Hola!!! Traigo un pequeño epilogo de un par de partes, a ver que os parece XD

Nunca nadie le dijo a Kurosaki Ichigo que ser parte de la familia Kuchiki fuera fácil, al contrario, era difícil y tediosamente aburrido. Por algo, cuando la primera vez que escuchó la palabra "matrimonio" salió corriendo como alma que lleva el diablo. Suspiró. ¿Por qué demonios no correría más rápido aquella vez? Por Rukia, ¿por qué no podía ser una shinigami normal y corriente? Si así fuera no tendría que soportar al estirado de su cuñado, ni las reuniones familiares –como en la que se encontraba ahora- donde debatían tonterías o estupideces y todo el mundo le miraba mal. Mas de uno ya le había sugerido hacer algo con su pelo, al último le sacó a Zangetsu, pero Rukia lo sujetó a tiempo.

Hacía tan sólo dos semanas que estaba en la Sociedad de Almas y ya estaba deseando volver a Karakura. Desde que Rukia y él habían llegado no tenían tiempo para nada, y nada es nada en todos los idiomas del mundo. Su queridísimo cuñado no le había perdonado lo de la boda, y se lo estaba haciendo pagar con creces.

-Pasemos al último punto –dijo con voz arrugada y achacosa uno de los ancianos, que tan sólo se limitaba a leer un papel. "El último punto, el último punto, el último punto…" no paraba de repetir Ichigo en su cabeza.

La próxima paternidad de Kurosaki Ichigo y Kuchiki Rukia.

El pelirrojo miró a su mujer cómo fulminándola ¿estaba embarazada y lo sabía antes el viejo ese arrugado que él mismo? Ni casado podía estar tranquilo, lo toreaban ya desde todas las direcciones. Una pequeña venita de la sien comenzó a hincharse.

Rukia alucinaba ¡ella no estaba embarazada! Que supiera… ¿podía saberlo antes el viejo de los papeles que ella? ¿tendrá un don especial? Instintivamente se tapó la barriga, como si todos tuvieran rayos x. Pero en ese instante notó la mirada asesina de Ichigo, y se giró para explicarle que –que ella supiese- no iban a tener a un pequeño Kurosaki con el ceño fruncido, aún.

Ichigo pilló los gestos de su mujer enseguida, pero el joven matrimonio se quedó con la boca abierta y estupefactos al escuchar la conversación que estaban manteniendo los ancianos del Clan Kuchiki, liderados por - "el señor del mal" según Ichigo- Kuchiki Byakuya.

-Son jóvenes, deberían esperar aún algunos años –comenzó a decir un hombre de cabello largo y cano, que estaba sentado a la derecha del hermanísimo.

-No estoy contigo, Matsura –comenzó a decir un hombre moreno que estaba sentado al lado de Rukia- deberían comenzar a intentarlo ya. Ella –comenzó a decir como si la shinigami no estuviera a su lado- es la más pequeña del Clan, y deberíamos tener sangre nueva ya.

-No, no y no –dijo una mujer rubia- al menos que se esperen un año, sería la mejor solución para todos. De aquí a un año volveremos a votar si tienen descendencia o no.

Todos asintieron con la cabeza mientras votaban que sí a la moción. Ichigo ya no cabía en sí del asombro ¿realmente estaban votando cuando iba a tener un hijo con Rukia? ¿Qué sería lo próximo?

-Ahora, y dentro del mismo punto –siguió diciendo la mujer rubia- debemos votar si el niño nacerá en la Sociedad de Almas o en el Mundo Humano.

Al escuchar lo último Ichigo iba a levantarse y a ponerse a pegar espadazos como un loco histérico, hasta quedarse solo. O al menos fue lo que hizo su imaginación, antes de que Rukia lo sujetara del brazo fuertemente.

-Evidentemente tiene que nacer aquí, en la Sociedad de Almas, y ser un alma pura –comenzó a decir el hombre al que antes habían llamado Matsura.- Ningún Kuchiki ha nacido antes en el mundo humano, y no creo que ahora…

-Ni tampoco –comenzó a decir la mujer que había propuesto el tema, se llamaba Imari- ningún Kuchiki se había desposado nunca con un humano, es un punto a entender. Ellos pasan la mitad del tiempo entre la Sociedad de Almas y el mundo humano. Creo que deberían tener a los niños en el mundo humano.

-¿Y desarrollar sus habilidades allí Imari?

-Si, Matsura.

-Me parece una locura –reprochó el hombre.

-Locura o no, parece lo más lógico, para este caso tan especial –dijo mirando a Kurosaki.

-Votemos, pues.

La votación, aunque ajustada, fue hacía el lado de la Sociedad de Almas. El consejo de ancianos del Clan Kuchiki quería que su próximo retoño naciera con ellos, y así poder manipularlo. Cuando acabó la votación, la cara de Kurosaki era la que todos esperaban: de cabreo e indignación. Ahora le tocaba a Rukia una sesión para tranquilizarlo.

Nada más llegar la pareja a su habitación, Ichigo comenzó a dar vueltas sin parar. Mientras Rukia se sentaba en la cama, dedicándose a observarle, esa situación se le hacía vagamente familiar, pero esta vez no era culpa suya. Así que esperó a que él comenzara a quejarse.

-¿No vas a decir nada? –le preguntó el chico algo cabreado.

-Olvídalo, Ichigo, ya sabes cómo son.

-¿Por qué no puedes tener una familia normal?

-¿Por qué no puedes tenerla tú? –levantó una ceja la chica. Hablando en plata, su suegro no era justamente la normalidad en persona.

-Vale, vale –dijo el chico haciendo énfasis con las mano- pero al menos mi padre no vota con mis hermanas cuando voy a tener un niño y dónde.

-No lo vota… -dijo con la boca pequeña, añadiendo- pero si hace cuentas…

-¡¿Qué?! ¡¿Qué?!

-Lo que oyes, me pregunta cosas y yo…

-¿Y tú le respondes? –se quedó de piedra.

-Claro, es médico.

-¡Me voy! –se fue decidido a la ventana. Rukia no se asombró, ya conocía su pronto.- Volveré para cenar.

-Vale, ¿pero dónde vas a estar?

-Entrenando con Ikkaku –dijo mientras salía por la ventana, si salía por la puerta corría el riesgo de encontrarse con Byakuya y era lo último que le apetecía.

-¡Ten cuidado con Kempachi!

Rukia se encogió de hombros, si lo agarraba el Capitán del Onceavo escuadrón seguro que no venía a cenar, ya que se tiraría dando vueltas por todo el Seretei durante un buen rato. Pero bueno, si le divertía, ella tampoco iba a entrometerse. Se dirigió a la puerta de su habitación, que ahora compartía con Ichigo, pensó en salir también por la ventana, pero seguro que a su nii-sama no le haría ninguna gracia.

Mientras la chica de los ojos violetas caminaba camino a su escuadrón, un pelirrojo con tatuajes la vio de lejos y corrió a pegarle un susto por la espalda, pero no pudo, ella ya había escuchado que alguien se le acercaba y se apartó para hacerle una zancadilla.

-¡¡Joder Rukia!! –le gritó Abarai mientras estaba en el suelo.

-¡Pero si me querías dar un susto, Renji! –ambos se rieron, y la chica intentó ayudarle a levantar.

-¿A dónde vas?

-Iba a mi escuadrón, a darme una vuelta, el Capitán Ukitake no me exige mucho desde que he llegado.

-Normal, es un hombre compresivo –Abarai se rascó la cabeza, mientras pensaba y miraba a Rukia fijamente.- ¡Ven! –la agarró del brazo- ¡te invito a algo y hablamos!

-¡Renji! –tuvo que comenzar a correr, ya que el chico le había agarrado bien del brazo.

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