EL SECRETO DEL MOÑO ROSA

Los personajes de ¡Hey Arnold! no me pertenecen, son tomados para la historia sin fines de lucro y con fines narrativos, y por supuesto de diversión.

EL PLAN

Me quedé en silencio. Entre las escobas y los trapeadores, Helga seguía en su monumental soliloquio sosteniendo en alto un viejo relicario dorado en forma de corazón. "Lo amo" exclamaba y apenas logré vislumbrarla por la rendija de la puerta "ángel de rubios risos" y acariciaba al tipo como si fuera la respuesta a sus plegarias; "¿una vez más he de dejarte ir por el camino? ¿Te perderás por nuevos rumbos entre los dorados rayos del sol? Y en ese momento quise responder a sus desesperadas preguntas "hay muchos peces en el mar Helga, ¡solo mírame! yo soy uno de ellos".

Era definitivo, sea lo que sea que representaba para mi Helga era superior a un me agradas, aún mucho más grave que un me gustas-gustas y definitivamente más profundo que un te quiero. "Soy hombre muerto"

De pequeño mis abuelos, me inculcaron (no con el ejemplo) que no hay que espiar a las personas, solían decir que te convertías en un vulgar mirón siempre señalando a Oscar (uno de mis vecinos) y mi abuela no confiaba en aquellos secuaces de los casacas rojas que solían esconderse detrás de las puertas para averiguar los planes secretos y también señalaba a Oscar. Entendí con el tiempo que no se hace por respeto a las personas que te rodean, a pesar de esto y para mi disgusto noté que más de una vez escuchaban con mucha atención mis conversaciones. En fin, ahora sé porque lo hacían. Me preguntó si ellos tenían ganas de matar al espiado y sus afectos como yo en este momento. ¿Acaso es posible recitar y proclamar a viva voz que quieres a alguien durante una hora? ¿Eso es normal? Sería tonto de mi parte decir que Helga G. Pataki tiene algo de normal, ella es tormenta y fuego, hielo y acero, miel y hiel… tan antagónica e indescifrable y a la vez tan cercana que casi podía tocar su voz con la yema de mis dedos. "No puede ser, comienzo a volverme cursi"…

"Suficiente" pensé y me alejé un poco, escucharla hablar sobre alguien con tanta pasión retorcía mi estómago de una forma extraña; muy extraña, tan extraña que creí tener algo como rinocerontes peleando por su territorio (las mariposas revoloteando son insuficientes para explicarlo). Tomé aire y comencé con el acto, lo primero era fingir que no había escuchado aquel desagradable monólogo y acababa de llegar un ligero ruido de cualquier cosa cayendo bastaría, funcionó muy bien porque todo se tornó silencioso. Luego según el plan abriría la puerta poniendo mi mejor cara de desconcierto y conversaría con ella, necesitaba unas cuantas explicaciones

Rato después y caminando por los amplios pasillos imaginaba aún su rostro. ¡Rayos!, Mi cobardía fue más fuerte que mi curiosidad así que venció la lucha en la que estaba en ese momento. La rubia salió impetuosa de su escondite y yo solo pude esconderme detrás de un basurero. ¿Qué querían que hiciera?, ¡después de todo se trata de Helga G. Pataki! y a pesar de saber que la G era por Geraldine bien hacen en suponer que puede ser el equivalente de Genio maligno.

Los días pasaron y su fama aumentaba, ¡me estaba torturando!, todo era una tortura…. Caminaba por las tranquilas calles de mi ciudad natal y ahí estaba ella, en pancartas y anuncios gigantes con su laso rosa y su imponente vestido; contradictorio al color simplón una actitud beligerante y sonrisa sarcástica ahora encabezando la locura de la nueva moda. "La chica modelo", y aquella Helga que conocí y admiré estaba más lejana que nunca, en ruedas de prensa y rodeado de personas a las que antes hubiera tachado de superficiales o para ser más exactos en sus descripción "zombis descerebrados" adorando cada paso que ella pisaba. Para mí la situación iba de mala a pésima y mi humor se había vuelto totalmente irreconocible. Y no es algo que yo hubiese notado, me lo señalaron no muy amablemente mis abuelos y familiares, Gerald telefónicamente y mis alumnos que pensaban me había vuelto un vejete con poca imaginación como el común de sus profesores.

"Increíble lo que causas en mi Helga" pensaba con mucha frecuencia, llegando al punto de la obsesión y el desenfreno. Pero no me daría por vencido, por supuesto y como que me llamaba Arnold descubriría el porqué de aquel radical cambio.

Unos días después y como si de una respuesta a mis dilemas se tratará me encontré con Olga Pataki, aquel me gustas-gustas tan superfluo y vano para definir mis debilidades había muerto en el pasado y con ello los sentimientos que implicaban fijarme en lo que ahora sabía era un complejo narcisista del que no me había dado cuenta, mi antigua compañera de escuela a excepción del exceso de dulce y la capacidad de meterse en todo se parecía demasiado a mí. "Vaya creo que descubrí el agua tibia" Sonreí nostálgico ante su mirada desconcertada.

Seguimos caminando por un buen tramo mientras rememorábamos los viejos tiempos, era fácil perderse en aquellos recuerdos tal cual si con las nubes avanzáramos en el cielo y como las personas se pierden al dar la vuelta en cada esquina.

El camino entre aquellas ruidosas calles hubiese sido más fácil si no estuviera el constante recuerdo de la lejanía auto-impuesta por el demonio rosa, y por supuesto mi obstinación hubiese sido reemplazada la emoción plasmada de aquel tímido me gustas-gustas Olga. Siempre sin las preocupaciones que me daba la pequeña Pataki la monotonía habría reinado en mi vida.

En medio de aquella ola de pensamientos habíamos llegado a nuestro destino. "Slaussen". Entramos por aquella puerta como en los viejos tiempos, y al igual que en el pasado retiré de forma cordial la silla y esperaba que tome asiento primero. ¡¿Cuál no sería mi sorpresa, cuando quedó aquel gesto al aire?!; Olga Pataki y su emoción saltarina se fue corriendo entre saltos buscando algo parecido a un moño rosa que se escondía detrás de una máquina expendedora de golosinas, y el moño era bastante resistente, puesto que se negaba terminantemente a dejar su cómodo sitio. Esa actitud… y miraba entre tanto y tanto aquella escena con la impresión plasmada en mi rostro…. Esa actitud… y escuche ese grito tan conocido, marca patentada.

— ¡Apártate Olga!

— ¡Hermanita Bebe!

— Déjame en paz

Por supuesto, ¡era ella! ¿Cuántas veces observe aquella escena? Helga luchaba tenazmente contra su empalagosa actitud, la entendía muy bien. Años atrás Gerald y yo sufríamos algo parecido, emocionada Olga era de temer.

Poco después estábamos sentados en una mesa a lado de la ventana. Helga con cara homicida, Olga supongo que al tener a lado a su hermana bebe estaba en el mundo de los ponis y las hadas mientras que yo era el hombre más feliz del planeta. La mayoría piensa que soy denso, les doy la razón hasta ese momento no sabía el porqué de mi actitud antes casi irascible y ahora casi eufórica bien dibujada en mi rostro. La miré cuanto quise, disfrutando de cada detalle; hace tiempo no la había visto tan ella… su moño rosa, su vestido rosa, su sencilla camiseta blanca y esas dos coletas…. Era bastante infantil debo reconocer pero hasta el momento en el que deje la ciudad para irme con mis padres a San Lorenzo esa era la forma de vestir de mi pequeña y rubia amiga y siempre consideré que le sentaba muy bien.

—Aun me gusta cómo te queda el moño rosa, Helga— dije sin meditarlo mucho entre sarcástico y divertido

La mirada indignada que me dirigió ese momento no tenía precio.

— ¿Te gusta mi moño porque combina con mi ropa?— dijo irónica— Madura cabeza de balón, ¡ya no tengo 5 años!

Me reí, una carcajada limpia y sincera. Por la distancia que ella interpuso pensé que no sería la misma, pero veo que me equivoque. Y era muy feliz por eso.

—Yo no mencioné que tuvieras 5— regodeándome en su estupor— te queda bien ahora, Helga.

Cambios, es todo lo que ella representa. Lo que toca lo transforma pese a que el centro se mantiene inmutable, ella se mantiene inmutable. En ese momento sus expresiones eran como las recordaba, la furia contenida mientras mordía su labio inferior en claro signo de guerra.

— ¡Cállate tonto!

—Modérate, hermanita bebe— intervino Olga— las señoritas no deben expresarse de esa forma con las personas mayores, y mucho menos si este es tu profesor.

No estoy seguro del todo, pero me dio la impresión de que aquello lo dijo para recalcar la situación o como si estuviera midiendo algo.

—Tranquila Olga, antes que alumna ella fue mi amiga, la hermanita que quise tener— dije con simpleza— se que aparenta esa actitud, pero es una excelente persona— y dirigiendo mi vista directamente a la estupefacta Helga, agregué— creo en ti.

En ese momento llegaron las ordenes, muy oportunos diría yo porque no permitieron que ella contestara o que Olga dijera algo poco conveniente, hasta que el teléfono de Helga sonó y salió del local rápidamente. Hubiera querido duré un poco más, es decir, el momento.

—Conozco esa mirada Arnold— interrumpió Olga mis pensamientos, tan absorto como estaba no me percaté de la dirección que había tomado mis ojos, la puerta por la cual había salido hace unos minutos.

—No sé a qué te refieres— respondí mecánicamente

—Estas enamorado

¿Enamorado, yo? Y una serie de imágenes paso por mi mente, ¿enamorado?, y la película siguió corriendo. ¿Regresaras Arnold? la pregunta retumbaba en mi mente regresaré, sonó mi propia voz en los recuerdos y de pronto ya no era la pequeña a la que cuidaba, no era la que recitaba los estribillos o se ponía el moño rosa, era aquella adolescente impetuosa que lograba mover los cimientos de mi autocontrol, la que lograba que mi apacible mundo fuera una aventura, de la que buscaba consciente o inconscientemente ver una vez más la sonrisa que sabía poseía… ella. ¡Imposible!

—No inventes

—Sabes que no lo hago

—Sabes que es como mi hermana—contraataqué

—Era— corrigió sonriéndome— ahora la ves pero no de ese modo

—Es mi alumna— recalque — esa sería mi mantra desde ese momento

—No siempre lo será

— ¿Porque lo haces?

— ¿Hacer que, Arnold?

— ¡Insistir en algo que no debes insistir!

— ¡Oh!, sospechas de mi— respondió con su mano en el pecho y las lágrimas al borde de sus ojos— ¡solo era una inocente pregunta!

—¡Sí, claro!— respondí contrariado

—Bueno entonces supongo que no importa— dijo con aparente tranquilidad, ¡La muy descarada!— volveré a Nueva York con papá y mamá, Helga no lo sabe pero papá tiene una falla cardiaca, necesita descanso pero el ser representante de la chica modelo ha sido demasiado para su corazón. Big Bob Beepers quedará a cargo de los Señores Heyerdal y pues como es demasiado peso junto pensamos en pedirte que seas su representante y veles por ella, pero si solo es tu alumna y no siempre tiene tiempo para una hermana pues supongo que deberá venir con nosotros, ¿después de todo no falta mucho para que acabe el año no?

—Nueva York— repetí mecánicamente, demasiada distancia para mi gusto— ¿Nueva York?— exclamé vehemente la segunda vez

—Creí que no te importaba— atacó

—Yo nunca dije algo parecido— devolví sentándome otra vez, había saltado de mi asiento

—Pero pedirte algo así sería demasiado, querido Arnold. No es algo que harías por alguien a quién le tienes ternura después de todo eres joven y quieres divertirte, espabilar, que se yo con lo soñador que eres hasta buscar una novia y ella sufrirá mucho.

Picó bastante mi curiosidad, pero lo dejé ahí. La llevé a su casa y le pedí no tomara decisiones precipitadas. Necesitaba pensar y mucho.

¿Han notado que a veces no importa cuánto niegues algo por alguna razón el universo entero se empeña en que lo aceptes?

¿Han notado que las pocas veces que queremos ir contra la corriente cuando sabemos que hemos caído somos arrastrados con más fuerza?

Es un pensar, un decir; tal vez una burda y vana manera de justificar aquella cadena de actos cometidos en nombre del amor; yo en cambio pienso que son accesos de locura temporal de los cuales sinceramente no me arrepiento.

Llevaba varios días vigilando sus movimientos, en la escuela durante las clases y después de estas; sabía de memoria todos sus itinerarios y sus gustos; sus manías o aquello que la asustaba. Ya no se trataba de aquel sentimiento protector de antaño; era por mucho más imponente y rayaba hasta el punto de la obsesión, ¿No me creen?, Llevo aún en mi cajuela el equipo de espías con el que salvamos el vecindario en mi cajuela, y me niego a decir como los usé, bastará con su imaginación.

Hay demasiado silencio afuera, ya no se escucha la lluvia y estoy seguro a pasado bastante tiempo desde que quede encerrado. En serio tendré una sería charla con Gerald, ¡esto no es gracioso!

En fin… pasaron varios días antes de que me diera cuenta lo que aquejaba. Un buen día caminaba tranquilo con sueños en mis bolsillos y la determinación a cuesta y al siguiente estaba frente al campo Gerald viendo jugar a la pandilla rosa con una idea en mente.

Sip, tenía una idea: un plan; mi estrategia. ¿Ella me quería lejos de su vida?, no le sería tan fácil librarse de mí. Como lo dije antes, conocía todos sus movimientos, y en su rutina estaba practicar religiosamente beisbol, y aquel campo también tenía su historia. Años atrás poco antes de mudarme, cuando Helga estaba creo que en cuarto grado los abusivos del barrio no les permitían jugar y como los de preparatoria usábamos el campo del parque ellos practicaban en la calle. Muchas veces sugerí a mi equipo turnos, y aunque muchos accedieron por las peticiones de Olga quién poco después se unió a esta causa y Gerald quién era miembro del Consejo estudiantil; no lo logramos, las finales estatales dieron mayor peso al hecho de que deberíamos entrenar. Me sentía terrible, y aunque no muy amablemente mi pequeña amiga me dio a entender de que no debería importarme tanto y que ellos estaban bien yo sabía que no era así. Alguna vez incluso la salve de ser atropellada de un auto que cruzaba por aquella calle a toda velocidad. Ese día conocí el significado real de terrible y una vida sin ella hubiese sido cien veces peor; cuando encontramos aquel lote baldío y lleno de escombros no dudamos en limpiarlo; y cuando estábamos por darnos por vencidos llegaron nuestros compañeros de equipo y muchos en el barrio se unieron, recuerdo pocas veces haber visto a Olga Pataki llena de tierra, o a Alan Redmond sin su cámara o a Gerald Johanssen sin perseguir chicas. Y el padre de Redmond pago todo para que el lugar quedara como un mini estadio mientras que el gran Bob Pataki se aseguraba de comprar el lote. Cuando los pequeños vieron se emocionaron tanto que me es imposible describir su rostro pero exudaba felicidad pura, y como lo primero que se hizo fue contar la anécdota al estilo fantasioso de Gerald le pusieron ese nombre.

Era hora de comenzar, así como aquel día cuando decidí entrenarlos hace ya tanto tiempo.

Llegó por fin el ansiado momento. Poco después los vi llegar; sabía qué hacer, llevaba bastante tiempo fingiendo casualidades que bien podría ser más causalidades de mi reciente obsesión.

— ¿Maestro Shortman?— corearon entre asombrados y escépticos, seguido siempre de las muecas de fastidio, lo normal para un profesor.

—Hola chicos — salude con naturalidad, o tratando de fingir esta— ¿qué están haciendo?

—Cabalgando ponis, por supuesto maestro genio—respondió esa voz sarcástica— ¿que acaso no se nota?

Se notaba por supuesto, y remarcando el sarcasmo en sus palabras levanto el bate en señal de triunfo.

Una risita ahogada escapo de todos, y casi perceptible fue la mía cuando alguien interrumpió el tren de mis pensamientos. ¡Es hora de jugar perdedores!, y todos se ubicaron en sus respectivos lugares, ¡como en los viejos tiempos!, casi veía a la jovencita de remera azul como la pequeña mas bajita en sweater y cabellos corto, y aquella pelirroja en su típico vestido verde y sonrisa afable con la mayoría de su clase embobados como por encanto; es no había cambiado casi nada, el alto y desgarbado seguía perdido entre corazones y suspiros y el mas fortachón con su traje de cátcher fingiendo esa seguridad que no siempre tenía. Casi tocaba el recuerdo fundido con la realidad, y la niña de coletas rosas seguía dando órdenes, ahora convertida en esa jovencita que alternaba el negro y el rosa y escondía ese moño debajo de aquella gorra azul. Era hora de actuar, y fingiendo desinterés coloqué el señuelo en la cartelera, y me senté a observar reacciones, disfrutando de los nervios que sabía podía causar en ella, solo yo y ella.

¡Bingo, y habían caído!, ¡lo sabía!, solo era cuestión de mover un poco de influencias y pedir favores por "causas nobles" y el campeonato amateur multifuncional había sido organizado. Solo era cuestión de tiempo para que los ojos desorbitados de la mayoría brillaran codiciosos por el tesoro, solo era cuestión de tiempo para que corrieran tras de mí cuando a paso lento pero con una sonrisa de triunfo dibujada en mi rostro fingía retirarme del lugar, solo era cuestión de tiempo para que me solicitaran como entrenador. ¿Quién lo diría no?

Opuse la resistencia necesaria para no levantar sospechas, y bien fundadas; Phoebe como siempre me escrutaba de pies a cabeza y Helga… digamos que no estaba segura de cómo reaccionar, aunque por la sonrisa afable que Lila Sawyer había transformado en una cómplice dirigida explícitamente a mí, diría yo que estaba al borde del colapso

Complete la primera fase, ahora empezaba la segunda y en esta había trabajado con anterioridad por eso después de que la mayoría se fue por distintos caminos seguí discretamente Helga y sus amigas, quienes entre risas y gritos histéricos se separaron finalmente. La rutina de siempre, su guardián entre las sombras, hasta el momento en el que pudiese convertirme en algo más.

¿Pueden evitar entonces enamorarse después de tantos recuerdos?, ¿Se puede evitar a Cupido cuando te dispara inmisericordemente una tras otra flecha cada vez que sonríe, se enoja, te grita o te pone atención? El pasado estaba en mi mente, y el presente desfilaba ante mis ojos como ella en sus pasarelas, no es solo hermosa, es inteligente; lista; con carácter y llena de sentimientos. Y ahora que escuchado todas las cosas que ha hecho por mí desde que me conoció entiendo lo que pasa, y solo puedo pensar en que es mía desde siempre y que la amo aunque tal vez la intensidad de mis sentimientos no se desborden al punto de los de ella, pero entre tantas confesiones se el porqué de aquel moño rosa, el que a veces oculta y otras veces lo expone, el que usaba en sus coletas y ahora en cada uno de sus peinados, el que no abandona nunca. Todo por una frase insignificante para mi hasta ese momento Me gusta tu moño porque es rosa como tu ropa y todo empezó, y todo aquello estalló en su inocente corazón y creció hasta este punto, ahora se su secreto, aunque ella se haya vuelto el mío.

Escucho algo en el exterior, la obscuridad y el silencio habían borrado de mi mente el tema inicial. ¿Cuál era? ¡Por supuesto!... ¿Cómo termine aquí?, Gerald me citó en este lugar, dijo que tenía algo muy serio que contarme, que involucra la escuela, a Helga, a Phoebe y a todo lo acontecido el año pasado, después de todo me dijo que "no soy tan denso" y que tenía razón. Logró despertar en mi curiosidad, aunque más que esta levantó mi preocupación. Su voz sonaba distinta, preocupada, sin ese tono indiferente de siempre. Llegué a la azotea y efectivamente me encontré con él, lo que no esperaba es que me aventará dentro del armario para ocultarme y después me abandonará en este lugar. ¡Cielos! Hasta ahora no tengo idea que pasó.

Al parecer tengo mucho tiempo para contarles mis planes, y sobre todo para contarles aquellos secretos que escuche de su boca. Necesito despejar mi mente, después de todo se que también será su secreto…. ¡Un momento! Escucho ruidos, debe ser Gerald seguro viene a buscarme, shhhhhh….. No digan nada, el no puede saber que están aquí.

¡Gerald!— solo aguarden— ¡Gerald!

Con eso será suficiente, parece que se acerca. Solo escóndanse en este lugar, hay mucho espacio entre esos armarios, y recuerden que tenemos algo pendiente. Nuestro secreto….

¿FIN?

Hola queridos míos, ¿en primer lugar que les pareció la primera parte? SIP, el punto de vista de Arnold y su manera de contar la historia ha llegado a su fin, y a pesar de que relativamente soy nueva creo que merezco que me digan que les pareció…. Fue duro meterme en los pies de ARNOLD pero mí querido cabeza de balón es tan complejo y a la vez simplón que cuesta trabajo ser como él, así que sinceramente espero sus comentarios, además que necesito saber si creen que se puede mejorar algo o creen que fue aburrido para hacer un mejor trabajo en la segunda parte.

El siguiente fic se llamara PARANOIA, y estará enfocado en el punto de vista de Phoebe, habrá menos introducción y mas desarrollo del presente en tiempo actual, sobre todo por el sentimiento de ser observados constantemente. Además que en su afán de descubrir que estará pasando descubrirá que es lo que nuestro cabezón favorito hace de distinto después de que termina en las garras del amor y los planes y parte de las diabluras de la pandilla rosa y compañía.

Dudas, elogios,. Tomatazos, bombas por favor háganmelo saber. Me encantaría escuchar su opinión…

¡Besos gigantes!

Nayara