DISCLAIMER: Como siempre, los personajes pertenecen a sus respectivas autoras y editoriales.

Cualquier semejanza con otra historia ya sea real o ficticia es mera coincidencia o plagio hacia mí. Yo escribo textos originales salvo cuando se indique lo contrario expresamente.

© Stear's Girl


No pensé que tendría éxito esta historia tan diferente, y a la vez tan... igual. Me explico: no quise cambiar en esencia la personalidad de Neal. Está enamorado, ama a su esposa, ella le corresponde, pero siempre será El Señorito.

Ahora le toca a él dignarse a contestar a la rubia. ¿Qué le dirá? ¡Acompáñenme a descubrirlo!

Dedicado a mi amiga Soraya, por darme algunas ideas sobre mi Malote Sentimental.

,-


,-

21 de Octubre

Mi Candice

Acabo de leer tu carta y debo decir que sin duda es el mejor regalo de cumpleaños que jamás pude recibir. Aun así me cuesta mucho dedicarte algunas líneas al nivel que tú lo has hecho conmigo. No sólo por mi naturaleza "orgullosa y pedante" -pues sí, soy así ¿y qué?: como sea soy tu dueño-, sino porque la impresión de la descomunal noticia que me has hecho llegar con tu carta me tiene aun en un estado de estupor del que difícilmente saldré en un rato, al menos hasta que te tenga en mis brazos. He parpadeado como idiota unos segundos intentando procesar la información.

¿Por qué no me lo dijiste en persona? Tal vez haga como que no he leído nada para que en cuanto te vea tú me lo digas con esa dulce boquita que tantas veces ha hecho estragos con mi hombría. Maldición, ya me estoy poniendo caliente imaginándote y se supone que esto es serio. Pero, ¡qué diablos! Eres mi mujer y tengo todo el derecho del mundo a desear hacerte el amor de muchas formas incluso cuando acabas de notificarme que seré padre.

Mi hijo...

Un hijo tuyo y mío. Mi heredero, o heredera, que será sólo el primero de los muchos que tendremos. Jamás me he sentido tan dichoso, y a la vez tan preocupado porque me asaltan multitud de preguntas para las que no tengo respuesta... ¿seré un buen padre? ¿Nacerá bien? ¿Llegará a adulto? Te prohíbo que se lo digas a nadie, pero me siento hasta un tanto indefenso. No sé qué hacer con esto, cómo manejarlo. Mis padres nunca me enseñaron nada sobre la familia, estaban demasiado ocupados en sí mismos y sus compromisos.

Tú eres una huérfana criada en la pobreza, sin embargo entiendes más de estas cosas que yo, porque a ti tus "madres" sí te quisieron. Mis padres sólo querían a Eliza. ¿Por qué? No lo sé y hace bastante tiempo que me importa una mierda: en estos años les he demostrado que no les necesito y que puedo ser un hombre exitoso en todos los aspectos más allá de lo que se esperaba de mí. Me va muy bien en mi vida profesional, en mi vida social y te tengo a ti, Candice Andrew-Leagan, como mi trofeo más valioso.

Así es, Candy: tú eres mi pertenencia más apreciada en todos los sentidos. Eres lo más grande que ha ocurrido en mi vida, y la meta que más me ha costado alcanzar. Te elegí desde que llegaste a mi casa porque no eres como las demás mujeres, tienes una personalidad única, valiente y generosa, pero además fuiste un auténtico reto, y a Neal Leagan no le van las mujeres anodinas, sumisas o insignificantes; por lo que tu rechazo únicamente hizo crecer mi interés por ti.

Cada vez que te hago el amor reivindico mi triunfo sobre los otros hombres que te deseaban y sobre tu misma cabezonería, por eso me dejo la piel en cada posesión como si fuera la última. En cada entrega me vuelves más adicto a ti, a tus besos, a tu cuerpo, a tus gemidos, a tu sabor... así que, ¿quién necesita alcohol, absenta o heroína teniendo semejante hembra calentándole la cama? A mí me basta con hundirme en tu hermoso cuerpo desnudo y suave para embriagarme por completo hasta casi perder el sentido con el placer que me proporcionas.

No soy ni un pobrecito desvalido, ni espero la santidad, por lo que me ha dado igual lo que tenga que hacer para obtener lo que deseo. Te quise y te obtuve. Además, ¿acaso no es más divertido para ti un marido que te trate como igual y que sea un atrevido sinvergüenza en tu cama en vez de un frío y delicado gentleman? Dicen que soy un auténtico cabronazo, al menos eso he oído a más de uno, y no me importa ser conocido por semejante epíteto. Gano mucho dinero con mi manera "descarnada" pero legal de hacer negocios, aun conservo buenas amistades y poseo a la mejor mujer que ha pisado este infecto mundo: Tú.

Siempre he pensado que eras muy superior a las demás y me gustaste mucho desde el primer día que nos vimos, pero me resistí a aceptarlo. ¿Cómo iba a fijarse el señorito Neal Leagan en una vulgar sirvienta? Por eso me porté tan mal contigo todo ese tiempo: me corroía las entrañas el saber que estabas haciendo amistad con los tontos Cornwell o entregando tu corazón al delicadito de Anthony, y luego al saltimbanqui bastardo de Grandchester. Es por eso que cada que te veía te agredí de alguna forma porque era mi manera de expresarte lo celoso que estaba de todos ellos.

Sin embargo, como te dije antes, me hechizaste con tu belleza y tu deliciosa piel cremosa desde que te vi cambiándote la ropa cuando la perra de mi hermana y yo te recibimos con un cubetazo de agua. La primera vez que fui realmente consciente de que algo sentía por ti cuando te vi llorar suplicando por aquel broche que resultó ser del tío William. Verte implorar con tus hermosos ojos verdes bañados en lágrimas me conmovió al grado de sentir el impulso de abrazarte, darte un beso y consolarte, aunque mi estúpida soberbia y el estar con mi hermana me impidieron hacerlo.

Pero no te confundas: no te estoy pidiendo perdón ni lo haré nunca, sólo intento explicarte el por qué pasaron cosas que no debieron ocurrir. Lo hecho, hecho está, y lo que finalmente cuenta es que ahora estamos juntos y que nos compenetramos en muchos sentidos. ¿Quién lo diría? Aunque una buena explicación podría ser ese conocido adagio que reza "del odio al amor hay un solo paso".

Te vi en el teatro yendo detrás del saltimbanqui bastardo, luego cuando me defendiste de los asaltantes y finalmente tras mi accidente: a partir de entonces te deseé y me prometí que serías mía sin importar el método en que llegara a tal fin. Desde los trece o catorce años ya me había hecho hombre pensando en ti, cuando trabajabas en mi casa -no te sonrojes, que te conozco bien- y en el San Pablo. Pero verte tan hermosa y tan mujer enfundada en tu traje de enfermera disparó mis deseos más animales y te deseé con más intensidad que nunca. Yo ya sabía que eras una chica de buenos sentimientos y decidí que te conseguiría a cualquier precio porque vi que era la mujer que necesitaba para construir el futuro que planeaba. Sólo tuve que encontrar la manera de acercarme a ti lo suficiente como para que me conocieras y vieses que podía ofrecerte mucho más que cualquier otro. Y gracias a Dios aceptaste a este tipo tan pedante que te ha dado todo lo que tiene, hasta su corazón.

No me arrepiento en absoluto por haber engañado a la tía Elroy con mi amenaza de reclutarme como voluntario para que te hiciera salir conmigo, ¿acaso no dicen que en la guerra y el amor todo se vale? Pues eso: yo sólo puse en marcha una estrategia que acabó funcionando. No creas que no me afectaron las muertes de Anthony y Stear, sobre todo la del primo Cornwell porque conviví más con él, pero eso ha quedado atrás y nosotros tenemos que seguir viviendo.

¿Golpearte? ¿Serte infiel? ¿Por qué iba a cometer esas bajezas contra ti? Así no se demuestra el amor ni se respeta a quien es importante en tu vida. Yo podría haberte pegado muchas veces, desde que vivías en mi casa. ¿De verdad creías que era más débil que tú? Jajajajajaja... Querida, sería en ese tiempo un cobarde y aun soy un pedante, pero jamás golpearía a una dama, mucho menos a ti que eres la mujer más importante de mi vida.

Me fascinas, Candy, ya es hora de decírtelo. De ti me encienden muchas cosas más que tu belleza física, que sin duda es espectacular. Lo que de verdad me enloquece de ti es esa explosiva mezcla de ingenuidad e inteligencia, de generosidad y libertad, de ternura y pasión. Sin duda elegí bien a mi compañera para toda la vida. En la intimidad de tu deliciosa compañía puedo ser yo mismo, sin sentirme presionado, y dada tu lucidez puedo hablar de cualquier tema contigo.

El carácter de una persona se mide en las crisis, y tú has salido airosa de todas las que la vida te ha enviado. Lo sé porque nunca dejé de buscar la manera de saber de ti. Siempre hubo alguien que me proporcionaba información sobre tus movimientos, y juro por Dios que a punto estuve de matar al tío William cuando vivía contigo, porque saber que compartías tu vida con un vagabundo desconocido me estaba matando de celos y frustración. Al idiota del actorcillo no, porque desde que ese cobarde te dejó ir supe que ya no era mi rival.

Bueno, bueno... ¿Así que te gusta cómo te hago el amor? Bueno, por tus gritos, gemidos, jadeos, sonrojos, estremecimientos y humedades ya me hacía una idea, ricura, pero siempre es gratificante que se lo digan a uno por escrito. ¿Dirías pues que le hago honor al significado de mi nombre? Neal es una variante de Neil, que significa "apasionado y campeón" en irlandés, jajajaja. ¿Acaso mis padres sabían desde mi nacimiento cómo te iba a hacer berrear en la cama con mis caricias?

Fuera de bromas, te diré que a mí también me deleita de sobremanera poseerte y que me hagas tuyo. Adoro navegar por todo tu dulce cuerpo, sentir tu cálido aliento en mi miembro, introducirme en todos tus rincones, tocarte obscenamente mientras te digo sucias palabras al oído. No me gustan las mujeres que finjan, y mucho menos las que no sienten nada porque están más pendientes del crucifijo de encima de la cabecera que de arder con su marido. Me enloquece que tengas sangre en las venas, que disfrutes conmigo en la cama, que me toques, que te dejes hacer de todo sin temor a experimentar, que grites de placer porque te he llevado al éxtasis. Si eso se descubriera y te hiciese ver a los ojos de los demás como una ramera pues no me importaría, porque sé que te comportas de esa forma sólo para mí, y a diferencia de esas mujeres, tú lo haces porque me amas, no por dinero. ¿Qué más puedo desear como hombre?

Por eso devolví la dote que el tío William había dispuesto para nuestro matrimonio. Me pareció ofensivo que me pagasen por casarme contigo: por ti misma eres lo suficientemente valiosa para no necesitar una dote a la hora de casarte; y yo tampoco soy un pobretón ni un estúpido que no sepa ganarse la vida para mantener a su mujer desahogadamente. Mi abuelo paterno me dejó una sustanciosa herencia con la que estoy construyendo nuestro patrimonio y no precisamos de más.

Muchas cosas han cambiado desde aquellos años en que era un niñato imbécil y cobarde: ahora soy un hombre adulto igual de pedante y cabrón, pero seguro de mí mismo y he asumido el control de mi vida en vez de andar dando tumbos o culpando a otros de mis desgracias. Sé lo que quiero y voy por ello sin importarme el medio que utilice para conseguir mis objetivos. No me ando con mojigaterías y eso te gusta: me lo dicen tus bellísimos ojos esmeralda cada vez que te poseo, cuando hablo contigo o te llevo por la cintura a nuestros compromisos sociales. A mí me encanta lucirte y ver cómo otros hombres me envidian por poseerte.

Tal vez no sea el tipo más galante ni el marido más romántico, pero ya debes saber que a mí esas cursilerías de llamarte Pequeña, Pecosa o Gatita y enviarte cada día flores o poemas simplemente no me van. Yo te cuido a mi manera como mi posesión más preciada, porque lo eres, y no me fijo mucho en lo que la sociedad diga que está bien hacer con las esposas de alta sociedad simplemente porque tú eres mucho más que un modelo prefabricado. Por puro respeto a ti misma no te trato como a cualquier otra aburrida esposa ya que eres especial. Prefiero demostrarte mi afecto apoyándote en tus ideales sufragistas o en tus obras de voluntariado, pero sobre todo, haciéndote mía y dejando que a tu vez me poseas como te apetezca en ese momento.

Efectivamente desnudo mi alma ante ti en el preciso instante en que te inundo con mi licor masculino. Trato de decirte con los ojos cuánto me importas, lo mucho que te deseo, lo especial que eres para mí, el temor que tengo de que todo sea un puto sueño...

Por eso estoy completamente decidido a conservar lo que me llevó tanto tiempo conseguir, por sobre lo que sea y quien sea. Apenas se supo de nuestro noviazgo oficial ya me esperaba toda clase de comentarios negativos y ataques, así que no me importó discutir con el idiota de Archie, y ni siquiera las amenazas de tu "padre", mi tío William, me hicieron temer. Yo ya te había ganado y estás conmigo por tu propia voluntad, ergo, ellos o cualquier otro que se oponga han tenido que respetar nuestros deseos y cerrar la maldita boca. La bruja de mi hermana y en general mi familia no vienen a casa porque yo se los he prohibido para que no intenten lastimarte. Quienquiera que toque uno solo de tus cabellos conocerá mi ira y tal vez mi cara sea lo último que vea.

Del tío William entiendo que haya venido a advertirme que no te hiciera daño porque después de todo es como tu padre, pero Archie... ¿quién mierda se cree que es para amenazarme? Claro, está celoso porque él eligió a la mustia de Annie en vez de luchar por ti, pero nadie lo obligó a casarse con ella. Además, bien que sabemos todos -hasta su mujer- que sigue visitando con asiduidad el lujoso prostíbulo de Chicago al que yo dejé de ir desde el mismo día que aceptaste en serio ser mi novia.

Y, finalmente, no te equivocas: apenas termine de lacrar esta carta me iré como el rayo a nuestro tálamo nupcial. A hacerte mía una y otra vez, a someterte con mis caricias, a enterrarme hasta el fondo en todos los rincones de tu ardiente cuerpo hasta que ambos perdamos el sentido. Así que ve preparando ese delicioso bosquecito tuyo para mí, preciosa.

Tu Amo y tu siervo
Neal Leagan

PD.- Maldición, tú ganas, Candy... TE AMO, te lo escribo ahora y de hoy en adelante te lo diré cada que me apetezca decírtelo sin importarme lugar situación o circunstancia. Debo decirte que estás errada a medias: es cierto que heriste mi orgullo al rechazarme cuando te me declaré por primera vez, pero no es cierto que no te digo a la cara y de viva voz lo que siento. La realidad es que cada noche, mientras duermes en mis brazos con tus rizos haciendo un gracioso contraste con el oscuro vello de mi pecho, susurro lo mucho que te amo aunque sólo yo me escuche. Porque nunca he estado tan enamorado, tan condenadamente bien enamorado y espero que dure por siempre.

,-


EPÍLOGO

Neal llegó de prisa a su mansión, pero sin perder su porte de dignidad. Entrega el sombrero y el bastón al mayordomo, y sube las escaleras con más velocidad de la normal, aunque intenta no delatar la emoción y el deseo que lo embarga. Pero el duro bulto en sus pantalones no es nada discreto.

Abre la puerta del dormitorio matrimonial, se acerca a la cama y el apenas perceptible olor de la excitación de su mujer le golpea la cara avivando su virilidad de inmediato. Él reconocería ese olor a hembra entre los cientos que ha conocido desde sus tiempos de correrías adolescentes porque es el que realmente despierta a la fiera salvaje que vive en él. Sin delicadeza alguna retira los velos del dosel de la cama y sin decir nada abre las piernas de Candy para hundir la cara entre ellas, descubriendo para su placer que no lleva ropa interior y que está deliciosamente mojada sólo para él. Sin más dilación pasa su lengua ansiosa y rápidamente por esa hendidura que lo vuelve completamente loco.

-Exquisita...- masculla Neal, y a continuación da otro largo y profundo lametón que estremece a su esposa. Ni siquiera se ha desvestido, pero no importa, para eso Candy le ayudará quitándole con avidez las prendas que lleva porque a ella también la está consumiendo la necesidad de ser poseída por su amado esposo. Una vez y otra, siempre con el mismo ímpetu.

Tras la furiosa y apasionada entrega mutua Neal mira a su Candy tan rendida, hermosa y sonrojada que siente que estallará de dicha; y junto con la noticia de su paternidad por fin rompe el dique emocional que mantenía atrapado su corazón bajo una capa de hielo y crueldad. Acariciando dulcemente el vientre de su mujer, la besa con ternura y mirándola a los ojos le confiesa...

-Te amo, Candy... nunca lo olvides. Gracias por llevar a mi hijo en tu seno y hacerme un hombre mejor.

,-

FIN

,-


¡Gracias a todas por todo y espero sus reviews! Terryfans y Albertfans, no me linchen, es sólo un ejercicio de creatividad basado en personajes de ficción.