Perdonen por no subir un capítulo ayer, pero mi novio llegó de un viaje y no tuve tiempo para terminarlo :'(
Gracias a él tengo muchas ideas para continuar la historia, así que será un poco más largo de lo esperado (espero que no les moleste jeje)
Como empezaré con temporada de pruebas empezaré a subir capítulos de forma más espaciada (si o si uno-dos por semana) pero serán mas largos :D!
Gracias de nuevo por seguir la historia 3 enserio, se los agradezco muchísimo.
Eren mordía sus labios tratando de impedir que algun sonido escapara de su boca. Debía reconocer que le daba vergüenza que Rivaille lo escuchara.
Las manos del castaño recorrían la espalda del frances dejando pequeños rasguños. Quería sentir la piel de Rivaille.
Eren aún con los ojos cerrados dejó de sentir el cuerpo de Rivaille. Extrañado abrió los ojos para encontrarse que el mayor estaba de rodillas frente a él abriendo los botones de su pantalón.
No pudo evitar un gemido casi inaudible. La visión era sumamente erótica. Rivaille arrodillado con el cabello alborotado, los ojos nublados por la lujuria y la boca ligeramente abierta y húmeda.
Rivaille lamió por encima de la tela el creciente bulto del menor. Lo masajeó suavemente sin dejar de mirar directamente esos ojos que tanto le gustaban. Bajó el pantalón del alemán, se relamió los labios y lllevo el miembro del menor lentamente hacia su boca.
-Rivaille… - gimió Eren apoyando su cuerpo en la pared-
Le encantaba escuchar su nombre en los labios del alemán.
Eren puso una de sus manos en la cabeza de Rivaille apartando los cabellos del flequillo que tapaban su rostro. Necesitaba ver esos ojos que lo hacían derretirse.
De un momento a otro, el más bajo se detuvo. Rivaille desabotonaba su camisa y abría el botón de sus propios pantalones.
El menor no entendió hasta que Rivaille le indico que se sentara y se quedara quieto. El mayor se sentó sobre el alemán quedando sus rostros de frente y sus piernas a los costados de los muslos del soldado.
-Eren… - dijo Rivaille llamando la atencion del castaño-dame tu mano.
Jaeger extendió su mano y Rivaille la tomó con fuerza. La llevo a su boca introduciendo los dedos simulando una felación. El menor no pudo evitar gemir levemente al sentir la humedad de la boca del francés.
Rivaille tomó nuevamente la mano de Eren y la llevo hasta la parte baja de su espalda esperando que Eren captara el mensaje.
El alemán entendió perfectamente. Introdujo suavemente un dedo en la entrada del mayor con el temor de causarle daño. Miró el rostro que se encontraba frente a él. Rivaille tenía sus ojos cerrados y un ligero rubor se formaba en sus mejillas.
Se veía tan frágil.
Eren empezó a sentir un gran calor desde la parte baja de su estómago en dirección a su cabeza. El calor recorría todo su cuerpo. Introdujo otro dedo haciéndolo salir y entrar en la cavidad del mayor.
Rivaille mordía uno de los hombros de Eren. No hacia ruidos vergonzosos como él, sino que gemía de forma una forma ronca que hacía que Jaeger se sintiera aún más excitado.
Cuando ya los dos dedos se movían con facilidad en el interior del mayor decidió que era momento de introducir uno más. Siguió con el movimiento.
Adentro, afuera, adentro…
-Mierda…- dijo el mayor mordiendo más fuerte el hombro de Eren
Rivaille comenzó a tiritar haciendo que Eren entendiera que había tocado ese punto sensible que hacía que el mismo se volviera loco. Siguió embistiendo con sus dedos al pequeño cuerpo.
El mayor con cara molesta saco la mano de Eren de su interior. Tomo el miembro del menor y bajo sus caderas penetrándose el mismo.
Necesitaba a Eren.
Jaeger al sentir la calidez del interior de Rivaille sentía que en cualquier minuto iba a alcanzar la gloria. Se quedaron unos minutos con los ojos cerrado mientras se acariciaban hasta que el cuerpo que estaba sobre Eren se relajó.
El mayor comenzó a moverse lentamente afirmándose de los hombros del castaño.
Rivaille gemía de una manera ronca que hacía que Eren se sintiera extasiado. Acariciaba el rostro del mayor con una mano y con la otra sostenía una de sus caderas tratando de crear un ritmo menos errático en las embestidas.
Las manos de Rivaille se enroscaban en la espalda de Eren buscando mayor contacto con la piel del castaño.
Eren tomo de la cintura al francés y arremetió de forma casi animal contra su cuerpo de tal forma que un sonoro gemido y un escalofrió recorriera el cuerpo de Rivaille.
-Sigue… Sigue… -demandó el mayor tratando de que su voz sonara más grave fracasando en el intento-
No dudo en seguir la orden.
Besaba a Rivaille con desesperación sin dejar de penetrarlo. Ya estaban muy cerca de llega de llegar al clímax.
-Eren…- susurró Rivaille entre gemidos-
-Te amo, Rivaille…-
Sentía la visión nublada por las lágrimas que se acumularon en sus ojos. Abrazo con fuerza al castaño.
No iba a aguantar durante más tiempo el ritmo y el inmenso placer que sentía al unir su cuerpo y alma con Jaeger.
-Y yo a ti…- dijo el francés en medio del orgasmo-
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El escondite de Armin fue realmente práctico. El rubio se había preocupado de que nada les faltara, hasta el grado de que les sobraba comida y encontraban que la cantidad de frazadas que les había dado era ridícula.
No podían negarse a las atenciones de Armin. La sonrisa sincera que les daba cada vez que bajaba con un sinfín de cosas en un bolso hacia que realmente se sintieran agradecidos.
Cuando Armin iba a la universidad durante las mañanas, Eren y Rivaille pasaban la gran parte del día conversando y jugando a las cartas. Era una especie de pequeña luna de miel bajo la tierra que vivían durante estos tiempos tan difíciles.
Eren durante ese tiempo decidió que el lugar más seguro para Rivaille en ese momento era Francia, con su familia o más bien los restos de esta, ya que prácticamente solo tenía uno o dos familiares según lo que podía recordar el mayor.
El frances, por su parte, pensaba que no importaba donde tuviera que ir si Eren estaba a su lado, pero en ningún momento lo dijo en voz alta. Solo se limitó a aceptar el plan del castaño.
Tenían que encontrar una forma para cruzar la frontera y llegar a la capital del país natal de Rivaille.
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Ya era tarde.
Armin no se había aparecido en la guarida durante esa noche. Algo extraño se sentía en el ambiente pero el par de fugitivos no sabían darle explicación a ese presentimiento extraño que estaban teniendo.
La noche era silenciosa como ninguna de las otras que habían pasado bajo tierra.
-Qué extraño que Armin no haya venido...-dijo Eren preocupado- ¿Le habrá pasado algo?...
-No lo creo. Quizás estaba estudiando o algo así y se durmió...-respondió Rivaille tratando de calmar al menor-
Rivaille sabía que la preocupación de Arlert era suficiente como para mantenerlo despierto hasta la madrugada si era necesario para cerciorarse de que no les faltara nada en la bodega. Aun teniendo la total certeza de eso prefirió mantener al alemán tranquilo diciéndole una mentira "blanca".
Eren ya decidido a dormirse, tomó una frazada y se acurrucó en un rincón. Miró a Rivaille esperando que el mayor se acercara y lo acompañara.
-Voy a leer un rato más e iré a dormir- dijo Rivaille acercándose para revolver los cabellos del alemán con su mano en un intento de cariño- tu duerme, Eren.
Eren asintió y cerró los ojos.
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El francés tenía sobre sus manos un libro color rojo. Lo más curioso era que ese libro era de Armin y por lo mismo no pudo evitar sentirse orgulloso de sí mismo al saber que el pequeño rubio tenia libros de su autoría.
Rivaille no era muy conocido por la gente común, sino que era reconocido por la gente que buscaba nutrir sus cerebros con diferentes corrientes filosóficas y gustaba de las lecturas más bien "oscuras"
Era un firme detractor del nazismo, y por lo tanto, toda su literatura era prohibida en Alemania.
Era extraño que Arlert tuviera alguno de sus libros, pero supuso que la necesidad de conocimiento del rubio era mayor que su temor a represalias.
Ahora, no podía hacer mas que sentirse frustrado consigo mismo por haber siquiera pensado en publicar sus pensamientos en contra el nazismo siendo el judío, en Alemania y para colmo estando en la mira de la opinión pública.
Rivaille apagó el par de velas que se encontraban parpadeando sobre la mesa y se dispuso a dormir.
Cuando estaba tomando una de las frazadas que Armin había dejado, pudo escuchar ruidos de pisadas y gritos sobre él.
-Ya les dije que la bodega está abandonada. Aquí no hay nada... no tengo nada que ocultar...-gritó Arlert-
-Si es verdad lo que dices tienes que dejarnos pasar, mocoso-
Sudor frío recorrió la frente del frances.
Eren seguía plácidamente dormido en un rincón que era prácticamente invisible ante la oscuridad. Le sorprendía la forma en la que el castaño podía dormir aunque pasara un camión sobre él.
-Si no cooperas tendrás grandes castigos, niño...-
Rivaille estaba seguro de que Armin había hecho todo lo posible para impedir que los soldados llegaran a su escondite. Pensó rápidamente en la posibilidad de escapar, pero estando a diez metros bajo tierra hacía que toda posibilidad fuera inexistente.
Suspiró.
Si atrapaban a Eren la muerte seria la única opción que tendrían como castigo ante el montaje de su muerte traicionando a su nación. En cambio, si lo atrapaban a él, querrían asesinarlo de tal forma que los que estuvieran en contra del nazismo pudiera verlo a modo de demostrar el control sobre la población.
Rivaille se acercó y beso suavemente la frente del menor tratando de que no despertara. Quizás esa iba a ser la última vez que lo vería
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-Quítate, mocoso de mierda- ordenó un soldado musculoso y alto a Armin-
Armin tenía sus puños apretados y miraba al suelo. Cuando el rubio ya estaba a punto de rogar clemencia, Rivaille emergió de la tierra.
-A mí es al que buscan. Este rubio no tiene la culpa de nada. Yo me metí a su bodega amenazándolo de muerte si no cedía y me ocultaba. - dijo Rivaille con una calma que parecía inhumana-
-Anda, si es Rivaille. El sargento estará feliz de que te llevemos ante él, escoria judía -dijo con tono burlesco un soldado mientras agarraba de los cabellos de la nuca a Rivaille-
Armin estaba en shock. La mirada penetrante de Rivaille se encontraba sobre el fijamente.
En un rápido análisis de quizás unos segundos (gracias a la lucidez que da la adrenalina) se dió cuenta del plan del frances.
El rubio se movió hacia un lado mirando como ponían esposas a Rivaille. Mientras los soldados estaban ocupados poniendo sus manos juntas tras su espalda aprovecho de decirle "gracias" sin que las palabras sonaran.
Finalmente volvieron a tomarlo de la cabeza, empujándolo para que caminara hacia una dirección desconocida.
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Perdió la cuenta de cuantas veces había recibido puñetazos en su rostro o cuantas veces había recibido burlas por parte de los soldados.
Habían quemado cigarrillos a lo largo de sus brazos y arañado con rastrillos similares a los usados en la jardinería su cuerpo solamente como entretención.
No necesitaban ninguna clase de confesión de su parte, ya que todo estaba evidenciado en sus libros. El castigo que su cuerpo recibía era producto del ocio insano de esos soldados que se divertían con el morbo de verlo sangrar y quedar inconsciente por los golpes dados a su cabeza.
Cuando ya sentía que su cuerpo era casi un estropajo y con suerte podía mantener sus ojos abiertos fue tomado por dos soldados de los brazos para arrastrarlo hasta lo que parecía ser una oficina dentro de la improvisada prisión.
Lo hicieron entrar de un empujón que lo hizo caer de rodillas con las manos en su espalda unidas por las esposas. Se demoró un par de segundos hasta percatarse de que los soldados se habían ido y de que en la habitación había un hombre con una sonrisa de burla mezclada con satisfacción sentado en un escritorio frente a él.
-Qué extraño volvernos a encontrar, Rivaille- dijo el que parecía ser el Sargento -
-¡Erwin! -exclamó el frances sorprendido por el encuentro-
