Creo que aquí comienza realmente la historia de estos dos :) Intenté hacer este capítulo más largo. Espero que les guste tanto como a mi me gusto escribirlo. Un abrazo y gracias por leer.
Los días habían pasado rápido. Ya eran doce días desde la primera vez que Eren había aparecido en el escondite de Rivaille.
Cada noche, Jaeger aparecía aunque solo fueran cinco minutos, ya sea para preguntarle al francés como estaba o para dejar algunos víveres para evitar que saliera a toda costa.
Un par de noches se quedaron conversando de trivialidades hasta el amanecer. Realmente, no eran temas de gran importancia intelectual, pero la plática era amena y suficiente para hacer que Rivaille esperara ese momento durante todo el día.
Era evidente que con el paso del tiempo y de las visitas el mayor se iba haciendo más obsesivo en cuando a Eren. Comenzó fijándose en el hipnotízante color de sus ojos hasta en la forma en que el menor mordía su labio inferior en los momentos de silencio.
Suspiro. Tenía que alejar esos pensamientos de su cabeza.
Eran las tres de la mañana según el reloj que colgaba en una de las paredes de la habitación. La ansiedad del encierro cada vez se hacía más grande y por lo mismo moría por fumar. Recordó que hace un par de días, Hanji en su visita semanal había llevado algunos cigarrillos (la castaña era muy astuta en cuanto a conseguir provisiones, considerando la escasez de prácticamente todo)
Salió de la habitación sigilosamente hasta dar con la escalera. Subió un par de escalones y abrió una pequeña ventana. Se acomodó apoyando su espalda en la pared de tal forma que no pudiera ser visto desde afuera. Agradecía que fuera una noche con niebla, ya que así el humo seria imperceptible.
Prendió el cigarro y dio una bocanada cerrándolos ojos. Definitivamente había subestimado el encierro. Estar encerrado y no poder salir tranquilamente era más agotador de lo que había pensado en un comienzo.
Apago el cigarrillo en un escalón y limpio los restos que habían quedado. Era probable que en algún comienzo volvieran los soldados a hacer sus rondas de búsqueda de fugitivos, así que era mejor no hacerles pensar que había gente en algún lado de la casa.
Camino lentamente hasta la habitación y se encerró esperando la visita de Eren. Quizás ya era muy tarde, pero creía firmemente que en algún momento podía llegar.
Sus ojos ya se estaban cerrando cuando escucho unos pequeños toquecitos rítmicos en la puerta. Esa era la forma que Eren tenia para informar que había llegado.
El castaño entro rápidamente dejando su casco sobre la mesa. Su respiración era agitada y su mirada denotaba preocupación.
Rivaille miró al soldado confundido.
-¿Qué ocurre?-
-Todo empeoro. Me mandaran a una misión…-dijo Jaeger agachando la mirada-
Uno de los miedos que el francés jamás iba a reconocer se estaba cumpliendo. Eren ya no podría sacarlo de la monotonía del claustro en el que estaba. Se había acostumbrado a ver su sonrisa todos los días.
-¿Cuándo partes? –preguntó Rivaille tratando de sonar tranquilo-
-Mañana en la noche-
-¿Cuánto tiempo?-
Silencio.
La mirada del castaño respondía a la interrogante del mayor. La transparencia de Eren era enorme, al igual que su preocupación con el francés.
-No lo sabes…-
El soldado se acercó rápidamente a Rivaille abrazándolo con fuerza.
-Después de tanto tiempo esperando y haberte encontrado tendré que separarme de ti…-susurró Eren mientras su cuerpo tiritaba -
Rivaille aún no entendía muy bien cuando Eren hablaba como si se conocieran durante años, aunque en parte realmente sentía que así era. Se sentía cómodo sintiendo el calor de Eren sobre él. Respondió al abrazo rodeando con sus brazos el torso del menor y acomodo su cabeza en el hueco que se formaba entre el brazo y el cuello del alemán. Jaeger de algún modo le inspiraba tanta paz, lo que era contradictorio viéndolo con su uniforme.
¿Qué era lo que había provocado que sintiera tanto afecto por él? Seguía repitiéndose esa pregunta cada día sin obtener una respuesta clara.
-Me quedaré aquí hoy… -dijo firme Eren-
Un esbozo de sonrisa se dibujó en el rostro del francés. No lo iba a aceptar, pero se sintió realmente feliz.
-Está bien. Es tarde y es peligroso salir…-
-Claro, lo dice al que le encanta salir de noche con la excusa de buscar provisiones para poder respirar aire fresco – dijo riendo el alemán tratando de hacer el ambiente más liviano-
Se separaron del abrazo y Eren dejo su chaqueta sobre la mesa. Se sentó sobre un taburete y entrelazo sus los dedos de sus manos. Miro fijamente a Rivaille. Movió un par de veces sus labios tratando de decir algo pero no salió ningún ruido de su boca. Finalmente, decidido comenzó a hablar.
-Quiero que sepa algo, señor… -
-Deja de decirme señor, Eren –corrigió molesto Rivaille-
-Discúlpame, es una costumbre –se excusó Jaeger avergonzado- Quería contarte la forma en que encontré esta habitación…-
A decir verdad, Rivaille ya había olvidado su pendiente interrogación al castaño. Ya no sentía que fuera importante saber cómo encontró su escondite si es que el soldado lo seguía visitando de la misma forma. Se sentó sobre una mesa a un par de metros de Eren mirándolo intrigado.
-Te escucho.-
-Cuando era pequeño, mis padres, mi hermana y yo vivíamos en esta ciudad. Teníamos problemas como toda familia, pero a pesar de todo éramos felices. –la mirada de Eren se dirigió a sus manos buscando contener su tristeza de alguna forma- Mi madre murió cuando tenía unos diez años, pero nunca supe realmente la razón. Al preguntarle a mi padre siempre desviaba el tema o decía que había estado muy enferma. Un poco tiempo antes que ella falleciera, mi padre había construido una habitación extra en la casa. Rivaille, yo vivía aquí hace muchos años, pero mi padre vendió la casa luego de algunos años desde que mamá falleció. -
-Tú ya conocías entonces esta habitación-
-Solo su existencia y en que parte estaba, pero jamás había entrado. Al saber que tendríamos que revisar esta casa pensé que sería divertido ver que había en esta habitación. Así fue como te encontré. –dijo el soldado sonriendo-
Todo tenía sentido. Rivaille se sentía en parte aliviado de saber que Eren había encontrado la habitación ya que conocía de su existencia y no porque fuera obvia la misma.
-Ya veo- susurró el mayor-
Se quedaron en silencio un par de segundos hasta el alemán decidió que era el momento de despejar sus dudas.
No podía creer que Rivaille no recordara absolutamente nada. Se negaba a creer que su promesa haya sido olvidada. Su corazón sentía que en alguna parte del alma del mayor tenían que existir recuerdos que lo hicieran darse cuenta de porque su encuentro fue tan importante para el menor.
-¿No has tenido sueños? ...
El francés frunció el ceño sin entender la pregunta del todo
-Me refiero…A que si has soñado cosas que parecen ser como de una vida que no es tuya, pero sabes que son cosas que has vivido. Algo así como recuerdos de otra vida. -
El mayor quedo descolocado frente a la pregunta. Era cierto, había tenido el mismo sueño durante varios años pero jamás había logrado ver el rostro del coprotagonista del mismo hasta que había conocido a Eren. El castaño se había hecho participe de su sueño y Rivaille había asociado eso a su creciente obsesión con el menor.
Nunca había tomado su sueño como recuerdos de una vida pasada, pero de alguna forma siempre que despertaba y recordaba el sueño sentía una cierta nostalgia.
-Creo que podría decir de cierto modo que si… -susurró Rivaille-
La mirada de Eren se iluminó.
-Entonces no todo está perdido –dijo Jaeger para sí mismo sonriendo-
Rivaille seguía pensativo. ¿Era posible haber conocido a Eren en otra vida? ¿Existía realmente la reencarnación? Era una opción que jamás había descartado. Ya nada podía sorprenderlo.
Quizás, por eso se sentía grato con su compañía o su corazón se aceleraba por cada roce que tenía su piel con la del soldado, aunque solo fuera de forma involuntaria. No era tan descabellado.
Eren camino con paso decidido en dirección al mayor. Acerco su rostro hasta que sus miradas se encontraron de frente.
-Habíamos prometido encontrarnos una vez más. Esa era nuestra promesa, Rivaille… -murmuro el soldado suavemente posando su mano en la mejilla del mayor- y yo, me prometí a mí mismo la labor de protegerte con mi vida, tal como tú hiciste con la tuya.-
Las palabras del castaño hicieron que el pecho de Rivaille se sintiera apretado.
Su mente había quedado totalmente en blanco y su corazón latía cada vez más rápido, hasta el punto en que estaba seguro de que el soldado podía escuchar sus latidos.
Sintió la necesidad de sentir a Jager. Quería probar esos labios de los cuales solo salían palabras reconfortantes para su alma atormentada.
-Eren…-susurro Rivaille mirando al soldado-No te mentiré. Yo… Siento… -
-No busques darle explicación a esto, Rivaille. –interrumpió Eren sabiendo a que se refería el mayor-
El mayor se sintió hipnotizado por el color turquesa. Estaba decidido.
Las palabras de Eren fueron suficientes para hacer que el francés rompiera la distancia y buscara con desesperación sentir los labios del soldado.
