EL SECRETO DEL MOÑO ROSA

RECUERDOS

Llevo mucho preguntándome como logra hacerlo, los años y el conocimiento me dice que es cuestión de la persona, a veces ignoramos o solo fingimos ignorar por bienestar mental. Lo que si quedaba claro era que la rubia a la que seguía en ese momento siempre fue una maestra del engaño, y tenía la capacidad de simular o fingir no sentir algo. Somos pocos los que conocemos sus caretas y hasta ese momento ella todavía lograba engañarme; pero no podía esconderse de Phoebe que la conocía por años, Phoebe y sus ojos marrones enmarcados por largas pestañas con ciertos rasgos orientales, con su boca pequeña cuya mueca en ese momento se volvió una media sonrisa cómplice, Phoebe y su cabello largo bailando en el viento le daba siempre ese aire de saber lo que el resto no sabía, lo que yo no sabía. Hablar sin hablar, leer intenciones, gestos, muecas, ademanes, eso te hace la mejor amiga de Helga Pataki, saber que entre líneas siempre hay algo, que todo lo piensa fríamente, que todo lo mide de alguna manera, que si falla improvisa y que en lo único que es mejor es ocultando a la verdadera Helga dentro de sí misma.

El camino era largo y daba un trecho considerable por recorrer a pie cuando se iban a sus hogares, algo que por cierto disfrutaba. Caminar, caminar y caminar, caminar por la autopista, llegar al parque, atravesarlo y por fin decir buenas noches y poner una pausa, las maquinaciones podrían esperar al día siguiente, o al menos eso pensé hasta que escuchamos un semi-grito angustiado:

— ¿estás segura de esto Helga? Este plan es más arriesgado que el anterior, si nos descubren tendremos demasiados problemas sin mencionar que podrían expulsarnos

—Lo sé Phoebs

— ¿Aún quieres cambiar de objetivo?

—Sí

— ¿Por qué lo haces?

—Eso no importa

La conversación cada vez nos interesaba más. Fue tarde para todo, para correr, para esconderse, para pensar o maquinar una excusa medianamente creíble que explicara porque estábamos detrás de ellas. Las circunstancias (lo admito, un pequeño descuido) nos pusieron frente a frente, cuando se dieron la vuelta.

— ¿Arnold?

Solo dijo mi nombre, sin embargo sonaba aterrada. Carraspeé un poco para aclarar mi garganta, suplicando mentalmente al cielo que a Gerald se le encendieran las neuronas y cerrará la boca antes de tragarse una mosca.

—Buenas noches señorita Pataki, señorita Heyerdal. — exclamé cabeceando en señal de saludo, y dándole disimuladamente un codazo en las costillas a mi "mudo acompañante"— Él es mi amigo, Gerald Johansen

— ¡AUCH! Digo… Ah sí… ¡Buenas noches chicas!—intento seguirme la corriente sonriendo nerviosamente—que grata coincidencia encontrarlas por aquí, este digo— y no supo cómo continuar, era extraño verle en ese estado de nerviosismo y su mirada gritando "ayúdame Arnold"

—Buenas noches— respondieron ellas al unísono

El escrutinio al que nos sometieron fue implacable. Si las miradas mataran, si desnudaran, si exigieran hablar ¡Esperen, un momento! ¡Sus miradas si lo hacían!

Phoebe por su parte con ese aire majestuoso, siempre sereno y mirada penetrante parecía tratar de adivinar lo que pensábamos, como si con cada movimiento o gesto nos declaráramos culpables, desvié mi mirada hacia Helga y lo que vi me dejo perplejo; no era rabia o ira ni sentimiento que se le parezca, esa mirada era de terror, de miedo absoluto como si guardará un secreto que estuviera a punto de ser descubierto, sonreí complacido. Se siente bien el saber que algo asusta a la temeraria Pataki; claro está, solo se manifestó durante poco tiempo antes de tornarse audaz y maliciosa, creo que no le gusto lo que descubrí.

El silencio es incómodo en ciertas ocasiones y esa era una de esas ocasiones. Que canten grillos, que ululen los búhos, que ladren los perros, ¡Lo que sea!, todo era mejor que ese silencio que congela los segundos, que torna los minutos en horas y las horas en eternidades.

— Es muy peligroso caminar por el parque a estas horas ¡permítanos acompañarlas, bellas señoritas!— escuché decir a Gerald mientras extendía el brazo a la pequeña oriental.

—Gracias—contestó ella inexpresiva tomando el brazo que le ofreció—aunque estadísticamente hablando, esta hora es perfecta para caminar en el parque aquí en Hillwood, aún no obscurece y la gente regresa a sus hogares por eso es menos probable encontrarnos en una situación no deseada.

—Tienes razón muñeca, ¿aunque siempre es agradable caminar acompañado no crees?— contestó guiñándole un ojo

—Es agradable, siempre que no llames muñeca a la persona que te acompaña—reiteró serena

—Entendido señorita Heyerdal

—Phoebe está bien

—por supuesto, Phoebe es un lindo nombre…

Fue una cadena de sucesos que no logré entender, entonces me limitaré solo a contarlos. Un momento el silencio era tan incómodo como podría llegar a ser un golpe en el estómago y al siguiente nuestros acompañantes entablaban una conversación fluida y como si se conocieran de toda la vida: "Es un lindo nombre" escuche que decía con seguridad y galantería, luego dio algunos pasos alejándose de nosotros. Los perdimos en una de las siguientes bifurcaciones. Habían caminado suficiente y es un lindo nombre es lo último que escuchamos de sus bocas.

Un sonido molesto y repetitivo me saco del asombro "¿Que había pasado?", y mi mente no lograba reaccionar, el repiqueteo se hizo más insistente. Helga regresó a la realidad primero, buscando el molesto aparato en su desgastada mochila, para luego hurgar en sus bolsillos y finalmente encontrarlo en su chamarra.

La brillante pantalla mostraba un mensaje, pocas palabras, algunos signos y nada que yo pudiese distinguir. "Algo anda mal" pensé en ese momento.

Las expresiones en su rostro fueron todo un festival, tics nerviosos risas mal contenidas, luego macabras, sus manos temblorosas se transformaban y evolucionaban a martillos duros dispuestos a atacar, oprimiendo siempre los puños con furia y desesperación apretujando sin piedad ¡Pobre aparato!

— ¿Estas bien?— pregunté tratando de adivinar qué había pasado

Caminamos un rato y ella persistía en su silencio, pasaba el tiempo y la luna brillaba en su esplendor sobre el lago, en aquel tramo del camino se apreciaban algunos árboles y pocas personas, no presté mucha atención a lo que había porque creí más importante descubrir el motivo de aquel acceso homicida. El aire fresco rosaba sus cabellos alborotándolos y descubriendo de cuando en cuando su frente, sus mejillas se notaban pálidas y pese a que aún tenía una marcada mueca de fastidio parecía haberse tranquilizado.

— ¿Y entonces?— me anime a preguntar

— ¿y entonces que, melenudo?—carraspeó un poco antes de continuar— lo de siempre, ya sabes… un poco de letras, puntos, algunos signos y es todo, ¡no seas pesado, Arnoldo!

Cuando escuche su respuesta me sentí mejor, uno de los tantos sobrenombres que me ponía cuando era apenas una pequeña de mayor estatura al promedio de niñas de su edad y con un carácter bastante peculiar. Haciendo una retrospectiva algunos años atrás había tomado una decisión, yo la cuidaría; por supuesto que no fue una decisión inmediata. Verán, frecuentaba mucho su hogar por algunas razones y la principal era que Olga (su hermana) me gustaba; delicada, siempre agraciada y poseedora de un optimismo desmedido, solo superado por su talento natural para hacerlo todo, vivir parecía fácil a su lado y era casi inevitable fijarse en ella. Según Gerald yo bien podía ser calificado de Romeo por la cantidad de conflictos amorosos que tenía pese a mi corta edad (en ese entonces nueve años), me gustó Ruth, me gustó una maestra que tuvimos y después fue Olga, siempre fueron amores fugaces, solo ilusiones que mi enamoradizo corazón construía según el tiempo.

Lo recuerdo bien, Ruth era agraciada y tenía cabello y belleza deslumbrante; cuando la miraba daba la impresión de que el sol brillaba detrás de su figura y que la iluminaba solo a ella, eso fue hasta que por alguna razón descubrí que era bastante superficial. Con mi maestra fue distinto, hubo una confusión y luego solo me deje cautivar por su forma de tratarme, eso termino cuando supe que su prometido se llamaba igual que yo y esa era la razón de su trato particular, reconozco que me decepcione pero no fue tan duro. Con Olga creo que fue la convivencia, realmente era fácil conversar con ella y estar con ella así que me gustaba, no lo suficiente como para pedirle que fuera mi novia, y no poco como para no desear que fuera mi amiga. Mi vida era monótona, común y corriente. Iba y venía con ella y con Gerald, trabajábamos en su casa y visitaba la nuestra, era lo habitual. Un grupo bastante aburrido, si me pongo a pensar bien, y no me acercaba mucho a su pequeña hermana a la que si bien ayude una vez no pensaba prestarle mucha atención por tristes experiencias, como la que tuve con la hermanita de Gerald y su enamoramiento. Los días transcurrieron rápidos, pasamos a quinto y luego a sexto y siempre veía a la pequeña Helga cerca de mi casa, observando y luego irse, corriendo lo más rápido que sus piernas le daban.

El tiempo es un sabio maestro y fue gracias al tiempo y a la familia poco usual de Olga que aprendí a observar mejor, mi compañera era tan buena en todo que representaba el orgullo Pataki a tal punto que Helga quedaba de lado, llegaba con moretones y el vestido rasgado a veces, no tenía muchos amigos por lo tímida que era y parecía tener siempre ganas de llorar, aunque algunas tardes cuando jugábamos juntos y le hablaba parecía verdaderamente feliz. Mi falta de padres siempre me hizo pensar en lo agradecido que estaría a la vida de tener un hermano o hermana, y al ver su situación trate de hacer que Olga también se percatara de ello; intentó acercarse muchas veces pero la pequeña parecía odiarle porque toda su dulzura desaparecía cuando esta se le acercaba. Me prometí cuidarla y en ese momento hice lo único que pude hacer, prestarle atención. Creo que funcionó porque cuando la veía se mostraba tierna y cariñosa, algunas veces recitaba estribillos y cuando aprendió a escribir le compré un pequeño diario rosa del que nunca se apartó, era adorable.

No la visitaba muy seguido, pero de alguna manera la veía todos los días, cuando jugábamos o cuando iba a cursos de piano o a eventos extracurriculares. Un día como cualquier otro paseábamos por el parque, ahí estaba ella con un grupo, jugaba con una pequeña de cabello negro y aunque parecían asustadas se notaba que eran amigas. Me sentí feliz por ella, porque al fin la veía que ser relacionaba con alguien aparte de mí.

Las observamos un rato jugar, esa fe infantil e inocencia cautivaban a cualquier observador; es triste saber que momentos que disfrutas no son eternos, lo entendí cuando un niño gordo y grande las empujó, Olga se disgustó mucho y a Gerald también se le veía fastidiado. Entendí muy bien por qué, tenía a su hermana y pese a todo ella era intocable. Me adelanté con mi helado y el que instantes antes me dio Olga y se los di para que estuvieran tranquilas, ambas sonrieron. Nos alejamos poco a poco ya más relajados y Olga prometió volver después un rato para llevarse a la pequeña a casa. Así lo hicimos y cuando regresábamos vimos algo que no esperábamos ver, la dulce niña que yo conocía ya no estaba y en su lugar había un furioso valga decir "engendro" golpeando al niño que les había agredido hace unos instantes. Desde ese momento ella siempre se muestra arrogante, combativa y sobre todo dispuesta a defenderse de todo y de todos, conmigo era peor y hasta llegue a pensar que también me odiaba, eso me entristeció de ahí en adelante procuré no incomodarla, aunque su costumbre de estar frente a mi casa no menguó y tampoco aquella de contarme todo lo que le sucedía, claro ahora sin mencionar mi nombre sino llamándome mequetrefe o cosas así aun cuando solo éramos los dos, y si bien yo sabía cómo era realmente y no entendía su cambio de actitud esperaba que algún día volviera a ser tal como era antes, poco a poco me di cuenta de lo lista y madura que demostraba ser así que empecé a contarle lo que me sucedía. Fuimos amigos hasta que tuve que dejar Hillwood.

A su lado nada era fácil, la vi crecer desde que tenía tres años hasta cuando cumplió nueve, aún enfadada lograba visualizarla con aquella sonrisa dulce y recitar soñadoramente estribillos que oía de Neruda o Bécquer. Tenía que cuidarla a veces hasta de ella misma.

— ¿Algún problema Pataki?—pregunté divertido

Seguimos el camino bordeando el pequeño lago, sin importar la situación, ni la edad o el hecho de que siendo un maestro hablara con tanta confianza a mi pequeña y rubia alumna de último año, quién por cierto estaba al borde de un colapso nervioso.

— ¡En tus sueños Shortman!—dijo apretando los puños avivando mi curiosidad— y cuando vea a esa pequeña rata la voy a asesinar con mis propias manos

Con ella cada detalle contaba. La observé detenidamente, una luz pareció iluminar mi cerebro ¡Bingo!, Yo la conocía muy bien, su cara de espanto en este momento la delataba, así que no tenía escapatoria… Pensé que por fin lo sabría, percibía que era eso, uno de los tesoros Pataki, una de las pocas cosas que jamás me contó…

— Sabes Hel, esto me recuerda a los viejos tiempos, cuando entrenaba a la pandilla…—expresé con fingida inocencia— recuerdo que lo único que lograba que te pongas así es cuando Phoebe te mencionaba a "mantecado", ¿era eso no?

Los tonos rojizos y amarillos comenzaban a desaparecer, el parque antes rebosante de vida comenzaba a tornarse obscuro, dando paso a un cielo negro solo adornado por unas pocas luces diminutas y la luna acurrucando a un pequeño rayo en su regazo, mientras en la tierra algunos mortales se debatían entre la verdad, el miedo, el terror y la indignación dibujada en una expresión y cabe aclarar que por mortales la referencia inmediata era Helga G. Pataki.

— ¡No es de tu incumbencia!

Se equivocaba, todo lo le sucedía era de mi incumbencia, siempre lo fue.

— ¿Somos amigos no?—insistí—los amigos se preocupan por sus amigos, sobre todo si es algo muy delicado, como el amor que sientes por una persona desde que tienes tres años. ¿No crees?

—¿No crees que eres muy metiche Arnoldo?—espetó indignada—¿tengo que dibujarte acaso?

—No, no lo creo—respondí ahora si disgustado, ella siempre fue una de las pocas personas que lograban acabar con mi paciencia—vamos Geraldine, ¡te conozco!¡ Soy Arnold, confía en mí!

Y quería que confiase en mí esa vez, y que lo hiciera plenamente y me permitiera ayudarla y protegerla como siempre lo había hecho.

El espacio amplio de un momento a otro escaseó, sin saber cómo ni donde o porqué estaba demasiado cerca, siempre aquel imán que desde que la volví a ver jugaba conmigo como si yo fuera solo un trozo de metal en un mismo plano; eso, la atracción.

—Bien, bien ganaste—y se dibujó en su rostro una mueca extraña— solo da dos pasos atrás, estas demasiado cerca, ¡cielos zopenco, me robas oxígeno!

Un paso atrás y la respuesta estaría a mi alcance; una de las tantas cosas que guardaba con celo, que le costaba la vida al que osara acercarse, uno más y tendría la verdad entre mis dedos, al fin y al cabo solo eran dos pasos. Sin embargo nunca ocurrió, su mueca extraña se tornó maliciosa y aquel brillo especial de victoria estaba en sus ojos, poco después solo sentí vació y mi pie sin apoyo que se hundía rápidamente. Se sentía húmedo, mojado y muy frio. Así es, un lago y mi descuido me proveyeron de un baño al estilo shakesperiano, con la luz de la luna reflejado en sus ondas y mi furia y despecho luchando por un poco de aire en una profundidad pequeña. Realmente ridículo, sobre todo si consideran que no era la primera vez que aquella rubia endemoniada me vencía.

Me sentía frustrado, decepcionado y con un sabor ligeramente metálico en mi boca, yo supuse que era mi malestar por haber sido tan patéticamente ingenuo, después de que sentí un movimiento me di cuenta que aquel sabor pertenecía a un pequeño pescado que había tragado en el proceso.

Escuche sus carcajadas a lo lejos, no había manera de hacerle entender que eso no se hace a los amigos, tenía ganas de decirle muchas cosas, pero al ver su perfil alegre y saltarín después de haber ganado una batalla mientras se alejaba me hizo sonreír. Deje que se fuera y la seguí a una distancia prudente para asegurarme que llegara a su casa sana y salva y después yo mismo regrese a la mía, como entenderán necesitaba cambiarme de ropa de manera urgente, quitarme algas del cabello y el traje enlodado. Por un momento pensé en que sería bueno llevarle la cuenta de la tintorería a Helga pero deseche esa idea inmediatamente, bien podía meterla en problemas con su padre (alguien no muy tolerante) o podía ser motivación para bromas futuras, esa era una peor opción, yo siempre pensé que si no soy perfecto mi paciencia forjada con el paso de los años y situaciones era casi inagotable, pero con ella todo mi autocontrol se esfumaba, en menos de dos meses me habían llovido sapos en el aula, siempre encontraba pudin en mi asiento y de alguna manera se las arreglaba para que me manchara, gracias a ella ahora era conocido como el profesor "cabeza de balón" y todos los días me enfrentaba a una broma nueva. Cualquiera pensaría que la lluvia de papeles con forma de limón podría ser obra de un estudiante sin especificar quién, pero como no eran las primeras bromas que sufría por su culpa sabía exactamente cuales tenían su firma.

No preste atención a los ojos curiosos, ya no había risas o preguntas incomodas porque era cosa de todos los días que llegara así, Por otra parte Gerald dejo de burlarse de mí y cambio a un estado de molestia, mi paciencia estaba agotándose y por eso solo rogaba al cielo que aquel acuerdo fuera real y volver a lo que yo consideraba normal en la molestia Pataki, los proyectiles de papel, un zopenco de vez en cuando y las sorpresas poco agradables pero siempre divertidas.

Al día siguiente fui a la preparatoria con Gerald como se había vuelto costumbre, según me dijo logró quedarse más tiempo del esperado porque le habían asignado un caso en nuestra ciudad y que se iría a investigar después de ver si por fin me libraba de la pesadilla rosa. Sonreí un poco ante el comentario.

Tenía clase con ellos la primera hora, fue una sorpresa ver que estaban dispersos, los habían mezclado con otros grupos y ahora estaban bastante tranquilos y dispuestos a aprender, por supuesto sin quitar lo que un grupo de alborotados adolescentes hace comúnmente. Llegue a verlos a todos conforme pasaba el día, unos por un lado y otros por otro lado, Helga y Phoebe coincidían en la hora de matemáticas, aunque escuche rumores que decían que no era algo que a Helga le agradara y que de ser posible tomaría una materia más social o la reemplazaría por taller de literatura inglesa, después de investigar un poco descubrí que mi clase era obligatoria en todos los niveles. Eso fue gratificante, porque sabía que no escaparía de mí tan fácilmente.

Los días posteriores pasaron muy lentamente, eran mortalmente aburridos, demasiada calma en mi ahora aburrida vida; vale repetir, simple, y sencillamente aburrido, no más Helga beligerante y explosiva, no más Helga única y no más bromas. Por alguna razón no me gustaba en lo más mínimo que estuviera tan calmada y común al menos en mis clases. Estaba seguro que su cambio solo iba dirigido a mí puesto que un día fui a la zona de estudiantes a comprar el almuerzo y ella estaba; igual que siempre, golpeando a un alumno de apellido Berman, mientras otros dos se reían a carcajadas.

Le conté a Gerald mis dudas, me escuchó pese a estar meditabundo y bastante distraído, dijo que no adelantara conclusiones y que siguiera observando, no me dijo más y a la mañana siguiente regresó a Washington de urgencia. Tomé su consejo y me dedique a observar.

Pasó así la navidad, y el año nuevo. El semestre estaba por terminar y las cosas seguían tan aburridas como siempre y Helga cada vez se alejaba más. Creí que después de su reunión las cosas serían normales entre nosotros, conversaríamos como antes de haberme mudado, ella seguiría con su mal carácter de siempre y me lanzaría bolas de papel y yo le diría que debería dejar de molestarme porque eso no se hace a los amigos, pero eso no sucedió. Para ese entonces empezaba a desesperarme.

No lograba entender que me pasaba, hasta ahora no logro entenderlo. Un día estaba cubierto de papeles o limpiando el pizarrón y los bizarros dibujos rogando al cielo por una tonelada más de paciencia o la muerte y al otro me aburría mortalmente y extrañaba aquellos tratos "masoquismo"

La vida es extraña, y a veces da giros inesperados. Tal fue la situación cuando después de clases surgió un evento para el alumnado. Cuando me desocupe fui a ver y hasta cierto punto a apoyar a las chicas que desfilaban en busca de la oportunidad de pertenecer a la compañía de un tal Johnny Stitches.

Pasaron varios días en eliminatorias y no presté mayor atención, hasta que un día cancelaron las clases para la final y por ese motivo y todos estábamos pendientes de la siguiente "Teen model" a escoger en un concurso a nivel estatal. Esperaba de corazón que saliera alguien de nuestra institución porque, después de todo son alumnas entusiastas y llenas de talentos, además del premio individual y los ingresos para mejoras en la escuela, eso era algo muy bueno.

Una por una pasaron con distintos vestidos, se notaba el empeño que habían puesto y a pesar de las diferencias en estilos todos se veían muy bien. Una hora después comenzaba a cansarme y estaba a punto de retirarme cuando la vi, por primera vez en años volvía a usar ese vestido rosa, no muy alto y con zapatos deportivos, se ajustaba muy bien a su figura y aunque eso resaltaba no fue lo que más me llamó la atención, por el contrario fueron ese par de coletas y el moño rosa que estaba seguro era el mismo que alguna vez le regalé. Su actitud era extraña, parecía burlarse en el escenario, sus pasos fueron caprichosos y audaces y de alguna forma bastante estrafalarios. Hasta ahora creo que perdió alguna apuesta y por eso lo hizo. No la había visto hasta ese momento.

Fue gracioso el grito indignado del alumnado cuando Johnny Stitches la eligió para el desfile. Aunque en mi opinión me pareció una reacción fuera de lugar ya que Helga siempre fue una chica muy linda. Después del anuncio oficial y de todo aquel ajetreó se alejó del grupo tratando de escabullirse pues parecía algo avergonzada, fue en ese momento que encontré la oportunidad perfecta para entablar una conversación, después de todo solo iría con la intención de felicitarla o algo así.

Me acerqué sin que ella se percatara de mi presencia, — ¡Fuera de mi camino engendro!— gritó y empujó a varios alumnos en lo que me pareció que exigía un poco de respeto por su espacio personal sin resultado alguno puesto que parecían zombificados. De pronto ya no la pude encontrar.

Yo no fui el único que la busco, aunque a diferencia de otros lo hice de una manera muy discreta. El caos duró poco más de dos horas hasta que se calmaron los ánimos y la mayoría volvió a sus casas, sin embargo yo no me di por vencido y seguí buscándola. Debía estar en la escuela así que decidí revisarla una vez más. Caminaba por uno de los pasillos del ala norte cuando oí algo, fue como un susurro en un armario, alguien declamaba lo que parecían ser versos con voz cantarina y soñadora. Conocía muy bien esa voz aunque el verso no era ninguno de los que recitaba cuando pequeña…

Lejano un suspiro escapo de mis labios

lejano el susurro que lo apaciguó

lejana la ausencia, lejano el llanto

lejano el recuerdo, lejano el amor

lejanos tus ojos que un día brillaron

lejanas las risas, lejana tu voz

lejano el momento en el que nos miramos

lejanos tus brazos, lejano el calor

y en la lejanía alzando mis manos

ya todo es pasado, no siento dolor

lejana agonía, lejanos encuentros

y al fin es lejano, te dije adiós.

Un adiós tan lejano y la risa de antaño

Sentí agonía y murió mi pasión

más de las cenizas cual fénix surgía

ya no estas lejano y escucho tu voz

lejana la ausencia, lejano el recuerdo

susurro de plata y cabellos de sol

sentí tu presencia, volvió mi agonía

miré tu sonrisa y la mía surgió

No entendí muy bien a que se refería pero estaba seguro que debía ser relacionado al mantecado porque hablaba de aquel viejo amor de antaño. Por alguna razón me sentí muy incómodo con aquel pensamiento y aunque no era el momento ni el lugar decidí intentarlo una vez más; ella estaba enamorada ahora estaba seguro y aquello generaba sentimientos tan poderosos que hasta casi sentí envidia por aquel a quien estaban dirigidos. Siendo sinceros ahora creo que el tipo en realidad es un idiota.


NOTAS DE LA AUTORA:

El poema usado esta patentado, que quiere decir? que es de mi autoría por supuesto y espero que lo hayan disfrutado. Poco a poco a medida de que pasa la historia procuro contar desde la perspectiva de Arnold los antiguos lazos como los que se están formando. La diferencia de Edad entre ellos es entr años por cierto y en esto radica una de las diferencias mas puntuales, otra también es que Arnold con respecto a la personalidad de Helga sabe que es conflictiva pero tiene la seguridad de que esconde su verdadera personalidad, la cual el si conoce con lujo de detalles.

Bueno, ya saben, dudas quejas y tomatazos no olviden en escribir...

Sayonara!