Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
4. ENCUENTRO
Bella POV
Caminaba por los pasillos, inusualmente mi torpeza no había hecho acto de presencia y lo agradecía enormemente.
Estaba nerviosa y a la vez emocionada. Tal vez era muy pronto, pero necesitaba a Edward de una manera especial. En mis años de vida, jamás había tenido sentimientos de esa clase por alguien.
Mi clase de Cálculo había terminado, era la última hora y me dirigía a Biología. Iba a esperar a mi mejor amiga.
Alice era esa clase de persona que te hacía vibrar con su emoción y a la vez querer tirarla de un risco, pero era mi mejor amiga. Fue la única que me recibió sin morbosidad en este pueblo donde no hay nada nuevo.
Nunca me ha gustado ser el centro de atención y los alumnos del instituto de Forks me daban más atención de la necesaria. Alice no, ella simplemente llegó fue amigable y no me interrogaba cada minuto para saber de mi vida como quebrada.
Llevaba una buena relación con sus padres: Carlisle y Esme. Sabía que tenían un sobrino, pero jamás tuve el placer de conocerlo y ni quería. No es correcto juzgar a las personas sin conocerlas, aunque todo lo que había escuchado de ese tal primo cuyo nombre no sabía, pero supe que era un fiestero, borracho, descarado y un gran rompecorazones. Por eso no tenía ni tantitas ganas de conocerlo y cuando Alice hablaba de él sólo era para decir la última que le había hecho pasar.
Me compadecía de mi pobre amiga, no debía de llevarla fácil con una persona así...
Alice salió del salón con una cara que decía lo poco que toleraba las clases. En tan sólo un mes terminábamos el instituto. La presión estaba ahí, en todas partes.
―Bella, el día ha terminado y doy gracias por eso ―hizo un gesto de agradecimiento al cielo.
―Déjame adivinar ―reí―. Quieres un poco de chocolate caliente, palomitas y una película.
Alice saltó de emoción, pero debía de deshacer sus planes ya que yo tenía otros.
―Bella, tú sí me entiendes ―hizo una falsa voz llorosa.
―Te entiendo, pero me temo que eso será más tarde ―su cara se descompuso y empezó a abrir la boca como un pez fuera del agua―. Alice, yo…
―¿Por qué? ―preguntó infantilmente―. ¿Otra vez tu mamá?
―No, mi mamá ha estado tranquila ―sospechosamente, pensé―. Es que… yo… um… te-tengo una… cita.
Me miró como si me hubieran crecido alas o hubiera dicho alguna locura.
―Nunca mostraste interés por nadie ―empezó a gruñir―. Fue Mike, ¿verdad? Seguramente te obligó, pero se las va a ver conmigo.
―No… ―Alice empezaba a levantar los puños y yo se los bajé―. Verás, es que yo conocí a alguien ayer.
―Y no me habías dicho nada ―dijo dolida.
―Es que estaba nerviosa ―me sonrojé―. Sabes que nunca me ha llamado la atención nadie y él de verdad me gusta. Jamás me había esperado eso ―empecé a hablar rápido―. Ayer desperté como siempre, mis padres peleando por lo de siempre y me dormí con la noticia de que estaba sintiendo algo por alguien a quien no conocía. Estaba acostumbrada a dormir y despertar con los gritos de mis padres y ahora, por primera vez, me dormí pensando en alguien. Eso es de locos y sin embargo no me interesa.
―Alto ahí ―me hizo una seña de tiempo―. Conoces a alguien, vas a tener una cita y estás con… ¿qué es eso que traes puesto?
Rodé los ojos. Siempre eran mis peleas con Alice.
Miré mi ropa. No le vi nada malo. Traía puestos unos jeans entubados y deslavados, una térmica de color verde con botones, una chamarra de color negro y mis converse negros.
―¡Esa no es ropa para una cita! ―estaba exaltada. La miré extrañada.
―Alice, quien me quiera, me va a querer así… tal y como soy ―Alice tuvo un tic en el ojo derecho.
―¡Al baño! Sin repelar ―me ordenó.
Caminé, dándole un saludo militar.
Llegamos al baño y de su bolso empezó a sacar sus instrumentos "embellecedores".
No traté de contradecirla ya que era una batalla perdida. Una vez que a Alice decía algo, era ley.
Me puso un poco de primer, una sombra de tono arena en mi párpado móvil, una sombra de color café oscuro arriba de mi párpado móvil. Alice cantaba mientras me maquillaba esas partes y se puso a sacar de un estuche una brocha muy fina, se puso a delinear el contorno me mis ojos, pero cuando llego a la parte donde están mis pestañas inferiores, no delineó todo sólo dejó sin delinear un cuarto de esa parte, se dispuso a poner kilos de máscara en mis pestañas. Mis ojos empezaban a verse más grandes. Alice puso un ligero rubor en mis mejillas y finalizó con bálsamo para labios con sabor a fresas.
La chica en el espejo era yo, una yo con facciones más pronunciadas.
―Eres muy linda ―Alice rebozaba orgullo―, sólo saqué partido a que tus ojos son muy grandes y tienes una belleza natural.
―Wow… Alice, gracias ―la abracé.
Salimos del baño riendo. Acompañé a Alice hasta su adorado Porshe. Arrancó el auto y se despidió con la mano.
Dejé salir un suspiro.
―Hey, Bella ―cerré los ojos con frustración cuando escuché la voz irritante de Mike Newton.
―Hola, Mike ―disimulé mi desagrado.
―Quería preguntarte si quieres salir el sábado ―llevó sus manos a su rubia caballera―. Los chicos y yo queremos ir al cine.
―Ah, Mike… Lo siento ―me encogí de hombros―, pero tengo otro compromiso ese día y no sé a qué hora me desocupe.
Mike pareció decepcionado e incluso molesto. Después de una incómoda pausa se decidió a hablar.
―Ni modo. Espero que podamos salir en otra ocasión ―se acercó rápidamente y depositó un beso en mi mejilla―. Nos vemos.
Me quedé como estatua. No me gustaba cuando Mike se tomaba ese tipo de libertades. Fulminé a Mike que se encontraba avanzando hasta su auto.
Bufé molesta y mi mirada se topó con un Volvo que no estaba ahí cuando Mike me habló.
La puerta del conductor se abrió para dejar a la luz a Edward.
Sonreí.
Edward caminó a mi dirección a una velocidad impresionante.
―¿Quién era ese? ―preguntó una vez estando frente a mí.
―Mike… es un compañero ―mi voz estaba teñida de confusión.
―Mmmm… ―dijo mientras le daba miradas a la espalda de Mike―. ¿Te estaba molestando?
―No, me estaba invitando a ir al cine con él y… ―calle un momento cuando sus ojos echaron chispas.
Edward no dijo nada, esperé a que se pasara lo que sea que le pasaba. Daba vueltas como león enjaulado. La tensión me estaba confundiendo y decepcionando.
¿Dónde quedó el hombre que me flechó ayer? ¿Habrá sido un sueño?
―Supongo que nos veremos otro día ―empezó a caminar a su auto.
―Espera ―fui tras de él―. Pensé que querías verme hoy.
Edward se detuvo unos momentos. Se giró para darme la cara. Ese hombre era bipolar porque un momento estaba feliz y al otro era una persona gruñona. Lo peor es que no sabía si hice algo mal.
Tonta, no debiste dejar que Mike te besara, me recriminé, va a pensar que tú eres así con todos.
―No quiero interferir en una cita entre tú y él ―me sacó de mis pensamientos recriminatorios.
―Mike y yo no tenemos una cita ―respondí incomoda―. Me invito a salir el sábado… varios chicos de mi clase irán pero no me gusta salir mucho con ellos.
A Edward se le iluminó la cara.
―Era eso… ―parecía aliviado.
―Y bien ―junté mis manos―, ¿dónde vamos?
―¿Quieres un café? ―se acercó más a mí.
Asentí por temor a que mi voz diera evidencias de lo que me hacía su cercanía.
Me llevó a su Volvo, abrió la puerta del copiloto como todo un caballero y la cerró una vez que estuve dentro. Antes que me pusiera el cinturón de seguridad, él ya estaba sentado.
El camino no fue muy largo y en realidad no sabía que existía una cafetería en ese lugar.
El edificio bien podía parecer como una casa en el camino, pero una vez fuera del auto se podía apreciar la entrada que estaba en la parte donde empezaban unas escaleras. Bajamos por ellas. Había un ambiente de tranquilidad, se podían ver sillones, mesas sillas y libros alrededor. El paraíso del café y libros.
―Este lugar es increíble ―dije maravillada.
―Pertenece a mi buen amigo Garret ―me tomó de la mano.
―Tiene muy buen gusto ―traspasamos la puerta.
―En realidad, Edward me ayudó con la decoración, quería libros alrededor y que el ambiente fuera el perfecto para alguien que ama leer ―un hombre dijo a nuestras espaldas.
―Garret ―saludó Edward―, es un gusto verte.
―Tiene rato que no vienes, pensé que habías ido de viaje. Hasta que me enteré de la fiesta que diste.
―No exageres ―dijo incómodo―. Te presento a Bella ―me tendió la mano.
―Mucho gusto ―le ofrecí la mano a Garret.
―Vaya, es diferente a las otras que has traído ―ahí mi sonrisa se congeló.
Edward lo notó y le dirigió una mirada fulminante, a lo que el otro se limitó a encogerse de hombros.
―Bueno, ha sido un placer conocerlos… a ambos ―me dispuse a salir del establecimiento.
―Bella, espera ―me alcanzó Edward.
No le respondí, me urgía desaparecer por ilusa. Obviamente un hombre como él debía de ser un mujeriego, ¿por qué conformarse conmigo?
―Bella, Garret sólo bromeaba ―intentó explicar―.Admito que he salido con varias chicas, pero ahora esto es distinto.
Me volteé para ver su rostro.
―¿Qué lo hace distinto? ―me crucé de brazos.
―Tú ―me tomó de la cintura―, tú lo haces distinto porque nunca había sentido lo que siento por ti.
Mi corazón empezó una marcha frenética. Tal vez esas palabras se las habrá dicho a otras mujeres, tal vez él habrá experimentado cosas que yo jamás podría, pero esas palabras hacían que una esperanza, o tal vez mi necesidad de que él me dijera que era especial, se instalara en mí.
Sabía que era absurdo, ilógico y difícil de creer que me haya enamorado de alguien sin si quiera conocerlo. Pero así era.
―Edward, quiero creer que lo que estás diciendo es cierto, pero si todo lo que dices es sólo para jugar conmigo… ―me acerqué a él― que Dios me ayude porque no podría vivir sin ti.
―Bella, soy sincero… Te quiero a mi lado ―sus labios buscaron los míos.
Fue un beso dulce, podía sentir la emoción impregnada. Mi imaginación o no, lo sentía. Nuestros labios se separaron.
―Edward, quiero estar cerca de ti ―le di otro beso―. Quiero estar contigo.
―Bella, jamás voy a querer lo contrario ―llevó mi mano a sus labios―. Te lo juro.
Me perdí en sus ojos, pude ver con claridad que él era sincero.
―Vamos por café ―me llevó de la mano.
Asentí. Caminé a su lado, pasamos nuevamente por la puerta del loical.
Garret iba a decir algo, pero Edward lo cortó.
―Dos Capuccinos.
―A la orden jefecito.
Edward me llevó a una mesa que estaba cerca de una estantería donde había libros y tazas con detalles artísticos. Era la primera vez que veía esa clase de tazas, de todos los colores, con frases, imágenes y hubo una que me encantó; era de un elefante leyendo en un prado. Había unos libros viejos con títulos clásicos y otros que eran muy modernos. La mesa era de vidrio y había un sillón de cuero café oscuro.
Perduraba el olor a café.
Seguí viendo la taza del elefante. Edward notó mi mirada.
―¿Te gusta? ―asentí y él sonrió.
―Es muy tierna, me encanta.
―Garret ―el aludido levantó la vista. Edward le tendió la taza―, sirve el café en esta taza y ponla para llevar.
―No es necesario ―me sonrojé.
―Te gusta y además las tazas se pueden vender.
―Gracias ―el rubor se intensificó.
Garret tomó la taza y empezó a servir los cafés. Tras la barra podía ver los movimientos de él, puso las tazas en una bandeja y llevó la taza del elefante junto a otra con una con la imagen de un atardecer en una playa. Tuve que entrecerrar los ojos para poder leer la frase que estaba en la taza: "Donde los sueños son posibles…". El título llamó mi atención. Me pregunté dónde era ese lugar.
―Servido ―Garret puso la bandeja en la mesa y nos entregó nuestros cafés.
―Gracias ―agradecí.
―Vaya, alguien que es amable ―le propinó un codazo a Edward―. Deberías juntarte con ella, no te haría daño de vez en cuando agradecer.
Edward gruñó.
Di un sorbo al café. Estaba delicioso.
―Es el mejor que he probado ―miré a Garret.
―Y será el mejor que probarás ―declaró―. Este lugar es exclusivo y sólo cierto tipo de personas puede entrar.
Con razón no sabía de su existencia.
―Este lugar es un escondite, un lugar para los que aman leer y buscan paz y tranquilidad. La idea es que no sea un lugar ruidoso y borde ―Edward bebió su café y se le quedó un bigote―. Este es el paraíso para el café y los libros.
Sonreí mientras tomaba una servilleta. Edward se veía tierno con ese bigote. Limpié cuidadosamente sus labios.
Nuestras miradas se encontraron y vi el reflejo de lo que es la conmoción, amor, sorpresa y melancolía.
―No hubieras hecho eso ―Garret me saó de mis pensamientos―, ahora ya nadie se podrá burlar de él.
―A Garret le divierte el que no note ―se recompuso Edward―. Me deja salir y ya cuando todos se rieron de mí es que me doy cuenta de que tengo el bigote del café.
―Comprendo ―fue lo único que pude decir.
Garret se fue a la barra y se sirvió café con un toque de algo que no creí que fuera jugo de manzana.
―Bella… Perdón si reaccioné mal, es sólo que nunca he tenido ese tipo de muestras cariñosas ―Edward se sonrojó un poco―. Nunca he sido hombre de novias o de muestras de afectos. Me gusta.
Sonreí.
―Te entiendo ―di un nuevo sorbo― y lamento si te asustó.
―Para nada ―se acercó a mis labios―. Tienes un poco de…
Sus labios se acercaron a los míos y empezó a tirar de mi labio superior, sentí su lengua en mis labios. Mi respiración empezó a ser frenética y el calor que emanaba me empezó a envolver.
―Vayan a un hotel ―gritó Garret― o les puedo ofrecer el privado que está arriba.
Me separé de Edward y me sonrojé como un tomate.
―Garret, ¿por qué no vas y te tiras de un acantilado? ―Edward pareció molesto.
―Como digas, sólo estaba siendo amable ―se encogió de hombros y siguió tomando su café.
Edward me acarició mis sonrojadas mejillas con el dorso de su mano. El gesto era tierno, dulce y de una manera que hacía que mi corazón empezara a latir como un colibrí.
―Bella, quiero que hablemos de algo…
―Dime ―le sostuve la mirada.
―Antes de conocerte era una persona egoísta. Mi viuda era todo un caos, las personas que se acercaban a mí lo hacían con motivos ocultos, rompí muchos corazones y ni si quiera me importó ―su rostro reflejaba el arrepentimiento y el sufrimiento por el que pasó―; pero si de algo estoy seguro, es de que no quiero romper tu corazón.
ˮQuiero que confíes en mí y quiero cambiar las cosas que hice mal en el pasado. Tú me motivas a querer ser mejor cada día. Apenas te conocí ayer, pero te juro que desde ese momento soy otro. Jamás he sentido lo que tú me has hecho sentir.
ˮJamás te voy a dejar caer y cuando me necesites ahí estaré, en el momento que sea. De ahora en adelante quiero que me veas como tu pareja, tu compañero… tu novio.
Las palabras salían con una sinceridad palpable, no había dudas, no había segundas intenciones, esos ojos color esmeralda me reflejaban lo que su alma pedía y quería. Era honesto.
Me acerqué y apreté mis labios a los suyos. Fue un beso corto, pero no carente de significado.
―Bella, ¿quieres ser mi novia? ―susurró contra mis labios.
―Sí ―tiré de su labio inferior―, si quiero ser tu novia.
Nuestras frentes se juntaron. Sentí sus manos en mis mejillas, dándome caricias que me erizaban la piel. Las descargas que dejaban a su paso las caricias, hicieron que me volviera loca ante tal sensación. Sus manos empezaron a acomodar mi cabello que empezaba a cubrir mi rostro.
Sonreí tímidamente.
Era formal, Edward y yo empezábamos una relación.
De regreso yop! Ja ja ja ja!
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Próxima actualización: entre mañana y pasado mañana
