Este capítulo es eterno, así que aprovisionaros bien de comida y bebida e id al baño antes de empezar a leer. Poneos cómodas que allá vamos.
Los personajes no me pertenecen ya lo sabéis, son de Rowling.
Capitulo 5: Descubrimientos y confesiones.
Apenas pasaba la medianoche y sin embargo la luna en cuarto menguante se veía ya bastante alta en el cielo. Era una noche despejada de principios de abril por lo que la temperatura a pesar de ser templada durante día, bajaba drásticamente por la noche lo que ocasionaba que pequeños jirones de niebla se enredasen en las copas de los árboles.
James podía ver todo aquello a varios metros de altura desde el suelo subido a su escoba. No sabía muy bien cómo había llegado hasta allí, porque lo último que recordaba era haber insultado a Lily y haberle dicho que no quería saber nada de ella. Y sus últimas palabras junto con la imagen de la chica mirándole con una mezcla de dolor, incredulidad y esperanza no dejaban de atormentarle.
Sabía que se había pasado y a pesar de haber estado seguro en su momento hasta el punto de poner su mano en el fuego de que eso era lo que quería decirle, en cuanto la puerta se cerró tras el y escuchó los sollozos ahogados de Lily el arrepentimiento empezó a salir a la superficie.
En un principio había volado muy alto con el único propósito de que el frío aire nocturno despejase sus enmarañados pensamientos que se hilaban uno detrás de otro sin ningún tipo de orden ni concierto. Imágenes de Lily sonriendo y su pelo brillando al sol o durmiendo como una niña pequeña en la Sala Común se mezclaba con imágenes de ella mirándole con una muda súplica en aquellos ojos verdes salpicados de lágrimas. Sacudió la cabeza en un vano intento de sacarse esos recuerdos de su cabeza. Por lo visto el viento helado que soplaba a aquella altura no servía de nada para organizar sus ideas.
Bajó unos cuantos metros y se deslizó suavemente sobre las copas de los árboles del Bosque Prohibido. Se fue adentrando en la oscuridad hasta que prácticamente perdió de vista las diminutas luces que proyectaban las ventanas del castillo. Alcanzó a ver el destello plateado que delataba a un unicornio y durante un rato jugó a perseguirlo por encima de techo del bosque. Pero el unicornio era más veloz y jugaba en su terreno así que pasados unos minutos lo perdió de vista entre los oscuros troncos de los árboles.
Ahora volaba sin rumbo alguno, solo, en medio de ninguna parte y sus sentimientos y su cabeza seguían siendo el mismo caos que al principio. Con un gruñido de frustración inclinó la escoba y descendió hasta una de las ramas bajas del árbol más cercano. Se sentó apoyándose en el tronco y cerró los ojos mientras se masajeaban el puente de la nariz y se quitaba las gafas.
Lo único que tenía claro era que le debía una disculpa a Evans por haberla insultado, pero ¿y después que? Aunque ella le perdonase y no le mandase a la mierda, cosa bastante probable suponiendo que antes no le lanzase alguna maldición imperdonable, que iba a hacer entonces. ¿Que quería hacer? Ella no quería ni oír a hablar de salir con el, así que no iba a insistir mas, pero entonces que iban a hacer. Nunca habían sido amigos realmente, así que pedirle dejar su relación solo en una bonita amistad quedaba bastante fuera de lugar.
Pero se negaba a perderla del todo. No quería dejar de ver su sonrisa, no quería perder de vista sus grandes ojos verdes, no podía permitirse no oír nunca mas su voz regañando a algún alumno, y desde luego no podría vivir sin hacerla rabiar y ver como el enfado asomaba por cada poro de su piel de porcelana. No lo soportaría.
Un nuevo destello plateado capto su atención deteniendo el curso de sus pensamientos. Provenía de entre un grupo de árboles ocultos prácticamente por un zarzal. James no se movió y permaneció tranquilo. Uno nunca sabía que podía encontrarse en el Bosque Prohibido, ya que había desde acromántulas hasta un hombre-lobo suelto cada luna llena, pero por experiencia propia sabía que un ser con ese brillo no podía ser algo malo. Así que simplemente se limitó a esperar a que la criatura reuniese el valor para salir de su escondite.
El tenue resplandor que emitía se fue fortaleciendo a medida que el misterioso y tímido animal iba saliendo de su refugio tras las zarzas. James empezó a darle vueltas rápidamente a sus conocimientos sobre criaturas mágicas para poder descubrir de qué ser fantástico se trataba. Un sonoro bufido y el amortiguado sonido de unos cascos le dieron la pista.
El unicornio finalmente se decidió a salir de la oscuridad y se acercó despacio y con pasos vacilantes hasta que su blanco pelaje recibió un rayo de luna y se convirtió en plata líquida. James no se lo podía creer. No era un experto en esos animales, sabía que había varios ejemplares en el bosque y que las crías algo más sociables que sus padres eran de un increíble color dorado. Pero nunca había leído por ninguna parte que un unicornio adulto apareciese así de la nada y se mostrase tan relativamente relajado con la presencia de un humano. Por lo que el sabía eran criaturas tan puras que rehuían cualquier encuentro con las personas y mas aun los hombres así que el chico totalmente anonadado no se atrevió a moverse ni un centímetro por miedo a que el bello animal se asustase y huyese.
Pero el unicornio permanecía tranquilo mordisqueando la rala hierba que crecía en esa parte del bosque. El resplandor que generaba a su alrededor era como un aura de paz y pureza que poco a poco contagió a james que aunque todavía seguía helado como una estatua se relajó consiguiendo así lo que su gran amiga la escoba no había podido.
El animal le miró repentinamente bufando de nuevo y moviendo la cabeza arriba y abajo en un claro gesto de impaciencia, se sacudió la crin y siguió mirando al chico como si esperase algo por su parte.
James alucinando mas si cabe llegó a la conclusión de que el unicornio quería decirle algo (que genio) así que moviéndose lo más despacio que podía dadas las circunstancias (estaba subido a una rama a unos 3 metros de altura) bajó al suelo magullándose la rodilla en el proceso. Se incorporó a cámara lenta y dejó la escoba apoyada en el tronco del árbol para no asustar al animal. Este seguía mirándole fijamente quieto en la misma posición que antes, visiblemente tranquilo.
El chico por fin se decidió a dar unos tímidos pasos en dirección al animal que le miraba transmitiéndole una sensación de paz que James no recordaba haber sentido nunca antes. Cuando apenas les separaba un metro James se paró y movió con cautela un brazo con intención de tocar al animal. Fue despacito, sin prisa, mostrando la palma de la mano y finalmente tocó el blanco hocico del unicornio.
James no recordaba haber tocado nunca algo tan suave, la seda ni quiera se le acercaba. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar pues una serie de imágenes se agolparon en su cerebro haciéndole cerrar los ojos con fuerza. Él gritando a Lily, Lily llorando mientras él marchaba de la habitación, él insultándola… todas las tonterías que había hecho esa noche se sucedieron una tras otra en un remolino de sensaciones que le dejó un regusto amargo en la boca y el mayor sentimiento de culpabilidad que había tenido nunca.
Abrió los ojos intentando ajustarse al contraste que la blanca piel del unicornio creaba con el oscuro entorno que los rodeaba. El animal le seguía observando y por alguna mágica razón entendió su mirada tan claramente como si se hubiese puesto a hablar.
"Le has hecho daño"
La certeza de ese pensamiento atravesó a James como una flecha. Lo sabía. Lo había sabido incluso antes de decirle aquellas hirientes palabras. Y aun así las pronunció, aunque cada una de ellas estuviera de teñida de un odio que realmente no sentía. No la odiaba, se odiaba a si mismo por haber sido incapaz de retenerla a su lado, por no haber estado a la altura para poder conquistarla, por no ser la persona que ella necesitaba en su vida.
"Pero lo eres"
James alzó los ojos sorprendido hasta que hicieron contacto con los del animal y una nueva serie de imágenes entró en su mente como un tornado destruyendo todos sus pensamientos negativos a su paso. Podía ver claramente a Lily en todas ellas, sonriéndole o mirándole con algo en la mirada que no sabía identificar. Agradeciéndole por curarle y por defenderla, riendo con él de sus chistes y compartiendo anécdotas. Una sensación de calidez se fue abriendo paso en su sistema mientras imágenes de esa velada y de ese último año iban sucediéndose.
"Te necesita"
En cualquier otra situación el chico probablemente no se lo habría creído, pero resulta que estaba en mitad del Bosque Prohibido "hablando" con un unicornio, así que en cuanto escuchó aquello su mente lo aceptó como si lo hubiera sabido toda la vida. Tener la certeza absoluta de que ella le necesitaba a él era tan nuevo pero a la vez tan obvio como cuando de pequeño aprendes que el sol sale por el este y se esconde por el oeste. ¡Le necesitaba! Podría gritarlo a los cuatro vientos y aun así estaría lleno de una energía tan desbordante que sería capaz de ir hasta el fin del mundo con Lily. Los dos juntos por fin.
"Ve con ella"
James se sobresaltó tanto que dio un paso atrás bruscamente. ¿Ir con ella? ¿Ahora? ¿Estás loco? Quiso preguntar. Pero el repentino movimientos del chico asustó al unicornio que con un rápido quiebro esquivó a James y salió corriendo al galope despareciendo en la espesura del bosque en un abrir y cerrar de ojos.
James seguía inmóvil en una postura que le pareció bastante ridícula en mitad de la oscuridad de ninguna parte. Buscar a su Lily ahora e intentar hablar con ella para arreglar las cosas o simplemente cruzarse en su camino en ese momento estaba más que seguro que tendría las mismas consecuencias que cruzarse en una estampida de centauros.
En pocas palabras, lo machacaría físicamente hasta dejarle más inútil que la primera rebanada del pan Bimbo, decir que le parecía un suicidio era quedarse corto. Porque el quería a Lily, pero por esa misma razón sabía de sobra que encontrarse en su radio de acción cuando estaba en estado de "odio a Potter y todo aquel que le ría las gracias" no era bueno para su integridad física. Los medimagos ya alertaban seriamente de que acercarse a chicas mentalmente algo desequilibradas en esas circunstancias era perjudicial para la salud. Así que a pesar de tener claro que iba a seguir el consejo de su nuevo amigo el unicornio pensó que lo mejor era dejar algo de tiempo a su Lily, que descansase su malhumor y su genio y mañana sería otro día.
Rápidamente y sabiendo exactamente qué tenía que hacer James giró sobre sus talones en busca de su adorada escoba y se marchó en dirección al castillo perdiéndose de vista tan rápido como el unicornio.
En la Sala Común de Gryffindor reinaba la tranquilidad más absoluta. El fuego que hasta hacía unos minutos había ardido alegremente, empezaba a consumirse dejando como único testigo de su anterior viveza unas brasas que espantaban la oscuridad de la estancia con su resplandor rojizo.
La profunda respiración de dos figuras en uno de los sofás de la habitación era lo único que rompía ligeramente la quietud de la noche. Una de ellas, hacía equilibrios en el borde del mueble. Rose, mucho mas cómoda arropada entre el bulto equilibrista que era Sirius y el respaldo del sofá se preguntaba cuanto iba a aguantar así el chico sin estamparse contra el suelo.
Después de haber arreglado el malentendido, Rose se había dejado llevar un poco y bueno habían acabado dándose el lote en ese mismo sofá. La cosa no había llegado a mas, para empezar porque aquel no era el momento ni desde luego el lugar, cualquier alumno podría levantarse y pillarlos con las manos en la masa, o en zonas algo mas placenteras. El caso es que Sirius a pesar de todo, era un caballero así que no hizo falta que ella le parase los pies. Simplemente acabaron acurrucándose como una pareja normal y corriente frente al fuego. Como si no hubiera intentado matarle hace dos días.
Sirius había caído presa del sueño hacía algunos minutos y Rose no quería despertarle porque se le veía tan tranquilo y en paz que le daba una pena horrible, aunque la alternativa fuera que se cayese él solo al suelo si se movía en su sueño. No podía dejar de mirarlo y preguntarse como podía haber sido tan sumamente cabezona como para haber preferido putearle sin darle la oportunidad de explicarse y haberse ahorrado meses de mal humor y lagrimas en la oscuridad.
Porque a pesar de llevar semanas negándolo, sabía que Sirius le gustaba mas de lo que era sanamente recomendable tratándose de un merodeador que tenía fama de cambiar mas de novia que de camisa. Suspiró. Era último curso y apenas quedaban unos meses para que todos terminasen el colegio y salieran al mundo despidiéndose para siempre. A muchos nunca volvería a verlos, y sus caminos nunca volverían a cruzarse. Que pasaría con ellos dos, con el merodeador promiscuo y la amiga, siempre en un discreto segundo plano, de la prefecta perfecta. El propio Sirius había comentado un par de veces lo mal que se llevaba con su familia, y que no tenía ganas de volver a su casa. Su relación con Regulus era cuanto menos complicada, y era con quien mejor se llevaba, así que no quería pensar el infierno que tenía que ser para el convivir con ellos diariamente.
Volvió a suspirar y se removió inquieta. ¿Seguirían juntos cuando terminasen los EXTASIS? La distancia nunca era fácil y sabía que la casa familiar de Sirius estaba en Londres, mientras que ella vivía con sus hermanos en un pueblecito cercano a Godric's Hollow. Estaban a una aparición de distancia realmente pero, ¿se comprometería el? ¿Quería arriesgarse ella?
Nuevamente suspiró.
—Vaya…debo gustarte mucho. —Rose se sobresaltó tanto al oír la voz de Sirius a quien creía dormido que de haber ido ella la que estaba en el borde del sofá estaba segura de que habría caído rodando al suelo.
—¡Casi me matas del susto imbécil! —Para darle peso a la afirmación le arreó un golpe en el hombro—.¿Y a que viene eso de que me gustas?
—Dicen que cuando una chica suspira mucho es porque está enamorada. —Rose estuvo tentada de darle otro golpe por gracioso, pero se limitó a sacarle la lengua y hacerse la loca—.La pregunta es nena, a qué viene ese golpe. Me has hecho daño ¿sabes? —añadió dramáticamente el chico. Rose por su parte rodó los ojos.
—Venga ya, no seas crío Sirius. —Este insistió con su cara de ofendido y dolorido—.Santo Merlín… los hombres sois unos bebes… —Rose cogió aire y poniendo su mejor cara de arrepentimiento preguntó—.A ver dime donde te duele.
Sirius hizo un puchero y señaló su hombro. La chica eliminó los pocos centímetros que los separaban y le dio un ligero beso allí donde había señalado.
—¿Mejor? —preguntó Rose con aire reconciliador. Sirius asintió y por un momento pudo ver una mueca maliciosa en su rostro.
—Pero también me duele aquí. —Se señalo la barbilla. Rose lo miró seriamente, fingiendo preocupación y reprimiendo una sonrisa divertida le besó allí también—.Y aquí. —Esta vez se señaló la mejilla. La chica de nuevo posó sus labios allí y siguió su juego. Finalmente se señaló sus propios labios sin añadir nada más.
—Eres un maldito mentiroso Sirius Black. —Rose estaba al borde de la risa pero sin pensárselo mucho se lanzó a besar aquella boca que le llevaba tentando toda la noche. Sintió al moreno sonreír en medio del beso y la paz la invadió. Lo que tuviese que ser sería, y ya se preocuparía entonces.
En algún momento del beso, Sirius había enredado sus piernas en las suyas y Rose se agarraba a su espalda como si no hubiese un mañana, de manera que visto de fuera aquello debía parecer un nudo de extremidades.
Un ligero carraspeo a espaldas de Sirius hizo que Rose abriera los ojos sacándola de su ensoñación. Le costó un poco enfocar debido a lo cerca que estaba del chico y la oscuridad de la habitación. Pero allí claramente se recortaba la figura de una tercera persona.
El corazón de Rose pasó de 0 a 100 en microsegundos y el miedo a ser descubierta con Sirius se hizo presente y tomó forma cuando de un empujón intentó sacárselo de encima. Pero resultaba que el chico no estaba muy por la labor y deshacer ese lío de piernas no era tan fácil así que imprimió un poco mas de fuerza a sus brazos. Pero lo único que consiguió fue caer con Sirius al suelo. Y ni por esas le soltaba.
—Joder Rosie, pensaba que ya habíamos terminado con lo de intentar matarme. —El pobre Sirius se sobaba la cabeza con una mueca de dolor, pero con la otra mano todavía le tenía agarrada de la cintura cortando totalmente su única vía de escape.
El carraspeo volvió a oírse, esta vez seguido de una risilla irónica.
—Padfoot hermano, deberías tener mas cuidado, qué hubiera pasado si en vez de ser yo hubiese sido Evans quien os hubiese interrumpido. —Aun desde el suelo y en la posición comprometida en la que estaban, Sirius tenía la increíble habilidad de parecer totalmente seguro de si mismo y hacer como si aquello fuese lo más normal del mundo.
—Bueno Prongs, sabes que reconocería tu presencia en cualquier parte. No eres precisamente silencioso ¿sabes? —Sirius se incorporó soltando por fin a Rose que se puso en pie como un resorte y se alejó un par de metros de los chicos. Gesto bastante inútil teniendo en cuenta que James los había pillado estando pegados como lapas.
—Puedes acercarte Watson, que no muerdo. Aunque no creo que pueda decir lo mismo de tu mmm... ¿compañero de sofá? —James río divertido mientras señalaba el cuello de Rose en el que se veían claramente un par de marcas rojizas.
Rose se sonrojó hasta las orejas y hubiera dado su varita con tal de poder meter la cabeza bajo tierra como los avestruces y escapar de la embarazosa situación.
—Vamos James tío, que vas a hacer que huya con lo que me ha costado convencerla de que deje de intentar matarme. —Sirius decidió interceder un poco por su chica. Podía leer en la cara de Rose como un libro abierto y en ese momento había letreros luminosos que le indicaban que en cualquier momento la chica enfilaría las escalaras de las habitaciones de las chicas y se quedaría sin beso de buenas noches.
Rose les dedicó a ambos una mirada de desden, pero cedió y se acercó colocándose al lado de Sirius que esbozó una sonrisa de felicidad. James se alegraba por el, pero sabía qué venía a continuación. Un interrogatorio largo y pormenorizado sobre qué había pasado en la dichosa cita y sobretodo porqué volvía solo. Y dado que Watson aun no se le había echado al cuello para ahogarle con sus propias manos dedujo que Lily no había vuelto todavía. Así que adelantándose a la situación puso pies en polvorosa y mientras murmuraba un "buenas noches tortolitos" echó a andar hacia su cuarto.
Pero no había previsto la rapidez de la chica.
—Quieto ahí vaquero. —Rose que conocía las expresiones de Lily como la palma de su mano se dio cuenta de que Potter había puesto exactamente la misma cara que cuando esta pretendía escaquearse de sus preguntas sobre chicos, es decir que iba a huir. Así que haciendo uso de la práctica técnica de Sirius inmovilizó a Potter con un encantamiento no verbal.
—Que rápido aprendes Rosie. —Sirius lejos de escandalizarse por haber hechizado a su en teoría mejor amigo se carcajeaba y aplaudía el trabajo de Rose. Esta decidió ignorarle, podría gustarle mucho pero a veces era mejor no darle alas a su sentido del humor.
—No se a dónde pretendes ir Potter, pero la cosa va así. —Rose cogió aire e imitando la mejor cara de póker digna de Horatio de CSI Miami empezó—.Si apareces a las tantas de la noche después de haber quedado con mi amiga, solo, y con pinta de haber estado en medio de un huracán creo que como mínimo tengo derecho a saber donde cojones te has dejado a Lily, así que desembucha.
Watson deshizo el hechizo de cintura para arriba. James que estaba bastante hecho polvo por todo lo ocurrido esa noche lo que menos necesitaba era que otra loca le tocase la moral. Pero suponía que tenía razón. La única pega era que no tenía ni idea de donde podría estar Lily, y decirle eso a su amiga no parecía muy buena idea así que miró a Sirius pidiendo ayuda y este captó el mensaje rápidamente.
—Vale Rose tranquila, todos queremos saber donde esta Evans así que vamos a respirar hondo y vamos a hacer una cosa. —El chico advirtió a James con la mirada para indicarle que no le llevase la contraria—.Vamos a subir a nuestra habitación y vamos a hablar tranquilamente ¿vale?
Rose cada vez estaba mas nerviosa, sobretodo por la mirada derrotada que traía Potter. Eso no era una buena señal en ningún caso y que dejase que Sirius tomase la ridícula decisión de subir todos al cuarto de los chicos le pareció una pista del tamaño de una catedral de que algo no había ido nada bien.
Subieron los tres en silencio y sin mucha ceremonia despertaron a Lupin que dormía a pierna suelta y a Pettigrew que se cayó de la cama del susto. Explicaron brevemente la situación y James comenzó a contarles nervioso y bastante avergonzado lo que había pasado.
—…Insulte a Lily… —Rose sentada en el borde la cama entre Sirius y Lupin habría saltado al cuello de James si ambos no le hubiesen sujetado a tiempo. James la miró arrepentido y dolido pero se obligó a continuar—.Le dije algo que no debía y bueno, ella también me dijo a mi algunas cosas y discutimos…y la dejé sola en la Sala de los Menesteres. Eso es lo último que se…
Rose todavía sujeta por los dos chicos se llevó las manos a la cara en un claro gesto de frustración. ¿Es que esos dos no podían hacer nada bien? ¿Tan difícil era tener una charla civilizada sin tirarse sillas a la cabeza? Parecía olvidarse que no hacía ni tres horas a ella habían tenido que inmovilizarla para poder mantener una conversación. Sirius mucho más tranquilo fue quien se dirigió a James.
—¿Y cuanto hace de eso? —El aludido suspiró y se revolvió el pelo.
—Por lo menos una hora. —Sirius asintió y miró a Remus que tenía toda la pinta de arrepentirse de haber dejado a sus amigos sin su supervisión durante esas dos horas que llevaba durmiendo.
—Esto es lo que vamos a hacer. Vamos a buscar a Evans antes de que haga alguna locura. Remus, tu iras solo con la capa de James y Peter y yo juntos. —Se incorporaron los tres a la vez y cuando Rose y el propio James fueron a hacerlo soltaron una queja al unísonos.
—¡Black/Sirius! —Este solo les miró seriamente a ambos.
—He tenido que hechizaros a los dos para que os estuvierais quietos. —Centró su severa y lógica mirada en Rose—.Rosie, sabes de sobra que eres de todo menos silenciosa, si yo he descubierto tu planes contra mi, los prefectos que patrullan por los pasillos tardaran menos de lo que tardas en decir quidditch en encontrarte y no me mires así nena que parece que bizqueas. —La chica le miraba con claras intenciones asesinas. Pero Sirius hizo caso omiso y se giró hacia su amigo —.Y tu James, deberías entender que en ese estado y por muy buen buscador que seas no serías capaz de encontrar ni a Hagrid entre una multitud de elfos domésticos. Así que los dos quietecitos os cuidáis mutuamente y buscáis una solución a la que habéis liado, porque no me cabe duda nena de que seguro que esto tiene que ver de alguna manera contigo. Ala, procurad no mataros en nuestra ausencia.
Y dicho eso, los tres desaparecieron por la puerta, sellándola mágicamente y dejándoles aislados y sin posibilidad de salir. Lo único positivo es que el hechizo paralizante marca Black había desaparecido del todo por lo que por lo menos podrían moverse por la habitación.
Rose estuvo chillándole improperios a la puerta durante al menos 10 minutos con la esperanza de que algún compañero de casa le oyese, pero su merodeador parecía haber pensado en todo porque nadie apareció para sacarles de allí.
James por su parte estaba resignado a su suerte así que se descalzó los zapatos y se lanzó a su cama. Se quedó allí mirando al techo del dosel. Para entonces Watson parecía haberse cansado de dar alaridos por lo que tuvo un poco de paz para ordenar sus caóticos pensamientos.
—¿Cómo demonios se te ocurre insultarla? —Pero la paz no duró ni medio minuto. Rose se había sentado en la que presumiblemente era la cama de Sirius a juzgar por el desastre que la rodeaba, y se masajeaba el puente de la nariz. James suspiró. Hubiera preferido desahogarse con cualquiera de sus amigos pero no le habían dado opción. Además de cualquier forma Watson se enteraría por Lily y en cualquier caso si no se lo contaba a alguien reventaría. Se armó de valor y de paciencia y decidió sincerarse con la chica. Aquella iba a ser una noche mas larga de lo esperado.
La habitación de los chicos volvía a estar en silencio. James le había contado la cita sin dejarse ningún detalle, incluyendo la parte de los insultos en la que Rose se limitó a arrearle con la almohada. En ese momento ambos estaban en la cama de James después de haberse gritado y reconciliado varias veces a lo largo de la última hora.
—Lo siento de verdad James. —Rose no podía creerse lo que había hecho su amiga. Sabía que era cabezona hasta la saciedad, pero después de la confesión del chico hasta ella misma se hubiera lanzado a sus brazos sin pensarlo. Pero a ella todo lo que se le ocurría era decir que le estaba mintiendo—.Nunca se me hubiera ocurrido que Lily podría hacer semejante tontería.
James le quitó importancia con un gesto.
—Tampoco es que yo haya estado muy bien —dijo apesadumbrado.
—Bueno la verdad es que lo de zorra frígida podrías habértelo ahorrado, pero yo soy la primera que te entiende. La cabezonería de Lily no tiene límites, mas de una vez me hubiera gustado estrangularla hasta hacerla entrar en razón, pero sería más fácil hacer que McGonagall se soltase el moño.
James río con ganas.
—Menos mal que eres su amiga. —Rose le miró divertida.
—Ya sabes lo que quiero decir. Es de ideas fijas y por alguna razón se le ha metido en la cabeza que vas a hacerle daño. —El chico bajó la mirada. Sabía que por su forma de actuar con otras chicas Lily tenía una imagen totalmente equivocada de él. Es decir, reconocía que sus novias no le duraban mucho, quizás más que a Sirius y además él tenía la decencia de no engañarlas, pero nunca eran periodos largos de tiempo. Así que su mala fama se la había ganado a pulso, y seguramente eso era lo que mas le dolía—.Estaba tan segura que incluso ideamos un plan para sabotear vuestra cita.
Rose se llevó las manos a la boca rápidamente. Se acababa ir de la lengua sin darse cuenta y por la reacción de James que se había envarado como si le hubiesen metido un palo de escoba por un lugar del cuerpo humano donde no llega la luz del sol, no pensaba dejar la conversación ahí.
—Rosie… —La sonrisa tranquila y el tono suave que utilizó asustó a la chica mas que si le hubiera amenazado con la varita—.Quiero una explicación y la quiero ya. —Acababa de liarla muy parda.
Amanecía de nuevo un soleado y tranquilo día de primavera en el castillo Hogwarts. No había rastro de nubes en el cielo y por la fuerza del sol tan temprano en la mañana Lily supuso que sería un día caluroso de esos que preceden al verano, y con el a los temidos exámenes. Recogió su mochila ignorando por completo a Rose que estaba en la cama contigua bostezando todavía, con pinta de haberse pegado con su almohada a juzgar por el nido de pájaros que era su pelo y salió por la puerta sin decir ni esta boca es mía.
Rose se sobresaltó por el ligero portazo y constató que una vez mas Lily había salido temprano a desayunar para después refugiarse en la biblioteca. Era el mismo ritual que llevaba realizando las dos últimas semanas desde que los chicos fueron a buscarla y la encontraron allí donde James la había dejado, en una especie de estado de shock del que salió tan pronto como Sirius la recogió del suelo para llevarla a la Sala Común.
El pobre Sirius aun conservaba un buen arañazo cortesía de Lily mientras intentaba zafarse de su agarre. La pelirroja no soltó prenda sobre cómo estaba o qué había pasado, le contó el chico, únicamente se había concentrado en intentar hacer daño a todo aquel que estuviese en su radio de acción. Pettigrew viendo el percal había desaparecido rápidamente alegando ir a avisar a Remus para que no siguiese buscando. Al llegar a la Torre Gryffindor la chica por fin consiguió su objetivo y salió corriendo a su habitación de manera que los chicos no pudieron seguirla. Y desde ese día había decidido ignorarlos y evitar a todos, incluida Rose desde que se hizo pública su relación con Sirius.
Si por James hubiera sido habría esperado toda la noche despierto al pie de las escaleras para poder abordarla cuando bajase a desayunar, pero todos coincidían en que lo mejor era darle algo de espacio. Pero el moreno se empezaba a hartar de la situación a ojos vista. Lily había perfeccionado la técnica de evitarle hasta límites insospechados. Tomaba desvíos enormes solo para no cruzarse con él en los pasillos en el cambio de clase, y comía a horas rarísimas para no coincidir con ellos. Por no mencionar su reciente descubierto amor a la biblioteca. Los merodeadores tenían prohibida la entrada en aquel lugar del castillo por lo que Lily claramente había decidido hacer de ella su refugio personal.
Hacía casi una semana que no se la cruzaba y eso que ella compartía habitación con la pelirroja. Y era obvio para todos que como la situación no cambiase pronto, James acabaría haciendo alguna locura.
Se le notaba en la forma en la que apretaba los nudillos cuando no la veía en el Gran Comedor, en la forma en la que miraba su espalda en las clases que compartían como si quisiese transmitirle por legemerancia todos sus pensamientos, en la cantidad de horas que pasaba subido a su escoba en el campo de quidditch entrenando sin motivo alguno, dando vueltas al campo con el único propósito de matar las horas.
—En que piensas nena. —Rose se giró hacia la voz reconociendo de inmediato el tono despreocupado de Sirius que la esperaba en la Sala Común para bajar a desayunar.
—Cuantas veces voy a tener que repetirte que no me llames eso. —El chico se sonrió divertido.
—Me encanta cuando te enfadas, no tienes ni idea de lo guapa que te pones. Ella rodó los ojos en un gesto de desesperación y procuró que no se le notasen las ganas que tenía de reírse—.Además parecías preocupada. ¿Pasa algo?
Rose suspiró y se encogió de hombros.
—Nada nuevo. —Sirius asintió pillando al vuelvo el hilo de pensamientos de su chica.
—No te preocupes, ya verás como las cosas se arreglan. —Sirius se acercó pasándole un brazo por los hombros. Pero Rose no tenía las cosas tan claras.
—¿Cómo mierda van a arreglar nada si Lily se niega a madurar y a hablar con ninguno de nosotros? Porque por si no lo habías notado para ella directamente no existimos. Y si nosotros no existimos James es menos que una partícula de polvo flotando en el aire y con las cosas así no veo de qué manera va a solucionarse esto.
—James no para de decirme que si no habla con ella se va a volver loco —empezó Sirius—.Yo también estoy preocupado Rose, pero ya hemos hablado de esto tropecientas veces y no se nos ocurre nada que podamos hacer para ayudarles, lo que quiere decir que lo mejor es no hacer nada. Las situación seguirá su curso y todo se encauzara correctamente por si mismo ya veras.
Y dándole un beso en la frente zanjó la cuestión. Lo que no le dijo es que James desde luego no pensaba soportar eso ni un minuto más y que posiblemente en ese instante ya estaba tomando carta en el asunto.
Lily sentada en su mesa habitual de la biblioteca miraba distraída por la ventana. Desde su posición no se podía ver nada aparte del cielo azul que seguía totalmente despejado como a la mañana. Un par de gorriones jugaban a perseguirse despreocupadamente de un lazo a otro mientras piaban ruidosamente. Su estomago les hizo eco. Se había saltado la comida porque al ser sábado no tenía ni idea de cuando bajarían los merodeadores a comer, y prefería morir de hambre que encontrárselos.
En algún momento de la semana se había dado cuenta de que a pesar de la ingente cantidad de horas que pasaba allí metida era total y absolutamente incapaz de concentrarse mas de dos minutos seguidos sin que su mente se pusiese a divagar por diversos temas. Principalmente Potter.
Había admitido que el chico le gustaba, pero eso no significaba que quisiese salir con el. No pensaba ser una mas en su lista. Aunque desde luego después de incidente de la Sala de los Menesteres no creía que James estuviese muy por la labor de dejarla entrar en su vida y menos en su cama. Pero bueno a ella eso le daba igual porque de todas formas no quería.
Devolvió de nuevo su vista a los apuntes de Pociones y suspiró vencida. Llevaba mas de media hora intentando organizar sus notas sobre el Filtro de Muertos en Vida y lo único que había escrito en el papel era el nombre de la poción seguido de un goterón de tinta que había traspasado tres pergaminos y había manchado la mesa.
Decidió que por la hora que era James habría terminado de comer y estaría en el campo de quidditch y por lo tanto tenía vía libre para ir hasta su habitación o quizás hasta las cocinas por algo con lo que llenar su estomago. Recogió las cosas con parsimonia en un estado pensativo. En los últimos tiempos había notado que Potter estaba más tiempo subido a la escoba que con los pies en el suelo. Saludó levemente con la cabeza a un par de compañeras de curso y salió por la puerta de la biblioteca bastante distraída.
Iba rebuscando un papel en sus bolsillos de la túnica por lo que no reparó en la silenciosa figura que la observaba apoyada en la pared a unos metros de la puerta hasta que ésta se interpuso en su camino.
Sin levantar del todo la vista ya sabía de quien se trataba. Era como si su subconsciente reconociese el aura del chico. Decidió ignorar el hecho de que sus hormonas se pusieron a bailar la conga y su corazón a bombear a mil por hora y encaró a James con seriedad. Pero fue él el primero en hablar.
—Hola Lily. —Nunca lo había pensado pero que bien sonaba su nombre en aquellos labios.
—Hola —murmuró ella mas para el cuello de su túnica que para el.
El buscador se revolvía el pelo claramente nervioso, gesto que hacía que la propia Lily se sintiese a la expectativa de lo que iba a decirle.
—…Antes de nada quiero que sepas que siento mucho lo que te dije el otro día y sobretodo que sepas que no pensaba, ni pienso que seas un zorra. —Lily asintió despacio sin saber muy bien como reaccionar o que hacer. James por su parte tenía pensado que iba a decirle así que cogió aire y sin esperar respuesta alguna de la pelirroja empezó a hablar—.Sabes lo mucho que me gustas Lily, y creo que ya te lo he dicho mas veces de las que puedo recordar. No sé cómo más decirte que quiero estar contigo y que me creas cuando te digo que nunca te haría daño.
Lily estaba inmóvil mientras su corazón y su cabeza empezaban una silenciosa batalla.
—No importa lo mal que saliese esa cita Lily por que yo te quiero tal y como eres. Te quiero con tus viejos vaqueros desgastados y el pelo recogido sin una sola gota de maquillaje. Me gusta esa parte de ti que te hacer ser irremediablemente puntual. Me encanta hacerte rabiar y que me des tus famosas collejas por que es la única forma que tengo de que me toques con esas manos tan preciosas que tienes. Me preocuparía si no fueses tu misma y dejases de comer todo lo humanamente posible. —Lily se dio cuenta de que James estaba echando por tierra todos sus esfuerzos por seguir al revés los 10 dichosos pasos de la revista. De alguna manera él sabía lo que ella había intentado y aun así allí estaba, una vez mas declarándole sus sentimientos—.No podría vivir sin escuchar tu voz, ni tu risa, ni las historias sobre tu familia, y me encanta que pongas la misma atención hablando que escuchando a los demás, sobretodo a mi. Nunca dejaría que te emborrachases de nuevo y mucho menos si eso acaba en una discusión. Me llena de orgullo saber que vas a ver los partidos de quidditch aunque lo hagas camuflada, y podría saltar de alegría cuando me enteré de que aquella vez te preocupaste por mí. —Una sonrisa involuntaria y tímida se extendió por los labios de la pelirroja dándole al chico fuerzas para continuar—.Me daría de cabezazos con una pared antes que volver a acercarme a ninguna de las chicas con las que he estado y te aseguro que ganas no me faltan de pegar a todos los inútiles que alguna vez te hayan podido hacer daño aunque eso me incluya. Nunca me perdonaré el haberte dicho esas palabras…y haber estropeado la única oportunidad que tenía para que te dieras cuenta de lo mucho que te quiero.
Lily se llevó una mano a la boca ahogando una exclamación de sorpresa. No es que no lo supiera, cada gesto en él le decía a gritos los sentimientos que le profesaba. Pero una cosa era saberlo intuitivamente y otra muy distinta aquella declaración directa y clara.
Había rebatido todos los puntos de su genial plan para sabotear la cita, y a pesar de lo cruel que había sido ella aquella noche, allí estaba James. De pie, en frente suya, conteniendo la respiración y confesándole y corroborando todo lo que Lily ya sabía. Que la quería a pesar todo, que no pensaba rendirse tan fácilmente y que no pensaba dejarla ir por las buenas sin una respuesta sincera de por medio.
Podía notar claramente la cantidad enorme de emociones que emitía el moreno como si fuesen hondas que impactaban contra ella. Notaba el nerviosismo que exudaba con cada movimiento contenido de sus manos. Sentía como si de una caricia invisible se tratase la sinceridad que había impreso en cada una de sus palabras. Percibía su determinación en la forma que tenía de mirarla fijamente, gritándole en silencio que no se daría por vencido. Pero sobretodo, por encima de cualquier otra emoción, lo que mas claramente percibía era el amor que destilaban todas sus acciones juntas. Había empezado como una corriente eléctrica que le recorrió la columna desde la cabeza hasta las puntas de los pues y le puso la piel de gallina, y poco a poco remitía dejándole una calidez que nunca antes había sentido. Como cuando te tomas una taza de chocolate caliente cuando vuelves a casa después de andar por nieve, pero mil veces mejor.
Sabía que se había sonrojado probablemente hasta alcanzar el color de su pelo. Y sentía como James estaba atento al mas leve movimiento de su cuerpo, casi como si esperase que ella echase a corre y él se preparase para seguirla. De hecho era una idea que había cruzado como una estrella fugaz por la mente de Lily, pero había pasado de largo dejando a su paso solamente un deseo. El de ser sincera con él de una vez por todas, y sobretodo ser sincera consigo misma.
Quería a James. Lo había sabido desde que en tercer curso éste le confesó como entrar a las cocinas por la noche para conseguir un tentempié. Una joven Lily había pasado toda la tarde ayudando al buscador con un castigo que les había impuesto Filch por culpa de Peeves, y la hora de la cena había pasado, haciendo que las tripas de la pelirroja rugiesen sonoramente. Recordaba como si hubiera sido ayer que se avergonzó e inventó una excusa vaga para alejarse del chico. Pero éste en vez de reír o incluso meterse con ella como había esperado le sonrío sinceramente, y la condujo a las cocinas donde los elfos les dieron mil atenciones.
A pesar del tiempo pasado, ese era uno de sus recuerdos mas felices, y el mas recurrente cuanto intentaba invocar un patronus. Y ese pequeño pero relevante detalle debería haberle bastado para saber que sus sentimientos hacia james eran reales. Pero aun así, no fue hasta la maldita cita del demonio cuando se permitió aceptar que efectivamente ese chico la traía de cabeza y no era un encaprichamiento pasajero. Si en cuatro años su amor hacia el seguía intacto, todo indicaba a que posiblemente seguiría siendo así siempre. Y ese solo pensamiento era lo que le había obligado a decir las hirientes palabras que le dijo aquella noche.
—…No tienes que pedirme perdón. Estabas en tu derecho de hablarme así después de cómo me comporte. —De momento eso era a la único a lo que se atrevía a responder—.Soy yo la que tiene que disculparse por como te traté. —Notaba el cambio de postura en James. Estaba a la expectativa y parecía que su determinación empezaba a flaquear al no haber respondido a su declaración de amor—…yo… me asusté.
Efectivamente, se había asustado de sus propios sentimientos. Pero ella era una Gryffindor, y habían pasado los días, y había tenido horas más que suficiente para pensar. Para mirar dentro de si misma y asimilar lo que allí había encontrado. Los ojos del chico se iluminaron con sorpresa y algo que Lily interpretó como esperanza.
Las palabras se le atascaban en la garganta y se sentía incapaz de decirlas bajo la atenta mirada de James. El chico veía la impotencia en los ojos de chica, y le alentó a seguir.
—¿Por qué te asustaste? —Lily le miró indecisa y cogió aire.
—Me asusté porque… nunca he querido ha nadie como te quiero a ti, James.
Tenía la certeza de que podría freírse un huevo en su cara a juzgar por el calor que sentía tanto en su frente como en las mejillas. La cara de estúpido retrasado que mostraba el buscador en esos instantes no ayudaba precisamente. Le hacía plantearse si le había causado algún tipo de shock emocional y tentada estuvo de darle una de sus famosas collejas. Pero en su lugar se acercó un paso y preguntó con voz vacilante.
—¿Estas bien James? —Ante la mención de su nombre pareció salir un poco de su ensimismamientos y la miró fijamente con algo que Lily no tenía ni idea de cómo interpretar.
—Si, pero dilo otra vez. —Lily le observó recelosa. No pensaba repetir su vergonzosa confesión ni por todo el oro de Gringotts.
—No pienso ser yo la que aumente tu ego con una repetición de la jugada. Si quieres volver a verla te compras un giratiempo —dijo cruzándose de brazos y adoptando una expresión enfurruñada.
Pero el chico solo se acercó unos pasos mas sonriendo y haciendo caso omiso de la pulla.
—No me refiero a eso —acabó con la distancia entre ambos rodeando la cintura de Lily con sus fuertes brazos—, di mi nombre otra vez.
Si antes se podía haber hecho un huevo frito en la frente de Lily, ahora estaba segura de que podría cocinarse una tortilla de varios huevos en ella.
—…James. —La sonrisa del chico se ensanchó y sus ojos brillaron de una forma nueva para Lily que sin mirarse sabía que los suyos propios correspondían de la misma manera como si ambos se hubieran reconocido.
Apretó el agarre alredor de su cintura y Lily tubo que aferrarse a sus brazos para no perder el equilibrio. James se acercaba lentamente a su cara, como si le estuviese dando tiempo a escapar si ella así lo quería. Pero la pelirroja no se movía, estaba quieta, totalmente a la expectativa. Su corazón iba a mil por hora y estaba segura de que con lo cerca que estaba el moreno tendría que sentirlo.
Cuando apenas había distancia entre sus labios James se detuvo.
—Te lo voy a preguntar una última vez. Lily Evans, ¿quieres salir conmigo?
Lily sonrío radiante y como toda respuesta se lanzó a besar aquellos labios que la traían loca desde hacía tanto tiempo. Sintió como James sonreía en medio del beso y echó sus brazos al cuello del chico haciendo desaparecer cualquier espacio entre ambos cuerpos.
Y en ese momento supo varias cosas.
Quería a james. Siempre lo había hecho, y lo mejor de todo es que él le correspondía. Podría ponerse a saltar si eso no supusiese tener que soltarse de los brazos del chico, de su chico.
Le importaba una soberana mierda quien pudiera verles abrazados de aquella manera en mitad del pasillo. Y por la forma en la que James se aferraba a su cintura parecía pensar tres cuarto de lo mismo.
—Y yo preocupada por si se habían matado y sus restos estaban esparcidos por todo el castillo. —Una voz femenina los bajó de su nube.
—Ya te había dicho nena que no tenías nada de que preocuparte. —Lily sonrío mentalmente al ver aparecer al fondo del pasillo a su amiga Rose y los tres merodeadores—.James tiene la útil habilidad de amansar fieras.
—La única razón por la que no te mando a freír espárragos con viento fresco es porque estoy de bueno humor Black, así que hazme el favor de no estropeármelo —dijo la pelirroja aun sin soltarse de James que no parecía ser capaz de dejar de sonreír.
—Yo diría más bien que es porque eso supondría tener que soltarte de James y no se te ve muy por la labor —apostilló acertadamente Remus con una sonrisa lobuna.
Todos rieron más o menos disimuladamente ante el comentario, incluso Lily se permitió una media sonrisa.
—Sois unos envidiosos —contestó ante la sorpresa de todos. Iba a añadir algo mas pero su hambriento estomago la interrumpió rugiendo como si no hubiera comido en semanas. James le sonrío y Lily supo que ambos pensaba en aquella vez en las cocinas y correspondió el gesto apretando ligeramente su agarre alredor suyo.
—¡Quien se apunta a un picnic al aire libre en los jardines! —gritó James totalmente exaltado. Las manos y gritos de los merodeadores no se hicieron esperar. Y rápidamente echaron a andar totalmente emocionados ante la perspectiva.
Lily y Rose se miraron comprensivamente.
—Ya era hora de que te dieras cuenta pelirroja. —Lily sonrió de nuevo pensando que le daría un tic en las mejillas de tanto hacerlo, pero sinceramente no podía parar. Se encogió de hombros quitándole importancia al comentario—.Me alegro mucho de verdad. —Y se abrazaron amistosamente.
—¡Os estáis quedando atrás chicas! ¡Si no queréis que Remus os deje sin comida daos prisa! —gritó James totalmente entusiasmado.
—¡Oye! —protestó el lobo ofendido ante las risas de todo el grupo.
Lily y Rose se dispusieron a seguirles contagiándose de las risas.
—¿Cuándo vamos a decirles que esta lloviendo? —preguntó divertida Rose a su amiga.
—Déjales que disfruten un poco mas, de todas formas seguro que idearían algún plan para salir a comer fuera aunque cayeran chuzos de punta. —Ambas se sonrieron de forma cómplice y alcanzaron por fin a los chicos.
James se colocó a su lado automáticamente y la cogió de la mano echando a correr y arrastrándola con el. Lily se echó a reír espontáneamente. No tenía ni idea de donde salía todo ese buen humor. Lo único que sabía era que quería a James, que él la quería a ella y que con ese reconfortante sentimiento podría enfrentarse al mismísimo Voldermort. Pero por el momento lo único que le preocupaba sobre su futuro era cuanto tardaría James en volver a besarla. Conteniendo un nuevo sonrojo se concentró en no caerse mientras corría tras el chico y le escuchaba gritar.
—¡El último en llegar a las cocinas es un Slytherin amargado! —Y con ese grito de guerra y en mitad de una desordenada algarabía de voces agitadas y risas desaparecieron por un recodo del pasillo.
Bueno pues eso es todo. ¿Qué os ha parecido? Yo de momento estoy tan contante por haber terminado mi primera historia medianamente larga que me encanta. Seguramente luego acabare sacándole algún que otro fallo, pero ahora estoy que puedo saltar de contenta.
Espero de verdad que os haya gustado y que al ser el último capítulo me dejéis vuestra opinión del conjunto de la historia, ¿porfa...? os estoy poniendo cara de pena aunque no me veáis...
En cualquier caso quiero dar mi mas sincero agradecimiento a todos y todas las que me leéis aunque no dejéis constancia de ello, pero sobretodo a esas maravillosas personas que se han tomado dos minutos de su tiempo para dejarme sus opiniones porque sin ellos la historia no habría sido posible.
Samanta Black, Ayda Merodeadora, LaineyRavensdale, Leyla, JinP, beth potter, LucyTheMarauder, AnniaW, SerenaMileto
¡Muchas gracias!
Espero que sigamos leyéndonos por aquí, un besito a todas y gracias un vez mas.
