Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.


6. HummingbirdHeartbeat

Bella POV

Edward me dejó frente a mi casa.

El camino había sido en silencio, no tenía nada que decir. No quería abandonar la burbuja en la que había estado todo este tiempo. Tenía que hablar con Alice, tenía que hacer muchas cosas y eso empezaba a agobiarme.

―Gracias por traerme ―le di un beso corto en la mejilla a Edward.

―De nada ―sonrió―. Estaré hablando contigo en la noche.

Asentí y bajé del auto. Llegué a la puerta de mi casa y vi el auto de Edward dar marcha. Me di la vuelta y empecé a abrir la puerta.

Era tarde, debí de haber llegado desde hace tiempo.

―¿Mamá? ―llamé desde la puerta.

Busqué por la casa y no la encontré. Pasé por el cuarto de papá y ahí sólo estaba él, acostado.

Su cara tenía una sonrisa, parecía como si durmiera.

Secretamente, deseé que de verdad todo esto fuera mentira, que mi papá simplemente estuviera sano y sólo estuviera descansando después de un agotador día de trabajo. Cualquier cosa era mejor que la realidad que estaba viviendo.

Tenía en mi pecho la calidez del amor y al mismo tiempo mi corazón estaba roto al ver a mi papá es ese estado. Como había dicho antes, entendía las palabras de Renée, pero no las aceptaba. Era extraño haber sentido tanta felicidad hace unos momentos y ahora sentir nuevamente ese peso.

Tenía culpa por haber sido egoísta y haber dejado a papá en ese estado. Me pregunté si habrá despertado o habrá comido algo.

Bajé a la cocina a buscar algo que hacer, pensé en un buen caldo de pollo. Dicen que el caldo de pollo es bueno. Por desgracia, ni un millón de caldos de pollo iban a salvar a papá.

Traté de mantenerme ocupada con el caldo de pollo. Mi mente estaba en cortar los ingredientes, en preparar las cosas, no quería pensar en nada más.

No sentí el tiempo pasar. Me forcé a ser fuerte y a no derrumbarme frente a papá.

Cuando entré a su recamara, sus ojos estaban abiertos, traté de sonreír y darle ánimos.

―Hola ―traté de sonar animada. Dejé la charola a un lado―, mamá ya habló conmigo. Te hice un caldo de pollo para que te mejores.

Abrí un poco las cortinas y rápidamente limpié una lágrima traicionera.

Lo ayudé a acomodarse en la cama para poder darle de comer. Me senté a su lado una vez que estuvo acomodado. La charola estaba a mi lado y empecé a darle cucharadas con lentitud para que pudiera comer tranquilo.

―Sabes ―le di una cucharada del caldo―, conocí a alguien. Se llama Edward y creo que es esa persona especial para mí ―a Charlie se le iluminaron los ojos―. Apenas tuvimos nuestra primera cita, es la persona más hermosa, buena y decente que me he encontrado. Me llevó a un café donde había libros y era precioso todo. Me gustaría llevarte ahí, sé que te va a gustar…

Sentí a mi papá tratar de hablar.

―N-nnoh… sss…cu… ―fruncí el ceño ante sus palabras.

Parecía querer decir algo, pero no podía. Dejé lo que quedaba del caldo en la mesita de noche.

―Papá, no hables ―me senté a su lado y le tomé la mano―. Debes de descansar y no hacer refuerzos. Lo que tengas que decirme será en otra ocasión.

Charlie negó efusivamente, quería decir algo…

―Papá, no hagas esfuerzos ―Charlie seguía negando.

―Charlie, no hagas esfuerzos ―Renée apareció por la puerta―. Es hora de tus medicinas, querido.

Miré a Charlie que negaba enérgicamente.

―Sabes que si no te inyecto, vas a sentirte peor ―Renée buscó una jeringa en la mesita de noche.

Me sentí mareada al ver la jeringa en manos de Renée. Había unas ampolletas en el primer cajón, ella las tomó con una rapidez que parecía que algo malo iba a pasar. El proceso era absorber el contenido de la ampolleta y sacar el aire de la jeringa.

―Renée… ―Charlie articuló sin esfuerzos.

Renée se apresuró a inyectarlo. Charlie puso resistencia por un momento, pero el agarre de Renée era firme, los esfuerzos de Charlie fueron en vano y pude ver cómo la mirada de Charlie se iba perdiendo en un punto hasta que cerró los ojos.

―Mamá…

―Si no lo inyecto va a empezar con los dolores, creo que debemos de pensar seriamente en ponerle suero si empeora. He hablado con una amiga que conoce a una enfermera, ella va a cuidar a tu papá.

―Pero…

―Nada, Charlie tiene que estar bien atendido y por el dinero ya veremos ―Renée hablaba de una manera que se me hizo sospechosa, por un momento―. De momento, es mejor que no estés cerca de Charlie, lo inquietas con tu presencia.

Asentí con desgana.

―Tu papá no quería que te enterraras por eso he decidido mandarlo con la enfermera que mencioné antes.

―¿Se irá lejos? ―pregunté con lágrimas―. No quiero que se vaya… algo debemos hacer…

―¡Cállate, niña estúpida! ―Renée gritó desesperada―. Esto no es fácil para nadie y ya va siendo hora de que empieces a considerar casarte con un hombre rico que nos ayude a salir de esta miseria. La vida no es como los cuentos que te leía tu padre ―negó con la cabeza―. Nunca debí dejarlo leerte esas cosas que sólo te lavan la cabeza con ideas absurdas.

―Yo… ―sus palabras me eran crueles, no eran de una madre. A este ser no lo conocía. ¿En qué momento mi mamá se volvió un monstruo?

―Deja de balbucear incoherencias ―su rostro se endureció―. Va siendo hora de que dejes de ser egoísta, piensa en tu padre que está muriendo y sufre. Va a haber un momento en el que no podamos pagar ni los medicamentos, ni la comida y aunque consigas un trabajo o incluso yo, jamás podremos costear los medicamentos, son caros ―iba a decir algo, pero no me dejó―. No lo hagas por mí, hazlo por tu padre. Se va a morir y su enfermedad es dolorosa, tanto que Charlie no va a ser ni la sombra de lo que era. Piénsalo, Isabella…

Y así sin más salió, dando un portazo.

~oOo~

No podía quitarme sus palabras, eran tan crueles como desconocidas para mí.

Me sentía culpable de muchas cosas, y entre ellas, era que no podía casarme con alguien sin amor. Esperaba que mi papá me perdonara, pero yo no podía, yo no podía ser esa clase de persona que se casa con alguien por dinero. Prefería dejar el instituto y tener tres trabajos, pero no podía casarme. Tenía a Edward y él era mi único amor.

MI celular sonó.

Edward…

*Princesa, no dejo de pensar en ti. Te amo. E

*Yo tampoco dejo de pensar en ti, te amo. B

*Cómo están las cosas allá? E

*Bien… Sabes que eres el único al que voy a amar? B

*Lo sé… Te amo. E

*Eres mi sueño hecho realidad. B

*Princesa, asoma tu hermoso rostro a la ventana. E

Me asomé por la ventana para encontrarme con Edward, reclinado en el tronco del árbol que está frente a mi ventana. Su sonrisa era radiante, su cabello iba despeinado de una manera que me gustaba, le daba un aspecto tierno; llevaba en sus manos un ramo de tulipanes de varios colores.

Con una sonrisa de oreja a oreja, le abrí. Pasó sin ninguna dificultad, se arrodilló frente a mí y me ofreció, con una elegancia que me quitó el aliento, el ramo de tulipanes.

―Para usted, mi bella dama ―su voz era la propia de un caballero.

―Le agradezco tan hermoso gesto ―se levantó y quedamos cara a cara, acerqué mis labios a escasos centímetros de los suyos―. Acepte este beso como muestra de mi gratitud.

Acerqué mis labios lentamente a los suyos, traté de darle un beso lento, pero el simple contacto con los labios de Edward, hacían que me volviera loca. Mis labios iban lentamente recorriendo los suyos, como una caricia, como una mariposa que se posaba por unos segundos en sus labios. Parecía sorprendido al sentirme así. Su aliento y el mío se mezclaban, dejando la electricidad fluir de una manera placentera. Edward no pudo tolerar esa clase de beso, me atrajo de golpe a sus labios, apretándome a su cuerpo. Sentía un cosquilleo en mi vientre. Lo necesitaba más cerca, me pegué a él lo más que pude, intentando cerrar cualquier espacio entre su cuerpo y el mío. Sus labios eran mi adicción, mi perdición.

Mi corazón latía de una manera frenética, se quería salir de mi pecho e incluso podría jurar que escuchaba sus latidos.

Edward se separó un momento en busca de aire. Por un momento me sentí avergonzada, estaba jadeando, pero sus ojos buscaron los míos; él también estaba jadeando.

―Te amo ―sus labios se acercaron a mi oreja y dejó un beso que hizo estremecer mi columna.

Mis brazos se enredaron en su espalda. No había mejor sensación que estar así, abrazada a él; era divino, glorioso.

―Bella, te necesito ―sus manos estaban en mi espalda baja.

Me estremecí, el contacto era de una manera que provocaba una corriente que iba por donde sus manos tocaban hasta mi vientre.

―Tú también me necesitas ―sus labios acariciaban mi garganta―. Hoy quiero dormir contigo, sólo eso. Prometo no intentar nada.

Asentí.

A regañadientes me separé de él, tenía que asegurarme de ponerle seguro a la puerta. No creía que Renée fuera a entrar, pero era mejor prevenir. Renée había salido, al parecer tenía un "negocio" que arreglar, o al menos eso entendí. No quise hacer suposiciones, ella había ido de una manera muy elegante y a la vez provocativa; tenía años que no la veía vestida así. Renée había tenido problemas con papá por su manera de vestir, por respeto a mí, ella hizo el esfuerzo de dejar de usar esa clase de ropa. Bien, pues ahora había sacado del baúl esos vestidos que juró no usar otra vez.

―Pareces preocupada ―salté, sus manos estaban en mi cadera y sentía su nariz recorriendo las hebras de mi cabello. No había notado que me había quedado pensativa―. ¿Algo te preocupa?

Negué nerviosamente, intentando sacudir mis pensamientos sobre Renée.

―Simplemente quiero tener fe en mi mamá ―suspiré―, pero al parecer no puedo.

―¿Quieres hablar sobre ello? ―acarició mi mejilla, llevándose un mechón a mi oreja.

―En realidad, no; pero más adelante me gustaría ―le sonreí.

Nunca había sido una persona segura, jamás había tenido un relación. No tenía a la mano una guía, por lo que seguí mis instintos...

Tomé a Edward de la mano y lo llevé a la cama. Le di un rápido beso en la mejilla, mientras con mi mano buscaba a tintas mi pijama bajo la almohada.

―En un momento regreso ―daba gracias al cielo que mi recamara contara con baño.

Prendí la luz del baño una vez que cerré la puerta. Mi reflejo era me devolvió la mirada.

Me apresuré a desvestirme y ponerme el pantalón rosa a cuadros y la camiseta manga larga de Snoopy.

Me repetía una y otra vez que debía de calmarme, pero los nervios estaban ahí. Tenía a un Dios griego en mi recamara, y era todo para mí.

Me reí como una boba.

Después de dar unas respiraciones, salí.

Edward se encontraba recostado en mi cama. Estaba hojeando el libro que estaba leyendo todas las noches.

―El Clan de la Loba ―dijo el título con curiosidad―, ¿Es bueno?

―Para mi gusto, sí ―me senté a su lado―. Estoy reviviendo cosas de mis años inocentes.

―¿Ya no eres inocente? ―preguntó con una mueca de falso horror.

―Bueno, ya no creo en Santa Claus ―me reí―, supongo que eso me quita punto en cuanto a "inocente" se refiere.

―Yo nunca pude creer en Santa ―pareció dudar un segundo, pero continuó―. Todo el tiempo que duró la enfermedad de mi mamá, le pedí que mi mamá se recuperara, no lo hizo y al final me di cuenta que Santa no existía.

―Lamento escuchar eso ―acaricié el dorso de su mano.

―Pero creo en ti, Bella ―me besó―. Eres real y quiero tenerte siempre a mi lado.

―Yo también quiero estar a tu lado ―le di otro beso―. El día que deje de estarlo, será porque esté muerta.

Una mueca de horror, miedo y dolor cruzó por la cara de Edward. Sus brazos me apretaron a él, casi dañándome; ahogué un grito de dolor.

―Nunca vuelvas a decir algo así ―susurró fieramente―. La sola idea de imaginarte así, inerte, sin vida, me enferma. Jamás te atrevas a dejarme.

―Tranquilo ―mi voz salió entrecortada―, siempre estaré a tu lado. Jamás me iré…

―Más te vale ―su cara se hundió en mi pecho.

Acaricié su espalda.

Podía ver su debilidad, quise preguntarle por su mamá e incluso por su familia, no me atreví. Edward era vulnerable, estaba necesitado de amor, de comprensión, podía ver en él a un niño perdido.

Sus brazos apretaron su agarre sobre mí.

Me levanté un momento para retirar las mantas y poder taparnos.

―Vamos, tápate ―lo animé.

Edward me soltó a regañadientes. Se metió a las mantas y yo me metí a su lado. Podía sentir que mi respiración volvía a acelerarse; su cercanía hacía eso en mí.

Ambos nos miramos antes de acercarnos lo suficiente para volver a intercambiar aliento. Sus labios se posaron sobre los míos, dando un movimiento suave para luego intensificarse y sentir la dulzura que, él y sólo él, podía darme. Cuando nos separamos, sus brazos me envolvieron.

Pasamos la noche hablando sobre él y yo, hasta que sentí que me pesaban los ojos y me perdí en un sueño donde sólo éramos él y yo.

~oOo~

Edward POV

Carlisle había ido a verse con la mujer de la que hablaba el otro día. Él iba en mi lugar, no cambiaría nada por esa sensación de tenerla entre mis brazos. Bella era mi vida y mi tesoro.

Pasé la noche mirando su sueño. Era lo más hermoso que había visto en mi vida, verla dormida y a mi lado dejaba que mi imaginación volara a un mundo en donde ella era mía y volvía a mí ese pensamiento de llevarla a ella a Isla Esme. Pero no podía ser, su padre estaba enfermo, me ponía triste que ella trataba de hacerse la fuerte, pero podía ver que se esforzaba en vano; su dolor estaba a la vista, aunque ella trate de no hacerlo notar.

Cuando el sueño me pudo, dormí con una sonrisa en mis labios. Era la primera vez que dormía a su lado e iba a luchar porque no fuera la última.

La mañana llegó en tan sólo unas horas, no quería levantarme, pero el despertador de Bella no ayudaba. Sentí cuando se levantó y se desperezó.

―Buenos días ―me levanté con los ojos aún cerrados.

―Hola ―su voz era baja, la vi estirarse con la gracia de un gatito.

―De ahora en adelante ―dudé, pero me armé de valor―, me gustaría dormir contigo.

Ella sonrió como si le hubiera dado un regalo, un regalo que ella esperaba.

―Puedes venir a dormir ―me besó.

Pero no llegamos a profundizar el beso porque alguien empezó a aporrear la puerta.

―Bella, abre ―la voz era una mujer, su mamá, creía.

―Voy…

Parecía nerviosa, me jaló de la mano y me escondió en su closet.

―Mamá ―escuché al abrir la puerta.

―Despídete de tu padre que ya se va ―su voz era fría y estridente.

―Pero… ―se escucha dudosa.

―¡Deja de abrir la boca y cerrarla! ―su madre gritó―. Y más te vale que pienses en lo que dijimos ayer, si es que quieres tener la conciencia limpia.

―No digas eso ―pareció romperse―. No me obligues a hacer eso…

―Eres tan egoísta, sólo piensas en ti. Maldita sea la hora en la que dejé que tu padre me embarazara…

―Mamá, yo… ―se interrumpió al escucharse un golpe y un grito ahogado.

―Si Charlie viera la clase de hija que tiene, seguramente ya se habría muerto ―se escuchó azotarse la puerta.

Esperé un momento… Cuando me aseguré que no seguía en la habitación, salí.

Bella se encontrada arrodillada en el suelo, su cabello le cubría el rostro.

―Lamento que hayas presenciado esto ―se levantó y no me dio la cara―. En fin, se hace tarde para la escuela.

Seguía sin darme la cara, su cabello cubría su rostro. La detuve en seco cuando pasó a mi lado.

―Bella, no tienes por qué estar así ―la quité el cabello de su rostro. Había un punto rojo en su mejilla izquierda―. Te amo y quiero que estemos bien, en las buenas y en las malas. Supongo que esto es en las malas, ella no tenía derecho a hacerte eso, pero si quieres puedo hablar con ella…

―No, ella jamás va a entender ―parecía triste―. Charlie era el único que me entendía.

No dije más, parecía necesitar tranquilizarse. Le di su espacio, se vistió rápidamente y salió un momento de la recamara con un "No te vayas, no tardo".

No entendía del todo esa situación, tal vez era hora de considerar aquello que me dijo Carlisle, debía de presentarla a mi familia y yo debía conocer a la suya.

Mi mirada pasó por todas y cada una de las fotos que estaban colgadas en un gran tablón en la pared. Había muchas de Bella con personas, pero sólo una captó mi atención.

Era de ella con los que supuse que eran sus padres. Su madre era igual y a la vez diferente a ella.

~oOo~

―Hijo, ¿qué has decidido? ―Carlisle parecía ansioso.

―Quiero contarle la verdad a Bella ―quería parecer más seguro de lo que me sentía.

―Ayer hablé con esa mujer, quería averiguar más sobre ella ―tomó un sorbo de su café―. Ella está dispuesta a todo. Aunque es mayor que tú, sabe lo que hace y eso la hace apta para el trabajo. Sólo te pido que por si las cosas no salen como quieres ―no se inmutó ante mi mirada envenenada― la tengamos como segunda opción. Le dije que nosotros llamaríamos.

―Carlisle, agradezco todo lo que haces ―hice una mueca por lo que iba a decir―. Creo que está bien tener a esa mujer como segunda opción, espero que no sea necesario. Ella, lo es todo para mí y sé que ella va a estar a mi lado, de una u otra manera.

―Estás enamorado ―Alice entró en el despacho de Carlisle―. Al parecer el mundo se ha vuelto loco, mi amiga también está enamorada. Sólo falto yo ―hizo un puchero.

―¿Ella también? ―Carlisle parecía sorprendido―. Es una lástima que no conozcas a la amiga de Alice, pero ese día estabas de fiesta.

―No importa, mejor que él se mantenga alejado de mi amiga. Hoy se la pasó todo el tiempo en la luna, los maestros se la pasaban regañándola ―interrumpió Alice lo que iba a decir.

―¿Y cómo lo está llevando? ―Carlisle parecía preocupado, pude ver que quería a la amiga de la duende.

―Dentro de lo que cabe, bien. Lo lleva bien, el enamoramiento la ayuda a ser fuerte.

―Carlisle, me retiro ―cuando empezaban a hablar de la amiga de Alice, se tomaban horas.

Carlisle asintió y salí cerrando la puerta tras de mí.

Esme estaba en la sala, con un libro entre sus manos.

―Hila, hijo ―me sonrió con su sonrisa maternal―. No has comido, ¿quieres algo?

Asentí. La seguí a la cocina, donde ella sacó los platos y empezó a servir lo que había en la estufa.

―Esme, ¿qué les gusta a las mujeres? ―estaba nervioso, no tenía experiencia en esas cosas y yo quería darle todo a mi princesa.

―Enamorado ―le hacía ilusión―. Bueno, no todas somos iguales, pero algo que siempre funciona son las flores, ir al cine, cenas románticas, salidas con sorpresas…

―Entonces, necesito tu ayuda… ―por mi princesa valía la pena cambiar―. Quiero que hoy sea especial para ella, algo que la anime del día tan feo que tuvo.

Esme sonrió y supe que lo que ella planeaba era algo bueno, lo presentía.

~oOo~

Bella POV

Estaba triste, papá se había ido y Renée estaba de un humor de perros. En cuanto llegué del instituto, iba de salida, parecía que estaba furiosa por algo; no paraba de mirar su teléfono, incluso se lo llevaba al baño. Cuando sonó, le soltó todos los improperios habidos y por haber a la persona que estaba en la otra línea.

Comí lo que encontré, en realidad no tenía hambre. Mi mente estaba en otro lado, mamá no quiso decir a dónde lo llevaban; con ese estado de ánimo, el hambre pasaba a segundo plano.

Traté de mantenerme distraída con los deberes de la escuela, pero pronto los terminé y empecé a buscar deberes retrasados o algo, no encontré nada. Al final, encendí la televisión, nada me interesaba. Molesta, aventé el control y sólo pude escuchar que algo crujió.

―¿Así me recibes? ―Edward estaba en el umbral de la sala.

―¡Perdón! No sabía que estabas aquí ―me apresuré a disculparme, hasta que me di cuenta de que estaba dentro de mi casa―. ¿Cómo esteraste?

Edward se removió incomodo, desvió la mirada y sus mejillas se tiñeron de rojo.

―Bueno, toqué y la puerta estaba abierta ―lo tomé de la cara para que me viera.

―No te preocupes, eres bienvenido y puedes entrar por mi ventana o por la puerta, siempre y cuando Renée no esté ―lo besé―. No sé qué haría, pero ella da miedo cuando se enoja.

―Quiero que te prepares, necesito que te abrigues bien ―asentí―, Te tengo una sorpresa.

Me apresuré a vestirme. Busqué entre mis cajones algo abrigador, lo primero que encontró mi mano fue un jersey blanco con cuello de tortuga, decidí dejarme los jeans de mezclilla y los converse, sólo agregué un abrigo de color negro. Mi cabello estaba bien, entonces no me preocupé.

Bajé a trompicones y Edward estaba esperándome con una sonrisa que me quitaba el aliento.

―Lista ―entrelacé nuestros dedos.

―Te ves hermosa ―dejó un suave y húmedo beso en mi mejilla.

Ese hombre me iba a volver loca, cada que me tocaba era como una descarga que cosquilleaba partes de mi cuerpo. Mi corazón latía de una manera desenfrenada, cada que él estaba cerca.

Traté de guardar la compostura y no lanzarme a él como la loca que vi en un programa de televisión. Respiré profundamente e intenté mantener a raya mi respiración agitada.

Mis palmas estaban sudando, mi corazón galopaba a dos mil palpitaciones por minuto, sentía un cosquilleo cada que él me tocaba.

Edward me hizo avanzar, su mano estaba en mi espalda baja, mientras me hacía caminar.

Subimos a su Volvo y el camino era algo retirado, la música llenaba el silencio que había. No era música moderna, era música clásica, creí reconocer a Rachmaninov.

El viaje duró alrededor de veinte minutos. Llegamos a un lado de la carretera, parecía ser el lugar donde habíamos ido esa vez que me jaló.

Edward bajó a toda velocidad para abrir la puerta del copiloto, me tendió la mano y la tomé.

―Cierra los ojos ―susurró, besando mi lóbulo.

Cerré mis ojos y sentí algo suave en mi rostro, iba subiendo con cuidado, dejando una caricia; era una tela que empezó a amarrar para que no viera nada.

―Si me dejas caer…

―Jamás lo haría ―juró con un beso.

Me mordí el labio.

Sentí su brazo alrededor de mi cintura, su otra mano me sostenía la mía y el camino no era tan largo como esa vez.

Podía oler en el ambiente algo floral, a rosas, naranja y canela.

―Te quitaré la venda, pero no quiero que abras los ojos, aún ―asentí ante sus instrucciones.

Sentí sus dedos soltar el nudo de la venda, mis ojos se mantuvieron cerrados. Podía sentir el olor, podía escuchar los sonidos de la noche y los movimientos de Edward. Me mantuve parada en donde me dejó.

―Abre los ojos ―me susurró.

Abrí lentamente los ojos. Me llevé las manos a la boca, estaba maravillada.

Frente a mí se encontraba la cosa más hermosa y linda que alguien haya hecho por mí. Estábamos en un claro, había un camino con velas en recipientes de vidrio, el camino estaba esparcido por rosas de color blanco, el camino llevaba a una carpa con vidas, la tela en la carpa era vaporosa y de color blanco, había unas enredaderas en las vigas; había una tarima en el lugar con flores alrededor y velas que iluminaban; había una mesa con velas distribuidas por la mesa, había pétalos rojos de rosas en esparcidos por la mesa, había fresas con chocolate, más velas en el centro de la mesa que decían "Te Amo", había comida y vino; había dos lugares uno frente al otro.

Estaba maravillada por los detalles de ese lugar. Todo era maravilloso.

―Edward, esto es hermoso ―lo besé.

―Te bajaría las estrellas si lo pidieras ―sus labios se movieron al compás de los míos, antes de añadir―. Por ti haría lo que sea, por ti seré lo que necesites… Te amo, princesa.

Una lágrima escapó de mi ojo. Sus dedos la atraparon, la retiraron.

―Esto es como un cuento de hadas ―lo abracé.

―Tú eres mi cuento de hadas, de amor ―susurró.

Se separó de mí y me llevó hasta la mesa, me ayudó a sentarme como todo un caballero. Me senté y él llegó a su asiento.

―¿Y qué hay de cenar? ―hablé juguetona.

―Pues hay ―empezó a levantar lo que cubría la comida― camarones, canapés con queso de cabra y salsa de higo, fresas con chocolate y ―hizo una pausa― para ti, hay unos cup cakes.

Miré los cup cakes, decían "Eres El Amor De Mi vida", en total habían seis cup cakes.

―Se ve delicioso ―le sonreí―. Gracias, mi amor.

―Gracias a ti, por existir― sirvió en las copas el vino.

Nos empezamos a servir los canapés, que estaban deliciosos, muy buen queso de cabra.

―Y dime, ¿Cuándo terminas el instituto ―se veía adorable.

―En menos de un mes, sólo faltan los exámenes finales, incluso puedo faltar la última semana ―sonreí.

―¿Qué piensas hacer después de eso? ―parecía ansioso por escuchar mi respuesta.

―Planeaba tomarme un año y buscar un empleo de medio tiempo ―no sabía si eso sería posible, tal vez debía de buscar tres empleos.

―¿Qué ocultas? ―me sorprendió contando las cosas a medias.

―Pensaba que tal vez necesitaba buscarme tres empleos de medio tiempo ―solté el aire que había acumulado.

―Mi mujer no va a trabajar ―me miró intensamente, me sorprendió lo que dijo.

―No soy tu… mujer ―y cómo deseaba serlo.

―Lo serás, muy pronto ―dijo con fiereza.

―Amaría serlo… ―salió de mis labios sin permiso.

Comimos mirándonos a los ojos. De alguna manera, Edward se mostraba pensativo, pero no me quitaba la vista de encima. Pasamos a comer los camarones y después las fresas. Edward se paró de su asiento con su palto en la mano, me levantó y se sentó en mi silla, me acomodó en su regazo y empezó a darme las fresas en la boca.

―Te amo, quiero que seas mía ―su aliento acarició mi garganta―. Eres tan noble, tan pura que sé que no debo de dejarte ir.

―Seré tuya, no tienes que pedirlo ―me estremecí en sus brazos.

―Bien, porque no quiero recurrir al rapto.

―¿Serías capaz? ―abrí la boca, formando una perfecta "o".

―No sabes de lo que sería capaz, sería capaz hasta de llevarte a una isla donde sólo estemos tú y yo.

Sus palabras, lejos de asustarme, me gustaban…


Seeeee, yo de regreso! Espero les haya gustado el cap!

Para los que no lo sabían, voy a actualizar TODOS LOS LUNES!

En fin, dejen REVIEWS, comenten, digan qué les pareció!

*Jana Cullen: Muchas gracias por tus REVIEWS! Seeee, yo también amo a Garret! Poco a poco voy a darle forma a esto, primero quiero que fluya el amor y demás emociones que a veces pasan. Gracias por tus comentarios en los PM´S ja ja ja ja ja! Te quiero, comadre!

*Lili (GUEST): Gracias, querida y BIENVENIDA!

*MarieAliceIsabella: Mi comadrita hermosa! Gracias por creer en esta historia! Seeee Aro es un Pendejo! Y un bicho feo! Seeee y Emmet que anda pervirtiendo niñas, las sorpresas que le esperan, y más por cierta rubia que lo va a hacer contradecirse con eso de "el matrimonio, el amor y demás son para redimidos, mandilones, etc". Sí, Maldita Renée. Todo será un caos cuando se den cuenta de muchas casualidades… Sí, Alice es prima y amiga de nuestra pareja preferida! Sí, MUERTE A LA BRUJA DE HIELO! Vamos a poner nuestros ojos furiosos como el señor cara de papa! Ja ja ja ja ja!

*Alii Rathbone (GUEST): no te me desaparezcas, comadre! Deja tus REVIEWS! Un beso!

*Pily Carreiro: Voy a hacer un esfuerzo por alargar los caps, mi meta es llegar a las 7000, poco a poco… La actualización será todos los lunes! Un beso comadre, hasta Manzanillo! Sí, Alice es prima de Edward.

*Isa Kathe: sí, son pareja y la actualización será todos los lunes! Saludos y besos!

No se olviden de dejar sus REVIEWS! Tengo twitter (Issa_Marquez)!

Saludos! Besos! Abrazos! Nos vemos el lunes!

XOXO

Lena!