A pesar del montón de cosas que tenía que hacer durante este fin de semana pude darme el tiempo de escribir un poco.

En realidad jamás espere tantos reviews en una semana. Estoy muy feliz :) De verdad.
Un abrazo y espero que disfruten el capítulo
!


El caos se había apoderado de la ciudad.

Cada día el bullicio de la calle era más intenso. A veces podía escuchar como las armas de los soldados disparaban de forma descontrolada tratando de tomar las riendas de la situación.

Sabía que si Hanji no iba a hacer su visita semanal no era porque no quisiera. Le bastaba con permanecer en silencio durante algunos minutos dentro de la habitación para notar que ya no existía la paz en la ciudad.

Esperar a Eren hacia que ya las horas que eran largas se hicieran eternas. Ya había leído todo lo leíble que tenía (desde libros hasta los envases de algunas cosas que Hanji le llevaba)

Si iba a volver loco ahí. Quizás escribir le ayudaría a relajarse un poco.

Se sentó frente a la caja alargada que tenía por escritorio y cerró los ojos buscando alguna inspiración.

Solo Eren aparecía en su mente.

Lo necesitaba con desesperación y tan solo habían pasado 3 días desde la última vez que lo vio.

El sueño de siempre se había hecho más intenso desde la despedida, pero la última noche hizo que Rivaille realmente sintiera pánico. El sueño había cambiado y ahora era Eren quien moría por él.

Eso lo dejaba intranquilo. No quería interpretarlo como un presagio o algo así ya que siempre había sido muy escéptico en relación a poder predecir el futuro.

Quería creer que el soldado estaba bien, quizás cansado por el trabajo pero lejos de una posible muerte.

Suspiró y se recostó sobre la caja usando sus brazos como almohada.

Tenía que ser paciente.

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Hanji llegó para sorpresa de Rivaille. Venia más callada que de costumbre y solamente con un periódico bajo el brazo.

-Rivaille… - susurró sin mirarlo a los ojos extendiendo el periódico para que el francés lo tomara-

No entendía. Era el periódico de ese día.

Lo miro tratando de entender que era lo que la castaña quería que viera.

-Una lista de nombres…- dijo Rivaille levantando una ceja-

La mujer asintió.

"Soldados fallecidos en servicio"

El corazón del francés dio un vuelco. Leyó cada nombre rogando no encontrar el nombre que se repetía en su mente cada día desde su primer encuentro.

Eren Jaeger

"Mierda…"

No podía creerlo. No podía ser verdad. El mocoso le había prometido volver con el sano y salvo. Le había hecho prometer que se encontraría con vida para cuando llegara.

Mordió su labio inferior tratando de contener el inminente llanto. Arrugo las páginas y las dejo sobre la mesa.

Hanji se acercó sin decir nada y lo abrazo.

"Estoy soñando… Es la continuación de ese sueño de mierda. Estoy seguro…" –pensó Rivaille tratando de convencerse de que todo era producto de su bizarra imaginación-

-Lo siento muchísimo…-murmuró Hanji acariciando la cabeza de Rivaille maternalmente-

No pudo evitarlo. Apoyo su cabeza en el hombro de la mujer y lloró. Lloró y gritó como jamás lo había hecho.

No volvería a ver jamás esos ojos que le hacían soñar despierto. No volvería a sentir su preocupación casi insana.

Tendría que esperar, si es que existiera, otra vida para encontrarse con él.

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Ya nada tenía sentido.

Antes de conocer a Eren esconderse significaba sobrevivir un tiempo más. Luego, sobrevivir se había transformado en tener una esperanza de poder vivir una vida tranquila junto con el castaño algún día. Sin Eren ¿Para qué seguir escondiéndose?

La promesa que había hecho ya no tenía sentido si el soldado jamás iba a volver. Quizás era momento de rendirse y el mismo matarse ahorrándose las torturas de los monstruos vestidos con el mismo uniforme que lo había hecho Jaeger.

Desecho la idea del suicidio. Iba en contra de todos sus principios ser un cobarde y no enfrentarse a sus problemas.

Eren no querría que el hiciera eso.

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Tenía todo listo.

Había escrito una carta para Hanji explicándole porque no lo encontraría en la habitación que había servido durante casi dos meses como refugio.

Ya era la una de la mañana. Por el toque de queda solo habían militares rondando las calles, pero generalmente se encontraban dormitando o charlando animadamente contrastando con el deprimente paisaje nocturno.

Rivaille tomó un bolso y coloco cuidadosamente su cantimplora, algunas cosas para comer, una libreta y un lápiz.

El trozo de periódico donde estaba el nombre del soldado de ojos turquesa seguía sobre el escritorio. Busco el nombre del castaño y recorto con sus manos el fragmento de papel. Lo doblo cuidadosamente guardándolo en el bolsillo de su camisa.

Quizás eso le ayudaría a mantener en su mente el propósito de no cometer una estupidez que seguro Eren no querría que hiciera.

Salió de la habitación sin mirar hacia atrás.

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Era una noche helada. Salió de la casa con cuidado de no ser visto ni escuchado.

Se puso la capucha de su abrigo y se puso una bufanda que le tapaba hasta la mitad de la cara.

Cada vez que escuchaba pasos o voces se escondía en los pequeños pasajes que había entre las casas esperando a que los soldados siguieran su camino.

Le indignaba la soltura con la que los soldados iban por las calles mientras miles de personas sentían temor por perder sus vidas solamente con la razón de que eran "imperfectos" para un cierto hombre con bigote extravagante.

Cuando ya llevaba un buen rato caminando dirección a la salida de la ciudad pudo ver que había un grupo de soldados controlando el lugar.

No iba a poder pasar tan fácil.

Se dio media vuelta y decidió buscar otro lugar por el cual pasar.

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Llevaba varios metros recorridos en busca de otra salida.

Además de sus pisadas escuchaba otras, pero cada vez que se daba media vuelta no había nadie.

Comenzó a caminar más rápido sin dejar de estar pendiente del entorno.

De un momento a otro sintió un par de brazos envolviendo su cuerpo. No pudo evitar que un quejido escapara de su garganta.

-Señor…-

Abrió tanto sus ojos por la sorpresa que sintió que si estos no estuvieran conectados por nervios a su cuerpo quizás habrían salido rodando.

Sintió en sus mejillas el paso de sus propias lágrimas y sonrió.