EL SECRETO DEL MOÑO ROSA

CUANDO TODO EMPEZO

Si me pidieran que resumiera la historia me negaría. Sería un simple no, o un definitivo no es posible o un explicativo no puedo, porque si no la cuento completa no entenderán mi punto de vista. Tal vez sea el olor a desinfectante mezclado con cloro que está atrofiando mis neuronas, o tal vez como alguna vez me dijo Gerald solo perdí la cabeza. Es posible que así sea, es posible que haya perdido la cabeza, el corazón y mis pulmones pues ya no sé cómo respirar sin ella, tal vez sea que soy muy denso, o solo un soñador sin remedio pero no me importa, solo se decir que agradezco el día en que decidí volver y cumplir con una promesa hecha hace ya algunos años a una pequeña amiga que resulto ser más que solo eso.

Aún recuerdo aquel día, estaba muy emocionado por el inicio de mi trabajo en la preparatoria. Después de varios años fuera de Hillwood añoraba establecerme; empaparme un poco de la algarabía del vecindario, pasearme por sus avenidas, ver el atardecer en el muelle mientras comía una salchicha…. ¡En fin! Pienso que la ciudad seguía siendo la misma, aun cuando evolucionaba poco a poco casi de forma imperceptible. Esa mañana desperté animado por supuesto gracias a mi fiel despertador, que como en otros tiempos repetía una y otra vez mi nombre.

Era mi primer día, la luz del sol en el tragaluz hirió un poco mis pupilas sin derretir sin embargo mi entusiasmo, había anhelado tanto ese momento, iría muy temprano a la escuela pública 118, y disfrutaría de cada detalle que me había perdido desde que deje mi querido hogar.

No me quejaba, por supuesto; porque las aventuras vividas en esos largos años de ausencia me sirvieron de experiencia. En San Lorenzo, conviví y aprendí de personas agradables. En la comunidad de los ojos verdes y junto con mis padres todo era nuevo y excitante; claro está hasta este momento no sé cómo sucedió pero tengo que reconocer que no le di la importancia que debía porque al fin tenía lo que había deseado.

Poco después regresamos al Estados Unidos, según las personas donde estuve decían que mi patria era tierra de sueños cumplidos y por cumplirse, donde todo podía pasar; claro que respetaba sus pensamientos pero no los compartía del todo, siempre creí que los sueños se cumplían doquiera nos encontremos y de cuando en cuando pensaba que había algo en mi corazón que gritaba que esto era cierto. Al menos para mí, ahí estaban mis sueños inconclusos.

Desde ese instante todo fue un ir y venir hasta que acabé la preparatoria, pase por varias escuelas, hice muchos amigos y al fin decidí lo que creí sería la mejor opción. Siempre pensé que sería un arqueólogo, antropólogo o médico en honor a la tradición familiar, pero con el tiempo descubrí que pese a que me gustaba mucho estar con ellos y compartir, había algo que hacía falta a mi vida; la sensación de vacío era constante y poco a poco descubrí que deseaba establecerme, tener un lugar seguro, un lugar donde llegar y por la situación de mis padres sabía que eso no sería posible si seguía sus caminos. Así que opté por la educación, me gustaba ayudar, enseñar, compartir y entre todas las opciones encontré dos, pero como no era afecto a las ciencias médicas decidí por fin que mi amor por los números era mayor así que me convertí en un feliz especialista en el área de los números, las matemáticas y la física. Tal vez con suficiente optimismo lograría lo que muchos creían imposible, sembrar el amor por esa "monstruosa materia" en la mayoría de alumnos de la preparatoria. ¿Ya mencioné que soy muy entusiasta?, creo que ya lo hice.

Con una gran sonrisa dibujada en mi rostro y bajando las escaleras escuché aquellos ruidos tan familiares en la planta baja, llegue por fin al lugar donde no solo era el origen del peculiar ruido, sino también de un delicioso olor.

—Buenos días abuela—dije mientras me recargaba en el marco de la cocina. Era mi costumbre desde hace algunos días apreciar los detalles que de niño había pasado por alto y saborear cada instante como si fuera el último. El día de hoy llevaba puesta una armadura medieval cubriendo su menudo cuerpo.

—Hola tex—contesto ella con la misma gracia de siempre, acercándose a despeinar mi alborotado cabello con una mueca divertida. — ¡Oh! Tex, la señorita Eleonor le hubiera encantado desayunar, ¡Lástima que el presidente la llamo antes!

La abuela siempre mencionaba a una tal Eleonor y pese a que estaba acostumbrado ya a sus medias frases y desvaríos que no alcanzaba a entender, siempre me pregunté a quien se refería. Hubiera deseado en ese momento formular la pregunta y saciar mi curiosidad, más una tercera y conocida voz interrumpió.

—Buenos días hombre no tan pequeño— saludo mientras me observaba detenidamente —Te ves emocionado— agregó por fin después de tanto escudriño mientras sus pies y la rutina lo llevaban al desayunador

— ¡Buenos días!— exclamé con sentimientos mezclados, la felicidad me gobernaba pero había también cierta incertidumbre en mí, pese a tener siempre una respuesta certera del lado positivo del asunto —tienes razón abuelo, estoy muy emocionado ¡es mi primer día como maestro en la preparatoria!,

El desayuno desfiló frente a mis ojos, un alivio realmente que esta vez no hubiera ningún invento y que hoy fuera relativamente normal. Masticábamos nuestras comidas con tranquilidad, mientras la abuela cantaba canciones de conquista y blandía su espada de madera. Si, esa era una mañana normal.

— ¿Así que primer día eh?—dijo de pronto mi abuelo rasgando cual cuchillo el silencioso momento— creí que tardarías más en encontrar un empleo como titular—y añadiendo con un pizca de su habitual picardía, continuó— sabes eso me recuerda mis primeros años en la fábrica. Después de regresar de la guerra, una vez que vencí a los alemanes y fui declarado héroe nacional…

—Abuelo…—dije con voz cansada, con aquella voz que exigía de la manera más amable pero determinante que acabara con su perorata de ese día. No es como que no disfrutara de sus conversaciones, pero no me gustan las mentiras y tarde o temprano después de las palabras "eso me recuerda a" seguían una serie de situaciones de las cuales jamás sabía cuándo eran del todo cierto.

— Arnold no me interrumpas— respondió a la velocidad de mis pensamientos— en donde iba. ¡Ya recuerdo! Después de haber pateado el trasero de Hitler y salvado a la nación…

¡Lo sabía!. No compartía muchas de las mañas de mi abuelo, aun así no podía dejar de sonreír después que comenzaba; por supuesto que jamás era una sonrisa abierta, se manifestaba en una semi-sonrisa de lado mientras el no viera para para dejar en claro que pese a ser una historia inventada disfrutaba de su vivida imaginación. Y después de eso siempre la repetición, tal vez con un poco más de énfasis y seguiríamos con aquellas discusiones ya sabidas.

— ¡Abuelo!

—Arnold

— ¡Abuelo!

— Arnold

— ¡ABUELO!

La ruidosa carcajada se hizo escuchar por todo el lugar, no era de asombrarse que con su extraño humor mis mañanas siempre tuvieran unas cuantas burlas y consejos de no comer frambuesas (no pregunten), y como respuesta hice lo único que podía hacer en esos momentos, mirarle intentado trasmitirle mis deseos "compórtate", lo cual como siempre no dio resultado.

Escuche pasos en el piso superior, seguidos de gritos y discusiones de voces conocidas. Sí, esos eran los inquilinos y no tardarían en bajar. Por tanto quedarse un poco mas no era una opción "corre Arnold", aunque me apeteciera ver como terminaba todo tardaría por lo menos unas dos horas en concluir, seguramente el señor Kokoshka aparecería pronto y robaría el desayuno del abuelo y él lo perseguiría por toda la cocina, a lo que la abuela se colgaría de un ventilador o de las cortinas y se lanzaría encima aduciendo que venía de parte de la corona inglesa, mientras el señor Hyun diría que es un escándalo poniendo su mano en la frente dramatizando seguido por supuesto de la intervención del señor Pots aduciendo que se comportaba como nenita; las charlas matutinas, discusiones e historias tendrían que esperar. Ávidamente me levante de mi asiento y me despedí para después salir de ahí como si mi vida dependiera de ello. ¿Por qué? La respuesta es simple, mi vida sí dependía de ello. Alcance a escuchar que mi abuelo mandaba saludos a la damita rosa. ¡Que ocurrencia! ¿Eleonor? ¿Dama Rosa? Las mencionaban cada que tenían oportunidad y hasta ahora no entendía, algún día tendría que preguntarles. Pronto inventarían algún espíritu condenado y me mandarían a buscarlo así que era mejor estar prevenido. Como les decía, era una mañana "común y corriente".

Abrí la puerta principal, cerciorándome de dejar salir a todos los "inquilinos menores", si no lo hacía seguramente me tumbarían y ensuciarían mi vestimenta. Gatos, perros, mí preciado cerdito de nombre Abner, algunas gallinas y por último ¿Un pato? ¡Vaya! Seguramente nueva adquisición. "Un día de estos encuentro un asno o un caballo" pensé divertido, la vida en la casa de huéspedes era muy peculiar, aun así no la cambiaría por nada.

Tenía tiempo para llegar, así que podía seguir mi camino a pie o bien usar mi auto, lo medité un poco. No podía evitarlo, parte de mis vanidades y el orgullo de haberlo conseguido, un auto magnífico de medio uso pero casi nuevo y muy brillante producto de ahorro y trabajos de medio tiempo, en realidad quería usarlo, pero lo pensé mejor y me subí en mi vieja moto; siempre dispuesta, siempre confiable, a prueba de tráfico, consumo bajo de combustible y mucho más convencional. Busqué mi casco en la cochera y me lo puse, en pocos minutos ya estuve en mi nuevo lugar de trabajo (Parece trivial pero soy feliz de haber tomado aquella decisión en ese momento)

Y ahí estaba, frente a un nuevo reto con apenas 23 años y nula experiencia. Fue una gran sorpresa encontrar un puesto tan rápido. Poco o nada me importaba, solo sabía que daría lo mejor de mí. Y todo era cuestión de decisión y esfuerzo, sabía que me esperaba muchas aventuras, jamás pensé que en ese momento empezaría la más grande de todas.

Baje de mi motocicleta automáticamente, la institución educativa era bastante grande, deseé por un momento volver a mis quince y estudiar ahí, pasear por los corredores jugar baseball y compartir más con mis amigos, con Gerald, y volver al que en ese momento fue mi primer amor.

Iba perdido en mis pensamientos, situación que para ser sincero era común en mí. Caminaba y soñaba en aquellas pobres almas perdidas por aquel mundo de ignorancia y logaritmos incomprendidos y yo ayudándoles a sonreír mientras los resolvían, por supuesto en medio de una gran tormenta que amenazaba arrebatar hasta la vida misma, el conocimiento y su luz brillaba hasta que escuché una queja indignada. ¿Quién podía indignarse en el maravilloso mundo del conocimiento? Bien, la queja no era de mi "maravilloso mundo de ensueño" era uno de la vida real. Escuche el ¡Auch! , escuche un "¡diablos!" furibundo, Y el "¡fíjate por donde caminas perdedor!" que le siguió. Cuando baje mis rostro y me incliné hacia el caído o valga decir "atropellado" para ayudar me encontré con los ojos azules más centellantes, furiosos y expresivos que había visto en mi vida. En ese momento me di cuenta que no era un él sino un ella y realmente linda. Si lo pongo en retrospectiva creo que desde ese ya estaba perdido.

—Lo siento ¿Estás bien?— dije algo apenado. Le extendí mi mano para ayudarle a levantarse, pero ella cual si de un resorte se tratará brincó inmediatamente apretando los puños furiosa.

— ¡Criminal!—gritó y se fue caminando con paso firme y enojado. Furiosa era poco, era un volcán a punto de estallar. Aclaración: ese ya no era un día tan común.

Después del incidente me quité el casco, lo llevé en la mano, y seguí el camino que la rubia recorrió hasta la entrada del edificio. Tenía que ir directo a la oficina del director de la preparatoria y después comenzaría oficialmente mi carrera de docente. Recorrer aquellos pasillos con paso elegante era muy reconfortante, no muy lento por supuesto para no chocar con ningún estudiante, y no tan rápido como para perderme del ajetreo estudiantil del que pronto sería parte, como en los viejos tiempos. Pese a esto aún podía sumergirme en mis recuerdos, analizar y sobre todo convivir con aquellos seres de hormonas arrebatadas como suponía debían estar, sin dejar de lado el recuerdo de la beligerante rubia vestida de negro

No supe cuando ya estaba frente a la oficina del director Wartz. Los pasillos mostraban a los primeros madrugadores rondando, ora preparando algunos libros, ora leyendo, ora bromeando. Casilleros verde olivo algunos abiertos y otros cerrados, jóvenes y jovencitas de diversas culturas, dialectos, gustos, vestimentas y cualidades. Tanta variedad en lo que representaba aquella jungla de concreto. Definitivamente sería un año interesante.

Toque la puerta suavemente.

—Pase escuché una voz dentro de la oficina. Abrí la puerta despacio, pero cuando estuvo totalmente abierta quede sorprendido. No pude evitarlo, mis ojos se posaron sobre la figura que si bien había visto unos días antes ahora resultaba solo una burda caricatura, no sabía si compadecer a los alumnos o reírme con ellos, porque era muy seguro que se reirían de él todo el tiempo, aunque parecía no molestarle para mí era totalmente hilarante. ¿Desde cuándo tienes la oportunidad de ver a un hombre de edad avanzada, jugar con animales a que se comían los unos a los otros, y para rematar vestido de cantante ochentero con una mala imitación de peluquín? Ya podía agradecer al cielo haber nacido con una familia como la mía, tenía años de entrenamiento en situaciones absurdas, así que no sería difícil contenerme.

—Buenos días Director— saludé— vengo por…

—Si, sí… ya lo sé Profesor Shortman—dijo con gesto desinteresado— los horarios de esos vándalos los tienes el subdirector Simmons, la copia de su contrato está en esta carpeta. ¡Ah! Y le recuerdo que firmo por el siguiente año así que no puede renunciar, ahora si me disculpa tengo mucho que hacer. — exclamó indicándome la salida.

"Eso fue realmente extraño" pensé al tiempo que meditaba lo sucedido hasta ese momento. Unos días antes el director me entrevistó pero parecía más amable, por no decir desesperado para que aceptará, me ofrecieron un sueldo bastante bueno e incluso bonificaciones que excedían al presupuesto de la escuela, oficina propia laboratorio y hasta todo tipo de seguros, de accidente, de vida, de defunción, dental. ¿Desde cuándo implementaron laboratorios de matemáticas en las escuelas públicas?

No me costó mucho tiempo dar con la mencionada oficina, donde el susodicho (entiéndase Subdirector Simmons) me animaba repitiendo una y otra vez lo especiales que eran los estudiantes. "Creo que tiene alguna fijación con esa palabra". Entré por fin al salón de matemáticas, en realidad era grande como me ofrecieron y estaba muy bien equipado, cabe recalcar que al fondo una puerta café rezaba la leyenda "CS departamento de matemáticas. Algo más en la lista de situaciones absurdas y que yo no entendía, decidí ignorarlo.

Después del sobre análisis que hice y la decisión tomada me dirigí al fondo del salón e inspeccioné el lugar. No había una diferencia significativa en comparación a las oficinas comunes salvo algunos pequeños detalles. Un escritorio, muebles atestados de libros, una caja de seguridad y un botón de pánico, ventanas que no absorbían bien la luz por estar cubiertas con mallas de un acero bastante resistente. Miré atentamente cada lugar, lucía recién pintado, y todas eran nuevas adquisiciones. .

Las primeras clases pasaron normalmente, es decir; entre números y letras, numeradores y denominadores, ecuaciones e inecuaciones, lo normal para un profesor de matemáticas.

Hasta que llegó la hora de descanso y decidí salir al salón de maestros y conocer a mis colegas. Sus edades oscilaban entre la media y por jubilarse, yo era el más joven de todos.

Otro timbre de cambio de hora, el descanso había acabado y seguramente mis estudiantes se encontraban esperando, así que apresuré el paso, ansiaba llegar, escuchar los gritos, las negativas y de algunos pocos el entusiasmo

Conforme avanzaba sentí un aura extraña, el aire estaba enrarecido, como si se tratara de alguna advertencia, por algún motivo mis sentidos decían que huyera, que corriera lo más lejos que pudiera. Por supuesto que no les hice caso y asumí que eran nervios empezar con el primer grupo de tercer año así que solo tomé aire y entre al salón con decisión saludando alegremente

El viento azotaba con fuerza moviendo las copas de los árboles en los patios exteriores, su silbido penetro al aula, algunos pájaros cantaron, el pito de algunos autos y hasta los gritos de los niños jugando en el parque aledaño se escucharon pero en el aula reinaba un absoluto silencio.

Sus miradas parecían aburridas de esperar, cansadas, preocupadas y algunas ¿Siniestras? "cielos, no es lo que esperaba". Un escalofrío recorrió mi cuerpo, había escuchado algunos rumores de varios alumnos, uno me recomendó fuera tan confiado con el grupo del "demonio rosa" y hasta ahora una de las recomendaciones de Simmons se me vino a la mente al ver el casco de la motocicleta "Usted es especial profesor Shortman, veo que ya escucho alguno de los incidentes del año anterior y no creo que necesite protección, aunque un casco nunca está de más".

"¿Que están planeando chicos?" murmure con media sonrisa. Por alguna razón sentí que conocía a este grupo en particular, fue tiempo después que descubrí el porqué.

Mire a todos y cada uno de aquellos extravagantes chicos, todos estaban estáticos esperando algo en específico. Al fondo uno alto y delgado miraba extrañado a sus compañeros, a lado suyo uno más bajo, con un gorra vuelta hacia atrás y chaqueta negra esbozaba una mueca extraña, parecía nervioso y divertido. Uno más robusto sudaba a mares mientras me veía expectante, algunas filas más adelante divisé a una joven oriental con mirada penetrante parecía contener el aliento y a su lado uno chico de peinado hongo y cabello negro dibujaba una mueca sádica en su rostro. Varios alumnos más se ocultaban detrás de sus libros, y al frente, al lado izquierdo estaba ella, la rubia de espíritu combativo a la que tiré al suelo, sentada con sus brazos cruzados y sus ojos azules fijos en algún punto muerto a través del cristal de la ventana. Los minutos parecía horas, con tal tensión que podía cortar el aire, a excepción de una pelinegra del lado derecho que parecía totalmente despreocupada mientras limaba sus uñas descaradamente.

Tenía que pensar rápido, el silencio por lo general no es un buen presagio sobre todo cuando esta matizado con aires de terror y expectativa

Carraspeé un poco para aclarar mi garganta y de paso calmar mis nervios.

—Bien, al parecer tengo alumnos silenciosos, demasiado silenciosos. El sueño de todo profesor— exclamé tratando de bromear.

Aquel silencio absoluto no varió y tal vez fuera mi imaginación, algunos grillos chirriaron y una planta rodante cruzó en ese momento.

—Me encantaría conocerlos un poco más— insistí. La perseverancia siempre ha sido una de mis cualidades, eso y la paciencia que se requiere al tratar con todo tipo de problemas, así que el darme por vencido no era una de las opciones. Quería ser amigo de los alumnos, enseñarles a aprender por gusto y no por obligación, enseñarles que se puede disfrutar — Saben, es mi primer año como educador y no pensé encontrar un reto así chicos …

Silencio….

Y aunque aún no sé cómo interpretar su conducta— proseguí, como siempre negado a darme por vencido— Podría pensar cualquier cosa, como por ejemplo, creo que esperan entrar directamente en materia y comenzar con el emocionante mundo del algebra—dije con voz pausada y paseándose retadoramente entre las filas— creo que, no sé tal vez desean comenzar con la evaluación inicial, digo para entrar en calor. Al menos sería un silencio justificado…

No logré el efecto deseado, de hecho no logré ningún efecto. Solo aquellas miradas diversas y persistentes expresando todo un festín de emociones que se podían palpar, y que no prometían nada bueno.

—Bueno, supongo que eso es un sí— continué con mi explicación— ¿o me equivoco?

No sé cómo pasó, solo sé que ya estaba frente a la rubia y por alguna razón, ansiaba saber su respuesta, quería ver de cerca su reacción y quise con toda la intención provocarle, tenía la sensación que todo era cosa de ella. No me pregunten porque que ni yo lo sabía, fue algo que averigüé también con el tiempo. Coloque mi mano sobre su mesa y me agaché un poco para observarla. No estoy seguro si conseguí el efecto deseado puesto que aquella muchacha tenía la capacidad de cambiar tan rápido de sentimientos como lo hace un camaleón con sus colores. Eso no me lo esperaba, sin embargo no le di mucha importancia (la que debía), caminé hasta el escritorio y revisé mi portafolios, los ejercicios de evaluación estaban listos desde la semana anterior, pero no tenía copias para todos, si bien estaba seguro que con un poco de ingenio podría revivirlos (parecían estatuas); lo siguiente que pasó no lo tengo muy claro, mi mano en la manija de un cajón del escritorio, unas hojas vacías, la matriz del examen y una sensación viscosa sobre mí.

Craso error, el cajón activo algún mecanismo ingenioso que provoco se derramara sobre mí un líquido azul viscoso y pegajoso en la cabeza, al mismo tiempo que producto de la impresión, caí en mi asiento el cual se desarmó al contacto

Las carcajadas retumbaron por todo el lugar, no solo sentía aquella viscosidad en mi terno, la sentía en el alma. Mi dignidad había sido manchada.


NOTAS DE LA AUTORA:

Si bien este capítulo suena a un dia normal en la vida de Arnold según la serie es la perspectiva segun yo me imagino el vive todo el tiempo, tratando de plasmar según sus ojos lo que ve y lo que vive a medida que introduce los tips para notar las similitudes y los grandes contrastes de la historia original de Craig Barlet y mi historia- Cualquier sugerencia es aceptada