XVII. Aburrimiento y conejos.

Los días, semanas e incluso meses, pasaron en la Sociedad de Almas desde que se anunció que su único shinigami sustituto ya no sería y tal, y que, además, pasaría a ser parte de la familia noble más importante conocida.

Todo se iba desarrollando tal y como Kurosaki Isshin y Kuchiki Byakuya habían previsto, el sitio estaba visto, las flores compradas, invitaciones enviadas y hasta el dichoso vestido de Rukia estaba elegido. Eso había costado un poco más que el resto de las cosas, ya que la novia estaba algo indecisa.

Así, tan sólo quedaban dos días para el tan esperado enlace, y dos personas habían quedado antes del desayuno para ultimar detalles, concernientes a otra parte que no habían previsto los organizadores de la boda.

-Llegas tarde, Abarai.

-Joder, Arisawa, es difícil salir de casa de Ichigo sin que te hagan mil y una preguntas, pero lo peor es ese peluche, no deja dormir a nadie con esos ronquidos. No he pegado ojo.

-¿Un peluche que ronca? –Tatsuki aún no había tenido el placer conocer a Kon.

-Déjalo, Arisawa, y centrémonos, esta noche es la gran noche.

-¿Crees que sospechan algo? Rukia nos pilló en medio de los preparativos…

-Qué va, -ambos muchachos se sentaron en una cafetería para desayunar y hablar de todo- está tan en las nubes que se creyó eso de que estamos liados –comenzó a reírse.- ¿Quién iba a creerse algo así?

-Si, nadie, desde luego -contestó rápidamente la chica.

-Bueno, no ha habido manera de arreglar el lío que formaste, ¿no?

-No, me ha sido imposible.

-Joder, me voy unas semanas a la Sociedad de Almas y mira el lío que montas.

En ese momento el camarero llevó ambos desayunos a la mesa. Renji y Tatsuki se habían hecho más amigos desde aquella vez que Rukia los echó de su casa y tuvieron que pasar la mayor parte del día juntos. Así, cuando se anunció, por fin, la boda de Ichigo con Rukia fueron los primeros en anunciar que ellos organizarían sus respectivas despedidas de soltero y soltera. Así que, como es costumbre, intentaban mantener todo lo más secreto posible, y desde el principio se decidió que chicos y chicas harían sus fiestas por separado, pero también era cierto que era mucho más fácil organizarlas en conjunto.

Cuando Renji tuvo que acudir a la Sociedad de Almas para organizar todo el caos de su división, que al estar sin Capitán y Teniente estaba dando algún que otro problema. Fue Tatsuki la encargada de buscar los locales para las respectivas cenas y posteriores fiestas, pero por aquel entonces la morena de pelo corto estaba empezando a ver al Teniente del Sexto escuadrón como algo más que un amigo, o un coorganizador de las despedidas. Al fin de cuentas empezaba a gustarle.

Así que pensó que si hacían las despedidas por separado pasarían menos tiempo juntos, y, además, todo el mundo sabe que la gente pierde los papeles, el norte y la cordura en muchas despedidas de soltero, y ella no estaba dispuesta a correr ninguno de esos riesgos.

Las despedidas se harían juntas, en amor y compañía.

Había encontrado un local perfecto, amplio, donde poder establecerse toda la marabunta de gente que querían invitar. Pero Renji no estuvo de acuerdo, y esa misma mañana habían quedado para ir, poner unas mamparas y separar las mesas, ya que esa misma noche "secuestrarían" a Ichigo y a Rukia para pasar con ellos su penúltima noche como solteros, ya que la última sería demasiado estresante.

Y así, tal y como Abarai Renji puso y dispuso, se separó el local, para albergar por un lado a los chicos, y por otro lado a las chicas. Las mamparas no aislaban el ruido y los gritos que pudieran darse, pero menos daba una piedra, era todo lo que podían hacer.

A media mañana, tras pasar varias horas colocando sillas y mesas, fueron a comprobar que todo lo concerniente a la cocina para la cena estaba listo, y además asegurarse los últimos detalles.

Comieron juntos, y tras la comida se dirigieron al lugar señalado con la Sociedad de Almas para que todos los invitados a la despedida apareciesen, tras esto, los llevaron al almacén de Urahara para que pudieran ponerse sus respectivos gigais.

La hora se acercaba, así que todos los invitados se dirigieron al local, los provenientes de la Sociedad de Almas llegaron en masa, y los camareros se alarmaron un poco, tanta puntualidad no era normal. En cambio, los humanos llegaron por pequeñas tandas, y los pudieron asentar más comodamente.

Por fin había llegado el momento, se habían asegurado que Ichigo y Rukia estuvieran esa tarde, cada un en sus respectivas casas. Abarai se dirigía a por el chico, que estaba con su padre y su futuro cuñado hablando de temas de la boda –o al menos así le había dicho su Capitán que lo tendrían-, y Rukia estaría en su casa con las hermanas de Ichigo, ya que acabarían de recoger el traje de la tienda y se tomarían algo en la casa de la muchacha.

Ichigo estaba sentado con cara de aburrimiento en un sillón en el salón de su casa, mientras su padre y Byakuya discutían sobre sí al entrar los novios en el salón de fiestas debía sonar una u otra canción. Estaba realmente cansado, irritado y se sentía ignorado. Ya que, ¿si nadie iba a pedir su opinión por qué no podía largarse? Se sentía secuestrado, aburrido y solo. Ya que ni Kon estaba, ese maldito peluche se había largado hacía horas, nunca estaba cuando más lo necesitaba.

Por fin, algo lo sacó de su tedio, el timbre de la puerta sonaba. Corrió como un loco a abrir la puerta, esperaba ansioso a quien fuera, hasta el mismo Zaraki Kenpachi sería bien recibido en ese momento.

-¡Hola! –dijo Abarai- ponte los zapatos que nos vamos.

-¡Ey Renji! –dijo el padre de Ichigo- ¿ya está todo listo?

-¿Qué diablos pasa aquí? –lo ignoraron, como no paraba de ocurrir desde hacía ya tiempo en su vida. ¿Ahora también su padre y Renji estaban compinchados? Joder, eso ya era el colmo.

-Si, no perdamos más tiempo.

-¿Qué que diablos pasa? –Volvió a preguntar Ichigo.

-Nada, nada, ¿ya te has puesto los zapatos? –sin dejar que el muchacho respondiera lo agarró del brazo y lo sacó bruscamente de su casa, seguido del padre del chico y su Capitán.

-¿A dónde vamos todos?

-Ahora lo veras.

-¿No me lo vais a decir?

-No.

Rukia, en cambio, estaba hablando tranquilamente con sus futuras cuñadas cuando sonó el timbre de la puerta de su casa. Se lo estaba pasando realmente bien con ellas y no le apetecían visitas. Como no hizo amago de moverse, ya que Karin le estaba contando una historia muy interesante. Fue Yuzu quien abrió la puerta a Arisawa.

-¡Hola Tatsuki! Siéntate, –le dijo Rukia- ¿quieres algo?

-No, nos vamos –dijo tajantemente, y las hermanas de Ichigo comenzaron a moverse.

-¿A dónde?

-Es una sorpresa.

-¿A dónde? –Rukia no se movería sin saber a donde, para eso era mucho más cabezona que nadie.

-¿Quieres que te arruine la sorpresa? –la shinigami asintió con la cabeza, ni sorpresa ni nada, ella estaba muy a gusto.

-Rukia-chan, te va a gustar, ya veras –dijo Yuzu, pero la chica estaba de brazos cruzados esperando.

-Bueno, te lo diré –suspiró Tatsuki- vamos a llevarte a una granja de conejos.

-¿A las ocho de la tarde? –preguntó levantado una ceja.

-Si, -tartamudeó un poco la morena con el pelo corto- es que nos dejan entrar a estas horas, para que puedas elegir uno y quedártelo… ¡Es nuestro regalo de bodas!

-¿¡Si!? ¿de verdad? –le preguntó saltando del sofá.

-Sí, nuestro y de Orihime, que nos espera en la granja –continúo mintiendo Tatsuki.

-¡¡Vamos!! –fue la propia Rukia quien apremiaba a las demás para salir- luego me sigues contando la historia, Karin.

-Claro.