XV. Mientras todo no sean dudas.

Cuando Rukia salió de su cuarto ya lista para ir a casa de los Kurosaki su hermano no pudo más que recordar mejores momentos para él. Recuerdos que compartía con Hisana, se parecían tanto, a veces le era imposible no hacer comparaciones. ¿Iba a dejar que su hermanita, la que tanto se parecía a su difunta mujer, pasara el resto de su vida con un insensato, malhablado, irreverente y peligroso Kurosaki? Suspiró. No le quedaba más remedio que aceptar la realidad: en dos semanas ese maldito bastardo entraría en su familia.

Pero no eran todo inconvenientes para el mayor de los hermanos Kuchiki, pensaba mientras cogía su abrigo y se disponía a pasear camino a la cena que los esperaba. Rukia seguí algo enfadada, ya que no le regaló ni una palabra más allá del simple "estoy lista" y "vamos". Aún así no era una batalla perdida del todo, la familia de Ichigo le caía bien, tenían sus peculiaridades, pero ¿qué podía decir él? Si un día casi dejan que maten a su hermana. Se encogió de hombros, tampoco era tan malo.

Rukia lo miró divertida.

-¿En que piensas nii-sama? –estaba más ausente de lo normal, y no había insistido en la lista de peticiones, algo extraño le pasaba a Byakuya.

-En tu enlace, detalles sin importancia.

Rukia sonrió, pensando que su hermano nunca dejaba nada al azar. Quizás por eso le gustaba tanto Ichigo, había incluido en su vida algo de caos, cuando más lo necesitaba, era tan diferente a las personas que ella había conocido hasta entonces. ¡Hasta el propio Renji había cambiado tras ser shinigami! Dejo de hablar con ella, dejó de ser su mejor amigo, la abandonó. En cambio Ichigo luchó por ella desesperadamente sin deberle nada y logró hacer que volviera a sonreír.

Llegaron sin mucha prisa a la Clínica Kurosaki, llegaban a la hora indicada, ni un minuto más, ni un minuto menos, la puntualidad del Capitán del Sexto escuadrón, como sus costumbres, eran intachables.

-¡Hola Rukia-chan, Byakuya! –saludó alegremente Isshin, a lo cual la chica sonrió y el noble bajo la cabeza a modo de saludo.

-¿Dónde está Ichigo? –preguntó Rukia, mientras oteaba las habitaciones cercanas a la puerta principal.

-Esta en su cuarto con Abarai-kun, sube a verlos.

-¡Voy! –dijo la chica y corrió escaleras arriba para ver a ambos muchachos pelirrojos.

-¿Renji está aquí? –preguntó el Capitán.

Rukia se paró en seco al escuchar voces en la habitación, no quiso escuchar la conversación a escondidas, pero era demasiado tentador, hasta para ella. Ya que hablaban de mujeres, pero no exactamente de ella.

-¿Crees que hubiera sido mejor estar con una humana?

Era, indudablemente la voz de Renji. Se escuchaban pasos en el interior, Rukia aún no sabía identificarlos. Se acercó lo máximo posible a la puerta para escuchar la respuesta, pero le fue realmente imposible, ya que, escaleras abajo, se escuchaba a Isshin cantando y bailando, seguramente alrededor del cuadro de su esposa. A la vez, sonó el timbre, y más personas invitadas entraban en la casa. La shinigami morena se iba a quedar con las ganas.

-¿Puedo entrar? –preguntó mientras tocaba con sus nudillos la puerta.

-¡Rukia! –abrió la puerta Abarai, al parecer era el que estaba dando paseos por la habitación.

-¡Hola! –ladeó la cabeza y sonrió- ¿qué haces aquí tan pronto? ¿quién se encarga de la división?

-Yo –se rascó la cabeza y dijo tímidamente- he venido a hacer unas cosas y a veros, ya me quedó aquí hasta que acabe todo.

Mientras Abarai le daba unas pocas explicaciones a la chica, ésta no dejaba de mirar al otro pelirrojo callado, que estaba sentado en la cama y con los ojos fijos en el suelo. Esa misma mañana había estado con él. Habían discutido, y como siempre por su hermano.

-Eso está genial Renji, me alegra tenerte por aquí –dijo la chica.

-Si, bueno, -tartamudeó un poco- yo voy bajando –Rukia asintió con la cabeza, y el chico se fue cerrando la puerta a su paso.

-¿Qué hay tan interesante en el suelo? –pregunto la chica mientras se sentaba a su lado y observaba el mismo punto que mirando él. Logró robarle una sonrisa.

-Nada tonta, sólo pensaba.

-¿Y se puede saber en qué?

-¿En que va a ser? –se levantó y se metió las manos en los bolsillos- ya sabes en qué.

-Ya lo hemos discutido esta mañana, hago lo que puedo, -suspiró- he discutido con mi nii-sama, no va a pedirte nada más.

-Gracias, pero eso no va a hacer quede de odiarme, me esta volviendo loco.

-¿Te ha pedido algo más?

-No, pero lo hará.

-Vamos, –Rukia se levantó y abrazó a Ichigo por la espalda- vamos, pronto pasará todo.

-¿Y que hay de todo lo demás?

-Hablaré con él pronto, no veo el momento, es difícil.

-Lo se, lo se –el muchacho se giró y la abrazó. De fondo escucharon risas y saludos, sus amigos habían llegado.

-Será mejor que bajemos.

-No tan pronto Kuchiki –se entretuvieron un rato, sólo un pequeño rato.

Cuando bajaron a cenar se encontraron a Isshin y a Byakuya ultimando detalles, esos dos se llevaban demasiado bien. Yuzu y Karin en la cocina discutiendo quién haría qué, ya que, aunque era territorio comandado por la pequeña de los Kurosaki, Karin también quería opinar sobre el asunto. Orihime, Chad e Ishida estaban ayudando a poner la mesa, a ellos también les habían invitado, aunque realmente ambos muchachos, sólo intentaban que Inoue no entrara a la cocina a ayudar, y así la tenían entretenida poniendo la mesa.

Nada más bajar Keigo y Mizuiru engancharon a Ichigo del brazo y se lo llevaron a un rincón del salón para hablar con él. Asano todavía lloraba por su compromiso con su Kuchiki-san, aunque lo perdonaría en poco tiempo. Rukia se encogió de hombros, no parecía que hubiera mucho más que hacer, sus invitados provenientes de la Sociedad de Almas comenzarían a llegar la semana siguiente, así que, sin contar con Renji que se adelantó, no había nadie de su parte en esa cena. Pero ¿dónde estaba Renji? Rukia miró por todos lados.

No estaba en el piso de arriba, de eso estaba segura, ella bajaba de allí y no había nadie, tampoco estaba en la cocina, dónde las hermanas de Ichigo discutían y el resto del mundo no existía. Era evidente que en el salón no se encontraba, ni en el aseo, ni en la clínica, ni en el patio trasero. ¿Dónde diablos se había metido Renji? Se desesperó y buscó a alguien con quien poder hablar, pero cada uno estaba en lo suyo, se fijo en Ichigo, estaba sonriendo, le alegraba verle así, echaba de menos esa sonrisa, en los últimos días no había podido estar demasiado con él su nii-sama la estaba volviendo loca.

Decidió salir a la calle y tomar algo de aire fresco, habían pasado muchas cosas en los últimos meses, de enero a marzo. Se sentó en los pocos escalones que habían en la entrada de casa de los Kurosaki. Se rió recordando cuando se despertó a mitad de la noche porqué Ichigo estaba llamando desesperado a su ventana –nada más y nada menos que un tercer piso-, pero era de esperar, Zaraki Kempachi lo perseguía por toda Karakura, pero para variar, se había perdido. "Espero que nadie le regale un mapa a Yachiru" pensó sin dudarlo. Su nii-sama solucionó el tema. En ese momento escuchó gritos provenientes de la esquina de la calle, y se acercó lentamente, las voces le eran muy conocidas.

-¿Por qué demonios confiaría en ti?

-Tatsuki, Renji ¿qué está pasando aquí? –preguntó Rukia.