¿Rukia? –En ese momento unas ansias asesinas se le pasaron al Teniente por la cabeza, después de todo lo que había pasado, ahora el imbécil de Kurosaki la había vuelto a fastidiar, esto ya era el colmo- ¿Qué le has hecho ya desgraciado? –Iba a cogerlo por el cuello, pero se detuvo al escuchar al muchacho.

-Rukia no, –se tranquilizó Abarai- Byakuya.

-El Capitán puede ser algo frío, pero no creo que te odie Ichigo.

-Me odia, no me cabe la menor duda.

-Debes entender una cosa –el Teniente se sentó al lado de su amigo y le habló tranquilamente-. Rukia es la hermana menor de Kuchiki-Taicho, él siempre ha intentado cuidarla, quizás de una manera desmedida… en algunas ocasiones –se acordó de cuando iba a dejar que mataran a Rukia.

-No, Renji, esto es diferente –se giró para mirarle a los ojos-. Yo tengo hermanas, adoro a mis hermanas y las protegería de cualquier cosa que pudiera –suspiró-. Me odia, ese hombre me odia.

-Creo que también has pasado algo por alto. –Renji no sabía como decirlo sin que sonara raro- Rukia es demasiado parecida a la difunta mujer del Capitán, y él hubiese querido que ella estuviera con alguien menos…

-¿Peligroso? –Ichigo no podía dejar de pensar en su hollow interior, él también había contado con eso cuando aceptó a Rukia en su vida, sabía que podía controlarlo.

-Problemático, –le corrigió- Kuchiki-Taicho eligió a una persona del escuadrón cuarto para que se casase con su hermana¿nunca has pensado por qué?

-No, ni me lo había planteado.

-Es fácil, -Renji miró al frente- una persona así nunca se metería en problemas, no entraría realmente en batalla, no es un guerrero como tú y como yo.

-Ni como Rukia.

-Ni como Rukia –repitió Abarai-, con alguien como él de pareja, la alejaba a ella del peligro.

-Entiendo –Ichigo miró hacia el suelo y puso sus manos en su cabeza.

-Sólo intenta protegerla –suspiró- de la única manera que sabe. No te odia.