Capítulo 3: De planes arriesgados, decisiones y encuentros

— Tsurugi, explícanos eso, por favor.

El equipo seguía allí parado, en medio de la nieve entre los árboles. Algunos estaban examinando el nuevo "collar" de Sasuke, con quejidos por parte de éste; y otros estaban discutiendo acerca de los cambios de humor que sufría Tenma. Lo que les había contado el de ojos ambarinos no había hecho más que avivar sus preocupaciones, pero fue la voz calmada de Shindou lo que hizo que volvieran a atender a Tsurugi.

El delantero suspiró y se cruzó de brazos, frunciendo el ceño ligeramente.

— Es largo de contar, pero os explicaré lo más importante. Cuando entré al Fifth Sector para poder pagar la operación de mi hermano, tenía las ideas claras. Con eso quiero decir que sabía lo que hacía… pero no dónde me metía.

Pasábamos por entrenamientos muy intensos, y uno de ellos era en una zona cerrada, donde te metías dentro de una estructura amplia y alta, llena de agujeros de tamaño considerable. Ahí es donde les sacábamos el máximo partido a nuestros avatares, llevándolos a niveles insospechados. Por los agujeros que he mencionado antes no sólo salían balones, sino también descargas que corrompían tu mente y te hacían odiar determinadas cosas que les interesara a ellos, y te nublaban la capacidad de juzgar, de manera que no atendías a razones. ¿Recordáis cuando me conocisteis? Era muy desagradable. Pero gracias a Tenma fui abriendo los ojos y me libré del control mental. Desperté justo a tiempo, ya que luego me contaron que si hubiera llegado a tener un solo bajón temporal más me hubiera muerto. Por lo que parece ahora han mejorado su método, que me atrevería a decir que es electrónico. Aunque a pesar de todo, se ve que sigue fallando.

Tras las palabras de Tsurugi todos callaron, pensativos. Si pudieran llegar a desactivar el dispositivo, Tenma sería libre. La luz se veía tan cerca, pero a la vez tan difícil de alcanzarla…

— ¿Tenemos alguna opción? – preguntó Aoi, a lo que el delantero asintió.

— Pero el tiempo corre en nuestra contra. Calculo que tenemos unos cuatro meses. Y no será fácil.

— Pero si son tan sólo cuatro meses… ¿por qué no han muerto más jugadores? Es extraño– intervino Kirino.

— No a todos se les aplica el mismo criterio. Normalmente renuevan el control cada cinco meses para evitarlo, precisamente– contestó Tsurugi–. Por eso digo que nos quedan cuatro meses antes de que renueven su control… o algo peor.

— No importa lo que nos pongan delante, podremos hacerlo– dijo firmemente Shinsuke.

— Y así lo espero.


Mientras, en otro lugar, alguien se desplazaba entre las sombras con la ligereza de una pluma. Burló las cámaras de seguridad con la misma facilidad de siempre, y se adentró en el edificio. Caminaba por un pasillo en penumbra con las manos en los bolsillos y cavilando sobre su siguiente movimiento. Dobló la esquina y por fin se dejó ver; caminaban muchos alumnos a su alrededor.

Odiaba tener que pasar por allí, no le gustaban las aglomeraciones de gente, pero no tenía más remedio. Los que lo veían pasar se alejaban instintivamente y murmuraban entre ellos. Se rumoreaba que habían traído por la fuerza al ex-capitán del Raimon, aunque él parecía encontrarse a gusto aquí. Se había ganado el recelo de sus compañeros, ya que no se relacionaba con nadie excepto con quién le interesaba. Procuraban no acercarse a él, porque se enrarecía el ambiente y notaban como una presencia acechante detrás del chico.

Varios timbres melódicos sonaron, y la actividad de los pasillos se detuvo durante unos instantes. Los estudiantes alzaron la cabeza, esperando el mensaje.

Matsukaze Tenma, preséntese en el despacho del Seitei inmediatamente.

El castaño resopló con desdén y apuró el paso, ignorando las miradas que se acababan de clavar en él. Desapareció nuevamente por una esquina, y subió las escaleras con calma.

Odiaba al Seitei, Senguuji Daigo, pero no le quedaba otra que respetarlo, ya que si no hubiese sido por él no tendría el poder que posee ahora.

Torció a la derecha al remate de las escaleras, y se encontró ante una enorme puerta de acero con el símbolo del Fifth Sector impreso en ella.

Las cámaras que custodiaban se giraron hacia el chico, y tras identificarlo se abrió la puerta. Entró con aires de superioridad, observando a los guardias a ambos lados del pasillo. Enfrente de él se alzaba la alta figura del Seitei, sentado en su trono. Tenía las manos entrelazadas y los codos apoyados en el reposabrazos. En cuanto Tenma hizo una pequeña reverencia ante él, se levantó y lo miró altivamente.

— Matsukaze, ¿qué se te ha dicho sobre encontrarte con tus antiguos compañeros del Raimon?

— Que lo tengo terminantemente prohibido– dijo sin algún rastro de emoción en su voz.

— ¿Entonces…?

El Seitei se acercó peligrosamente a él. Su alta figura se veía acentuada por las recortadas sombras de la estancia, proporcionándole un aspecto más amenazante.

— Es parte de mi estrategia– contestó encogiéndose de hombros.

— ¿No tienes nada más que decir?

— Sí: vuestras cámaras de seguridad son muy fáciles de burlar– comentó con arrogancia sonriendo de medio lado.

Después, se dio media vuelta sin decir una palabra y volvió por donde había venido, desvaneciéndose en medio de un viento sombrío al llegar a la puerta.

El Seitei se dejó caer sobre su asiento, resoplando.

— Es un chico muy insolente ¿no, señor?– preguntó una tranquila voz cercana a sus rodillas.

— Sí, sólo le falta la chaqueta de cuero y el tupé– contestó con ironía–. Pero es nuestra mejor baza para hacer sucumbir a los molestos del Raimon.

La voz se rió suavemente, y su cara se volteó, mostrando unos ojos y una sonrisa rojos como el mismo infierno.

— Y yo me encargaré de que así se cumpla– respondió con una voz estridente, dejando escapar una sonora carcajada que retumbó en toda la sala.


En la sala de reuniones del club del Raimon estaban teniendo un acalorado debate sobre cuál sería su próximo movimiento. Sasuke los escuchaba tumbado desde una esquina, interviniendo de vez en cuando, cosa que le era fácil porque aún no se habían acostumbrado a que el perro hablara. Mark, Jude, Silvia y Celia también participaban, aportando sus conocimientos sobre el Fifth Sector.

— ¿Entonces, pretendes que entremos clandestinamente a sus instalaciones y desactivemos la máquina que controla a Tenma?– habló Shinsuke, tragando en seco.

— Exactamente– asintió Tsurugi.

—Es eso o destruirla– intervino Kariya–, lo que más fácil y rápido resulte.

—Yo no me arriesgaría a cargárnosla– habló Shindou, cruzando los brazos–, porque puede activarse algún mecanismo de urgencia y matar a Tenma en el acto.

— ¿Podemos dejar de usar los términos "Tenma" y "matar/morir" juntos, por favor?– pidió Hayami temblando.

Kurama suspiró, y le sugirió amistosamente que saliera un rato a despejarse, cosa que le pareció buena idea al chico. Amagi lo acompañó, temiendo que le fuera a dar algo.

—Pero, ¿adentrarse en el Fifth Sector no es muy arriesgado?– preguntó Ryouma retomando la conversación.

— Tenemos que intentarlo. Por Tenma– murmuró Aoi.

Tsurugi había sido el que había propuesto la idea. Él podía servir de guía, pero el fallo estaba en que desconocía si algo había cambiado ahora que estaba bajo el liderazgo de Senguuji Daigo.

— ¿Necesitáis un poco de ayuda, no?

Todos se voltearon hacia la puerta y vieron entrar por ella a Axel, cargando unas cartulinas enrolladas bajo el brazo. El hombre sonrió y los allí presentes le devolvieron la sonrisa, felices de que Axel les ayudara.

— Os he traído estos planos– comentó el legendario delantero posando los papeles sobre la mesa–, son de las instalaciones del Fifth Sector.

Los desplegaron, y vieron todas sus plantas repartidas individualmente. Se podían observar incluso las posiciones y rango de visión de las cámaras que guardaban el lugar.

— Es… increíble– murmuró Jude asombrado–, ¿Cómo los has conseguido?

— Tengo un contacto infiltrado que es cercano al Seitei, uno de sus hombres de confianza.

— Y una vez más, eso demuestra que en una organización de tal calibre no te puedes fiar ni de tu propia sombra– comentó Mark distraído, observando los planos.

— ¿Qué son estas cruces?– señaló Shindou.

El resto del equipo se fijó en lo que señalaba su capitán (que había retomado el puesto tras lo ocurrido), y observaron interrogantes a Axel.

— Esas cruces marcan los puntos ciegos de las cámaras– explicó–. Sinceramente, no pensé que tuvieran ninguno, pero esto nos facilitará un poco la intromisión.

Asintieron en silencio, y por primera vez se sintieron cansados. Esos días no habían dormido mucho, y todos sus rostros mostraban evidentes signos de fatiga.

Y Axel lo notó.

— Iros a dar una vuelta por ahí, mañana a la tarde ya terminaremos de concretar el plan– sonrió comprensivamente–. ¿Te parece bien, Mark?

— ¡Por supuesto que sí!– exclamó, incorporándose–. ¡Ala, que corra el aire!

Empujó al equipo fuera de la sala, no sin varios quejidos de disconformidad por parte de éstos. Una vez estuvieron todos fuera cerró las puertas a la vez que les sonreía.

Resignados, se separaron en grupos y se fueron a pasear, cada uno por su lado. Hikaru le había preguntado a Aoi si quería ir con él, a lo que la chica aceptó.

Caminaban tranquilamente por el parque, hablando sobre el plan que llevarían a cabo. El chico advirtió que ella no se sentía cómoda y cambió de tema, optando por la obra de teatro que iban a representar en unas semanas.

Aoi era la princesa, y Hikaru… un árbol. El papel del príncipe lo había conseguido Kariya. De repente sintió una punzada de celos, y le entraron unas repentinas ganas de lanzarse contra su amigo que, por suerte, no estaba con ellos. Rápidamente se reprendió por querer hacerle eso a Kariya, pero se preocupó aún más por otro motivo. Ya le era prácticamente imposible controlar lo que sentía por Aoi. No quería confundir los sentimientos de la chica, que ya tenía bastante con lo que estaba ocurriendo.

— ¡Hikaru!

— ¿Eh?– el nombrado se volvió hacia ella, y de pronto vio como una bola de nieve se dirigía hacia él.

No tuvo tiempo de esquivarla y se estampó contra su cara, dejándole restos de nieve en algunas partes del rostro. Sonriendo de medio lado, se agachó y formó una compacta bola entre sus manos, lista para devolverle el golpe a Aoi. Por su parte, Aoi ya se había amurallado tras un fuerte de nieve y aprovisionado de bastante munición. Comenzaron la batalla con un grito de guerra que acabó en risas.


Corría rápidamente esquivando los árboles. No tenía mucho tiempo, debía encontrar a alguien pronto, antes de que todo volviese a ser oscuridad. Poco a poco sentía como aquella sensación volvía a invadirlo. Una rama en el suelo, una caída. Al incorporarse, la cicatriz había aparecido de nuevo, resplandeciendo un instante en las sombras. Dio un salto y salió a la luz, parando un momento a recuperar el aliento. Miró al frente y vio el manto níveo que cubría todo hasta donde alcanzaba la vista.

Escuchó varias voces a lo lejos, y creyó reconocer una de ellas. Retomó su carrera mientras se estremecía. La temperatura ya había comenzado a descender y el vaho salía de su boca cada poco. Un escozor en el brazo derecho le detuvo momentáneamente; aquel odioso tatuaje estaba volviendo. Apuró lo más que le permitía su cuerpo, y sonrió al ver que estaba en lo cierto: sabía de quién era la voz.

Pero algo que no esperaba ver le provocó un odio que apenas duró unos segundos, aunque inevitablemente aceleró el proceso y la oscuridad terminó por consumirlo.

El sistema se había reactivado por completo.


Aoi se había agachado tras un árbol, esperando que Hikaru no la encontrase allí. Lo vio pasar cerca con un par de bolas de nieve en las manos, y se acuclilló para intentar ocultarse lo máximo posible. El chico dio un vistazo a su alrededor y se fue a intentar buscarla en dirección contraria.

Aoi se relajó, y se incorporó para preparar su siguiente ataque.

— No sabía que estabas con Hikaru.

La chica abrió mucho los ojos y se quedó estática. Conocía demasiado bien aquella voz. Un escalofrío recorrió su espalda cuando se volteó y vio a Tenma apoyado en el árbol contiguo.

— Tenma…

El chico subió y bajó las cejas en acto de saludo. A pesar de que hacía bastante frío, el chico llevaba una chaqueta azul arremangada hasta los codos. ¿Vendría de un sitio en el que hacía calor?

— ¿Hay algo entre Hikaru y tú?– preguntó de forma directa.

Antes de contestar Aoi le observó a los ojos. Estaban ensombrecidos, pero hacían un extraño efecto. Se oscurecían y se aclaraban a cada rato, como si estuviera teniendo una lucha consigo mismo.

— No, solo es un amigo… y lo sabes.

— Pues se os ve muy felices– rebatió él cruzándose de brazos y con un matiz de… ¿nostalgia?

Creyó entender el significado oculto que llevaba la oración, pero prefirió callarse.

— Tengo derecho a estar con alguien como amigos, ¿no?

— ¿Entonces por qué ya no estás conmigo?– contestó él, apesadumbrado.

La chica notó su repentino cambio de humor, y cada vez estaba más convencida de que era debido al choque que producían ambas personalidades que habitaban su cuerpo, que eran del todo opuestas mirara por donde se mirase.

— Ya te lo he dicho, no eres tú en realidad, a pesar de que tengas momentos en los que sí.

— ¿Significa eso que ya no confías en mí?– dijo en un susurro.

— Eso será lo último que deje de hacer– sonrió levemente Aoi, acercándose y dándole un abrazo.

El castaño lo aceptó de buen grado, y se lo devolvió. Agachó la cabeza hasta posarla sobre la de ella, pensativo.

— Imagina por un instante que los del Fifth Sector están siguiendo tus movimientos– propuso Aoi separándose un poco–. ¿Cómo te sentirías si capturaran a alguno de nosotros o nos hicieran daño?

— Realmente mal– admitió Tenma.

— Pronto te liberaremos, ya lo verás– le aseguró ella sonriéndole cálidamente.

El castaño sonrió a su vez, y de pronto se acordó de por qué estaba allí.

— Aoi, escucha– urgió rebuscando en sus bolsillos–, no estoy aquí por casualidad. No tengo mucho tiempo, pero tengo algo que os ayudará.

Del bolsillo derecho sacó un papel doblado varias veces, y se lo entregó.

— ¿Qué es?

— No puedo decírtelo, no hay tiempo– repitió mirando nerviosamente a los lados, y tomó aire–. Nos volveremos a ver. Ah, y dile a Hikaru que no se arrime mucho.

Sin darle opción a contestar, salió corriendo por donde había venido, desapareciendo en el bosque.

Aoi se quedó parada, observando el lugar por donde se había marchado. Abrió su mano derecha y vio el papel que le había entregado, y optó por abrirlo.

— Por fin te encuentro– dijo Hikaru apareciendo por detrás–. Sí que te has escondido bi-… Aoi, ¿qué pasa?

Al ver que la chica no contestaba se preocupó y se puso delante de ella, y fue cuando vio la hoja. Le dirigió una mirada inquisitiva, alzando una ceja.

— Tenma ha estado aquí– explicó–, y me ha dado esto. Dice que nos ayudará.

Comenzó a desdoblarlo. Era una hoja de libreta rasgada con mucha prisa y algo garabateado en tinta negra.

— ¿Qué pone?– preguntó Hikaru.

P3S6 – A59F.


*Aparece tapándose con escudo* Hola :'D ¿Se me echaba de menos? *se tapa más* Ya sé que estáis echando humo por qué no he actualizado en… ah… demasiado. Dejémoslo ahí.

Pues resulta que os tengo una sorpresa. Hoy actualizo este, mañana subo un one-shot que tengo pendiente desde hace como un año y medio (me falta la parte final pero ahora no me da tiempo a rematarla) y, el dí lo mejor antes, Un Amor Incandescente. Por fin he recuperado la inspiración tanto para escribir como para dibujar, así que a partir de ahora subiré más a menudo siempre y cuando los profes ¬¬ me lo permitan. Personalmente me ha encantado cómo me ha quedado este capítulo, ojalá os guste tanto como a mí.

Saludos y nos leemos mañana~