Primero, muchas gracias por sus reviews. La verdad es que me puso muy feliz haberlos recibido. Me gusta mucho escribir y la verdad me daba vergüenza publicar mis historias, por esa razón sus reviews son muy importantes para mí :)
Había pensado en un momento en solo hacer de esta historia un oneshot, pero creo que puede ser más larga que eso.
Cualquier crítica y/o comentario será siempre gratamente bienvenido.
Nuevamente gracias, y espero que les guste este capítulo.
El soldado entró a la habitación y cerró la puerta tras él. Miró a Rivaille sorprendido. Camino lentamente hacia él y sonrió.
-Nos volvemos a encontrar, Señor… Ahora seré yo quien lo proteja-
Quizás no entendió bien. Quizás la barrera idiomática era más amplia. Es cierto, ya eran dos décadas aprendiendo el idioma, pero aun así al estar en situaciones de mucho stress sentía que todo el alemán que había aprendido se iba al carajo.
Las palabras del soldado se repetían en su mente una y otra vez, tratando de buscar otro posible significado a lo que él pensó haber escuchado.
-Señor… usted no me reconoce, ¿verdad? – Preguntó el intruso un poco apenado-
Obviamente, no conocía a ese mocoso de ojos color turquesa y cabello castaño. Al menos, no lo recordaba.
Rivaille sabía que no tenía una personalidad que lo hiciera ser una persona muy sociable. Disfrutaba de la tranquilidad que la soledad le daba. Esto, sin considerar su naturaleza más bien reservada era en parte por ser hijo único y no haber tenido familiares de su edad para compartir durante su infancia.
El francés miró al soldado con los ojos casi desorbitados. Estaba alerta. No podía mostrar debilidad ya que en cualquier minuto un movimiento en falso podía significar el fin de su vida.
El castaño tenía una mirada que transmitía cierta decepción.
-Confíe en mí… Prometo que cuidaré de usted como lo hizo conmigo. Solo confíe.-
¿Cómo mierda quería ese alemán que confiará en él? No tenía sentido. Todos sabían perfectamente lo que estaba sucediendo, y tristemente por la misma razón, no se podía confiar en prácticamente nadie.
-No puedo ni siquiera pensar en confiar en alguien si no conozco su nombre…- dijo Rivaille tratando de sonar lo más autoritario que sus nervios podían permitirle-
-Eren Jaeger, señor –susurró poniendo su mano derecha en su corazón y la mano izquierda en su espalda a modo de saludo- y daré mi vida si es necesario para protegerlo.
¿Estaba jugando con él? Ese tal Eren parecía ser sincero con sus palabras. Aun así, Rivaille seguía a la defensiva pensando en alguna forma de escapar por si el más alto llegara a atacarlo.
Un golpe seco se sintió en la habitación.
Eren hizo un gesto con su mano para que Rivaille permaneciera en silencio.
-Quédese aquí y no salga ni haga ruidos. Volveré en cuanto pueda… -le dijo Eren al oído su mano derecha en el hombro del más bajo-
El soldado camino lentamente por la habitación hasta llegar a la puerta. La abrió con sumo cuidado, tratando de hacer el mínimo ruido posible. Al lograrlo, salió de la habitación sin dejar de mirar a Rivaille por sobre su hombro. Cerró la puerta mismo cuidado.
Rivaille sintió más pasos. Parecían ser dos o quizás tres personas más. Estaba acorralado por esos perros.
"Confíe en mi… Prometo que cuidaré de usted como lo hizo conmigo…"
"Confíe"
Las palabras de Eren resonaban en la mente del francés. Sintió una pequeña puntada en su corazón. Quizás… debía confiar.
Confiar era la última opción que le quedaba, y la única que en ese momento podía tomar.
-¡Jaeger!, así que ahí estas. ¿Algo que reportar?-
Rivaille apoyo su cuerpo contra la puerta poniendo su cabeza contra ella tratando de escuchar con mayor claridad lo que estaba pasando en la habitación contigua.
Su corazón palpitaba frenético. Su vida estaba en las manos de ese mocoso que dijo que cuidaría de él.
Temía. Temía haber creído en él en vano y que todo el esfuerzo que había sido mantenerse oculto se fuera a desvanecer.
-Nada, señor. La casa está llena de alimañas… Todas las habitaciones son un verdadero asco. Revisé cada una y la verdad es que no hay nada digno de reportar.
El francés sintió como su alma volvía a su cuerpo. La voz de Eren sonaba convincente, quizás demasiado.
-Bien, Jaeger. Vamos a la siguiente casa.-
-¡Si, señor!-
Los pasos cada vez se iban haciendo más distantes hasta que escucho un fuerte portazo. Se habían ido.
Rivaille seguía apoyado en la puerta. Quizás era una trampa.
No. Debía confiar.
Miro por un pequeño agujero en una de las paredes. Quería asegurarse de que la casa estaba vacía. El agujero calzaba con un cuadro en la habitación de al lado, de tal forma que era imposible darse cuenta de que había alguien mirando por ahí.
Suspiró. Ya se habían ido.
Se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Abrazo sus piernas y trato de calmarse.
Una parte de él estaba feliz. Quizás no todo estaba perdido.
Ese tal Eren Jaeger lo había hecho volver a tener algo de confianza en la humanidad.
