Gracias a todos por sus comentarios. Realmente esta época fue terrible.

A la persona que dio la información del triangulo rosado; se supone que la homosexualidad de Rivaille no se sabe a viva voz, por eso no se lo pusieron en su uniforme jiji.

No puedo decir que día exactamente actualizaré porque en verdad tengo mucho que estudiar y uso los ratitos libres para escribir. Lo que si o si puedo prometer es que serán 2-3 capítulos por semana. Lo siento :'(

Este capítulo estará en parte enfocado desde la perspectiva de Rivaille... Espero que les guste. Un abrazo


Me cambie de ropa poniéndome el horrible uniforme de líneas que me habían dado. Al dejar mi ropa sobre la cama pude notar que había algo en el bolsillo de mi camisa.

No me había dado cuenta, pero estaba llevando la misma camisa que llevaba el día en el que deje la habitación secreta. El trozo de periódico con el nombre de Eren estaba un poco amarillento, doblado en dos partes en mi bolsillo. Lo tomé y lo guarde en mi pantalón.

Me reí internamente. Teniendo al menos su nombre de esa forma me sentía algo mas acompañado.

Caminé hasta la salida del edificio buscando donde ir. Por sorpresa, un soldado me arrastro hasta un grupo de hombres que estaban de pie mirando a otro soldado algo mayor, quizás esperando por lo próximo que tendríamos que hacer en nuestra estadia en lo que no sabia en ese instante seria el infierno.

-Bienvenidos. Como sabran tendrán que trabajar aquí si quieren vivir. Sino, los invito a dejar el grupo y asumir su decisión. El que no trabaje no sirve, asi que serán desechados como la basura que son. ¿Está claro?-

Nadie dijo nada.

Algunos se miraron entre ellos asustados. Yo me quede inmóvil tratando de pensar en alguna forma de escapar de ahí, pero era imposible.

Eran decenas de soldados que iban de un lado a otro. Todo estaba cercado y perfectamente controlado.

Luego de la cálida bienvenida nos hicieron pasar a una habitación alejada de las barracas donde habían sillas con correas en los reposabrazos. Debo decir que al principio no entendí el propósito de esto.

Ordenaron que me sentara y el soldado que estaba frente a mi busco con su mirada el número que era mi identidad en ese lugar. Lo anotó en un papel y se fue durante unos segundos.
Otro soldado me tomó por los hombros y amarró mi brazo izquierdo con las correas dejando la palma de mi mano hacia arriba.

Sentí el metal atravesando la piel de mi antebrazo mientras sangre salía de este contacto. Me tomo por sorpresa y no pude evitar un quejido. Mordí mis labios tratando de no hacer más evidente el dolor. El hijo de puta que me clavaba el antebrazo se reía.

Pusieron tinta sobre la herida, limpiaron superficialmente y me sacaron de esa sala tan rápido como llegue.

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Aunque me duela debo aceptar que mi apariencia no reflejaba realmente mi fuerza. Soy bajo y delgado, así que seguro creyeron que no sería útil para tareas más pesadas, y en parte, lo agradecí.
Puede que suene sumamente fácil y hasta un poco flojo de mi parte, pero realmente era extenuante. Estar diez horas en promedio de pie construyendo armas como enfermo y sin comer más que un trozo de pan y uno o dos vasos de agua si tenía suerte agotaría a cualquiera.

Era irónico. Cruelmente irónico.
Durante tanto tiempo estuve en contra de esta guerra innecesaria y me encontraba justamente creando las armas que matarían la vida de miles de inocentes para salvar la mía. Era realmente frustrante, pero no podía hacer nada más que pensar en Eren y volver al trabajo que me había sido designado.

Algunos se desmayaban mientras trabajaban y los golpeaban hasta que rogaban que los dejaran seguir trabajando. Otros se rendían y caían inconscientes esperando ser llevados a las cámaras de gases.

Durante mi estadía, que la verdad no recuerdo de cuánto tiempo fue ya que preferí no fijarme en el paso de las horas ni de los días, aprendí y entendí muchas cosas.

Los campos de concentración eran para matar lentamente. Tan lentamente que podían pasar días hasta que tu cuerpo sintiera ya la falta de comida, semanas cuando ya el cansancio fuera extenuante y meses para morir.

Tristemente, vi algunas caras conocidas en mi estadía, pero nunca pude hablar con ellos ya que pertenecíamos a diferentes barracas o tenían encomendadas otras tareas.

Estoy seguro de haber visto a Petra en un grupo de mujeres que se encargaban de un cultivo que estaba cerca de la fábrica. Nuestras miradas se cruzaron fugazmente haciendo que mi corazón se sintiera apretado. Pude apreciar en su mirada una mezcla de felicidad (por ver un rostro conocido) y de tristeza al saber que quizás alguno de nosotros no saldría de ahí jamás. Estaba seguro de que le di el mismo mensaje con mi mirada.

A Petra le debo la vida, ya que gracias a haberme confesado la existencia de la habitación secreta en la casa que compartía con Auruo pude seguir libre por algunas semanas.

Jamás la volví a ver. Tampoco a Auruo.

Las semanas pasaban y la cordura también. El hambre, que al principio fue soportable ya no lo era. Sentía mis entrañas agitadas por la falta de comida y la garganta cada día más seca.
No había visto mi rostro en ese tiempo más que al momento de tomar agua y ver mi reflejo en ella. Parecía muerto en vida.

Estaba muerto al no tener Eren a mi lado.

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-Hay que hablar con Hanji. Rivaille me dijo que cualquier cosa que pasara podía confiar en ella-

-Ese nombre me suena de algún lado...- dijo Armin-

El rubio abrió los ojos sorprendido

Haciendo memoria recordó que algunos compañeros se burlaban de una tal doctora Hanji. Decían que estaba loca, pero que era realmente inteligente.

-¡Ya sé porque creí haber escuchado ese nombre! Ella hace algunas charlas científicas en la universidad...Quizás pueda encontrarla ahí-

La mirada de Eren se iluminó.

- Quizás ella sabe como podemos encontrarlo ¡Déjame ir contigo! -exclamo el castaño mientras tomaba de los hombros a Armin-

Armin negó con la cabeza

-¿Quieres que el sacrificio de Rivaille sea en vano? Tú te quedas aquí. Tengo que de algún modo enmendar el hecho de que no pude hacer nada por salvarlo de ese soldado…Además en agradecimiento por haberse sacrificado por ti-

Eren miro confundido a Armin, pero prefirió no decir nada.

En parte tenía razón, pero la situación era frustrante. Todas las noches lloraba de impotencia al saber que no pudo hacer nada por salvar al frances. Peor aún, tampoco podría hacer nada aunque realmente quisiera.

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Recorrió toda la facultad de ciencias buscándola. Abría las puertas de los salones rápidamente en busca de la mujer que podría ayudarlos.
Habían salas vacías y otras en clases, así que cuando sin querer interrumpía a algún profesor dedicaba una sonrisa nerviosa y unas disculpas mientras se echaba a correr.

Cuando ya estaba llegando a la última aula del corredor escucho la voz de una mujer.

Abrió la puerta para que solo con un ojo pudiera ver a la dueña de esa voz.

Debía ser ella. No era tan común que mujeres dieran cátedras en la universidad pero en el caso de Hanji era innegable su habilidad para ensenar y su gran inteligencia según sus compañeros de cursos superiores. Quizás era un poco extraña, pero sus conocimientos opacaban su excentricidad de alguna forma.

Armin espero afuera del salón hasta que todos los alumnos salieran.
La mujer castaña camino hasta la salida del aula encontrándose de frente con el rubio que la miraba nervioso.

-Señorita Hanji, Mi nombre es Armin Arlert y quiero hablar con usted sobre Rivaille-

Hanji lo miro sorprendida. Miro a ambos lados esperando que no quedaran alumnos, tomó del brazo a Armin haciéndolo entrar al salón.

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Cada día se hacia mas difícil.

Si no fuera por el mocoso ya habría dejado de luchar y dejaría que los soldados me molieran a golpes.

Todos los días era la misma rutina. Armar las armas, sentirse agotado, comer si es que los soldados se sentían benevolentes, contar las caras que no había visto en ese día y quizás jamás volvería a ver y finalmente, dormir escuchando mis tripas sonar toda la noche.

Si existiera el infierno en la tierra ese definitivamente era Auschwitz.

Las masas de personas llegaban cada día pero el lugar jamás se llenaba del todo. Constantemente gente desaparecía sin dejar rastro pero nadie hablaba del tema a viva voz. Sabíamos que si dejábamos de ver a alguien era porque lo habían llevado a la cámara de gases o una bala había atravesado su cráneo y sus restos estaban en alguna fosa común del lugar. Era un conocimiento tácito que todos los que vivíamos en el campo de concentración compartíamos.

Podía ver como la desesperación carcomía el alma de toda esta gente, que por alguna u otra razón se encontraban en mi misma situación. Estábamos atrapados por culpa de personas que se creían superiores a modo de protegerse de sus inseguridades. Era ridículo.

"Humanos contra humanos."

La suciedad del lugar era espantosa. Las moscas se acumulaban en el lugar y no nos dejaban en paz ni siquiera al tratar de conciliar el sueño.

Había visto cosas espantosas en mi vida, pero nada como lo que pude observar en ese lugar.

Los cuerpos de algunas personas que habían llegado quien sabe cuanto tiempo antes que yo eran piel pegada directamente al hueso. Era un espectáculo bizarro que hacía que sintiera una mezcla de compasión y repulsión.

Soy muy llevado a mis ideas, y a pesar de que cada dia que pasaba se hacía más interminable y veía cosas cada vez más horribles tenía la certeza de que saldría de ahí.

Confiaba en que saldría de ahí para volverlo a ver...
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