EL SECRETO DEL MOÑO ROSA

EL DEMONIO ROSA

Cayó la noche en Hillwood, con los estudiantes en sus respectivas casas, el sol poniéndose en el horizonte y un grupo de incomodos curiosos escuchando mis quejas. No es posible saber a ciencia cierta que expresión tenía ese a quién llamo mi amigo al otro lado del teléfono, mientras el peculiar auditorio en la sala disimulaba muy mal su intromisión en mi vida. De lo que pueden estar seguros es de las carcajadas que se escuchaban fuertes y claras, de tal modo que no solo lastimaban mis oídos a tal punto de tener que alejar el auricular a una distancia prudente, parecerá exagerado, pero creo que todo Hillwood lo escuchó. En ese momento ya me arrepentía de haberlo llamado.

— ¡No es gracioso Gerald!—le dije pidiendo al cielo paciencia

— Lo siento viejo, es que es… disculpa, ¡Dame un minuto!

Si, así era Gerald, el mismo con el que compartí desde el kínder hasta cuando deje mi querida ciudad, siempre tomando las cosas sin darle la importancia que merecían, fresco sociable y hasta cierto punto popular en los círculos que cualquier hombre desearía, si entienden bien a que me refiero. Él no se imaginaba que esa llamada y los días que le siguieron cambiarían no solo mi vida, por alguna cadena inexplicable de acontecimientos también cambiaría la suya en el proceso.

— ¿Sabes qué? ¡Hablaremos otro día, así que cuídate. Y ¡Deja de reírte Gerald!

Colgué sin esperar respuesta. Suspiré cansado dispuesto a subir a mi habitación, cuando me percaté de los ocho pares de ojos que aún se posaban curiosos en mí; esperando respuestas, adivinándolas o solo imaginando y no quiero ni pensar en que se imaginaban puesto que sonreían de manera burlona. Regrese a verlos con toda la indignación que pude gritando en silencio "vuelvan a sus asuntos" por no decir "¡lo que a mí me pase no les importa!", esa mirada la había practicado durante años, surtía el efecto necesario y ahora salía natural y sin esfuerzos, esta vez fue total y definitivamente premeditada y aun así no funcionó, ni modo, supuse que no había practicado lo suficiente.

Me despedí con la mano y subí con pesadez ante las miradas atónitas de los curiosos, incluidos el cerdo y un gato negro que al parecer percibían la situación.

A unos cuantos suspiros añádanles resoplidos, bufidos y maldiciones inconscientes y era la justa receta para dormir. Claro, después de pasar un buen rato quitándome aquel residuo asqueroso del que estaba seguro no quería enterarme cuál era su composición.

Un golpe seco se escuchó en mi puerta. Tendido boca arriba con una almohada encima de mi rostro murmuraba sin ningún ánimo de entablar un intercambio verbal con algún otro ser humano.

—Hola chaparrito, ¿Cómo te sientes?—preguntó tranquilamente mi abuelo, sentándose a lado y extendiéndome unas galletas y un vaso de leche.

—Terrible abuelo—contesté con voz lastimera— Se que no soy un santo, pero no recuerdo haber hecho algo parecido mientras estaba en preparatoria.

—Je je je—sonrió de esa manera que conocía muy bien, y por ese motivo me senté y lo miré de forma reprochadora—Bueno hombre no tan pequeño, tienes que reconocer que el azul te queda muy bien

— ¡Abuelo!—reclamé. No tenía ánimos para sus juegos y adivinanzas, su sabiduría senil y mucho menos para su sarcasmo y doble sentido, algo que según pasaba el tiempo perfeccionaba para mi malestar.

—No te digo que te resignes Arnold, ¡hay estos chicos! Creo que tendrás mucho trabajo el día de los inocentes…

—¡Abuelo!—volví a reclamar—no estoy de humor para esto.

—Te entiendo—dijo con seriedad— cuéntame todo, porque la verdad no escuche muy bien tu conversación y…

— ¡ABUELO!

—Bueno, bueno no es para tanto— y volvió reír con todas las ganas— Ahora si dime.

Parecía dispuesto a escuchar, sin ningún agregado extra y con la paciencia y serenidad que el tiempo otorga a sus sabios años. Un poco más relajado le relaté las peripecias que sufrí durante el día; no omití ningún detalle, me desahogué y de alguna manera libre todas mis frustraciones, incluyendo el papel que alguien me había puesto en la espalda con un dibujo de un balón de futbol americano, un apodo conocido por mí pero que estaba seguro no había escuchado en años.

Por otro lado mi abuelo contenía la risa, lloraba pateaba y se cubría la boca pero no lo conseguía. La escena era tan cómica que hasta yo comenzaba a reírme. Era demasiado vergonzoso.

—Así que Sr. ¿Cabeza de Balón?, aunque el dibujo es muy bueno ¿eh?— y me codeo repetidas veces, parecía burlarse— ¡y además eres despistado! Solo viendo esto entiendo, tiene su firma por todos lados. Ja ja ja.

— ¿A que te refieres?—pregunte ahora más intrigado que molesto— ¿acaso sabes quién está detrás de todo?

Y por supuesto que lo sabía, él lo supo desde el principio. Aunque en ese momento no me dio ninguna pista me dijo que debería dejar de ser tan despistado y sobre todo que siguiera mi corazón. Un comentario que si bien no lo entendí en ese momento llegaría a mi mente en el momento preciso.

Los días pasaron, demasiado lento para mi gusto. Y entre bromas, bolas de papel y silencio persistente el ambiente era cada vez peor; El director Wartz no le dio mucha importancia, dijo que era cuestión de tiempo para que se rindieran y que no me preocupara porque no era algo contra mí y aunque no me explicó nada más me dio a entender que si no ocurría ese cambio dentro de la fecha límite procedería a manchar sus expedientes y así se calmarían. ¿Manchar sus expedientes? ¡Eso es terrible! ¡No!, ¡No podía dejarlo así, la situación era alarmante! Sin importar todas sus bromas y su insistente indiferencia, junto con todos los exámenes reprobados en la primera evaluación, bueno sin importar que hicieran no lo iba a permitir. No creía que lo que hacían lo hacían solo porque sí; estaba seguro que ahí había algo más, así que le pregunté al subdirector Simmons. Su palidez y su forma de cambiar de tema me dejaron más intrigado. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya, no me daría por vencido, ¡hacer algo es mejor que no hacer nada!

Mi vista se perdía en los colores, el naranja y rojo se fusionaban en el horizonte, mientras el celeste se transformaba en índigo con el paso de los minutos. El atardecer daba paso a la noche, llena de luces y con la reina de los astros brillando con esplendor.

Me gustaba siempre soñar, veía a través del tragaluz y mi mente volaba. Parecía sentir lo que pasaba con mis alumnos, estaba seguro que en algún lugar una joven observaba la luna mientras escribía a vuela pluma en su cuaderno rosa, no muy lejos de ahí otra pasearía sus dedos con velocidad inaudita sobre las teclas, sin despegar sus ojos de la pantalla y sus miles de pixeles. En algún otro lugar aquel joven alto y sus amigos terminarían un juego de baseball, mientras otro reía estruendosamente para mortificación de muchos y alguien más escaparía asustada. En muchos lugares barrerían, en otros reirían, en otros solo mirarían; la indolencia a flor de piel ante el sufrimiento de otros seres, alguien lloraría y otro gritaría, alguien tendría hambre y otros (como yo) estarían en un laberinto con sus neuronas trabajando por mil.

— ¿Y bien?—pregunté una vez mas

— ¿Y bien que Arni?—respondió exasperado—que esperas que diga viejo. No es tu culpa lo que está pasando, ¡solo déjalo y ya!

No lo dejaría, eso era seguro ¿Olvidarlo? Era una injusticia en distintos niveles, lo único que querían era ser escuchados— ¡No Gerald!—respondí con seguridad— Son mis estudiantes y no los abandonaré, llegaré al fondo de esto con o sin tu ayuda. Aunque será más fácil si tú me ayudas. ¿Qué dices, otra aventura?

Resopló cansado, sus ojos cafés sostuvieron mi mirada por largo rato, los papeles esparcidos en el escritorio, los informes y las fichas en el piso y por supuesto la determinación que requería la situación, por algo decía que cuando yo quería algo lograba ser muy denso, así que se dio por vencido y contestó de mala gana,

—Está bien viejo, solo deja de verme así ¡Das miedo!—exclamó con resignación— pero te advierto que solo tengo quince días, de ahí tengo que volver a Quántico y lo sabes.

—Quince días son suficientes Gerald, ¡sé que lo lograremos!

—Bueno soñador, ¡lo que tu digas!—dijo divertido— entonces repasemos; Todo se remonta al año pasado, con su antiguo profesor de matemáticas… Según estos informes fue despedido por soborno ¿Correcto?

—Eso es lo que dicen, pero no estoy tan seguro de eso—respondí mientras comenzaba a dar vueltas en la habitación— dicen que dos estudiantes, de último año de preparatoria lo acusaron de chantaje y tenían una grabación en la que el aceptaba dinero; pero hay algo muy raro, el video no tiene audio y el profesor parece decir algo, después el video se detiene… No lo sé, es muy sospechoso, si él fuera un profesor corrupto ¿No habría rumores de eso? Hasta donde averigüé, Willows tenía una conducta intachable, era querido por sus estudiantes a pesar de dar matemáticas. ¿Por qué ese grupo en especial lo defendería hasta el punto de arriesgar sus propios futuros? ¡No lo entiendo Gerald!

—Cierto cierto…

—Aunque también dice que un grupo de estudiantes del mismo año de los acusadores corroboró todo… Es muy raro, desde ese momento los alumnos de primero y segundo de ese año boicoteaban a todos los profesores que llegaban a reemplazarlo en señal de protesta, hasta que Wartz los amenazo y la mayoría se resignó, a excepción del grupo en el que está Helga.

— ¿Así que Pataki eh?—preguntó con media sonrisa— ¿hablas de la misma Pataki que te ponía chicles en el asiento, la que te llamaba cabeza de balón, zopenco, mequetrefe, cabeza de chorlito, pelmazo, cerebro de mosca, camarón con pelos y se las arreglaba para torturarte todos los días desde que te conoció?

Tenía mejor memoria que la mía, eso era definitivo; recordaba cada detalle de la pequeña Helga Pataki, la misma que vestía de rosa y hasta sus diez años fue mi pesadilla particular. Tiempo atrás y por azares del destino la conocí una mañana de invierno en la que iba tranquilamente a la pública 118 y tenía la esperanza de ver a alguien en particular. Mis recuerdos son bastante claros, caminaba triste porque no logre ver a la chica que me gustaba-gustaba en ese entonces, sin embargo encontré a una pequeña desamparada y empapada; su mirada azulada y transparente anunciaba lágrimas aún antes de que se hicieran visibles. Extendí mi paraguas, quería protegerla; de algún modo pensé que de ser mi familia la cuidaría sin importar lo que pasará, si hubieran estado mis padres en ese momento lo hubieran hecho.

Los días transcurrieron y la volví a ver en casa de una compañera con la que compartía salón. Su mirada brillante e intacta, sus ojos azules e ingenua inocencia me conmovieron, sobre todo porque parecía verme con verdadera adoración. La vi crecer indefensa y tan vulnerable que procuré cuidarla. La cuidé como si fuera mi hermana, aunque un día simplemente cambió su actitud y comenzó a rechazar mi ayuda por lo que dejé de ser tan obvio y procuré estar a su lado aún desde lejos, hasta ese día.

No pude evitarlo, no quise evitarlo. Sonreí ante el recuerdo, la pequeña mostraba insistentemente que era la más ruda y fuerte, pero la conocía y ella lo sabía, solo se defendía aunque aun no entiendo de qué, si siempre fue una buena persona.

No tenía caso, mi mejor amigo miraba solo la superficie. Tal vez quería cuidar mis intereses y reaccionó como lo haría un hermano.

El tiempo no perdona, lo viví en carne propia. Amaneceres y atardeceres pasaban rápidamente en Hillwood y un día estaba en mi habitación al siguiente no estaba seguro el lugar puesto que aquel espacio vacío, la nada o el todo donde se puede ver lo que los demás no ven, o simplemente perderse en un pensamiento que fluye como agua y se escurre entre los dedos estaba presente. Resulta difícil leer entre líneas, sobre todo cuando no estás acostumbrado a hacerlo, tus ojos te engañan, tu cuerpo vacila más tu corazón sabe a dónde ir, y es por eso que grita desde lo más recóndito para exigir su ansiada libertad,

—Arnold… ¡Oye Arnold!— escuché el grito desesperado de Gerald

Fue un golpe directo, una caída estrepitosa y cruel regreso a la realidad. Al parecer estaba sentado frente a mi escritorio en clases; no supe el momento en el que compré el boleto a la tierra de los recuerdos, perdiéndome totalmente en uno de ellos.

— Reacciona viejo ¿Qué te pasa?—me recriminó— estás distraído, como de costumbre pero esta vez sí que te fuiste hermano ¿Dónde andabas?

—Luego te cuento Gerald

No iba a decírselo, lo conocía muy bien y sabía lo que me diría, o cuanto se reiría. Esta conversación quedaría para una próxima ocasión

— ¿Seguro?

—Pues no tanto.

Rodo los ojos, de cuando en cuando lograba exasperarlo, por eso me tildaba de soñador, terco, empedernido y como si fuera poco seguidor de causas imposibles.

— ¿Supongo que tiene que ver con Pataki no? digo yo porque te quedaste en su expediente más de diez minutos, y mira que no es el único que tienes que leer. — Exclamó señalándome la pila de documentos a un lado— Tienes suerte de que hoy no haya broma porque se fugaron todos, a menos que quieras perseguirlos por todo el campus para dar tu clase, pero creo que incluso para ti sería demasiado.

La alusión que hizo me incomodó un poco. Bien ¡lo admito! Me incomodó mucho ¿¡Incluso para mí!? ¿Tenía algún problema de que me preocupará por ellos? ¿Era mi idea insinuaba que yo era exagerado? ¿Y que había con la broma? Olvidaba que mi resistencia hasta ese punto eran semanas de bromas, ¡obvio no son cualquier cosa!

— ¿Que estas insinuando?—le recriminé

— ¡Ejem! Olvídalo Arni— contestó, pero noté su nerviosismo— ¿Por qué no seguimos con esto? ¿Sí?

Una de las ventajas de ser un Shortman consiste en ganar paciencia, toneladas de paciencia, talento que me permite dejar pasar muchas situaciones. Así que decidí concentrarme en mi trabajo.

El marcador rojo trazó un claro camino en la pizarra portátil, flechas, deducciones y algunos números acompañaban a fotografías. Las luces bajas daban al lugar un aspecto serio, cual si fuera un salón de interrogatorio, o una de esas viejas oficinas de detectives, claro sin el detective y en lugar de él un joven moreno con peinado afro y largas piernas recargadas sobre mi escritorio.

Sus ojos se pasearon por los trazos realizados con verdadera veneración, la cual solo entendí hasta que comentó alzando el pulgar —Vaya Arni, deberías trabajar conmigo ¡Ese cuadro es bueno!

Las evidencias, lo que era o lo que queríamos ver se deslizaba sutilmente entre cada neurona, procesándose a la velocidad de un pensamiento. Suponiendo que cada detalle era una pista o mera coincidencia. Sí, suponiendo que había un complot detrás de todo, que las injusticias tenían una razón de ser o solo eran mentiras exacerbadas, suponiendo que todo tenía un punto lógico entrelazábamos la siguiente suposición, que la injusticia tiene como consecuencia la legendaria furia Pataki en su esplendor, cuya mente maestra emergía como perpetradora de aquel boicot, suponiendo que sus aliados eran unos cuantos y el resto solo estaba sometido, suponiendo que, y nada sabíamos de la verdad.

Era complicado, harto, confuso. Tardaría más tiempo del planeado y pese a que sabía que era lo correcto sospechaba que había algo que estaba escapando de mis manos, no le di importancia pues ya tendría tiempo suficiente de averiguarlo, ahora me doy cuenta que hay muchas cosas que no veo o que no quiero ver solo por eso, porque no quiero. Las cosas hubiesen resultado más fáciles de haberme dado cuenta, hubiera sufrido un poco menos. Son muchos "si tan solo" que mueren en mis labios, pero vivir en el pasado no sirve y todo lo que tengo en este momento es el futuro y la decisión de lo que quiero hacer, no será fácil, pero por ella todo vale la pena.

Aquella tarde salimos de la prepa con un plan establecido; no sería fácil, sin embargo era lo que tenía que hacer y no descansaría hasta conseguirlo. Gerald me miraba incrédulo, me dio dos semanas antes de que me diera por vencido. Eso me molestó mucho, es mi amigo pero a veces pienso que se burla de mí, por eso mismo decidí comenzar en ese instante, dado que la oportunidad se me presentaba y no la desaprovecharía ¿Qué podía perder? ¡Nada! Después de todo solo tenía que demostrarles que estoy tan desacuerdo con aquellas injusticias como ellos; tan simple y tan complejo a la vez. Acercarse cuando no te quieren cerca ¡Cielos! Si debo estar un poco loco, pero no importa me acercaría sin acercarme, solo tenía que probar e intentarlo y por casualidad vi como tres de mis estudiantes salían del establecimiento.

Lo que se me ocurrió fue seguirlas ante la mirada divertida de Gerald quién no paraba de decir que estar conmigo en ocasiones como esas era más divertido que pertenecer al FBI, había más acción y el enemigo era diez veces más temible, y por enemigo señalaba a Helga y su caminar enfadado.

Llegamos como pudimos, nos escabullimos y nos escondimos cerca. Mi curiosidad fue muy grande en ese momento. Los minutos pasaron lentos, parecerían horas sin embargo el sol seguía en el cielo, muriendo poco a poco en el horizonte.

Trate de calmarlo para que sus no tan discretas carcajadas nos delataran, ellos se notaban bastante molestos por el cambio de planes mientras mi compañero en ese momento tenía su estómago por la situación que según él era bastante cómica, aunque yo no le encontrara gracia; es más, me daba curiosidad el saber porque el cambio repentino, no parecían un grupo que se amedrentara por nada. Eso fue hasta que uno de ellos sugirió que todo era porque Helga estaba enamorada de mí ¿pueden creerlo? ¡De mí!, me pareció gracioso en ese entonces y me costó el contener mi risa; pero como les dije, solo fue momentáneo.

Escalofríos, una corriente helada recorriendo mi espina, filtrándose por cada vértebra, calando cada fibra de mi ser, sospecho que no fui el único que se sintió así, bastaba ver las expresiones del grupo reunido, no se definían totalmente, pero oscilaban entre el pavor, la sorpresa, la rabia o el terror puro pues eso era lo único que podía causar la risa estrepitosa de aquel muchacho. Repentina, estridente con un toque de bruja de cuento; de esa manera, sus tonos altos y graves se mezclaron con los ruidos propios del atardecer, de los autos, del parque y de algunos animalillos que corrieron asustados, esperando que su propia locura satisficiera sus bajos instintos, o simplemente fuera cayada por otra voz aún más aterradora que la anterior.

— ¿Disculpa?

Para bien o para mal fue la segunda opción; disculpa y enmudecieron, disculpa y reinó el silencio y no era un silencio incomodo, era uno aterrador, uno que anuncia la llegada de un asesino o un psicópata dispuesto a arrancarte el corazón, es el silencio que precede a la tormenta, es el silencio que dice "aquí esta Helga Pataki, cállense o ardan en el infierno"

Ahogue un suspiro, la mascarada surgió una vez más y con mucha fuerza. Escuche un gemido que se perdió entre los murmullos, se mordieron los labios, se contuvieron de gritar, sudaron frio y esperaron a que algún enviado del cielo se apiade de ellos.

— Oye Helga ¡lo siento!, ¡sabes que no hablaba en serio! —exclamó retrocediendo unos pasos

—Curly… Curly… Curly— respondió negando con la cabeza— ¿Sabes? Creo que me he ablandado un poco con los años ¿no crees? Tal vez la vieja betsy este fuera de forma y no se ¡Necesite un rostro donde estrellarse!

Dio algunos pasos para acercarse, su dedo índice ahora rígido como el cañón de un arma tocó el torso de su interlocutor intermitentemente. La malicia propia de una amenaza brillaba en sus ojos, mientras los espectadores temblaban esperando lo peor; sus hombros se tensaron, apretó su puño a medida que pronunciaba cada palabra, dispuesta a lanzarse y acabar con su presa.

— ¡Y esto va para todos ustedes zopencos!—agregó dirigiendo miradas asesinas al resto— que nadie se atreva a insinuarlo ¡jamás!, yo tengo mis razones así que las cosas se harán como yo las digo, y por si les queda alguna duda sepan que Helga G Pataki no está para esas cursilerías. ¿¡Entendieron!?

Vi asentir a la mayoría. las risas murieron ahí, el tema murió ahí, claro está que era el tema o alguno de ellos y por eso todos prefirieron callar aunque para toda regla hay una excepción y la excepción en este caso eran dos muchachas de su misma edad, sus amigas y confidentes Phoebe Heyerdal y Lila Sawyer, quienes observaban en silencio la escena lanzado miradas inquisidoras. Sabían su secreto, un secreto que no revelaría ni aunque la torturaran, uno que llevaba guardado durante años y que ellas solo intuían; sí, un pequeño detalle del que nadie se ha percatado pero que marca una gran diferencia, que dice el porqué, que aclara los cuándo y arrasa con toda duda.

Como sea, lo importante es que ya no me harían la vida imposible, no más bromas, no más silencio, no más reprobados, era como estar en el cielo pero ¿si yo ya no era el objetivo, entonces quién? Si la curiosidad mató al gato entonces considérenme muerto, pues mis planes de acercamiento seguían en pie, aún tenía que saber y sobre todo aún tenía que evitar que se metieran en un problema mayor. Lo escuchamos todo y muy a pesar de la negativa de Gerald quién me decía que ya estaba resuelto y que lo dejara pasar, no le hice caso y pese a que escuche un "lo que tú digas" bastante aburrido las seguimos.


NOTAS DE LA AUTORA:

Me di cuenta re-leyendo este capítulo que hubo una falla en el cambio de escenario, se añadio la corrección y publique con una peque acotación y el pedido de reviews tomatazos y sugerencias para continuar esta historia.

Ya saben que los reviews alimentan a los escritores.

Besos!