Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Miren que ando romántica ja ja ja ja.
Disfruten…
3. A LA VUELTA DE LA ESQUINA
En casa del jefe Swan…
Bella acababa de llegar a su casa. Sus mejillas estaban sonrosadas, era el sonrojo que te produce en enamoramiento.
Subió a su habitación, ignorando los gritos de sus padres que como todos los días le daban la bienvenida.
Era hora de encarar a su sufrimiento.
La razón por la cual lloraba en el prado antes de que Edward la encontrara era porque su familia día a día se iba desmoronando. Habían quedado atrás los años en donde eran una familia unida y feliz.
Bella nunca supo que en realidad eso sólo era una fachada.
Su madre era una mujer interesada y su padre la amaba con locura.
Había pasado ya un año desde que se mudaron a Forks a causa de que un mal negocio, un nombre falso y una traición los dejó en la ruina. Desde ese entonces, las peleas no faltaban.
Era terrible y demoledor para Bella sentir la distancia que se iba creando entre ella y sus padres.
A veces deseaba que el tiempo regresara y pudiera ser aquella niña, pero no, tuvo que madurar y tuvo que hacer pequeños sacrificios. Se buscó un empleo en la tienda de los Newton y empezó a ahorrar centavo a centavo recibido. Simplemente quería ayudar a su padre, no quería ser una carga ya que el único salario que entraba en esa casa era el de Charlie. Renée se había negado rotundamente a trabajar y Charlie, como todo marido enamorado, le cumplió el capricho a su esposa.
Bella se pasó los dedos por sus labios, su primer beso. Ella había dado su primer beso y fue… maravilloso… mágico.
Se encontraba sola y de pronto aparece Edward.
Sonrió como una tonta enamorada y eso no le importó.
De pronto quería bailar, de pronto quería cantar y las mariposas que sentía cuando pensaba en él.
Sí, estaba total e irrevocablemente enamorada de un extraño.
Estaba feliz, fue un flechazo.
La puerta de su habitación se abrió, dejando ver a una Renée furibunda. El rostro estaba rojo a causa de la furia y Bella por un momento se puso nerviosa.
Ya sabía que después de haber peleado con Charlie le tocaba a ella. Bella lo sabía.
Por un momento se sintió molesta por ser interrumpida por su madre, pero recobró la compostura.
—Bella, tenemos que hablar —declaró Renée.
—¿Sucede algo mamá? —trató de parecer inocente.
—Sucede todo. Sucede que tienes que casarte con un hombre rico para que nos saque de la miseria y de la vergüenza.
—Mamá, sabes que a mí me gustaría casarme por… por amor —lo último lo dijo tan bajito y sus mejillas tomaron color.
—Amor, mírame —se río su madre—. Yo me casé por amor y ve como estoy con tu padre.
Bella permaneció en silencio y su madre se limitó a seguir destilando su veneno.
—Sabes que si no lo haces me veré en la obligación de dejar a Charlie —Bella la miró con miedo—. Sabes, que lo haré.
—Le romperás el corazón —se lamentó como una niña pequeña.
Bella se quedó callada.
Renée se regodeó. Surtió efecto ese chantaje y salió victoriosa, con una sonrisa de satisfacción.
Renée no tenía escrúpulos y no le importaba si se llevaba entre las patas a su propia hija. Era hora de que Isabella pagara por llevarla nueve meses en su vientre, por darle estrías, por ser tan hermosa y joven.
Bufó…
Era tan injusto.
Muy pocos sabían del pasado de Renée Swan, mejor conocida como "Noelia Scort".
Había tenido todo, dinero, lujos, hombres que la complacían y dejó todo por Charlie Swan, un empresario prometedor. Le pareció buena idea, enamorarlo, volverlo loco y tenerlo comiendo en la palma de su mano. Hizo una cuenta mental de todos sus pecados. No se arrepintió de nada. Tal vez se arrepentía de tener sus años. Era difícil volver al negocio si ya no tenía la belleza ni la juventud, ambas robadas por Isabella.
Pues si ella no puede volver a ser joven bien puede pagar los platos rotos su hija. O se casaba con un hombre rico… o bien podía seguir con el negocio que a su madre le trajo tantas cosas.
A Renée no le importaba si su hija sufría.
Caminó a la cocina cuando su celular rompió el silencio en la casa.
A veces pensaba que Bella y Charlie eran igual de aburridos. El único sonido en la casa eran los Prada de Renée.
—Renata, querida —contestó en cuanto vio el identificador de llamadas y se pensó con suerte.
—Renée, querida —contestaron al otro lado de la línea.
—¿A qué debo el honor de tu llamada? —preguntó Renée.
—Bueno, sé que ahorita debes de andar desesperada. Escuché lo que pasó con Charlie.
—Sí, lo estoy —admitió con resentimiento.
—Bueno, tengo algo que tal vez te pueda interesar…
Renée abrió los ojos y ya casi podía sentir el olor a dinero, y en grandes cantidades.
—Dime —pidió una Renée emocionada.
—Bueno acá las cosas están en movimiento, esto tiene tiempo que no pasa y en cuanto se sepa va a haber competencia.
—¿Te refieres a…? —eso no había pasado desde hace mucho.
—Sí, un millonario está buscando una esposa. La noticia se acaba de regar esta tarde.
Renée trato de acallar los gritos de emoción.
—¿Y…?
—Pues el millonario, da la casualidad que está viviendo en Forks. Tienes una semana antes de que te llegue la competencia. Una noticia así se riega como la pólvora, te voy a mandar los datos en un momento.
—Gracias, Ren. Me sorprende que me des esta información —se mordió el labio.
—Mi querida Renée, lo que pasa es que yo ya estoy retirada y embarazada.
—No me digas, te casaste con ese millonario británico.
—Sí.
—Gracias y espero los datos —colgó.
Bien, se iba a divorciar y lo más rápido posible.
Sí, dejaría a su familia.
El mensaje llegó y Renée marcó el número que venía.
—Oficina del doctor Carlisle Cullen, ¿en qué puedo ayudarle? —contestaron al otro lado de la línea.
Renée sonrío.
Vaya que sí era rico.
El doctor Cullen figuraba entre los más ricos del mundo…
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